CAPÍTULO VI.
CHAVIER ARÉVALO, ARÍSTIDES.
pianista-compositor.
Carlos Gounod, el inmortal autor del "Fausto," en el prólogo a la correspondencia inédita de Berlióz, juzgando a este maestro francés dice: "Berlióz era un hombre entero, sin concesiones ni componendas; pertenecía a la raza de los Alcestes, y tuvo contra él la raza de los Orontes. Se le ha juzgado atrabiliario y quisquilloso; pero hay que tener en cuenta, que a esa sensibilidad excesiva, llevada a veces hasta la irritabilidad, le inducían circunstancias personales y desengaños sufridos. Si sus opiniones han parecido duras, nadie al menos ha podido atribuirlas al vergonzoso móvil de la envidia, tan incompatible con aquella noble, generosa y leal naturaleza."
Este juicio sintético de la personalidad de Berlióz, puede ser aplicado, sobre todo en el primero y último punto, al artista Arístides Chavier Arévalo, nacido en Ponce el 3 de Septiembre de 1867, uno de los poquísimos que cultiva con propiedad el género de música conocido con el nombre de música di camera.
Chavier hizo sus primeros estudios con profesores de música de Ponce, dedicando su atención primeramente a la flauta, instrumento que luego abandonó por el piano, que ha sido el único que después ha cultivado.
En 1884 marchó a New York en donde permaneció poco más de un año estudiando el piano bajo la dirección del distinguido pianista y compositor Gonzalo Nuñez, y la armonía con Mr. Frederick Doland, competente maestro, graduado en el Conservatorio de Leipzig, Alemania. En vista de los progresos que realizara y la intensidad de sus aficiones, sus padres determinaron enviarlo a París, a cursar estudios superiores, llegando a la Capital de Francia en mayo de 1886.
Ya en París, continuó los estudios de piano, bajo la dirección de Mr. Georges Mathias, eminente pianista y compositor, antiguo discípulo de Chopín y Halevy, y profesor del Conservatorio. La armonía, el contrapunto y la composición musical, las estudió con Mr. A. Taudou, profundo y hábil maestro del Conservatorio y Mr. Louis de Serres, antiguo discípulo de Cesar Frank, actualmente profesor de composición en la "Schola Cantorum". También asistía, en calidad de alumno auditor, a las clases de piano y armonía del Conservatorio, sin abandonar las lecciones particulares con los profesores antes mencionados.
Sus progresos fueron importantes, pues en los diplomas que le otorgaron sus maestros se expresa: "trabajó con celo e inteligencia haciendo progresos maravillosos, encontrándose en condiciones favorables para dedicarse a la enseñanza, puesto que está en posesión de los conocimientos necesarios para ser un excelente maestro de música y piano."
En París dió algunas audiciones mereciendo plácemes. También en New York, años más tarde, se presentó al público, recibiendo elogios de elementos competentes. Il Progresso diario italiano, y Le Courrier des Etats Unis, magazin francés, ambos editados en New York, le dedicaron frases encomiásticas.
En la capital de Francia, antes de retornar a su país, ejerció de maestro de piano por más de seis meses, y lo mismo en New York, en donde pensaba establecerse definitivamente, lo que no pudo efectuar, porque el clima le fué altamente perjudicial a su salud, retornando definitivamente a Puerto Rico en 1893 y estableciéndose en Ponce, en donde ejerce desde entonces. Periódicamente ha dado en su ciudad natal audiciones públicas de sus alumnas, que obtuvieron gran éxito, despertando el entusiasmo artístico del público en general y más particularmente del perito en materias de arte.
En 1904 envió un grupo de composiciones para piano y orquesta a la exposición de Saint Louis, Illinois, U. S., que fueron premiadas con diploma y medalla de oro.
Como pianista es tan concienzudo, que con técnica irreprochable, en la que no olvida los detalles más insignificantes, cuando interpreta, expone las ideas substanciales de las obras sin amaneramientos ni osadías.
