NOTAS


[1] La obra de M. Victor Duruy, titulada Histoire Grecque, que hemos tenido a la vista, es algo parcial por la democracia, cuya defensa parece ser uno de sus principales objetos. Habla siempre de Aristófanes con pasión y con odio, acaso porque no ha sabido apreciar sus relevantes dotes como poeta y como ciudadano, y porque combate los excesos de la demagogia. Fuera de esto, es obra recomendable, si bien no debemos olvidarlo, porque anda en manos de todos. Al leerla, dentro de algunos años, dirá, sin duda, la posteridad: «¡Qué bien escribía este autor la historia de su tiempo, creyendo escribir la de Grecia!».

[2] Teofrasto, este hombre que hablaba con tanta gracia, que se expresaba divinamente, fue calificado de extranjero y llamado así por una pobre mujer a quien compraba hierbas en el mercado, y que averiguó, por yo no sé qué perfil ático que le faltaba, y que los romanos llamaron después urbanidad, que no era ateniense: y Cicerón refiere que aquel personaje se admiró de ver que, habiendo envejecido en Atenas, dominando tan perfectamente el dialecto ático, y habiendo adquirido su acento por un hábito de tantos años, no había logrado alcanzar lo que el pueblo poseía naturalmente y sin ningún trabajo. (La Bruyère, Discours sur Théophraste).

[3] Un pueblo democrático, con sus ciudadanos egoístas, díscolos, frívolos, fanfarrones y vanidosos, no puede prosperar, sino que se suicida, víctima de sus propias faltas. (Hegel, Esthétique, traducción francesa de M. Bénard, tomo V, pág. 17, edición de 1852).

[4] Aunque el obispo Thirlwall, historiador de la Grecia, habla de all the attempts which for the last forty years have been systematically made in our own literature —the periodical as well as the more permanent— for political and other purposes to vilify the Athenians, no por eso es menos cierto, como puede verse en la obra de Druman, titulada Geschichte des Verfalles der griechischen Staaten, y sobre todo en Tucídides, Aristófanes y Jenofonte, testigos presenciales de estos sucesos, que el pueblo ateniense contribuyó con sus faltas a la ruina de su patria.

[5] Como está tan embrollada la cronología del teatro griego, no es extraño que los eruditos discrepen tanto acerca del año en que nació Eurípides. Nosotros seguimos a Plutarco, Symps., lib. VIII, cap. I, y a Diógenes Laercio en su vida de Sócrates. La Crónica de Paros dice que Eurípides nació en el año 3.º de la olimpiada 73 (486 antes de Jesucristo), esto es, seis años antes. De este mismo parecer son Samuel Prevost, Tomás Lydiat, Hesychio y Segismundo Jacobo Baumgarten, el cual añade que el nombre de Eurípides proviene del río Euripo, en cuya desembocadura se dio la batalla de Salamina. Levesque, en sus Mémoires de L’Instit. national, tomo I, pág. 325, dice así: «Eurípides nació el año 3.º de la olimpiada 63, (526 antes de nuestra Era).» Este dato es conocidamente erróneo, porque entonces resulta que Eurípides es un año anterior a Esquilo. Samuel Murgrave ha dilucidado suficientemente este punto en su Chronologia scenica ab Euripidis nati tempore ad ejusdem mortem, y en Boeck (Corpus inscriptionum græcarum. Berlín, 1743) se encuentran también muchas ingeniosas y útiles observaciones. En la obra de Gottl. Chris. Fried. Mohnike, titulada Geschichte der Literatur der Griechen und Römer, hallamos esta tabla:

1.ºEl nacimiento de Εsq. cae en la olimp.LXIII4ant. J. C.525
Su muerteLXXXI1456
2.ºEl nacimiento de SófoclesLXXI2495
Su muerteXCIII3406
3.ºEl nacimiento de EurípidesLXXV1480
Su muerteXCIII3406

Esquilo murió, pues, a los sesenta años de edad. Sófocles a los noventa y Eurípides a los setenta y cinco.

Hemos preferido seguir los datos cronológicos de esta tabla, porque en la Crónica de Paros se observan ciertas contradicciones que han suscitado graves dudas entre los críticos, porque es ilegible en muchas de sus partes, por las dudas que se han promovido acerca de su autenticidad, por la fe que nos merecen Plutarco y Diógenes Laercio, por la tradición constante, seguida hasta ahora por la gran mayoría de los eruditos, de que Eurípides nació el año indicado, y porque, en realidad, es pequeña la diferencia de seis años que se observa entre los datos de la Crónica y los que adoptamos.

[6] Llámale, en efecto, hijo de la verdulera (τῆς λαχανοπωλητρίας) en el v. 393 y en otros muchos pasajes de sus comedias, y lo mismo dice Aulo Gelio con referencia a Theopompo. Suidas y Manuel Moscópulo, griego de Constantinopla que pasó a Italia cuando la toma de aquella ciudad por los turcos, aseguran, fundándose en la autoridad de Filócoro, que esta tradición es falsa. Valerio Máximo en el lib. III, cap. IV y Plinio, Hist. Nat., lib. XXII, cap. XXXVIII, hablan también de esto. La aserción de Aristófanes, tantas veces repetida y en boca de un autor contemporáneo de Eurípides, es para nosotros irrecusable.

[7] Tal es la opinión de Valckenaer en su Diatr. in Eurip. per. dram. reliquias, cap. IV, en donde asegura que se encuentran doctrinas de Anaxágoras en las tragedias de Eurípides, y en efecto, si es auténtico el pasaje que se conserva de Melanipa, tragedia perdida, su aserción no carece de fundamento.

[8] Diógenes Laercio cita dos versos de Mnesíloco, antiguo cómico, que dicen así:

Φρύγης ἐστὶ καινὸν δρᾶμα τοῦτ’ Εὐριπίδου

ᾯ καὶ Σωκράτης τὰ φρύγαν’ ὑποτίθησι

(Los Frigios son un drama nuevo de Eurípides, bajo el cual Sócrates puso también astillas).

[9] El epitafio ha sido conservado por Tomás Magister.

Distintas opiniones hay también acerca de la muerte de Eurípides. Unos, como el elegíaco Hermesianax y varios biógrafos, dicen que murió despedazado por perros; otros por las mujeres, a quienes tanto había ofendido, y otros, en fin, que murió de viejo. Esta última opinión es para nosotros la más probable, puesto que, a ser ciertas las primeras, no hubiera dejado Aristófanes de hacer mención de ellas en Las Ranas, que se representaron poco después de la muerte de Eurípides.

[10] Ælian., Var. hist., lib. II, cap. XIII.

[11] Τραγικὼτατος, Poet., lib. XXIII, 14.

[12] Tomás Magister ha conservado un epigrama, en el cual dice Menandro que si los muertos sintieran, como algunos piensan, él se alegraría de visitar el infierno para conocer a Eurípides.

[13] Tratado de lo sublime, cap. XV.

[14] Crítica de los antiguos escritores, publicada por Jacob, págs. 419 y 20.

[15] Aug. Wilhelm. Schlegel, Vorles. über dram. Kunst und Literatur. Leipzig, 1846, tomo I, pág. 134.

[16] Epist., lib. XVI, ep. 8.

[17] Longe clarius quam Æschylus illustraverunt hoc opus Sophocles atque Euripides, quorum in dispari dicendi via, uter sit poeta melior, inter plurimos quæritur. Idque ego sane, quoniam ad præsentem materiam nihil pertinet, injudicatum relinquo. Illud quidem nemo non fateatur necesse est, iis, qui se ad agendum comparent, utiliorem longe Euripidem fore. Namque is et in sermone, quod ipsum reprehendunt, quibus gravitas ex cothurnus et sonus Sophocli videtur esse sublimior, magis accedit oratorio generi, et sententiis densus, et in iis, quæ a sapientibus tradita sunt, pene ipsis par; et in dicendo ac respondendo cuilibet eorum, qui fuerunt in foro diserti, comparandus; in affectibus vero cum omnibus mirus, tuum in iis, qui miseratione constant, facile præcipuus. Hunc et admiratus maxime est, et sæpe testatur et secutus, quamquam in opere diverso, Menander. (Quintil., Instit. orat., lib. X, cap. I). Obsérvese la frase qui se ad agendum comparent, en la cual repara sin duda M. Émile Lefranc en su Histoire de la littérature grecque, ed. 1838, pág. 133, y que realmente es un epigrama contra Eurípides, porque son muy distintos el estilo de la retórica y el del drama.

[18] Jacob, Nachtragen zu Sulzer’s Allgemeine Theorie der sch. Künste, Theil 5, págs. 335-422.

[19] Aug. Wilhelm Schlegel, Vorles. über dram. Kunst und Literatur, Leipzig, 1846, págs. 131-146.

[20] También se ha suscitado la cuestión de si Eurípides es o no enemigo de las mujeres, μισογύνης, como le llamaban los griegos. Aug. Guill. Schlegel cita, en sus Vorles. über dramatisch. Kunst und Literatur, tomo I, pág. 141 (Leipzig, 1846), las palabras de Sófocles, que ha conservado Ateneo, según las cuales su aborrecimiento provenía de su extremada afición a ellas. Welcker, en sus comentarios a Las Ranas, de Aristófanes, pág. 248, y N. G. Lenz en la N. Bibl. d. sch. Wiss., 58, 11, págs. 195-215, lo defienden de esta imputación nada lisonjera, fundándose en lo que dicen Aulo Gelio y Suidas sobre el carácter sombrío e intratable de este poeta. Basta, sin embargo, leer sus tragedias para convencerse de la verdad de ese dictado, y sobre todo a Aristófanes, que, como hemos dicho antes, es el mejor juez en este punto, puesto que conocía otras muchas tragedias suyas además del Hipólito, hoy perdidas, en las cuales debió aparecer enemigo declarado del bello sexo.

[21] En la genealogía de Hécuba, Eurípides ha seguido una tradición desconocida, fundada acaso en algún poeta griego anterior, cuyas obras no han llegado hasta nosotros. Homero en su Ilíada, XVI, 758, dice que el padre de Hécuba fue Dimas, rey de Frigia. Polidoro tampoco aparece en dicho poema como hijo de Hécuba, sino de Laótoe, y muere a manos de Aquiles, no de Poliméstor. (Ilíada, XX, 408; XXI, 81 y siguientes). La opinión de Eurípides es también la de Virgilio (Eneid., X, 706) y la de Ovidio (Metam., 429-575), los cuales, como él, hacen a Hécuba hija de Ciseo.

[22] Quersoneso, de las dos palabras griegas χέρσος y νῆσος, continente e isla, equivale a nuestra voz península. Los antiguos conocieron varios, y uno de ellos era este de Tracia, hoy Galípoli, entre el golfo Melas y el Helesponto. Perteneció a los atenienses desde Milcíades, y lo perdieron en la guerra del Peloponeso.

[23] En el texto leemos ὅπλα, armadura, arma defensiva, lo contrario de ἔγχος, que era la ofensiva. Dice, pues, bien el escoliasta: ὅπλα τὰ φυλακτήρια οἷον θώραξ, κράνος, ἔγχος δὲ καὶ σπάθη ἀμυντήρια.

[24] Virgilio, a este propósito, dice en el canto IV de su Eneida:

Hæc omnis, quam cernis, inops, inhumanataque turba est:

Portitor ille, Charon: hi, quos vehit unda, sepulti.

Nec ripas datur horrendas, nec rauca fluenta

Transportare prius, quam reditus ossa quiescunt.

Centum errant annos, volitantque hæc litora circum.

Tum demum admissi stagna exoptata revisunt.

[25] Para entender este pasaje debemos suponer que Hécuba, asustada de su visión, sale en busca de su hija Casandra, famosa profetisa y concubina de Agamenón, en cuya tienda debía hallarse. La desolada madre desea que le explique su sueño.

[26] Estos sueños horribles, distintos de los plácidos, son hijos de la Noche y de la mansión subterránea en donde habitaban. (Véase la Teog. de Hesíodo, 212; la Odisea de Homero, XXIV, 12; Virgilio, Eneida, VI, 282-894, y la Ifig. en T. del mismo Eurípides, 1203).

[27] Timele, del griego θυμέλη, altar, templo, estrado, segunda división de la orquesta destinada al coro.

[28] En el verso 91 se dice claramente que Aquiles, al aparecerse a los griegos, no pidió el sacrificio de Políxena, no obstante las palabras de Polidoro en el verso 40 y las de Odiseo en el 387. Si así lo hubiera hecho, la cuestión promovida en la asamblea de los griegos estaba resuelta y hubiera sido ociosa. Versó solo acerca de si había de ser o no Políxena. Polidoro se expresa así en el verso 40, porque tenía ya conocimiento de lo que había de suceder, y Odiseo por igual razón, pero no refiriéndose a las palabras textuales del espectro de Aquiles.

[29] Acamante y Demofonte, hijos de Teseo. (Véase los Heráclidas de Eurípides).

[30] M. Artaud, Tragédies d’Euripide, tomo I, pág. 21, traduce las palabras τύμβου προπετῆ por renversée devant le tombeau, y en nuestro juicio no debe ser así, sino como nosotros lo hacemos. La voz προπετής corresponde exactamente a la latina pronus, y por eso el escoliasta la explica, añadiendo ἐπὶ τὸν ταφόν πορευομένην. En este mismo sentido la vemos usada en la [Alc., 909], y en las Traqu. de Sóf., 975. Así piensa también Hermann, y es lo más lógico, porque el sacrificio se celebra luego sobre el mismo túmulo, no delante de él, y no hay necesidad de incurrir en esa contradicción.

[31] Llama aurífero al cuello de Políxena porque supone que está adornado de collares de oro.

[32] M. Artaud, en sus Tragédies d’Euripide, tomo I, 23, llama justamente la atención hacia estas palabras de Políxena. Laudable, bello y hasta cristiano es, en efecto, su amor filial, que, desentendiéndose de las voces del egoísmo, solo se acuerda de las desdichas de su madre.

[33] Aunque se nos haga extraño que Odiseo llorara lágrimas de sangre, y la expresión parezca metafórica, no lo es, sin embargo, porque esa sangre provenía de las heridas que se había hecho en el rostro, sea para desfigurarse más, sea para excitar la compasión de los troyanos. Helena cuenta así esta aventura en la Odisea, VI, v. 242 y siguientes:

«Un día se llena de heridas vergonzosas, cubre sus hombros de viles harapos como un esclavo, y penetra en la vasta ciudad de Príamo disfrazado de mendigo, bien diferente del famoso héroe de la flota de los griegos».

[34] Séneca, Troades, v. 293, dice:

Quod si levatur sanguine infans cinis

Opima Phrygii colla cædantur greges,

Fluatque nulli flebilis matri cruor.

Los lectores observarán la notable diferencia que hay entre la sencillez de Eurípides y la ampulosidad del célebre cordobés.

[35] Porque Aquiles murió de un flechazo de Paris, hermano de Políxena.

[36] A propósito de este verso, repetido en el 66 de Orestes, dice J. A. Hartung en su Euripides, Hecube, XI, pág. 150: «Dieser aus Orest. (v. 66) herübergesetzte vers passt hier nicht: denn er sagt zu viel. Wie kann Hecabe, einige Tage nach der Einascherung ihrer Stadt, bereits sagen, dass sie sich freue und ihr Leiden vergesse im Anblick ihrer Tochter?». Al contrario, es lo más natural que después de haber perdido a su esposo, a sus hijos y a su ciudad concentrase en Políxena todo su afecto. No dice, pues, demasiado, ni es inconcebible que así se exprese, y tanto en boca de Helena como de Hécuba, siendo distinto el carácter de ambas, es una frase propia.

[37] Algunos eruditos rechazan la palabra πόλις, y ponen en su lugar κόσμος o πόθος, porque, en su concepto, es extraño que Hécuba compare a Políxena con una ciudad. Bien mirado, sin embargo, no lo es, porque su sentido es el más natural y comprensible. Hécuba solo quiere decir que Políxena es para ella un objeto tan amado como lo era Troya antes de perecer. Adviértase además que los griegos profesaban a la ciudad en que nacían el mayor cariño, y que no eran, ni con mucho, tan humanitarios ni cosmopolitas como nosotros.

[38] Todo este discurso de Odiseo replicando a Hécuba es un tejido de sofismas, entre los cuales domina la razón de Estado como supremo móvil de tan inhumano sacrificio. Por lo demás, caracteriza bien al astuto hijo de Laertes y al orador popular, despiadado y duro que, por congraciarse el favor del ejército, no retrocede ni aun ante los crímenes. Obsérvase, sin embargo, que el Odiseo que aquí vemos no es el de la Odisea de Homero.

[39] El Ida, hoy Kaz-dag, es un monte del Asia Menor a cuya falda estaba situada Troya, célebre por el juicio de Paris y porque de él nacían los ríos Escamandro, Rheno y Gránico.

[40] Leemos en Plinio, Hist. Nat., l. III, c. 43: «Antiquis Græciæ in supplicando mentum attingere mos erat». Abrazaban también las rodillas, o tocaban la mano, todo lo cual estaba consagrado a Zeus ἰκέσιος. Para no pecar contra Zeus, aquel a quien suplicaban se oponía a que le tocasen, como hace aquí Odiseo.

[41] La Frigia, una de las regiones del Asia Menor, se extendía en un principio desde la desembocadura del Meandro hasta cerca de Partenio, y bañábanla los mares Egeo, la Propóntide y el Ponto Euxino. Limitábanla al este el Halis, y al sur los montes de la Pisidia y de Licaonia. Con el tiempo variaron mucho estos límites. En ella estaba edificada Troya.

[42] En esta parte seguimos el texto griego de Hartung. En vez de ὀμμάτων ἐλευθέρων, se lee en muchas ediciones ἐλεύθερον, concertándolo con φέγγος, no con ὀμμάτων; pero es indudable, no solo que la luz no es cautiva de los ojos ni se liberta de su prisión al cerrarlos, sino que el poeta alude a la calidad de mujer libre de Políxena, pues aún no tenía dueño. Confirman nuestra opinión los versos 984 de la Ifig. en A., 219 del Hérc. Fur. y 868 de la Elect., en todos los cuales ἐλεύθερος va con ὄμμα.

[43] Juvenal va más allá, y dice: Nobilitas sola est atque unica virtus. (Sát. VIII contra la nobleza, v. 20).

[44] Entiéndese por peplo una especie de túnica ligera que cubría a la interior, sin mangas, bordada a veces de oro o de púrpura, que se sujetaba con broches, ya en el hombro, ya en el pecho. Hacía las veces de las túnicas de brocado con que vestimos a las efigies de las vírgenes, y engalanaba las estatuas de los dioses, y principalmente de las diosas. Los más famosos fueron el de Afrodita, obra de las Gracias, y el de Atenea. Unas veces llegaba hasta el suelo, y otras no. En las estatuas de la antigüedad se ve levantado o ceñido con un cinturón, y ordinariamente deja descubierta parte del cuerpo.

