NOTAS
[1] El mar Egeo, hoy el Archipiélago, es un golfo del Mediterráneo entre la costa oriental de la península griega, la occidental del Asia Menor, la Tracia y la isla de Creta. Llamose así por haberse precipitado en sus aguas Egeo, padre de Teseo.
[2] Las cincuenta hijas de Doris y del dios marino Nereo.
[3] Poseidón y Apolo conspiraron contra Zeus, y en castigo fueron expulsados del Olimpo, y trabajaron ambos en la construcción de las murallas de Troya, reinando en ella Laomedonte.
[4] Epeo, hijo de Panopeo, construyó el caballo de madera que los griegos introdujeron en Troya, y fundó después a Metaponto. Odiseo, en la Odisea, VIII, ν. 492, dice así: «Prosigue, pues, y canta el caballo de madera, obra de Epeo y de Atenea, lleno de enemigos, que el divino Odiseo llevó astutamente al alcázar troyano».
[5] El texto griego dice δούρειος ἵππος. Sin embargo, aunque δούρειος parezca derivado de δόρο, lanza, en su significación figurada quiere decir bélico o guerrero, puesto que, según leemos en Hesiquio, el caballo de la ciudadela de Atenea se llamaba también δούρειος ἵππος, aunque era de bronce.
[6] Murió a manos de Pirro o Neoptólemo, hijo de Aquiles. Este Zeus Herceo era uno de los penates que se adoraban dentro de las casas, si creemos lo que dice Festo: Hercius Jupiter intra consemptum domus cujusque colebatur, quem etiam deum penetralem appellabant. Pirro lo mató al pie del ara por vengar a su padre Aquiles, que cayó herido al pie del altar de Apolo Timbreo.
[7] Hera y Atenea fueron enemigas encarnizadas de los frigios, por vengarse de Paris cuando en su célebre juicio adjudicó a Afrodita la manzana de la Discordia.
[8] Río famoso de la Frigia, que nacía en el monte Ida. Sus fuentes eran dos, una termal y otra fría; desaguaba en el Simois, y juntos desembocaban en el mar Egeo, cerca del promontorio de Sigeo.
[9] Acamante y Demofonte. (V. Los Heráclidas, de Eurípides).
[10] Casandra, hija de Príamo y de Hécuba. Apolo fue su enamorado, y le concedió el don de profetizar en premio de sus favores; pero negándose ella a complacerlo, y no pudiendo el dios retractar su promesa, se vengó desacreditándola y haciendo que nadie creyese lo que decía. Ordinariamente tal ha sido la suerte de los profetas.
[11] Casandra se había refugiado en el templo de Palas cuando los griegos tomaron a Troya, acogiéndose a su altar; pero Áyax, el hijo de Oileo, la arrastró por los cabellos, haciéndole sufrir los más indignos ultrajes, sin respetar a la diosa ni su templo. Virgilio, en su Eneida, II, 403, dice así:
Ecce trahebatur passis Priameia virgo
Crinibus a tempto Cassandra adytisque Minervæ.
[12] Eubea, hoy Negroponte, isla grande del mar Egeo, frente al Ática, la Beocia, la Lócrida y el país de los melieos, desde el cabo Sunio hasta la Tesalia.
[13] Miconos, Delos, Esciros son islas del mar Egeo. El promontorio Cafereo estaba situado en la costa SE de la Eubea.
[14] Hijo de Tindáreo y de Leda, uno de los Dioscuros. Higino, en la fábula 77, dice así: Jupiter Lædam Thestii filiam, in cignum conversus, ad flumen Eurotam compressit, et ex eo peperit Pollucem et Helenam, ex Tyndareo autem Castorem et Clytemnestram.
[15] El Eurotas, ό βασιλιπόταμος, río de la Laconia, que corre hacia el mediodía. Ovidio dice de él, lib. II, Amor, eleg. 17:
Frigidus Eurotas populiferque Padus.
[16] Los reyes y nobles cautivos se cortaban el cabello. Ovidio, Amor, I, 14, 15, dice así:
Nunc tibi captivos mittet Germania crines:
Culta triumphatæ munere gentis eris.
Claud. in Eutrop., I, 385, se expresa de esta suerte:
Militet ac nostris detonsis Sicambria signis.
Sidonio Apol., Epist. VIII, 9, dice también:
Et sic crinibus ad cutem recisis
Decrescit caput, additurque cultus.
Hic tonso occipite senex Sicamber,
Postquam victus es, elictis retrorsum
Cervicem ad veterem novos capillos.
[17] De la Ftía, ciudad de la Ftiótide, junto al golfo Maliaco y el río Apídano, patria de Aquiles. Ovidio, lib. 13, Metamorf., dice así: Quis locus Ajaci? Phthiam hæc, Scyrumve ferantur!
[18] Las esclavas ancianas que ya no servían para trabajos más duros, cuidaban de los niños de sus dueños o servían de porteras.
[19] Las esclavas jóvenes solían traer agua de las fuentes o de los ríos, y ordinariamente dormían con sus dueños.
[20] Persio la llama fons caballinus. Nacía en el Acrocorinto o ciudadela de Corinto, y sus aguas eran suavísimas. Estacio, lib. I, Silv. Carm., 4, dice así:
Excludat Pimplæa sitim, nec conscia detur Pirene.
[21] Peneo, río de la Tesalia, que nacía en el Pindo, y por el valle de Tempe desaguaba en el golfo Pagásico. Ovidio, en su Metamorf., lib. IV, dice así:
Vocant Tempe, per quæ Peneus ab imo
Effusus Pindo.
Virgilio, en el lib. IV, Georg.:
Pastor Aristæus fugiens Peneia Tempe.
[22] La región contigua al Etna.
[23] Nombre de un monte y de un río del Peloponeso, que nace en él, y atravesando la Acaya, desemboca en el golfo de Corinto, cerca de Egas. Hay otro en la Calabria, que nace en los Abruzos y desemboca en el golfo de Tarento, famoso por las virtudes medicinales de sus aguas. El poeta alude a este, porque antes habla del Etna.
[24] Llamábase Dóride un reducido territorio, cuna de los dorios, entre la Fócida, la Lócrida y la Tesalia. Los dorios, siempre en constante lucha con los demás pueblos helénicos, y distintos de ellos por su dialecto, costumbres y gobierno, conquistaron después el Peloponeso, en donde reinaba Menelao. Aludiendo a este último y a su reino, dice Hécuba que ya ella es esclava de la Dóride.
[25] Clitemnestra, hermana de Helena y esposa de Agamenón. Fue hija de Tindáreo y de Leda, reyes de Esparta.
[26] Porque no solo era profetisa, sino sacerdotisa de Apolo.
[27] Como Políxena ha sido sacrificada en el túmulo de Aquiles, y Taltibio se compadece de Hécuba, no quiere aumentar su aflicción, y usa, sin faltar a la verdad, de palabras ambiguas, guardándose de responderle directa y categóricamente.
[28] Andrómaca, esposa de Héctor, era hija de Eetión, rey de Cilicia.
[29] Feliz y eminentemente trágica es esta invención de Eurípides, y quizá el único complemento que faltaba a tan sombrío cuadro. Cuando todas las esclavas lloran su triste suerte porque de libres se hacen esclavas, y abandonan su patria destruida, en donde dejan tantos restos queridos, se presenta delirante la fatídica Casandra y entona su lúgubre profecía, en horrible consonancia con las demás partes del cuadro. Aconsejamos al lector que, así al leer esta como las demás tragedias de Eurípides, se esfuerce en figurarse, no que él lee, sino que asiste a su representación. Nos dará las gracias, y formará de su mérito más acertado juicio.
[30] (V. el Agamenón, de Esquilo.) Casandra alude aquí al hacha con que la matará después Clitemnestra, la esposa de Agamenón, a la muerte de este, de Egisto y de su esposa por Orestes y Electra.
[31] El sacrificio de Ifigenia en Áulide, hija de Agamenón y Clitemnestra.
[32] En todo este discurso de Casandra reina cierta filosofía práctica y tan sabia experiencia, tan atinado y sensato juicio, que, en nuestro concepto, es de gran mérito literario.
[33] La famosa Penélope, madre de Telémaco y esposa de Odiseo.
[34] El Siculum fretum o estrecho de Mesina. Caribdis, según la fábula, fue una mujer siciliana que robó los bueyes de Heracles, y en castigo fue transformada por los rayos de Zeus en un abismo horroroso en la costa NE de Sicilia, al SE de ScilLa, situada en la costa meridional de Italia.
[35] Polifemo, antropófago y famoso cíclope, hijo de Poseidón y de la ninfa Toosa, rico en ganados, que habitaba en la Sicilia en una cueva inmediata al mar. Cuando Odiseo arribó a su país estuvo a punto de ser devorado con todos sus compañeros, y solo se salvó embriagándolo y cegando su único ojo con una estaca puntiaguda. (V. El Cíclope, de Eurípides).
[36] Circe, célebre mágica, hija del Sol y de la ninfa Perseis, que habitaba en la isla de Eea, en Italia, al pie del promontorio de Circe. Transformó en cerdos a los compañeros de Odiseo y lo retuvo mucho tiempo a su lado, inspirándole un amor vehemente. Tuvo de ella un hijo llamado Telégono.
[37] El loto, que crecía en el país de los lotófagos, antiguo pueblo del África occidental, al parecer hacia Trípoli. Los extranjeros que lo comían se olvidaban para siempre de su patria. Se cree que el loto era una especie de azufaifa.
[38] Estos bueyes del Sol, que debían ser sagrados e inviolables para los mortales, fueron devorados por los compañeros de Odiseo durante su sueño, a pesar de la expresa prohibición que tenían de hacerlo. Sus restos, después de asados, se arrastraban por la ribera y daban horribles mugidos. Zeus los castigó suscitándoles en la mar una furiosa tempestad. (V. el cap. XII de la Odisea).
[39] Este tinte melancólico que se refleja en las palabras de Hécuba y que aquí parece originado de su aflictiva situación, reina también en la poesía épica griega, cuyos héroes más famosos, como Aquiles, mueren en la flor de sus años, y en la poesía dramática, en la cual el destino envuelve en sus sombríos decretos a los héroes y heroínas más famosos. Hasta en la estatuaria griega se observa, y en sus obras más célebres se nota sin esfuerzo, contribuyendo a llenar el alma de dulce melancolía.
[40] Dardania, de Dárdano, hijo de Zeus y de Electra, hija de Atlas, natural de Samotracia, desde donde pasó a la Teucria, a orillas del Escamandro, poseyendo después todo este territorio y dándole su nombre.
[41] Llamose Pérgamo al alcázar de Troya, en el monte Ida, y a las altísimas murallas que circundaban a aquella ciudad. Virgilio, Eneid., III, dice así:
Pergama, reliquias Danaum atque immitis Achillei.
Marcial, en el lib. XIV, epigram. 51, se expresa así:
Pergamus has misit, curvo destringere ferro.
[42] Parte de los despojos enemigos se llevaban a los templos de los dioses, así entre los griegos como entre los romanos, ad perpetuam rei memoriam, y para animar a los ciudadanos a imitar a los vencedores.
Virgilio, Eneid., VII, 183, dice así:
Multaque præterea sacris in postibus arma,
Captivi pendent currus, curvæque secures,
Et cristæ capitum et portarum ingentia claustra,
Spiculaque, clipeique, ereptaque rostra carini.
[43] El poeta alude al sueño funesto de Hécuba cuando llevaba a Paris en sus entrañas, a la respuesta del oráculo aconsejando a Príamo que lo matase al nacer, y a la ternura de su madre, que por desgracia le salvó la vida encomendándolo a los pastores del Ida. Este himeneo es el de Paris y Helena.
[44] He aquí la diferencia capital que separa a la religión gentílica de la cristiana. Entre ellos la vida era todo, la muerte nada; y entre nosotros, al contrario, la vida es solo breve peregrinación, y la verdadera vida comienza en el sepulcro. Esta sola idea fundamental abre un inmenso abismo entre la antigüedad y la historia cristiana, y caracteriza profunda e indeleblemente a las letras de los idólatras y de los cristianos.
[45] Andrómaca parece una buena esposa, aunque ni la ocasión es muy oportuna para vanagloriarse con sus virtudes, ni sientan bien en sus labios tales alabanzas.
[46] Lo contrario sucede con más frecuencia.
[47] Acerca de estas palabras de Hécuba solo debemos observar que en vez de dar al auditorio la excusa de que nunca ha visto nave alguna, para hacer la comparación que subsigue, impropia, sin duda, de su aflictiva situación, podía haber suprimido sin obstáculo el exordio y el símil que le sigue. Tampoco se comprende que diga más abajo ἄφθογγός εἰμι, muda estoy, habiendo hablado tanto. En todo caso sería de cansancio, no de horror.
[48] Séneca, Troades, 791, dice así:
... Quid meos retinet sinus
Manusque matris?, cassa præsidia ocupas:
Fremitu leonis qualis audito tener
Timidum juvencus applicat matri latus.
Ahora, como casi siempre, vale más el original que el imitador.
[49] Telamón, hijo de Éaco, rey de Egina, y hermano de Peleo. Huyó de su patria por haber matado a su hermano primogénito con el disco, y se refugió en Salamina, casándose con la hija de su rey Cicreo. Acompañó a Heracles a la conquista de Troya, y en premio le dio aquel héroe a Hesíone por esposa. Fue padre de Áyax y de Teucro.
[50] Salamina era una isla del mar Egeo, en el golfo Sarónico, a cuatro kilómetros del Ática, famosa por la batalla que ganó Temístocles a los persas.
[51] Esta oliva, que se veneró mucho tiempo en Atenas, fue la que hizo brotar Atenea en su disputa con Poseidón, que a su vez creó el caballo de un golpe de su tridente.
[52] Laomedonte, rey de Troya, prometió a Heracles doce de sus mejores caballos si libraba a su hija Hesíone de un monstruo marino que Poseidón había suscitado contra Troya en venganza de la mala fe de su rey, pues este había pactado con él y con Apolo que les daría cierto salario si edificaban las murallas de Troya, y faltó después a su promesa villanamente. Heracles, en efecto, libró a Hesíone de la muerte; pero Laomedonte tampoco cumplió su palabra. El hijo de Alcmena tomó entonces a Troya y mató a Laomedonte y a todos sus hijos, excepto a Príamo, a quien colocó en el trono.
[53] Estos caballos, tan codiciados de Heracles, fueron presente de Zeus para consolar a Laomedonte de la pérdida de Ganimedes, a quien Zeus robó transformado en águila para que sirviese de copero en el Olimpo en lugar de Hebe.