Es además un buen compositor y musicólogo de amplia y sólida cultura.
Como compositor ha producido mucho y bueno, permaneciendo inéditas la mayor parte de sus obras, en las que predominan las de forma clásica para instrumentos de cuerda y las características para piano. Fuera de Ponce, apenas se conocen sus composiciones. Y para que pueda aquilatarse con cuanta propiedad le damos el calificativo de maestro compositor, transcribiremos, a continuación, un juicio crítico que publicó El Día, de Ponce, edición correspondiente al 19 de febrero de 1914, en la que su autor, el ilustrado compañero Braulio Dueño Colón, después de ciertas salvedades sobre lo que el prejuzga "incompetencia para emitir juicios", dice lo siguiente:
"TRIO en mí bemol. Op. 21, para violín, viola y violoncello.—Siempre he considerado que de todas las combinaciones instrumentales es el trío la más difícil de escribir, no tan sólo por ser la que menos recursos proporciona al autor para el desarrollo temático, sino por ser la que menos se presta para cierto género de combinaciones melódicas, a menos que sea el piano uno de los instrumentos que figure en el trío; siendo éste el caso del señor Chavier, por cuanto su composición está escrita para violín, viola y violoncello."
"Es indudable que a esas circunstancias que señalo, se debe el que los compositores hayan sido tan parcos en la composición de tríos de esa especie."
"No tengo a mano el catálogo de los compositores clásicos; pero registrando mi memoria, sólo recuerdo haber visto un trío de Romberg, compositor alemán, para violín, flauta y cello. En los demás que conozco, figura siempre el piano como uno de los componentes del trío."
"Teniendo en cuenta lo que llevo manifestado, hay que confesar, forzosamente, que el señor Chavier ha salido airoso de prueba tan difícil. Su trío Op. 21 es una demostración elocuente de sus conocimientos musicales. No es un mero juego de sonidos, sino una serie de temas bien desarrollados, obedeciendo a un plan sencillo, pero llevado a cabo dentro de la más exquisita unidad tonal y rítmica. El bravísimo scherso finale, en 6 por 8, está admirablemente combinado y tiene el sprít del de la sonata de Krautser de Beethoven."
"Cuarteto, Op. 25 en mí menor para dos violines, viola y cello.—He leído y releído detenidamente este cuarteto y siento, de veras, no haber tenido la oportunidad de oírlo; no porque crea yo, como un querido amigo y compañero mío, que sea indispensable oir una composición musical para poder juzgar si está bien o mal escrita, sino porque me gustaría poder apreciar si el efecto de ese Cuarteto al ser ejecutado difiere algo del que yo he podido apreciar al oírlo dentro de mí mismo, cuando lo leía. Al examinar esta obra he podido observar lo siguiente: Originalidad en las ideas, perfecta adaptabilidad de la frase melódica a lo que exige la música di cámera, buen trabajo temático, delicado ingenio en las combinaciones melódicas y discreta proporción en el trabajo asignado a cada instrumento; pudiendo decirse de este Cuarteto lo que decía Marx del primer tiempo de un Cuarteto de Beethoven, 'una verdadera causerie en la que los cuatro instrumentos usan de la palabra bajo la indiscutible dirección del primer violín.'"
"El Andante Cantabile ed Espressivo, es encantador, y a mi juicio, lo mejor del Cuarteto, no obstante que el Finale representa una labor concienzuda bajo el punto de vista escolástico."
"De todas las obras del grupo que he examinado, ésta es, tal vez, en la que se destaca mejor la personalidad artística del compositor."
"Dos sets de variaciones, para piano, Op. 29, y 32.—Son magníficas unas y otras; y no podía ser de otra manera, si se tiene en cuenta que el autor posee las tres cualidades más esenciales para esa clase de trabajos, cuales son: conocimiento profundo del contrapunto, imaginación fértil y dominio del piano."