[45] El nombre de Dóride se daba a un reducido territorio entre la Fócide, la Lócride y la Tesalia, al ángulo SO de la Caria, en el Asia Menor, por las colonias dóricas fundadas en él y el Peloponeso, en donde se fijó esa raza helénica. Eurípides alude a esta última región, porque habla de riberas, y porque de allí eran Menelao y muchos guerreros griegos.

[46] Ftía, capital de la Ftiótide, que comprendía toda la parte meridional de la Tesalia.

[47] Apídano, río de la Tesalia, hoy Epideno, que nacía en el monte Otris, pasaba cerca de Farsalia y desembocaba en el Peneo.

[48] «Un día en Delos (dice Odiseo, Odisea, VI, v. 163), cerca del altar de Apolo, yo vi, esbelto como tú, un tronco nuevo de palmera». — Ovidio en sus Metam., VI, 335, alude también a ella en estos versos: Illic incumbens cum Palladis arbore palmae — Edidit invita geminos Latona noverca. — Este tronco, según se deduce de las palabras de Homero y de Plin., H. N., XVI, c. 89, se guardaba en Delos como una sagrada reliquia.

[49] Alusión a la fiesta de las grandes Panateneas, en la cual se ofrecía a la diosa Atenea un peplo suntuoso, labrado primorosamente por las matronas y doncellas atenienses con ayuda de sus esclavas. Estas labores representaban de ordinario las hazañas de la diosa.

[50] Cuando dice el coro que trueca el tálamo por el Orco, no debe entenderse que va a morir, sino que el nuevo estado que le aguarda es comparable al infierno, sobre todo recordando los placeres de que hubiese disfrutado en Troya, a no haber sido tomada. Este, en nuestro concepto, es el sentido más natural.

[51] Esta larga narración del heraldo Taltibio es tan bella y tan helénica, ya por su sencillez y falta de artificio, ya por las costumbres que nos revela, ya por el patético que en ella reina, que no nos cansamos de leerla. Bárbaro es, en verdad, el sacrificio; pero recuérdese que los héroes del sitio de Troya nada tenían de cultos, y que por eso mismo, en concepto de Hegel, eran más poéticos, puesto que con su sencillez y rudeza primitiva disfrutaban de más libertad e independencia en las acciones que los hombres de nuestros días, siempre cercados por la ley. Hablamos poética, no socialmente.

[52] Literalmente, «hasta el ombligo».

[53] Poco valen, en verdad, dramáticamente consideradas, estas palabras de Hécuba. En vez de consolarse porque su hija murió con dignidad, otra madre la hubiera sentido más. Tampoco es esta ocasión oportuna de filosofar, sino solo de sentir, y así lo conoce el poeta, que vacila entre sus tendencias sofísticas y su buen gusto literario, y que acaba, después de dejarse llevar de las primeras, por rendir su tributo al segundo. Defecto es este de Eurípides que observamos en otras tragedias, y que nos pinta la sociedad de aquella época, algo semejante a la de Roma desde los emperadores, y a la de Europa en el pasado siglo.

[54] Hécuba alude al himeneo de Políxena, la prometida de Aquiles, que se hubiera celebrado a no ser por la traición de Paris, que hirió en el talón vulnerable al hijo de Peleo. Por eso la llama esposa y no esposa, virgen y no virgen.

[55] Como que tuvo cincuenta hijos. Así lo dice Príamo en Homero, Ilíada, XXIV, 495. «Cincuenta eran mis hijos cuando vinieron los griegos: diecinueve de unas mismas entrañas, el resto de las mujeres que encierra mi palacio». — Virgilio en la Eneid., II, 503, dice también: Quinquaginta illi thalami, spes tanta nepotum.

[56] Simois, río de la Tróade que nacía en el Ida, atravesaba la llanura de Troya y desaguaba en el Escamandro.

[57] Eurotas, hoy Iri o Vauli-potamo, río de la Laconia que bañaba los muros de Esparta y desembocaba en el golfo Lacónico. Era célebre por sus orillas, en las cuales, además de las cañas, crecían el mirto, la oliva y el laurel.

[58] Grande efecto debía causar en el público ateniense esta nueva desdicha de Hécuba. Acaso un poeta imperito, para hacer más impresión, hubiera ofrecido de repente a sus ojos el cadáver de su desdichado hijo; pero Eurípides no solo lo anuncia en el prólogo, φανήσομαι γὰρ, ὡς τάφου τλήμων τύχω, δούλης ποδῶν πάροιθεν ἐν κλυδωνίῳ, sino que la misma esclava lo indica ya claramente desde que comienza a hablar. Prepara, pues, el ánimo de los espectadores con ese delicado miramiento que observamos también en Sófocles y Esquilo.

[59] Como dice el escoliasta que Hécuba llama amado a Poliméstor irónicamente, κατ’ εἰρωνείαν λέγει τὸ φίλος ἡ Ἑκάτη, asegurando que el texto decía φίλος, no ξένος, hemos seguido esta versión por parecernos la más natural, y porque la palabra ξένος debió ser una glosa que se introdujo después para aclarar el sentido.

[60] La presencia de Agamenón, no llamado por Hécuba, se explica naturalmente recordando la proximidad de ambas tiendas, la distinción con que la trataba el general de los griegos, la resistencia que hizo al sacrificio de Políxena y su amor a Casandra, hija de la desdichada exreina de Troya.

[61] La expresión de despecho de Agamenón al ver que Hécuba no lo trata con la franqueza y la confianza que esperaba, es de lo más natural y sencillo, casi pueril, pero bello, sin embargo. Esto, encantadora cualidad de todo el teatro griego, más visible aún en Esquilo y Sófocles, es digna de imitación en nuestros tiempos, no solo porque agrada en todos, sino porque en ciertos periodos de la sociedad lo sencillo es al mismo tiempo lo más nuevo.

[62] Ya comienza a aparecer el carácter cruel y vengativo de Hécuba.

[63] M. Artaud, en sus Tragédies d’Euripide, 42, nota, recuerda muy oportunamente que este mismo pensamiento lo hallamos en Cic., Tusc., IV, 31, en un trozo de Trabeas que cita el famoso orador: Fortunam ipsam anteibo fortunis meis. También dice Plauto en la Asin., II, esc. 2, v. 1:

Ubi ego nunc Libanum requiram, aut familiarem filium

Uti ego illos lubentiores faciam quam Lubentia est.

Por lo demás, podríamos amontonar innumerables citas como estas, porque ese pensamiento es de los más frecuentes.

[64] Ya antes de ahora (V. el [Argumento] de Hécuba) hemos censurado esta razón de Hécuba para mover a Agamenón. Como complemento de lo que allí dijimos, añadiremos que el destino de Casandra, condenada a compartir el lecho del generalísimo de los griegos, era ignominioso, no solo porque perdía su virginidad, y no en virtud de legítimo himeneo, sino porque su suerte era al fin la de una esclava. La única disculpa de Hécuba, o más bien dicho de Eurípides, es que aquella no lo alaba ni enaltece, llevada de su deseo inmoderado de venganza. Limítase a aceptar este hecho consumado, explotándolo en su beneficio.

[65] Dédalo, como es sabido, fue un artífice famoso que juega un papel nada lisonjero en la fábula de Pasífae y del Toro, autor del laberinto de Creta, de las primeras estatuas griegas y hasta del arte de volar, que costó la vida a su hijo Ícaro. Este personaje debió ser egipcio, ya por lo que sabemos de sus obras de arte, ya por la época en que vivió, en la cual hubo estrechas relaciones entre el Egipto y la Grecia. Algunos creen que es fabuloso, si bien no hay la menor duda de que su nombre simboliza el ingenio y la más fecunda inventiva.

[66] Esta debilidad de Agamenón no se explica de ninguna manera, atendido su tradicional carácter. El hombre ambicioso que sacrifica inhumanamente a su hija Ifigenia por ganar gloria y renombre, el héroe feroz y duro de aquellos tiempos, no es el Agamenón de Eurípides, que se expone a servir de ludibrio a todo el ejército si se descubre su condescendencia a los ruegos de Hécuba por amor a Casandra. Solo lo justificaría alguna pasión violenta, que no consta ni aparece en toda la tragedia.

[67] Dánao, padre de cincuenta hijas, las casó con los cincuenta hijos de su hermano Egipto, todos los cuales fueron asesinados por sus esposas en la noche de bodas, excepto Linceo, a quien salvó la danaide Hipermnestra, y fue el vengador de sus hermanos. (V. Las Sup. de Esquilo).

[68] Los de Lemnos robaron varias doncellas atenienses, de quienes tuvieron hijos que aborrecían de muerte a sus padres por el odio que les inspiraron sus madres. Habiendo intentado exterminarlos, todos ellos murieron a manos de sus esposas e hijos.

[69] El texto dice ἐῤῥυθμιζόμαν, de ῥυθμίζω, compongo, ordeno, arreglo. M. Artaud, I, 46, traduce relever sur la tête: Hartung, XI, 97, v. 890, ich band mit der Rind empor. Siempre es extraño que las troyanas se aliñasen el cabello antes de dormir, a no ser que el poeta aluda a la costumbre de las griegas, que hoy reina entre muchas que no lo son, o de sujetarlo con cintas para rizarlo al día siguiente, o solo para descansar mejor.

[70] Esto es, solo con la túnica, el vestido que inmediatamente cubría sus carnes.

[71] Las dóricas o lacedemonias usaban solo este sencillo traje, ordenado por Licurgo, ya para que se acostumbrasen a resistir a la intemperie, ya para mayor comodidad en sus luchas y ejercicios varoniles. Sabido es que ni la decencia ni la moral atormentaron mucho la imaginación de este legislador.

[72] Este movimiento de Hécuba es muy natural, ya porque se horrorizaba al mirar al asesino de su hijo, ya para disimular el odio que debía reflejarse en sus ojos.

[73] Este diálogo es uno de los mejores de Eurípides, tanto por la finísima ironía que reina en todo él, cuanto por la sobriedad y mesura con que lo desarrolla el poeta. Las preguntas que Hécuba hace a Poliméstor son intencionadas y malévolas, y este último contesta con la serenidad y pericia de un consumado criminal.

[74] Ocúrresele de pronto a Poliméstor, en medio de sus furiosos transportes, que si abandona los cadáveres de sus hijos, los expone a las iras de las troyanas, que podrán desgarrarlos y ofrecer sus ensangrentados restos a las fieras y a los perros. Sabido es el aprecio que hacían los paganos de la sepultura, de lo cual hallaremos claras pruebas en otras tragedias de Eurípides, análogas a la que observamos en el prólogo de esta, que recita la sombra de Polidoro.

[75] De la versificación del escoliasta se deduce que debe de haber leído así:

αἰθέρ ἀμπτάμενος οὐράνιον ὑψίπετὴς μέλαθρον, Ὠρίων ἢ

Σείριος ἔνθα πυρὸς φλογέας ἀφίησιν ὄσσων αὐγάς;

ἢ τὸν ἐς ἀΐδα μελανόχρωτα

πορθμὸν ἁιξω τάλας.

ὑψίπετὴς se halla en dos códices, y es necesario para entender la frase: ἀναπτάσθαι, construido con acusativo sin preposición, se encuentra también en Orestes, 1343. Acaso venga de allí αἰθέρα, cuya autenticidad rechaza otro escolio. Ὠρίων ha sido borrado de un MS. (Flor., 25), y otro (Mosq., B) pone ὁ Σείριος por ἢ Σείριος, haciendo presumir que Ὠρίων ἢ es obra de algún interpolador. Eurípides menciona juntos de ordinario a Orión y a las Pléyades (Ion., 1153; Hel., 1394), porque así se ven en medio del cielo. Sirio es, al contrario, para él el Perro pequeño, canicula, próximo al polo Norte, como observamos en la Ifig. en A., v. 68. (N. de Hart.).

[76] Aquí comienza una de esas luchas forenses a que tan aficionado se muestra Eurípides, sin duda más indulgente en esta parte con el gusto del público que con los consejos de la razón literaria; y ya sea que la vanidad del poeta en un pueblo tan dado a los encantos de la palabra lo impulsase, ya que quisiese ofrecer al auditorio una imitación de las escenas a que asistía diariamente, ya, en fin, que respetase alguna costumbre dramática recién introducida, el hecho es que no deja pasar ocasión alguna favorable de lucir sus dotes oratorias. De aquí que tan estudiado fuera más tarde por los declamadores romanos.

[77] Edonia, región de Tracia, más tarde de la Macedonia, entre el Estrimón y el Nesto, célebre por sus tejidos.

[78] Broche o hebilla con que sujetaban sus vestidos. Edipo en Sófocles se ciega también con ellas, porque remataban en punta y era el instrumento que tenían más a mano.

[79] Extraño es, en verdad, este odio que Eurípides muestra a las mujeres. Parece imposible que asistiesen al teatro y oyesen tales injurias, falsas de ordinario y destituidas de fundamento, si no recordásemos las comedias de Aristófanes y viésemos probada en ellas la excesiva tolerancia de los atenienses en esta parte. Hoy, con nuestras ideas de igualdad cristiana y con los restos del espíritu caballeresco que conservamos, nos es difícil darnos cuenta de tamaño desacato; pero debemos decir también en defensa de Eurípides que, a nuestro juicio, las mujeres de su tiempo debieron ser peores que las del nuestro, porque su vida triste y retirada y su condición social poco envidiable, hubo de contribuir a su perversión.

[80] Entablada la acusación y oída la defensa, el juez, que es Agamenón, pronuncia la sentencia, fundándola, y Poliméstor la respeta y se somete a ella. Adviértase, sin embargo, que, prescindiendo de la forma de esos discursos artificiosos e impropios de los tiempos heroicos, nada es más natural y sencillo, ni más primitivo, que erigir en juez las partes a cualquier hombre respetable, exponer por sí mismas sus razones y sujetarse a su fallo. Así debió hacerse en un principio, ya fuese el juez un anciano o el padre de familia.

[81] El culto de Dioniso estaba muy extendido en la Tracia desde que, ayudado de las Ménades, triunfó de su rey Licurgo. Más tarde encontramos una prueba evidente en la afición que mostraron al vino los reyes macedonios Filipo y Alejandro. Su oráculo, según el escoliasta, estaba en el monte Pangeo o en el Hemo. Heródoto habla también (VII, 111) de otro entre los satras, pueblos belicosos de esta región.

[82] Lefranc, Histoire de la littérature grecque, página 152.

[83] Ponto Euxino, hoy mar Negro, al SE de Europa, que comunica con el Mediterráneo por el estrecho de Constantinopla, el mar de Mármara y los Dardanelos, y con el mar de Azov por el estrecho de Yenikaleh. Baña a la Europa al N y al O, y al Asia al S y al E. Llamose primero Axenos o inhospitalario, y después Euxenos, hospitalario, como el cabo de Buena Esperanza se llamó primero de las Tormentas.

[84] Hipólito era hijo de Antíope, reina de las Amazonas y prisionera de Teseo en la guerra que sostuvo contra ellas.

[85] Piteo, abuelo de Teseo e hijo de Pélope y de Hipodamía, rey de Trecén, famoso por su sabiduría. Educó sucesivamente a su nieto Teseo y a su biznieto Hipólito.

[86] Trecén, hoy Damala, ciudad de la Argólida, cerca de la costa oriental.

[87] Hubo en Atenas dos reyes de este mismo nombre: el uno fue hijo y sucesor de Erictonio y padre de Erecteo, de Procne y Filomela; el otro padre de Egeo, y por consiguiente abuelo paterno de Teseo. Es probable que Eurípides se refiera a este último, y que llame campo de Pandión a las cercanías de Atenas, en donde estaba edificada Eleusis.

[88] Estos sagrados misterios son los de Eleusis, instituidos en honor de Deméter, de su hija Perséfone y de Triptólemo. Consistían en ciertas reminiscencias del culto cabírico o pelásgico, se celebraban todos los años y duraban nueve días. Menudeaban las procesiones, las abluciones, las carreras con antorchas y los juegos. El iniciado en el primer grado se denominaba mysto, y en el secundo, epopto o que veía. Eleusis, según Pausanias, fue fundación de Ógiges, y estaba situada en el golfo Sarónico, a 17 kilómetros al NO de Atenas, entre el Pireo y Mégara. Pericles edificó allí a Deméter un templo suntuoso.

[89] La acrópolis de Atenas.

[90] Cécrope, egipcio fundador de Atenas, que instituyó el Areópago y el culto de Zeus y Atenea. Enseñó también la agricultura y ordenó los casamientos y las sepulturas.

[91] Los Palántidas eran los cincuenta hijos de Palante, hermano de Egeo, que intentaron arrebatarle el cetro de Atenas, y fueron vencidos por Teseo.

[92] Este coro secundario, distinto del principal y compuesto de cazadores, abandona pronto el teatro para dejar su puesto a las mujeres trecenias. El escoliasta cita otros dos ejemplos de coros de esta especie: el uno de la tragedia de Paris, hoy perdida, en la cual aparece este personaje rodeado de pastores, que se retiran, y el otro en el Faetón del mismo poeta, en que el rey Mérope sale a la escena con otro coro secundario, semejante a estos.

[93] Generalmente se traduce este verso: «Puesto que solo a los dioses se puede llamar señores»; pero varias razones nos inclinan a traducirlo de otra manera. No es probable que un esclavo que osa hacer a su señor esta advertencia comience, para conciliarse sus buenas gracias, recordándole la distancia que lo separa de los dioses. Lo natural es lo contrario. Además la palabra ἄναξ (príncipe o rey) es más honorífica que la de δεσπότης, porque esta era aplicable a cuantos tenían esclavos, y la otra solo a los personajes del más elevado rango. El texto de Jenof., Anab., III, 2-8, que cita Valckenaer, nada prueba, porque allí se habla de griegos libres, aquí de un esclavo. Estas anfibologías, que a veces se encuentran en griego y en latín por la construcción de dos acusativos con un infinitivo, o por las licencias del hipérbaton, deben entenderse siempre con arreglo a lo que indique el buen sentido. Tradúzcase esta frase de Juvenal, Sát. 8, 20, nobilitas sola est atque unica virtus, y será incompresible, o se expresará lo contrario de lo que quiere decir el poeta, puesto que solo asegura que la virtud es la sola y única nobleza.

[94] Gran verdad, sin duda, que no supo o no quiso practicar Diógenes el Cínico y sus secuaces antiguos y modernos.

[95] Esto es, que cuanto los hombres poseen es don de los dioses, y la afabilidad uno de ellos.

[96] Ya se ha visto que su estatua estaba a la entrada del palacio.

[97] Lo que quiere decir este servidor de Hipólito es que su dueño, como joven, irreflexivo e inexperto, no es tan racionalmente religioso como él, ya anciano, y, en efecto, es lo que sucede de ordinario.

[98] Punto de reunión, sin duda, como sucede entre nosotros.

[99] Mirábase a Pan como al dios que inspiraba repentinos e infundados terrores; a Hécate como a la diosa de encantadores y mágicos, que enviaba a la tierra espectros y fantasmas, y a Cibeles como a la deidad que daba la locura. Loco estuvo, en efecto, Atis, pastor frigio, que la desdeñó. Los coribantes eran sacerdotes que danzaban y aullaban como furiosos para impedir que Cronos oyese los gritos de su hijo Zeus.

