ACTO ÚNICO

Gabinete lujoso en un Hotel de viajeros: un armario, un lavabo con espejo, etc. Al fondo y á la izquierda, una ventana abierta sobre un jardín y que, desde el primer momento, aparecerá bañada en luna. Muy cerca de la ventana, un diván. Al fondo y á la derecha, una puerta. A la derecha, otra. En un ángulo cualquiera, y colocados uno encima de otro, dos baúles. Detalle es éste que dará á la escena una gran expresión de gabinete alquilado y provisional. Arrojado de cualquier modo sobre un mueble, habrá un traje de mujer vistoso y llamativo.

Al levantarse el telón se hallan en escena Ramona y don Pablo. Ella asomada á la ventana, como quien espera. Viste bata blanca. El, en mangas de camisa, aparece abrochándose las botas, ó peinándose, etc., con mucha calma.

Es de noche.

ESCENA PRIMERA
RAMONA y DON PABLO. Este, durante todo el diálogo, demostrará un imperturbable buen humor

RAMONA

Acaban de sonar las nueve. Ya no puede tardar. ¿A qué hora dijeron que llegaba el expreso?

DON PABLO

A las nueve menos cinco.

RAMONA

Ya ves.

DON PABLO

Pero no hay que fiarse. En Portugal, como en España, los trenes caminan á paso de camello. ¡No podemos negar nuestro abolengo africano!

RAMONA

Sentiría que Gabriela no viniese hoy; lo sentiría de veras; más que nunca. (Nerviosa.)

DON PABLO

¿Pues?

RAMONA

Entre otras razones, porque adivino que esta noche voy á fastidiarme horrorosamente.

DON PABLO

Será porque te da la gana.

RAMONA

O porque tú no me dejas divertir.

DON PABLO

(Incomodado momentáneamente.) ¡Y vuelta con la misma! ¿No te dije que te llevaba á la kermesse?

RAMONA

¿Y qué?

DON PABLO

¿Entonces?...

RAMONA

Que si voy, será con el vestido que yo quiera. (Aludiendo al que habrá sobre un mueble.)

DON PABLO

¡Ah! Lo que es eso, de ningún modo. ¡Un traje con el que, á cien leguas, vas oliendo á cocota!

RAMONA

¿Y no lo soy?

DON PABLO

Pero, yendo conmigo, no hace falta que lo recuerdes. ¡Bueno fuera!...

RAMONA

Terminemos la conversación, ¿quieres?... Terminemos la conversación. ¡Eres un estúpido!

DON PABLO

Y tú una poca vergüenza.

RAMONA

Tal para cual.

DON PABLO

Verdaderamente. (Recobrando su buen humor.)

RAMONA

(Con ira reconcentrada). ¡Necio! Si no fuera por...

DON PABLO

Sí, por... porque mi cartera nunca está vacía, ¿eh?...

RAMONA

¡Eso!

DON PABLO

Me es igual; cada uno de nosotros dispone de una fuerza, de un arma. Tú tienes belleza, es cierto, pero yo tengo dinero.

RAMONA

La belleza vale más que el dinero.

DON PABLO

Según. A la hora del amor, sí. Pero á la hora de almorzar, desengáñate: ¡oros son triunfos!...

(Ella vuelve á asomarse á la ventana. El, para demostrarla que no está enfadado, empieza á silbar una canción. Pausa.)

RAMONA

¡Por fin!

DON PABLO

¿Eh?

RAMONA

¡Ahí está, ahí viene! (Palmoteando de alegría.) ¡Gabriela... Gabriela! ¡Sube!... Por ahí...

DON PABLO

¿Es guapa?

RAMONA

Bastante más que tú. (Rencorosa.)

DON PABLO

Ya lo veremos.

RAMONA

¡Pero, hombre de Dios! ¿No acabas de vestirte?

DON PABLO

Voy, mujer... voy.

RAMONA

¡Me desesperas!... ¿O es que no te importa que Gabriela te vea así?

DON PABLO

¡Bah!... Siendo amiga tuya, supongo que no será esta la primera vez que ve á un hombre en mangas de camisa. (Con alegría irónica.) ¿O es que empiezas á tener celos de mí? (Hace ademán de abrazarla.)

RAMONA

¡Quita! (Sale precipitadamente por la puerta del fondo. Ramona, desde dentro.) ¡Gabriela, chiquilla! ¡Bienvenida!...

ESCENA II
DON PABLO, RAMONA, GABRIELA y un CAMARERO cargado con el equipaje de esta última

GABRIELA

(A don Pablo). Buenas noches.

DON PABLO

(Inclinándose cómica y ceremoniosamente). A los pies de usted.

CAMARERO

(A Gabriela). Voy á preparar á usted su habitación.

GABRIELA

Muy bien.

CAMARERO

¿Puedo dejar esto aquí un momento?

RAMONA

Sí, sí.

GABRIELA

(A Ramona). Gracias. (Al camarero.) Tome usted, tome usted... para el cochero... una propinilla.

CAMARERO

Gracias, señorita. (Vase.)

ESCENA III
RAMONA, GABRIELA, DON PABLO

RAMONA

(A Gabriela). Ahora voy á presentaros. He esperado á que el camarero se marchase para hacerlo con cierta solemnidad.

GABRIELA

¡Qué graciosa! (Las dos ríen y se abrazan.)