[54] Este amante de la Aurora era Titono, hijo de Laomedonte, de extraordinaria belleza, y padre de Memnón el egipcio y de Ematión. Su amada obtuvo de Zeus que le concediese la inmortalidad; pero habiéndosele olvidado pedir también para él juventud perpetua, llegó a ser tan viejo que la Aurora lo convirtió en cigarra, sin duda porque esta la saluda al aparecer en el horizonte.
[55] El filósofo es el que habla, no Hécuba. Sin duda estas palabras aluden al sistema astronómico de los torbellinos, que se arrastran unos a otros, y a la doctrina de Anaxágoras, su maestro, que enseñaba la existencia de un ser supremo, ya se le llamase Zeus, ya se le diese otro cualquier nombre. Eurípides no se contenta con poner en boca de Hécuba esta invocación insólita, y por si pasa desapercibida, le pregunta a continuación Menelao cuál es la causa de dirigir a los dioses preces inauditas, sin duda para llamar la atención hacia ellas. Por lo demás, calificar la existencia de Zeus, del pater hominum atque deorum, de pura invención humana es una verdadera impiedad, supuestas aquellas creencias.
[56] Hécuba, cuando llevaba a Paris en sus entrañas, soñó que daba a luz una antorcha encendida que devoraba su palacio.
[57] Paris o Alejandro, después que fue reconocido como hijo de Príamo, fue de embajador a Esparta, en donde reinaba Menelao, casado ya con Helena, a pedir su tía Hesíone, robada, como hemos dicho antes, por Heracles, que la dio en premio de su ayuda a Telamón. Menelao se ausentó entonces, dejándolos solos, y se embarcó para Creta a recoger la herencia de Creteo, su abuelo materno, rey de aquella isla.
[58] Uno de los hijos de Príamo.
[59] Amiclas, llamada también Táigete, ciudad del Peloponeso, próxima a Esparta, al pie del Taigeto, célebre por haber nacido en ella Cástor y Pólux, y por sus excelentes perros. Virgilio en el lib. III, Georg., dice así:
Armaque Amycleumque canem, Cressamque pharetram.
[60] Afrodita se llama en griego Ἀφροδίτη, y la locura, la falta de prudencia, ἀφροσύνης. Se ve fácilmente que es la misma la raíz de ambas voces.
[61] Eurípides, como hace nuestro Calderón con Semíramis y otros personajes antiquísimos, habla de ellos y de sus pueblos como si fuesen de su tiempo; y así como Troya simboliza el lujo y la molicie asiática, así también supone que la Esparta de Menelao era igual a la de su época; esto es, pobre y poco amante de placeres.
[62] Ambos fueron hermanos de Helena y famosos luchadores y marinos. Como Pólux solo era inmortal, porque su padre fue Zeus, y Tindáreo el de su hermano, rogó a su padre que concediese la inmortalidad a Cástor o se la quitase a él, y Zeus le otorgó que viviese uno de ellos mientras el otro habitaba en los infiernos. Por eso dice Virgilio:
Si fratrem, Pollux alterna morte redemit
Itque reditque viam toties.
Al fin fueron convertidos en astros, y forman el signo de Géminis.
[63] Porque entre los bárbaros, no entre los griegos, los reyes y grandes personajes eran adorados a la usanza oriental.
[64] El texto griego dice terminantemente:
τί δ᾽ ἔστι; μεῖζον βρῖθος ἢ πάροιθ᾽ ἔχει;
Su verdadera traducción es, pues, la nuestra, por más que nos haga reír y nos parezca más propia de comedia que de tragedia. Lo ridículo no tanto es aquí lo que dice Menelao, que sospecha si Helena estará encinta, cuanto su sorpresa y el susto que lleva.
[65] M. Artaud, II, pág. 143, cita muy oportunamente estas palabras de Pomponio Mela: «El monte Ida, al salir el sol, ofrece aspecto muy diferente del que tiene en otras horas: cuando se mira desde su cumbre hacia la madrugada, se observan ciertas llamas que se cruzan y desaparecen; y a medida que viene el día, parece que se acercan y confunden.» Lo mismo sucedía en el Olimpo, y de aquí, sin duda, que supusieran los paganos que uno y otro eran residencia de los dioses. Hoy se explica esto por las auroras boreales.
[66] Porque los frigios celebraban en los plenilunios alegres fiestas.
[67] Todavía existen restos de estas construcciones ciclópeas. (Véase a Batissier, Histoire de l’art monumental).
[68] El coro habla del istmo de Corinto.
[69] Los espejos de los antiguos eran circulares, con mango, o cuadrados como los nuestros, aunque jamás los fijasen en ningún otro mueble. En un principio se hacían de metal blanco formado de una aligación de cobre y estaño (Plinio, Η. N., XXXIII, 45) y después de plata. Se pulimentaba su superficie, y se conservaba este pulimento con polvos de piedra pómez, que se pasaban por él por medio de una esponja atada al marco con un pequeño cordón.
[70] Hubo varias ciudades llamadas así en la Tróade, en Macedonia, en la Misia y en la Laconia, a orillas del Eurotas. Eurípides habla de esta última.
[71] El templo de Atenea Calcieco.
[72] Acasto, hijo de Pelias y de Anaxibia, fue rey de Yolco, en donde se refugió Peleo huyendo de la venganza de los parientes de su suegro, a quien mató involuntariamente en la caza del jabalí de Calidón. Enamorose de él la mujer de Acasto, y enfurecida de su castidad, engañó a su esposo como la mujer de Putifar, haciéndole creer que había intentado violarla. Acasto desterró de su reino a Peleo, y cargándolo de cadenas, lo dejó abandonado en los montes. Tal es la versión de los mitólogos. Sin embargo, o este mito no es bien conocido, o la tradición a que alude Eurípides diverge de aquel. En efecto, cuando Aquiles había muerto y su hijo Neoptólemo era hombre, puesto que se trata de una época posterior al sitio de Troya, cuando Neoptólemo se había desposado con Andrómaca, no debía estar Peleo, ya viejo, en disposición de inspirar a las mujeres pasiones tan violentas.
[73] Como trofeo de Aquiles, padre de Neoptólemo.
[74] La mayor ignominia que se podía sufrir entre griegos y romanos, era la de quedar insepulto. Así nos lo dice Vegecio, y así es de presumir, no solo por lo que Homero nos cuenta al principio de La Ilíada, en donde mira como una de las mayores desdichas de los aqueos la de no ser sepultados a causa de la peste, sino también por el cuidado que muestran los trágicos, así Esquilo como Sófocles y Eurípides, de no omitir nunca esta importantísima o imprescindible ceremonia. Cuando amenazaba algún naufragio, los que poseían riquezas solían atárselas a la cintura con una inscripción en que manifestaban su voluntad de cederlas al que los encontrase, siempre que enterraran su cadáver. Entre los cristianos, a pesar de recomendarse como obra de misericordia el enterrar los muertos, no se le da esa importancia, y los héroes de nuestros teatros mueren, y después el poeta se guarda bien de decir si son o no sepultados, lo cual nunca omitían los griegos. En nuestro concepto esta diferencia proviene de que para nosotros el cuerpo es polvo vil y despreciable, y el alma, inmortal, riquísimo oro de Ofir. Todo cambia en este mundo, y especialmente las costumbres que se fundan en determinadas creencias, pues faltando o variando estas, faltan o varían aquellas.
[75] El buen sentido de Eurípides le hace pensar en este punto como piensan los cristianos más cuerdos, y es muy de extrañar en un pagano. Y sin embargo, podría pasar entre ellos, que no tenían de la otra vida la idea que nosotros, careciendo de las luces de la revelación; pero es inconcebible que los que preconizan las excelencias de la caridad, mirándola como una de las principales virtudes, gasten en suntuosos funerales lo que bastaría para hacer la felicidad de muchas familias desgraciadas y virtuosas.
[76] Llama Cronio a Zeus, porque fue hijo de Cronos y de Rea.
[77] Estas palabras se dirigen a Príamo.
[78] La conclusión de esta tragedia con el incendio de Troya y su ruina, nos prueba que el arte escénico llegó entre los griegos a grande altura, o, por lo menos, que no se escaseaban los gastos en este género de espectáculos, puesto que como las tragedias se representaban de día y al aire libre, no podía haber entre ellos las imitaciones que entre nosotros, y era preciso hacer todo esto a lo vivo, o lo que es lo mismo, pegar fuego a la ciudad entera, que debía verse en lontananza.
[79] Anfitrión, rey de Tirinto, en la Argólida, hijo de Alceo, nieto de Perseo y esposo de Alcmena, hija de Electrión, rey de Micenas. Habiendo matado a su suegro en una disputa, huyó a Tebas, y mandó los ejércitos tebanos en diversas expediciones militares, que le hicieron célebre, si bien favorecieron los proyectos amorosos de Zeus, pues este, tomando su forma, visitó varias veces el lecho de su esposa. Alcmena dio a luz dos hijos: Heracles, que lo era de Zeus, e Ificles, de Anfitrión.
[80] De este Alceo, rey de Tirinto, tomó Heracles el nombre de Alcides.
[81] Perseo, hijo de Dánae y de Zeus, que, transformado en lluvia de oro, penetró en su palacio y la sedujo. Sabedor Acrisio de la deshonra de su hija Dánae, la arrojó a las olas con su hijo, y fueron llevados por ellas a Serifos, en donde su rey Polidectes los socorrió. Ya hombre, Perseo libró a su madre de la brutal lujuria de su protector, venció a las Gorgonas y cortó la cabeza de Medusa, de cuya sangre nació el caballo alado Pegaso. Montado en él libró a Andrómeda de un monstruo marino, y se casó con ella. Mató involuntariamente con el disco a su abuelo Acrisio, le sucedió en el trono de Argos, y fue padre de Esténelo y de Electrión.
[82] Ya en Las Fenicias hemos hablado de este dragón y de los hijos de sus dientes, así como de Creonte, hijo de Meneceo.
[83] Este Euristeo es el famoso hijo de Esténelo, rey de Micenas, a quien obedeció siempre Heracles por haber nacido algunas horas después. Por su orden ejecutó sus famosos trabajos.
[84] El Ténaro era un promontorio de la Laconia en su costa SO, a cuyo pie se veía una caverna que despedía vapores mefíticos, por lo cual se le miraba como la entrada de los infiernos.
[85] Sobre Dirce y Anfión y Zeto, véase Las Fenicias.
[86] Habla irónicamente.
[87] Minias, nombre común a los habitantes de Yolco, en la Tesalia, y a los de Orcómeno, en Beocia. Anfitrión alude a estos últimos, a quienes venció Heracles, libertando a los tebanos de la obligación de pagarles cierto tributo.
[88] Los tafios o teléboas habitaban en las pequeñas islas del mismo nombre, entre la Acaya y Léucade, llamados así de Tafio y Teleboas, hijos de Poseidón, que reinaron en ellas. Fueron famosos piratas, vencidos por Anfitrión y los tebanos, por haber dado muerto a los hermanos de su esposa Alcmena.
[89] El coro alude a los hijos de Heracles.
[90] La famosa hidra de Lerna tenía un cuerpo con cien cuellos, rematando en otras tantas cabezas, que renacían duplicadas al cortarse. Cuando Heracles combatió con ella, y a fin de evitar esta funesta reproducción, empleó a su escudero Yolao en cauterizar las heridas que le hacía. Heracles mojó en la sangre sus flechas, que desde entonces fueron mortales.
[91] El león de Nemea era de monstruoso tamaño, y no se le podía herir ni con el hierro, ni con el bronce, ni con las piedras, y, por consiguiente, era necesario luchar con él a brazo partido. Escondíase en el monte Tretos, y desde su guarida devastaba todo el territorio comprendido entre Micenas y Nemea. Heracles lo persiguió, cerró la entrada de la caverna en donde habitaba, y lo ahogó en sus robustos brazos, llevando desde entonces consigo como un trofeo su hermosa y grande piel.
[92] En la guerra de los dioses y de los gigantes, junto a Palene, Heracles fue terrible auxiliar de los primeros.
[93] La guerra de Heracles y de los centauros fue de esta manera: un centauro, llamado Folo, que daba hospitalidad a Heracles, quiso obsequiarlo espléndidamente y para ello destapó un tonel de vino tan añejo como exquisito, cuyo aroma atrajo a la casa de Folo a todos los demás centauros, que a toda costa querían beber de él, oponiéndose Heracles y su huésped. Este se retiró al fin, y dejó al héroe con sus enemigos, trabándose al fin la batalla entre uno y otros, y siendo vencidos los segundos, a pesar del socorro que les dio su madre Néfele (nube).
[94] Foloe, monte de la Tesalia, próximo al Otris, en donde Heracles peleó con los centauros. Sid. en el Paneg. de Mayor., dice así:
... non sic Pholoetica monstra
Atque Pelethronios Lapithas semelejus Evan...
[95] Monte de la Eubea, llamada antiguamente Abántida, o país de los abantes. Homero nunca la denomina Eubea.
[96] Los abantes, valientes y belicosos, fueron un pueblo originario de Tracia que se estableció en la Eubea.
[97] Estos límites atlánticos son las columnas de Heracles, o estrecho de Gibraltar, la última tierra conocida de los griegos hacia el occidente. Así, cuando hablan de los límites atlánticos, es como cuando nosotros lo hacemos del Polo.
[98] Helicón, famoso monte de la Beocia, muy celebrado por los poetas.
Ovidio en sus Metam., lib. II, dice así:
Virgineusque Helicon et nondum Oeagrius Haemus.
Y Estacio en su Tebaid., lib. VII:
Horrent Tyrrhenos Heliconia plectra tumultus.
[99] El Parnaso, monte de la Fócida, consagrado a las musas, cuyas dos cumbres se llamaban Cirra y Nisa, según Juvenal y Lactancio. Virgilio en sus Georg., lib. III, dice así:
Sed me Parnassi decerta per ardua dulcis raptat amor.
[100] Estas palabras del coro y las anteriores que Lico le dirige, parecen indicar que existían entre los tebanos dos distintos partidos, en uno de los cuales dominaban los ancianos, enemigos de Lico, y en el otro los jóvenes, sus favorecedores. Eurípides retrata así al vivo la situación especial de aquellas ciudades griegas, dominadas por facciones, ya para hacer resaltar los inconvenientes de los partidos políticos cuando el patriotismo no los contiene en ciertos límites, ya la tendencia natural que se observa en los ancianos a conservar lo antiguo, opuesta a la de los jóvenes, irreflexivos y ávidos de novedades.