[100] Dictina, advocación de Artemisa, de δίκτυον, red, porque cazaba con ella.

[101] Fedra era hija de Minos, rey de Creta, y de su mujer Pasífae.

[102] Limnes, paraje inmediato a Trecén, de donde viene el sobrenombre de Artemisa. El escoliasta dice así: Λίμνη, τόπος Τροιζῆνος ἔνθεν Λιμνῆτες Ἄρτεμις καλεῖται. Allí mismo debía haber un gimnasio, pues también dice el escoliasta: Λίμνη γυμνάσιον ἐν Τροιζῆνι, ὡς καὶ ἐν τοῖς ἐζῆς φησὶ Λίμνης τροχόν.

[103] El escoliasta reprueba este anacronismo, puesto que hasta la olimpiada 89 no consiguió el premio en Olimpia el lacedemonio León con caballos vénetos, y en esta época, si damos crédito a Polemón, ni siquiera se conocían.

[104] Esta máxima, fundada en el egoísmo, es inmoral y absurda, y probablemente alude a ella Cic. cuando dice en su libro De amicitia, cap. XIII, lo siguiente:

Nam quibusdam, quos audio sapientes habitos in Græcia, placuisse opinor mirabilia quædam, sed nihil est quod illi non persequantur argutius; partim fugiendas esse nimias amicitias, nec necesse sit nullum sollicitum esse pro pluribus: satis superque esse suarum cuique rerum: alienis nimis implicari molestum esse: commodissimum esse, quam laxissimas habenas habere amicitiæ, quas vel adducas, quum velis, vel remittas;

cuya traducción, de don Fernando Casas, Cádiz, 1841, pág. 76, dice así:

«Rarísimas son en esto las opiniones de algunos que, según oigo, son tenidos en Grecia por sabios, los cuales nada hay que no trastornen con sus agudezas. Pretenden que hayan de huirse las muchas y muy estrechas amistades para no verse uno rodeado de graves atenciones, pues harto tiene cada cual, y le sobra, con el cuidado de sus propios negocios, sin necesidad de mezclarse en los ajenos. Por esto les parece que deben traerse muy flojas las riendas de la amistad, para apretarlas o aflojarlas todavía más si conviniere».

[105] Alude a los amores de su madre Pasífae con el toro de Creta, en los cuales tanto le sirvió el ingenioso Dédalo.

[106] Ariadna, que dio a Teseo el hilo para salir del laberinto y matar al Minotauro, y huyó después con él, siendo abandonada en Naxos, de donde se la llevó Dioniso.

[107] Porque viniendo del Ática hacia el Peloponeso era la primera ciudad de esta región que se encontraba.

[108] Este discurso filosófico de Fedra no está exento de algunos errores, aparte de su inoportunidad dramática. La sagrada Biblia, al hablarnos del pecado original, nos recuerda la imperfección humana y la necesidad de poseer el supremo bien a costa de infinitos esfuerzos. La diferencia que hay entre el bien moral y el intelectual, es que el primero no se oculta a la generalidad de los hombres; no así el segundo, por lo mismo que aquel es más esencial que este. La vida del hombre virtuoso es una constante lucha contra el vicio y las pasiones, época de peregrinación y de prueba, oscuro laberinto a cuya salida le espera el paraíso. Obsérvese que el poeta vacila muchas veces, y ya atribuye la pasión de Fedra a causas humanas, ya a la ira de Afrodita; que el cristiano no da a la vida esta importancia, ni se resuelve nunca a quitársela, ni alcanza así gloria alguna.

[109] Recuérdese la escasa consideración social de que disfrutaba la mujer en la sociedad antigua.

[110] Porque nació de la espuma del mar.

[111] La madre de Dioniso. Tan lejos fue su amor, que llegó a abrasarla.

[112] Céfalo, esposo de Procris, hermosísimo mortal, de quien se enamoró la Aurora. Como esta deidad deseaba alejarlo de su esposa, a quien amaba tiernamente, le persuadió que probase su fidelidad disfrazándose. Procris no salió bien de la prueba, y se separó de ella, aunque se reconcilió después. Por último la mató involuntariamente con un dardo, y, desesperado, se atravesó con él. La Aurora entonces lo llevó al Olimpo.

[113] Los filtros (en griego φίλτρον, de φιλεῖν, amar) eran de dos especies: unos trastornaban el juicio, y otros infundían o borraban el amor. Para componerlos valíanse de los más variados y repugnantes ingredientes, como del pescado llamado rémora, de ciertos cartílagos de rana, de la piedra astroides, del hippomanes, de sangre menstrual, de cortaduras de uñas, etc., etc. Preparado el filtro, según leemos en el idilio 2.º de Teócrito, se hacía a la claridad de la luna un sacrificio. Echábase harina en el fuego, que simbolizaba los huesos del hombre, y después hojas, cera y salvado, fleco o resto de su traje y zumo de hierbas. Si a su conclusión se oía ladrar algún perro, era señal indudable de que Hécate en persona venía a dar su aprobación y consentimiento.

[114] Esto es, Hipólito.

[115] Alfeo, río de la Élide que nacía en la Arcadia, cerca de Megalópolis, pasaba por Olimpia y Pisa, y desembocaba en el mar Jónico. Estas hecatombes de que habla el poeta se hacían en Olimpia en honor de Zeus, y en Delfos en honor de Apolo. El Amor, dios alegórico, no tuvo altares ni templos hasta más tarde.

[116] La Ecalia era una ciudad tesalia, próxima a la Etolia. Eurito, su rey, prometió dar la mano de su hija Yole al que lo venciera tirando el arco. Heracles lo venció, y no queriendo cumplir su promesa, fue tomada su ciudad y él pereció delante de su hija, que como furiosa bacante recorría el campamento enemigo. (V. las Traquinias, de Sófocles.)

[117] Teseo.

[118] Célebre frase, sutileza de Eurípides tan inmoral como sofística, que justamente ha levantado contra él a todos los críticos sensatos. Sin embargo, como el ingenio humano es siempre el mismo, y siempre hábil en buscar argucias para eludir sus deberes o paliar sus faltas, no han escaseado en épocas posteriores sectas heréticas y perniciosas que han aplicado este mismo principio falso, probablemente sin conocer las palabras de Eurípides.

[119] Esta larga y sangrienta sátira contra las mujeres, tan del gusto de Eurípides, es, sin embargo, en nuestro juicio, muy inferior a la celebérrima de Juvenal, imitada después por tantos otros, y entre ellos por nuestro Quevedo. Afortunadamente no escasean en ella las puerilidades, y en general es injusta y poco sólida. Shakespeare en su Cymb., acto II, última escena, se desata también contra el bello sexo en estos términos:

Could I find out

The woman’s part in me! For there’s no motion

That tends to vice in man, but I affirm

It is the woman’s part: be it lying, note it,

The woman’s; flattering, hers; deceiving, hers;

Lust and rank thoughts, hers, hers; revenges, hers;

Ambitions, covetings, change of prides, disdain,

Nice longings, slanders, mutability,

All faults that may be nam’d; nay, that hell knows

Why, hers, in part, or all: but, rather, all;

For even to vice

They are not constant, but are changing still

One vice, but of a minute old, for one

Not half so old as that. I’ll irrite against them,

Detest them, curse them. Yet ’t is greater skill

In true hate, to pray they have their will:

The very devils cannot plague them better.

[120] La castidad de Hipólito envolvía al mismo tiempo no leve ofensa a la diosa Afrodita, una de las más veneradas, y no dejaba de ser extraña en un pueblo que siempre dio grande importancia a los goces de los sentidos. Sin embargo, la venganza de Afrodita es inmoral, cruel y egoísta. Es seguro que ni en Sófocles ni en Esquilo encontraremos nunca dioses de esta índole, que si infunden temor, infunden también desprecio.

[121] Porque Minos, su padre, rey de Creta, era hijo de Zeus y de Europa.

[122] Conocida es generalmente la fábula de Faetón, hijo de Apolo y de Clímene, su disputa con Épafo, en que este sostenía que no era hijo del Sol, el juramento de su padre, y su desventurado ensayo al regir el carro paterno, siendo precipitado en el Erídano o Po, a cuyas orillas le lloraron tanto sus hermanas las Helíades, que fueron convertidas en álamos blancos y sus lágrimas en ámbar.

[123] Conocida también, como la anterior, es la fábula de las Hespérides Egle, Aretusa y Hesperetusa, hijas de Atlante y de Hespéride, y su jardín de manzanas de oro, y el dragón que las guardaba. Eurípides indica claramente que moraban al pie del Atlas, en la Mauritania. Otros dicen que habitaban en la Cirenaica, en donde había una ciudad llamada Hésperis, o en nuestra España, cerca de Cádiz, o en las Canarias o islas Afortunadas.

[124] Muniquia, aldea y puerto del Ática, entre el Pireo y el cabo Sunio, uno de los tres puertos de Atenas, célebre por su fortaleza y por el templo de Artemisa que había allí edificado.

[125] Teseo, que, según dice, vuelve de consultar al oráculo, trae puesta una corona de las hojas del árbol consagrado al dios Apolo. Tito Livio (lib. XXIII, § 11) dice así hablando de la embajada a Delfos de Q. Fabio Píctor: Hæc ubi ex græco carmine interpretata recitavit, tum dixit, se oraculo egressum ex templo iis omnibus divis rem divinam thure ac vino fecisse; jussumque ab templi antistite sicut coronatus laurea corona et oraculum adisset, et rem divinam fecisset ita coronatum navem adscendere, nec ante deponere eam, quam Romam pervenisset.

[126] Ordinariamente se ponen en boca del coro las palabras que siguen, contra el sentido y la costumbre, puesto que, al contemplar tan doloroso espectáculo, Teseo es quien debe hablar, y porque su versificación y traza indican claramente qué las pronuncia Teseo, no el coro.

[127] El texto griego dice ἀβίοτος βίου, una vida que no es vida.

[128] Esto es, el de la Providencia, que todo lo ve.

[129] El texto vulgar griego dice καὶ δι᾽ ἀψύχου βορᾶς σίτοις καπήλευ᾽. Valckenaer, comentando esta frase, se expresa así: Vim non animadverto, quam istis δι᾽ ἀψύχου βορᾶς adjungere possit vox σίτοις. Mathias, por el contrario, observa que σίτα opponuntur τῇ ἀψύχοῳ βορᾳ, et fruges, ac fructus, herbas, radices, etc. significat, quibus terra natis homines vescuntur. Parece, pues, que por ἀψύχου βορᾶς debe entenderse los vegetales, cibus inanimis. Es extraño, sin embargo, que tan célebres críticos no hayan leído con atención las palabras del escoliasta, que literalmente son estas: ἢ ἐν λόγοις ἐμπορεύου, καθάπερ οἱ λεγόμενοι λογέμποροι, καὶ μὴ κατὰ φύσιν φιλοσοφοῦντες, ἀλλ᾽ οἱ τοὺς λόγους καπηλεύοντες. De ellas se deduce que Eurípides alude a los sofistas charlatanes, esto es, a ciertos pitagóricos que, alimentándose de vegetales, engañaban al vulgo hipócritamente. Adviértase también que, como dice Suidas, καπηλεὺειν se construye con acusativo, como vemos en Esq., Los Siete del T., v. 545, ἐλθὼν δ᾽ ἔοικεν οὐ καπηλεύσειν μάχην, traducido por Ennio (Cic., Off., I, 12) non cauponantes bellum, sed belligerantes. No vacilamos, pues, en traducir, como Hartung, λόγους, en vez de σίτοις.

[130] Ya en tiempo de Eurípides circulaban muchos versos órficos, compuestos por sectarios de Pitágoras, fórmulas ridículas de encantamiento para devolver la salud corporal y la espiritual. Platón, en su Rep., II, 7, califica a los sectarios de Orfeo de ἀγύρται καὶ μάντεις, charlatanes y adivinos.

[131] Por Atenea, aunque realmente fuese fundada por Cécrope, y por una colonia egipcia.

[132] Sinis, famoso bandido griego que en el istmo de Corinto robaba a los caminantes, arrojándolos al mar, o matándolos con su maza, o atándolos a dos pinos encorvados hasta la tierra, que después soltaba de repente. Murió a manos de Teseo.

[133] Escirón, bandido del Ática, hijo de Éaco, que robaba en el camino de Atenas a Mégara, precipitando a sus víctimas en el mar desde unos elevados peñascos. Teseo lo venció también, y le dio muerte.

[134] Es un verdadero anacronismo suponer la existencia de los juegos en una época en que no se conocían; pero a este propósito recordamos los que cometió el pintor Rafael en su cuadro titulado La Escuela de Atenas, que no por eso deja de ser excelente. No defendemos por eso tales yerros, sino solo observamos que, a pesar de ellos, sus autores fueron grandes poetas o grandes artistas, y que, evitándolos muchos de nuestros contemporáneos, no lo son; en una palabra, que, sin ser arqueólogo, es posible remontarse mucho en la Poesía o en el arte.

[135] Este discurso de Hipólito es muy bueno como discurso, y justifica los elogios que Quintiliano prodiga a Eurípides. Como Hipólito ha sido atacado en lo más sensible, tiene que hablar de sí, pero lo hace con cierta modestia, sin faltar a la verdad. Su carácter se retrata en él al vivo, y está trazado de mano maestra.

[136] Esto es, más allá de las columnas de Heracles, último término del mundo entonces conocido.

[137] Vemos, pues, que Hipólito, a pesar de las célebres palabras que profiere en su diálogo ron la nodriza, ἡ γλῶσσ᾽ ὀμώμοχ᾽, ἡ δὲ φρὴν ἀνώμοτος, no viola su juramento. Así se comprende fácilmente que, apoderándose de una sola frase de una composición poética, cuyo correctivo o complemento viene después, se haga decir al autor lo que no quiso. En este caso, sin embargo, es preciso confesar, no solo que Eurípides nunca debió escribirla en absoluto, sino que ni aun ponerla en boca de Hipólito, tan religioso y tan puro; adviértase, no obstante, que Hipólito no lo quebranta sino por lo convencido que se halla de que no le serviría, dando a entender que lo haría en otro caso.

[138] El carro de los griegos era de dos ruedas como el romano, y se entraba en él por detrás. Por delante no tenía abertura alguna, y era descubierto. Iban en él dos personas: el guerrero y el cochero o conductor. El carro griego era más ligero, elegante y esbelto que el romano, según se deduce del bajorrelieve de un vaso que se encontró en Santa Ágata.

[139] Parece, según dicen Eustacio y el escoliasta, que en los carros se usaban estos borceguíes, o como quiera llamárseles, con el objeto de ofrecer sólido apoyo al que lo regía y no exponerlo a los continuos vaivenes, naturales en vehículos sin muelles y que caminaban por toda clase de terrenos.

[140] Caminando de Trecén a Epidauro se encuentra a la derecha una pequeña península, en donde está edificada Metana, e inmediatamente después, siguiendo por la costa, el golfo Sarónico, entre Epidauro y Mégara. Hacia el norte se descubren los altos peñascos Sarónicos, en donde se halla el desfiladero que lleva de Corinto a Mégara, en donde habitaba el bandido Escirón, y cerca, y a la derecha, la costa de la península mencionada, desde la cual se alborotaron las olas y arrojaron al toro que mató a Hipólito, e impedían ver el istmo y el promontorio de Esculapio.

[141] M. Artaud dice así: Il s’agit ici du mont Ida de La Crète, patrie de Phèdre. ¿Por qué ha de ser el Ida de Creta y no el de Troya, mucho más célebre y conocido en toda la Grecia, a no ser que hagamos la singular suposición de que Fedra trajo las tablillas de Creta, de que eran del Ida, y lo sabía este esclavo?

[142] Aunque Valckenaer opine que este canto del coro es superfluo, adviértase que siempre se oía su voz en la transición de una escena cualquiera a otra interesante, aludiendo, sin faltar a la discreción, a la causa de los sucesos ocurridos.

[143] La frecuencia con que intervienen los dioses en las tragedias de Eurípides, sobre todo a su conclusión, y cuando la intriga parece más complicada o el desorden moral más profundo, nos autoriza a pensar que no siempre es pobreza de recursos dramáticos del poeta. Acaso el carácter religioso de esta clase de espectáculos, o la necesidad de que fuese obra de un dios el restablecimiento del equilibrio moral, perdido por la influencia de otro, inclinaran al poeta a desatar el nudo de esta manera. Como en las de Esquilo y Sófocles eran los conflictos humanos resultado de los decretos del destino, superior a todos los dioses, no podía suceder esto.

[144] Teseo, como Heracles y los demás héroes de la antigüedad pagana, no era hijo de Egeo, en opinión de las gentes, sino de Poseidón y de Etra, esposa de aquel. Alejandro Magno pretendió serlo más tarde de Zeus Amón.

[145] El suicidio de Fedra y la muerte de Hipólito.

[146] Aunque no estemos completamente de acuerdo con Hartung (Religion der Römer, P. I, pág. 100 y siguientes), que sostiene, fundándose en algunos datos, que entre los griegos y romanos el omen, el oráculo y la imprecación determinaban los sucesos, y no declaraban simplemente lo resuelto con anterioridad, no podemos prescindir de llamar la atención de los lectores hacia estas palabras de Hipólito, que revelan la creencia universal de todos los pueblos en el carácter religioso y respeto inherente a los padres, cuyas maldiciones (justas de ordinario) eran ensalzadas por la divinidad.

[147] Piteo, abuelo materno de Teseo, era hijo de Pélope y de Hipodamía, esto es, de la familia de los Tantálidas o Pelópidas, tan famosos por sus crímenes.

[148] M. Artaud cita muy oportunamente a este propósito las palabras del Prometeo, de Esquilo, v. 115, al acercarse las Oceánidas, que dice:

Τίς ἀχώ, τίς ὀδμὰ προσέπτα μ᾽ ἀφεγγής.

y las de Virgilio (Eneida, I, 407):

Ambrosiæque comæ divinum vertice odorem spiravere.

[149] Por más que algunos sostengan, por defender ciegamente a Eurípides, que estas palabras no debían asustar al público, nosotros pensamos que son irreligiosas en absoluto, e impropias de Hipólito, varón santo y perfecto.

[150] M. Artaud, citado hace poco, dice que C’est Adonis, qui fut tué à la chasse par un sanglier, sin acordarse de que este jabalí era Ares, celoso de Adonis, tan querido de Afrodita.

[151] Luciano (de Licia Dea, p. 60) dice así: Τροιζήνιοι τῇσι παρθένοισι, καὶ τοῖσι ἠιθέοισι νόμον ἐποιήσαντο, μή μιν ἄλλως γάμον ἰέναι πρὶν Ἱππολύτῳ κόμας κείρασθαι.

[152] Políxena en Hécuba dice también a Odiseo:

Κόμιζ᾽ Ὀδυσσεῦ μ᾽ ἀμφιθεὶς κάρα πέπλοις

y Macaria a Yolao en Los Heráclidas:

πέπλοις δὲ σῶμ᾽ ἐμὸν κρύψον παρών.