RAMONA

Gabriela, mi amiga... casi mi hermana. Pablito... (enfática) ó, mejor dicho, don Pablo; mi esposo en Portugal.

DON PABLO

Como si dijésemos, un esposo para quince días.

GABRIELA

¿Nada más? (Riendo.)

DON PABLO

Nada más. Ser amante oficial de una mujer bonita y no ser engañado, es muy difícil, Hay, por consiguiente, que retirarse antes de que el dulce peligro asome.

GABRIELA

Es usted encantador.

DON PABLO

Muchas gracias. Usted me permitirá que continúe embelleciéndome.

RAMONA

¡Dos horas hace que está así!

DON PABLO

Hija mía... á mi edad, todas las precauciones son pocas. (Vuelve al tocador.)

GABRIELA

Está usted en su casa. (A Ramona y bajando un poco la voz.) ¿Sabes quién ha venido conmigo en el tren?

RAMONA

¿Quién?

GABRIELA

Joaquín Cervera.

RAMONA

¿Es posible? (Con alegría vivísima.)

GABRIELA

Nos encontramos en la estación de Madrid y hemos hecho el viaje juntos.

RAMONA

(Pensativa). ¡Qué casualidad!

GABRIELA

¿Hace mucho tiempo que no le ves?

RAMONA

Mucho, mucho. Años...

DON PABLO

(Sin mirarlas). Ese Joaquín Cervera es el escultor... ¿verdad?

GABRIELA

El mismo.

DON PABLO

Ya decía yo que el apellido me «sonaba».

GABRIELA

¿Le conoce usted?

DON PABLO

De nombre, nada más.

RAMONA

(A Gabriela y con tristeza). ¡Qué casualidad!

GABRIELA

¡Si vieras qué cambiado está el pobre!

RAMONA

¿Sí?

GABRIELA

No es ni la sombra de lo que fué. Pálido, triste... Tiene los cabellos casi blancos...

RAMONA

¡Pobre Joaquín! Nos conocimos hace diez años, ya sabes... cuando yo todavía era una niña. Luego emigró á Londres y no hemos vuelto á vernos.

GABRIELA

Pues si le vieses ahora, no le conocerías.

DON PABLO

(Pavoneándose). Los buenos mozos duramos poco. ¡Es una lástima!

RAMONA

¿Y ha venido aquí por muchos días?

GABRIELA

A pasar el verano.

DON PABLO

¿Supongo que no pensarás engañarme?

RAMONA

¡No seas necio! (Aparte á Gabriela.) Ya hablaremos. (Alto.) Ven, te enseñaré mi mirador. (Se acercan á la ventana.)

GABRIELA

¡Pero esto es delicioso!

RAMONA

Admirable. Lo mejor de la colonia veraniega se hospeda aquí.

GABRIELA

Y mujeres... ¿hay muchas?

RAMONA

Pocas. ¿Vienes sola?

GABRIELA

Sola; á probar fortuna.

DON PABLO

Hará usted fortuna. Yo, á la edad de usted, siempre iba solo, y me llovían los pedidos.

RAMONA

Aquí tenemos diversiones de todas clases: patines, teatro de fantoches, tómbola, columpios, Tío-Vivo y una orquesta de cíngaros que suena de media en media hora.

GABRIELA

Magnífico.

RAMONA

¡Mira quién va por allí!

GABRIELA

¡Chica! ¡El marquesito!

RAMONA

Y á ella también la conoces. (Dentro suena un vals, pero muy «piano», para que no interrumpa el diálogo.)

GABRIELA

Creo que sí...

RAMONA

Sí... es la de González, aquella francesa rubia que Antonio Buendía y el duque Martín dejaron desnuda en un merendero.

GABRIELA

¡Ya recuerdo! (Ríe.)

RAMONA

¿Y la cara que puso don Cleto cuando lo supo?

GABRIELA

¡Sí, mujer!... ¿No he de acordarme? (Ríen como locas.)

DON PABLO

(Que habrá acabado de vestirse). ¡Pobre don Cleto!

GABRIELA

(Sin dejar de reir). ¿También le conoce usted de nombre?

DON PABLO

A ese, ni de nombre.

GABRIELA

Como le compadece usted...

DON PABLO

Por espíritu de clase.

RAMONA

(A Gabriela). ¡Vamos á bailar!

GABRIELA

¿Y si rompemos algún mueble?

RAMONA

Lo paga Pablito.

GABRIELA

Entonces, vamos. ¡Cuidado, don Cleto!... Digo... ¡Don Pablo!

(Bailan sin dejar de reir.)

DON PABLO

¡Es igual!

RAMONA

Eso creo yo...

ESCENA IV
DICHOS y el CAMARERO

CAMARERO

¿Puedo pasar?

RAMONA

Adelante. (Dejan de bailar.)

DON PABLO

(A Gabriela). En una habitación donde hay un hombre con dos mujeres, se puede entrar siempre, ¿verdad?

GABRIELA

¿Está usted seguro?

DON PABLO

Cuando el hombre tiene mi edad...

GABRIELA

También tiene usted razón. (Cesa la música.)

CAMARERO

(Que habrá recogido el equipaje de Gabriela). La señorita puede pasar cuando guste á su habitación.

GABRIELA

Perfectamente.

CAMARERO

Es la de aquí al lado. El número seis. (Señala á la derecha.)