"No sé porque, pero a mí me encantan las variaciones cuando, como las presentes, están bien hechas; y me complazco en confesar, para satisfacción del autor, que el tema Hummel lo encuentro más fielmente interpretado y con más maestría que por los compositores que hasta ahora lo han empleado. El delicado humorismo que se nota en algunas variaciones, recuerda el que diluyó Beethoven en sus célebres variaciones sobre el vals de Diabelli."
"Obertura Puerto Rico, para orquesta.—Op. 26.—Está muy bien escrita; y si el autor la instrumenta de nuevo, como parece ser su propósito, resultará de mejor efecto en la ejecución; pero... mi opinión franca y leal es que el compositor que ha escrito una música di cámera tan magistral como la que figura en el grupo de sus composiciones, puede y debe componer una obertura superior a esa, en el sentido—Entiéndase bien—de que la forma de la obra sea más amplia, y—¿por qué no decirlo?—que los conceptos melódicos sean más expansivos; que levanten el espíritu abatido de los puertorriqueños; en una palabra, que al oirla no nos entristezcamos más de lo que estamos, como me ha sucedido a mí al leerla. (No hay que echar en olvido—dicho sea como justificación de mi censura—que el autor está cantando a Puerto Rico.)"
"Yo siento que esto mortifique algo al autor; pero, aparte de que ese tono de re menor, al igual que el de do menor me causa siempre un efecto fatal, por cuanto me entristecen demasiado, hay también la circunstancia de que mi ánimo en estos días es algo anormal. Tal vez si yo oyera ejecutar la obra cambiaría de parecer. Todo es posible, puesto que se trata de un sentimiento estético."
"Digamos, sin embargo, en descargo del autor, que él ha escrito esa obra bajo la influencia de la temperatura moral de que nos habla Taine; del medio ambiente, cuyos efectos sobre el ánimo del artista son irresistibles, pues por más que se diga en contrario, el artista no puede expresar más que sentimientos análogos a aquellos que experimenta. En la música de Cámera no se nota ese fenómeno, porque ella está exenta del subjetivismo, por cuanto el autor no está atento más que a la labor científica, si así puede decirse, y estas obras representan, por lo regular, la inteligencia del autor, más no su estado de alma."
"Claro está que ésto tiene sus excepciones, como sucede con el IV Cuarteto en do menor, VII en fá y los cuatro últimos de Beethoven. Sin embargo, obsérvase que en los demás de este autor, hasta diecisiete que escribió, campea el más absoluto subjetivismo."
"Y llegamos al QUINTETO, en do menor, Op. 23, que de intento he dejado para lo último. Tenía razón el señor Chavier al decirme, hace algún tiempo, que era esta obra de la que había quedado más satisfecho, porque, en realidad, es la de más mérito y mejor trabajada de todas las obras del autor ponceño. El Minuetto y Finale molto vivace, sobre todo, están tratados magistralmente. El segundo tiempo, o sea el Andante Sostenuto e Cantabile está muy bien trabajado; pero no hay tanta novedad en las ideas como en los otros tiempos. La obra en general está muy bien delineada, y si acerca del Cuarteto, Op. 25 dije que era la obra en que más se destacaba la personalidad artística del autor, del Quinteto puede decirse que es la obra que presenta más de relieve sus vastos conocimientos musicales."
"En resumen; la labor artística del señor Chavier, condensada en el grupo de composiciones que he examinado—la obertura inclusive, pues si algo desfavorable dije acerca de ella fué bajo el punto de vista estético—es de un mérito imponderable; y no vacilo en repetir aquí lo que dije al estimado artista ponceño al recibir sus composiciones: ningún otro compositor portorriqueño—que yo sepa, al menos,—ha abordado con tan buen éxito como lo ha hecho usted, ese género que se llama música di cámera, que con ser el de más mérito es el que, en nuestro país, dá menos provecho."