[153] Se comprende desde luego que esta es la Tebas griega, capital de la Beocia, distinta de la Tebas egipcia de las cien puertas.

[154] Cadmo, hijo de Agénor y hermano de Europa. Fue a buscarla por mandato de su padre, después que la robó Zeus, y no encontrándola, se fijó en la Beocia y fundó a Tebas. Créese que importó en Grecia la escritura fenicia.

[155] Harmonía, hija de Ares y de Afrodita, esposa de Cadmo, transformada como él en serpiente.

[156] De aquí que su linaje se llame Labdácida.

[157] Podía ser hijo de distinta madre.

[158] El Citerón es un monte famoso al sur de Tebas. En uno de sus extremos, confinante con el Ática, se encontraba un valle consagrado a Hera, en donde fue expuesto Edipo.

[159] Οἰδίπους, de οἰδέω, me hincho, y πούς, pie.

[160] Monstruo que tenía el cuerpo de mujer, la cabeza de león y las alas de águila. Proponía enigmas a los caminantes, y los ahogaba si no los acertaban. Cuando Edipo descifró el que le propuso, se precipitó despechada en la mar.

[161] Broche con alfiler de oro y piedras preciosas, marfil, bronce y otras materias con que se sujetaban las vestiduras en el pecho o en el hombro.

[162] Bajo el nombre de pedagogo (de παῖς, niño, y ἄγω, yo llevo) entendían los griegos ciertos esclavos que desempeñaban con los niños las funciones de nuestros ayos. Unas veces se nombraba para este cargo al de más experiencia, otras al más servicial, a veces al más inútil. Plutarco, en su tratado de La Educación, nos dice que se empleaban en este servicio los esclavos más estropeados del trabajo y los que habían costado menos. Acompañaba al niño a las escuelas y gimnasios, vigilaba sus pasos, le aconsejaba y enseñaba, pero sin el derecho de castigarle. Diógenes fue pedagogo de Jeníades de Corinto.

[163] Como el pedagogo queda solo en la escena, el escoliasta dice que esto provenía de la necesidad en que estaba el actor que había representado el papel de Yocasta, de mudar de traje y de máscara para representar el de Antígona.

[164] Ismeno, río de la Beocia que nacía al norte de Tebas, consagrado a Apolo.

[165] A Dirce, segunda esposa de Lico, rey de Tebas, Zeto y Anfión, hijos de Antíope, primera mujer de Lico, la ataron a las colas de varios potros cerriles, que la desgarraron. Compadecidos de ella los dioses, la convirtieron en fuente, que corría cerca de Tebas.

[166] Por ser las armas de bronce, no de acero.

[167] Anfión, hijo de Lico y de Antíope, reinó en Tebas con su hermano Zeto. Había recibido de Apolo una lira de oro de tan dulce sonido, que las piedras se movieron al oírla, y colocándose unas sobre otras, formaron los muros de Tebas. Casó con Níobe, hija de Tántalo.

[168] Clípeo, escudo grande y redondo que usaba la infantería griega. Era convexo, y tan vasto que resguardaba el cuerpo desde el cuello hasta las piernas. A veces era todo de bronce, aunque de ordinario se componía de varias pieles de toro superpuestas y cubiertas de placas de metal. En ocasiones estaba resguardado con ramas de mimbre entrelazadas, forradas de cuero crudo y de metal.

[169] Lerna, región y famosa laguna de Argólida. En ella habitaba la hidra que mató Heracles, y sus aguas recibieron las cabezas de los esposos de las Danaides.

[170] Hermano de Adrasto, rey de Argos. Se llama rey porque rige o manda tropas.

[171] Tideo, hijo de Eneo, rey de Calidón. Mató involuntariamente a su hermano Menalipo y se desterró a Argos, en donde se casó con Deípila, hija de Adrasto. Fue padre del célebre Diomedes.

[172] Etolia, región de la Grecia antigua, separada al oeste de la Acarnania por el Aqueloo. Confinaba al este con los Dorios Ozoles, el Parnaso y los Eteos; al norte con el Epiro y la Tesalia, y al sur con el golfo de Ambracia y el de Corinto. Sus ciudades principales eran Calidón y Termo.

[173] La lanza griega se componía de tres partes: punta de hierro o bronce, astil de madera y spiculum o cuento, terminado en punta. Era también arma arrojadiza.

[174] Zeto, hijo de Zeus y de Antíope, y hermano de Anfión. Fue gran cazador, y ayudó a su hermano a edificar los muros de Tebas.

[175] Su padre fue Meleagro.

[176] Atalanta, célebre cazadora, la primera que hirió al jabalí de Calidón. Su amante Meleagro le regaló la cabeza.

[177] Adrasto, rey de Argos y generalísimo de esta expedición desastrosa. En la segunda, o de los Epígonos (descendientes de los capitanes de la primera), perdió a su hijo Egialeo, y murió de dolor.

[178] Níobe, hija de Tántalo y mujer de Anfión. Tuvo siete hijos y siete hijas, y orgullosa con ellos, insultó a Leto, madre solo de Apolo y Artemisa, que se vengó de ella matándolos a flechazos. Níobe, de dolor, fue convertida en piedra.

[179] Anfiarao, hijo de Ecles y de Hipermnestra, famoso adivino griego, que se casó con Erífile, hermana de Adrasto. Conociendo en virtud de su don profético el triste éxito de su expedición contra Tebas, se ocultó, negándose a tomar parte en ella; pero fue descubierto por su propia esposa, sobornada por un collar de diamantes. Antes de partir hizo jurar a su hijo Alcmeón que castigaría a su madre.

[180] Capaneo, hijo de Hipónoo y de Astínome o de Laódice, y padre de Esténelo. Había jurado apoderarse de Tebas contra la voluntad de los dioses.

[181] Némesis, hija de Zeus y de la Necesidad, o del Océano y de la Noche, o del Érebo y la Noche, o de la Noche sola. Castigaba a los malos, y sobre todo a los hijos que ultrajaban a sus padres. En concepto de Platón, Némesis era la única furia.

[182] Según dice el escoliasta, la ninfa Amimone fue perseguida por Poseidón, que clavó su tridente junto a la laguna de Lerna, e hizo brotar una fuente de agua viva. Lo que parece positivo es que esta fuente estaba próxima a dicha laguna, según es de colegir de las siguientes palabras de Estrabón: δείκνοται δὲ καὶ Ἀμυμνώνη τις κρήνη κατὰ Λέρνην.

[183] Esta estrofa encierra tales desatinos geográficos, que es muy difícil entenderla, a no suponer que Eurípides no sabía una palabra de Geografía, lo cual dista mucho de ser cierto, pues en todo caso sería el único error de esta especie en que incurre. No solo la Fenicia no era una isla; sino que para venir a Tebas era imposible que diesen el absurdo rodeo de navegar hacia ella por el mar Jonio. En nuestro juicio, lo que dice solo debe entenderse de la Sicilia, adónde en todo caso vinieron desde Tiro, colonizado por los fenicios, y más tarde por los cartagineses, que tanto se les asemejaban.

[184] Cadmo era hijo de Agénor.

[185] El Parnaso, monte de la Fócide, tenía dos cumbres: en una estaba situado el santuario de Apolo, y en la otra el de Dioniso. En ambas se veían de noche las antorchas de las fiestas que se celebraban. Inmediata al santuario de Dioniso se ostentaba una vid que producía diariamente un pesado racimo, de cuyo zumo se hacía el vino destinado a las libaciones del dios. También se enseñaba a los devotos la caverna de la serpiente Pitón, cuya piel se guardaba en el templo, y el lugar desde donde el dios pudo sorprenderla y matarla.

[186] Ío era hija del río Ínaco. Enamorose de ella Zeus, y temiendo a la celosa Hera, la convirtió en vaca para ocultar sus amores. Habiéndosela pedido Hera, y no atreviéndose a negársela, la dio a guardar a Argos, de cien ojos, que murió a manos de Hermes. Al fin, después de largas correrías, se detuvo a las orillas del Nilo, y dio a luz a Épafo, padre de Belo, Agénor y Fénix. Se cree que era la diosa egipcia Isis, y Épafo, su hijo Apis. El coro alude a la fundación de Tebas por los fenicios.

[187] La solemnidad inherente a esta clase de espectáculos no permitía que se hablase en otra lengua que en la griega. El poeta, sin embargo, supone que el coro habla en fenicio, cuando su lenguaje es griego castizo. Tal inverosimilitud no debe extrañarnos habiendo leído obras maestras de los más célebres poetas dramáticos, que suelen cometerlas a cada paso. Por lo demás, esta escena es tan tierna y bella, que acaso no se encuentre otra semejante en todas las tragedias de Eurípides.

[188] Hay tanto y tan profundo sentimiento en estas frases de Yocasta, y encierran tan triste verdad, que no es posible leerlas sin melancolía. Tiene razón: ¡pobres madres, que sufren penas infinitas, convertidas de ordinario en doloroso centro adonde convergen todos los males y disgustos de las familias!

[189] El texto griego, antes que Jacobs lo corrigiera, aparecía tan defectuoso, que hemos preferido seguir su opinión, teniendo en cuenta que la primera condición de cualquier obra literaria es la claridad. En efecto, desde el verso 395, si adoptamos el texto vulgar, hallamos tal incongruencia entre las preguntas y respuestas de Yocasta y Polinices, que es imposible creer en su autenticidad. Por ejemplo, cuando Yocasta pregunta a Polinices cómo llegó a Argos y con qué objeto, este contesta que Adrasto tuvo conocimiento de cierto oráculo de Apolo. Así es fácil comprender, o que se ha trocado el lugar que estos versos deben ocupar respectivamente, o que falta algún complemento del sentido. Hemos creído, pues, que basta conservarlo, alterando solo la numeración de los versos.

[190] Padre de Adrasto, rey de Argos.

[191] La centuria, en griego λόχος, varió, según los diversos tiempos, desde 8 hombres hasta 100 entre los atenienses, y 125 entre los lacedemonios.

[192] Estas palabras de Eurípides y las frecuentes alusiones que hace a los encantos de la oratoria en otras tragedias, son un monumento histórico de la mayor importancia, que nos inician en los misterios del ágora y en los graves inconvenientes del gobierno democrático. Sin profundizar mucho, y solo en vista de esta y otras frases de Eurípides, se llega a concluir que los oradores, abusando de su arte y de sus facultades, arrastraban más de lo justo al pueblo que los escuchaba, las más veces en daño de su patria.

[193] Schiller en su Wallenstein ha expresado este mismo pensamiento diciendo: «Gleich heisst ihr alles schändlich oder würdig. — Bös oder gut; und was die Einbildung — Phantastisch schleppt in diesem dunkeln Namen — Das bürdet sie den Sachen auf und Wesen.»

Preferimos, sin embargo, la sencillez de Eurípides a la novedad de Schiller.

[194] Cicerón en sus Officiis, lib. III, cap. XXI, dice que César repetía continuamente estos versos de Las Fenicias, y en efecto, cuadran al divino Julio y a todos los ambiciosos. Augusto G. Schlegel menciona también y comenta estas palabras de Cicerón, y acusa a Eurípides de sembrar en sus tragedias máximas perniciosas. En nuestro juicio, sin embargo, es esta vez injusto, porque el poeta dramático puede representar malos caracteres que en sus palabras sean consecuentes consigo mismos. Aquí no sucede como en el Hipólito, cuando se habla del juramento de la lengua, distinto del que hace el alma, y pretender lo contrario sería quitar al poeta la facultad de representar todo lo que es, así lo bueno como lo malo.

[195] Anfión y Zeto, fundadores de Tebas, como Rómulo y Remo de Roma. Debían tener en la primera de estas ciudades algún templo suntuoso, además de los santuarios aislados que podían existir.

[196] Polinices quiere decir que, a causa Eteocles, y habiendo fracasado su reconciliación con él, su conducta en adelante no será la de un hijo con su madre, perdiendo esta sus derechos maternales.

[197] Según observa el escoliasta, este Φοῖβος Ἀγυιεύς, semejante al Jano de Roma, se encontraba a la entrada de las casas, representado por una columna.

[198] De πόλυς, mucho, y νείκη, combate. Sin embargo, aunque diga Quintiliano (v. c. 60) que illud apud Euripidem frigidum sane, quod nomem Polynicis, ut argumentum morum, frater incessit, nada es más natural en estas disputas que asociar la significación del nombre al carácter que suponemos en quien lo lleva.

[199] De aquí el nombre de Beocia, de βοῦς, buey.

[200] Nombre antiguo de la Beocia.

[201] Sémele, hija de Cadmo y de Harmonía. Sabedora Hera de sus amores con Zeus, la aconsejó, apareciéndose bajo la forma de Beroe, su nodriza, que rogase a su amante que se le mostrase en toda su gloria. Accedió Zeus por haberlo jurado antes, y abrasó su palacio y a ella también. Dioniso, a quien llevaba en sus entrañas, fue conservado en un muslo de su padre.

[202] Cadmo llegó a purificarse a la fuente Dircea para sacrificar la ternerilla que le había indicado el lugar en que había de edificar a Tebas, y encontró en ella al dragón de que habla el coro.

[203] El carácter de Eteocles, irreflexivo y fogoso, forma natural contraste con la serenidad y la prudencia de Creonte. El primero solo oye la voz de su belicosa impaciencia, y con la imprevisión propia de sus pocos años, no piensa siquiera en el éxito de la batalla, y mucho menos en la posibilidad de que sea funesta. Creonte, al contrario, atento solo a rechazar a los sitiadores sin peligro, prueba su previsión y su capacidad en las cosas de la guerra, y da a conocer que ha reflexionado seriamente en las distintas peripecias que puede ofrecer el combate.

[204] Las malignas alusiones de Eurípides a las tragedias de su antecesor Esquilo, que debía hacerle no poca sombra, puesto que sobre ellas versan siempre sus críticas, se refieren ahora a la prolija enumeración que hace en sus Siete delante de Tebas de los capitanes enemigos. Naturalmente en las obras de Esquilo domina el elemento épico, que después va desapareciendo.

[205] Dioniso. En sus fiestas se armaban las bacantes con tirsos; cubiertas con pieles de manchados cervatillos, cantaban en coro las alabanzas del dios.

[206] Espartos, de σπαρτός, sembrado, esto es, de los hijos de los dientes del dragón, que sembró Cadmo.

[207] Dedúcese de estas palabras de Tiresias que los augurios de los griegos eran semejantes a los de los romanos y etruscos. Generalmente se elegía un lugar alto y sagrado, fijándose dos objetos en el horizonte, desde los cuales, y desde otros puntos intermedios, tiraba el observador hacia sí líneas ideales. El vuelo de las aves y los fenómenos celestes eran el objeto de sus observaciones, las cuales se apuntaban con cuidado. Debemos suponer que estos eran obra de Tiresias y de su hija, porque él solo, siendo ciego, no podría hacerlos. Las tablillas eran de madera, cubiertas con una capa de cera.

[208] Erecteo, rey de Atenas, e hijo de Pandión, sacrificó a su hija Ctonia por vencer a los habitantes de Eleusis. Mató a Eumolpo, nieto de Poseidón, y en castigo fue herido por un rayo. Se le atribuye la institución de los misterios de Eleusis.

[209] Eumolpo, rey de Eleusis, guerrero y poeta religioso, natural del Ática, según unos, y nieto de Triptólemo, y según otros, oriundo de Tracia y yerno de Tegirio, su rey. Murió a manos de Erecteo en la guerra que ambos se hicieron por la posesión del trono de Atenas. Sus descendientes, por espacio de mil doscientos años, tuvieron el privilegio de presidir los misterios de Eleusis.

[210] Recordemos, para apreciar la moralidad de esta fábula, que todas las desdichas de los Labdácidas provienen de la inobediencia de Layo al oráculo. Muere a manos de su hijo, y expía su ligereza incalificable. Edipo espera también eludir los decretos del destino, y es castigado casándose con su madre, cegándose y dando la vida a hijos incestuosos e ingratos. Estos, por último, sufren las tristes consecuencias de su odio fratricida, y se matan uno al otro cuando creían también evitar la muerte que les aguardaba. La inmensa superioridad del destino sobre la frágil voluntad humana, queda, pues, plenamente confirmada.

[211] Nos agrada por su sencillez este cambio repentino de Creonte. En general, puede decirse que los personajes del teatro griego obedecen siempre a sus primeras y naturales impresiones, y que jamás obran por cálculo ni por refinamiento de la pasión que sufren. Parécenos que es un dato muy importante para estimar su mérito, y que los diferencia esencialmente de los personajes del teatro moderno, como se diferencian también ambas sociedades.

[212] La Tierra, antigua deidad, como los monstruos que encerraba en su seno, y como los que produjo en un principio, según la mitología primitiva, era un numen inexorable, que representa aquí la lucha de los dioses antiguos con los nuevos; y aunque Ares aparezca en la Ilíada como hijo de Zeus y more en el Olimpo con los demás dioses, no es simpático al cielo ni a los hombres, y bajo este aspecto se confunde con los hijos de la Tierra. Si nos dejáramos llevar de los ensueños de algunos mitólogos, diríamos que todo esto alude a la resistencia que hace la tierra a la intrusión en ella del linaje humano para cultivarla y aprovecharse de sus frutos.

[213] En efecto; no era fácil prever que en Roma existieran L. Junio Bruto y L. Manlio Torcuato, y en España el inmortal Guzmán el Bueno.

[214] Región del Epiro occidental al oeste de Ambracia, e inmediata a la mar. Sus ríos principales eran el Aqueronte y el Cocito, y sus ciudades Butrinto y Onquesmo.

[215] Ciudad del Epiro, en la Caonia, al pie del Tomaro, rodeada de espesas selvas, santuario y oráculo pelásgico de Zeus. La sacerdotisa profetizaba observando la encina fatídica, ya por el ruido de sus hojas, ya por el de ciertos vasos de cobre que se suspendían de sus ramas, ya por el canto de las palomas que se albergaban en ellas.

[216] Equidna, monstruo mitad mujer y mitad serpiente que nació de Crisaor, engendrado él mismo de la sangre de Medusa. De ella y de Tifón fueron hijos el Cancerbero, la Hidra de Lerna, la Quimera, la Esfinge, el León de Nemea y otros muchos monstruos.

[217] Este alcázar fue fundado por Cadmo, y se llamaba Cadmeo.

[218] Teumeso, monte a cuatro leguas de Tebas, a cuya falda estaba acampado el ejército argivo.

[219] Himno guerrero que precedía y seguía al combate.

[220] Estas yeguas Potniades eran de Glauco. Habiendo perdido el instinto, devoraron a su dueño en Potnia, ciudad de la Beocia. Acaso por esta furia de que se hallaban poseídas llame Eurípides a las Furias propiamente dichas ποτνιάδες en el verso 305 de Orestes, cuando dice:

δρομάδες ὦ πτεροφόροι ποτνιάδες θεαί...

[221] Porque había otro Partenopeo argivo, hijo de Tálao y hermano de Adrasto.