GABRIELA

Bien.

RAMONA

¡Me alegro! Así estaremos más juntas.

CAMARERO

¿La señorita va á cenar aquí?

GABRIELA

Sí. Es decir... espere usted. No sé qué hacer... ¿Tú has cenado ya?

RAMONA

Sí, pero no te importe. ¿Estás cansada del viaje?

GABRIELA

No.

RAMONA

Entonces te aconsejo que vayas á Pum-Pum; un café-concierto. Se come muy bien.

GABRIELA

El caso es...

RAMONA

¿Qué?

GABRIELA

Que necesitaría cambiarme de traje.

RAMONA

¡Ah, naturalmente! Allí va un público muy selecto.

DON PABLO

De traje y de ropa interior.

GABRIELA

Por eso... ¡qué fastidio! (Al camarero.) No, no; mire usted, no salgo: cenaré aquí.

CAMARERO

Pues, cuando quiera.

GABRIELA

En seguida. ¡Ah! Oiga usted: un caballero vendrá preguntando por mí. Hágale usted subir.

CAMARERO

Será usted servida. (Vase.)

ESCENA V
RAMONA, GABRIELA, DON PABLO

DON PABLO

(Consultando su reloj). Me parece que no voy á esperar á Santiago.

RAMONA

Créeme que si no volvieses á verle en toda tu vida, no perdías nada.

GABRIELA

¿Quién es ese Santiago?

RAMONA

Un niño rico, un pisaverde que le trae sorbido el seso á éste. (Por don Pablo.) ¡Hija mía! En cuanto ve á Santiago, Pablo se transforma; diríase que le quitan veinte años de encima. Las consecuencias luego, las pago yo. Porque, donde le ves, tiene mal vino.

GABRIELA

¿Hola... sí?

RAMONA

Le da por reñir y por no darme dinero.

DON PABLO

¡Como que los borrachos nunca pierden el tino!

GABRIELA

Hace usted mal, Pablo, en disgustar á Ramona, que es tan buena.

DON PABLO

¡Pero si no la doy disgustos!

RAMONA

Todos los que puede; y como los días, en verano, son tan largos...

GABRIELA

Te da muchos. Veamos: ¿por qué esta noche, en lugar de irse con su amigo, no sale usted con Ramoncita?

DON PABLO

Porque ella no quiere.

RAMONA

Porque no quieres tú.

DON PABLO

¡No empecemos!... Gabriela: sea usted imparcial y juzgue por sí misma. La manzana de nuestra discordia es ésta. (Coge el vestido de que se hizo mención en otro lugar.) La niña... se ha empeñado en ir á la kermesse con este traje.

RAMONA

Un traje precioso, que lo firmaría Paquín.

DON PABLO

Un traje de titiritera, un semidesnudo que llamaría la atención de todo el mundo y me pondría en berlina.

GABRIELA

(Conciliadora). Pues, mujer... ponte otro vestido.

RAMONA

¿Yo?... ¡Está fresco!

DON PABLO

No la conoce usted.

GABRIELA

Tiene la cabeza dura...

DON PABLO

Como la de un martillo.

RAMONA

No, te equivocas; yo no soy testaruda por temperamento, sino por cálculo. Hay que saber entender á estos caballeros ricos que «nos entretienen». Si te blandeas con ellos, te comen por los pies.

DON PABLO

¿Qué tiene que ver el dinero con lo que aquí discutimos?

RAMONA

Mucho. Porque el dinero siempre es mal educado, grosero. Tú, á pesar de tu buena crianza, no puedes olvidar que eres el amo.

DON PABLO

¡Naturalmente!

RAMONA

El que paga.

DON PABLO

¡Naturalmente!...

GABRIELA

Bien, basta... No hay motivos para reñir. ¡Qué atrocidad! ¡Ni que estuvieseis casados!...

DON PABLO

Así es. Pero de cuándo en cuándo necesito recordar á Ramoncita que yo no sirvo a nadie de juguete.

RAMONA

Lo mismo digo.

GABRIELA

¡Demonio! Bastante habéis hablado ya.

DON PABLO

Por mi parte...

RAMONA

¡Y se queda tan fresco! ¡Hipócrita!... ¿Pero ves qué tíos estos?... (Furiosa.)

DON PABLO

Bonita palabra.

RAMONA

Sí, sois unos tíos.

DON PABLO

Ramona...

RAMONA

¡Unos tíos!...

DON PABLO

Calla... calla... ¡Si no puedes negar lo que eres, si no puedes negarlo!... A la lengua se te sube el barro que llevas en el alma, y, sin querer, lo escupes...

RAMONA

Sí, barro escupo: el que tú... y otros como tú echasteis sobre mí: fango de egoísmos, fango de traiciones. Buena y limpia, como hecha de luz, era yo cuando niña. La suciedad que ahora hay en mí, ¿de quién la recibí, si no de vosotros? Vosotros me enseñasteis el lenguaje de la plazuela. ¿No sabías que, como el trueno sigue á la luz, así la primera blasfemia responde al primer desengaño?... ¡Y aún crees que voy á ser juguete vuestro... tuyo!... ¡Imbécil, imbécil, imbécil!... (Llora.)

GABRIELA

Ramona... Ramoncita...

DON PABLO

(Correcto). ¡Muy bonito! El relámpago, el trueno... y ahora la lluvia. ¡Mejor es callar!

