ARGUMENTO
Si damos fe al escoliasta de Aristófanes (Las Ranas, v. 53) y a lo que nos dice J. A. Hartung (Euripides restitutus, tomo II, pág. 415 y siguientes), la tragedia titulada Las Fenicias es la tercera de una trilogía, cuya primera y segunda fueron, por su orden, Antíope e Hipsípile. El argumento de la Antíope era la fundación de Tebas, y el de Hipsípile el asedio de esta ciudad por los siete capitanes mandados por Adrasto, antes de ocurrir la muerte de los hijos de Edipo.
La fábula de Las Fenicias (con algunas variantes si se compara con algunas tragedias griegas y tradiciones épicas pertenecientes como ella al ciclo tebano) cuenta la muerte de Eteocles y Polinices, nietos de Layo. El poeta supone que Polinices, desterrado de Tebas por su hermano Eteocles, no obstante el pacto celebrado entre ambos de reinar un año cada uno, se refugia en la corte de Adrasto, rey de Argos, con cuya hija se desposa, y con cuyo auxilio y el de otros famosos guerreros pone sitio a Tebas para obligar a su hermano a cederle parte del reino. Yocasta, madre y mujer de Edipo, y madre de ambos, obtiene de Eteocles que permita a Polinices la entrada en Tebas con el maternal objeto de reconciliarlos; pero no pudiendo conseguirlo a pesar de sus ruegos y exhortaciones, se da el asalto por los sitiadores, que son rechazados de las murallas y vencidos por los tebanos, después que Meneceo, hijo de Creonte, se sacrifica por su patria, obedeciendo al oráculo que revela el adivino Tiresias. Eteocles entonces, para evitar la efusión de sangre inútil, propone a ambos ejércitos la decisión de la fratricida contienda por medio de un combate singular entre él y Polinices, que se verifica, en efecto, sucumbiendo uno y otro. Al saberlo, su madre Yocasta se dirige al campamento con su hija Antígona, ansiosa de evitarlo, pero llega tarde; se precipita inconsolable sobre la espada de uno de los muertos, y perece también abrazada a ellos. Eteocles, antes de pelear con su hermano, encarga a Creonte, su tío, que no dé sepultura a Polinices si muere, y aquel intenta cumplir sus órdenes, no obstante la resistencia de la piadosa Antígona, que al fin acompaña a su padre, ciego, al destierro a que lo condena Creonte.
La acción de esta tragedia, como se deduce fácilmente de las líneas anteriores, es eminentemente trágica, no solo en el sentido que esta palabra tiene entre nosotros, sino también en el griego. El destino con su horrible influjo se muestra en toda ella, y recuerda a los mortales sus inflexibles decretos. Sin embargo, ni la escena en que el pedagogo enseña a Antígona los capitanes del ejército sitiador, ni la entrada de Polinices en Tebas, forman parte esencial de ella, a pesar de su belleza incomparable. Los dos caracteres de Eteocles y Polinices, que aparecen en primer término, están bien dibujados y sostenidos, y ambos se distinguen por su ambición y por su odio fratricida y por sus opuestos sentimientos.
En nuestro juicio, y no obstante los lunares mencionados, algunas máximas nada morales que contiene y las extrañas críticas literarias de Eurípides intercaladas en la tragedia, es una de las mejores que de él nos quedan. Tiene escenas inimitables, trozos felicísimos, y su versificación es en general muy superior a otras obras suyas. En una palabra: leyéndola despacio, y no una vez sola, se puede aprender mucho.
Séneca la ha imitado en su Tebaida, de la cual solo existen fragmentos, y Estacio en su poema heroico que lleva el mismo nombre; entre los franceses, Rotrou en su Antígona, y Racine en sus Hermanos enemigos, una de sus más débiles producciones.
En cuanto a la fecha de su representación, parece lo más probable, atendiendo al escolio citado al principio, que fuera en la olimpiada 93, 2 (407 antes de Jesucristo). En efecto, además de este dato del escoliasta, que no deja de tener fuerza, y que en todo caso es el único que poseemos, confírmalo también la observación que hace Hermann (in Præfat. Phœn., pág. XV) cuando dice: Quum illa (Yocasta) deinde cum Polinice coierit sermonem, ejus prior pars, qua singulatim exquirit cur grave sit patria carere, non est ita inserta, ut apareat qui hoc in mentem venerit Yocastæ. Quo fit ut ista aliena abs re videri debeant. Chocan en verdad las preguntas que Yocasta hace a su hijo Polinices acerca de los males del destierro, y es de presumir que aluda el poeta a la vuelta de Alcibíades a su patria a principios de junio del año 407, en el arcontado de Euctemón, cuya fecha concuerda exactamente con la señalada por el escoliasta.