[222] Llamada así del Ménalo, monte situado en el centro de la Arcadia, continuación del Hipionte y del Falanto. Estaba consagrado a Pan.

[223] Ixión, rey de los lápitas, asesinó traidoramente a su suegro Deyoneo, y fue desterrado por este crimen. No encontrando quien le diese hospitalidad, Zeus se compadeció de él y lo admitió en su corte; pero le pagó tan mal este beneficio, que quiso seducir a Hera. Zeus, para no errar, dio a una nube la forma de su esposa, y ya sin escrúpulo, lo condenó en el infierno a dar vueltas en una rueda. Fue padre de Pirítoo y de los Centauros.

[224] Cuando leemos la descripción de este asalto, no podemos menos de convenir con J. B. Vico en la perfecta identidad que se observa entre las edades heroicas de los distintos pueblos. Parécenos que vemos un combate de la Edad Media. Eurípides ha imitado mucho de Esquilo en sus Siete delante de Tebas.

[225] Se ve que Yocasta, acariciando una consoladora esperanza, se cree ya libre de una parte de sus males, puesto que se compadece de la suerte de Creonte. Al fin, sin embargo, y aleccionada por triste experiencia, vuelve a recelar de su suerte, y no sin razón.

[226] Estas armaduras protegían las espaldas, el pecho, el vientre y los costados hasta más abajo de la cintura, y eran de cuero o de metal. Las hubo de diferentes especies, ya compuestas de dos láminas juntas o separadas (θώραξ σιάδιος, γυαλοθώραξ), ya formando escamas (θώραξ λεπιδωτός φολιδωτός). (V. Antonio Richy, Antigüedades griegas y romanas).

[227] Las vírgenes heroínas de Eurípides manifiestan siempre en iguales casos la misma vergüenza, sin duda a causa de la vida retirada que hacían en sus gineceos.

[228] Llamábase Aqueronte un lago del Egipto al sur de Menfis, en el cual había una isla con su necrópoli. Antes de enterrar en ella a los muertos sufrían el famoso juicio de su vida, de que hablan todos los historiadores. De aquí el considerarlo después los griegos y romanos como un río que corría en el infierno. En el Epiro había también otro del mismo nombre.

[229] La verdad es que los personajes de Eurípides lloran y se quejan tanto, y repiten sus plegarias y lamentos en tonos tan distintos, que no faltaba razón a Aristófanes para criticarlo.

[230] No sabemos por qué razón se ha de suprimir el verso δισσὼ στρατηγὼ καὶ διπλὼ στρατηλάτα, cuando no repugna al sentido ni mucho menos, y hallándose en los códices más antiguos y fidedignos. Valckenaer los ha conservado, y su juicio y autoridad es de gran peso en tales cuestiones. Hermann, quizá por su prurito de rebajar el mérito de aquel, fue el primero en borrarlo, dando razones nada convincentes.

[231] Patrona de Argos.

[232] No es nada fácil percibir la relación que puede haber entre la trompeta y la antorcha.

[233] Extemporáneo es en demasía este recuerdo de Antígona ante sus hermanos moribundos y su desconsolada madre.

[234] Esta redecilla era una cinta o cordón con que las griegas se sujetaban graciosamente los cabellos.

[235] La estola era una especie de faja que servía de ordinario para ceñir la túnica, y caía después por detrás hasta los pies a manera de cola.

[236] La única Furia primitiva de los griegos. Más tarde fueron tres: Tisífone, Alecto y Megera.

[237] Lo dice por sus cabellos.

[238] El hijo de Creonte.

[239] La edición de Eurípides de Théob. Fix, la más conocida en España, escribe este verso así:

Οὐκοῦν ἔδωκε τῇ τυχῇ τὸν δαιμώνα.

«Ha dado, pues, el destino a la fortuna», lo cual ni entendemos nosotros ni podrá nunca entender nadie. Δαίμων y τύχη significan la suerte, con la diferencia de que la primera es obra de los dioses y la segunda de la casualidad, como lo prueban estas palabras de Polinices, verso 403: ὁ δαίμων μ᾽ ἐκάλεσεν πρὸς τὴν τύχην. Sin embargo, con el verbo ἔδωκε no nos es posible traducir el verso, y como ἔτισε de τίω, resuelve la cuestión satisfactoriamente, no hemos vacilado en aceptarlo, siguiendo la opinión de Hartung. (Comm. a Las Fen., páginas 262-263).

[240] Creonte y Eteocles defienden en esta cuestión las leyes y costumbres griegas, con arreglo a las cuales el que venía armado con un ejército extranjero a hacer la guerra al suelo y a los dioses patrios, no podía ser sepultado en su territorio. Autígona, al contrario, personifica nuevas ideas, más filosóficas y humanitarias, más propias de nuestro tiempo, las cuales, como sucede de ordinario, están en abierta contradicción con las antiguas.

[241] Creonte recuerda la amenaza de Antígona de matar a Hemón, cual otra Danaide, en la noche de sus bodas.

[242] Colono, aldea inmediata a Atenas, con un bosque consagrado a las Euménides, en donde murió Edipo. Había allí también un templo de Poseidón, dios que creó el caballo al golpe de su tridente, cuando Atenea hizo brotar el olivo.

[243] Es de presumir que esta tragedia en su conclusión ha sufrido la misma suerte que la Ifigenia en Áulide. Es probable que los últimos folios del códice más antiguo fueran arrancados, o que se llenaran las márgenes con citas y versos de la Antígona, del mismo Eurípides, y del Edipo, de Sófocles. Los primeros comentaristas hubieron de embrollarlo más, deseando corregirlo; y como Valckenaer, el erudito más capaz de enmendar estos errores, cansado ya al fin de su trabajo, los dejó como los encontrara, nada tiene de extraño que su autoridad haya sido tal que ninguno osase tocarles. Nosotros seguimos el texto de Hartung por parecernos el más auténtico.

[244] Nada dice Eurípides en este prólogo de los demás tormentos de Tántalo, conocidos hoy hasta por los menos versados en la mitología griega. Fue castigado, como Ovidio por Augusto, por haber revelado lo que debió callar. Algunos mitólogos aseguran que el secreto era relativo a Zeus y Ganimedes.

[245] Pélope, según la fábula, murió a manos de su padre Tántalo, que lo sirvió a los dioses a la mesa para probar su naturaleza divina; pero Zeus conoció el engaño y le devolvió la vida. Después pasó a la Élide y se casó con Hipodamía, hija de Enómao, y engendró a Atreo, Tiestes, Piteo y Trecén, llamados los Pelópidas.

[246] Cloto, una de las tres Parcas.

[247] Tiestes, por reinar, sedujo a su cuñada Aérope la cretense, mujer de Atreo, y tuvo de su adúltero comercio varios hijos; pero Atreo lo descubrió, y para vengarse los mató, fingió reconciliarse con él y se los sirvió en este festín fraternal, revelándoselo después de comidos.

[248] Para asesinarlo sin riesgo. (V. el Agamenón de Esquilo).

[249] Para vengarse de los amores de su esposo con Casandra, y por afecto a Egisto, su adúltero amante.

[250] Nauplia, antiguo golfo de Argos, en el cual, y en una lengua de tierra a 40 kilómetros al sur de Corinto, se halla la antigua ciudad del mismo nombre.

[251] Hija de Menelao y de Helena.

[252] Estas palabras de Helena, verdaderos insultos a Electra, son incomprensibles, cuando lo natural era que intentara ganarse su corazón, según se comprende de la súplica que le hace en seguida.

[253] Micenas, al norte de Argos y a corta distancia de ella, en la Argólida; fue fundada por Ínaco. Una y otra, sin duda por su proximidad, se confunden frecuentemente por los poetas.

[254] Ordinariamente las libaciones destinadas a los muertos se componían de leche y miel mezcladas, que se llamaba μελίκρατον, otras veces eran de vino dulce o de agua. Odis., X, 619. En la Ifig., v. 618, se habla también de aceite. Además de los cabellos se les ofrecían flores.

[255] El sueño de Orestes.

[256] Es costumbre de Eurípides indicar, así a los actores como a los músicos, la manera particular con que han de declamar y acompañar sus versos. El acompañamiento musical y el canto han de ser aquí en un tono elevado, pero suave, como el de una flauta de caña. Según dice Arist., Probl. XI, 16, el tono débil ό la voz débil (v. gr., de niños o de mujeres) es claro (ἡ λεπτὴ φωνὴ ὀξεῖά ἐστιν). Y aunque este tono sea penetrante, debe sonar aquí suave y oscuro (ἀτρεμαῖος καὶ ὑπόφορος), como si solo se oyese entre cuatro paredes, según indica la voz ὑπόφορος. Este tono tan dulce favorece el sueño, como dice Estacio en la Theb., I, 585, suadetque leves cava fistula somnos. Y como prueba de que la composición musical de este canto alternado ha de ser como decimos, ateniéndonos a las palabras de Eurípides, añade el escoliasta al verso 170: «Este canto era acompañado por las cuerdas más graves (ταῖς λεγομέναις νήταις ἄδεται) y es del tono más alto (ἔστιν ὀξύτατον). Porque es inverosímil que Electra cante con voz clara e imponga silencio al coro, y lo más natural parece que usara del tono elevado, pero tan débil y concentrado como era posible». Para mayor ilustración, véase la nota de Hartung al verso 144. Adviértase, además, que Eurípides habla de la σύριγξ, flauta compuesta de varios trozos de caña desiguales, y distinta de la llamada ὄροφος, de una sola caña. Es la misma a que alude Virg. en su Egl. II, 36, cuando dice: Et mihi disparibus septem, compacta cicutis fistula.

[257] Este verso, que en muchos códices y traducciones pronuncia Electra, no puede ser suyo, como acertadamente han pensado Hartung, Hermann y Diesdorf. En efecto; no solo conviene con esta opinión la cita que hacen de él Diógenes Laerc., IX, 60, y Plut. Simp., IX, pág. 737, a., sino que también se colige de los antecedentes y consiguientes. Orestes, en medio de su furor, la ha tomado por una de las Furias, y no es natural que ella, viéndolo en este estado aflictivo, le hiciese esa reflexión absurda, que para nada había de servir, y que era impropia en sus labios, aquejada por un espectáculo tan doloroso como el que su hermano le ofrecía. Por esto mismo extrañamos mucho encontrarlo en M. Artaud, cuya traducción, en lo demás, es inmejorable.

[258] Varios fueron los lugares de la antigüedad célebres por sus oráculos, como los de Dodona, Delfos, Trofonio, Cumas, Preneste, y el de Zeus Amón en la Libia. Las respuestas se daban de distintas maneras. En Delfos, la pitonisa desde el trípode sagrado; en Dodona, ciertas mujeres o la deducían del vuelo de las palomas o de las hojas de los árboles; en la cueva de Trofonio, de los sueños; otras veces se interpretaba como oráculo la primera palabra que se oía al salir del templo, el más leve ruido, el menor movimiento de cualquier ser objeto perteneciente al dios. Ordinariamente estaban en verso, o se escribían en hojas de cañas, siempre en términos oscuros o ambiguos.

[259] Malea, promontorio del Peloponeso, entre los golfos Lacónico y Argólico.

[260] Glauco, dios marino, fue en un principio un pescador de Antedón, en la Beocia, que habiendo comido cierta hierba se precipitó en el mar, fue convertido en dios y recibió el don de profetizar.

[261] Estas hojas eran de oliva o de laurel, y las usaban los suplicantes. Orestes no había tenido tiempo de prepararse.

[262] Esta pregunta de Menelao no tiene nada de oscura, ni en nuestro concepto merecía los comentarios que se le han hecho. Como pregunta a Orestes cuál es su enfermedad, esto es, su mal físico, extraña naturalmente la contestación, que no es directa, y en efecto, la conciencia no es enfermedad, sino todo lo más causa de ella, y esto es lo que pregunta Menelao.

[263] No se encontrarán en Sófocles ni en Esquilo estas frases irreligiosas y escépticas, que justifican las acerbas censuras que bajo este aspecto se han hecho de Eurípides. La impiedad y las doctrinas de los sofistas se reflejan en ellas claramente.

[264] Sin duda alude Orestes a Agamenón y a Menelao: al primero, porque lo vengó sin vacilar ni calcular las consecuencias de su delito; al segundo, porque le ha descubierto la verdad desnuda, sin disfraz ni ambages.

[265] Este Éax y su hermano Palamedes eran hijos de Nauplio, rey de Eubea. Dícese que Palamedes inventó los pesos y medidas, el juego de ajedrez, las cuatro letras ξ, θ, φ, χ, y varias maniobras militares. Descubrió la astucia de Odiseo, que se fingió loco para no ir a Troya, y él en venganza lo acusó de traidor a los griegos, y lo hizo apedrear. Agamenón, padre de Orestes, no se opuso a este suplicio.

[266] Por la enemistad que reinaba entre las dos familias de Atreo y de Tiestes. Orestes era nieto del primero, y Egisto hijo del segundo.

[267] Tindáreo, hijo de Ébalo, rey de Esparta, debió suceder a su padre en el trono; pero su hermano Hipocoonte lo usurpó y se retiró a la Mesenia, hasta que Heracles le devolvió el cetro. Se casó con Leda, y tuvo de ella a Cástor y Pólux (los Dioscuros), Helena y Clitemnestra.

[268] Leda, hija de Testio, rey de Etolia, seducida por Zeus bajo la forma de un blanco cisne. A los nueve meses puso dos huevos: del primero nacieron Pólux y Helena, y del segundo Cástor y Clitemnestra.

[269] Creían los griegos que el macho de una serpiente llamada ἔχις o ἔχιδνα moría en la cópula a manos de la hembra, y que esta sufría la misma suerte de los hijos que concebía.

[270] Extrañan algunos que Eurípides, celoso defensor de la justicia en este discurso de Tindáreo, no justifique la contradicción que se observa entre sus dichos y sus hechos, puesto que nada intentó contra Clitemnestra después que asesinó a su esposo Agamenón. Adviértase, sin embargo, que Tindáreo no mandaba en Argos, y que sus esfuerzos hubieran sido inútiles; que era al fin su padre, y que, de ordinario, vemos la paja en el ojo del vecino y no la viga en el nuestro.

[271] Esquilo en Las Euménides, verso 656-664, dice también:

Οὔκ ἔστι μήτηρ ἡ κεκλημένου τέκνου

τοκεύς, τροφὸς δὲ κύματος νεοσπόρου·

τίκτει δ᾽ ὁ θρῴσκων, ἡ δ᾽ ἅπερ ξένῳ ξένη

ἔσωσεν ἔρνος, οἷσι μὴ βλάψῃ θεός.

Τεκμήριον δὲ τοῦδέ σοι δείξω λόγου.

Πατὴρ μὲν ἂν γένοιτ᾽ ἄνευ μητρός.

«No es la madre la que engendra al hijo, sino la que conserva el licor genital. Engendra el hombre; pero ella, como en hospedaje, guarda el germen para que el dios, así escondido, no le dañe. Daré una prueba de mi opinión. Puede haber padre sin madre». Alude claramente a Atenea, que nació, sin concurso de mujer, de la cabeza de Zeus.

De estas frases y de las que profiere Orestes debemos colegir que tal era la creencia vulgar de los griegos, en armonía con la distinta consideración social de que disfrutaban el hombre y la mujer, o el padre y la madre.

[272] Aunque diga el escoliasta ἔνιοι δὲ ἀθετοῦσι τοῦτον καὶ τὸν ἑξῆς στίχον· οὐκ ἔχουσι γὰρ τὸν Εὐριπίδειον χαρακτῆρα, esto es, que algunos suprimen este verso y el siguiente, porque no parecen de Eurípides, la verdad es que este trágico, enemigo de largos discursos en la ágora, no lo es en sus tragedias, como lo prueban innumerables ejemplos.

[273] En Áulide, hoy Mocsovathi, ciudad de la Beocia, frente a Calcis, en la Eubea, se juntó la flota de los griegos antes de navegar hacia Troya y fue sacrificada Ifigenia, hija de Agamenón y de Clitemnestra y hermana de Orestes, para obtener de los dioses un viento favorable.

[274] El escoliasta advierte oportunamente que desde las palabras ὦ μέλεος, Orestes habla aparte (ἠρέμα καθ᾽ ἑαυτὸν λέγει), deplorando su humillación cuando invoca el nombre de Helena, a quien tanto odiaba.

[275] Si a alguno parecen poco dignas las últimas palabras de Orestes, recuerde que los griegos, prontos como nosotros a sacrificar su vida cuándo lo exigía la salud de su patria, lo sentían, sin embargo, y sin degradarse daban rienda suelta a sus sentimientos. Entre ellos no era humillante apelar a los ruegos y lágrimas, como tampoco lo era recurrir en el foro a ciertos medios para excitar la compasión, que no están en uso entre nosotros.

[276] Fócide, región de la Grecia que confinaba al este con la Beocia, al oeste con la Etolia, al NE con el mar de Eubea y al sur con Corinto. Sus ciudades principales eran Delfos y Elatea. Estrofio, padre de Pílades, era su rey.

[277] Los agnados, lo mismo entre los griegos que entre los romanos, eran siempre preferidos a los afines, y de aquí que Orestes insista en esto particularmente.

[278] No olvidemos que Eurípides habla a un pueblo democrático.

[279] Este diálogo entre Pílades y Orestes, rápido, natural y animado, es uno de los mejores trozos de esta tragedia, y de los más notables del teatro antiguo.

[280] Atreo y Tiestes, deseosos de reinar, se habían convenido en dejarlo al arbitrio de los dioses cuando estos les manifestasen su voluntad. En efecto, apareció una oveja de vellón dorado en los rebaños de Atreo; pero Tiestes, con ayuda de Aérope, su cuñada, mujer de Atreo, pudo sustraerla y usurpar el trono.

[281] Obsérvese el poco miramiento con que el mensajero anuncia a Electra nada menos que su sentencia de muerte. En un drama moderno no se haría así, porque se seguirían convulsiones y una explosión de dolor demasiado violenta. Pero realmente Electra estaba ya preparada a oírla, y las primeras palabras del mensajero lo hacen presumir.

[282] Sobre esta colina, estaba edificado el castillo o ciudadela de Larisa, y en ella, según parece, se reunía el pueblo para emitir sus sufragios en tales casos. El litigio a que se refiere Eurípides fue el promovido por el asesinato de los hijos de Egipto a manos de las hijas de Dánao.

[283] Este Diomedes debe ser el hijo de Tideo, rey de Etolia, y uno de los griegos más esforzados que sitiaron a Troya. Peleó con Héctor y Eneas, se apoderó de las flechas de Filoctetes y de los caballos de Reso (véase el Filoctetes de Sófocles y el Reso de Eurípides), robó el Paladión y, asistido de Atenea, combatió contra los dioses, hiriendo a Ares y a Afrodita. A su vuelta, vendido por su esposa Egialea, huyó de su patria y, según cuentan, fundó en Italia a Arpi y Benevento.