[101] Eurípides, en boca de Mégara, habla como filósofo que rechaza los mitos y tradiciones, no como griego que les da crédito. Orfeo, antes que Heracles, bajó a los infiernos y volvió de ellos, y después Heracles y Odiseo, y entre los romanos Eneas, supuesto fundador de su ciudad.
[102] Aquí tenemos el fatalismo oriental, que lleva al hombre a la inercia y al aniquilamiento de su ser, aunque bajo otro aspecto pueda también inspirarle la indiferencia ante el peligro.
[103] Allá va esa tirada filosófica, que parece de Voltaire, nada propia, en verdad, de un espectáculo esencialmente religioso. Sin embargo, ahora al menos no está de todo punto injustificada, atendida la situación especial de Anfitrión y de sus nietos. Tampoco se puede negar que lo frecuente en tales casos es renegar de los poderes sobrenaturales, lo que por desgracia así sucede entre los gentiles como entre los cristianos, siendo de observar que semejantes impiedades prueban siempre lo que está muy lejos de pensar el que las profiere: la existencia de Dios o de los dioses.
[104] El plectro (en griego πλῆκτρον, de πλήσσω, hiero) era un pedacito de madera o de pluma, que servía para tocar la cítara. En el Vaticano se conserva un antiguo fresco de Pompeya, en el cual vemos una joven que toca la lira con su mano izquierda, y con la derecha hace vibrar las cuerdas con el plectro.
[105] Los centauros fueron hijos de Ixión y de una nube, que tomó la forma de Hera. En La Ilíada de Homero, como hemos dicho antes, los que luchan con los centauros son los lapitas y su rey Pirítoo, ayudado de Teseo, no de Heracles.
[106] Famoso río de la Tesalia, que nacía en los confines de la Macedonia, corriendo entre el Olimpo y el Osa, y el célebre valle de Tempe. Desembocaba en el golfo Termaico, y se le miraba como a padre de Dafne, porque el laurel (δάφνη) abunda en sus orillas.
[107] El Pelión es un monte de la Tesalia, en la Magnesia, al S, especie de prolongación del Olimpo, que formaba un cabo. Fue obra de los gigantes para escalar el cielo.
[108] Hómola, monte de Tesalia, inmediato al Olimpo.
[109] Esta cierva de cuernos de oro habitaba en la Acaya y en Énoe (Argos). Uno de los trabajos de Heracles fue apoderarse de ella, y lo consiguió al cabo de un año, según unos aprisionándola en una red, según otros sorprendiéndola de noche, y según Eurípides matándola con sus flechas. Como su muerte no agradó a Artemisa, que se veneraba en Énoe, la aplacó ofreciéndosela en don.
[110] Diomedes, hijo de Ares, rey de la Bistonia (Tracia), tenía caballos antropófagos, de los cuales se apoderó Heracles, matando a su dueño y a los que los guardaban, y derrotando a los bistonios.
[111] Hebro, río de la Tracia que sale de los montes Ródope, corre primero hacia el E, después hacia el S, y desagua en el mar Egeo.
[112] Anauro, río de la Tesalia.
[113] Cicno, hijo de Ares, que residía en Anfanas, ciudad situada en la parte meridional de la Tesalia, cerca de Traquinia, ya en los confines de la Lócrida. Cicno era un bandido como Sinis y Escirón, que murieron a manos de Teseo. (V. el Hipólito).
[114] Atlas, hijo de Jápeto y de Clímene, y rey de la Mauritania, fue transformado en montaña por haber hecho la guerra contra los dioses en favor de los gigantes. Se cree que la fábula de que sostenía el cielo con los hombros proviene de sus conocimientos astronómicos, o de que, mirando los gentiles al monte Atlas como al más alto de la tierra, que tocaba al cielo, supusieron que lo sostenía. Heracles lo sustituyó en esta penosa tarea por algún tiempo.
[115] Mujeres guerreras que habitaban a las orillas del Termodonte, y que, según se dice, extendieron sus conquistas hasta las fronteras de la Asiria y del Tanais, y fundaron a Éfeso, Esmirna y Magnesia. Fueron vencidas por Heracles.
[116] La laguna Meótide, hoy mar de Azov, al N del Ponto Euxino, con el cual comunicaba por el Bósforo cimerio. El río más caudaloso que desagua un ella es el Tanais o Don.
[117] Este vestido de oro y este famoso tahalí estaban en poder de las amazonas y de su reina Hipólita, y fueron un presente de Ares, dios de la guerra. Acompañaron a Heracles muchos griegos, y su expedición es muy parecida a la de los argonautas.
[118] Gerión, hijo de Crisaor y de Calírroe, y rey de la Eritea o de las Baleares, gigante robustísimo de tres cuerpos, poseía grandes rebaños de bueyes, que alimentaba con carne humana. Guardábalos además un perro de dos cabezas y un dragón de siete. Heracles lo mató y se apoderó de sus bueyes. Diodoro de Sicilia enumera en este orden los trabajos de Heracles: 1.º, el león de Nemea; 2.º, la hidra de Lerna; 3.º, el jabalí de Erimanto; 4.º, la cierva de cuernos de oro; 5.º, las aves de la laguna Estinfalia; 6.º, los establos de Augías; 7.º, el toro de Creta; 8.º, los caballos de Diomedes; 9.º, las amazonas; 10, Gerión; 11, el cancerbero; 12, las Hespérides y Atlas. Eurípides ha omitido algunos y trastornado el orden en que los ejecutara, según convenía a su propósito.
[119] Otros dicen que Heracles recibió la clava de Hefesto, en recompensa de los servicios que prestó a los dioses en la guerra de los gigantes.
[120] Máxima epicúrea y doctrina moral filosófica, muy del gusto del vate de Canossa. Sin embargo, examinándolas sin pasión, podemos decir que no es tan perjudicial como a primera vista parece, porque la tristeza y la falta de salud, que tanto amargan la vida, suelen ser hijas de los excesos, los cuales deben evitarse, con arreglo a esta doctrina. Entre el ascetismo y estos principios no hay otra diferencia sino que, predicando el primero, no es tan fácil que sus prosélitos incurran en la exageración, al paso que las máximas epicúreas son resbaladizas de suyo.
[121] Zeus Salvador, Ζεὺς Σωτήρ, una de sus infinitas advocaciones. Según leemos en Pausanias, se veía en Tespias una estatua de bronce de este dios, que se le había consagrado por libertar a dicha ciudad de un terrible dragón. Tenía un templo en Argos, otro en Trecén, otro en Mantinea y otro en Megalópolis.
[122] Irónicamente.
[123] Conocida es la veneración que en Grecia y Roma se mostró a los ancianos. Aulo Gelio, II, 15, dice así: Apud antiquissimos Romanorum neque generi neque pecuniæ præstantior honos tribui quam ætati solitus : majoresque natu a minoribus colebantur ad deum prope et parentum vicem : atque in omni loco, inque omni specie honoris priores potioresque habiti : a convivio quoque, ut scriptum est in antiquitatibus, seniores a minoribus domum deducebantur : eumque mores accepisse Romanos a Lacedæmoniis traditum est : apud quos Lycurgi legibus major omnium rerum honos majori ætati habebatur.
Juvenal en la sát. XIII, 54, dice también:
Credebant hoc grande nefas, et morte piandum,
Si juvenis vetulo non adsurrexerat, et si
Barbato cuiqumque puer, licet ipse videret,
Plura domi farra, et majoris glandis acerbos.
[124] Elocuente testimonio de que nada hay nuevo en la tierra, cuando hace tantos años los revolucionarios obedecían a móviles interesados y egoístas, como ahora sucede con frecuencia. Y, en efecto, el hombre es siempre el mismo, y las mismas sus debilidades y pasiones.
[125] Los eruditos no están de acuerdo en este punto, y unos piensan que Heracles fue iniciado en los misterios de Eleusis antes de bajar a los infiernos, y otros que Eurípides, como Aristófanes en Las Ranas, habla de misterios infernales. Acaso los primeros fuesen necesarios para ser iniciados en los segundos, o que Eurípides hable en sentido figurado.
[126] Hermíone era una ciudad edificada en la misma península en que estaba Trecén, en la costa SE, a la falda del monte Pron. (Pausanias, II, c. 35, pág. 191). Después dice así este autor: «Es digno de verse el templo de Deméter, situado en la cima del Pron, construido por Clímeno, hijo de Foroneo, y por su hermana Ctonia... Detrás del templo hay dos explanadas, que se denominan de Hades y de Clímeno, y después la laguna Aquerusia, cercada de un muro de piedra. En la explanada de Clímeno hay una sima por la cual sacó Heracles al Cancerbero, según cuentan los habitantes de Hermíone».
[127] De buen grado sonreímos observando el placer de los héroes de la antigüedad cuando se ven libres del infierno. Natural era, en efecto, que así sucediese, porque, entre otras cosas, eran muy amantes del sol y de la luz, y en el palacio y en el reino de Hades se vivía en las tinieblas.
[128] Horacio, en su De Arte Poet. (169-175), dice a este propósito:
Multa senen circumveniunt incommoda, vel quod
Quærit, et inventis miser abstinet, ac timet uti;
Vel quod res omnis timide, gelideque ministrat;
Dilator, spe longus, iners, avidusque futuri,
Difficilis, querulus, laudator temporis acti
Se puero, censor, castigatorque minorum.
[129] Mnemósine, hija de Urano. Enamorose de ella Zeus, y de estos amores nacieron las nueve musas, llamadas también piérides, porque vieron la luz en el monte Piero. Mnemósine era la Memoria. Eurípides dice en otra tragedia que la madre de las musas fue Harmonía, la esposa de Cadmo.
[130] Delos, una de las Cícladas, en donde Leto, perseguida por mar y tierra por la celosa Hera, dio a luz a Artemisa y Apolo. Poseidón se apiadó de ella e hizo brotar a Delos del seno de los mares.
[131] Esta fábula del canto del cisne antes de morir, tan en boga hace muchos siglos, es una pura ficción de los poetas, porque nunca canta. Su voz, como la de todos los palmípedos, es áspera y desagradable.
[132] El texto griego dice terminantemente ὄλβου κελαινὸν ἅρμα, el negro carro de la felicidad. El epíteto κελαινόν parece impropio a primera vista, porque debiera ser lo contrario; pero en nuestro concepto no lo es, porque el poeta, al llamarle κελαινόν, negro, horrible, sombrío, no se refiere al color o aspecto del carro antes de romperse, sino después de roto, y ya desde entonces debe serlo así para el que lo poseyó.
[133] Coronábanse los griegos y usaban guirnaldas de flores en sus fiestas, danzando y cantando en coros, a semejanza de los que formaban las ninfas y las musas. Por esta razón los ancianos invitan a las de los parajes vecinos más famosos a compartir su alegría. El Asopo era un río de la Beocia, hijo del Océano y de Tetis, que tuvo veinte hijas y dos hijos; el Ismeno, otro río que corría cerca de Tebas. Las rocas de Apolo son las de su templo de Delfos, o el Parnaso con sus dos cumbres.
[134] Iris, hija del centauro Taumante y de Electra, mensajera de los dioses, y especialmente de Hera, que la transformó en el arco llamado Iris, llevándola al cielo. La Locura es un ser alegórico.
[135] La celosa Hera, perseguidora incansable de las amadas de su celestial esposo, no ofendió a Heracles, hijo de Zeus y de Alcmena, mientras obedeció las órdenes de Euristeo, esperando que perecería en alguna de sus arriesgadas empresas. Ahora que se ha salvado de todas y ganado inmensa gloria, firme en su propósito de perderlo, trama su ruina y la de toda su estirpe.
[136] Cuando leemos estas palabras que Eurípides pone en boca de la Locura, nos parece que asistimos a la representación de los dramas religiosos que tan en boga estuvieron en otro tiempo. En el Prometeo encadenado, de Esquilo, aparecen también la Fuerza y la Violencia. Así es que los griegos son muy dignos de estudio, porque entre ellos encontramos en germen todas las invenciones dramáticas de los tiempos posteriores. Y esto que afirmamos de un género literario, es extensivo a todos los demás, como sucede también en la Filosofía y en la Política, pues que muchas ideas nuevas, o que pasan por tales en ambas esferas, fueron ya conocidas entre ellos.
[137] Las Gorgonas eran hijas de Forcis y Ceto, y se llamaban Esteno, Euríale y Medusa. Habitaban cerca del jardín de las Hespérides, y su aspecto era tan horroroso que convertían en piedras a los que las miraban. Perseo las mató con ayuda de Atenea, y esta, en trofeo de su victoria, puso la cabeza de Medusa en su égida.
[138] El tímpano y el tirso eran instrumentos de que usaban los gentiles en las fiestas de Dioniso. El primero era exactamente igual a nuestros panderos o panderetas, adornados también con cascabeles, y se tocaba con la mano o con un pedacito de madera. El tirso era un palo largo en cuya extremidad se sujetaba una piña u hojas de yedra o de parra, formando ramillete.
[139] Encélado, terrible gigante, hijo del Tártaro y de la Tierra, vencido por Atenea en la guerra de los titanes y los dioses. Zeus lo sepultó en las entrañas del Etna, y cuando se revuelve tiembla la Sicilia. Es el mismo de quien nuestro Herrera dice en su oda A don Juan de Austria:
Cuando con resonante
Rayo y furor del brazo impetuoso.
A Encélado arrogante
Júpiter poderoso
Despeñó airado en Etna cavernoso.
[140] Siempre que se derramaba sangre humana creían los griegos que se manchaba el que la tocaba y el lugar en que se vertía, y, por consiguiente, era preciso purificarlo, ya haciendo un sacrificio, ya fumigaciones religiosas. En el primer caso, todos los asistentes rodeaban el altar, y un esclavo, llevando el cesto donde se guardaba el cuchillo del sacrificio, la ceniza y las coronas, daba una vuelta alrededor, de izquierda a derecha. El sacrificador entonces imponía silencio (en latín favete linguis) y, cogiendo un trozo de leña encendido, lo sumergía en el agua lustral, y rociaba con ella a los circunstantes. Este agua servía después a todos, y se llevaba con el cesto y la ceniza en torno del ara. Seguía a esto la oración, después la consagración de la víctima, poniéndole ceniza en la frente y arrojando al fuego parte de su lana o crin, y por último, el sacrificio.
[141] Mégara. Niso, hijo de Pandión, tenía entre sus cabellos uno color de púrpura, de cuya existencia dependía la conservación de su reino. Cuando Minos, rey de Creta, puso sitio a Mégara, Escila, hija de Niso, enamorada del sitiador, cortó el cabello purpúreo de su padre y lo dio a Minos, que se apoderó de la ciudad y desdeñó a la traidora doncella. Los dioses convirtieron a Niso en gavilán y a Escila en alondra.
[142] Las cuarenta y nueve hijas de Dánao, que degollaron a sus esposos la noche de bodas. (V. Las Fenicias).
[143] Procne, hija de Pandión, rey de Atenas, se casó con Tereo, rey de Tracia, y tuvo un hijo llamado Itis. Su esposo violó a Filomela, su cuñada, arrancándole después la lengua para que no lo supiese Procne. Esta precaución bárbara fue inútil, sin embargo, porque lo supo la agraviada esposa. Para vengarse mató a Itis, sirviéndoselo a su marido en un festín. Los dioses convirtieron a Procne en golondrina, a Filomela en ruiseñor y a Tereo en abubilla.
[144] Indudablemente debieron formar un cuadro trágico por excelencia los cadáveres de los hijos de Heracles no lejos de su padre, entregado al sueño y sujeto con cuerdas a una columna, el mísero Anfitrión y el coro de ancianos. No sabemos que en ninguna de las obras que tratan de la literatura dramática griega se haya llamado la atención hacia esta tendencia artística de los griegos, que hoy se denomina plástica, y que está tan en consonancia con sus ideas y costumbres.
[145] Este símil de la nave es muy frecuente en Eurípides, y podríamos indicar muchos pasajes de sus tragedias en que se repite casi en los mismos términos. Sabido es que los atenienses eran un pueblo muy dado a la navegación y al comercio y la primera potencia marítima de la Grecia, y que sus comparaciones habían de ser análogas a sus costumbres.
[146] Esta sobriedad que muestran los griegos en sus composiciones dramáticas es muy notable en más de un concepto, porque nos revela su depurado gusto en tales materias. Heracles despierta poco a poco, y al pronto no conoce a sus hijos, atento solo a las palabras de Anfitrión, que lo prepara antes de oír la horrible nueva. Otro poeta no lo hubiera hecho así: Heracles despertaría de repente, reconocería a sus hijos, y atado a la columna daría voces y horribles lamentos.
[147] Todos los héroes y heroínas de la antigüedad pagana, así los griegos como los romanos, apelan al suicidio cuando la desesperación los agobia, y especialmente cuando la vergüenza los mueve. Áyax en Sófocles, Fedra en Eurípides, y los ilustres suicidas romanos, prueban todos a una que lo que nosotros miramos como un crimen, casi era para ellos una virtud. Recuérdese que en los distintos poemas en que los héroes descienden a los infiernos, nunca se hace mención de la pena que sufren los suicidas. Esto debe atribuirse, en nuestro juicio, a sus ideas religiosas, porque el arrepentimiento no era entre ellos una de las más estimables virtudes, y a sus nociones confusas de los premios y castigos de la otra vida, y en parte también a su amor exclusivo a la patria, pues fuera de ella no esperaban gloria ni salud, y a cierto deseo del renombre que les daba su muerte.
[148] Teseo y Heracles eran primos segundos, porque Etra, madre del primero, fue hija de Piteo, y Alcmena, madre del segundo, de Lisídice, y Piteo y Lisídice, hijos de Pélope e Hipodamía.
[149] M. Artaud, en sus notas a esta tragedia, II, 430, dice así: Ce dialogue entre Amphytrion et Thésée est un chant lyrique: il est probable que les paroles de Thésée font allusion au mode lugubre sur lequel Amphytrion a entonné son chant. Parécenos, sin embargo, que se equivoca este ilustrado traductor de Eurípides, porque ni el metro nos autoriza a pensar que exista tal canto lírico, ni hay necesidad de semejante hipótesis para explicar las palabras de Teseo. Basta el tono con que se pronuncian las palabras, y el gesto y expresión, para indicar el afecto que domina a quien habla, ya de tristeza, de alegría o de otra pasión cualquiera.
[150] Otra vez nos vemos obligados a citar a M. Artaud, y no para alabarlo, como quisiéramos y como lo hemos hecho otras veces. El texto vulgar griego dice así:
Μαινομένῳ πιτύλῳ πλαγχθεὶς,
ἑκατογκεφάλου βαφαῖς ὕδρας.
(Furioso stimulo agitatus, venenis hydræ centipitis). Su traducción por el escritor citado es la siguiente: C’est dans l’égarement de sa fureur, causé par les poisons de l’hydre aux cent têtes. Esta versión, demasiado literal, no expresa el pensamiento del poeta, porque el sentido es absurdo. De la tragedia se desprende claramente que la locura de Heracles es obra de la vengativa y celosa Hera, nunca del veneno de la hidra de Lerna. Tampoco puede deducirse así de la tradición mitológica, porque a dicho veneno no se le atribuye más virtud que la de matar a aquellos a quienes hería la flecha empapada en él. Nosotros creemos que la respuesta de Anfitrión comprende dos partes, que es preciso entender de distinta manera: la primera, Μαινομένῳ πιτύλῳ πλαγχθεὶς, furioso stimulo agitatus, se refiere a Heracles, y la segunda, ἑκατογκεφάλου βαφαῖς ὕδρας, venenis hydræ centipitis, es la contestación a la pregunta de Teseo: δράσας.
[151] En estos campos de Flegra, cerca de Cumas, se dio la batalla entre los dioses y los gigantes. Llamáronse así porque abundaba en ellos el azufre, y porque se ven llamas, que provienen de la combustión natural de esta sustancia.
[152] Cuando Anfitrión traía los rebaños de bueyes de Electrión, padre de Alcmena, que habían robado los teléboas, lanzó su maza contra un buey que se había separado de sus compañeros, acertándole en los cuernos, y de rechazo, hirió en la cabeza a su suegro, dejándole muerto. Es necesario tener esto presente, y entender lo que dice Heracles de Anfitrión en el sentido de que, siendo desafortunado el tronco de un linaje no criminal, sus descendientes también lo son. De otra suerte no se comprendería que así tratase a su padre.
[153] Cuando su madre Alcmena vio las dos serpientes que amenazaban en la cuna a su hijo, entonces de ocho meses, comenzó a dar gritos horrorizada; pero Heracles se incorporó, y estrechándolas entre sus manos, ahogó a ambas.
[154] Este Tifón, dios egipcio, hermano de Osiris, aparece también en la mitología griega como el principal gigante que hizo la guerra a los dioses. Fue padre de Gerión y del Cancerbero, y yacía vencido por Zeus bajo el Etna o bajo la isla Inarime.
[155] Los homicidas sufrían por cierto tiempo la pena del destierro, y no volvían a su patria hasta después de haberse purificado. Cuando el muerto era pariente del asesino y habían de perseguirlo las Furias, todos estaban obligados a huirlo para no mancharse con su contacto.
[156] Todo esto parece rezar con Zeus, que se casó con su hermana Hera y cargó de cadenas a su padre Cronos por reinar en el cielo. Indudablemente este diálogo es un anacronismo, por razonable que nos parezca, pues Heracles y Teseo no hablaron nunca, o no debieron hablar así. Dedúcese de las frases osadas e irreligiosas de Eurípides, que oye un pueblo entero en una fiesta popular y consagrada al culto, cuáles debían ser las creencias del auditorio y la honda brecha que la filosofía había hecho en el politeísmo. Los dioses no solo cometen verdaderos crímenes, según afirma el poeta, sino que tal es su moralidad que ni aun se inquietan ni afligen por esto. No se puede decir más porque tales dioses ni podían ni debían ser adorados.
[157] Este es el complemento filosófico de lo dicho antes por Teseo acerca de los dioses. A la noción politeísta, desfigurada por los poetas y por la imaginación popular, cuya existencia combate Eurípides, sustituye esta otra idea más elevada de Dios, que revela sin ambages una nueva creencia. Probable parece que este trágico la aprendiera en la escuela de Anaxágoras, cuyas persecuciones provinieron principalmente de la osadía y entereza que desplegó atacando las preocupaciones religiosas populares, y defendiendo doctrinas monoteístas mucho más racionales y sensatas.
[158] Es muy bella esta despedida de Heracles, por la ternura que respira y por los sentimientos que expresa. No es posible negar que Eurípides, siempre que quiere, y cuando no lo arrastra su filosofismo o sus pretensiones oratorias, es incomparable en la pintura de afectos. Poseía a raudales ese raro e inapreciable don de sentir cierto orden de belleza moral que nace con el hombre y no puede adquirirse con el estudio.
[159] Por su candor, naturalidad y sencillez nos agradan estas palabras de Heracles y Teseo. Viendo este a su amigo agobiado por tan grandes calamidades, le recuerda sus gloriosas empresas e inolvidables trabajos, más bien para infundirle fortaleza que para humillarlo, y Heracles, algo picado por el recuerdo, lo reconviene de manera que le obliga a callarse.
[160] Vorlesungen über dramat. Kunst und Literatur, IX. pág. 161. La traducción francesa de esta obra notabilísima se ha agotado hace ya tiempo.
[161] Argos fue fundada por Ínaco hacia el año 2000 antes de J. C.
[162] El fenicio Ínaco, padre de Ío y de Egialeo, dio su nombre a este río de la Argólida (hoy Najo o Planizza), que corre de N a S, pasa por Argos y desagua en el golfo Argólico.
[163] Este rey, el último de Ilión y descendiente de Dárdano, fundador de su linaje, murió al pie del ara de Zeus Herceo, adonde se había refugiado, a manos de Pirro o Neoptólemo, hijo de Aquiles.
[164] El texto griego dice ὑψηλῶν δ᾽ ἐπὶ ναῶν, en los elevados templos, porque los de Zeus, Hera y Atenea, según Vitruvio, se edificaban generalmente en las eminencias. Adviértase que Hera era adorada generalmente en Argos, y que, como sucede entre nosotros, se depositaban en los edificios consagrados al culto los trofeos de los enemigos.
[165] De todos estos personajes hemos hablado ya en nuestras notas al Orestes.
[166] Este pretexto, como puede verse en el Agamenón de Esquilo, y más adelante en esta misma tragedia (versos 1010-1014), fue el sacrificio en Áulide de Ifigenia, hija de Clitemnestra y de Agamenón. En Esquilo se atribuye también a sus celos de Casandra, esclava hija de Príamo, que trajo de Troya.
[167] Electra pronuncia aparte estas palabras que encerramos en un paréntesis, porque de otra manera no se podría suponer que diga en ellas delante de su esposo que no lleva el cántaro en su cabeza obligada por la necesidad, y poco después lo contrario.
[168] Los griegos se rasuraban el cabello en señal de duelo, y lo ofrecían a los manes de sus parientes muertos, como hace aquí Orestes.
[169] El mesodo (en griego μεσῳδός) significa propiamente entrecanto. Era una especie de estribillo o canto corto que se halla entre las estrofas.
[170] Esquilo refiere en Las Euménides la muerte de Agamenón a su vuelta de Troya. Al salir del baño, su esposa Clitemnestra lo envolvió en una red, y ella y Egisto lo cosieron a puñaladas.
[171] El palio (φᾶρος, ἱμάτιον) era un paño grande de lana, cuadrado o cuadrilongo, que se sujetaba en la garganta o en el hombro con un broche. A veces era el único vestido que cubría el cuerpo; pero generalmente se ponía encima de la túnica. Se llevaba de distintas maneras, según el capricho de su dueño o la estación del año.
[172] En todas las casas había a la puerta una estatua de Febo, θυραῖος o ἀγυιεύς. (V. nuestra nota a Las Fenicias).
[173] Esto es, que varía de residencia, errando de una ciudad en otra, por lo cual es más triste su condición.
[174] De Orestes.
[175] En efecto, no se podía llevar más lejos la continencia, lo cual, si choca a nosotros, más extraño debía parecer a su auditorio, poco acostumbrado a la práctica de esa virtud. Así lo siente Eurípides, y de aquí sus esfuerzos para hacer más verosímil su singular ficción, hija solo de su deseo de no imitar en nada a Sófocles y Esquilo.
[176] Porque ni era su padre, ni la casó como debía, sino con la dañada intención de envilecerla.
[177] La malevolencia de Eurípides al bello sexo no puede ocultarse, porque, ansioso de ofenderlo, no teme faltar a la verdad. Ordinariamente sucede lo contrario.
[178] Estas frases bárbaras y desnaturalizadas, y en boca de una virgen como Electra, de regia estirpe o hija del ínclito Agamenón, nos repugnan hasta lo sumo. No cabe belleza de ningún género en este espectáculo, cuando hasta tal punto se atropellan los sentimientos naturales, y sabiendo sobre todo que el poeta no cree en la influencia del destino, ni el pueblo que lo escucha. Cualquiera diría que su objeto, más que revestir con los gratos colores de la poesía estas tradiciones populares, es hacerlas odiosas a toda costa.
[179] El texto griego dice así:
οὐ γὰρ οὐδ’ ἀζήμιον γνώμην ἐνεῖναι τοῖς σοφοῖς λίαν σοφήν.
La traducción de M. Artaud es la siguiente:
Une sagesse trop raffinée chez les sages n’est pas non plus sans dangers.
Hartung lo traduce de esta otra manera:
Ohne Schmerzen ist es nicht, Dass höhre Einsicht Menschen über andre hebt.
El pensamiento del autor parece ser, o que en igualdad de circunstancias el hombre más civilizado es más sensible que el inculto y el muy sabio más que el civilizado, o que el exceso de sabiduría tiene, entre otros inconvenientes, el de afectar más el alma, porque cuanto más sabio es el hombre mejor conoce la extensión y alcance de una desdicha.
[180] Las de oír a Electra.
[181] Electra alude aquí a su situación excepcional de ser casada y virgen, y a esto atribuye su aislamiento, pues siendo virgen no puede concurrir con ellas a las fiestas, porque no pasa por tal, ni tampoco con las matronas, porque su conciencia se lo impide, sabedora de su virginidad. Esta es también la causa de que huya de Cástor (hijo, como su madre, de Zeus y de Leda, que es mortal y dios de año en año), pues para él ya no es virgen, habiéndose casado con el colono.
[182] De molde viene aquí a Eurípides esta ocasión para disertar un poco sobre la nobleza, la virtud y el valor, aunque ni la situación de los personajes lo consienta ni lo exija, ni tal disertación aumente en lo más mínimo los quilates de la tragedia. Nuestra opinión en este particular es que deben mirarse como síntoma de decadencia literaria estos esfuerzos de los escritores en poner de relieve su persona o sus ideas siempre que se trate de una fábula (llámesele drama, epopeya o novela), en la cual, a ser posible, se debería suprimir hasta el recuerdo de su existencia.
