ARGUMENTO
Eurípides intenta representar en esta tragedia uno de los episodios más terribles que siguieron a la toma de Ilión por los griegos, y con dicho objeto acumula varios incidentes trágicos, casi todos de su invención. Supone que los vencedores, que aguardaban vientos favorables para soltar sus naves, se reparten las esclavas, reservándose los más famosos capitanes las más distinguidas, ya para su servicio, como sucede a Hécuba respecto de Odiseo, ya para sus placeres, como acontece a Casandra y Andrómaca respecto de Agamenón y Neoptólemo. No contentos con esto, sacrifican a Políxena, hija de Hécuba y de Príamo, a los manes de Aquiles, y precipitan a Astianacte, nieto de aquellos reyes, desde las altas torres de Troya, temerosos de dejar con vida a este tierno retoño del linaje de Príamo, que más adelante podría reedificar su ciudad, a la que incendian también en presencia de la mísera viuda, antes reina y ahora esclava.
No hay, pues, en ella acción verdadera, ni causa ni obstáculos que la aceleren o detengan. Carece, por tanto, de unidad dramática, a no ser que supongamos que Hécuba es aquí, como en la tragedia que lleva su nombre, el foco o centro en donde convergen estos sucesos. Como toca en suerte al astuto y cruel Odiseo, autor principal de sus últimas y más acerbas desdichas; como Poseidón pronuncia el prólogo, y juntamente con Atenea se prepara a emplear sus fuerzas en hacer desastrosa la vuelta de los griegos a su patria; como los coros aluden a los viajes de Odiseo y a sus trabajos, y como se sabe, por último, que Las Troyanas son la última pieza de una trilogía, cuyas dos primeras representaban el reconocimiento de Paris por sus padres y el suplicio de Palamedes, a causa de los infernales artificios del héroe de la Odisea, debemos suponer que el objeto del poeta ha sido probar lo vario e instable de las cosas humanas, puesto que los favorecidos hoy por la fortuna pueden ser mañana víctimas de los mayores sufrimientos. Partiendo de tal hipótesis no es posible desconocer la trágica grandeza de esta composición. Los cuadros más lúgubres se suceden unos a otros, formando grupos patéticos inimitables, y los rudos embates de la adversidad humillan en incesante acometida la vanidad y el orgullo humanos. Desde este punto de vista no podemos considerar como episodios inútiles el desvarío de Casandra, ni el diálogo de Helena con Hécuba y Menelao. Dolor grande para una madre es ver a su hija frenética, y más sabiendo que su delirio es efecto de infausto y deshonroso himeneo, y dolor el presenciar la impunidad en que queda su mayor enemiga. Debemos decir, sin embargo, que, a nuestro parecer, Eurípides se deja llevar demasiado lejos de su afán de hacer efecto en el auditorio; que amontona con profusión los incidentes desgarradores, siendo algunos innecesarios, y que a veces, como ocurre con las lamentaciones de Hécuba ante el cadáver de Astianacte, después de las bellísimas quejas de su madre Andrómaca, es frío, inoportuno y algo declamatorio.
Séneca ha imitado esta tragedia en la suya titulada Troades, condensando en ella la acción de la Hécuba, de Eurípides, y de Las Troyanas. Incurre en sus faltas ordinarias, acompañadas como siempre de brillantes rasgos. Su estilo afectadamente sentencioso, sus disputas filosóficas, su mal gusto, su hinchazón y ampulosidad, y su poco conocimiento de la escena la deslucen y afean, sobre todo cuando sus imitaciones se leen después de los originales. La francesa de Châteaubrun es mejor, aunque con ese sabor transpirenaico al cual nunca podremos acostumbrarnos.
Representose Las Troyanas en la olimpiada 91, 1 (416 antes de J.-C.), ateniéndonos a las siguientes palabras de Eliano. Var. Hist., II, 8:
κατὰ τὴν πρώτην καὶ ἐνενηκοστὴν Ὀλυμπιάδα..., ἀντηγωνίσαντο ἀλλήλοις Ξενοκλῆς, ὅστις ποτὲ οὗτός ἐστιν, Οἰδίποδι καὶ Λυκάονι καὶ Βάκχαις καὶ Ἀθάμαντι σατυρικῷ. Τούτου δεύτερος Εὐριπίδης ἦν Ἀλεξάνδρῳ καὶ Παλαμήδῃ καὶ Τρῳασὶ καὶ Σισύφῳ σατυρικῷ.
Resulta, pues, de ellas que concurrieron a este certamen Xenocles, con la trilogía compuesta de Edipo, Licaón y Las Bacantes, y el drama satírico titulado Atamante, y Eurípides con la trilogía de Alejandro, Palamedes y Las Troyanas, y el drama satírico denominado Sísifo. El escoliasta de Aristófanes, en Las Avispas, al verso 1326, confirma el testimonio de Eliano, diciendo: ὑστερεῖ ἡ τῶν Τρῳάδων κάθεσις ἔτεσιν ἑπτα. «Las Avispas se representaron siete años después que Las Troyanas»; y como se sabe que esta comedia de Aristófanes se representó en la olimpiada 89, 2, concuerda el testimonio el escoliasta con el de Eliano.