[284] Algunos han creído que Eurípides aludía al demagogo Cleón, fundados en estas palabras, porque, según dice Aristófanes, no era ateniense, sino extranjero; sin embargo, Eurípides solo da a entender que no obraba como lo hubiera hecho un ciudadano probo y honrado, un argivo patriota. Por lo demás, este retrato es el de todos los demagogos, y así es aplicable a Cleón como a cualquiera otro.

[285] Los pelasgos fueron un pueblo indo-germánico que penetró en la Grecia hacia el año 2000 antes de Jesucristo. Poblaron primero el Norte, la Tracia, la Macedonia, la Iliria, el Epiro y la Tesalia, y después se extendieron por toda la Grecia. Fueron vencidos por los dorios, y de ellos vinieron los ilotas de Lacedemonia. Aunque era un pueblo bárbaro, tenía conocimiento de la metalurgia y de la arquitectura, como lo prueban las construcciones ciclópeas de la Grecia y de la Etruria, y de la poesía. Su gobierno era generalmente monárquico y sacerdotal; su religión, una especie de fetichismo combinado con el culto de ciertos dioses orientales.

[286] Ínaco, fenicio fundador de Argos que residió también en Egipto, desde donde vino con pastores fenicios, egipcios y árabes.

[287] Alude a la próxima llegada de Orestes con Pílades y otros amigos.

[288] Hartung, en sus Comm. a esta tragedia, pág. 219, dice así: Die Nägel sind nur bei den Leichen weiss, bei lebenden Menschen haben sie die Farbe der Finger. «Solo las uñas de los cadáveres son blancas, las de los vivos del color de los dedos»; pero Eurípides las da el epíteto de blancas porque son de una princesa. Los esclavos, ocupados en trabajos mecánicos, no debían tenerlas así.

[289] Cadena de montañas entre la Macedonia y la Tesalia.

[290] Mírtilo fue un cochero de Enómao, rey de Pisa, y padre de Hipodamía, la esposa de Pélope, y fue sobornado por este para vencer a Enómao a la carrera. En efecto, le dio un carro cuyas ruedas, sujetas débilmente al eje, se estrellaron en el certamen, muriendo su dueño. Hipodamía, su hija, premio de la victoria, se casó con Pélope, y Mírtilo fue arrojado al mar cuando pidió el premio de su atentado.

[291] Promontorio de la Eubea.

[292] Horrorizado el sol de las atrocidades cometidas por Atreo y Tiestes, retrocedió en su carrera.

[293] Por pueril que parezca esta exclamación de Orestes, es, sin embargo, la más natural.

[294] En la edición de Théob. Fix, que hemos tenido a la vista, dice así el texto griego:

Ὦ φίλτατ᾽, ὦ ποθεινὸν ἥδιστόν τ᾽ ἔχων

τῆς σῆς ἀδελφῆς ὄνομα καὶ ψυχὴν μίαν,

que traducido al latín es: O carissime, o qui desiderabile et dulcissimum habes nomen (fratris) ex tua sorore et unam (cum ea) animam, cuyas palabras, vertidas al castellano, dan un verdadero absurdo bajo todos aspectos, así en el fondo como en la forma. Lo más probable, como observa oportunamente Hartung (Comm., página 225), es que en vez de ὄνομα, causa del error, dijese ὄμμα.

Electra debió sentir aún más la pérdida de su hermano, porque se asemejaban sus facciones a las de su padre y a las suyas propias, como sucede de ordinario en las familias.

[295] En opinión de Eurípides, a la muerte del hombre los átomos que lo componen vuelven a su antiguo ser, el cuerpo a la tierra y el alma al éter, en donde vive inmortal. Supp., 533, πνεῦμα μὲν πρὸς αἰθέρ᾽, τὸ σῶμα δ᾽ εἰς γῆν. Hel., 1016, ὁ νοῦς τῶν κατθανόντων ζῇ μὲν, οὔ γνώμην δ᾽ ἔχει ἀθάνατον, εἰς ἀθάνατον αἰθέρ᾽ ἐμπεσών.

[296] Eurípides, casi siempre que habla de la espada, acero, cuchilla o puñal, usa de los epítetos μέλαν, μελαίνον o μελάνδετον, negro, oscuro, de negro puño. No se refiere, pues, a la muerte o a la sangre, sino a la materia o instrumento que la causa o derrama.

[297] Pílades alude aquí a su madre Anaxibia, hermana de Agamenón, o a Cidrágora, hija de Atreo y esposa de Criso, padre de Estrofio, su abuelo.

[298] Según dice el escoliasta, este pensamiento es de Estesícoro, en cuya tragedia Helena esta pronuncia dicha frase en el momento en que van a apedrearla, y hace tal efecto que sus verdugos, admirando su belleza, dejan caer las piedras de las manos.

[299] Seguimos aquí a Hermann, porque lo natural es que los semicoros pronuncien estos versos, no Electra, a la cual corresponde lo que dice más abajo.

[300] El lenguaje ampuloso del frigio y sus continuas repeticiones caracterizan a esta clase de personajes, con arreglo a las ideas que reinaban entre los griegos acerca de los bárbaros.

[301] Este calzado bárbaro de que habla Eurípides, cuya descripción no hemos encontrado en ningún escoliasta ni comentarista, ni en muchas obras de Arqueología, debió ser una especie de borceguí que cubría todo el pie y parte de la pierna, según es de colegir de los antiguos monumentos que representan a Paris vestido.

[302] Triglifos (τρίγλυφος, de τρεῖς, tres, y γλύφω, esculpo), ornamento arquitectónico, especie de almohadillado, que en el friso dórico ofrece ranuras profundas y verticales, llamadas glifos o canales: se compone de dos estrías en medio y dos semiestrías a los lados, que juntas hacen tres. Los triglifos están separados por las metopas, y representan las extremidades de las vigas transversales que descansan en el arquitrabe. En su origen eran pequeñas ranuras prismáticas destinadas a facilitar el paso de las aguas. Como Helena era mujer de Menelao, rey de Esparta, los adornos arquitectónicos son dóricos.

[303] Océano, que, según Homero, rodea a la tierra y abraza todos los mares; dios cuyo poder solo cedía al de Zeus, y esposo de Tetis. Moraba con esta en un palacio situado al occidente. Hesíodo dice que era hijo de Urano y de Gea, el primogénito de los Titanes, padre de tres mil ríos y otras tantas oceánides o diosas de las fuentes subterráneas que provenían del Océano. Se le representaba con cabeza de toro para indicar su fuerza.

[304] Las murallas de Troya fueron construidas por Apolo y Poseidón en el reinado de Laomedonte. Apolo había sido desterrado del cielo por haber dado muerte a los cíclopes, forjadores de los rayos que exterminaron a su hijo Esculapio.

[305] Dárdano, natural de Córito, en la Etruria. Intentó asesinar a su hermano para apoderarse del trono, y tuvo que huir al Asia Menor, en donde se casó con la hija del rey de Teucria. Mírasele como el fundador de Troya.

[306] Hijo de Agamenón.

[307] Para comprender estas palabras del frigio, tengamos presente la construcción de las casas griegas, que, según se colige de los distintos datos que se han reunido; era la siguiente: entrábase por la puerta (θύρα) a un vestíbulo (θυρωρεῖον) que tenía distintos aposentos a derecha e izquierda, y servían de establos o cuadras, de portería y de habitaciones para los esclavos; seguía el primer patio con su peristilo y aposentos en los corredores, todo destinado a los hombres (ἀνδροῖτις), y separado por una puerta del gineceo, compuesto también de patio, peristilo y habitaciones (γυναικωνῖτις). En el extremo del gineceo, opuesto a la puerta, había una sala en donde residía de ordinario la dueña de la casa; junto a ella el tálamo nupcial, y detrás las piezas en que trabajaban las esclavas.

[308] Cibeles, hija del Cielo, esposa de Cronos y madre de Zeus, Hera, Poseidón y otros muchos dioses. Representaba a la Tierra, y era adorada principalmente en Frigia y en Creta.

[309] Áyax, hijo de Telamón, rey de Salamina, el más valiente de los griegos después de Aquiles. Peleó con Héctor un día entero sin decidirse la victoria por ninguno de los dos. Tomada Troya se atravesó con su espada, no habiendo conseguido las armas de Aquiles, que disputó a Odiseo, y lleno de vergüenza por haber degollado en su delirio los rebaños de los griegos. (Véase el Áyax furioso, de Sófocles).

[310] Esta escena entre Orestes y el frigio es más bien cómica que trágica, no obstante la situación especial del primero, poco a propósito para abandonarse a tan divertidos diálogos.

[311] Pílades aparecía sin duda como personaje mudo cubierto con su máscara, y el mismo actor representaba su papel y el de Menelao. El tercero, en todo caso, se reservaba para el de Apolo, que no tarda en presentarse.

[312] Los paganos observaban la costumbre de sacrificar antes de ciertos actos solemnes, como las declaraciones de guerra, las batallas, etc., lo cual hacían en Esparta los reyes, como los cónsules en Roma. En este caso era requisito indispensable que el sacrificador no estuviese manchado, como Orestes, con la sangre de su madre. Eurípides, sin embargo, no parece muy conforme con estas ceremonias externas, cuando indica más abajo que lo principal es tener el alma pura.

[313] Esta exclamación de Menelao retrata al vivo su carácter de esposo débil y apasionado de su esposa infiel. Su recuerdo le atormenta, y no puede menos de expresarlo.

[314] Quizá la intervención de Apolo, mirada por algún crítico moderno como un simple adorno de la tragedia para darle más pompa o interés, es necesaria, en nuestro concepto, para desatar el nudo, porque el pueblo argivo, dado caso de intervenir en la contienda, solo trataría de cumplir su sentencia y matar a Orestes, no de incurrir en tan corto plazo en una flagrante contradicción.

[315] Plazo indispensable para purificarse en el destierro del asesinato; según las costumbres griegas.

[316] Región de la Arcadia, llamada así de Parrasio, hijo de Licaón, cerca del monte Estínfalo. Ovidio en el libro II, Fast., dice: Altaque Trœzene Parrhasiæque nives.

[317] Azanes, en la Arcadia, del monte Azán o Azón, próximo al Peneo y Estínfalo, célebre por la fuente de Azania, que, como la Clitoria, tenía la virtud de infundir la sobriedad. Estacio en el libro IV, Teb., dice: Venit et Idæis ululatibus æmulus Azan.

[318] Atenas.

[319] Hebe o la Juventud, hija única de Hera, que servía el néctar a la mesa de los dioses. Resbalose un día en el ejercicio de sus funciones y cayó al suelo, avergonzándose tanto que no quiso comparecer más ante la celestial asamblea. Entonces robó Zeus a Ganimedes, que fue desde su ascensión al cielo el copero de los dioses. Hebe se casó después con Heracles.

[320] Admeto, rey de Feras, en Tesalia, uno de los argonautas y de los cazadores del famoso jabalí de Calidón. Apolo fue protector de su familia porque habiendo sido su pastor fue tratado con benevolencia, y por esta causa libró a su protegido de la muerte, prometiendo a las Parcas otro muerto. Ninguno de su familia quiso dar por él su vida, excepto su virtuosa esposa Alcestis, salvada por Heracles.

[321] Esculapio, hijo de Apolo y de Coronis, dios de la medicina, que le enseñó su protector el sabio centauro Quirón. Acompañó a los argonautas, y a su vuelta resucitó a Esculapio, si bien lo trasladó al cielo, en donde forma una de las constelaciones del Zodiaco. Adorábasele principalmente en Epidauro, Atenas, Pérgamo y Esmirna, y le estaban consagrados el gallo y la serpiente, símbolo de la vigilancia y de la prudencia. Apolo, para vengarse de su padre, mató a los cíclopes, forjadores de los rayos, y por esta causa fue desterrado del cielo.

[322] Feres, según dice Apolod., Bibliot., 1, 9, 11, 14, fue hijo de Creteo y de Tiro, fundador de Feras, ciudad de la Magnesia, a algunas millas de la costa.

[323] Recuérdese que Artemisa dice lo mismo cuando se acerca el momento en que debe expirar Hipólito.

[324] Ni ahora ni después cuenta Eurípides cuál fuese este primer engaño de Apolo. El escoliasta, siguiendo a Esquilo, Euménides, 728, dice que embriagó a las Parcas.

[325] Uno de los trabajos de Heracles, de orden de Euristeo: apoderarse del carro y de los caballos de Diomedes, rey de la Bistonia o Tracia, que se alimentaban de carne humana.

[326] En Electra, en el sacrificio celebrado por Egisto y Orestes, el sacrificador corta también algunos pelos de la víctima y los arroja al fuego. Virgilio, en la Eneida, IV, 698, dice así:

Nondum illi flavum Proserpina vertice crinem

Abstulerat, Stigioque caput damnaverat orco.

Ergo Iris, croceis per cœlum roscida pennis

Mille trahens varios adverso sole colores,

Devolat, et supra caput adstitit: Hunc ergo Diti

Sacrum jussa fero, teque isto corpore solvo.

Sic ait, et dextra crinem secat; omnis et una

Dilapsus calor, atque in ventos vita recessit.

Adviértase que se trata de la muerte de Dido, y que Iris es la mensajera enviada para acelerar su muerte.

[327] Pelias, hijo de Poseidón y de la ninfa Tiro, rey de Yolco. De Anaxibia, hija de Biante, o según otros, de Filómaca, hija de Anfión, tuvo a Acasto y a Alcestis, Pisídice, Pelopia e Hipótoe. (Véase la [Medea]).

[328] Alusiva a las abluciones que se hacían al cadáver.

[329] Licia, región del Asia Menor, al sur de la Frigia, entre la Caria y la Panfilia, cuyas ciudades principales eran Mira y Patara, famosa por su templo de Apolo. A él alude Virg., Eneid., IV, 143, cuando dice, comparando a Eneas con Apolo:

Qualis ubi hibernam Lyciam Xanthique fluenta

Deserit, ac Delum maternam invisit Apollo,

Instauratque choros, mistique altaria circum

Cretesque, Dryopesque fremunt, pictique Agathyrsi.

[330] Esculapio.

[331] Dice la esclava que es tan débil la vida de Alcestis, que se puede llamar muerta. Por esto añade al coro que tanto monta llamarla viva o muerta.

[332] A Admeto, su señor.

[333] Es probable que esta diosa a quien invoca Alcestis sea la Ἑστία griega (Vesta romana) que presidia al hogar doméstico, y cuyo culto, entre los helenos, era muy semejante al de los latinos. Era hija de Cronos y de Rea.

[334] Las de los dioses penates o domésticos, patronos de la familia, así de las personas como de los bienes.

[335] Παιάν, nombre que da Homero al médico de los dioses, y sobrenombre de Apolo y de su hijo Esculapio, como de dioses que curan los males físicos.

[336] Muy sabido es que Caronte, hijo del Érebo y de la Noche, tenía la obligación de transportar a los muertos de una a otra orilla del Aqueronte, siempre que hubiesen sido sepultados y que le pagasen el óbolo del pasaje. Su barca era birreme, y llevaba, además un garfio para atracarla a la orilla.

[337] El texto griego dice así: ... καὶ τόδ᾽ οὐκ ἐς αὔριον, οὐδ᾽ ἐς τρίτην μοι μηνὸς ἔρχεται κακόν. Hartung traduce Ich muss ja sterben: dieses Schicksal stellt sich auch nicht etwa morgen oder übermorgen ein. Fúndase sin duda en estas palabras del escoliasta: οὐκ εἰς τὴν αὔριον τοῦ μηνος τούτου οὐδ’ εἰς τὴν μετὰ τὴν αὔριον, en las cuales el τρίτην μοι μηνὸς se comprende como el día que sigue al de mañana. La exactitud y la fidelidad que merece el original nos impiden aceptar su opinión, porque así no sería la versión cual debiera ser. Según todas las probabilidades, Alcestis alude a un plazo, vulgar entre los atenienses y muy conocido, ya sea que se refiera al que se concedía a los deudores por sus acreedores para el pago de sus deudas, ya al de los condenados a pena capital, que era de tres días, ya, en fin, porque en general se pagasen las deudas el día primero del mes.

[338] Chócanos no poco lo que Alcestis hace valer su sacrificio a los ojos de su marido, con escasa modestia y excesiva alabanza de sí misma, lo cual no está muy acorde con nuestras costumbres. A pesar de esto y de lo inverosímil que parece tan larga tirada de versos en boca de una moribunda, no puede negarse que es un bello trozo de poesía dramática, tanto por el patético que en él domina, cuanto por la naturalidad de las ideas y sentimientos que expresa. Si ella insiste con tanto ahínco en el sacrificio que hace por su marido, es para obligarlo más a cumplir sus deseos y llevada de su amor maternal, que la fuerza a mirar con previsión por la suerte de sus hijos. Solo así se disculpan algún tanto sus exageradas alabanzas.

[339] No hay necesidad de decir que la hermana de Eumelo, personaje mudo, está presente, puesto que ya lo advertimos a la llegada de Alcestis. Es fácil de deducir que no debía ser muy tierna la edad de este hijo de Admeto y de Alcestis, porque sus razones y quejas casi son ya de hombre, y porque en edad más temprana solo se imita lo que se ve hacer a los demás.

[340] Representábase de ordinario a Hades con una corona de ébano en la cabeza, en la mano unas llaves, y en un carro tirado de negros caballos.

[341] Carnos fue un poeta, hijo de Zeus y de Europa, que debió morir con violencia, pues Apolo, para vengarlo, envió crudísima peste a los dorios. Para aplacarlo instituyeron en su honor las fiestas Carneas, que duraban nueve días del mes Carneo (agosto), casi en la misma época que las Olímpicas, y poco después de las Jacínticas. Había carreras y luchas, y según dice Aten. (XIV, pág. 635 D.) leíanse también composiciones poéticas. Adviértase que Apolo amó mucho a Carnos, a Alcestis y a Jacinto.

[342] El Cocito era un arroyo del Epiro, de aguas negras y fangosas, que desembocaba en la laguna Aquerontia. De aquí la fábula de que corría por los infiernos.

[343] Porque reinaba en Tirinto, ciudad de la Argólida, a corta distancia del golfo Argólico y al NE de Nauplia. Fue fundada por Tirinto, hijo de Argos.

[344] Parte de la Tracia, al sur del monte Ródope.

[345] No es fácil de explicar cómo ignora Heracles este apetito antropófago de las caballos de Diomedes, sabiéndolo el coro, a no suponer que su desidia y ningún temor a los peligros y ciega sumisión a las órdenes de Euristeo le impedían informarse previamente de las hazañas que acomete.

[346] Ares fue dios muy venerado de los tracios.

[347] En los mitólogos griegos solo encontramos un Licaón, hijo de Pelasgo y de Melibea o Cilene (Apolod., III, 8.º-1.º), a quien mató Zeus con un rayo; pero no puede ser este hijo de Ares, según asegura Eurípides. Cicno fue hijo de Ares y de Pelopia, y murió a manos de Heracles.

[348] Alcmena fue hija de Electrión, y este de Perseo.