RAMONA

(A Gabriela). Creen que á nosotras se nos conquista con dinero... ¿Qué te parece?... ¡Ja, ja!... ¡Con dinero!

DON PABLO

¿No?

RAMONA

¡No! Se nos conquista con delicadezas... ¿te enteras?... Con delicadezas... con palabras... Y para jugar con una mujer, ¡desengáñate!, es preciso cogerla por el corazón.

DON PABLO

(Ya de buen humor). Voy creyendo que las mujeres agradecéis más una bofetada á tiempo que una orla de brillantes.

RAMONA

¡Qué lástima de tiro, hijo mío!...

DON PABLO

¡Y los billetes de Banco que me ha costado aprender una lección tan sencilla! Bueno; au revoir; me marcho. Gabriela, perdone usted el mal rato que acabamos de darla...

GABRIELA

¿Se va usted sin hacer las paces con Ramona?

DON PABLO

Por hechas. ¿Usted cree que yo tomo estas cosas en serio?... ¡Quiá!

RAMONA

Yo, felizmente, hago lo mismo.

DON PABLO

(A Gabriela). Las mujeres sois siempre menores de edad.

GABRIELA

¿A dónde va usted ahora?

DON PABLO

Al Casino.

GABRIELA

¿A jugar?

DON PABLO

Y á perder.

RAMONA

¿Llevas mucho dinero?

DON PABLO

El suficiente para que el banquero no cese de bendecirme en toda la noche.

GABRIELA

Prefiere usted los juegos de azar á los juegos de amor. ¡Hace usted mal, don Pablo!

DON PABLO

Achaques de la edad. Yo soy muy positivista.

RAMONA

¿Pero tú creías que éste se ocupa en hacer el amor?

DON PABLO

Lo compro hecho. Es más cómodo.

GABRIELA

Pero menos poético.

DON PABLO

Pero más cómodo.

RAMONA

Y para ti la comodidad...

DON PABLO

Sobre todas las cosas. (A Gabriela.) Repito... (A Ramona.) Fierecilla... ¡Ah! Si viene Santiago le dices...

RAMONA

No te molestes; me parece que le tienes ahí.

ESCENA VI
DICHOS y SANTIAGO, que entrará tarareando una canción y sin llamar

SANTIAGO

(Ya dentro). ¿Se puede?

RAMONA

¡Hola!... ¿Y lo pregunta usted desde dentro?

SANTIAGO

Adiós, Pablito... Ramona...

RAMONA

(A Gabriela). Santiago Rivas, uno de nuestros primeros... desocupados. Mi amiguita Gabriela Rey, que acaba de llegar...

SANTIAGO

¿De Madrid?

GABRIELA

De Madrid.

SANTIAGO

Encantadora... sí, señor... encantadora...

GABRIELA

Muy amable...

SANTIAGO

Es una de las manos más bonitas que han pasado por la mía. Permítame usted... (La besa.)

RAMONA y GABRIELA

¡Santiago!

SANTIAGO

(A Gabriela.) No me guarde usted rencor; en mis labios no hay veneno. Además, vengo medio loco.

DON PABLO

¿Pues qué sucede?

SANTIAGO

Ya te contaré.

GABRIELA

(A Ramona). Es simpático.

SANTIAGO

Aquí no puede ser. Es una historia para hombres solos.

RAMONA

¿Una nueva conquista?

SANTIAGO

Un proyecto de conquista.

RAMONA

¿Joven?

SANTIAGO

Veinte años.

RAMONA

¿Rica?

SANTIAGO

Rica.

DON PABLO

¿No se tratará de Victoria?

SANTIAGO

¡Quiá! Esa, pasó. Anoche quise verla y anduve rondando su calle, y como había luz en su cuarto, empecé á llamarla á gritos: «¡Victoria... Victoria!...» Y en la quietud de la calle, ancha y silenciosa, el eco respondía: «¡Victoria... Victoria!» Hasta que llegó un guardia y me dijo: «Caballero, por bien que le hayan salido á usted sus asuntos, hágame el favor de callar. Son las dos de la madrugada.»

GABRIELA y RAMONA

¡Tiene gracia!

SANTIAGO

Y me fuí. Pero la de ahora sí que es guapa... ¡Oh!...

DON PABLO

Ya me contarás...

GABRIELA

¿Conque esas tenemos? Una mujer joven, rica... ¡muy bien!

RAMONA

Una verdadera novia, por lo visto; una muchacha decentita....

SANTIAGO

¿Decente?... ¡Quiá!... ¿Pero usted me cree capaz de enamorarme «de eso» que llaman una mujer decente?...

RAMONA

¡Hombre!

SANTIAGO

¡No las quiero! Una mujer así es una cadena metida en un corsé.

RAMONA y GABRIELA

¡Qué disparates dice! (Horrorizadas.)

DON PABLO

¡Tiene razón! (Riendo.) ¡Tiene razón!

SANTIAGO

¡Claro es!... Para los incasables como yo, las solteritas que buscan marido, no sirven, y las casadas fieles, tampoco. Yo, en cuestiones de amor, soy mariposa, soy anarquista. ¡Viva la anarquía! Ea, tú, Pablo... ¡hale! Paso de camino...

DON PABLO

Andando.

SANTIAGO

A no ser que estas señoritas... A Ramona la veo en traje de casa.

RAMONA

Yo no salgo.

SANTIAGO

¿Y usted?

GABRIELA

Acompaño á Ramona.

SANTIAGO

Tiene usted ojos apasionados, ojos italianos... ojos de ensueño... ¡Eh, tú, Pablito!... ¿No te parece?... Ojos de ensueño. Usted debe de ser un alma errante, un alma viajera...

GABRIELA

(Riendo). Sí, sí... ¡Pero ya no viajo!...

SANTIAGO

¿Ha descarrilado usted alguna vez?

GABRIELA

Muchas.

SANTIAGO

También yo.

GABRIELA

Y esos viajes sentimentales suelen costar á las mujeres muchas lágrimas.

SANTIAGO

Y á los hombres mucho dinero. Estamos de acuerdo. (Se dan las manos riendo.)

DON PABLO

¿Acabarás de charlar?

RAMONA

¿A dónde van ustedes, por fin?

DON PABLO

Desde aquí al Casino.

SANTIAGO

Nos esperan. Luego iremos á Pum-Pum.

DON PABLO

¡Es un programa!

SANTIAGO

Luego... ¡quién sabe!... Misterio. Pero, ¿qué importa, cuando en el misterio está la poesía?

DON PABLO

(Que habrá estado frotándose las sortijas con su pañuelo). ¡Por vida de los moros!...

SANTIAGO

¿Qué es?

DON PABLO

Que se me ha caído el brillante del solitario.

RAMONA, GABRIELA

A ver, á ver... (Todos rodean á don Pablo. Los artistas cuidarán de dar á esta escena la mayor animación posible.)

DON PABLO

Menos mal que no fue en la calle.

RAMONA

¡Qué lástima!

GABRIELA

¡Hermosa piedra!

DON PABLO

Vale dos mil francos.

SANTIAGO

¿A ver? Trae acá. Yo entiendo mucho de estas cosas. ¡Sí, en efecto; hermoso ejemplar! ¡Qué oriente! ¡Me conviene! (Se la traga.)

RAMONA, DON PABLO

¡¡Qué haces!!

GABRIELA

¡Este hombre tiene los demonios en el cuerpo!

SANTIAGO

¡Ya pasó!...

DON PABLO

¿Pero estás en tu juicio? (Todos ríen.)

SANTIAGO

¡Llevo dos mil francos en las entrañas! ¡Dos mil francos!... Bien podéis decir ahora que «en el fondo», á pesar de mi frivolidad aparente, valgo mucho.

RAMONA

¡Qué trasto de hombre!

GABRIELA

¡Es divino!...

SANTIAGO

Ahora es cuando me voy. (A don Pablo.) Te advierto que no tengo el menor interés en que me acompañes.

DON PABLO

¡Ah, pero yo sí! No te dejo en toda la noche.

SANTIAGO

¿No quieres separarte de tu solitario?

DON PABLO

Ni un momento.

SANTIAGO

¡Pues ya está la fiesta armada!

GABRIELA

Será buena.

SANTIAGO

¡Oh, dejará memoria! Porque os advierto que la digestión de una piedra preciosa exige...

RAMONA, GABRIELA

¿Qué?

SANTIAGO

Mucho vino de Oporto.

DON PABLO

Te pago el digestivo.

SANTIAGO

Vamos. Gabriela... ¿irá usted á Pum-Pum? ¡No deje usted de ir!...

GABRIELA

Quién sabe... probablemente.

SANTIAGO

Porque he de confesarla á usted...

DON PABLO

(Empujándole). ¡Que van á dar las diez!...

SANTIAGO

¡Huyamos!... Ya sabes que los digestivos hechos á base de vino de Oporto, se toman por botellas y de media en media hora... (Salen riendo.)

RAMONA

Andad, andad...

GABRIELA

¡Qué par! ¡Como pellejos se van á poner!

ESCENA VII
RAMONA, GABRIELA. (Las actrices procurarán dar á esta breve escena un fuerte calor de emoción y de intimidad.)

RAMONA

¡Por fin! (Cierra la puerta.)

GABRIELA

Tu don Pablo es notable: es el tipo del bon vivant, del desaprensivo.

RAMONA

¡Vaya, bendito de Dios! ¡Me aburre!... Como me aburren todos...

GABRIELA

Reconoce, al menos, que es uno de esos hombres excepcionales que, por intuición, sin duda, saben retirarse un momento antes de empezar á estorbar.

RAMONA

Razón tienes. Porque deseosa estaba de quedarme á solas contigo para hablar de Joaquín.

GABRIELA

¿Pero, le quieres todavía?

RAMONA

Todavía. Siempre...

GABRIELA

¡Qué buena eres!

RAMONA

Le quiero como tú quisiste á Leonardo. (Besándola.) ¿Verdad? En vano tú, como yo, hemos pasado de unos brazos á otros; el recuerdo del primer hombre, del único hombre que quisimos, persiste en nosotras triunfador, imborrable.

GABRIELA

Es como un perfume.

RAMONA

Como una luz.

GABRIELA

Otros hombres hemos conocido más graciosos, más elegantes, más ricos... pero Aquél, el amado, se sobrepone á todos.

RAMONA

A todos.

GABRIELA

Es la magia del pasado, la fuerza del recuerdo... Y es que una sola idea, cuando es grande, basta para llenar toda una vida.

RAMONA

Es cierto. Háblame de Joaquín.

GABRIELA

Pregunta.

RAMONA

¿Vendrá?

GABRIELA

Esperándole estoy, y el camarero lo sabe. Joaquín te quiere mucho; durante todo el viaje me ha hablado de ti.

RAMONA

¿Por qué no se ha hospedado aquí?

GABRIELA

Porque su familia le esperaba.

RAMONA

¿Pero, se ha casado? (Con asombro y dolor.)

GABRIELA

¿No lo sabías?

RAMONA

¡No! ¡Oh! ¡Casado! ¿Y tiene hijos?

GABRIELA

También.

RAMONA

¡No sabía nada! ¡Qué dolor!... ¡Oh! Ya, entre él y yo, ¡qué abismo!...

GABRIELA

Y todo eso le ha envejecido, le ha puesto triste...

RAMONA

(Hablando consigo misma). ¡Casado! ¡Qué abismo!... (Pausa.)

GABRIELA

¡Y Joaquín llega á tiempo! (Riendo.)

RAMONA

¿Cómo?

GABRIELA

Yo me entiendo...

RAMONA

¿Lo dices porque acabo de reñir con Pablo?... ¡Tonta! ¡Era igual!... Demasiado sabes que, lo que amamos mucho, siempre llega á nosotras á tiempo. (Pausa.)

GABRIELA

Oye... Alguien viene.

RAMONA

Sí...

GABRIELA

Me parece que han llamado en mi cuarto. Sí... No te emociones demasiado, porque es él. (Se dirige á la puerta.)

RAMONA

¡Él!...

GABRIELA

(Abriendo la puerta). El mismo. Entra, Joaquín.

ESCENA VIII
RAMONA, GABRIELA, JOAQUÍN

JOAQUÍN

¡Ramona!

RAMONA

¡Joaquín de mi alma! (Se abrazan con efusión vivísima. Ella llora.)

GABRIELA

¡Nada! ¡Lo mismo que en las comedias!

JOAQUÍN

Antes de venir á verte he vacilado mucho.

RAMONA

¿Por qué?

JOAQUÍN

Por coquetería.

RAMONA

No comprendo.

GABRIELA

¡Mujer, qué torpe eres!... Porque temía que le hallases demasiado viejo.

JOAQUÍN

Sí, demasiado viejo.

RAMONA

¡Qué tontería!... Joaquín, mi Joaquín, tú, para mí, siempre serás el mismo... el mismo...

JOAQUÍN

Con diez años más. Cuando nos conocimos, ¿verdad?, yo era casi un real mozo. Ahora, confiésalo, soy un amante bueno para visto de noche ó entre dos luces.

RAMONA

Bobo, bobito...

JOAQUÍN

Tengo cuarenta años.

RAMONA

Ya lo sé.

JOAQUÍN

Soy lo que la gente llama «un hombre de cierta edad».

GABRIELA

O, como si dijésemos, de la Edad Media.

RAMONA

¿Qué me importan tus años?

JOAQUÍN

Pero... ¿y mi cara?

RAMONA

Tampoco. ¡No, hijo mío! No era una belleza, era un alma lo que yo amé en ti. (A Gabriela y bromeando.) Sin embargo, sí... tenías razón: ha cambiado mucho.

GABRIELA

¡Y tanto! Tiene el pelo gris.

RAMONA

Y la frente más grande.

GABRIELA

Y los ojos más tristes.

RAMONA

Sí, ¡y más pequeños!

JOAQUÍN

¡Pues sí que estáis cortándome un trajecito!

GABRIELA

¡Y eso que te queremos!

JOAQUÍN

Que si me odiaseis...

RAMONA

¿Y los dientes? (Haciendo ademán de tocarle la boca.) ¿No te falta ninguno?

JOAQUÍN

Afortunadamente. Esos se salvaron todos. (Pausa.) Di... ¡qué elegante estás!... ¿Quién es ahora tu amor?

RAMONA

Calla. ¡Oh! No hablemos del presente.

JOAQUÍN

Sí, el presente es feo: mírame á mí.

RAMONA

¡Pobrecillo!... (Pausa larga.) ¿Te acuerdas de nuestro cuartito?

JOAQUÍN

Aquí (por la frente) lo llevo retratado.

RAMONA

¡Y qué apuros pasábamos para comer!

JOAQUÍN

Fué un idilio de hambre.

RAMONA

¿Y cuando tú tenías que quedarte acostado para que yo te lavase la ropa en un barreño? (Ríe.)

JOAQUÍN

¡Qué bonito era aquello!

GABRIELA

(Burlándose). Precioso... precioso...

RAMONA

¿Y nuestra alcobita?... ¡Ah, las alcobas! (Dirigiéndose á Gabriela.) Todas las alcobas donde he dormido después han dejado en mi memoria una impresión de disgusto, de asco... Sólo aquélla, á pesar de su pobreza, reaparece en mi memoria como algo azul, algo muy alegre, blanco... lleno de sol... (Abrazándole con brusca vehemencia.) Joaquín, mi Joaquín... ¿por qué te casaste?

JOAQUÍN

Mi Ramona... (Pausa.)

GABRIELA

Bien; me parece llegado el momento de imitar el discreto ejemplo de don Pablo. Buenas noches.

JOAQUÍN

(Levantándose). Entonces, yo me voy también.

GABRIELA

¿Por qué?