[183] Según dice Pausanias, el Tanao es un río poco caudaloso que riega las fronteras de la Argólida y desagua en el golfo Tiríntico.
[184] Sabida es la fábula de Arión, el poeta músico griego, que se supone autor del ditirambo, su viaje a Italia con Periandro, rey de Corinto, su exposición de ser robado a la vuelta, codiciosos los marineros de las riquezas que traía, y el medio de que se valió para librarse de la muerte, tocando la lira y precipitándose al mar, en donde lo recogió un delfín, llevándolo ileso hasta el cabo Ténaro, en la Laconia.
[185] Estas famosas armas fueron un presente que Hefesto hizo a Aquiles, el hijo de Tetis, y la causa de la locura de Áyax cuando, a la muerte de su dueño, fueron adjudicadas a Odiseo.
[186] El Osa es un monte de la Tesalia, en la Magnesia, a lo largo del golfo Termaico, célebre porque en él habitaron los centauros, y por ser uno de los que levantaron los gigantes para escalar el cielo.
[187] Quirón, centauro, hijo de Cronos y de Fílira, gran cazador, médico y astrónomo famoso. Habitaba en el monte Pelión, en la Tesalia, y fue maestro de Heracles y de Odiseo. Herido por una flecha empapada en la sangre de la hidra de Lerna, murió y fue trasladado al cielo, en donde forma el signo de Sagitario.
[188] Maya, una de las Pléyades, hija de Atlas y de Pléyone, fue amada por Zeus, de quien tuvo a Hermes.
[189] Las Pléyades, cuyo nombre proviene, según unos, de su madre Pléyone, según otros del verbo griego πλέω (navego), porque transformadas en astros se muestran en la época más favorable a la navegación, fueron hijas de Atlas y de Pléyone, como queda dicho. Eran siete: Maya, Electra, Táigete, Astérope, Mérope, Alcíone y Celeno.
[190] Véase Las Fenicias. Esta presa era los caminantes, que llevaba en sus garras cuando no acertaban sus enigmas.
[191] La Quimera, hija de Tifón y de Equidna, tenía la cabeza de león, la cola de dragón y el cuerpo de cabra, y vomitaba llamas. Denominose también así un monte de la Licia, en donde, según se dice, hubo un volcán que dio origen a esta fábula. Murió a manos de Belerofonte, que la atacó montado en el caballo Pegaso.
[192] El pañuelo no era, sin duda, conocido de los antiguos griegos.
[193] La malignidad de Eurípides y su envidia a Esquilo aparecen claramente en esta crítica que hace de la Electra de aquel poeta. La semejanza que en ella encuentra esta heroína entre su cabello y sus huellas con las de su hermano le bastan para afirmar su proximidad y después reconocerlo. Pensamos, sin embargo, que no es esto tan pueril como se supone, y que Esquilo, habiendo trazado a valientes rasgos el carácter de Electra, doncella vehemente, apasionada y cuya imaginación solo piensa en su padre y en Orestes, preocupada constantemente con la idea de su venganza, crea que el cabello y las huellas que ha visto junto al sepulcro de Agamenón pertenecen a su hermano. De todas maneras, ni al poeta ni a la composición conviene descender a estas críticas literarias, que rebajan la elevación necesaria en uno y otra.
[194] Esta invención de la señal o cicatriz de Orestes no tiene el mérito de la originalidad, porque es una imitación de la escena que leemos en el canto XIX de La Odisea, cuando la nodriza de Odiseo lo reconoce al lavarse, viendo la que le hizo el jabalí del Parnaso al visitar este héroe a Autólico y sus hijos.
[195] La palma (φοῖνιξ, phœnix dactylifera) símbolo de la victoria entre griegos y romanos, a causa de su mucha elasticidad y de la resistencia que opone al que intenta romperla. (Aulo Gel., III, 6). Dábase como premio a los atletas y conductores de carros que vencían a sus adversarios, como dice Horac., IV, 2: Sive quos Elea domum reducit palma cœlestes; y de aquí, por extensión, a todo el que triunfaba.
[196] Era costumbre de los griegos invitar al sacrificio a los caminantes o extranjeros que llegaban en el momento de celebrarlo, porque, como es sabido, los dioses solo saboreaban el humo que despedía la carne de las víctimas, y los sacrificadores la misma carne.
[197] Los gentiles, lo mismo que los hebreos, se purificaban con frecuencia, sobre todo en ciertos actos solemnes, simbolizando la pureza del alma o el deseo de adquirirla con la purificación del cuerpo. Entre los griegos, las paridas se purificaban a los diez días del parto, porque los nueve primeros son los de más peligro.
[198] Zeus fue padre de Tántalo, este de Pélope, Pélope de Atreo y Atreo de Agamenón, padre de Orestes y Electra.
[199] M. Artaud recuerda a este propósito que si Pan trajo esta cordera de vellón dorado, fue para vengar al cochero Mírtilo, a quien Pélope precipitó en la mar, porque uno y otro eran hijos de Hermes. Nosotros, en honor de la verdad, debemos decir que Apolodoro no hace a Pan hijo de Hermes, sino de Zeus, y que este es el padre que le dan los mitólogos. Dice así Apolod., Biblioth., cap. IV, pár. 2:
Ἀπόλλων δὲ τὴν μαντικὴν μαθὼν παρὰ Πανὸς τοῦ Διὸς καὶ Ὕβρεως
Para entender bien estos cantos del coro, es preciso recordar nuestras notas al Orestes, en donde se refieren las discordias de la casa de Pélope.
[200] Llamábase ágora, ἀγορά, la plaza pública de las ciudades griegas. Las más bellas y regulares, sobre todo las del Asia Menor, eran cuadradas; en la Hélade había muchas, cuya forma se ajustaba a la configuración del suelo; pero todas estaban rodeadas de pórticos, στοαί, compuestos de una o de dos filas de columnas, que terminaban en un terrado. Las antiguas ágoras no tenían pórticos continuos, sino que las atravesaban distintas calles. Tal era, entre otras, la plaza pública de Elis, descrita por Pausanias, l. VI, c. XXIV. En el ágora celebraba el pueblo sus asambleas; en ciertos casos, como en Megalópolis y en Atenas, una parte de los pórticos estaba dispuesta de tal manera que los magistrados podían administrar en ellos justicia. Dentro se elevaban los templos de muchas deidades, y altares y estatuas en honor de los dioses y de los ciudadanos que habían merecido bien de la patria. Algunos pórticos estaban decorados con pinturas, y en ese caso se llamaban poeciles, ποικίλια: eran verdaderos museos llenos de retratos de hombres ilustres, o conmemorativos de las hazañas más gloriosas de los ciudadanos. De estos monumentos no quedan ni en la Hélade ni en el Asia Menor sino restos incompletos. (Batissier, Histoire de l’art monumental, pág. 189).
[201] Amón, nombre de Zeus entre los pueblos de la Libia. Se le representaba de ordinario con cuernos de carnero. En los desiertos de la Libia tenía un celebérrimo templo, cuyos oráculos fueron muy famosos. Alejandro lo visitó, y corrompiendo a los sacerdotes, fue proclamado hijo del dios.
[202] Esto es, de Hades, el Zeus de las tinieblas, como el otro del cielo.
[203] Tal es el terror y la ansiedad de Electra que no reconoce a este mensajero, servidor de su hermano. Verdad es que nada tenía de extraño, pues solo lo había visto entre otros momentos antes, y cuando su ánimo, embargado por la alegría de ver a Orestes, no podía fijarse mucho en él.
[204] Alfeo (hoy Rufia), río de la Élide que nacía en la Arcadia, cerca de Megalópolis, pasaba por Herea, regaba las llanuras de Olimpia y de Pisa y desembocaba en el mar Jónico.
[205] Salsamola, harina de cebada tostada y espolvoreada de sal que se usaba en los sacrificios, y aun se ofrecía sola, y se esparcía sobre las víctimas. Compárese este sacrificio con el descrito en el Heracles furioso, advirtiendo que uno es propiciatorio y otro expiatorio.
[206] Este cuchillo dórico era grande, parecido al que usan nuestros carniceros para despedazar la carne. Hállase representado en muchos bajorrelieves de sepulcros, sobre todo en uno bellísimo de Pompeya.
[207] Los griegos medían a veces el tiempo ateniéndose al que se invertía en recorrer el estadio, ya por la frecuencia con que se celebraban entre ellos estos certámenes, ya para expresar con alguna novedad su pensamiento. Según Pausanias, la carrera a caballo del estadio era de dos diarcos, es decir, cuatro veces su longitud.
[208] No se sabe la diferencia que había entre el cuchillo dórico y el ftío, pero es de presumir que su distinta forma se adaptase a los dos diversos usos a que alude el poeta, y este último debía ser más pesado y fuerte que el primero.
[209] El Alfeo, como hemos dicho más arriba, pasaba por Olimpia, en donde se celebraban los famosos juegos. El anacronismo es evidente, pues los juegos comenzaron 775 años antes de Jesucristo, y la época en que se supone ocurrir la acción cae hacia el año 1180 antes de dicha Era.
[210] De su padre Estrofio el focidio.
[211] Este rencor inextinguible que Electra abriga contra Egisto hasta después de muerto, es repugnante e indigno de una doncella de su estirpe. Ni sus pasadas desdichas e intolerables agravios, ni su espíritu de venganza debían hallar satisfacción en proferir tales injurias contra un muerto. No obstante, el odio de la mujer, dado cierto carácter, es profundo y vehemente hasta el delirio, como lo probó Fulvia, la mujer de Antonio, atravesando con un punzón de oro la lengua de Tulio.
[212] Prosigue el poeta desenvolviendo en este diálogo el carácter de la virgen Electra, de la hija de Agamenón, descendiente de dioses, y en verdad que es poco feliz en esta parte, porque solo nos inspira el horror y el desprecio, y es infinitamente inferior a Esquilo, su odiado rival. La Electra de Esquilo es una especie de Medea, dominada como esta de un furibundo vértigo, ciega y desatentada, que asesina a su madre en uno de sus transportes. Esta, a pesar de los esfuerzos de Eurípides, nos parece fría, calculadora, egoísta, cruel e interesada, y, a nuestro juicio, como dijimos en el prólogo, una criminal tan despreciable como vulgar.
[213] Cástor y Pólux, los Dioscuros, hijos de Zeus, que eran para los marineros paganos lo que San Telmo para los nuestros, su protector y abogado.
[214] Ifigenia, la sacrificada en Áulide por Agamenón.
[215] Este largo discurso de Clitemnestra es ocioso e inoportuno, porque ni la ocasión es a propósito para pronunciarlo, ni lo exige el desarrollo del drama. Eurípides, sin embargo, a lo Voltaire, no pierde esta coyuntura de desahogar el odio que profesa a las mujeres y su animadversión a las tradiciones y héroes más venerandos, y examina con la impasibilidad de un filósofo las causas a que se atribuía el sitio de Troya y los sucesos que, como el sacrificio de Ifigenia, le precedieron.
[216] Casandra, la inspirada hija de Príamo, que, al finalizar el sitio de Troya, tocó en suerte a Agamenón, que la trajo consigo a su palacio. (V. el Agamenón, de Esquilo, y Las Troyanas, de Eurípides).
[217] Lo mismo que en Hécuba esta y Poliméstor defienden su causa ante su juez Agamenón, y en Orestes él y Tindáreo ante Menelao, así en esta tragedia Clitemnestra y Electra, madre e hija, atacan y defienden a su esposo y padre como si se hallasen en un juicio, lo cual prueba, o que el gusto del público había sufrido no poco detrimento, o que el poeta, recordándoles en sus tragedias espectáculos tomados de la vida real de los espectadores, buscaba por este medio atraerse sus simpatías con menoscabo de su fama y sin consideración alguna a la índole augusta y elevada de este linaje de composiciones, que nunca debía confundirse con la comedia.
[218] Dice bien Eurípides, porque la felicidad posible en la tierra no es hija de las riquezas ni de la nobleza, sino de la virtud y de la modestia. Ordinariamente, los que se casan con mujeres más ricas que ellos son esclavos, y los que lo hacen con nobles, si no lo son ellos, tenidos en poco, y una cosa y otra motivo continuo de disgustos. Creemos que fácilmente convendrán con nosotros los lectores en que una de las causas principales que contribuyen a la inmortalidad de ciertos poetas griegos y latinos es que sus sentencias son verdaderas y útiles casi siempre, interesantes a la vida humana y universales para todos los hombres y para todas las épocas y países. Muchas de ellas en su tiempo pudieron tener hasta el mérito de la novedad.
[219] Electra habla aquí irónicamente, porque sabe muy bien que no debe temerlo habiendo muerto a manos de Orestes.
[220] Esto es, los diez días, como Electra había dicho antes.
[221] Estos grandes golpes de efecto, estas escenas perfectamente calculadas para hacer fuerte impresión en el auditorio, son frecuentes en las tragedias de Eurípides. Figúrense los lectores cuáles serían los sentimientos de aquel innumerable público cuando se abrían las puertas de la casa de Electra y dejaban ver los cadáveres de Egisto y Clitemnestra, mientras sus hijos, presa ya de terribles remordimientos, se abandonan a ellos, y en cantos sublimes invocan a los dioses, expresan el horror que su propio delito les infunde y lloran y se quejan.
[222] No se puede llevar más lejos la criminal impudencia de una doncella. No solo anima a su hermano a cometer el matricidio, crimen raro por lo horrible; no solo le ayuda con sus manos a perpetrarlo, sino que se vanagloria y enorgullece de haberlo cometido, cuando Orestes, que es un hombre, parece pesaroso de su acción. Ni aun tiene la disculpa de pronunciar estas palabras para aminorar la culpa de su hermano y para atenuar hasta cierto punto el delito, compartiendo con él su responsabilidad, puesto que, a ser así, lo hubiese indicado el poeta de otra cualquier manera.
[223] Halirrotio fue hijo de Poseidón y de la ninfa Éurite, y murió a manos de Ares por haber violado a Alcipe, hija de este dios y de Aglauro. Poseidón acusó a Ares, y se celebró el juicio en la colina de Ares, y fueron doce los dioses que absolvieron al acusado.
[224] Las sentencias del Areópago fueron respetabilísimas hasta la época de Eurípides, de general corrupción en todas las instituciones.
[225] Pausanias (Arcad., c. 38) y Estrabón (l. VIII, c. 8) hablan de un célebre templo de la Arcadia consagrado a Zeus Liceo. Este nombre de Liceo viene de λύκος, lobo, sin duda porque, abundando estas fieras en la Arcadia, sus habitantes miraban a Zeus como su protector contra ellas.
[226] Llamose así una ciudad poco conocida de la Arcadia. Esta misma profecía hace Apolo en Orestes, v. 1013, en donde dice:
κεκλήσεται δὲ σῆς φυγῆς ἐπώνυμος
Ἀζᾶσιν Ἀρκάτιν τ᾿ Ὀρεστεία πóλις.
[227] Esta fábula forma el argumento de la Helena, de Eurípides.
[228] Este Proteo, distinto de su homónimo el dios marino multiforme, fue un rey de Egipto que, según una tradición distinta de la de Homero, tuvo a Helena en depósito en su palacio hasta que se acabó la guerra de Troya.
[229] Región del Peloponeso, cuyos límites eran la Élide, la Arcadia, la Sicionia, el golfo de Corinto y el mar Jónico.
[230] Parte de la Grecia antigua, entre la Beocia al E, la Etolia al O, el mar de Eubea al NE, y rodeada de las tres Lócridas.
[231] El colono.
[232] La ciudadela de Atenas.
[233] Obsérvese el arte con que Eurípides acumula al fin de su tragedia las escenas patéticas, que han de hacer en su auditorio más duradera impresión. Tras la muerte de Clitemnestra y los lamentos y quejas de sus hijos, la aparición de los Dioscuros, el destierro de los criminales, calamidad gravísima entre los antiguos, y su tierna separación.
[234] Áulide, ciudad ribereña de la antigua Beocia, situada frente a Calcis, en Eubea.
[235] Euripo, estrecho que separa a la isla de Eubea del Ática y de la Beocia, famoso por los singulares remolinos que en él producen el flujo y el reflujo.
[236] Sirio es una estrella muy brillante que forma un ojo de la constelación de Taurus o el Toro. No está, sin embargo, inmediata a las Pléyades, por cuya razón hay que suponer con M. de Boissonnade que el poeta emplea la palabra Sirio en el sentido de estrella muy reluciente.
[237] Tindáreo, hijo de Ébalo, rey de Esparta, y esposo de Leda, madre de Clitemnestra, mujer de Agamenón.
[238] Testio, rey de Etolia.
[239] Calcas, célebre sacrificador y adivino griego, hijo de Téstor, que, según dice Homero, murió despechado al verse vencido en su arte por Mopso.
[240] Taltibio, heraldo del ejército griego.
[241] Calcis, capital de la Eubea, y esta isla grande, de forma oblonga, hoy Negroponte, en el mar Egeo, que se extendía a lo largo de las costas del Ática, de la Beocia, de la Lócrida y de los Melieos, desde el cabo Sunio hasta la Tesalia.
[242] Esta Aretusa, porque hay otras tres, es de la Eubea.
[243] Protesilao era rey de una parte de la Tesalia, y Palamedes, hijo de Nauplio, rey de la Eubea e inventor del juego de ajedrez.
[244] Héroe cretense que con Idomeneo fue a Troya con las naves de Creta.
[245] Nireo, rey de Naxos, hijo de Caropo y de Aglaya, el más hermoso de los griegos de la expedición a Troya después de Aquiles.
[246] Quirón, centauro famoso por su sabiduría, pedagogo y maestro de Aquiles.
[247] Eumelo, hijo de Admeto y nieto, por tanto, de Feres, padre de Admeto, reyes de una región de Tesalia.
[248] Porque su madre Tetis era nereida.
[249] Euríalo, según La Ilíada.
[250] Uno de los siete sitiadores de Tebas.
[251] Teseo, personaje histórico, héroe griego y fundador de Atenas, pero cuya vida ha llegado hasta nosotros exornada con innumerables fábulas. Créese que floreció en el siglo XIII o XIV antes de Jesucristo. No se sabe quién puede ser este hijo, porque en La Ilíada, de donde está tomado este pasaje, no se dice nada del hijo de Teseo.
[252] Cadmo, hijo de Agénor, rey de Fenicia, fundó a Tebas, en la Beocia, e importó en Grecia la escritura fenicia. Sembró los dientes de un dragón y nacieron hombres, y uno de ellos fue Leitos.
[253] La Fócida era una región de la antigua Grecia, entre la Beocia al E, la Etolia al O, el mar de Eubea al NE y el golfo de Corinto al S, y rodeada de las tres Lócridas. Delfos y el Parnaso estaban en su territorio.
[254] Áyax el impío, no el de Salamina; Tronio era la capital de su reino.
[255] Néstor, rey de Pilos y de los mesenios, hijo de Neleo y de Cloris, héroe griego, notable por su edad avanzada y por su prudencia. Pilos era una ciudad de la Mesenia, en frente de Esfacteria, que desempeñó un papel importante en la guerra del Peloponeso. El Alfeo era un río de la Élide.
[256] La Élide era una región pequeña del Peloponeso, en su parte occidental, entre la Acaya y la Mesenia, que comprendía varios estados insignificantes autónomos, y a Olimpia, tan célebre por sus juegos. Todos estos personajes y pueblos no merecen aclaraciones prolijas, que serían además superfluas e impertinentes. Otro tanto puede decirse de los tafios, que le siguen, porque todo esto discrepa de las tradiciones y datos autorizados preexistentes acerca de la guerra de Troya y del ejército griego. Solo añadiremos que las islas Equínadas estaban situadas en el golfo de Corinto, frente a la desembocadura del Aqueloo.
[257] Parece probable, o casi seguro, que en esta larga tirada de versos del Coro hay interpolaciones posteriores a la fecha de la composición de esta tragedia por Eurípides, desde el Epodo, que sigue a la primera estrofa y antístrofa, hasta su conclusión. Lo advertimos así a los lectores, y nos fundamos para hacerlo en la extensión innecesaria y evidentemente absurda de este pasaje, en su inoportunidad manifiesta, en su contradicción con cuanto ha escrito el poeta en casos análogos, en la ignorancia de las exigencias escénicas del autor, sea el que fuere, en la impropiedad de que esas mujeres, que, como fugitivas y avergonzadas, vieron la armada griega, se fijaran en lo que no pudieron contemplar con detenimiento ni tampoco interesarles, y, por último, en el fondo, en la forma y en la exposición y los detalles. No ya Eurípides, ningún poeta mediano se hubiera atrevido a estampar su nombre al pie de centón semejante, prosaico y no bueno, sin orden ni concierto, plagado de inexactitudes, y en abierta oposición con La Ilíada, su fuente, que sabían de memoria los griegos, y a la que rendían todos un verdadero culto.
[258] Esta comparación de Clitemnestra y de Ifigenia con las yeguas y su lavado de pies en la fuente, nos chocan, desde luego, y han chocado también antes a otros, porque algunos lo han suprimido. No imitamos su ejemplo porque, como traductores, no estamos autorizados para enmendar la plana al autor, diga lo que dijere, a no ser alguna indecencia o porquería inadmisible por completo. Por otra parte, la relación común entre los dos términos del símil es la de la mayor libertad, y en este sentido es exacta. Además, a un niño inocente se asemeja con frecuencia un corderillo, y hasta a algo más alto y sagrado, un valiente a un león, un hombre sanguinario a un tigre, etc. La consideración y el respeto que sentimos y demostramos a la mujer influye también en nuestro desagrado, pero conviene no olvidar que las costumbres, ideas y sentimientos de los griegos del tiempo de Eurípides eran más sencillos y naturales que los nuestros, y que los de la época de la guerra de Troya, en que pasa la acción, lo eran más todavía.
[259] Estos cestos contenían las primicias que habían de ofrecerse en los sacrificios.
[260] En señal de reconciliación.
[261] Olimpo, famoso tocador de flauta.
[262] Egina, isla y ciudad del mar Egeo, entre la Argólida y el Ática, en el golfo Sarónico, llamada así de la ninfa del mismo nombre, hija de Asopo, uno de los ríos helénicos.
[263] Pelión, monte de Tesalia, en Magnesia, al sur, prolongación del Olimpo.
[264] Apídano, río de Tesalia, que nace en el monte Otris, pasaba cerca de Farsalia y desembocaba en el Peneo.
[265] La luna llena, así entre los griegos como en otros pueblos, se ha mirado como causa bastante para influir en la vegetación, en la madurez de los frutos y en la procreación de los animales.
[266] Febea por haber construido Apolo sus murallas.
[267] El texto griego dice así: Δεξιᾶς ἕκατι μὴ μέλλ᾽, εἴ... Como han sido tan diversas las versiones que se han hecho de estas palabras, ambiguas y poco inteligibles para nosotros, sobre todo después de conocer dichas versiones, a semejanza de lo que sucede a los jueces después de oír a los abogados de los litigantes, y hasta se ha llegado a dudar si la diestra en cuestión es la de Clitemnestra o del esclavo, nos atrevemos a disentir de todos y a traducir esta frase de otra manera. La diestra es a nuestro entender de Clitemnestra, porque es lo más natural y sensato suponer que el esclavo, conmovido profundamente por noticias tan aflictivas para su antiguo dueño y la hija de este, Clitemnestra, y por la venida de la madre y de la hija al campamento, y por otra parte deseando vivamente besar o tocar la mano de su señora por afecto, y acaso como medio de contar de antemano con la aquiescencia y el permiso de ella para hablarle, diese a entender ese deseo en sus ademanes, retardando, por consiguiente, explicarse, y que Clitemnestra, comprendiéndolo y ansiando oírlo, pronunciase las palabras que escribimos, no opuestas tampoco, sino conformes con la gramática y el significado del texto. La continuación del diálogo entre la señora y el siervo parecen continuar también nuestra opinión.
[268] El Sípilo es un monte de Lidia, en cuya cima se fundó una aldea del mismo nombre, en donde reinó y vivió Tántalo, padre de Pélope, y tronco de la estirpe de los Atridas.
[269] La salsamola o harina salada, la cebada sagrada, el agua lustral y los pelos de la víctima que se arrojaban al fuego componían las ofrendas de las sacrificios.
[270] Ínaco, fundador del reino de Argos, era un fenicio que al frente de un ejército compuesto de pastores fenicios, egipcios y árabes, conquistó la parte del Peloponeso llamada la Argólida, y reinó allí sesenta años.
[271] Este Tántalo no es ni puede ser el fundador del linaje de los Atridas, como dice uno de los traductores extranjeros de Eurípides, a quien no nombramos, sino otro Tántalo, primo hermano de Agamenón e hijo de Tiestes, su tío, esto es, de la misma familia de Egisto, el amante adúltero de Clitemnestra y asesino con ella de Agamenón.
[272] Por haber soñado su madre Hécuba que daría a luz una antorcha que abrasaría a Europa y Asia.
[273] Sísifo, hijo de Eolo y nieto de Heleno, cuya concubina, Anticlea, fue la madre de Odiseo. Fundó a Éfira, después Corinto, e instituyó los juegos ístmicos. Cometió grandes crímenes, y murió al fin a manos de Teseo. Hades le concedió volver a la tierra un solo día para hacerse enterrar, y no quiso regresar al infierno, siendo entonces condenado a subir un peñasco a lo más alto de una roca escarpada, desde cuya cumbre caía de nuevo en el abismo.
[274] Perseo, héroe griego, hijo de Dánae y de Zeus, que se convirtió en lluvia de oro para poseerla. Cortó la cabeza de la gorgona Medusa, de cuya sangre brotó el caballo Pegaso, y al fin sucedió a su abuelo Acrisio en Argos, fundando a Micenas con murallas pelásgicas o ciclópeas.
[275] Las llama el poeta paternales porque el sacrificio es en favor de su padre, y por lo mismo se dice antes que Agamenón toque el ara con su diestra, para que le sea propicio.
[276] Táuride, puerto del Quersoneso Táurico (Crimea), en donde habitaban los tauros, pueblo escita o medio escita, que inmolaban a su gran diosa Opis, o Artemisa Ortia, víctimas humanas.
[277] Pisa, capital de la Élide, en donde reinaron Enómao y Pélope.
[278] Estrofio era rey de la Fócida y padre de Pílades, el amigo inseparable de Orestes, y esposo después de la misma Ifigenia. Electra, hermana de Orestes, lo envió a la corte de Estrofio para salvarlo de las asechanzas de su madre Clitemnestra y de su amante adúltero Egisto.
[279] Estos dos peñascos que se besan son las Simplégades o Cianeas, en el Bósforo, el uno en Asia y el otro en Europa.
[280] Dictina, invocación de Artemisa, cazadora, que tiende redes, de δίκτυον, red.
[281] El texto aparece aquí tan embrollado y confuso, y la significación de las palabras tan oscura e ininteligible, que no es extraña, sino, al contrario, muy natural la diversidad de versiones que se han hecho. La intención del poeta es sin duda recordar los crímenes espantosos de la estirpe de los Atridas, raza maldita, que inspiraron repugnancia y horror hasta a los dioses, y entre ellos al Sol, el más impasible, cuya aversión y enojo se manifestó de dos maneras, alejándose hacia el Sur y aumentando el frío en nuestro hemisferio boreal, cuando comenzaron los Tantálidas y Pelópidas sus fechorías, y ocultándose o eclipsándose cuando Tiestes robó a su hermano Atreo el cordero de vellón de oro, cuyo poseedor había de ser el rey de Argos, y Atreo, en venganza, dio a comer a Tiestes su mismo hijo.
[282] Los Titanes eran hijos de Titán; hermano primogénito de Cronos, a quien cedió el reino del cielo con la condición de no criar hijo varón alguno; y como no cumpliera su palabra, se sublevaron contra él los Titanes, batallando entre sí los dioses, y siendo vencidos los Titanes. Después los Gigantes, parientes próximos de los Titanes, guerrearon también contra Zeus, para vengar a los Titanes y despojarle del cetro, en cuya lucha tomaron parte Heracles y otros dioses, entre ellos Atenea. Esto estaba representado en el rico y artístico peplo de Palas, que se sacaba en procesión en Atenas, a lo cual alude Eurípides.
[283] Melicertes, hijo de Atamante y de Ino, huyendo con su madre de su padre, se precipitó en la mar. Fue transformado en una deidad marina bajo el nombre de Palemón. Ino, numen también marino como su hijo, fue llamada Leucótoe.
[284] Nereo, dios marino, esposo de Doris y padre de las nereidas, ninfas del mar, habitaba en el mar Egeo.
[285] Viento de Zeus, favorable a sus deseos.
[286] Eurípides dice aquí que Clitemnestra no acompañó a Ifigenia a Áulide, y lo contrario en la Ifigenia en Áulide.
[287] Adviértase que el poeta no afirma que sea necia Artemisa, ni ignorantes los dioses que se regalaron con las carnes de Pélope, el hijo de Tántalo, sin conocerlo, a pesar de ser dioses, sino solo que esas invenciones y patrañas son obra de los hombres.
[288] Ío, hija del río Ínaco, amada por Zeus, que la transformó en vaca para librarla de los celos de Hera. Guardada y vigilada por Argos, el de los cien ojos, le fue robada por Hermes, que lo durmió con sus artes, y picada después por un tábano, enviado también por la celosa cónyuge de Zeus, que la obligó a emprender esas carreras furiosas a que alude Eurípides.
[289] Eurotas, río de Esparta, y Dirce, fuente famosa inmediata a Tebas.
[290] Los peñascos que se juntan son las Simplégades o Cianeas, y los escollos Fineos, otros peñascos peligrosos inmediatos, y Leuca o Léucade, una isla cerca de la desembocadura del Danubio, en donde se suponía que habitaba Aquiles con su madre Tetis.
[291] Argos y Micenas estaban muy próximas.
[292] Ciudad que se hallaba en el golfo del mismo nombre, a unos 40 kilómetros al sur de Corinto. Era el puerto de Argos.
[293] Quiere decir Ifigenia que, a pesar de lo extraordinario y elevado de su himeneo, cuidó su madre de no faltar a la costumbre admitida en tales casos en su patria.
[294] Enómao, rey de Pisa, en la Élide, prometió dar su hija Hipodamía por esposa al que lo venciese en la carrera de las cuadrigas. Pélope lo venció, y habiéndose negado a cumplir su promesa, lo mató y se casó con ella.
[295] Últimos no quiere decir que son los dos únicos Atridas que quedan, sino que ellos dos y Electra pertenecen a la última generación de esta estirpe.
[296] Llamábase Anaxibia esta hermana de Menelao y Agamenón.
[297] Por haber dado muerte a Halirrotio, hijo de Poseidón.
[298] El congio era una medida de capacidad para líquidos que contenía algo más de tres litros.
[299] Alcíone, hija de Eolo y esposa de Ceix, rey de Traquinia, se precipitó en la mar al morir su marido, y fue transformada en el ave llamada martín pescador. Es pájaro triste y solitario.
[300] Porque no puede volar a Grecia, y lo desea como las aves.
[301] Lucina, invocación de Artemisa, por asistir a los partos.
[302] El Cinto era un monte de la isla de Delos, en el Εgeo, en donde Leto, hija de Titán y amada por Zeus, dio a luz a Apolo y a Artemisa.
[303] Por haberse recostado en su tronco durante su parto.
[304] Estos cantos del coro son notables por su mérito, y en particular la antístrofa última, de un sentimiento profundo. Hay que recordar esa bárbara costumbre de la antigüedad, que autorizaba al vencedor a disponer a su arbitrio de los bienes y vidas de sus prisioneros, en virtud de la cual ciudades enteras con todos sus habitantes eran asesinados en parte, si para nada servían o podían ofender, y vendidos los restantes como esclavos. Nótese la insistencia con que, así Ifigenia como las mujeres del coro, aluden sin cesar al matrimonio.
[305] Castalia, fuente inmediata al altar de Apolo, en Delfos, y centro de la Tierra, por cuya razón le llamaban los gentiles umbilicus terrae.
[306] La costa Caristia estaba enfrente de Hales, en la parte meridional de la Eubea.
[307] Estas últimas palabras las dice el coro en nombre del poeta.
[308] Este celebérrimo río, llamado también antiguamente Tritón, Melas y Siris, nace al sur de Darfour, en los montes Al-Kamar, y corre primero bajo el nombre de río Blanco al este y noroeste, dirigiéndose después al Norte y aumentando sus aguas con las del Maleg, el río Azul y el Tacazzé o Albarah, y riega el Donga, el país de los Chelouks, el Denka, el Dar-el-Aïze y el Kordofan; toma aquí el nombre de Nilo, y atraviesa la Abisinia y la Nubia, y llega al Egipto, en donde corre de sur a norte, dividiéndose en dos brazos que se subdividen en siete bocas, que forman los deltas. Desbórdase poco en el alto Egipto, no así en el medio y bajo, cuyas tierras fecunda con su cieno. Su curso es de 5500 kilómetros. Las fuentes no se han descubierto hasta el año de 1846. Diodoro de Sicilia atribuye a Anaxágoras, el maestro de Eurípides, esta opinión que expresa Helena acerca de las causas de sus periódicas inundaciones. Esquilo, en Las Suplicantes, verso 560, llama a las llanuras regadas por el Nilo λειμῶνα χιονόβοσκον, pradera fecundada por el derretimiento de las nieves. Pomponio Mela dice también, I, c. 9: Crescit porro Nilus, sive quod solutæ magnis æstibus nives ex commmunibus Æthiopiæ jugis, largius quam ripis excipi queant, definient. Esta debe ser, en efecto, una de las causas de su extraordinario crecimiento, juntamente con las lluvias torrenciales que lo llenan en el estío.
[309] Antiguo rey de Egipto, cuyo reinado se fija en el año 1280 antes de Jesucristo.
[310] Pequeña isla inmediata a Alejandría.
[311] Hijo de Zeus y de la ninfa Egina; reinó en la isla Enopea, a la cual dio el nombre de su madre, y fue tan sabio y justo que su padre, después de muerto, lo nombró juez en los infiernos. Fue padre de Telamón y de Peleo, padres, respectivamente, de Áyax y de Aquiles.
[312] Nereo, dios marino hijo de Océano y de Tetis, esposo de Doris, padre de las nereidas, ninfas del Océano. Habitaba en el mar Egeo y, como Proteo, disfrutaba del doble don de mudar de forma y de predecir lo futuro. Se le representaba viejo y con la barba azul.
[313] Atenea.
[314] Monte de Troya.
[315] Paris.
[316] Aquiles.
[317] Río de la Tróade.
[318] Hijo de Telamón y de Hesíone y hermano de padre de Áyax, a quien acompañó al sitio de Troya. A su vuelta fue desterrado por su padre, furioso al verlo sin su hermano, y fundó Salamina, en Chipre. Algunos han sostenido que fundó Cartagena, en España, y que llegó en sus excursiones marítimas hasta el país de los galaicos.
[319] Dios de las riquezas y de las minas de metales preciosos, hijo de Yasión y de Deméter. Habitaba en los infiernos, y se le representa ciego y con una bolsa en la mano, para indicar que la fortuna hace rico de ordinario a quien menos lo merece.
[320] Véase el Áyax Furioso de Sófocles, en donde se representa detalladamente todo esto que cuenta Teucro.
[321] Testio, rey de la Etolia, hijo de Agénor o de Ares, y padre de Plexipo y Toxeo y de Altea, Leda o Hipermnestra.
[322] Helena era hija de Zeus y de Leda.
[323] Los Dioscuros, Cástor y Pólux.
[324] Hubo dos Salaminas: una era cierta isla del mar Egeo, en el golfo Sarónico, a 4 kilómetros de la costa del Ática, en donde reinaba Telamón, el padre de Teucro, y la otra una ciudad de la costa oriental de la isla de Chipre, fundada por Teucro, que le dio el nombre de su patria.
[325] Divinidades marinas, hijas de Aqueloo, de melodiosa voz, que atraían a los navegantes con sus cantos, y los obligaban a precipitarse en la mar y ahogarse.
[326] Ya en otro lugar hemos indicado la diferencia que había entre la flauta líbica y la siringa, compuesta la una ordinariamente de un solo cañón, y la otra de varios desiguales.
[327] Ninfas de ríos y fuentes, que se representaban coronadas de hojas de cañas y recostadas sobre un cántaro que derrama agua.
[328] Calcieco, de nicho o templete de bronce, como la de Esparta.
[329] Todos los arqueólogos saben que los griegos no solo pintaban las estatuas, sino sus templos y más notables edificios.
[330] Es muy bueno esto de las ocultas señales, en cuya virtud Menelao podría reconocer a Helena. Es tan natural, tan sencillo, tan infantil, que excita nuestra involuntaria sonrisa, y no solo lo perdonamos, sino que sentiríamos no verlo escrito. La poesía griega puede compararse a esos valles de los montes en donde crecen confundidos flores, arbustos y árboles sin orden ni concierto, pero formando un todo encantador y risueño, porque vemos en ellos la mano de Dios sola, la vida inagotable de la Naturaleza; parte de la moderna se asemeja a esos jardines simétricos en donde todo es regular y ordenado, con sus cuadros geométricos, sus árboles en fila, sus fuentes en los ángulos o el centro; en fin, todo prosaico, artificial y frío.
[331] Calisto, hija de Licaón, seducida por Zeus, transformado en la diosa Artemisa para lograr su amoroso intento. Hera la convirtió en osa, no en leona, como dice Eurípides más abajo, y Zeus la trasladó al cielo con su hijo Arcas, en donde fueron conocidos con los nombres de la Osa grande y pequeña.
[332] Poco se sabe de esta Cos, citada por Helena sin nombrarla. Estéfano, en su obra sobre las ciudades, dice así: Κίος δὲ ἀπὸ Κῶ, ᾕτις Μέροπος γηγενοὺς θυγάτηρ. «Cos (la isla del Egeo, patria de Hipócrates, Epicarmo y Apeles), llamada así de Cos, hija de Mérope». Higino, Astron., 16, dice que este Mérope fue rey de la isla de Cos, cuyo nombre viene del de su hija. Parece que Mérope contrajo himeneo con una ninfa llamada Etemea, castigada a flechazos por Artemisa, furiosa al contemplar el desprecio con que la trataba. Perséfone, sin embargo, la arrastró a los infiernos todavía con vida. Así es de presumir que algunos, como hace aquí Eurípides, atribuyen a una hija de Mérope lo que otros cuentan de su esposa.
[333] Véase el Orestes, en donde se refiere todo esto que dice Menelao.
[334] Ya en otra ocasión hemos recordado las burlas de Aristófanes acerca de los harapos que suelen cubrir a los héroes de Eurípides. Los de Sófocles y Esquilo excitan el terror y la compasión, no por estos accesorios externos, sino por su especial situación trágica. Sin embargo, no puede negarse que ahora, al menos, están justificados.
[335] El amor de Teoclímeno a Helena.
[336] No deja de ser dramática la situación de Menelao que, habiendo dejado a Helena en poder de sus compañeros, oye de los labios de la vieja portera tan extrañas nuevas. Sus dudas y reflexiones son tan naturales que no pueden menos de excitar nuestro interés. Tantas casualidades no son creíbles, y por eso excitan hasta ese punto su extrañeza; pero como su situación no es a propósito para perder el tiempo analizándolas, las deja para mejor ocasión.
[337] Parecía lo natural que Menelao, al encontrar inesperadamente a Helena a quien había dejado oculta en la cueva, creyese que de cualquier modo había salido de ella y estaba allí como él, pues el mismo tiempo necesitaban uno y otro para llegar a aquel paraje. Un marido de nuestros tiempos se hubiera apoderado de ella y la hubiese arrastrado a la cueva para compararlas y desvanecer sus dudas; pero Menelao, seguro de que no la dejarían escapar sus compañeros, dominado de mil supersticiones, desconfiando de todo después de haber sufrido tantas desdichas, y viéndola correr hacia el sepulcro de Proteo como hacia un edificio conocido y hablar con el Coro como con antiguos amigos, vacila, y no sabe qué pensar ni qué hacer.
[338] Hera fue siempre celosa, vengativa y cruel, y no pudo perdonar la injuria que le hizo Paris, dando a Afrodita la palma de la belleza en los bosques de Ida. Con este objeto supone Eurípides que solo dejó al hijo de Príamo una vana sombra, alterando a su capricho la tradición y atribuyendo a una de las deidades principales del Olimpo tan bárbara venganza, puesto que por un fantasma aéreo y para satisfacer su rencorosa pasión, causó la muerte de tantos griegos y troyanos.
[339] El texto griego dice terminantemente: πικρὰς ἐς ἀρχὰς βαίνεις. Esta locución, muy común en la lengua helénica, es natural en un pueblo acostumbrado a oír frecuentemente a sus oradores y familiarizado con los términos de la Retórica. Otras muchas frases revelan también que era una ciudad marítima y mercantil.
[340] Los personajes de Eurípides, siempre que hablan del lecho, dan a entender lo que media realmente, esto es, que estaban a considerable altura, hasta el extremo de que para llegar a ellos se hacía uso de una escalera (gradus) o de un taburete alto (scamnum). Venían a ser una especie de sofás muy grandes, con una elevación en la cabecera y a veces otra en los pies (ἀνακλιντήριον) y un respaldo en uno de los lados, mientras que el otro (sponda) dejaba franca la entrada. Fuertes fajas (fascias, restes, institae), sujetas en el catre, sostenían un colchón bien relleno (torus, culcita) con un travesero y una almohada (cubital, cervical).
[341] Hermes, mensajero de los dioses.
[342] Como este mensajero es un esclavo, no osa, sin permiso de su dueño Menelao, tomar parte en el diálogo de ambos esposos, y solo cuando este le da licencia para ello se atreve a hablar con sus dueños.
[343] Famoso adivino, hijo de Téstor, que acompañó a los griegos a su expedición a Troya y predijo que duraría diez años, y que la flota que conducía a los guerreros no saldría del puerto de Áulide hasta que Agamenón sacrificase a su hija Ifigenia en el altar de Artemisa. Homero dice que murió de despecho, vencido por el adivino Mopso.
[344] Heleno, otro adivino hijo de Príamo, a quien cautivó Odiseo en la guerra de Troya, y después de tomada fue hecho esclavo de Pirro, cuya amistad se granjeó prestándole importantes servicios. Pirro le cedió su esposa Andrómaca, y al morir, parte de sus estados.
[345] Esta diatriba contra el arte de las adivinaciones, aunque conforme con nuestras ideas, no deja de ser un rasgo inaudito de irreligiosa osadía, tratándose de un griego de la antigüedad. Justamente, uno de los lazos comunes que unía a los distintos pueblos de la Grecia era esta creencia en los oráculos, y la veneración que se profesaba a algunos, como al de Apolo en Delfos, asilo sacrosanto en tiempo de disturbios, a cuyo lustre contribuían con sus dones todas las ciudades helénicas.