[349] Adviértase que Admeto no contesta a Heracles categóricamente, y que unas veces le dice que vive y que ha muerto, otras da a entender que falleció hacia ya tiempo, y otras, en fin, le habla en términos vagos y generales. Para nosotros, que conocemos su muerte, son claras sus palabras; no así para Heracles, que nada sabe.

[350] El texto griego dice: δωμάτων ἐξωπίους ξενῶνας, la hospedería que se halla fuera del palacio, puesto que ἐξώπιος es un adjetivo, derivado del adverbio ἔξω, fuera. Aristófanes, Tesm., 881, dice también αὐτὸς δὲ Πρωτεὺς ἔνδον ἔστ᾽ ἢ ᾽ξώπιος. Esta hospedería era, por tanto, un ala lateral del palacio, ya a la derecha, ya a la izquierda de los aposentos que daban al patio, y no detrás de él, porque en este lugar estaban las habitaciones de las mujeres. Es probable que estuviera unida al edificio por un corredor y una puerta intermedia, y de aquí el epíteto μέσαυλος con que la distingue el poeta. Una vez cerrada, la hospedería quedaba incomunicada con el resto del edificio.

[351] Esto es falso, porque los linces, animales carniceros, no se alimentan de hierba.

[352] El monte Otris estaba al S de Feres, y llegaba hasta el Osa. Entre uno y otro, de SE a NO, hallábase la laguna Bebia. Los Molosos, famosos por sus perros, eran habitantes del Epiro. Según la descripción que hace aquí el coro, los dominios de Admeto tenían por límites al O el país de los Molosos, y el Pelión al E hasta el mar Egeo.

[353] No puede negarse que en estas quejas de Admeto, según nuestras ideas, encontramos mucho que reprender y poco o nada que alabar. Parécenos el colmo del egoísmo, de la cobardía y de la infamia que un hombre digno injurie nada menos que a su padre por no haber querido morir por él, y que consienta en el sacrificio de su esposa, por salvar su vida, cuando en nuestro juicio debiera hacer lo contrario. Nosotros, en efecto, creemos que esto es lo racional, lo justo y lo verdadero. Tengamos, no obstante, en cuenta que, a pesar de la veneración que se mostraba en general a los ancianos antiguamente, y mucho más a los padres, con arreglo a sus creencias los viejos se miraban como una verdadera carga del Estado, y en algunos pueblos se sacrificaban inexorablemente. Sabido es también que la mujer se miraba de ordinario como un mal irremediable y necesario, y que en esas épocas heroicas lo primero y más sagrado, aquello a cuya salud todo se sacrificaba, era la persona del rey, cabeza y eje del Estado, porque faltando, venían guerras y revueltas que se habían de evitar a toda costa. Sin embargo, esta escena entre Admeto y su padre Feres es más bien cómica que trágica, y en vez de excitar el terror y la compasión, solo a risa nos mueve, porque ridículo es, a no dudarlo, que un padre y un hijo se injurien tan gravemente, defendiendo lo que ambos defienden.

[354] Los lectores recordarán que entre los griegos eran muy frecuentes estas sustituciones y exposiciones de hijos, como veremos en Ion, y como nos lo prueban algunas comedias de Terencio y de Plauto, y hasta ciertas leyes que se han conservado de romanos y griegos.

[355] Verdadera y oportuna es esta observación, ya porque el amor a la vida nunca nos abandona, ya porque, en realidad y contra la común opinión, los bienes humanos son más numerosos que los males, y en fin, porque el hombre, por grande que sea su fe, teme siempre dejar un mundo conocido por otro desconocido. En esta verdad se funda la fábula de El Leñador y la Muerte.

[356] Los lidios y frigios en la antigüedad, como sucedía hace algunos años en nuestras colonias de América con los negros de Loango y de Angola, vendían sus hijos y prisioneros de guerra a los demás griegos. Debían ser los que más abundaran y los más baratos, porque el poeta los nombra como a los más despreciables.

[357] Poco edificante es, en verdad, este diálogo, y escandalosa o irreverente en sumo grado la conducta de Admeto. Llama cobarde a su padre, reniega de él, amenázale no sepultarlo como conviene a su rango y abandonarlo si algún día lo necesita, y por último le desea la muerte, y todo ello por no haber querido dar por él su vida. Con nuestras ideas modernas es incomprensible todo esto.

[358] Acasto, hijo de Pelias y de Anaxibia o Filómaca (Apolod., Bibl., libro I, 10), era hermano de Alcestis. Su esposa Creteida se enamoró de Peleo, el padre de Aquiles, y viéndose despreciada como la mujer de Putifar y Fedra, hizo creer a su esposo que había querido seducirla. Acasto intentó ahorcar a Peleo; pero pudo escaparse y después se vengó matando a uno y a otra, apoderándose de Yolco, su reino.

[359] M. Artaud, I, 340, observa muy oportunamente que hay pocos ejemplos de que el coro abandone la escena, como sucede ahora. Solo ocurre esto en Las Euménides, de Esquilo, y en el Áyax, de Sófocles.

[360] Ya hemos visto antes que Heracles ni siquiera sabe las extrañas propiedades de los caballos antropófagos de Diomedes; y ahora, consecuente el poeta con la idea singular que había formado del carácter de este héroe, nos lo ofrece entregado por completo a los placeres de la gastronomía, sin dársele un ardite de la aflicción de su huésped. Nada tiene, pues, de extraño que Aristófanes nos lo presente en sus comedias como un glotón borracho y grosero, ya para satirizar a Eurípides, ya quizá acomodándose a las ideas de su tiempo acerca de este personaje.

[361] Eurípides, por boca de Heracles, condena aquí el ascetismo y la mortificación corporal como lo hubiese hecho un economista moderno. Adviértase, sin embargo, que con esta doctrina sucede lo que con otras muchas de aplicación práctica, que raras veces se observan con rigor. Los antiguos ascetas conocían la naturaleza humana mucho mejor que los materialistas modernos, puesto que sabían que, a pesar de los rigores de su predicación, pocos la observaban, y que para alcanzar una mediana virtud, era preciso defender el ascetismo. Para que el hombre llegue a la mitad siquiera del camino que ha de recorrer, debe poner su mira en lo más alto, porque su naturaleza lo arrastra hacia la tierra, y si no se le contiene, se hunde por largo tiempo en el cieno y la inmundicia.

[362] Como antes preguntó Heracles a Admeto claramente si habían muerto sus hijos o su padre, replicándole aquel que uno y otros vivían, y ahora repite la misma pregunta al esclavo, es de presumir que lo hace, o por creerse engañado y para averiguar la verdad, o porque con sus libaciones y cánticos se ha olvidado de lo que antes dijo.

[363] Ciudad de la Tesalia, a orillas del Peneo, capital de Ftiótide, en donde reinó Aquiles.

[364] Según nos dice Cicerón, De leg., l. II, cap. XXV, in Athenis jam ille mos a Cecrope, ut aiunt, permansit ocius terra humandi; quam cum proximi injecerant, obductaque terra erat, frugibus obserebatur, ut sinus et gremium quasi matris mortuo tribueretur. Los primeros monumentos funerarios de los griegos fueron montones de tierra, γῆς χῶμα, rodeados de un muro circular que los sostenía, κρηπίς. El sepulcro de Patroclo, τύμβον, que edificó Aquiles junto a los muros de Troya, era de esta especie. El de Aquiles, que se ve en el promontorio Sigeo, no era distinto de estos, y lo mismo debieron ser los de otros muchos héroes celebrados por Homero. Consistían en verdaderos túmulos, κολῶναι, formando eminencias más o menos elevadas. Tales eran las de las Amazonas, las de los frigios, la de Enómao, el padre de Hipodamía, la de Ífito, Ticio y otros. Todavía se encuentran en Grecia muchos túmulos de esta suerte, observados unos por los viajeros modernos y descritos otros por Pausanias. Sirva de ejemplo la eminencia que se ve cerca de Psófide a orillas del Erimanto, cercada de cipreses, la cual, según opina M. de Pouqueville, es la tumba de Alcmeón. Hállanse túmulos como este en Italia y en el Asia Menor, y cerca de Micenas se veían otros, descritos por Pausanias, que tenían la forma cónica. Otros pueblos de la Grecia enterraban sus muertos en sepulcros abiertos en la roca viva, como se ve en los laberintos de Nauplia.

[365] La de salsa mola, que se rociaba con la sangre de las víctimas.

[366] El texto griego dice terminantemente μία γὰρ ψυχή, porque su alma es solo una. Estas palabras que pronuncia Admeto, inmorales en absoluto, porque revelan un deseo egoísta y antisocial, son, sin embargo, muy naturales en su estado, porque el hombre a quien ciega una pasión, no suele ser enteramente responsable de lo que dice. Verdad es que pocos debieran callar como él, porque si se ve solo, a sí, no a otro lo debe.

[367] Estas palabras que Eurípides pone en boca del coro, han servido a varios glosadores para levantar castillos en el aire. Unos han sostenido que aludía a algún hijo de Pericles, cuando se sabe que los dos que tuvo murieron casi al mismo tiempo, y aquí solo se habla de uno; y otros que a Anaxágoras, del cual dice Cicerón en su Tuscul., III, 14: Fuerat enim auditor (Eurípides) Anaxagoræ, quem ferunt, nuntiata morte filii, dixisse: Sciabam me genuisse mortalem. La verdad es, en nuestro concepto, que el coro dice esto en general para exhortar a Admeto a que sufra con resignación la pérdida de una esposa, cuando no ha faltado quien soporte con moderación la muerte de un hijo único.

[368] La antorcha se componía de pedacitos de pino unidos empapados en resina, y servía en las nupcias y procesiones; su figura era cónica, encendiéndose por la base, no por el vértice, y en este caso los romanos le llamaban tæda. La fax era de un solo trozo de madera resinosa, acabado en punta y mojado en aceite o pez, o bien manojos de estopa bañada en cera, sebo, pez, resina otras materias inflamables metidas en un tubo de metal, ya continuo, ya formando una especie de enrejado.

[369] Eurípides, conociendo que la acción de Admeto era innoble y egoísta, pone ahora en sus labios estas frases que expresan sus remordimientos. No se puede negar que, dada la fábula de la tragedia, este es el lugar acomodado a las quejas de Admeto contra sí mismo, puesto que la conciencia, como juez sapientísimo, solo pronuncia sus sentencias acabada toda la causa, y cuando se disipa la pasión que perturba el ánimo.

[370] Ya en nuestra nota al [verso 936] del Hipólito hemos hablado de los órficos y de sus tablas. Enseñaban misteriosas ceremonias y cantos, con los cuales se recuperaban las perdidas fuerzas y se ahuyentaban las enfermedades y los espíritus malignos. Así lo dice Pausanias, IX, 30, pág. 768. Filócoro, en su Tratado de la adivinación, cita una poesía de Orfeo, y Pausanias dice de él que sus versos épicos aventajaron en belleza a los de todos sus predecesores. Heráclito el físico habla también de las tablas órficas, y el escoliasta de Hécuba, al verso 1243, Matth., dice así: οἱ μὲν περὶ τὸ Παγγαῖον εἶναι τὸ μαντεῖόν φασι τοῦ Διονύσου, οἱ δὲ περὶ τὸν Αἷμον, οὗ εἰσὶ καὶ Ὀρφέως ἐν σανίσιν ἀναγραφαί. Unos sostienen que el oráculo de Dioniso estaba en el monte Pangeo; otros que en el Hemo, en donde se guardan también las tablas de la doctrina de Orfeo.

[371] Macaón y Podalirio, hijos de Esculapio y de Epione o Arsínoe, célebres médicos y hábiles cazadores, capitanes de los guerreros de la Ecalia en el sitio de Troya. Macaón curó a Menelao, herido de un flechazo, y murió a manos de Eurípilo, hijo de Télefo. Podalirio, después de la toma de Troya, naufragó y desembarcó en Caria, en donde se casó con la hija del rey. Ambos fueron adorados después de su muerte.

[372] Pueblo poco numeroso del Asia, en la Paflagonia, entre los tibarenos al O y los mosinecos al E. Abundaba en su país el hierro, y se fabricaba allí mucho acero.

[373] Es natural que Heracles, al devolver Alcestis a su esposo, y no queriendo que la reconozca de pronto, la cubra con un velo y la adorne de distinta manera de la que convenía a una mujer casada.

[374] El doble sentido que tienen estas palabras de Heracles solo el público lo comprendía. Admeto nada sabe del noble propósito de Heracles, y por consiguiente solo mira sus palabras como la expresión de un deseo generoso; no así los espectadores, que han oído antes al héroe declarar su proyecto, que lo han visto ausentarse, y volver después con esa mujer velada.

[375] Eurípides intenta sin duda persuadir al lector que si Admeto recupera a su esposa, es en premio de su hospitalidad, puesto que Apolo solo aparece al principio de la tragedia, no después. Por otra parte, aquel rey lleva tan lejos su amabilidad, tratándose de un amigo, que por darle gusto se resuelve a hacer cuanto desea. Heracles, en cambio, quiere probarlo hasta el fin, y acumula ruego sobre ruego y exigencia sobre exigencia.

[376] Ψυχαγωγός, conductor o guía de almas, exorcista, encantador, mágico. El escoliasta dice así: «Hay ciertos mágicos entre los tesalios que, en virtud de sus artes y encantos, evocan las almas de los muertos. Los lacedemonios los mandaron llamar cuando el alma de Pausanias se aparecía en el templo de Atenea Calcieco, y espantaba a cuantos se acercaban a él, según cuenta Plutarco en sus estudios sobre Homero».

[377] Como Alcestis pertenecía ya a los dioses infernales y les había sido arrebatada, era menester aplacarlos con sacrificios. El plazo de tres días durante los cuales Alcestis no podía hablar, es parte de esa misma expiación.

[378] La Tesalia (primitivamente Hemonia) era una de las siete regiones de la Península helénica, al S del Escardo y del Hemón, en la costa oriental, entre la Macedonia al N y la Grecia propiamente dicha al S. Confinaba al O con el Pindo, que la separaba del Epiro; al E con la mar, y al S con el monte Eta. El Olimpo, el Osa y el Pelión formaban una cadena casi paralela a la costa. Sus ríos principales eran el Esperqueo al S y el Peneo al N. Esta tetrarquía (cuatro provincias o gobiernos) eran, según Focio, la Tesaliótide, la Ftiótide, la Pelasgiótide y la Histiótide.

[379] Argo, famosa nave en donde se embarcaron varios héroes griegos al mando de Jasón para conquistar el vellocino de oro de la Cólquida. Los más célebres, además de Jasón, fueron Heracles, que los dejó en la travesía, Orfeo, Tifis el piloto, Esculapio, Linceo, Cástor y Pólux, Calais y Zetes, Tideo y Néstor. Salieron del puerto de Yolco, y después de sufrir muchos peligros y contrariedades, llegaron a la Cólquida, y con ayuda de Medea, hija del rey de este país, se apoderaron del codiciado vellocino y volvieron a Grecia, según unos, por el Danubio y el Mediterráneo, o, según otros, por el Volga, el Báltico, el Océano y el estrecho de Gibraltar. Tres poemas se han escrito sobre esta expedición: uno que se atribuye falsamente a Orfeo, otro de Apolonio de Rodas, y el último de Valerio Flaco. Es probable que se hubiese verificado, o para explotar las minas de oro del Cáucaso, o para colonizar las ricas regiones situadas al norte del Asia Menor.

[380] La Cólquida, hoy Imeretia y Mingrelia, región del Asia, yacía entre el Ponto Euxino al O, el reino del Ponto al SO, el Cáucaso al N y la Iberia al E. Su río más célebre era el Fasis.

[381] Simplégadas o Cianeas, escollos que se abrían y se cerraban para destrozar las naves en el estrecho de Constantinopla, hasta que las atravesó la nave Argo.

[382] Pelión, monte de la Tesalia, en la Magnesia, prolongación del Olimpo, que; formaba un cabo al S.

[383] Pelias, rey de Yolco, era hijo de Tiro y de Poseidón. Usurpó el trono de Yolco, que correspondía a Esón, padre de Jasón, su hermano uterino, y sugirió a este la expedición de los argonautas con el objeto de verse libre de este rival, y esperando que perecería en ella; pero a su vuelta, engañadas sus hijas por Medea, que prometió rejuvenecerlo, pereció, sufriendo una muerte horrorosa.

[384] Yolco, ciudad de la Hemonia, en el golfo de Págasas, cerca del mar.

[385] Medea, hija de Eetes, rey de la Cólquida, y de la mágica Hipsea. Enamorada de Jasón, le ayudó en la conquista del vellocino de oro, y huyó con él a Grecia.

[386] Creonte, hijo de Sísifo, y por lo tanto pariente de Odiseo.

[387] Cicerón, en el libro III, Tuscul., cap. XXVI, dice así: Sunt autem alii, quos in luctu cum ipsa solitudine loqui sæpe delectat, ut illa apud Ennium nutrix:

Cupido cepit miseram nunc me proloqui

Cælo at terræ Medeai miserias.

[388] Los dados eran pequeños cubos de marfil, hueso o madera, en cada uno de cuyos lados se señalaban desde uno a seis puntos. Ordinariamente su jugaba con tres, que se tiraban con un cubilete; la mejor jugada era cuando cada uno de ellos presentaba en el mismo lado distintos puntos, y la peor la contraria. Otras veces servían para este juego los huesos de la ranilla de ciertos animales, o se montaban en piedra o bronce. Solo tenían cuatro lados, no seis, y los puntos que se señalaban eran uno y seis en los dos lados opuestos, y tres y cuatro en los otros dos; dos y cuatro no se señalaban si no se jugaba con cuatro dados en lugar de tres. Los corintios tenían fama de jugadores.

[389] Famosa fuente al pie de la acrópolis de Corinto, dedicada a las Musas.

[390] El texto dice ἀμφιπόλου, de dos puertas; pero en nuestra opinión esa palabra no quiere expresar que el palacio tenía dos puertas, una primero y otra después, y que eran tales los clamores de Medea que habían atravesado a ambas. Conocida la construcción y el plan de las casas griegas, y sabiendo que las habitaciones de las mujeres o el gineceo se encontraban en el extremo opuesto, es evidente que, ni aun teniendo Medea la voz de Esténtor, se hubiese oído fuera. Lo más natural, por consiguiente, es que el coro le llame palacio de dos puertas, de puerta de dos hojas o batientes, como eran las de los teatros y palacios, distintas de las otras más pobres, que de ordinario constaban solo de una hoja.

[391] Para retardar la persecución de su padre mató Medea a su hermano Apsirto, y dejó sus restos abandonados por el camino para que el padre, cuidadoso de darles sepultura, no pudiese alcanzarla.

[392] Medea no ha invocado a Zeus, sino a Temis y a Artemisa; pero la nodriza, turbada por su emoción, confunde las especies.

[393] Porque la Cólquida, patria de Medea, estaba en la costa opuesta.