Así termina su juicio crítico sobre el compositor Chavier, el competente Dueño Colón, autoridad en materia de arte lírico, y por lo que no hemos vacilado en hacer en este libro la transcripción, que tanto honra al autor de las obras que en ella se juzgan.
Como musicólogo, es Chavier uno de los pocos que, periódicamente, difunde en la prensa, con estilo claro, elegante y repleto de ideas, el movimiento artístico mundial, sin olvidarse de exteriorizar también sus impresiones sobre hechos musicales acaecidos en el país.
No siempre su argumentación, que no puede calificarse de sofisticada, es convincente, sobre todo cuando juzga hechos y obras que están en contradicción con las exquisiteces de su temperamento y gusto artístico.
Las varias controversias que ha sostenido en pro del clasicismo, bajo todos sus aspectos, al que rinde fanático culto, le han hecho ser juzgado por algunos como enemigo recalcitrante de la música regional.
Tal imputación está erróneamente aplicada, pues la gran cultura artístico-literaria que él posee no le permitirá negar el valor relativo que han tenido y tienen, dentro de la arquitectura del arte musical, las composiciones del género popular o regional. Los grandes maestros han inspirado muchos números de sus obras famosas en melodías, canciones y bailables de naturaleza regional, las qué, en su mayor parte, son la expresión del sentimiento religioso o estado de la conciencia popular de la época en que se produjeron.
Lo que ha ocurrido a Chavier es, que cuando retornó de Francia, esperaba encontrar alguna roca en donde cimentar el idealista templo con que soñara para engrandecer el culto del arte portorriqueño, y al encontrarse que el subsuelo, en su mayor parte, estaba constituído por el poco compacto terreno de la música regional, del que brotaban, casi exclusivamente, las fuentes de inspiración de los compositores, dijo para sí: "cuando la base natural no existe, puede construirse artificialmente", y empleando el cemento armado de la exageración en el ataque hacia la música regional, y más especialmente en contra de los bailables, dió principio a la cimentación, que, a pesar de las protestas de los colindantes, va destacando los muros, pues al presente se presta mayor atención al género clásico o severo y muchos de los compositores noveles lo cultivan con bastante fortuna.
Chavier, y nos permitimos asegurarlo sin que él nos contradiga, no desdeña la danza; lo que no tolera, y en esto debe secundársele, es que sea ella el único objetivo de nuestro pueblo, como finalidad artística.
A las cualidades descritas, honrosos laureles que orlan su nombre prestigioso, hay que agregar la propaganda tenaz, teórica-práctica, en pro de la buena música, y su conciencia como preceptor.
Es un propagandista incansable. Teóricamente, si se acepta la expresión, no cesa de traducir y dar a la publicidad, todo lo que encuentra en la prensa extranjera, relacionado con el movimiento artístico contemporáneo; en la práctica, fué el alma mater del gran certámen convocado en el pasado año por la "Liga Progresista" de Ponce, del que damos amplios detalles en la sección "Certámenes" de este libro.
Como preceptor es severo en el fondo, aunque delicado en las formas de trasmisión. Su plan de estudios, ajustado al del Conservatorio de París, en donde se educara, lo hace cumplir estrictamente a los alumnos. Posición, pulsación, independencia y aplicación correcta de los dedos, igualdad del mecanismo, colorido, articulado, pureza y claridad de expresión, precisión de los movimientos, manejo adecuado de los pedales, todo lo observa, corrige y enseña con pulcritud y maestría. Con tal escuela, ¿cómo no ha de obtener discípulos de mérito?
Consideramos que si Chavier pudiera sustraerse del aislamiento voluntario en que se ha encerrado y con un medio ambiente más propicio, que puede obtener, pone completamente de relieve todo su valor artístico, su gran carácter cívico y su honradez profesional, servirían para levantar el arte, que languidece, entre otras causas, por falta de caracteres en la orientación.
He aquí la relación de sus obras: