CAPÍTULO XVI.
TAVÁREZ, MANUEL G.
pianista-compositor.
Al evocar la personalidad artística de Tavárez para hacer su biografía crítica, temo, no sin fundamento, que en vez del alto relieve que merece, resulte una profanación el diseño que mi pluma trace.[25]
Aliéntame, no obstante, la idea de que, la incorrección de líneas, oscuridad del bosquejo, y la falta de tono en el conjunto, podrán muy bien subsanarse, con solamente traer a la vista o hacer oir a cualquiera que comprenda el arte, la mas sencilla de sus composiciones.
Antes de ocuparme de estas, trazaré a grandes rasgos la historia de su vida.
Vino a ella en San Juan, el 28 de noviembre de 1843. Fueron sus padres, Don Manuel Alejandro, súbdito francés, tenedor de libros de la farmacia de Mr. Micard y algo inteligente en música, y doña Juliana Ropero, portorriqueña.
Desde niño reveló grandes disposiciones para la música, y, especialmente, para el piano, el que empezó a estudiar con Don Juan Cobrizas, catalán y profesor el más afamado de la época, recibiendo algunas lecciones de armonía, del organista de catedral Don Domingo Delgado.
A los 15 años se trasladó a Europa, con recursos que le proporcionaran algunos de sus admiradores y la Sociedad Económica de Amigos del País, e instalándose en París, logró ser admitido en el Conservatorio, que por entonces dirigía el Maestro Auber, después de haber hecho a satisfacción los exámenes de ingreso. Fueron sus profesores: Auber, de armonía y composición; y Mr. D'Albert, de piano.
Encontrando en París el medio ambiente adecuado para desarrollar sus grandes facultades artísticas, al poco tiempo de estudios, se hizo notar, entre la balumba de alumnos, que en pos de la gloria acuden a aquel gran templo de Euterpe. Pero la fatalidad o la desgracia, compañeras inseparables de los artistas, le obligó retornar a su país al año de su partida, por efecto de una grave enfermedad que le dejó atrofiados para siempre el oído y mano izquierda, precisamente, la mano en la que, como pianista, no hubiera tenido rival, por la asombrosa destreza que, aun medio paralítico, conservó hasta la muerte.
De nuevo entre nosotros y después de una serie de conciertos que diera por toda la Isla, se estableció en San Juan, como profesor, trasladándose después a Caguas y fijando, definitivamente, su domicilio en Ponce.
Creo oportuno referir una anécdota de cuando ejercía en San Juan la profesión.
En el colegio que en la calle de la Fortaleza tenía establecido, por entonces, el profesor de instrucción, ya fallecido, Don Adrián Martínez Gandía, daban clases de piano, elemental y superior, un danés, cuyo nombre no recuerdo y Tavárez.
La casualidad les reunió de visita una noche en el colegio, y, después de haber lucido ambos sus habilidades como ejecutantes, recayó la conversación sobre la dificultad en el repentizar.
El danés afirmó: "Siempre que no sean piezas de dificultad extrema en su parte mecánica, yo las leo a primera vista". Tavárez, por toda contestación, llamó a un sirviente y le mandó a comprar dos cajetillas de cigarrillos de las que entonces traían impresos, al exterior y en notas muy pequeñas, trozos de danzones y guarachas cubanas, encargándole fuesen de música distinta.
En su poder las cajetillas, vació una y, desdoblando el papel, lo puso en el atril del piano diciéndole al danés: "¿Se atrevería a repentizarla?"
Este, sin vacilación, se sentó frente al piano leyéndola correctamente, si bien, el sabor criollo de la danza, no resultase del todo. Al terminar de repentizarla, tomando la otra cajetilla la presentó a Tavárez para que hiciese lo propio.
Tavárez, colocándola en el atril de manera que las notas quedasen en sentido inverso, no tan solo la repentizó, sino que, al repetirla, le improvisó unas variaciones que, aplaudidas frenéticamente por los concurrentes hicieron exclamar al danés: "Hasta ahí no llego yo."
En la sociedad ponceña, en aquella época, una de las más filarmónicas de la Isla y tal vez la única en donde los artistas, con más o menos apasionamiento, eran considerados y protegidos, fué acogido Tavárez con simpatías extraordinarias, que se trocaron en culto fanático a medida que sus producciones y cualidades de pianista fueron debidamente apreciadas.
La típica indolencia del carácter criollo, el maléfico influjo de falsos admiradores que constantemente le asediaban y su salud, siempre resentida desde que sufriera, en París, el primer ataque de parálisis, fueron factores importantísimos en el resultado de sus labores como maestro, porque, pudiendo haber hecho muchos y magníficos pianistas, pocos de sus discípulos pudieron recoger el fruto de lecciones cuyas intermitencias eran muy frecuentes.
En la tarde del 1º de julio de 1883, al cumplirse el año de haber obtenido, uno de sus mayores triunfos, en la Feria-Exposición de Ponce, la medalla de oro y diploma de honor, por su gran marcha para orquesta titulada "Redención" fué cortado, por la parca inexorable, el hilo de su corta existencia, pues no había cumplido aún los 40 años.
La noticia de su muerte causó profunda consternación en Ponce. El pueblo ponceño le tributó los honores póstumos más grandiosos que se recuerdan en aquella ciudad.
Los pianos enmudecieron por algunos días. El cadáver fué embalsamado y puesto en capilla ardiente en los salones del Orfeón Ponceño. Los balcones de las casas por donde pasó el entierro estaban enlutados, y uno de sus discípulos predilectos, que después ha alcanzado gran renombre y que por entonces era un niño, Paco Cortés, fué el único que se atrevió a pulsar el teclado del piano, para despedir los despojos mortales de su inolvidable preceptor, tocando, desde el balcón del Casino de Ponce durante el paso del cortejo fúnebre, las notas patrióticas de la marcha "Redención." Examinemos ahora sus méritos como pianista.
Juzgar a un pianista en una sola audición, cuando el oyente, ni por su edad ni por su pericia estaba en condiciones de hacerlo, pudiera considerarse insania u osadía si no fuera porque la impresión producida, fonografiada en el cerebro, permitiera traerla nuevamente al oído para formular opinión, cuando, por la experiencia, se creyese autorizado. Ese es mi caso actual.
Ansioso por oir a Tavárez cuyas danzas eran para mí la fiel expresión de los ensueños de mi juventud, hice, con tal objeto, un viaje a Ponce, en agosto de 1880.
Después de varias visitas a su hogar, sin resultado, pude obtenerlo una noche en el café de Las Delicias, en el que, cuando estaba de vena, hacía las idem del público.
Para ello tuve que esperar basta hora muy avanzada y someterme antes al cruel martirio de hacerle oir un mamarracho, que, con el nombre de danza, le había dedicado desde San Juan. Terminada ésta y como expoliado por el buen deseo y ferviente adoración que mis pobres notas expresaran, mandando cerrar el Café (serían las dos de la madrugada) en el que únicamente permanecían cuatro personas, sentándose al piano, dió comienzo a la audición más genial que, en sus recuerdos artísticos, conserva mi memoria.
Casi era imposible seguir las huellas del torrente de armonías que sus pequeñas manos arrancaban al teclado.
La balada en Sol menor de Chopín, su autor favorito, y cuyo estilo, apasionadamente poético tomara por modelo para sus composiciones; la gran marcha de Gottschalck, obra póstuma dedicada al emperador del Brasil, en cuyos moldes vaciara dos años después, su marcha Redención; la Rapsodia No. 2 de Listz, cuyas dificultades de mecanismo y expresión bordaba con maestría; un andante appasionato y allegro scherzando de Mendelsonn, en cuyas obras no sabemos que admirar más, si la novedad de la frase melódica o los arrebatadores efectos de la armonía, que sin llegar a las complicidades e innovaciones de Wagner, nos resulta tan elegante como la de Beethoven y menos severa que la de Bach; un dificilísimo estudio de Moscheles, seguido del andante de una sonata de Matías, y del momento caprichoso de Weber, constituyeron la primera parte no interrumpida, de aquella memorable audición.
Tras una breve pausa, pues la fiebre del arte parecía dominarle esa noche, al intérprete de los grandes maestros, sucedió el maestro de la danza regional, vaciando en raudales de sentimiento las quejas de su alma dolorida y enamorada, que no otra cosa sintetizan los cantos inmortales de Margarita, Ausencia, Melancolía, y Pobre Corazón, a las que no vacilo en calificar de romanzas criollas sin palabras.
Los suaves tintes de la aurora del 29 de agosto del 1880 empezaban a iluminar el claro cielo de Ponce, cuando abandonando el Café, me despedía, ¡quién había de pensarlo fuera para siempre! del maestro inolvidable cuyo magnetismo personal y artístico era irresistible.
De aquella memorable noche, ya lo he dicho antes, dado el místico arrobamiento con que le escuchara, solamente pude grabar mis impresiones para hoy, aunque sin autoridad bastante, poder decir: fué un pianista, cuya destreza técnica, poético estilo, delicada pulsación y vigoroso colorido de la interpretación, le hicieron acreedor, no ya entre nosotros, sino fuera de la Isla, al título de virtuose.
Estudiemos, ahora, el mérito de sus composiciones.
La música, psicológicamente considerada, es el arte que más poderosos medios de expresión posee para que un artista pueda establecer verdadera comunidad de ideas y de sentimientos cuando traduce, al lenguaje de los sentidos, las impresiones de su numen.
Modelado el corazón de Tavárez en los característicos afectos de la pasión tropical y desarrollado su genio artístico en el seno de la nación francesa, conquistadora de los derechos del hombre que trazaron a la conciencia religiosa de la humanidad el nuevo cauce por donde hoy dirige sus corrientes, el del amor y fraternidad universal, no pudo menos que recibir intensa sensación de dolor, cuando al regresar encontró a la pobre islilla, cual barquichuelo en los mares polares, aprisionada, moral, política e intelectualmente, por los grandes bloques de hielo del coloniaje y de la esclavitud.
De ahí, el tinte nostálgico, acentuadamente melancólico, ya que no doloroso, de los pensamientos melódicos de sus composiciones, cuando con las danzas expresa los ensueños y decepciones de amor; con los caprichos característicos, la idiosincracia del carácter nativo; y, con las piezas de género, los ideales de libertad bajo la égida de nuestra antigua metrópoli, admirablemente expuestos en el hermoso conjunto armónico de su gran marcha Redención.
Todas sus composiciones, las que en su mayor parte catalogamos en la sección correspondiente de este libro, están construídas dentro de los preceptos más rigurosos de la composición. Entre otras, la marcha Redención revela la profundidad de conocimientos, pues el canon final está magistralmente hecho.
De su Vals de Concierto para la mano izquierda, decía la Gazetta Musicale de Firenze en su número del 1º de noviembre de 1879, "que revelaba extraordinaria actitud, Tavárez, para escribir obras de piano con gusto, sentimiento y verdadero carácter", añadiendo que "tan notable vals era una gran composición de concierto, de muchísimo efecto."
Para terminar, ya que no tenemos a la vista para juzgarlas todas sus composiciones, diremos que brilló a gran altura como compositor de estilo propio, siendo sus obras las que harán sea reverenciado su nombre, en la historia del arte portorriqueño.
SECCIÓN TERCERA.
Cantantes.
CAPÍTULO XVII.
La voz, si se modula en sonidos que recorran los grados de la escala armónica, forma el canto, la exposición más natural del sentimiento y de la pasión. La palabra canto, aplicada a la música, indica, la parte melódica que resulta de la duración y sucesión de los sonidos, de la que depende en gran parte, la expresión y a la que se subordina todo lo demás.
"El canto puede dividirse en natural y artificial. Existe el primero, sin conocimiento alguno del arte del canto, y es el segundo su perfeccionamiento, merced al ejercicio del arte".
"Pertenece al arte del canto, en primer lugar, la buena calidad de la voz, la cual debe ser ágil, entonada, clara, robusta, flexible, grata, dulce y rica de extensión. Es necesario, además saber debilitarla o robustecerla a placer; manejar bien los alientos, ligar los sonidos, disminuirlos y destacarlos; pasar con rapidez de la voz de pecho a la de cabeza, y viceversa; pronunciar bien, articular con perfección y leer con facilidad las notas".[26]
El ejercicio respiratorio, que en el tecnicismo de la escuela de canto italiana se denomina il fiato, requiere un estudio especialísimo en consonancia con las facultades vocales, para que resulte la emisión correcta y pura de los sonidos, sin menoscabo de los órganos que los producen.
De ahí, que el estudio del canto sea el más difícil y escabroso entre todos los demás del arte lírico.
El preceptor de una voz, ejerce también una gran influencia en los resultados, pues si, no es un verdadero maestro, en lo absoluto de la expresión, o si carece de conciencia artística para aplicar sus conocimientos, puede, y se registran infinidad de casos, hacer malograr voces de condiciones naturales bellísimas, que educadas convenientemente hubieran alcanzado espléndidas finalidades.
Esa rama de la enseñanza musical ha estado en Puerto Rico casi huérfana de maestros, razón por la cual, con abundancia de voces, dentro de todas las texturas, hayan sido muy escasos los cantantes notables que se han producido.
Como profesionales, muy pocos pudiéramos citar, pero como han existido, y existen un buen número de diletantes, algunos de los que, si se hubiesen dedicado a la carrera artística, hubieran alcanzado puestos de honor, los nominaremos a todos, por si este libro perdurase, que en el mañana sirva nuestra ofrenda de recuerdo y homenaje a sus méritos.[27]
Para que los lectores puedan distinguirlos, tras de los nombres agregaremos, entre paréntesis, las letras P., o D., que indicarán la clasificación.
APONTE, Araceli.—P.—
Aunque nacida en Sevilla, España, su padre era portorriqueño.
Hizo los estudios de canto en la escuela nacional de música y declamación, de Madrid, bajo la dirección del reputado maestro Don José Inzenga.
Su voz, de soprano lírica, cálida y robusta, unida al donaire andaluz de que estaba saturada su elegante figura, la hizo obtener un éxito franco al debutar en uno de los teatros de la corte española.
En 1893 vino a Puerto Rico y organizó una serie de recitales en los principales teatros de la Isla, siendo justamente aplaudida. Dedicose primeramente a la ópera, que después trocó por la zarzuela. Ignoramos si vive.
BERRIOS GIRONA, Pepita.—D.—
Este lindo capullito, que, en el jardín capitaleño, brotara de un rosal cuya raigambre tiene filamentos de arte, apenas entreabrió su corola, exhaló, tan pródiga y prematuramente los perfumes del cáliz, que, cuando se transforme en rosa, del bel canto, tal vez si le hagan falta para la fragancia de los pétalos.
La voz de Pepita Berríos, pura, cristalina, fresca, de gran extensión, aunque de escaso volumen,—cualidad que el estudio metódico y constante modifica,—si en la niñez, solamente hubiera practicado ejercicios de solfeo con aditamentos de piezas adaptadas a sus condiciones, y al entrar en la pubertad, los de vocalización, impostación y fiato, prescindiendo en absoluto de interpretar obras superiores a sus conocimientos, seguros estamos, que dadas las características de su voz de soprano lírico-spinto, y su extraordinaria vis cómica, hubiera llegado a ser una cantante de fama en los géneros de la opereta y zarzuela.
No obstante, todavía puede aspirar a esa gloria. Es muy joven y sus facultades, aunque tengan, al presente, ligeros defectos, con firmeza de voluntad en el estudio, estos se corrigen alcanzando la voz modalidades extraordinarias y meritísimas.
Pepita Berríos, apesar de lo expuesto, expresa con refinamientos de artista, por lo cual goza de tantas simpatías entre el público de San Juan.
BRUNO DE CAÑELLAS, Cecilia.—D.—
Calificada dilettante, meramente por practicar el canto como expansión del alma, por las condiciones de su voz y pura escuela de emisión que posee, el epíteto que, en verdad y justicia, le corresponde no es otro que el de artista.
Y artista que, en la escena lírica, hubiera alcanzado gran renombre, tal vez mundial, por la igualdad del color, volumen y elasticidad de su definida voz de mezzo-soprano; equilibrio que establece en los diversos matices de la expresión, uso apropiado del fiato, claridad de emisión, elegancia del fraseo, simpática presencia y arrogancia de la declamación.
Tales características son las resultantes de los dos años de estudios hechos en New York, bajo la competente y severa dirección del maestro de canto italiano, y tenor que fuera de cartel, Sigr. Belari, discípulo de la escuela Lamperti.
Cecilia Bruno, ha sido y es muy solicitada por los centros sociales, de los que es factor por derecho propio, para, con su participación, realzar el valor artístico de los actos públicos; y en los templos de Guayama, San Juan y otros de la Isla los acentos de su voz han resonado frecuentemente. También ha sido de las primeras en brindar su cooperación, como cantante, para cualquier espectáculo de fines caritativos.
A ella debemos, por la manera, indescriptible, con que interpretara una romanza titulada "Soñando," la sensación más grande, que como autor, hemos experimentado.
Guayama debe siempre sentirse orgullosa de contarla entre sus hijas.
CUEBAS, Eduardo.—P.—
Nacido en la Isla, sin que nos haya sido posible obtener la fecha y sitio, con su padre, músico procedente del regimiento de Iberia, cursó los estudios elementales de la música.
Su predilección por el canto le hizo abandonar el país, retornando a los pocos años transformado en tenor de zarzuela, de timbre agradable, mediano volumen y regularmente impostada. Durante permaneció en la isla, cantaba en las iglesias, daba clases de música y ejercitaba la composición.[28]
Designado como maestro director y concertador de una compañía de zarzuela, marchó con ella para la América-Central. En Costa Rica fijó, después de algunos años de excursión artística, definitivamente su domicilio, siendo al poco tiempo nombrado Director de la Escuela Nacional de Música, en cuyo puesto continuaba hasta el 1912, fecha a que alcanzan las últimas noticias.
Conocía varios instrumentos y tenía gran facilidad para trasmitir.
ELIZIER, José.—P.—
Natural de Loiza, con voz de tenor no muy extensa, pero dulce, afinada y robusta, aunque algo falta de escuela, fué por más de ocho años el tenor de la orquesta de la iglesia de San Francisco, San Juan.
En 1880 se retiró a su pueblo natal en donde falleció hace pocos años.
FELICI, Alicia.—P.—
Nació en Ponce. Sus progenitores—francés el padre y la madre nativa—que ocuparon sólida y elevada posición social la dieron esmerada educación.
Apenas púber, se revelaron sus facultades artísticas y vocación para el canto. Trasladaba a París, en 1910, por motivos de salud, al ser oída en una reunión familiar, por el Director de la Opera Cómica, Mr. Busser, éste la prometió prepararla en un año para el ingreso en el Conservatorio. Y efectivamente, de las 150 damitas que presentaron solicitudes para los ejercicios de oposición exigidos para poderse matricular como alumnas, de las que tan solo 15 obtuvieron buena calificación, la señorita Felici, fué una de las 6 admitidas para el curso de 1912, en el que obtuvo un accésit al practicar los exámenes.
Haciendo los estudios del segundo año, ganó por oposición una beca de 500 francos ofrendada por una artista francesa; y al final del curso conquistó un segundo premio. En ese mismo curso,—1913-1914—, fué admitida a las oposiciones para el primer premio, originándose, con tal motivo, un debate, pues en el Conservatorio no deben aspirar a dicho premio otras alumnas que las del tercer curso. Ella alcanzó el honor de ser admitida y aunque no obtuvo el codiciado galardón, le otorgaron un accésit.
Cuando cursaba el tercero y último de la carrera, le sorprendió la terrible guerra europea y entonces, imitando el ejemplo de sus compatriotas, pues conserva la nacionalidad de su difunto padre, ingresó en la Cruz Roja, en donde continúa sirviendo a su patria con abnegación que le honra.
A no ser por esa circunstancia hubiera debutado en Niza, para donde tenía ofrecida una contrata, con la ópera "Manón" de Massanet.
En el teatro de Bastia tomó parte, recientemente, en un concierto a beneficio de los heridos, dedicándole, la prensa de aquella ciudad, los mayores elogios.
La Legislatura de Puerto Rico la subvencionó durante los años fiscales de 1912 al 1914, con $500, en cada uno.
En el verano de 1911, antes de ingresar en el Conservatorio, vino a la isla y organizó recitales en Ponce y San Juan, siendo aplaudida.
Bella y elegante, con voz de soprano lírica pastosa y simpática, está en condiciones de alcanzar grandes triunfos y días de gloria para su tierra nativa.
Fueron sus profesores: Mlle. Grandjean, del Conservatorio y Mr. Idsuardou, de la Opera Cómica.
FURNIS, Sarah.—D.—
Asegúrasenos, por personas dignas de respeto y crédito, que esta señorita mayagüezana, hija de don Rafael Furnis maestro de instrucción de la escuela correccional, posee una bella voz de soprano, con todas las condiciones para, si logra educarlas en una buena escuela, alcanzar puesto preferente entre las cantantes.
Por los programas que hemos leído de conciertos en que ella ha tomado parte, ha abordado de lleno el repertorio moderno de ópera italiana. Si lo hace, careciendo de los rudimentarios conocimientos del arte del canto, le aconsejamos, si es que aspira a cantar profesionalmente, no prosiga haciéndolo pues corre el riesgo de atrofiarse para siempre. He aquí otra señorita, como la Berríos, víctima de la falta de una escuela de canto en el país.
GIMÉNEZ SICARDÓ, Isabel.—D.—
De ascendencia y temperamento artístico, Isabel Giménez, que ejerce en Caguas, su pueblo natal, la profesión de maestra de piano, cultiva también, por afición, la voz de soprano, de mediano volumen, timbre agradable, correcta afinación y texitura no muy extensa que posee.
Con frecuencia toma parte en veladas y conciertos públicos, sobre todo, para coadyuvar a fines de caridad o ameritar los programas de recitales preparados por artistas que solicitan su valioso concurso.
Goza de profundas y merecidas simpatías.
GOICOCHEA, Francisco.—P.—
Natural de Ponce, de joven se trasladó a Barcelona, España, en donde tomó lecciones de canto, las que pusieron su agradable voz de tenor en condiciones para dedicarse a la zarzuela. Como tenor de cartel figuró en elencos de algunas compañías que trabajaron en Méjico, y teatro Albizu de la Habana.
Visitó después a Puerto Rico dando algunas audiciones, que fueron aplaudidas, retirándose al poco tiempo de la escena.
GÓMEZ DE MARCHÁN, Encarnación.—D.—
Natural de San Juan, e hija del flautista don Manuel, con don Ramón Sarriera cursó los estudios del canto y piano. Su voz de soprano lírico, bien timbrada, aunque de mediano volumen, si hubiese sido educada con el rigor de la escuela europea, hubiera alcanzado altos prestigios en el género de la Zarzuela española. Como dilettante ha sido justamente aplaudida en todos los actos públicos a que ha asistido. Su vis cómica en el género chico le proporcionó grandes triunfos sobre todo en Chateau Margaux, zarzuela en un acto que caracterizó a conciencia. Toma con frecuencia parte como cantante de solemnidades religiosas y no escatima su concurso artístico para toda obra benéfica.
Ejerció durante algunos años la enseñanza del Piano en San Juan y Manatí.
GRIFO MONCERRATE, Luisa.—D.—
Si preocupaciones paternales, dignas de respeto, no hubiesen cohibido la natural vocación de esta flor de mujer, llamada Luisa Grifo Moncerrate, de no malograrse durante el curso de los estudios, Puerto Rico tendría en ella, en no lejano plazo, la soprano dramática absoluta, compañera del gran tenor ponceño Antonio Paoli.
Y no hay hipérbole en la afirmación.
Los que, con alguna pericia para apreciar cualidades de voces, la oigan cantar nos darán la razón.
Cuadratura completa en timbre, extensión, volumen y elasticidad; indicios de expresión extraordinariamente pasional, y decimos indicios, porque cuando la oímos, el sentir de su alma estaba exento de las torturas de la pasión; solamente tenía 15 años, y sin embargo el calor con que decía las frases, nos hizo presentir hondas conmociones estéticas para cuando goces y dolos, ilusiones y desencantos, por ley inexorable, desgarren el velo que encubre la virginidad de su alma.
Y si a las facultades artísticas se agregan las características personales, cuya candorosa hermosura, corrección de líneas, belleza plástica y energía del conjunto hace recordar a las mujeres de la antigua Roma, impresión que nos producen la mayor parte de las damas de Guayama, en donde naciera Luisa, parécenos que el calificativo de soprano dramática absoluta que la damos, quedaría justificado cuando, ya artista, proyectase desde la escena el sprazzo de su gloria.
Actualmente cursa en la Normal de Río Piedras los estudios del magisterio, cuando en donde debiera estar era en Milán modelando su privilegiada y bellísima voz.
MANGUAL CESTERO, Estela.—D.—
Desde niña manifestó grandes facultades para la música y especialmente para el canto. Con don Genaro de Aranzamendi hizo estudios de piano, y cuando tan sólo contaba diez años empezó a cantar en coros de niños de festividades religiosas y sociales, cautivando la atención por la dulzura de su voz, entonces sin definir.
De familia distinguida, nunca pensó en dedicarse al canto como profesión. Pero su afición, a medida que las facultades vocales adquirían color determinado, se iba haciendo mayor, hasta convertirse en necesidad.
Trasladada con su familia a Mayagüez, los centros sociales de la culta ciudad del Oeste le asignaron puesto preferente en el cuadro de honor de los socios de mérito, pues ya señorita, su voz, regularmente educada, tomó las modalidades de soprano ligera.
El jilguerito, como cariñosamente la designaban, con los trinos, escalas y staccatos de su cristalina voz, dando tonos de alegría permanente a su dulce hogar causaba también la de los mayagüezanos.
Estela, como toda la familia Mangual-Cestero, era artista, demostrándolo así cada vez que ocupaba los escenarios de los Casinos de Mayagüez, ora como cantante, ora como dramática o cómica.
Nadie como ella para la interpretación de las danzas de Campos, a muchas de las que supo adaptar letra adecuada.
Murió, hace pocos años, en Arecibo.
MATIENZO, Cruz.—D.—
Otra artista segada en flor por suspicacias contra la vida artística.
Voz de contralto con todas sus esenciales. Complexión nerviosa delicadísima, inteligencia superior, educación esmerada y pasión delirante por el arte. Con tales condiciones pulimentadas por estudios metódicos, su voz, cuya texitura tanto escasea, hubiera resonado vibrante en la escena de los grandes teatros proporcionando a ella y a su tierra nativa júbilo y gloria.
Cuando canta, y no es pródiga en hacerlo públicamente, a los pocos momentos el auditorio, hondamente conmovido, la colma de aplausos. ¡Tal es la fuerza de su expresión!
MONTILLA, Antonia.—D.—
Por referencias que oyéramos a nuestro padre, confirmadas después por profesionales y personas de cultura de la época en que la señorita Montilla cooperaba a las manifestaciones artísticas de San Juan, poseyó una voz pastosa, afinadísima, elástica y dulcemente timbrada de soprano lírica, bastante educada, con la que hacía las delicias de los socios de La Filarmónica y del público, cuando esta sociedad llevaba su cuadro lírico-dramático de aficionados al Teatro.
Ella fué la que hizo el papel de Loarina en la ópera Guarionex del maestro Gutiérrez, participando del éxito alcanzado. La señorita Antonia Montilla, perteneciente a una de las más distinguidas familias portorriqueñas, fué una artista consumada, lo mismo en el canto que en la escena.
En el hogar de la familia Montilla el arte tenía culto especialísimo, no siendo refractarios al mismo, los muchos descendientes que de ella existen.
MORENO CALDERÓN, Teresina.—P.—
Hija de don Antonio Moreno Santí y de doña Teresa Calderón, en cuyo hogar distinguido y durante algunos años reuníanse todos los miércoles por la noche, para hacer música además de su hermana Isabel, hoy viuda de Romero, pianista dilettante de gran ejecución y esmerado estilo, los profesores Toledo, Sarriera, Gómez Tizol, Dueño Colón, Julián Andino, y algunos otros, nació en el año 1880 nuestra biografiada.
Desde niña empezó estudios de piano con Sarriera y en 1888 se trasladó con sus padres a Madrid. El maestro de música del colegio en donde estaba internada, recomendó al padre de Teresita la dedicase al canto, pues, había podido apreciar que la voz que entonces poseía al evolucionar con la pubertad, se definiría con texitura de contralto.
Al salir del colegio fué puesta bajo la dirección del maestro Blasco, cuya escuela de canto fué reputada como la mejor de Madrid, en aquella época.
El cambio de soberanía obligó el retorno de sus padres a Puerto Rico y con ellos vino, hecha ya una verdadera contralto de timbre diáfano y afinado, volumen vigoroso y expresión cálida nuestra biografiada Teresina, dejando oir su voz en audiciones públicas en las que fué justamente aplaudida.
Durante algunos meses se dedicó a enseñar el canto, pero suspendió el ejercicio de la profesión para trasladarse a Baltimore, EE. UU. a estudiar inglés y tomar el título de maestra graduada de música.
De Baltimore pasó a Boston, Mass., para ampliar los conocimientos musicales en el Conservatorio de dicha ciudad, siendo llamada por cable en octubre 3 de 1904, para ocupar el puesto de maestra de música de las escuelas públicas de San Juan, por designación que hiciera Mr. E. W. Lord, Sub-Comisionado de Instrucción.
Las fatigas de la enseñanza no la hicieron abandonar sus prácticas vocales y de tiempo en tiempo solazaba el público tomando parte en festivales del Ateneo y en otros de fines caritativos.
En 1911 solicitó de la Legislatura Insular, una subvención para trasladarse a Italia, por concedida por la Cámara, no pasó en el Consejo. El mismo año partió para España y en Madrid se encuentra actualmente ejerciendo el profesorado, siendo actualmente sustituta del maestro de canto del Conservatorio de Madrid, Sr. Tabullo.
Siendo las voces de contralto las que menos abundan, es de lamentarse que Teresina no se hubiese dedicado a la escena lírica en la que hubiese podido obtener, fácilmente grandes triunfos.
NADAL SANTA COLOMA, Juan.—P.—
Nació en Mayagüez en cuya ciudad recibió esmerada educación elemental. Al morir su padre el Lcdo. don Ramón, honra del foro portorriqueño, su señora madre, aristocrática dama española, se trasladó con toda la familia a Madrid, en donde se desarrollaron sus aficiones por el arte escénico, siendo Juan el más asíduo expectador de los teatros de zarzuela.
Cuando después del cambio de soberanía regresó a Puerto Rico formó parte de la Gira Artística, compañía lírica de aficionados organizada por Evaristo Vélez López y Joaquín Burset.
Juan Nadal se destacó del cuadro, poniendo de relieve sus facultades artísticas.
Al poco tiempo marchaba para la Habana y Venezuela de donde retornó figurando como bajo de cartel en una compañía de zarzuela del género chico, en el que por su gran vis cómica, dominio de la escena y su profunda y bien timbrada voz, ha adquirido puesto de primera fila.
Su nombre artístico es conocido por todos los públicos de Méjico y demás repúblicas de Centro y Sud América.
OLLER, Francisco.—D.—
Aunque la justa fama de que goza Frasquito Oller, que es como se le nombra, la ha adquirido por sus méritos de pintor, como durante su juventud y aun en plena edad viril, cultivaba la música, tomando parte, como barítono, en festividades religiosas y actos del cuadro lírico-dramático de La Sociedad Filarmónica, no debemos omitir su nombre en esta sección, pues las condiciones de su voz y labor realizada en la sociedad citada le hacen acreedor al recuerdo.
Fué amigo íntimo de Gutiérrez, quien compuso y le dedicó una gran salve obligada a barítono, que según nuestro padre, Oller interpretaba a conciencia.
El papel de Indio Taboa—bajo cantante—en la ópera Guarionex, estuvo por él desempeñado magistralmente, según nos refiriera el propio autor de la ópera, cuando meses, antes de morir, en una visita que le hiciéramos, nos contó todos los episodios concernientes a la representación de la ópera.
El mismo Oller, cuando fuimos a verle en febrero de este año, en solicitud de datos históricos para nuestra conferencia de la Biblioteca, nos hizo oir un fragmento de la bella romanza que cantaba el barítono, Sr. Adzuar, en la citada obra. Y aunque su voz ya está casi velada por los años, el modo de frasear, nos indicó que Frasquito Oller, poseía escuela y refinado gusto artístico. Y cómo no, si en París era un asíduo concurrente a la Gran Opera.
Quien, como él, posee la maestría en el arte de los colores, no podía ser ni insensible ni inepto para el de los sonidos.
OLLER DE PANIAGUA, Isabel.—D.—
Esta respetable matrona, hermana del pintor Oller y tronco de una de las primeras familias de San Juan, que ha poco tiempo ha rendido la jornada de la vida, cuando era señorita y aún en los primeros años de casada ejercitaba su bella voz de soprano ligera.
Solicitada por Adelina Patti, cuando en los principios de su carrera visitó la isla, para que la secundara en los conciertos, tuvo el honor de cantar con la afamada diva, el dúo de tiples de la ópera Norma, y otros de las óperas de entonces, no desmereciendo, ni en calidad ni en formas de expresión, a la que hasta hoy no ha sido superada como soprano ligera.
Isabelita Oller, cantó la parte de Anona en la ópera Guarionex. Su esposo Don Manuel Paniagua era también dilettante con voz de tenor y una gran cultura artística.
PACHECO, María del Coral.—D.—
Diletante ayer, estudiante en Milán hoy, y dentro de poco tiempo, tal vez profesional, en todos y cada uno de esos aspectos, las líneas que forman el contorno de su personalidad son claras, fijas y vigorosamente artísticas.
Alta, bella y elegante; nerviosa, soñadora, apasionadamente enamorada del bel canto; modesta, laboriosa y culta; voz de soprano ligera, extensa, pastosa, cálida, clara, ágil y fresca, que recibió educación primaria en Puerto Rico, secundaria en New York bajo la competente dirección de un maestro de canto italiano, y ahora cursa la superior en la Gran Universidad Musical de Italia, en Milán; está en posesión para, salvo lo imprevisto, llegar, con voluntad firme y decidida, hasta la cima de la gloria.
Y no decimos más, porque próxima a debutar, el juicio definitivo no nos pertenece y sería osada pretensión anticiparlo.
PAOLI, Amalia.—P.—
La gentil ponceña, cuyo nombre ha resonado tanto por los ámbitos de la isla cuando la recorriera en peregrinación artística con el fin de trasladarse a Europa para proseguir los estudios del canto, recibió del maestro catalán don José Forns, sólidos conocimientos del piano; y de Lizzie Graham, como cariñosamente llaman en Ponce a una de las más nobles y cultas damas de aquella sociedad, las primeras lecciones de vocalización e impostación, conocimientos que dicha señora posee a la perfección por haberlos adquiridos en la escuela Lamperti, de Florencia, Italia.
Trasladada a Madrid, España, por influencias de su buen amigo don Julio Vizcarrondo, portorriqueño ilustre que en la corte española fué justamente apreciado por sus grandes méritos, la Infanta doña Isabel, cuya nobleza de alma supera a la de su regia estirpe, le concedió una audiencia, cuyos resultados han sido de altas distinciones para Amalia y sus hermanos.
Cursó en la Villa y Corte, estudios superiores de canto bajo la dirección del afamado barítono de ópera señor Vergéz, teniendo la fortuna de debutar en el Teatro Real con la ópera Aida alcanzando un éxito franco, según las revistas de toda la prensa madrileña de aquella época.
Después de algunas representaciones más y de hacer temporadas en otros teatros, marchó a Italia, para perfeccionar su, ya entonces, magnífica escuela; pero casi apenas llegada a Milán, hubo de regresar a Madrid llamada por Vergéz, con motivo de haber este maestro descubierto un tesoro de voz en su hermano Antonio.
Amalia, que bien puede decirse ha sido la madre artística del gran tenor Paoli, después de obtener la protección Real para que éste marchase a Milán, se trasladó con él a dicha ciudad italiana, dedicándose a vigilar los estudios de aquel y a la vez a perfeccionar los propios.
Después del triunfo de su hermano, ella entró de lleno en la carrera del canto, siendo siempre muy aplaudida en todos los teatros en donde lucía las habilidades de su garganta.
Pasado algún tiempo vino a Puerto Rico y en los conciertos que diera por casi toda la isla, sus paisanos pudieron apreciar los grandes adelantos que había hecho así como la delicadeza de su escuela, que le ha permitido ser una cantante, sino de la talla de Antonio, con la suficiente para dejarse oir de cualquier público y ser siempre aplaudida.
Actualmente se encuentra en Milán, centro de contratación para los artistas, y frecuentemente sale a hacer temporadas por teatros de Italia.
Su hermosa voz de mezzo-soprano es siempre fresca y pura.
PAOLI, Antonio.—P.—
Véase la sección Biografías, de este libro; página 122, [Capítulo XIV.]
PEÑA MONTILLA, Angeles.—P.—
Los pocos datos que hemos podido adquirir de esta portorriqueña, nacida en San Juan, nos permiten asegurar que debutó en Madrid, en donde hizo los estudios del canto, bajo la dirección del maestro Blasco, y que su voz de soprano lírica, de bastantes buenas condiciones, cautivó por algún tiempo a los públicos de Sevilla, Granada, Valencia y Madrid en donde hiciera magníficas temporadas.
Pasado algún tiempo se dedicó a la zarzuela, y contratada como primera tiple de una gran compañía organizada para la América del Sur, en la Argentina falleció, en 1902 y cuando ya se había captado las simpatías de aquel inteligente público.
SPENCER de GRAHAM, Lizzie. (Isabel.)—D.—
Esta distinguida soprano absoluta y cultísima dama, aunque de padres ingleses, nació en Ponce en donde es la reina de uno de los hogares más estimados en todo Puerto Rico.
Muy niña, sus padres la llevaron a educar a Inglaterra, pasando después a Francia, Alemania e Italia, en donde permaneció el tiempo suficiente para aprender a conciencia, no tan sólo los idiomas, si que también la literatura de dichos países, tomando además, en Florencia, Italia, cursos especiales de canto con el profesor Adolfo Bach de la escuela Lamperti, la más correcta y afamada de entonces, hasta, por sus felices disposiciones, transformarse en excelente artista.
Lizzie Graham era una verdadera joya del arte lírico, y el teatro perdió en ella una estrella que hubiera iluminado, toda una época, con fulgores de primera magnitud. Su buena posición social fué la rémora para que no siguiera esa carrera en la que descuellan los privilegiados por la Naturaleza.
Cantaba mucho y canta siempre, en el templo y en los centros sociales, sin otros fines, que el de dar realce a las festividades o cooperar a los nobles fines de la caridad.
Tomó parte activísima en la Feria de Ponce de 1882 y desde esa fecha basta hoy no cesa de prestar su valioso concurso, sobre todo al Templo Católico, consagrándole las primicias de sus tesoros artísticos. La mayor parte de las plegarias religiosas de Campos fueron compuestas expresamente para ella.
Su morada ha sido siempre un centro del divino arte, atrayente por el tono cultural de Lizzie cuya nota predominante es la modestia. La buena sociedad ponceña se congregaba en sus salones en los que no faltaban, atraídos por el Sol, satélites tan brillantes como el inolvidable Dr. Martín Corchado y Juarbe, la señora Amalia Arce de Otero, Gil de Taboada, dilettantes que poseían, en calidad y escuela, voces bellísimas de tenor, soprano y barítono, respectivamente. También fueron asíduos contertulios los maestros Tavárez y Forns. De esos inolvidables reuniones o noches de arte, en que reinaba la mayor armonía moral por efecto de la exquisita cultura de los concurrentes, surgieron infinidad de iniciativas para conciertos y veladas benéficas o en honor de distinguidas mentalidades del país.
Esas reuniones filarmónicas tomaron aspecto de Academia de canto, en la cual, Amalia Paoli, Tomasita Otero, Anatilde Candamo, y otras damitas ponceñas dieron los primeros pasos por la senda del arte con notable aprovechamiento.
Lizzie, hubiera podido alcanzar fácilmente, en la escena lírica mundial, tanta fama como la Patti; pero se ha conformado con obtenerla en Puerto Rico, conquistando además otra no menos hermosa y tal vez más eterna, cual es la de ser Ángel de la Caridad.
Ella fué la fundadora de la Benevolent Society, institución valiosísima de fines caritativos que hace honor a Ponce. Es actualmente la Presidenta del Club de Señoras, que cooperó a fundar, y en el que se celebran frecuentemente, actos sociales en que el arte musical dá la nota más alta.
Las puertas de su casa siempre están abiertas para los que reclaman pan y vestidos.
¡¡Es el ángel de la pobreza y todo Ponce la bendice!!
TORRUELLA DE ARTEAGA, Nicolasa.—P.—
Nació en Ponce demostrando desde niña gran amor por el canto y notables aptitudes para la música.
A los 7 años dió principio a los estudios del piano bajo la dirección de su señora madre, que fué una pianista dilettante muy notable. Más tarde con Lizzie Graham tomó lecciones de canto, quedando a los 15 años, bajo la exclusiva dirección, en ambos estudios, del que después ha sido su esposo, el connotado maestro Julio C. Arteaga.
En 1895, ya casada, debutó como concertista en el Salón López de la Habana.
En Ponce, al regresar de Cuba cuando estalló la última guerra separatista, y después en New York ejerció el profesorado.
Ha tomado parte integrante en conciertos y veladas públicas y cuando se efectuaban los Lúnes del Ateneo, su cooperación era eficaz.
De 1908 a 1910 fué la profesora de piano y canto del Colegio del Sagrado Corazón, de Santurce, P. R. Y en los coros de las Iglesias de Santa Ana y San Mateo siempre ha prestado ayuda desinteresada.
Actualmente tiene a su cargo las clases de solfeo, canto Y piano elemental en la Academia Arteaga de Santurce.
VÉLEZ LÓPEZ, Evaristo.—D.—
Fué el organizador de la Gira Artística, cuadro lírico-dramático que por algún tiempo proporcionó noches deliciosas al público de San Juan.
Vélez López es un bohemio que ha derrochado sus facultades artísticas sin beneficio alguno. Nació en Lares.
Voz de bajo, con mejores condiciones que las de Juan Nadal y en cuanto a las facultades escénicas, no tiene por que envidiar las de los afamados actores del género chico en la zarzuela española.
VERAR DE REAL, Cruz.—P.—
Natural de San Juan e hija del veterano músico don Francisco, es poseedora de una de las cuadraturas musicales mejor delineadas que en el país se han producido.
Su señor padre le enseñó los rudimentos de la música y Ramón Sarriera y Anita Otero, fueron sus preceptores de piano. En Washington tomó lecciones de canto, y aunque posee una bien timbrada voz de mezzo-soprano, no se dedicó al canto, como profesión, sino que prefirió ejercer la dirección orquestal, haciéndolo con tal maestría, que desde que realizó su matrimonio con el aplaudido barítono de zarzuela señor Real, ha sido, y es, la maestra concertadora de todas las compañías en que su esposo figura contratado o como empresario.
Un periódico de Cienfuegos, Cuba, dijo de ella: "Ya quisieran muchos simples 'manejadores de batutas' poseer las facultades de Cruz Verar. Tiene una fácil manera de dirigir las obras y un sentimiento verdadero para hacer que la orquesta dé a las partituras interpretación adecuada."
En la actualidad se encuentra de directora en una gran compañía de zarzuela organizada en Cádiz, para el Teatro Nacional.
SECCIÓN CUARTA.
Certámenes.
CAPÍTULO XVIII.
Los certámenes musicales, esas justas en que combaten la inspiración, el buen gusto y la preceptiva, contribuyen poderosamente al desarrollo del arte, no solamente por el estímulo que establecen entre los compositores sino porque fomentan las aficiones del público y las dirigen por buenas sendas, si la selección de los temas ha sido hecho con maestría.
El objetivo de los certámenes no es tan sólo el de adjudicar premios a las mejores obras, que dentro de los términos de las convocatorias se presentan a los concursos, sino que tienden más principalmente a mejorar las formas generales de la producción musical.
De aquí, el que los compositores no deben circunscribirse a vaciar sus inspiraciones, a veces apresuradamente, sin orientación fija o desconocimiento de la génesis de los temas, dentro del molde trivial de los géneros escogidos para el torneo, sino que deben consultar los mejores modelos, y después de estar familiarizados con la estructura general, con pensamiento temático bien definido y meditado, desarrollarlo con la mayor perfección, dentro de los conocimientos que posean, tratando de presentar un estilo, propio, original y a ser posible con novedades de giros e instrumentación, sin olvidarse de que dichas obras, sobre todo las premiadas, perduran, pues se publican o archivan y en todo tiempo se podrá apreciar la justicia, error o apasionamiento de los laudos.
Hasta hoy, los certámenes musicales que se han celebrado en Puerto Rico, como se hace en casi todas partes, no han tenido otras finalidades que las de fomentar la producción, olvidándose, casi en absoluto de mejorar, con el estímulo, las condiciones de los intérpretes.
Por lo mismo que carecemos de centros docentes de carácter oficial, estando la enseñanza localizada a los esfuerzos y mayor o menor interés de los profesores particulares, pues con rareza funcionan academias en que se de enseñanza metódica, si anualmente se hicieran concursos en que maestros y educandos manifestaran sus métodos y adelantos, el arte adquiriría un poderoso desarrollo pues se daría interpretación adecuada a obras, propias y extrañas, que en tanto por ciento muy alzado, lo que se hace es guillotinarlas, si se nos permite la expresión.
Convóquense certámenes en que se concedan premios en metálico y diplomas de honor a los profesores que presenten mejores planes de enseñanza, y cuyos resultados puedan apreciarse mediante la presentación de una alumna por cada grado de la enseñanza del plan; concédanse premios idénticos para las alumnas que en esas justas demuestren prácticamente la mejor escuela y los mayores progresos; hágase lo propio con los grupos orquestales o instrumentales, otorgando honores al mejor director, al conjunto más eficiente en organización y ejecución, y hasta a los mejores solistas y en pocos años el progreso general será notable y el gusto público se habrá refinado, sin que por esto se abandone el fomento de la composición.
Los certámenes se empezaron a efectuar en el país el año 1854, con la primera Feria celebrada en San Juan.
De entonces a acá se han generalizado hasta casi celebrarse anualmente. El Ateneo es el centro cultural que se lleva la palma por la frecuencia con que los convoca.
Aunque no con los detalles que desearamos, pues no hemos sido afortunados en la búsqueda de actas o referencias dignas de crédito, reseñaremos todos los que se han realizado, por orden correlativo de fechas.
1854 y 1860.—Ferias de San Juan, P. R.
Los datos oficiales relativos a las primeras ferias-exposiciones, que gobernando el General español don Fernando de Norzagaray, se efectuaron en la Isla, nos ha sido imposible obtenerlas, así es, que ateniéndonos a lo que nos manifestara el Dr. Coll y Toste, actual historiador de Puerto Rico, diremos que se adjudicaron premios de música obteniendo el compositor y pianista arecibeño Adolfo Heraclio Ramos, medalla de plata, en la de 1854 por unas Variaciones para Piano; y medalla de oro, en la del 1860, por otras Variaciones para Piano, sobre el Carnaval de Venecia.
1865.—Certámen de Santa Cecilia. San Juan.
En realidad éste fué el primer certámen musical celebrado en el país, por la exclusividad de la convocatoria y variedad de los temas.
Fué el acto, broche de oro con que se cerrara el hermoso festival, organizado en honor de la patrona del arte y en el que se patentizó el progreso musical del país, en aquella época.
La convocatoria se hizo para adjudicar medallas de oro y diplomas de honor a las mejores composiciones siguientes:
1.—Gran misa para tres voces, coros y gran orquesta.
2.—Obra de concierto para Piano solo, sin género determinado.
3.—Fantasía para uno o varios instrumentos, con acompañamiento de piano u orquesta.
El jurado quedaba autorizado para otorgar los accésits o menciones honoríficas que juzgara pertinentes.
Las obras premiadas fueron:
1.—La Gran Misa de Santa Cecilia del Maestro Gutiérrez. Con medalla de oro y diploma, correspondiente al premio de música religiosa.
2.—Gozos a San Vicente de Paul, por don Sandalio Callejo. Se le adjudicó el accésit, consistente en diploma de honor y un tomo de obras de Beethoven, lujosamente encuadernado.
3.—Ave en el Desierto. Fantasía para piano por Adolfo Heraclio Ramos; medalla de oro y diploma, premio de el tema de concierto.
4.—Vals de concierto para piano, por la Sra. Elisa Rascini de Hecht, mención honorífica.
5.—Variaciones de Cornetín para orquesta, por don José Valero, Músico Mayor del Batallón Cazadores de Madrid, accésit consistente en mención honorífica y un tomo de todos los himnos nacionales del mundo, para piano, correspondiendo el premio al tercer tema de la convocatoria. Ignoramos quien obtuviera la medalla de oro, o si no fué adjudicada.