RAMONA

No, tú no te vas...

JOAQUÍN

¿Y si ese don Pablo, amigo tuyo, vuelve?

GABRIELA

No hay cuidado. Yo ahora voy á cambiarme de traje, luego me marcho á Pum-Pum...

RAMONA

(Con gran alegría). ¡Eso es! ¡Admirablemente pensado!

GABRIELA

Y una vez allí, y mientras el solitario que se tragó Santiago aparece ó no, yo os respondo de que don Pablo no vuelve por aquí en toda la noche.

JOAQUÍN

Pero, seamos prudentes: ¿y si por casualidad viniese?

RAMONA

Mi alcoba tiene una puerta que comunica con la habitación de Gabriela. Mirad... (Los tres miran por la puerta de la derecha.)

GABRIELA

¡Pues, no digas más!... ¡Ah! Los arquitectos, poniendo con sabia previsión puertas de escape en las alcobas, dieron á las mujeres un medio para que los pobres maridos nunca sepan nada. Adiós, Joaquinito.

JOAQUÍN

Adiós, Gabriela.

GABRIELA

Hasta mañana; y... ¡no paséis miedo!

RAMONA

Confiamos en ti.

GABRIELA

Perded cuidado. Creo que no puedo hacer más por vosotros, ¿eh?...

RAMONA

Eres un ángel.

JOAQUÍN

Un ángel.

GABRIELA

Adiós, hasta mañana.

(Vase. Ramona cierra cuidadosamente la puerta. Después, ella y Joaquín se miran y, sin hablar, se abrazan.)

ESCENA IX
RAMONA, JOAQUÍN

JOAQUÍN

Otra vez juntos... solos...

RAMONA

Después de diez años.

JOAQUÍN

A través de los años y de las aventuras, me siguió tu recuerdo. ¡Oh! Tengo tantas, tantas cosas que decirte, que no sé por cuál empezar. Ramona, Ramona mía...

RAMONA

¡Tuya!... ¡Siempre!...

JOAQUÍN

¿Te acuerdas de nuestra estancia en el pueblo?

RAMONA

Mi casa, la casa donde nací...

JOAQUÍN

Aquella casita blanca, oculta entre árboles muy verdes, donde murió tu abuelo, donde murió tu padre... y donde quizá, cuando seas vieja, vayas á morir tú...

RAMONA

Esa casita que, por haberse marchado tantos camino de la otra vida, parece una estación...

JOAQUÍN

Sí, en esa casita blanca... ¡quién pudiera vivir contigo, sin ambiciones, olvidado de todos!...

RAMONA

Poeta; ¿y tu mujer... y tus hijos?

JOAQUÍN

¡Oh, deja!... No hablemos del presente. Tenías razón: el presente es feo.

RAMONA

Habla... sigue, Joaquín... Aunque me engañes, sigue...

JOAQUÍN

No, no te engaño: es mi alma romántica, mi alma sincera, la que en estos momentos se derrama por mis labios. Al verte, te quiero como te quise entonces... lo mismo, y es que el pasado vuelve. ¿Qué me importa tu historia? La Ramona que tengo ahora delante es aquélla, la de los años mozos; años de locura, de inconsciencia, en que no nos cabía en la boca la risa. En mi largo combate por la gloria y por el pan, salí triunfante. ¡Lo gané todo! Honores, posición, esposa, hijos... y, sin embargo, en mi alma, de donde contigo voló la alegría primera, una voz clamaba, clamaba perpetuamente, y esa voz decía: «Dame más, dame más... otra cosa, otra... rebusca... ¿ó es que no hay bajo el cielo más que lo que me diste?...»

RAMONA

Como yo.

JOAQUÍN

Como tú...

RAMONA

Sí... pero ya estamos muy separados. No, Joaquín, no... no hay que hacerse ilusiones: el pasado no vuelve...

JOAQUÍN

Vuelve, sí... ¿cómo dudas? Tu pasado soy yo; mi pasado eres tú... la casualidad nos reúne, aunque sea momentáneamente, y mira cómo, de pronto, lo que fué nos sale al paso y nos cierra el camino. Otra vez solos... juntos...

RAMONA

Pero... ¿y mi vida? ¿Esta sucia vida que me rodea?

JOAQUÍN

¿Y qué?... ¿Que vives en el pecado?... ¿Y qué?... Si en los días negros de quebranto y de fastidio nadie fué á consolarte, ¿quién podrá acusarte con justicia?... El cuerpo tiene hambre y come; las almas solitarias, las almas aburridas, padecen hambre de ideal y pecan; que el pecado, Ramona, es pan para las almas que se aburren.

RAMONA

Eres el mismo... el mismo...

JOAQUÍN

Y tú, la misma... Más hermosa, tal vez...

RAMONA

¡Oh, no!...

JOAQUÍN

Sí, son tus ojos... son tus cabellos... tus cabellos negros, que yo besé tanto...

RAMONA

¡Pobre cabeza mía!... (Acariciándole.) Pobre cabeza mía... ¡qué viejecita está!...

JOAQUÍN

Sufrió mucho.

RAMONA

Mucho.

JOAQUÍN

Pero, aunque esté fea, quiérela, porque pensó mucho en ti. (Pausa.)

RAMONA

¡Qué mala es la vida!

JOAQUÍN

No...

RAMONA

¡Qué triste!...

JOAQUÍN

No, no creas.

RAMONA

¡Sí, qué triste!...

JOAQUÍN

Te equivocas. ¿Por qué?...

RAMONA

¿Dirás que es alegre?

JOAQUÍN

Tampoco... ¡qué sé yo!... La vida no es una lágrima; tampoco es una carcajada; es... una sonrisa. (Pausa larga.)

RAMONA

El pasado vuelve, dijiste... ¿y si tuvieses razón? (Se levantan.)

JOAQUÍN

¡Ah! No lo dudes.

RAMONA

Nos conocimos en un merendero, una noche de verano, una noche como esta...

JOAQUÍN

Noche lírica de luna y de amor...

RAMONA

¡Cómo lo recuerdo! ¡Cómo revive aquella escena en mi memoria! ¡Con qué nitidez la veo!... Es algo para mí coherente, tangible como un bajo relieve...

JOAQUÍN

Todo está igual... menos yo...

RAMONA

Menos tú... Pero yo, dentro de mi espíritu, te veo como eras entonces: con tus cabellos rizosos y negros, con tus ojos luminosos, con tus mejillas frescas, llenas de sangre...

JOAQUÍN

¡Ay!

RAMONA

¿Quieres?... ¿Di?... ¿Quieres?...

JOAQUÍN

¿Qué?

RAMONA

Reconstituir la escena.

JOAQUÍN

¿Cómo?

RAMONA

Apagando la luz.

JOAQUÍN

¡Oh!... ¡Qué triste es eso!

RAMONA

¿Triste? ¿Por qué?

JOAQUÍN

¡Ah! No sabría explicártelo ahora... pero, sí... es muy triste... Alude á mi vejez...

RAMONA

Estábamos cenando así, delante de una ventana como ésta... y al darnos el primer beso, en el jardín del merendero un cuarteto ambulante empezó á tocar un vals...

JOAQUÍN

Sí... nuestro vals...

RAMONA

Nuestro vals. (Pausa.) ¡Espera! Sí, eso es... Verás... (Apoya un timbre. Pausa.)

JOAQUÍN

¿A quién llamas?

RAMONA

Al camarero.

JOAQUÍN

¿Qué quieres?

RAMONA

Aguarda.

JOAQUÍN

¿Pero, qué vas á hacer?

RAMONA

Es una ocurrencia rara y bonita.

ESCENA X
DICHOS y el CAMARERO

CAMARERO

¿Llamaba usted?

RAMONA

Adelante. (Con frialdad.)

CAMARERO

Con su permiso; buenas noches.

RAMONA

¿Y mi amiga, la señorita del número seis?

CAMARERO

En este momento acaba de marcharse.

RAMONA

Bien. Hágame el favor de decirle al director de los cíngaros que toque el vals de La Bohemia.

CAMARERO

Perfectamente.

RAMONA

Tome usted; dele esto de mi parte. (Entrega al camarero un billete.) Adiós... (Durante esta escena, Joaquín permanecerá junto á la ventana, como indiferente á la conversación.)

ESCENA XI
RAMONA, JOAQUÍN

JOAQUÍN

Eres original. (Con alegría.)

RAMONA

Soy digna de ti.

JOAQUÍN

Vales más que yo; eres más artista que yo...

RAMONA

Una artista de la vida.

JOAQUÍN

Mi alma... mi Ramona.

RAMONA

Noche de verano, noche de luna, noche de amor... Tenías razón, Joaquín, tenías razón: el pasado vuelve... (Los dos se asoman á la ventana.)

JOAQUÍN

¡Oye! (Música dentro.)

RAMONA

El pasado vuelve...

(El vals suena muy lejos, muy debilitado, de modo que sirva de fondo á la conversación.)

JOAQUÍN

Emoción divina.

RAMONA

Si la vida es teatro, ¿por qué no colgar en ella las decoraciones á nuestro gusto?... Soy, ¿verdad?, una excelente directora de escena.

JOAQUÍN

Mi alma.

RAMONA

Joaquín... ¿Ves?... Todo está igual.

JOAQUÍN

Todo.

RAMONA

La ventana, el aire perfumado, el campo bañado en luna... el vals con sus notas de melancolía y de amor... Sólo me separan de aquella visión tus pobres ojos, un poco más tristes....

JOAQUÍN

Ramona...

RAMONA

Tus cabellos, un poco más blancos... tus cabellos fríos...

JOAQUÍN

¡Por piedad!...

RAMONA

Pero, para destruir eso, hay un recurso.

JOAQUÍN

¿Cuál?

RAMONA

Buscar la obscuridad.

JOAQUÍN

No... no...

RAMONA

Sí; en la obscuridad, las almas que quieren soñar, sueñan mejor. Quiero verte hermoso, como entonces... Déjame... necesito ser feliz... una noche... un instante... (Apaga la luz.)

JOAQUÍN

¿Qué haces, Ramona?

RAMONA

Nada, mi rey... nada... Acercarme á ti...

(El teatro quedará totalmente á obscuras. Ellos permanecerán un momento abrazados delante de la ventana, bañada en luna, y luego caerán sobre el diván, mientras la música continúa y el telón desciende rápido.)

TERMINA LA COMEDIA



Comedia en dos actos, estrenada en el TEATRO ROMEA la noche del 24 de Mayo de 1909

Á RAMONA VALDIVIA