[394] Hasta ahora se puede decir que han sido tantas las traducciones hechas de estos versos, distintas entre sí, cuantos han sido los traductores, extraviados por los versos siguientes de Ennio:

Quæ Corinti altam arcem habetis, matronæ opulentæ optimates,

Nobis ne vitio vertatis hoc, quod a patria absumus: nam

Multi suam rem bene gessere et publicam patria procul;

Multi qui domi ætatem agerent propterea sunt improbati.

Sin embargo, se ve fácilmente que Ennio tradujo palabra por palabra, sin cuidarse gran cosa del sentido, porque ἐξῆλθον δόμων lo vertió en patria absumus, σεμνοὺς γεγῶτας en rem bene gessere, y leyó δομάτων ἄπο en vez de ὀμμάτων ἄπο. El sentido, como siempre, nos aclara este enigma, dictándonos que el objeto de Medea, extranjera en Corinto, no es otro que captarse la benevolencia del coro, para que la proteja y no la descubra, y en este concepto parécenos nuestra versión la más natural y aceptable.

[395] El escoliasta observa que en la edad heroica sucedía lo contrario de lo que dice Eurípides, esto es, que el marido compraba a la mujer, no la mujer al marido.

[396] Desde las leyes de Solón, la mujer podía separarse del marido o abandonarlo, no repudiarle, aunque con ciertas restricciones, y exponiéndose a la murmuración pública.

[397] Eurípides, con su ordinaria sencillez, expresa este pensamiento tan profundo como verdadero, porque, en efecto, es una de las más graves injurias que puede recibir una mujer. Séneca, en cambio, en su Medea, verso 573, hace decir al coro estas palabras:

Nulla vis flammæ, tumidique venti

Tanta, nec teli metuenda torti,

Quanta, quum conjux viduata tædis,

Ardet et odit.

[398] Medea, para conseguir su intento, como mujer de claras luces y consumada astucia, no obra como lo hubiera hecho un criminal ordinario. En virtud de un esfuerzo supremo, finge conformarse con las órdenes de Creonte, a quien detesta en realidad, pues bien sabía que Jasón era esposo de Medea y que estaba en su mano oponerse a este enlace, no autorizarlo ni consentirlo; pero no dice que ama a su esposo, a pesar de su infidelidad, sino claramente que lo aborrece, porque lo contrario hubiera sido sospechoso.

[399] Aunque en general sea cierta esta máxima, y en ello, como en todo, tenga gran importancia la buena o mala fortuna, no es lo menos que mucha parte de estos males nos son imputables, examinados de cerca y conocidas sus causas. La fortuna hace un gran papel en el mundo cargando con nuestras torpezas y desaciertos, y si no existiera, más de una vez habíamos de vernos en apurado atolladero.

[400] A los partidarios de la exagerada verosimilitud, no de la prudente, diremos que nos expliquen la connivencia de las mujeres corintias que componen el coro en los proyectos criminales de Medea, extranjera, odiosa por su mala fama y por su orgullo, y dirigidos contra Creonte, su rey, y contra su inocente hija. Parecía natural que el coro no se hubiese compuesto de corintias, sino de esclavas de Medea, o de otra cualquier manera.

[401] Hécate, deidad infernal llamada así, según algunos etimologistas, de la palabra griega ἑκατόν, ciento, porque retenía cien años a las orillas de la Estigia a las almas de los insepultos. A veces se confunde con Artemisa, y a veces es una diosa distinta, hija del Sol, según Hesíodo. Otros aseguran que fue una mágica temible, que envenenó a su padre y se casó con Eetes, de cuyo matrimonio nacieron Medea y Circe. El triple culto de Hécate, Artemisa y la Luna parece una reminiscencia del de la Isis egipcia.

[402] Eetes, el padre de Medea, era hijo del Sol y de Perseis, y Creonte, como dijimos al principio, hijo de Sísifo.

[403] Sísifo era hijo de Eolo y esposo de Mérope. Fundó a Éfira, después Corinto, cerró el Istmo, obligó al Asopo a regar con sus aguas la acrópolis de Corinto, y exigió a cuantos pasaban por allí cierta cantidad de dinero. Murió a manos de Teseo, y habiendo conseguido de los dioses infernales que le permitiesen volver un día a la tierra para ser sepultado, no quiso regresar al infierno y fue arrastrado de nuevo a él a viva fuerza, y, ya sea en castigo de esta informalidad, ya por sus tropelías en vida, condenado a llevar un peñasco a la cima de una montaña, desde donde en seguida se despeñaba.

[404] Estamos casi seguros que Eurípides no conoció a su madre.

[405] Safo, Corina, Telesila y otras ilustres poetisas griegas anteriores a Eurípides, o sus coetáneas, podían muy bien haberlos escrito.

[406] Las Simplégadas o Cianeas.

[407] El texto vulgar griego dice así:

ὦ παγκάκιστε, τοῦτο γάρ σ᾽ εἰπεῖν ἔχω

γλώσσῃ μέγιστον εἰς ἀνανδρίαν κακόν.

La traducción latina de estos versos es la siguiente:

O pessime omnium! (hoc enim quo te appellem habeo

Linguæ summum, in (tuam) ignaviam convicium).

M. Artaud los traduce de esta manera:

O Le plus scélérat des hommes! (car ma voix peut donner ce nom le plus outrageux de tous à ta lâcheté).

Hartung, a su vez, lo interpreta así:

O schlechter Mann! ach leider kann ich Schlimm’res nicht

Dir mit der Zung’ entgegnen, als ein schwaches Weib!

Si quisiéramos citar otros intérpretes o traductores además de estos, veríamos que todos ellos, sobre poco más o menos, se afanan en atormentar dichos versos para entenderlos y expresarlos, indicando de esta manera que son oscuros o defectuosos, como sucede de ordinario. En nuestro concepto, la palabra griega que puede darnos la clave para comprender estas palabras de Eurípides es ἀνανδρία, que significa propiamente afeminación; pero como esta afeminación se echa en cara al esposo de Medea, nos dice el sentido que no puede ser así, porque ni el casamiento de Jasón con Creusa es prueba de ello, sino de lo contrario, ni antes ni después se atribuye por Medea a afeminación dicho casamiento. Además, tampoco se comprende que se llame a un hombre afeminado, el peor de todos, porque esto es evidentemente falso, y entre ambas ideas no hay clara relación. Para salir de dudas consultemos al escoliasta, que se expresa en estos términos: τοῦτο γὰρ εἰπεῖν ἔχω σοι μέγιστον κακὸν διὰ τὴν ἀσθένειαν τὴν ἐμήν, γυνὴ γάρ εἰμι καὶ ἀσθενὴς. Es, pues, de advertir que Medea insulta de este modo a Jasón por su debilidad: διὰ τὴν ἀσθένειαν τὴν ἐμήν: porque soy débil mujer, γυνὴ γάρ εἰμι καὶ ἀσθενὴς. La palabra ἀνανδρία no se refiere, por tanto, a Jasón, sino a Medea; por consiguiente, si la conservamos con una leve variación en el caso y sin alterar la versificación, habremos conseguido nuestro objeto.

[408] Según parece, las aventuras de Jasón para conquistar el vellocino de oro son semejantes a las de Cadmo cuando fundó a Tebas. Eetes, padre de Medea y dueño del vellocino, tenía dos toros gigantescos y bravos, de pies de bronce y abrasador aliento, que fueron uncidos al mismo yugo para labrar la tierra y sembrar en los surcos dientes de dragón, que se convirtieron en hombres armados, a los cuales venció Jasón con ayuda de Medea. Después, esta misma lo llevó de noche al lugar en donde el dragón guardaba el vellocino, lo aletargó y Jasón le dio muerte, robando a Medea y huyendo con ella a la Grecia. (V. Apolod., libro I, cap. IX, § 23).

[409] Ironía.

[410] El texto griego dice ξένοις τε πέμπειν σύμβολ᾽, y enviaré símbolos a los que han de hospedarte. Estos símbolos, llamados en latín tesseræ hospitales, consistían en una pequeña tablilla que el dueño de la casa daba al huésped cuando la dejaba, se partía en dos pedazos, y cada cual se quedaba con uno para que, si volvían a verse ellos o sus descendientes, se reconociesen y prestasen hospedaje y ayuda.

[411] Egeo, rey de Atenas e hijo de Pandión, y padre de Teseo. Vencido por Minos, rey de Creta, tuvo que pagarle anualmente un tributo de siete doncellas y otros tantos mancebos, que devoraba el Minotauro. Teseo mató a este monstruo, y a la vuelta, y habiéndosele olvidado arbolar en su buque la señal que había de anunciar el fausto éxito de su expedición, Egeo creyó que había perecido, y se precipitó en la mar, que desde entonces llevó su nombre.

[412] Este oráculo enigmático significa lo que traducimos, o bien si πόδα equivale a pudendum, y ἀσκοῦ, venter, que no toque a mujer alguna. Adviértase que este oráculo, no decente del todo, no es invención de Eurípides, sino tradicional y conocido de todos, y así no extrañemos que se oyese en una tragedia, fiesta solemne y religiosa.

[413] Sobre Piteo véase la nota al [prólogo del Hipólito], que pronuncia Afrodita.

[414] Hermes, hijo de Zeus y de Maya, dios de la elocuencia, de los comerciantes y ladrones; era también el conductor de las almas a los infiernos y mensajero de los dioses. Habiendo robado el tridente de Poseidón, la espada de Ares γ el cinturón de Afrodita, fue desterrado del cielo y guardó con Apolo los rebaños de Admeto. Transformó a Bato en piedra de toque, y hurtó las armas y la lira de Apolo. Fue también el matador de Argos, el de los cien ojos, como se ve representado en el cuadro del inmortal sevillano Velázquez.

[415] Creían los griegos y romanos que la densidad del aire que se respiraba influía en los ingenios de los hombres, y por esto eran tardos los beocios y vivos los atenienses. Horacio, en el libro II de sus Epístolas, verso 244, dice así:

Quod si

Judicium subtile videndis artibus illud

Ad libros et ad hæc Musarum dona vocares,

Bœotum in crasso jurares aere natum.

Cicerón, en el libro II de Nat. deorum, 16, dice también: Etenim licet videre acutiora ingenia et ad intelligendum aptiora eorum, qui terras incolant eas, in quibus aer sit purus ac tenuis, quam illorum, qui utentur crasso cœlo atque concreto.

[416] Quizá sea solo Eurípides el que diga que Harmonía es la madre de las Musas. Apolod., cap. CXI, 1, asegura que ἐκ δὲ Μνημοσύνης μούσας, πρώτην μὲν Καλλιόπην, εἶτα Κλειώ, Μελπομένην, Εὐτέρπην, Ἐρατώ, Τερψιχόρην, Οὐρανίαν, Θάλειαν, Πολυμνίαν. El aserto de Eurípides parece fundado en alguna opinión filosófico-pitagórica, y no va descaminado, porque la armonía es uno de los principales encantos de las obras de las Musas.

[417] El Cefiso era un riachuelo que bajaba del monte Parnés, bañaba las murallas de Atenas, atravesaba el Pireo y desembocaba en el golfo Sarónico.

[418] Véase el Hipólito y la distinción que hace Eurípides entre los Amores. Aquí alude, sin duda, a los castos y sosegados.

[419] El Iliso y el Cefiso.

[420] Atenas era, en efecto, la más hospitalaria de las repúblicas y estados de la Grecia.

[421] Llamamos la atención de los lectores hacia estas palabras de Medea, que debieron producir mucho efecto en su auditorio. Para Jasón llora de arrepentimiento; para el público, que conoce ya sus terribles proyectos, llora de pena, reflexionando en la triste suerte que ella misma depara a sus inocentes hijos.

[422] Esta es la verdad, dicha con la sencillez con que suelen decirla los griegos. Hay opiniones, sin embargo, acerca de la causa de este llanto femenino, pues los unos creen que proviene de su naturaleza especial, parecida a la de los niños por la energía, la prontitud y la breve duración de sus sentimientos, y otros que es originado de su posición en la familia y en la sociedad.

De todas maneras, y tratándose de la mujer griega, las frases de Medea dicen mucho en brevísimos términos.

[423] La ironía con que habla Medea no puede ser más manifiesta.

[424] Hesíodo, citado oportunamente por M. Artaud, había dicho ya que

Δῶρα θεοὺς πείθει, δῶρ᾿ αἰδοίους βασιλῆας.

Es probable, por tanto, que Eurípides lo conociera, y que sin temor alguno lo reprodujese en esta tragedia. Lo mismo hacen Esquilo y Sófocles, y en general todos los griegos, que, por lo visto, y en una época en que era más fácil que ahora, no pretendían pasar en todo por originales. Al contrario, hacían un servicio al público, obligándole de esta suerte a aprender bien notables frases tradicionales.

[425] Alude a la muerte de sus hijos, y dice que los llevará al infierno.

[426] En Las Fenicias, versos 335 y 336, dice también Yocasta a Polinices:

ἐγὼ δ᾽ οὔτε σοι πυρὸς ἀνῆψα φῶς νόμιμον ἐν γάμοις,

ὡς πρέπει ματέρι μακαρίᾳ.

«Ni yo llevé en tus bodas la nupcial antorcha, como lo hubiera hecho otra madre afortunada».

[427] Este mismo verso se halla en Las Troyanas, en donde dice también Andrómaca:

μάτην δ᾽ ἐμόχθουν καὶ κατεξάνθην πόνοις.

«Vanamente trabajé, y graves molestias me consumieron».

[428] Como viven los muertos en el infierno.

[429] Pocas situaciones dramáticas pueden compararse a esta de Medea, y pocos poetas han creado caracteres tan eminentemente trágicos como el de esta heroína griega. Luchando a un tiempo con tantas y tan poderosas pasiones, víctima de los celos, de su amor a Jasón, del cariño a sus hijos, de su ignominia, viéndose despreciada tan públicamente, y de su ardiente sed de venganza, ya como frágil nave arrastrada por opuestos vientos cede a la fuerza del más poderoso, ya endereza con trabajo su rumbo y prosigue su peligroso viaje.

[430] Debemos suponer que Jasón entró primero y anunció a la hija de Creonte, su esposa, el regalo que le traían sus hijos, porque de otra manera, y siendo tan rápida la visita, ni tuvo la desposada tiempo para fijarse en uno con complacencia, y en los otros con desagrado, ni pudieron advertirlo sus servidores.

[431] Rogamos al lector que nos perdone la repetición de la palabra hijos, necesaria si la traducción ha de ser fiel y ha de expresar con sencillez el pensamiento del poeta. En esta parte no eran los griegos tan exigentes, ni el gusto del público se paraba en tales nimiedades. Advertiremos para lo sucesivo que cuando las encuentren tengan en cuenta que nosotros nunca repetimos una misma voz ni la mitad de las veces que el original.

[432] Creían los griegos que la epilepsia era producida por Pan o por otra deidad, y miraban a los que la padecían con cierto temor respetuoso. Todos sabemos el partido que sacó Mahoma de esta enfermedad.

[433] Estos símiles, familiares a todos los griegos, son comunes en sus poetas. El pletro equivale a unos 31 metros.

[434] Este epifonema, algo largo en verdad para llamarlo así, es más natural de lo que a primera vista parece, porque ocurre de ordinario en estos o parecidos términos a los que presencian la muerte de los poderosos de la tierra. También es cierto que los filósofos, o los que se dedican exclusivamente a la investigación de la verdad, son los más propensos a extrañas aberraciones, ya arrastrados por su espíritu sistemático, ya por su escaso conocimiento del mundo y de los hombres, como lo prueban, entre otros muchos, Platón en su República, y el obispo Berkeley.

[435] Ennio traduce así el principio de este canto del coro:

Jupiter, tuque adeo summe Sol, res omnes qui inspicis,

Quique lumine tuo maria, cœlum ac terram contues

Inspice hoc facinus, priusquam fiat; prohibissis scelus.

[436] Véase la nota al prólogo de esta tragedia, que pronuncia la nodriza.

[437] M. Artaud dice en su nota a estos versos que pronuncian los hijos de Medea: Plusieurs critiques ont acusé ici le chœur de nonchalance et de lenteur; mais, dès qu’il a entendu les cris des enfants, il a couru vers le palais, et aussitôt que les portes s’ouvrent, il voit le crime consommé: c’est alors qu’il prononce les imprecations suivantes contre Médée. No; el coro no socorre a los hijos de Medea porque encuentra cerradas las puertas, y las imprecaciones que pronuncia contra Medea no son hijas de la indignación que le produce el asesinato de esos niños inocentes, puesto que Jasón, que llega poco después, las halla también cerradas y manda a los servidores que las abran.

[438] Ino fue hija de Cadmo y de Hermíone, y mujer de Atamante, rey de Tebas. Repudiada por su esposo, que se casó con Néfele, volvió después a ocupar su lecho, y dio a luz dos hijos, llamados Melicertes y Learco. Celosa de los que Atamante tenía de Néfele, a saber, de Frixo y Hele, logró que su marido decretase su muerte; pero ambos, sabedores de la desdicha que les aguardaba, huyeron a la Cólquida en una oveja de vellón dorado. Atamante, presa de las Furias, estrelló a Learco contra una muralla, e Ino, desesperada, se arrojó a la mar con Melicertes, siendo transformados una y otro en dioses marinos. Hartung, en su nota al verso 1245, expone el argumento de una tragedia perdida de Eurípides, titulada Ino, cuya fábula es distinta. Hemos preferido seguir la opinión más admitida en este punto.

[439] Escila, ninfa siciliana, amada de Glauco, el dios marino. Circe, su rival, la transformó en peñasco que tenía cierta semejanza con una mujer. Su busto se elevaba sobre la mar, y de su cintura salían las cabezas de seis perros horribles que ladraban sin cesar. Las olas se arremolinaban alrededor y hacían muy peligrosa la navegación. Yacía en el mar Tirreno. Hoy, sea por los progresos de la náutica, sea por revoluciones volcánicas que acaso hayan variado la configuración de estos peñascos, no es su paso tan difícil.

[440] Esta disputa conyugal, no del todo trágica, nos recuerda los insultos que Aquiles prodiga a Agamenón en el canto I de la Ilíada. Tiene, sin embargo, su mérito, como las inocentadas de los niños y de los campesinos, indicio de ordinario de cierta virginidad de corazón y falta de malicia, que nos agrada por el contraste que forma con épocas más cultas y seres más corrompidos.

[441] Tito Livio, XXXII, 231, dice así: Promontorium est adversus Sicyonem Junonis, quam vocant Acræam, in altum excurrens; trajectus inde Corinthum septem milia ferme passuum.

[442] Sísifo, hijo de Eolo, fundador de Éfira, después Corinto.

[443] Así, en efecto, murió luego Jasón.

[444] Estos versos, que pronuncia Medea y hallamos también en Helena, Las Bacantes, Las Suplicantes y Andrómaca, indican que Eurípides, ya que no lo hiciese en el fondo y traza de las tragedias, rendía, sin embargo, homenaje a las opiniones del público, acerca de lo que debían ser tales composiciones dramáticas, y a los precedentes sentados por Sófocles, Esquilo y otros poetas. Adviértase, no obstante, que no es el destino el autor de estas calamidades, sino Zeus o la Providencia.