El jurado lo constituyeron los profesores don Aurelio Dueño, en substitución del señor Ledesma que a última hora renunció el puesto, don Rosario Aruti y don Santiago Arcas, músicos mayores, los dos últimos, de las bandas de los batallones de Artillería y Cádiz, respectivamente.
1877.—Primer Certámen del Ateneo. San Juan.
Único tema: Sinfonía para orquesta.
Premio: 5 onzas de oro españolas y diploma de honor.
Se presentaron 9 composiciones, resultando premiada la titulada: La Amistad.
Autor: Braulio Dueño Colón.
Jurado: don Felipe Gutiérrez, Don Rosario Aruti y don Mateo Tizol.
La obra premiada se publicó para Piano, transcrita por el autor.
1879.—Certámen del Ateneo. San Juan.
Tema: Sinfonía para orquesta.
Premio: objeto de arte y diploma.
Número de obras que concurrieron: 4.
Obtuvo el premio la titulada: Sinfonía Dramática.
Autor: Braulio Dueño Colón.
Jurado: Don Genaro de Aranzamendi, don Sandalio Callejo y don Fermín Toledo.
1882.—Mes de mayo. Certámen del Ateneo. San Juan.
Tema: Ave María para 4 voces y orquesta.
Premios: medalla de oro, diploma y menciones.
Obras presentadas: cinco.
Fueron laureados: Premio. Don José Agulló. 1er, mención: don Felipe Gutiérrez. 2a. mención: don Braulio Dueño Colón.
Jurado: la Sociedad de Escritores y Artistas de la corte española, designó a tres maestros de Madrid cuyos nombres ignoramos.
1882.—Mes de julio. Certámen de la Feria de Ponce.
El certámen lírico de la Feria comprendía dos secciones; una para trabajos de composición y la otra fué un concurso de orquestas.
El señor don José Ramón Abad autor de la memoria oficial redactada de orden de la Junta Organizadora y publicada el año 1885 por la imprenta "El Comercio" de Ponce, en el párrafo cuarto de la tercera parte, página 89, dice: "Los cinco Jurados determinados por el reglamento, tuvieron que dividirse en sub-comisiones para poder practicar su difícil trabajo, de suerte que, en realidad, quedaron constituídos unos veinte Jurados, entre los cuales, el de la sección literaria y el de la lírica, que eran sub-comisiones del Jurado de Bellas Artes y Mecánica, obraron muy cuerdamente dando su dictámen por separado, con independencia completa de la sección de que nominalmente formaban parte, pues, mal se avienen los conocimientos especiales que se requieren para juzgar las obras de la literatura, la música y la pintura, con los especialísimos también, que son indispensables, para el análisis y estudio de los trabajos de la mecánica".
En la memoria citada no se dan los nombres de las personas que constituyeron las jurados y las sub-comisiones.
La convocatoria para trabajos de composición abarcaba los siguientes temas:
1.—Obertura de Concierto, para gran orquesta.
2.—Obra de Concierto para Piano.
3.—Composición, género libre, para piano y canto.
Premios ofrecidos:
Para el primer tema: Medalla de oro y de plata, con menciones honoríficas de primera y segunda clase, por la Junta de la Feria.
Para la Segunda: Medalla de plata y mención honorífica de primera clase, premio de la Junta.
Para el tercero: Medallas de oro y menciones honoríficas de primera clase, ofrecidas por la Junta Directiva y el Casino de Ponce.
Número de composiciones presentadas: 26:
Obras laureadas:
1.—Obertura La Lira para gran orquesta, por Juan Morell Campos. Primer premio del tema.
2.—Obertura de Concierto, por Casimiro Duchesne, segundo premio del tema.
3.—Polonesa de Concierto, para piano, por Fermín Toledo, premio asignado a este tema.
4.—Alla Luna, romanza para canto y piano, por don José Agulló y Prats, 1er. premio de la Junta.
Además el jurado, de acuerdo con la Junta Directiva, adjudicó medalla de oro y mención honorífica de primera clase, como premio extraordinario, fuera de la convocatoria, a la gran marcha Redención, para gran orquesta, compuesta expresamente para inaugurar la Feria, por el pianista-compositor, don Manuel G. Tavárez; y recomendaba se otorgasen premios extraordinarios para una obra de piano titulada Loarina[29] "la que, decía en el laudo, en medio de bellos pasajes, manifiesta tendencias a elevarse a las grandes dificultades del arte de la composición; y para la preciosa melodía para canto y piano titulada Adiós, que fué presentada a última hora y, por esta causa no pudo oirse en el concierto".
Para el concurso de orquestas se exigía la lectura de dos piezas, una a elección de los Directores, de las que concurriesen y otra, a primera vista, designada por el Jurado, consignándose dos premios consistentes en medallas de oro y de plata con menciones honoríficas de primera y segunda, mas medallas de plata con menciones de segunda clase y menciones de esta clase solamente, para cada músico de los que integrasen las orquestas laureadas.
Se presentaron a concurso la Sociedad de Conciertos de San Juan que dirigía don Fermín Toledo, y la orquesta del teatro "La Perla" de Ponce dirigida por Juan Morell Campos.
La primera ejecutó, como pieza de repertorio la Overtura Paragraph 3º del maestro Suppé; y la de Campos, la marcha Redención de Tavárez. Como pieza de concurso, a primera vista, La Overtura de Concierto premiada en el certámen; y dice Abad, casi al final del tercer párrafo de la página 83, de la referida memoria: "en el mismo orden se dió lectura por las orquestas a la Obertura de Concierto, cuya pieza fué ejecutada a primera vista, sin tropiezo alguno, pero patentizando, de un modo elocuente, las ventajas que sobre su contrincante daba a la Sociedad de Conciertos, la organización y disciplina de su numeroso personal".
Los premios se adjudicaron así: Medalla de oro y mención honorífica de primera clase a don Fermín Toledo como Director de la orquesta "Sociedad de Conciertos"; Medalla de plata y mención honorífica de segunda clase a don Juan Morell Campos como Director de la orquesta del Teatro La Perla; medallas de plata y menciones de segunda clase a cada uno de los profesores de la Sociedad de Conciertos; y menciones honoríficas de segunda clase para los de la orquesta del teatro La Perla.
Además se otorgó a Campos una lira de plata y una batuta, con cabos y centro de oro, obsequio especial ofrecido por las damas que formaban parte de la sociedad "Centro de Recreo", y a Toledo, un ejemplar de la ópera Niebelungen del maestro Wagner, obsequio particular del Presidente del Jurado, don Virgilio Biaggi. Todos los artistas laureados con primeros premios, fueron nombrados socios de méritos del Casino de Ponce.
1887.—Certámen del Ateneo. San Juan.
Tema: Obertura, para gran orquesta.
Premio ofrecido: 200 pesos y diploma de honor.
Composiciones presentadas a concurso: tres.
Obras laureadas:
1.—Noche de Otoño, por Braulio Dueño Colón, primer premio.
2.—Obertura, por Felipe Gutiérrez, primer mención.
3.—Obertura, por Casimiro Duchesne, segunda mención.
Jurados: don Manuel Fernández Caballero, don Ruperto Chapí y don Ignacio Ovejero, maestros compositores de gran prestigio en Madrid y pertenecientes a la Sociedad de Escritores y Artistas.
1894.—Exposición conmemorativa del 4º Centenario del Descubrimiento de la Isla. San Juan.
El único dato que hemos podido adquirir de este Certámen es que fué premiada, con 100 pesos y diploma de primera clase, la sinfonía para gran orquesta del maestro ponceño Juan Morell Campos, titulada: Puerto Rico, y ejecutada por un gran núcleo que dirigió el maestro Mazzi, director de la compañía de ópera que actuaba en el Municipal, con motivo de la exposición, y que Casimiro Duchesne también fué laureado por un grupo de composiciones religiosas para órgano y voces.
1904.—Certámen del Ateneo. San Juan.
Tema: Romanza para canto y piano.
Premio: objeto de arte y diploma de honor.
Composiciones presentadas: cinco.
Obras laureadas: Patria, por Manuel Rodríguez Arreson, maestro compositor portorriqueño de gran cultura, que hace años reside en Puerto Plata, República Dominicana.
Patria, de Juan Viñolo, a la que concedieron mención honorífica.
Jurado: Anita Otero, Trinidad Padilla de Sanz y Braulio Dueño Colón.
1908.—Certámen de la Sociedad Recreativa "Libertad Borinqueña", de San Juan.
Tema:Sinfonía para orquesta.
Danza portorriqueña, para orquesta.
Premios: Medallas de oro y de plata, respectivamente y diplomas.
Obras concurrentes: 1 sinfonía y 3 danzas.
Premios otorgados: Declarado desierto el premio para el primer tema y Medalla de plata para la danza, de nombre Isabel, de la que era autor el flautista Rafael Márquez.
Jurado: Braulio Dueño Colón, Luís R. Miranda y Fernando Callejo.
1909.—Certámen del Ateneo. San Juan.
Como en las actas del Ateneo no se consignan ni las convocatorias ni los laudos que rinden los jurados de los certámenes que dicho centro celebra, y no hemos podido encontrar los datos, que allí deben estar archivados, del certámen correspondiente a este año, lo único que podemos decir es que se adjudicó Medalla de Oro y Diploma de honor a un Vals de Concierto titulado Puerto Rico, original del pianista dilettante don Rafael Balseiro Dávila.
1910.—Mes de febrero. Concurso de la Comisión del Carnaval. San Juan.
Este concurso fué un concurso especial convocado por la Comisión organizadora de las Fiestas del Carnaval, para escoger la mejor Marcha Festiva con que solemnizar la entrada de la Reina en el baile de inauguración de las fiestas.
Se presentaron varias composiciones, siendo premiada la marcha titulada "El Antifaz Rojo" de Rafael Balseiro Dávila, consistiendo el premio en diploma alegórico de mérito litográfico.
Desconocemos el nombre de las personas que integraron el jurado, como también si se otorgó alguna mención.
1910.—Mes de mayo. Certámen Lírico-Literario de Bayamón.
Temas musicales:—"Danza", portorriqueña para orquesta y "Two Step", también para orquesta.
Premios:—Un objeto de arte, 50 dólares y diplomas de honor, para cada tema, dejando al jurado en libertad para otorgar menciones.
Obras presentadas:—7 danzas y 8 two-steps.
Fueron laureadas:—la danza "La Reina de las Flores" original de Luís R. Miranda, y el two-step titulado "Bayamón", de Juan Ríos Ovalle, otorgándose mención honorífica a otro de nombre "Apolo", compuesto por la Srta. Monsita Ferrer Otero.
Jurado:—Braulio Dueño Colón, Gonzalo Nuñez y Enrique Simón.
El Sr. Dueño Colón, compuso expresamente para el acto de la Coronación de la Reina de los Juegos Florales la preciosa marcha titulada "La Rosa de Oro", de fino corte y original instrumentación.
1910.—Concurso de Bandas Escolares, en la Feria Insular. San Juan, P. R.
Sin programa determinado, con jurado unipersonal, el Sr. Juan Viñolo, y como único premio un pendón conmemorativo, se efectuó el concurso al que asistieron las bandas escolares de Barros, director Francisco de la Gracia; Cabo Rojo, Herminio Brau; Cayey, Luís R. Vázquez; Comerío; Francisco Millián; Juncos, José Pons Zayas; Manatí, Fermín Ramírez; Mayagüez, Enrique Simón; y Santa Isabel, Agustín Monsanto. El premio fué adjudicado a la de Comerío, dirigida por el profesor Millián.
1911.—Certámen Lírico-Literario del Casino Portorriqueño de Manatí, P. R.
Tema:—"Marcha Triunfal", para gran orquesta.
Premio:—Lira de Oro, 25 dólares, diploma de honor y título de socio de mérito.
Composiciones presentadas: 10.
Obras premiadas:—"Marcha Triunfal" del joven compositor José I. Quintón, premio. "Weber", de Luís R. Miranda, primera mención; y la segunda mención fué otorgada a otra marcha del Sr. Justo Pastor Torres.
Jurados:—Arístides Chavier, Manuel Martínez Plée y José Miguel Morales.
1912.—Certámen Literario-Musical del Casino de Mayagüez.
Tema:—"Sinfonía" de tono festivo para pequeña orquesta.
Premio:—Lira de Oro y diploma de primera clase.
Obras presentadas: 4.
Laudo del jurado, publicado en síntesis: "En vista de que las composiciones recibidas para cubrir ese tema, (cuarto de la convocatoria) no tienen mérito alguno, el Jurado correspondiente declaró desierto dicho tema".
Jurado:—Arístides Chavier, Enrique Simón y un tercero que no fué consultado.[30] El premio ofrecido pasó a la sección literaria que lo otorgó, como extraordinario, a la poesía titulada: Isabeau, del laureado poeta F. Matos Bernier.
1913.—Certámen de la Liga Progresista de Ponce.
Temas:
CLASE A.—UN PREMIO consistente en $100.00, INSIGNIA DE ORO Y DIPLOMA, se otorgarán al mejor CUARTETO DE CUERDA que se presente.
CLASE B.—UN PREMIO consistente en $75.00, INSIGNIA DE ORO Y DIPLOMA, se otorgará a la mejor OBERTURA ORQUESTAL.
CLASE C.—UN PREMIO de $50.00, INSIGNIA DE ORO Y DIPLOMA, se otorgará al mejor "set" de VARIACIONES que se presente, sobre un TEMA que será suministrado por la comisión del Certámen.
CLASE D.—Finalmente, UN PREMIO de $40.00, INSIGNIA DE ORO Y DIPLOMA, también, se otorgará a la mejor composición para PIANO SOLO pudiendo el autor escoger la forma que le agrade.
Obras que concurrieron:—SEIS CUARTETOS para cuerda, UNA OBERTURA orquestal, UN "SET" DE DOCE VARIACIONES, sobre un tema dado y TRES SOLOS de Piano, total 11.
Resultaron laureados: Clase A.—Cuarteto en Re Mayor original de José I. Quintón, adjudicándosele la más alta recompensa.
Cuarteto en Sol Mayor, del maestro portorriqueño Pedro Arcílagos, residente en Caracas, Venezuela. Se le concedió, en virtud de recomendación especial que hiciera el Jurado, Un Segundo Premio consistente en el prefijado para la Obertura Orquestal, cuyo tema se declaró desierto.
Cuarteto en Re Mayor, por Luís R. Miranda. También por indicación del Jurado se adjudicó como Tercer Premio, el designado para la Obra de Piano Solo, cuyo tema se declaró por el jurado sin obras dignas de premios.
Clases B. y D.—Declaradas desiertas:
Clases C.—"Variaciones en Si Bemol sobre un tema de Hummel", composición de José I. Quintón al que se concedió el premio de la convocatoria.[31]
Jurados: Braulio Dueño Colón, Arístides Chavier (Secretario), Ramón Morlá, Juan Ríos Ovalle, José Miguel Morales y Dr. Justo R. Rivera.
1914.—Certámen del Ateneo. San Juan.
Este certámen debió efectuarse en diciembre de 1912 para cuya fecha se convocó, pero, por causas que desconocemos se transfirió para el 1914.
Muchos fueron los temas generales de la convocatoria, pues, no era solamente lírico. En cuanto a la sección musical, solamente sabemos que obtuvieron premios las siguientes obras:
"Estudio sobre la Danza portorriqueña". Autor: Braulio Dueño Colón, otorgándosele Un Busto de Oro, de Juan Morell Campos, Y Diploma.
"Una Perla", danza portorriqueña de Rafael Balseiro Dávila, adjudicándosele el primer premio. Copa de plata y Diploma. Otra danza original de la Srta. Monsita Ferrer, laureada con mención honorífica. Carecemos de más detalles con referencia a obras premiadas, sus géneros, así como los nombres de los jurados.
1914.—Certámen de la Sociedad de Escritores y Artistas de Ponce.
Parecerá inverosímil que siendo este certámen el último celebrado y en fecha reciente, no podamos decir del mismo sino que, siendo varios los temas de la convocatoria, obtuvieron premios: la Srta. Monsita Ferrer Otero, por un "Nocturno" para Piano; Jaime Pericás Díaz, medalla de oro por una composición para canto y piano, titulada "Así canto mis amores" y Rafael Balseiro Dávila, también medalla de oro, por un Vals de Concierto, para piano, titulado "Mariposas".
Por más gestiones que hemos hecho nos ha sido imposible adquirir datos completos, lamentándolo, porque no atribuyan, los otros autores laureados, a envidias o egoísmos, que jamás hemos sentido por nada ni por nadie, la omisión de sus nombres, ya que por la premura del tiempo no podemos demorar el envío de estas cuartillas a la imprenta editora.
SECCIÓN QUINTA.
Compositores.
CAPÍTULO XIX.
Dedicada esta sección a la reseña de los compositores nativos y obras que han producido, con ligeros comentarios propios a cada uno, parécenos oportuno dar ligeras noticias sobre el origen de la composición, que tal vez puedan ser útiles a muchos de los que nos honran leyendo estas humildes páginas.
Decimos al empezar las anotaciones históricas del primer capítulo, que el arte musical, tal como ha llegado hasta nosotros, tiene su origen en la iglesia católica; pero es necesario indicar que el sistema musical de la era cristiana procede, en la forma melódica, de la música griega, traspasada a Roma, aunque ya en decadencia, cuando la gran nación helénica, cuna de la civilización, fué convertida en provincia romana.
La melodía y el ritmo, que son los elementos constitutivos de la música, sin los cuales la armonía no podría existir, formaban la base del sistema musical griego, cuyo estudio era considerado como parte integrante de la educación cívica.
La melodía no era una sucesión de sonidos producto exclusivo de la inspiración, sino que debía producirse de acuerdo con los tetracordes y géneros, que formaban el sistema, y completamente ajustada a las difíciles reglas del ritmo.
El primer sistema, o primera escala, como decimos hoy, componíase de cuatro sonidos a cuerdas, denominados tetracorde, de cuyos sonidos el primero y cuarto eran fijos y el segundo y tercero móviles, permitiendo esa cualidad de los intermedios, diferentes combinaciones en la sucesión de los intérvalos, de las que nacieron tres diferentes sucesiones de tonalidad, llamadas géneros diatónico, cromático y enarmónico.
Cada género tenía su carácter especial; grave y viril el diatónico, grato y patético el cromático y el enarmónico, dulce y animado, siendo el primero el de más aceptación, por el vulgo, por ser el más natural y fácil.
Con la agregación de nuevos tetracordes, se amplió la forma hasta constituirse el gran sistema, formado por quince sonidos, a los que, para completar las dos octavas, agregaban uno, antes del llamado "hypate hupaton",—correspondiente al sí del segundo espacio grave, clave sol, de nuestra notación—, cuyo sonido o nota denominaban, "proslambamenos", o adjunta.
Además de los géneros tenían modos, con los nombres de Dórico, Jónico, Frigio, Eólio y Lidio, según el del pueblo donde lo tomaron. Cada modo distaba de otro un semitono y ocupaba un justo medio en el gran sistema. Los diferentes modos no eran otra cosa, que una trasposición de un tono a otro, como decimos hoy.
Los modos, además se distinguieron por el punto variable que ocupaban los semitonos de la escala, la cual ya constaba de ocho sonidos o sea de dos tetracordes conjuntos.
Si en el sistema reformado, que pasó a Roma, se analizan y comparan los tetracordes de la escala griega, con los que forman la estructura de las escalas diatónicas modernas, base de nuestras tonalidades, se verá la semejanza de origen.
Por eso después de minuciosas investigaciones y estudios prolijos verificados, entre otros, por Mr. Gevaert[32] y el abate Lhoumean,[33] ha podido afirmarse, que el sistema melódico actual, así como el tonal de canto llano, viene del sistema musical griego, estribando las diferencias del último en la división interior de las escalas modales; los tetracordes griegos están sustituídos por exacordes.
Dice Mr. Gevaert: "el arte del ritmo, tan absolutamente necesario como el de la melodía, o las formas rítmicas creadas por el genio griego y su aplicación a la expresión de los sentimientos musicales, quedarán siempre como testimonio imperecedero de las altas dotes musicales de aquella escogida raza."
"La forma melódica griega, tenía también su parte armónica, basada principalmente en los modos en los que se han encontrado los acordes tónicos de fá, (modo Lidio), sol, (modo Frigio) y do, (modo Dórico). El mérito de las obras musicales lo determinaba la pureza del tono, las bellezas armónicas,—intérvalos armónicos—, y perfecta compenetración rítmica con la expresión del sentimiento."
La melodía greco-romana, aunque con orientaciones hebraicas, fué la constitutiva del cantollano y figurado de los primeros siglos del cristianismo, "quedando siempre dentro del inmenso movimiento de la polifonía moderna y del tipo general de la melodía, como elemento común e intermediario, la melodía homofónica, tipo universal e inmutable del canto vocal". (Mr. Gevaert.)
La gran belleza del arte musical contemporáneo estriba en el enlace de la melodía polífona, lo mismo vocal que instrumental, con la armonía, síntesis de la composición.
Después que San Ambrosio y San Gregorio hicieron las reformas tonales del canto llano primitivo, no se dió ningún otro paso de avance hasta finalizar el siglo IX y principios del X en que se estableció la armonía diáfana o rudimentaria de cuatro notas, atribuyéndose la innovación al monge Hucbald y al italiano Guido D'Arezzo.
En el siglo XI, cuando desaparecieron las últimas huellas de la civilización greco-romana, brotaron los primeros gérmenes de un arte nuevo que evolucionó ampliamente en el siglo XIV con los trabajos de Landino el ciego y Jaime de Bolonia. Los maestros franceses, G. Dufay y Gil Binchais, así como el inglés Juan Duntaple,—al que se atribuye el empleo de la tercera en los acordes—, perfeccionaron en el siglo XV la arquitectura de la composición, que cimentaron sólidamente en el XVI, Cristóbal Morales, Palestrina y otros maestros italianos.
El nacimiento del Gran Sebastián Bach, 1685, señaló una nueva era en la historia de la composición, ya que con su genio inmortal, creó de manera espléndida, por la variedad, pureza y profundidad de conceptos armónicos, la escuela del contrapunto y de la fuga, que hasta hoy permanece inmutable.
Bach, Hayden, Mozart y después el inmortal Beethoven, fueron los creadores del género clásico, no debemos olvidar a Gluck y Weber,—en que la sonata y la sinfonía[34] son las únicas formas en la expresión, oratoria, de la música. El siglo XVIII y primer tercio del XIX, pueden considerarse como los de oro del arte de la composición.
Después, y a pesar de que Berlióz trató de introducir innovaciones, solamente Wagner, ha revolucionado la forma de construcción, principalmente en lo que al arte lírico-dramático se refiere, creando un nuevo género de armonía instrumental, que ridiculizado al principio y todavía impugnado, se ha abierto paso franco imponiendo los nuevos rumbos a los compositores del presente siglo, si bien la escuela italiana, secundando a la francesa, pugna, desde Verdi en sus últimas óperas, hasta Mascagni, Puccini, León-Cavallo y otros, por la creación de un género intermedio, más adsequible, en la primer impresión, que el nebuloso y a veces indescifrable, según impugnadores, estilo de Ricardo Wagner.
El estudio de la composición es sumamente complejo. Comprende diversas ramas que si no se estudian a conciencia y con método progresivo de enlace, nunca permitirán producir frutos sazonados y puros.
Los estudios progresivos de la composición siguen este orden: 1.—Pleno conocimiento de lo que se llama teoría musical, indispensable para ajustar la inspiración a los preceptos melódicos. 2.—Estudio de la armonía, parte científica del arte, que comprende las formas de las cadencias, modulaciones, acordes, enlace y resolución de los mismos, retardos y movimientos adecuados de las voces armónicas en las que el bajo reviste suma importancia. 3.—Secretos del contrapunto y fuga. 4.—Estudio de los distintos cuartetos instrumentales, para después aplicarlos con propiedad y elegancia en la orquestación, y últimamente, conocer las leyes fundamentales de la estética y campo de acción de los distintos géneros u órdenes de la arquitectura musical.
El compositor que posea esos conocimientos, puede ostentar con orgullo el calificativo, aunque sus obras no estén saturadas del perfume poético de la inspiración.
¿Los poseen, en mayor o menor proporción, los compositores que vamos a citar?
La crítica del futuro, despojada de los sentimientos pasionales del presente, será la que depure y aquilate, niegue o ratifique, después de un estudio profundamente analítico de las obras, los méritos y deméritos que, con relación al medio ambiente y carácter más histórico que crítico, aplicamos a los que ora por haber sido laureados en certámenes públicos, ora por su intensa y meritísima labor, son acreedores a figurar en esta sección.
ANDINO, Julián.
Nació en San Juan en los primeros años de la cuarta década del siglo XIX. Procede de un hogar en que se rindió adoración a la música, pues además de su padre que le enseñó el arte, entre sus ascendientes hállase Domingo Andino, organista que fué de la Catedral durante 60 años.
Su temperamento, acentuadamente musical, le hizo, desde niño, realizar grandes progresos. A los 18 años era un buen violín de orquesta, ocupando después y por más de 40 años el puesto de Concertino en las orquestas de las compañías de ópera y zarzuela que actuaban en el teatro, por cuyas habilidades le felicitaban y estimaron en alto grado todos los directores de las referidas compañías.
Está considerado como uno de los mejores violinistas que han habido en el país, pues aunque todavía vive y pulsa tan bello instrumento, los 70 años le han restado algún vigor.
Como compositor su nombre adquirió resonancia, cuando efectuó la transformación rítmica de la danza regional en una que tituló La Margarita, escribiendo la parte acompañante en tresillos.
En este género ha producido con abundancia, aunque con estilo más melódico que armónico y sin otras finalidades que las inherentes al baile.
Posee conocimientos de composición y especialmente de los giros armónicos, modulaciones y ritmos.
Tiene varias composiciones de géneros distintos, algunas de las cuales han sido laureadas en certámenes extranjeros y las demás han sido siempre muy aplaudidas. Entre estas le ha proporcionado gran popularidad, el alegre Seis Chorreao conocido con el nombre de Seis de Andino.
Sus composiciones principales son: Siempre Tú, Adiós, y Rayo de Luna, romanzas para canto y piano, premiadas la primera y tercera con menciones honoríficas de tercera clase, en Catania, Italia. Figuras Chinescas, revista cómico-lírica, letra de Fernando de Ormachea; Amor e Hidrofobia, zarzuela en un acto, letra de Garrido; Agua Mansa, juguete cómico-lírico en un acto y La Soleá, zarzuela en un acto, letra de José Pérez Losada; infinidad de plegarias y otras piezas del género religioso, más los valses, polkas, mazurcas y danzas que forman una colección completa.
Julián Andino, que fué 1er. violín, por oposición de la orquesta de Capilla de la Catedral, vive aún laborando musicalmente a pesar de sus años. La expresión melódica de sus obras, es dulce, equilibrada y produce siempre agradables sensaciones.
ARANZAMENDI, Genaro.
Pianista, literato y compositor perteneciente a una distinguida familia de San Juan. Se educó en Europa y ejerció la profesión musical en Bayamón y San Juan.
Como compositor salió triunfante en obras cortas para canto y piano, como romanzas, plegarias y danzas. Más melodista que armonista, saturaba sus cantos con el perfume poético de su alma soñadora.
ARCILAGOS, Pedro.
Natural de Bayamón, recibió en este pueblo educación musical primaria, en la Academia que dirigía Don Sandalio Callejo, poseyendo a conciencia la teoría, solfeo y mecanismo de Trompa, de tono dulce y seguro.
Muy joven abandonó la Isla, y desde hace años reside en Caracas, Venezuela, en donde en posesión de profundos conocimientos de la composición y dirección orquestal, está reputado como uno de los primeros maestros que actúan en la Capital de aquella república, habiendo la prensa caraqueña tributado, frecuentemente, grandes elogios a sus producciones.
En el Certámen que La Liga Progresista, celebrara en Ponce en 1913, obtuvo segundo premio, especialmente recomendado por el jurado calificador, Un Cuarteto en Sol mayor, para cuerda que remitiera desde Caracas y del cual dice el jurado en su laudo: "Los temas expositivos de los cuatro movimientos están bien caracterizados y se desenvuelven de acuerdo con los preceptos establecidos por la tradición clásica. Giran dentro de las tonalidades rigurosamente adoptadas en la forma Sonata en su parte expositiva. Existe un perfecto equilibrio en todas las partes; la línea melódica no se interrumpe un sólo instante; los temas todos se desenvuelven con espontaneidad, poniendo de manifiesto que el autor del cuarteto tiene experiencia en el manejo de los instrumentos. Salvo pequeñas licencias armónicas, esta composición puede calificarse de buena, haciendo honor a su autor, quien tiene valiosos conocimientos de armonía, contrapunto e instrumentación."
Consideramos que ese juicio sintético del laudo, será suficiente para que se aprecien las grandes condiciones artísticas de Pedro Arcílagos.
No hemos podido obtener el catálogo de sus obras.
ARTEAGA, Julio C.
Véase la sección Biografías, [Capítulo V], página 72.
BALSEIRO DÁVILA, Rafael.
Nació en Arecibo el 24 de septiembre de 1867. De alto temperamento musical, a los 9 años empezó a estudiar el arte con el connotado pianista Heraclio Ramos, que también fué el maestro de Aurea Balseiro, hoy señora de Georgetti, y que es una pianista dilettante de esmerada ejecución, delicado estilo y expresión ajustada a las obras que interpreta, aunque sumamente tímida para dejarse oir fuera del santuario de su hogar.
Rafaelito, que es como lo nombran sus amigos, después de hacer en el piano rápidos progresos con Ramos, cuyo estilo de ejecución se asimilara, mientras hacía los estudios del bachillerato en el colegio de los PP. Jesuitas de Santurce, proseguía los de piano, obteniendo siempre el primer premio al final de los cursos, perteneciendo a la Banda de música del mismo, como bombardino solista, instrumento que llegó a dominar, abandonándolo más tarde.
Los afectos paternales cohibieron la acentuada vocación artística que impulsaba sus deseos de trasladarse a Europa,—y su posición económica lo permitía—, para ingresar en un Conservatorio, del cual, aprovechando tiempo y lecciones, seguros estamos que hubiera salido un pianista compositor de renombre mundial, pues la chispa del genio ardía en su cerebro.
Trasladado su hogar paterno a Manatí, en este pueblo ejerció como profesor de piano, hasta que su señor padre lo llevó a su escritorio agrícolo-comercial como jefe de la contabilidad, con residencia en Barceloneta.
De profesional se transformó en dilettante, y en sus ratos de ocio empezó a verter al pentagrama las inspiraciones de su fantasía, netamente criolla.
Su primer producción fué la danza Amparo, recientemente editada, cuya estructura melódica es completamente distinta al estilo que después ha caracterizado todas sus composiciones. Al poco tiempo componía un vals de concierto, de extrema dificultad, titulado El Niágara, que fué premiado en la exposición de Chicago, EE. UU., con medalla de bronce y diploma.
Mimado por la fortuna y habiendo constituído hogar propio, la educación de sus hijos le hizo fijar su residencia en San Juan, en donde la fiebre de la composición se le desarrolló en alto grado, sin que hasta la fecha encuentre antídoto que la corte.
Su predilección son los valses, sobresaliendo entre los 25 que ha compuesto, además del Niágara citado, los titulados Puerto Rico, de concierto, premiado con medalla de oro y diploma en Certámen del Ateneo; Mariposas, de concierto, laureado en el torneo de la Sociedad de Escritores y Artistas de Ponce, con medalla de oro, y Tu Risa, el de factura melódica más fluída, y de expresión en consonancia con el pensamiento inicial.
Ha obtenido además de los premios referidos, Copa de plata y diploma, primer premio del Ateneo, por una danza titulada Una Perla y Diploma de honor, premio de la Junta organizadora del Carnaval de 1911, por una marcha festiva titulada El Antifaz Rojo. Es también autor de muchas marchas entre las que merece citarse la dedicada a la memoria de Sergio Lecompte, y otras obras de distinta métrica, como también de una zarzuela titulada Amor que Nace y Amor que Muere letra de Felipe Castañón, en la cual, el número más original es el Vals-Intermezzo.
"Rafael Balseiro", decíamos en nuestra conferencia de la Biblioteca: "cuando reduce a notas las idealidades de su morisca fantasía, semeja al ruiseñor que en la espesura, sin orden ni concierto, pero con inimitable agilidad y dulzura, al expresar sus amores, trina, florea, stacatta sus gammas y con piquetatos rapidísimos de entonación precisa, señala las notas del único acorde en que estriba la modalidad de sus cantos."
Es un compositor laureado, en que la preceptiva está en razón inversa a la potencialidad de su inspiración y temperamento.
CALLEJO, Sandalio.
Desde que concibiéramos la idea de escribir este libro, nuestro primer acto fué concentrar en lo más íntimo del alma los sentimientos pasionales, para que las expresiones que la pluma trazara fueran, tan sólo, resultantes de pensamientos justos y veraces, con más indulgencia que severidad.
No haya por tanto temor alguno de que sea la pasión filial la que trace los méritos de Sandalio Callejo; por el contrario, estas breves notas constituirán la escepción en cuanto a la indulgencia del cronista.
Si lo hacemos figurar en esta sección, es por el hecho de haber obtenido un laudo en certámen público, pero dentro de la rigurosidad del concepto compositor, a pesar de haber producido muchas obras de los distintos géneros de la composición, y poseer conocimientos de armonía que aplicaba con suma corrección, no lo consideramos con las condiciones generales requeridas para adjudicarle el honroso calificativo.
Las características de Sandalio Callejo, fueron las de educador y organizador.
Como educador, tenía el arte especial de la trasmisión, cualidad preferible a la profundidad de conocimientos, en los que se dediquen a la enseñanza.
Sandalio Callejo "hacía músicos de las piedras" es la expresión que repetidas veces hemos oído a los maestros del arte en Puerto Rico, y como testimonio del aserto, muchos son los músicos de valer, que de él, recibieran sólidamente los conocimientos de la teoría musical, solfeo, hasta verificar rápidamente la transportación, y mecanismo elemental de todos los instrumentos, incluso el piano.
Su extremada paciencia, la rigidez de su carácter entremezclada con oportuna dulzura, la puntualidad en las lecciones, la escrupulosidad en los menores detalles de ejecución, la aplicación de sistemas de trasmisión según la idiosincrasia del alumno y la selección en los métodos que empleaba fueron las causales del prestigio que alcanzó como maestro de música.
Como organizador, también ocupaba preferente puesto. Jamás le vimos realizar nada impulsivamente; todo lo meditaba, pesando el pro y el contra, y cuando después de trazado el plan, lo llevaba a la práctica, no había obstáculo que le hiciera retroceder, ni accidentes que lo desviasen del camino emprendido.
El deber fué su religión; el trabajo artístico su culto. Fué un carácter; y como ligera prueba citaremos un hecho.
El que esto escribe, había sido aceptado como maestro de música para el pueblo de Lares. Debía tomar posesión del destino el 1º de febrero de 1882, y para ello le era necesario salir de San Juan, por mar, el 28 de enero.
El 27 de ese mismo mes fué atacado Don Sandalio por rápida y aguda pulmonía. Los médicos consideraron de gravedad el caso, y como era natural, pensamos suspender nuestro viaje hasta ver la resolución de la enfermedad. Nuestra madre aprobó la idea y cuando se la expuso, él, llamándonos a su presencia inmediatamente, nos dijo: "La palabra del hombre es sagrada; tú debes partir esta tarde para Lares a cumplir tu deber, aunque yo muera en este instante y mi cadáver esté de cuerpo presente". Y salimos para Lares dejándole muy grave, aunque afortunadamente recuperó la salud.
En Bayamón fundó una Academia de Música que dió espléndidos resultados; y en San Juan, fué director de orquesta de las iglesias de San Francisco y Santa Ana, de la escuela de música del Asilo de Beneficencia, de una Academia particular, por él fundada, y Músico Mayor, hasta su muerte, del 1er. Batallón de Voluntarios.
Su obra laureada fué, Gozos a San Vicente de Paul, para orquesta, certámen de Santa Cecilia.
A él, principalmente, debemos nuestros pocos conocimientos artísticos.
Nació en San Juan el 3 de septiembre de 1833 y murió repentinamente en junio 16 de 1883.
CORTÉS, Francisco.[35]
Desde niño se revelaron sus facultades extraordinarias para el arte musical. Tavárez fué su primer preceptor y tomó a empeño hacerlo pianista. La muerte inesperada del maestro paralizó algo la carrera de Cortés, siendo éste el único que se atreviera a pulsar el piano cuando el entierro del autor de La Margarita, para despedirle con las notas de la Gran Marcha Redención.
Trasladado a Arecibo, se dedicó a la profesión, y organizó una compañía infantil de zarzuela, que debutó con Los Sobrinos del Capitán Grant, obteniendo éxito moral y material para poder realizar su viaje a Barcelona, en donde continuó sus estudios de piano, tomando lecciones de composición. La Diputación Provincial le concedió una pensión durante dos años, con tal objeto.
En posesión de sólidos conocimientos y lleno de legítima ambición artística, se trasladó a París, para adquirir, a ser posible, mayor suma de aquellos y abrirse paso en la Ciudad-Luz.
Sus ilusiones las vió realizadas, como premio a su constancia en el estudio. Primeramente fué clasificado entre los mejores directores de orquesta de la metrópoli francesa, y poco después, su obra La Noche de Navidad, le hizo ceñir los laureles del triunfo como maestro-compositor. La obra fué estrenada en París, repitiéndose infinidad de veces, obteniendo los beneplácitos de la crítica severa y docente y repercutiendo su fama por el extranjero.
Después de largos años de ausencia visitó su país natal, proporcionando al autor de sus días la inmensa satisfacción de que en el teatro de San Juan se le tributasen, como Director y Compositor, los aplausos y homenajes que tan justamente había alcanzado en el exterior. Dió dos o tres conciertos, marchando después para New York, en donde contrajo matrimonio con una portorriqueña de abolengo artístico y en la Babel americana fijó su domicilio dedicándose a la profesión.
CHAVIER ARÉVALO, Arístides.
Véase la sección Biografías, [Capítulo VI], página 78.
DUCHESNE, Casimiro.
Natural de San Juan. Después de haber obtenido los conocimientos elementales del arte con un profesor, cuyo nombre ignoramos, y ya con bastantes del clarinete, en cuyo instrumento sobresalió, especialmente, por la dulzura del tono, ingresó como requinto en la Banda de Artillería, y a la vez era el primer clarinete de la orquesta de baile de Carlos Segnet. Empezó a ejercitarse en la composición de música regional, de la que fué abundante productor. Sus danzas, dentro del estilo característico de las de San Juan, se destacaban por la vivacidad del ritmo e ilación de los pensamientos melódicos, habiendo obtenido bastante popularidad, entre otras, la titulada La Mariposa.
Muerto Segnet, su orquesta continuó bajo la dirección de Duchesne, y era la preferida por los centros sociales.
Su vocación artística le hacía estudiar, solo, los textos de composición y obras de los maestros clásicos, hasta que consolidados sus estudios dió los primeros pasos por las sendas severas, con tanta fortuna, que, en 1882 obtuvo en la Feria de Ponce, medalla de plata y mención honorífica de segunda clase, por una Obertura de Concierto para orquesta.
En el certámen del Ateneo de 1887, el jurado que en Madrid laudó las composiciones concurrentes, le adjudicó una mención honorífica, por otra Obertura para orquesta, que después fué premiada con medalla de oro al ser nuevamente presentada entre un grupo de composiciones, a la Exposición de San Juan de 1894.
En 1891 fué honrado con el título de socio de mérito, medalla de plata y diploma, por una Sinfonía, que remitiera al concurso lírico del Círculo Bellini de Catania, Italia.
Produjo también obras del género religioso, entre estas, una Misa a tres voces y gran orquesta que fué premiada con medalla de oro en la Exposición de 1894. Compuso además un cuarteto de cuerda de bastante mérito.
Fué autor de la zarzuela Cada Loco con su Tema y de muchos bailables. En el Instituto de Música que fundara Segura Villalba, tenía a su cargo la clase de armonía.
Desempeñó el cargo de Músico Mayor de Voluntarios de San Juan, durante los dos últimos años de la dominación española y desde 1882 era socio de mérito del Casino Español.
Su música era a veces simpáticamente expresiva, otras parca de bellezas melódicas, siempre dentro de los preceptos de la composición, con unidad temática, enlace armónico correcto y variedad de instrumentación. Su batuta de director era débil, teniendo, en cambio, sobrada pericia como profesor de orquesta. Su modestia le hizo poseedor de grandes simpatías.
Murió en 1906.
DUEÑO COLÓN, Braulio.
Véase la sección Biografías, [Capítulo VII], página 90.
ESTURIO, José Damián.
Poquísimos son los datos que de el Nene, por cuyo apodo se le conocía, poseemos, aunque lo conocimos y tratamos algo en nuestra adolescencia.
Sobrino e hijo adoptivo del maestro platero y director de una orquesta de baile de San Juan, de su mismo nombre y apellido, con él aprendió los rudimentos del arte hasta, por sus propios esfuerzos, alcanzar fama de buen clarinete y compositor. En Juana Díaz fijó después su residencia, como director de una academia y banda de música municipal bastante bien organizada. En dicho pueblo produjo mucha música, especialmente del género religioso, según nos han referido personas de aquella localidad, en donde fué muy apreciado hasta su muerte.
FERRER OTERO, Moncerrate.
Monsita Ferrer, por cuyo nombre se le designa, es hija del Dr. Don Gabriel Ferrer de grata y venerada recordación.
Nació en San Juan y allí, bajo la competentísima dirección de Anita Otero, estudió con tenacidad, aprovechando su temperamento hereditario de artista, hasta transformarse en pianista.
Es una de las discípulas que más honran la memoria de la Vestal humacaeña.
Con Gonzalo Núñez estudió armonía y composición, por la que siente verdadero delirio.
Apenas iniciada en la ciencia de los acordes, dejó fluir la inspiración de su mente por los canales del pentagrama y con valentía espartana, concurrió con uno de sus primeros frutos al certámen de Bayamón—1910—, siendo laureada, con mención honorífica, por un Two-Step titulado Apolo.
Alentada por el triunfo continuó estudiando y produciendo, siendo nuevamente premiada con otra mención, por una Danza que remitiera al Certámen del Ateneo de 1914, la que, por la belleza de la melodía, estilo original, elegancia sin efectismos del acompañamiento y pureza del ritmo, placenteramente criollo, es acreedora a un primer premio.
Nocturno su última composición laureada con primera mención en el Certámen de Escritores y Artistas de Ponce, 1914, es una joyita musical. Con Chopín por modelo, pero sin plagiarlo, el alma de la artista poetizando las ensoñaciones de la mujer, combina el nostálgico pensamiento temático, con modulaciones, cadencias y giros rítmicos tan espontáneos, que imprimen el sello de original belleza a la armonía del conjunto. Si no abandona el estudio, tiene un porvenir de gloria que reflejará en la patria.
GUTIÉRREZ ESPINOSA, Felipe.
Véase la sección Biografías, [Capítulo VIII], página 101.
MIRANDA, Luís R.
Nació en Utuado el 21 de junio de 1879.
Su vocación por el arte lírico se manifestó desde la niñez, pues frecuentemente sus padres, al notar su falta en el hogar, salían a buscarle y lo encontraban siempre oyendo embelesado la orquesta del pueblo, bien en un baile o ensayando.
Con sus familiares que poseían diversos instrumentos empezó a estudiar solfeo y prácticas del clarinete; después con profesores que ejercieron en Utuado adquirió mayor suma de conocimientos, especialmente con Jesús Muñoz, maestro de piano,—utuadeño procedente del Conservatorio de Madrid—, que le dió lecciones de armonía.
Cuando las tropas americanas formaban campamento en Utuado, él solicitó permiso del Jefe de una banda de música para agregarse a la misma como clarinete. Admitido, en ella practicó lo suficiente para después ser contratado como clarinete solista en la Banda del Regimiento de Puerto Rico, desde su fundación, que dirigía un profesor americano, y al vencimiento del término de este, fué Luís R. Miranda, en 14 de junio de 1901, nombrado Jefe de la Banda, puesto que todavía ocupa y en el cual ha ido alcanzando con tenacidad, constancia en el estudio y noble ambición, el merecido prestigio músico-personal de por goza y que ha hecho extensivo a la Banda.
Primeramente por correspondencia y después aprovechando la estadía, en el País, de Gonzalo Núñez, continuó ampliando sus conocimientos sobre el arte de componer con tanta aplicación, por los frutos empezaron a alcanzar renombre.
Sus obras laureadas en certámenes han sido: Weber, Marcha triunfal para orquesta, primera mención en el certámen de Manatí; La Reina de las Flores, Danza, primer premio del certámen de Bayamón; A Red Red Rose, poema de R. Burns, para orquesta, Lira de oro y $50, segundo premio de un certámen efectuado en Chicago, EE. UU. y Cuarteto en Re mayor para instrumentos de cuerda, $50, Insignia de oro y diploma en el Certámen de la Liga Progresista de Ponce, del cual dice el jurado en su laudo: "La contextura de este cuarteto se asemeja más a la de Hayden y Mozart que a la de Beethoven. El autor de este trabajo tiene aptitudes para cultivar este género de composiciones, pero con mayor acopio de los conocimientos contrapuntales, hubiera podido sacar un partido más ventajoso de los temas expositivos. No obstante, en algunas partes se observan ingeniosas combinaciones que dan relieve e importancia al trabajo, revelando buenas dotes el compositor. La instrumentación no es absolutamente irreprochable; las modulaciones se suceden correctamente de acuerdo con las leyes establecidas, los movimientos están bien equilibrados, aunque acaso el tercero resulte demasiado extenso dada la amplitud de la obra."
Luís R. Miranda es el director de la orquesta de conciertos del "Club Armónico" y es indudable que a su pericia se debe el gran éxito alcanzado por tan artística sociedad.
Hasta hoy no puede decirse que Miranda tenga un estilo propio, original, como compositor. Los pensamientos melódicos no sobrepasan la belleza ordinaria, si se nos permite esta expresión, la factura armónica a veces tiene atrevimientos de carácter innovador. En la estructura general hay arte en el cual, los peritos, pueden ver la influencia del preceptor Núñez, es decir, que Miranda se ha asimilado la forma de construir de Gonzalo, pero sin acudir, naturalmente al plagio.
Es un magnífico director, de mucha conciencia para la interpretación, y severo en la ejecución, consiguiendo siempre una bella igualdad en el conjunto.
Sus composiciones principales, que están por editar son: Zelmira, sinfonía en Do mayor; Diadema, obertura; Recuerdo del Pasado, Novelette; Minuetto, en Sol mayor; Miosotis, Vals-Intermezzo; La Flor de Amor, canción; Souvenir, mazurca; A Tí, elegía; Recuerdos, gavota; e infinidad de danzas, marchas fúnebres y paso-dobles, para banda militar.
MORELL CAMPOS, Juan.
Véase la sección Biografías, [Capítulo XI], página 130.
PASARELL, Arturo.
El encontrarse sus padres, Don Oriol y doña Teresa Pasarell de temporada en Barcelona, España, hizo que nuestro biografiado naciera el año 1866 en la Ciudad Condal; pero siendo aquellos portorriqueños, la herencia étnica, así cómo el haber venido al país cuando solamente contaba un año, recibiendo aquí todas las modalidades que constituyen su personalidad le hacen acreedor al título de nativo.
Su padre, profesor de piano que ejerció largos años en Ponce, fué su primer preceptor, terminando después los conocimientos, solo, por su inteligencia y constancia en el estudio.
Tocó el violoncello con bastante habilidad, formando parte de la orquesta del teatro La Perla.
Pianista de bastante ejecución y buena lectura, se dedicó a la enseñanza del instrumento. Es desde hace tiempo el organista de la Iglesia parroquial de Ponce, lo que le permitió ampliar sus conocimientos del género y hacerse un buen director de orquesta y compositor sacro.
Ha sido también un abundante productor de música regional, imprimiendo a sus danzas estilo propio, sobre todo en los ritmos, vivaces y placenteros.
Sumamente modesto, labora en silencio, aunque sus danzas Yambú, Pistolos, Anhelos del Alma y Sicilia, han hecho que su nombre sea conocido en la isla.
PERICÁS DÍAZ, Jaime.
Nació en Aguadilla el 13 de mayo de 1870, residiendo en Ponce desde la edad de un año.
Con el afamado profesor Antonio Egipciaco empezó los estudios del solfeo y del violín, continuándolos después con Morell Campos y Gabriel Carreras.
Su vocación musical le hizo perseverar en el estudio hasta llegar a penetrar en los campos de la composición.
Sus principales obras son: Lirios y Rosas, vals para orquesta; El día de Farfantón, opereta, letra de el reputado literato Félix Matos Bernier; Así Canto Mis Amores, romanza para canto y piano, laureada con medalla de oro en el Certámen de Escritores y Artistas de Ponce.
Fué organizador de la Banda escolar de Ponce, justamente aplaudida y Director-fundador del Club de Mandolinas, academia en la que han estudiado muchas señoritas de la buena sociedad ponceña.
Su constancia en el estudio, modestia, y el hecho de encontrarse en plena edad viril, hace esperar que continuará en crescendo la producción musical.
QUINTÓN, José.
Nació en Caguas el 1º de febrero de 1881. Hijo del maestro de música, Don Juan Quintón, recientemente fallecido y que por largos años ejerciera la enseñanza musical en Coamo a cuya Villa se trasladara siendo su hijo muy niño, con él aprendió nuestro biografiado cuanto aquel podía enseñarle. El pianista Catalán Ernesto del Castillo, le hizo progresar bastante en su instrumento favorito y después, como la mayor parte de nuestros artistas, el estudio solitario y reflexivo completó su educación.
Pepito Quintón, como le nombran en el pueblo de su residencia, nació con un gran temperamento artístico. Si prosigue estudiando como hasta aquí, será el primer maestro compositor de la época actual, pero su modestia excesiva y la pobreza del medio ambiente en que gira no le permitirán remontarse a las altas regiones del ideal, para lo que le sobran facultades.
Como pianista, posee asombrosa, limpia y ágil ejecución; como profesor, tiene facilidad para trasmitir; como director su batuta es enérgica, detallista y circunspecta.
Pero en donde su genio se manifiesta radiante es en la composición.
Impulsado por sus amigos, concurrió por primera vez al certámen de Manatí, obteniendo el primer premio, consistente en Lira de Oro, $25, diploma de honor y título de socio de mérito del Casino Portorriqueño, por una Marcha Triunfal para orquesta. Después de ese hermoso triunfo se encerró nuevamente en su querido Coamo, hasta que en 1913, como los cometas errantes, reapareció en el cielo del arte, concurriendo al certámen de la Liga Progresista de Ponce, agregando a su gloriosa corona de laureles, dos brillantísimas hojas.
En dicho certámen obtuvo las distinciones más altas, $100, insignia de oro y mención honorífica de primera clase por un Cuarteto en Re mayor para cuerda y $75, insignia de oro y diploma de honor por Un' Set de 12 variaciones sobre un tema de Hummel, para piano.
Sobre dichas producciones decía el laudo del jurado: "Por el análisis minucioso que se ha hecho del presente Cuarteto en Re mayor, se deduce que su autor tiene verdaderos conocimientos de armonía, contrapunto y composición musical, habiendo así mismo seguido un plan que revela sus aptitudes en el manejo de la forma prescrita para el género Sonata, que es el que fundamenta esta clase de composiciones. Las frases dialogadas, las imitaciones fragmentarias de los temas en el discurso de toda la obra, el desenvolvimiento de las modulaciones, atestiguan elocuentemente que se está en presencia de un compositor de dotes excepcionales y que sabe conciliar su libre fantasía, su delicada inspiración con las exigencias inherentes a la música di camera."
Y al laudar Las Variaciones, dice el jurado: "El autor es indiscutiblemente un compositor de grandes dotes. En las Doce Variaciones, escritas con suma facilidad y elegancia, se desataca siempre el Tema dado, presentando bajo distintos aspectos, luciendo cada vez, por decirlo así, una vestidura distinta y más atrayente pero que no le hace perder de vista, ni por un instante su individualidad, a pesar de la complejidad en que se desenvuelve, en ciertas ocasiones. La 12ª variación, en ritmo de polonesa, es realmente ingeniosa y brillante. Ella por sí sola revela las aptitudes envidiables, del autor, digno de ocupar uno de los más elevados puestos entre los compositores de Puerto Rico."
El Municipio de Coamo a raíz de estos triunfos le declaró Hijo adoptivo de dicha población, acuerdo que honra por igual a otorgantes y adoptado, siendo Quintón el único artista que en Puerto Rico lo ha obtenido.
Además de las laureadas ha compuesto: Overtura, estilo clásico, Misa de Requiem, Scherzo, para piano, Danzas de concierto, para piano (difíciles), Valses de salón y una gran variedad de música religiosa y bailable.
RAMOS, Heraclio A.
Véase la sección Biografías, [Capítulo XV], página 158.
RAMOS, Federico.
Si fuéramos a juzgarle por el número de sus obras, parecería, como artista, muy superior a su hermano Heraclio, pero ni como compositor, ni como pianista le ha superado.
Federico Ramos nació en Arecibo el 14 de abril de 1857, cuando ya Heraclio era un compositor laureado. Éste fué su preceptor.
Es innegable que posee temperamento musical y conocimientos bastantes, que le permiten cultivar con fortuna los distintos géneros de la composición.
Pero como su producción es vertiginosa, en las obras de empeño nótase, a veces, un desequilibrio en la estructura general; sobre todo, no siempre se destaca con claridad el pensamiento temático o inicial de la composición. Tiene ideas bellísimas junto a otras pobremente expuestas. Pudiera, en general, compararse su labor de compositor, como un jardín en el que han florecido variedad de plantas y que por la falta de jardinero se encuentran todas entremezcladas, siendo muy difícil encontrar los tallos o troncos pertenecientes a cada flor o planta.
La misma impetuosidad de su carácter le perjudica. Como pianista, tiene pasmosa ejecución, digitación bastante correcta, repentiza con facilidad, pero el conjunto semeja el torbellino de una catarata.
Estas deficiencias que expresamente señalamos, pues por lo mismo que vale mucho desearíamos verle producir con más reposo, no quieren indicar que no tenga especiales composiciones. No; en los últimos años ha publicado y compuesto algunas que han sido elogiadas en el extranjero, como la Marcha Triunfal dedicada al Presidente Roosevelt de la cual decía Le Journal Musical de París, en su edición de julio 16 de 1907, "Esta marcha brillante ha penetrado en Francia y será pronto ejecutada en todas partes. Está en efecto bien rimada y de un desarrollo melódico bien señalado, con armonías del mejor efecto."
Recientemente nos dejó oir su última obra Nocturno y un Intermezzo sinfónico, de exquisita factura.
Para que se tenga una idea de su enorme producción, diremos que tiene hechas (en gran número publicadas) 23 obras de baile, 27 de salón, 23 de concierto, 29 para canto y piano, 2 que el titula recitaciones, 4 zarzuelas en 1 acto, 1 drama lírico en 3 actos y 3 didácticas.
Su melodía El Encanto del Hogar es un verdadero idilio de expresión, clara, espontánea y hondamente sentida. Se destaca del resto de las composiciones y sin embargo ¡está expuesta con tanta sencillez y maestría!
RÍOS OVALLE, Juan.
Laborioso como la hormiga, modesto cual la violeta, de inteligencia natural, gran intuición artística y con acopio de conocimientos adquiridos asíduamente, es uno de los compositores ponceños, que dedicados más principalmente a la producción del género bailable, tiene facultades para subir hacía la cima de los llamados severos, atestiguándolo la forma de construcción de los bailables y el hecho de haber sido uno de los jurados del certámen de la Liga Progresista, en donde para poder juzgar obras clásicas tenía que estar en posesión de los conocimientos a ellas inherentes.
Buen clarinete y correcto preceptor de música, fué laureado en el certámen de Bayamón con el primer premio, por un Two-Step, para orquesta, titulado Bayamón, lema: Cruz Roja.
Como compositor de danzas ha sido fecundo. Su estilo fué, primeramente, casi una continuación del de Morell Campos, pero después ha tomado carácter propio, algo discutido, por las novedades rítmicas y formas de expresión introducidas, que han desvirtuado, a pesar de las bellezas melódico-armónicas de que están saturadas, la candorosa idealidad de nuestra danza.
RODRÍGUEZ ARRESON, Manuel.
Si no estamos mal informados, es natural de Añasco, aunque educado en Mayagüez, en donde se dió a conocer como hábil violinista y correctísimo educador, con aficiones literarias que después ha consolidado prácticamente.
Hace muchos años reside en Puerto Plata, República Dominicana, a donde fuera por primera vez, como Director de la Banda Municipal.
Su intensa labor artística la ha realizado fuera de su país, en el que se dió a conocer como exquisito compositor, cuando fué laureada su romanza para canto y piano titulada Patria en el certámen del Ateneo de 1904.
De sólida cultura lírico-literaria, constantemente labora en pro de sus aficiones.
Uno de los actos de mayor renombre que conocemos de él, fué el Reglamento aprobado por el Ayuntamiento de Puerto Plata, R. D. para la Academia de Música Municipal, que fué puesta bajo su competentísima dirección y en la que ha permanecido hasta hace poco tiempo dando sorprendentes resultados. Para apreciar la capacidad musical de Rodríguez Arreson, transcribimos el programa de estudios de dicha academia, que puede decirse ha desarrollado él sólo.
"PROGRAMA.—Primer Curso.—Nociones sobre el sonido; teoría y práctica del Solfeo; desarrollo de tonalidad; técnica instrumental; ejercicios.—Segundo Curso.—Teoría y práctica de claves; transporte; ejercicios de solfeo en conjunto; afinación y desafinación; armónicas de los sonidos; técnica instrumental; ejercicios.—Tercer Curso.—Armonía hasta las modulaciones por transformación; elementos; ejercicios y dictados; tono o altura; intensidad; cuerdas y tubos sonoros; aplicación de sus leyes en los instrumentos musicales; técnica instrumental; ejercicios en conjunto.—Cuarto Curso.—Armonía (continuación); timbre; aplicación de sus leyes en los instrumentos musicales; técnica instrumental; ejercicios de conjunto.—Quinto Curso.—El arte de instrumentar; breve estudio de los géneros musicales; historia de la música; técnica instrumental; ejercicios en conjunto.—Curso Completo.—El arte de dirigir; bibliografía musical; grandes organizaciones orquestales; orfeones; su influencia socio-moral; experiencias; el drama lírico; su forma presente; la concepción Wagneriana de la ópera; su influencia y su evolución."
Nos consta que produce mucho y bueno. Conocemos de él una Elegía fúnebre y un Nocturno para piano de mucha delicadeza en la expresión y factura. Recientemente le escribimos y al contestarnos, hizo omisión absoluta a uno de los particulares de nuestra carta en que le pedíamos el catálogo de sus obras, traduciendo nosotros, el silencio, como un acto de modestia.
Es un portorriqueño que honra a su país en el extranjero, siendo apenas conocida su intensa labor en la tierruca nativa.
TAVÁREZ, Manuel G.
Véase la sección Biografías, [Capítulo XVI.] página 162.
TIZOL MÁRQUEZ, Manuel.
Aunque las producciones que de él conocemos, pertenecen al género bailable, no dudamos que por sus conocimientos y cuadratura musical completa, haya producido o pueda producir obras de mayor empeño. Su fuerte labor profesional desde el cambio de soberanía, en que su personalidad artística se destacó vigorosa, le ha hecho aparecer en primera línea como organizador de núcleos instrumentales, para los que ha tenido que estar constantemente instrumentando, lo que hace magistralmente, siendo ésta, tal vez, la causa de que su inspiración permanezca algo inactiva.
Es un contrabajista de talla mundial (herencia paterna) y aunque conoce y ha practicado varios instrumentos, su profesión principal es la dirección de orquestas y bandas.
Actualmente es el Director de la Banda de Bomberos Municipal de San Juan, por él organizada y que está reputada como una de las mejores de las Antillas.
En los últimos meses la ha hecho progresar mucho, y en los conciertos públicos que bisemanalmente celebra es muy aplaudida haciéndosele bisar casi todos los números del programa, en el que combina música de los grandes maestros con otras afines al gusto imperante en el público.
Como es joven, tiene amplio porvenir y estamos seguros que, remontando vuelos, honrará dignamente su apellido, de gran abolengo artístico.
Al cerrar esta sección, consideramos justo citar los nombres de algunos dilettantes que con frecuencia han dado y dan a la publicidad las inspiraciones de su fantasía, en las que se encuentran ideas melódicas bien definidas, efluvios estéticos de sus temperamentos artísticos.
Son éstos, los señores Antonio Otero, de Ponce; Federico Porrata Doria, de Naguabo; Juan Garriga, de Utuado; y Emilio R. Dávila, de Ciales.
Este último no conoce siquiera los signos musicales y sin embargo toca, de oído, bastante piano sin alterar, en lo más mínimo, las partituras; y compone diversidad de piezas—algunas están publicadas—que han ido adquiriendo poco a poco sello de originalidad, las cuales son anotadas en los pentágramas por músicos inteligentes a quienes el autor hace oir repetidas veces las frases de la obra.
Puesta de Sol, su último vals, llamará la atención por la expresión intensa del pensamiento musical, en concordancia con el título y la armonía del conjunto.
Emilio R. Dávila es un caso psicológico especialísimo digno verdaderamente de estudio.
SECCIÓN SEXTA.
Instrumentistas Notables.
CAPÍTULO XX.
De acuerdo con el orden seguido en secciones anteriores, en esta nominaremos, alfabéticamente, a los instrumentistas cuyos méritos hayan sido refrendados por juicios públicos y competentes, eliminando, para no ser difusos, a los que bajo otros aspectos hayan sido citados.
Los relatos tendrán la amplitud de las referencias adquiridas, circunscribiendo la mención de los dilettantes a sus nombres, instrumento en que han sobresalido, y, a ser posible, el nombre del preceptor o escuela de donde proceden.
Puede que incurramos en omisiones, que podemos afirmar serán involuntarias, pues en esta clase de trabajos, por mucho cuidado que se tenga y mejores deseos en la solicitud de informes, siempre hay escapes lamentables.
Las dificultades con que hemos tropezado para formalizar el libro, bien sabrán apreciarlas los que con mayor pericia, han practicado tan delicada y peligrosa tarea.
Tal vez, para muchos de los que nos lean, profanos y hasta algunos artistas, resultará anómalo el que incluyamos a los guitarristas, en nuestro relato, y no por lo que a las personalidades atañe sino por la guitarra en sí, por ser ésta considerada, generalmente, como un simple instrumento acompañador de canciones y bailes populares, de la cual decía Covarrubias en 1675, "Que era un cencerro de fácil tañer, especialmente en los rasgados, y que no había mozo de caballos que no la tocase." Pero el P. Basilio, gran contrapuntista y organista en el convento de la orden del Cister en Madrid, desmintió completamente tal opinión, sobre dicho instrumento, siendo el primero que estableció el método de tocar punteado, sacándola del uso exclusivo, que hasta entonces tuvo, para acompañar seguidillas, canciones y tiranas.
Desde el siglo XVIII data verdaderamente la importancia de la guitarra, dedicándose a ella artistas que, por su buena ejecución, llegaron a conquistar un nombre distinguido, entre los que sobresalieron, Don Dionisio Aguado, Don José Huertas, D. Fernando Sons, el catalán Ferrer y Esteva, Picornell y otros más, que venciendo dificultades inmensas consiguieron presentar de una manera prodigiosa y admirable todas las buenas cualidades y grandes bellezas de este instrumento de punteo, de invención árabe-española.
Si este instrumento no ha podido formar parte de la orquesta, acaso porque sus sonidos dulces y apagados no pueden producir sensaciones vivas e impresiones fuertes, es en cambio tan agradable, se presta tanto a la expresión y tiene tan dulce melancolía, que es irresistible en ocasiones dadas. Para la inspiración de un buen artista, posee la guitarra condiciones muy apreciables, y bajo la presión de una mano maestra, sabe responder a los afectos del alma como si fuera la verdadera manifestación del sentimiento que hace herir sus cuerdas. Ella, puede decirse, forma una pequeña orquesta que el pueblo ha adoptado como muy suficiente para satisfacer sus necesidades musicales.
El hecho de haber podido apreciar el arte exquisito de dos portorriqueños guitarristas a los que hemos de referirnos en esta sección, nos ha movido a exponer los antecedentes históricos musicales sobre tal instrumento.
ÁLVAREZ, Hermógenes.—Semi-profesional.
Hace pocos meses que ha fallecido en Caguas en donde residiera por largos años, cultivando por igual el arte y la literatura. Nació en San Juan y con su hermano Don Mauricio aprendió varios instrumentos y composición. Sobresalió como contrabajista y cellista, también, según las necrologías que publicara la prensa de toda la isla, fué un compositor de exquisita factura y delicada inspiración.
Nosotros no tuvimos el honor de conocerle y no hemos visto ni oído sus composiciones por lo que nos vemos privados de emitir opinión alguna, propia. Pero no dudamos un solo instante de su valer, pues habiendo sido su señor padre y su hermano dos de los mejores músicos del país, la herencia le abona.