[346] Esta tempestad de que habla Menelao es la que promovió Poseidón a ruego de Atenea, para vengarla de la profanación de su templo por Áyax, de todo lo cual hacemos mención en Las Troyanas, verso 77 y siguientes.
[347] Nauplio, rey de la Eubea y padre de Palamedes, que pereció apedreado en el campamento de los griegos junto a Troya, por engaño de Odiseo, se vengó de sus enemigos encendiendo hogueras en el promontorio Cafereo, y atrayendo hacia él a los vencedores de Ilión, cuyas naves se estrellaron casi todas en los escollos.
[348] Creta, a consecuencia de los amores de Pasífae, de la expedición de Teseo y de la muerte de Minotauro era para los griegos una isla novelesca.
[349] Hallábanse estas grutas, en las cuales Perseo cortó la cabeza de la Gorgona, en la parte occidental del delta del Nilo.
[350] Las frases pronunciadas antes por la vieja portera del palacio de Proteo, cuando Menelao se llega a él pidiendo hospitalidad. Recuerda lo que le ha dicho del odio que su señor profesa a los griegos y sus noticias sobre Helena, la hija de Zeus, incomprensibles entonces pera él.
[351] Ejemplos innumerables que hemos visto en otras tragedias nos enseñan que entre los antiguos griegos los altares de los dioses servían de asilo a los criminales y desdichados, y como Menelao solo ve un sepulcro, no un templo ni un altar, extraña esta costumbre de los egipcios, distinta de la de sus compatriotas. Sin más explicación se comprende fácilmente que Helena, expuesta a los ardores amorosos de Teoclímeno, cuidase de dormir de noche en el sepulcro, no en el palacio de su amante desdeñado.
[352] Teónoe, de θεός, dios, y νοῦς, entendimiento.
[353] Neleo, hijo de Poseidón y de Tiro, y hermano de Pelias, a quien ayudó a usurpar el cetro de Yolco, que empuñaba Esón; desterrado después por el usurpador, fundó Pilos y Mesenia, y se casó con Cloris, de quien tuvo doce hijos, y a Néstor entre ellos. Se atrevió a pelear con Heracles, y murió a sus manos con casi todos sus hijos, excepto Néstor. Neleo fue uno de los argonautas. Su hijo y sucesor, de quien habla Menelao, el Matusalén de los griegos, asistió al combate de los centauros y los lapitas, y capitaneó a pilios y mesenios en el sitio de Troya, en donde perdió a su hijo Antíloco. Néstor, como hemos dicho, era tan viejo que, según Homero, contaba tres edades de hombre, y fue también muy famoso por su sabiduría y su elocuencia.
[354] Desde los tiempos más remotos fueron mirados los egipcios por los demás gentiles, sobre todo por los griegos, como un pueblo excesivamente religioso, fanático y supersticioso, y su país como la patria natural de prodigios y portentosas maravillas. Recuérdese también que entre los idólatras la purificación corporal era signo de la espiritual, y consecuente con esta creencia la divina Teónoe, purifica la atmósfera que respira y la tierra que pisa con el fuego, el azufre y la resina.
[355] Curiosas son en extremo estas razones de alta política que mueven a las diosas Hera y Afrodita, atentas a que no sufra menoscabo entre los mortales la idea que tienen de su poder. La vanidad mujeril, que así reinaba entre los griegos en el cielo como en la tierra, excitan a cada una a favorecer o dañar a Helena y Menelao; y aunque Artemisa a la conclusión del Hipólito diga que está prohibido a los dioses usurpar lo que a otros corresponde, ni intervenir en sus asuntos particulares, ocurría sin duda a veces que chocaban sus intereses, y en este caso no había otro recurso que celebrar solemnes consejos, en los cuales se resolvían tan importantes cuestiones.
[356] Algo crítica es la situación de Teónoe, porque en último caso probará que ella, simple mortal, si favorece a Menelao y a Helena, es más justa y filantrópica que la misma Afrodita, lo cual no habla muy alto en favor de su piedad para con una divinidad injusta. Obsérvese la tendencia irreligiosa de Eurípides, siempre dispuesto a rebajar a los dioses y a ensalzar a los hombres a costa de aquellos, pues dentro de poco Teónoe demostrará con su conducta que, fiel a la memoria y a la voluntad de su padre, despreciando las iras de su hermano y de Afrodita, se declara sin rebozo por lo que cree justo y humano.
[357] Seguramente no será necesario llamar la atención de los lectores hacia la castiza y natural belleza de los dos discursos que pronuncian Helena y Menelao. Nutridos de sólidas razones, llenos de espontáneos y sencillos afectos y apropiados a la aflictiva situación en que ambos se encuentran, prueban una vez más el indispensable talento dramático de Eurípides, siempre que no lo extravíe el filosofismo, su amor a la novedad, su afán inmoderado de distinguirse de los demás poetas, y como consecuencia de todo esto, las radicales alteraciones que hace sufrir a las fábulas mitológicas tradicionales, al carácter de los personajes que intervienen en ellas, consagrado por los siglos, y a los dioses que forman en los negocios humanos, a imitación de lo que sucede en La Ilíada, una parte tan activa.
[358] El de profetizar, de que se ha hablado antes.
[359] Estas opiniones filosóficas de Eurípides, que expone en distintos pasajes de sus tragedias, provienen sin duda de su maestro Anaxágoras, y no dejan de ser curiosas. En su concepto, el cuerpo, formado de tierra, vuelve a ella después de la muerte, y el alma, emanación del Éter, torna también a él. Acaso los griegos, dotados de singular perspicacia para penetrar en los arcanos psicológicos, hubieron de conocer el problema, que aún no ha resuelto la ciencia en nuestros días, abandonada a sí misma, esto es, el de la unión del alma y del cuerpo, espíritu simple la primera y materia compuesta el segundo. La Filosofía hasta ahora se limita a consignar el hecho de esta unión, pero no lo explica ni probablemente podrá explicarlo nunca.
[360] Aquí respira de nuevo la animosidad de Eurípides contra el bello sexo.
[361] Fácilmente recordarán los lectores que la palabra cenotafio (de κενοτάφιον, sepulcro vacío) de que usa antes Helena, indica con claridad que Menelao no ha de ser sepultado en él, sino que se le va a erigir en el supuesto de que ha perecido en la mar, llevándose esta su cadáver. Menelao representará ante Teoclímeno el papel de náufrago compañero de aquel héroe, que se ha salvado con trabajo. Recuérdese también que en casi todas las tragedias de Eurípides las mujeres son de ordinario las que urden estos astutos artificios, como en la Hécuba, para mutilar a Poliméstor, y en la Electra, para vengarse de Menelao.
[362] Alusión al falaz faro encendido por Nauplio para vengarse de los griegos, de que ya hemos hablado más arriba.
[363] Justa y terrible acusación que Eurípides lanza contra los dioses del gentilismo, aunque más propias del filósofo que enseña que del poeta, intérprete de la tradición y de las creencias de sus mayores. La verdad es que el Olimpo con sus númenes, víctima de pasiones humanas y personificación antropomórfica de la sencilla religión de un pueblo primitivo y no alumbrado por la luz de la revelación, era ya en tiempo de Eurípides poética ficción, tan desnuda de verosimilitud como opuesta a la razón filosófica.
[364] Sabido es que los antiguos cazadores usaban de una red grande y muy fuerte (longo meantia retia tractu. Nemes Cyneg., 300), con la cual, antes de comenzar la batida, rodeaban vasta extensión de los montes para impedir que la caza se dispersase en la llanura.
[365] Helena, con refinada astucia, llama señor a Teoclímeno, cual si fuera su esposo, dejándole entrever que ya consiente en su nuevo himeneo.
[366] Fácilmente apreciarán los lectores la finísima ironía que respiran estas palabras de Helena, comprensibles en sus dos sentidos solo para los espectadores, no para Teoclímeno, ignorante de todo lo ocurrido.
[367] Recuérdese lo que antes hemos dicho repetidas veces acercado la importancia que daban los griegos a la sepultura.
[368] Esta es la principal razón que da Helena a Teoclímeno para convencerle de la verdad de su aserto, pues no es fácil suponer que su propia hermana se uniese con dos extranjeros, como eran Menelao y Helena, para engañar a su hermano.
[369] La pregunta de Teoclímeno retrata fielmente la pasión amorosa del hijo de Proteo, que si finge en un principio participar del dolor de su amada, y casi parece olvidarse de su amor, aprovecha sin embargo la primera coyuntura favorable para enterarse de lo que más interesa a la satisfacción de sus deseos.
[370] El texto original dice: κενοῖσι θάπτειν ἐν πέπλων ὑφάσμασιν, porque el peplo no envolvía al cadáver, como se acostumbraba en tales casos.
[371] Jenofonte en su Cirop., VIII, 3, 24, dice así: Ἐπεὶ δὲ ἀφίκοντο πρὸς τὰ τεμένη, ἔθυσαν τῷ Διὶ, καὶ ὡλοκαύτωσαν τοὺς ταύρους· ἔπειτα τῷ Ἡλίῳ, καὶ ὡλοκαύτωσαν τοὺς ἵππους. «Habiendo llegado después a los templos, sacrificaron a Zeus, consumiendo las llamas toros enteros; luego sacrificaron al sol, y el fuego devoró entonces por completo a los caballos que se inmolaron». Se ve, pues, que entre los persas, prototipo de los bárbaros para los griegos, se sacrificaban caballos a los dioses.
[372] Estos cantos del Coro, bellísimos como poesía independiente de la tragedia, no lo son tanto interpoladas en ella, por la escasa relación que tienen con la misma, a pesar de la contraria aseveración de algunos críticos modernos alemanes. Será todo lo más una digresión poética que hace Eurípides, pero es indudable también que en ninguna otra tragedia suya hay tan lejana alusión en los cantos del Coro al argumento o a los personajes del mismo. En los últimos versos parece que atribuye las desdichas de Helena a su indiferencia hacia el culto de la Mater Deorum, cuidadosa solo de su belleza; pero esto, suponiendo que no haya habido transcendentales interpolaciones, no obstante las correcciones de Hermann, Hartung y otros sabios filósofos, en nada debilita nuestra opinión, puesto que de todas maneras resulta que los cantos del Coro están en contradicción con lo restante de la tragedia. ¿No ha dicho antes el poeta que si el rapto de Helena ha sido origen de la guerra de Troya, solo debe atribuirse a Afrodita, que prometió su posesión a Paris por haberle adjudicado la palma de la belleza? ¿No ha dicho también que Hera, para vengarse de Paris y de Afrodita, formó vano fantasma, engañando con él a griegos y troyanos, y transportando a Egipto a la verdadera Helena? Verdad es que el mismo Eurípides afirma otras veces que la grave contienda de aqueos y frigios era obra de Zeus, a fin de librar a la madre Tierra de tantos hombres como oprimían su seno; pero aun concediendo al poeta libérrima facultad de alterar la tradición a su antojo, y por tanto la de variar de opinión cuando le parece, siempre resulta en definitiva que este canto del Coro, cuyo objeto es achacar los infortunios de la hija de Leda a su indiferencia religiosa, tiene más trazas de adición poética, extraña a la composición, que de parte esencial de la misma.
Observen también los lectores que el poeta confunde a Cibeles, Deméter y Dioniso, los atributos de cada uno y las ceremonias religiosas del culto de estas tres deidades, acaso porque realmente los unía cierto vínculo común, puesto que Cibeles es la Tierra, Deméter la diosa que enseñó a los hombres su cultivo, y Dioniso el que ofreció a los mortales el vino.
[373] Alusión a los misterios de Eleusis.
[374] Helena hace aquí y posteriormente malignas alusiones, que los espectadores debían comprender fácilmente, a expensas de Teoclímeno. Creemos, sin embargo, que no todas están en su lugar, porque la crítica situación de Helena momentos antes de acometer su atrevida empresa, de la cual depende su salvación y la de su esposo, expuesta a fracasar inesperadamente por cualquier suceso imprevisto, no era, sin duda, la más conveniente para hablar de esta manera. Acaso sea nuestro escrúpulo infundado; pero en ocasiones semejantes no es costumbre entre los mortales expresarse así. Parece que habla Eurípides, no Helena.
[375] El texto griego dice: ῥοθίοισι μάτηρ. Ῥόθος significa ruido, rumor como de olas, torrentes, remos, etc. El poeta llama madre a la nave porque, al cortar las olas, hacen estas ruido.
[376] Γαλάνεια en griego, deidad y nombre creado por Eurípides, derivado de γαλήνη, calma marina, tiempo sereno.
[377] Micenas, fundada por Perseo, famoso héroe griego, hijo de Zeus y Dánae. Acrino, padre de esta, temeroso de que la sedujeran, la encerró en una torre, bien guardada, en donde penetró el rey del Olimpo, convertido en finísima lluvia de oro. El fruto de esta unión fue abandonado a la merced de las olas, que lo llevaron a la costa de Serifos, cuyo rey Polidectes lo adoptó por hijo. Mató, ya hombre, a las Gorgonas, de cuya sangre brotó el caballo alado Pegaso, con cuyo auxilio libertó a Andrómaca del monstruo marino que había de devorarla.
[378] El Eurotas.
[379] Llamábanse Leucípides las vírgenes sacerdotisas Febe e Hilaíra, hijas de Leucipo, de las cuales habla Pausanias, Lacónica, y Propercio, 1, 2.
[380] Príncipe lacedemonio, hijo de Amiclas, de extraordinaria belleza, de quien se enamoraron a un tiempo Apolo y Céfiro, siendo preferido el primero. Jugando un día al disco con aquel dios, Céfiro torció el disco, que, hiriendo a Jacinto, lo dejó sin vida, y fue convertido en la flor que lleva su nombre. Era adorado como una divinidad por los lacedemonios y amicleos.
[381] Hermíone, hija de Menelao y de Helena.
[382] Las grullas.
[383] Llámales febeas porque fueron edificadas por Febo en el reinado de Laomedonte, padre de Príamo.
[384] Es esta una isla pequeña, frente al promontorio Sunio, llamada Cránae. Homero, Iliad., III, 445, y Estrabón, IX, 1, la mencionan.
[385] Estas ideas aristocráticas, siempre que viene a cuento la nobleza, es otra de las flaquezas del poeta, que no se compagina con su origen plebeyo.
[386] De la misma manera, y con iguales palabras, terminan casi todas las tragedias de Eurípides. Algo análogo hacía también Demóstenes con los exordios de sus arengas.