ÁLVAREZ, Mauricio.—Violinista profesional.
Nació en San Juan el año 1842.
Con su padre Don José, músico distinguidísimo que dirigió las bandas militares de "Granada" y "Cataluña", trasladándose en 1851 a Caguas en donde puede decirse que fué el primer maestro que difundió la buena enseñanza general del arte, aprendió nuestro biografiado, teoría musical, solfeo, armonía y composición.
Su primer maestro de violín fué Mateo Tizol, y después en Mayagüez tomó lecciones superiores con Don Rufino Ramírez, quien le educara de acuerdo con la escuela del maestro francés Mr. Beriot, su preceptor en París.
Una inadvertencia, que no hemos podido subsanar por estar ya compaginada la sección Compositores cuando notamos la omisión, hace que no aparezca en ella, Mauricio Álvarez, cuando ha sido uno de los que más ha sobresalido, ya por la exuberancia de la inspiración ya por la corrección de la forma, pues en sus obras patentizó la solidez de los conocimientos armónicos, estructura de los géneros, resortes de la instrumentación y expresión temática. Produjo, dentro del medio ambiente de la época, música religiosa, bailables, algunas overturas y piezas de concierto para violín y piano.
Cuando los funerales del pianista Tavárez, el oficio de difuntos y misa de requiem que ejecutó la orquesta, fuéron compuestos por Mauricio, amigo íntimo del pianista.
De un carácter apacible y bondadoso, no cesa de laborar, pues, como también posee el título de farmacéutico, al retirarse de la profesión musical, tras de cuarenta años de ejercitarla, (hoy tiene 73) se le ve siempre al frente del despacho de la farmacia de su hijo Don José, residente en Caguas, pues le es imposible, según nos manifestara, estar inactivo una sola hora.
Sumamente modesto, cuando se le habla de música, y sobre todo, de la de su tiempo, evita tratar nada referente a sí mismo, pero en la conversación se advierte que tiene pericia artística.
Ha enseñado a dos generaciones haciendo músicos aprovechados, y si como violinista su nombre es poco conocido, débese a haberse encastillado en Caguas.
ALVARADO, Margarita.
Pianista dilettante. Natural de Juana Díaz. Discípula de Manuel G. Tavárez, quien le dedicara su renombrada danza Margarita.
ARCE DE ASTOL, Sicila.
Pianista dilettante. Nació en Ponce. Discípula del maestro Torns.
ARIAS, Mercedes.—Profesional.
Ponceña y pianista de correctísima escuela.
Gran temperamento musical, vehemente, a la par que delicada expresión; devota de los clásicos cuyas obras interpretaba concienzudamente.
Modesta, ingénua, laboriosa, sumamente simpática y distinguida, fué la inspiradora de una gran pasión, sin que su alma recorriera otros campos que los del arte, síntesis de sus amores.
Compositora, si no de grandes obras, con inspiraciones saturadas de bellezas, que armonizaba con maestría.
Ejerció el profesorado hasta que, prematuramente, se elevara su alma al cielo de encantos con que tantas veces soñara en vida.
Flores y Perlas y Renacimiento, son dos preciosos valses, editados por la casa Otero y Co., que ponen de relieve su facilidad para componer.
BARBOSA SÁNCHEZ, Carmen Belén.—Profesional.
En San Juan se meció su cuna, y en la Academia de piano de Anita Otero se desarrolló, vigoroso, su temperamento especial para el arte.
Después de la muerte de su preceptora, cuya memoria honra dignamente, pues es una de las cuatro gracias que ornaron el jardín artístico de aquella academia, se trasladó al Conservatorio de Boston, más que para perfeccionar los conocimientos adquiridos, para obtener el diploma de maestra graduada de música y piano.
El sentir de su alma lo reflejan sus ojos, grandes, negros, bellamente soñadores.
Su técnica es clara, precisa y robusta de detalles.
El estilo de interpretación, bastante parecido al de la Otero, aunque no con tanta maestría.
La modestia de su carácter le hace reservar las delicias de su ejecución para las intimidades del hogar. Es artista.
BOBADILLA, Asunción.
Pianista dilettante. Discípula de Don Fermín Toledo. Si no estamos mal informados, nació en San Juan.
CAPARROS, Inocencia.
Pianista dilettante, natural de San Juan, fué una de las mejores discípulas del señor Cabrizas.
CASANOVA, Carlos.—Profesional.
Si como literato y periodista alcanzó merecido prestigio proporcionando honor a Mayagüez, su ciudad natal, como pianista y musicólogo no fué menor su reputación.
Carlos Casanova era un temperamento exquisito y absolutamente artístico. No se prodigaba en el piano, pues era algo indolente, pero cuando pulsaba el teclado, sobre todo en el gabinete reservado a la intimidad musical, las horas se deslizaban para los afortunados oyentes, cual para los astrónomos, cuando ante el ocular del telescopio contemplan las bellezas siderales. Su ejecución no era extraordinaria, pero sí la fuerza conmovedora de su expresión.
Su cultura musical hacía pendant a la literaria.
Su estilo periodístico era castizo, sobrio, de argumentación cerrada.
El literario era poético a la par que filosófico.
Su oratoria, más conceptuosa que florida, en donde brillaba radiante era en el anfiteatro de una academia; para el batallar político era mejor con la pluma.
Su conversación familiar era sumamente agradable por las oportunas agudezas y repertorio de cuentos con que las aderezaba.
Como literato fueron varias veces laureadas sus poesías y prosas.
Si se hubiera dedicado a la composición musical, en ella también hubiera alcanzado renombre; más, poseyendo la preceptiva, no tenemos noticias de que produjera.
Jamás le oímos hablar mal de ningún compañero, en cambio ¡Con cuanta nobleza y pericia ejerció la crítica! En Mayagüez se dedicó durante algún tiempo a dar clases de piano y en los centros sociales dirigía la parte lírica de las veladas.
Murió pobre y algo nostálgico, en Ponce, no hace muchos años.
CASTRO CASANOVA, Salvador.—Profesional.
Violinista mayagüezano, discípulo del maestro catalán Don José Gotós.
Fuera de Mayagüez su nombre es casi desconocido y como artista muy pocas son las personas que, aun en su pueblo natal, tengan noticias del puesto distinguido que ocupa en las grandes orquestas de Londres.
Su padre, cubano inteligente, que constituyó su hogar en Puerto Rico, viajó mucho por Europa, y estaba bien relacionado en París y Londres.
A esta última ciudad envió a su hijo mayor, Felipe, quien adquirió puesto de confianza en una casa comercial.
Después que nuestro biografiado obtuvo con Gotós ejecución esmerada y sólida, se fué a Londres con su hermano para ampliar sus estudios.
Sus primeros pasos de artista los dió, de concertino en la orquesta del Yate de uno de los más opulentos Lores ingleses. Viajó mucho, por el Oriente, durante más de 4 años, hasta que sus justas ambiciones de glorias le hicieron fijar la residencia en Londres, no siéndole difícil obtener uno de los primeros puestos, como violín primero en la orquesta del Convent Garden.
Le conocimos íntimamente cuando estudiaba con Gotós y le predecíamos que, si persistía estudiando, podría satisfacer sus anhelos.
Por cartas y recortes de periódicos que hemos leído, nos hemos enterado, con verdadero júbilo, de que, hasta hace tres años (últimas noticias adquiridas) sus progresos eran reales.
¡Otro portorriqueño que en el extranjero enaltece el nombre patrio!
COLÓN, Aberano.—Profesional.
Violinista ponceño.
No fué un virtuose, no por falta de condiciones, sino por tener que dedicar la mayor parte del tiempo a luchar por la existencia, en un ambiente algo enrarecido para dedicar al estudio las mejores horas sin menoscabo de los deberes familiares.
Pero fué un concertino de gran orquesta, con técnica correcta en pulsación y arco, repentizaba bien, gran fuerza de expresión, seguridad en las entradas, transportador y en ocasiones, director.
Parco de palabra, semblante poco risueño y algo retraído en el trato social, poseía no obstante bellezas psíquicas que le hacían apreciable.
Con algunos conocimientos del arte de componer, a veces producía bailables de buena factura.
Su polka El Orfeón Ponceño compuesto cuando la Feria de 1882, fué muy aplaudida y editada.
Fué siempre el violín concertino de la orquesta del teatro La Perla y el solista de la de Morell Campos. Murió, en Ponce, a principios de este siglo.
DÍAZ, Carmelo.—Profesional.
Es el cornetín solista de la Banda Municipal de San Juan. Nació en Aguadilla. Con Lequerica aprendió los elementos de la música, completándolos en la Banda de la Policía Insular. No le conocemos personalmente, pero la dulzura con que emite los sonidos, corrección del fraseo, facilidad para el doble picado y hondo sentimiento de expresión, nos hace considerarle como uno de los buenos cornetines de la isla, llamado a alcanzar grandes triunfos en el instrumento que tanta fama diera en Madrid al señor Coronel.
DOMÍNGUEZ, Lcdo. Celestino.
Pianista dilettante. Natural y residente de Guayama.
Sus estudios superiores los hizo fuera del país.
DUEÑO, Aurelio.—Profesional.
Notable contrabajista, natural de San Juan en donde, además del arte, ejerció como Procurador de la Real Audiencia. Persona de cultura y distinguido trato social. Le recordamos perfectamente. De regular estatura, color blanco rojizo, pelo tirando a rubio en cuanto al tinte, andar reposado, mirada penetrante protegida por cristales, conversación amena, pasión desmedida por la música, conocimientos arraigados, cuyas demostraciones le dieron prez.
Su hogar fué uno en donde se hacía música di cámera.
Si por los retoños se puede apreciar el tronco bastará decir que fué el padre de Braulio, el laureado músico compositor y de Manuel, también músico y poeta de renombre.
Ejerció influencia en el movimiento musical de la isla.
DUEÑO Y DUEÑO, Dr. Manuel.
Pianista dilettante. Natural de Bayamón. Con su padre Don Braulio estudió música.
Durante cursaba medicina amplió en los EE. UU. sus estudios del piano.
FRADERAS, Fidel.
Natural de Maricao. Pianista dilettante. Hizo los estudios musicales en Barcelona, España.
FERNÁNDEZ, Andrés.—Profesional.
Distinguido profesor de oboe, natural de San Juan en donde ha sido muy aplaudido, cuando desde su puesto en las orquestas de ópera, ha demostrado habilidad de ejecución y dulzura de tono en un instrumento difícil para la emisión de los sonidos por la especialidad de la boquilla.
FREYRE, B.—Profesional.
Flautista mayagüezano de alta escuela, esmerada y brillantísima ejecución. Alcanzó gran renombre como concertista y obtuvo muy buenos discípulos. Es de los artistas mayagüezanos que más se recuerdan, habiendo repercutido su fama por toda la Isla.
Fué generalmente conocido por el nombre de El Nene Freyre.
GALIÑANES, Rosa.—Profesional.
Nació en San Juan. Procede de la Academia de piano de Ana Otero, constituyendo con Alicia Sicardó, Carmen Belén Barbosa y Monsita Ferrer el privilegiado cuarteto de alumnas que salieron profesoras de dicho centro de enseñanza.
Conocida ya la escuela de su preceptora, cabe suponer cuales serán las condiciones de pianista que posee Rosa Galiñanes. Tiene el don especial de ser muy hábil acompañante, cualidad que no todos los buenos pianistas pueden ostentar.
Ejerce la profesión y le faltan horas para atender al crecido número de alumnas que concurren a su hogar. Sencilla y modesta es muy apreciada por la sociedad capitaleña.
GARCÍA ARTÍGUEZ, Elifio.
Guitarrista, natural de Naguabo. No podemos clasificarle ni como profesional ni como dilettante, porque dentro de la especialidad del instrumento en que tanto brilla, hasta ahora, que nosotros sepamos, no se ejerce en la isla ese ramo de la enseñanza musical; y, por su arte exquisito, rebasa los linderos de la heredad en que fructifica el diletantismo.
Para que sea más rara su habilidad, no toca el instrumento como todos los guitarristas, sino que colocada la guitarra horizontalmente sobre los muslos, con la mano izquierda pulsa las cuerdas como si fueran las teclas del piano, y con la derecha hace el punteo en igual posición.
Le oímos como acompañante en los conciertos de violín que diera Ángel Celestino Morales, lo que implica conocimientos superiores a los de un simple guitarrista, pero en lo que nos mostró su verdadero mérito de artista fué en las transcripciones que nos hiciera oir de obras clásicas. El andante de la sonata "Rayo de Luna" de Beethoven lo decía con tal arte y tan honda expresión, que nos hizo recordar la que al citado canto daba en el piano el pianista español Power. De sentirse es que por no salir de Puerto Rico permanezca desconocido en el exterior en donde hubiera adquirido puesto preferente como artista.
GEIGEL, Isabel.
Pianista diletante. Natural de San Juan. Discípula del profesor D. Fermín Toledo.
GÓMEZ TIZOL, Manuel.—Profesional.
Nació en San Juan el 6 de enero de 1842. Manifestó desde niño grandes aptitudes para la música y con su tío José Belén Tizol, aprendió lo elemental del arte y de la flauta, ingresando, muy joven aún, como flautín en la banda del regimiento de Cataluña. Cumplido el término de su contrata, tomó lecciones de su instrumento favorito, con el gran Flautista francés, Don Carlos Alard, durante el tiempo que éste permaneció en el país.
Lleno de justa ambición y no proporcionando el arte otros emolumentos materiales que los precisos para cubrir las necesidades de la vida, abandonó la profesión ingresando en el cuerpo de Administración militar, trasladándose, como tal empleado, a Santo Domingo, cuando la guerra del 1864.
Sorprendido por una partida enemiga cuando comandaba la conducción de un convoy, fué herido gravemente, por lo cual, y en premio de sus servicios, el gobierno español le otorgó la cruz de la orden de Isabel la Católica, con pensión vitalicia.
Retornó, para convalecer de la herida, a Puerto Rico, volviendo al ejercicio de la profesión, hasta que en 1866, se trasladó a Cuba, ocupando un puesto en la administración militar del Hospital de Cárdenas.
En Cuba fueron muy apreciadas sus condiciones de flautista, pues frecuentemente tomaba parte como concertista en actos públicos. Permaneció en la antilla hermana hasta unos meses antes de que estallara la revolución del 1868.
De nuevo en su país y retirado ya del servicio militar, en 1870 fué nombrado inspector de policía del primer distrito de la capital, en cuyo destino permaneció hasta su muerte acaecida el 2 de marzo de 1914. En 1886 fué a España, y en Madrid y Barcelona lo calificaron como un virtuose de la flauta. Tuvimos el honor de presentarle a nuestros maestros del Conservatorio, los que, después de oirle tocar, nos manifestaron que era un gran artista, que podía mostrarse ante cualquier público de Europa.
Su agilidad era asombrosa, y así como Dueño sobresalió en el doble picado, Gómez Tizol lo fué en los ligamentos de grandes frases, las que matizaba insinuando a veces ligeros picados de garganta sin romper la unidad del ligado. Su tono de emisión era dulcemente expresivo. Tenía especial gusto en ponerse a tocar en la sala de su casa y a obscuras, después de media noche, semejando su flauta ora al ruiseñor, ora melodías celestes de desconocido instrumento.
Además de la flauta, tocaba con delicada expresión el "Copófono", instrumento de copas de cristal de roca, que él mismo confeccionó y por el cual le concedieron en la Feria de Ponce, diploma de honor y accésit.
GUERRERO, Pedro.—Semi-profesional.
De joven y hasta el cambio de soberanía figuró como profesional en el cornetín que practicaba con suma habilidad y corrección. Nació en Humacao. Desde que ingresó como oficial en la Policía Insular abandonó el arte, como profesión, aunque toma parte algunas veces en conciertos. Actualmente ejerce como dentista en Arecibo.
IRIARTE, Lola.
Pianista dilettante, natural de San Juan. Fué una de las alumnas más prestigiosas del señor Sarriera.
LAGO, José María.
Clarinetista dilettante de gran fama. Natural de Arecibo y discípulo de Juan Inés Ramos.
LECOMPTE, Luisa.—Profesional.
Es la única mujer portorriqueña que ocupa puesto preferente como violinista en las orquestas de ópera. Natural de San Juan, con su padre aprendió el violín, y después perfeccionó sus conocimientos en el Conservatorio de la Habana. Si en vez de dedicarse, prematuramente a la profesión, hubiera podido seguir estudiando unos años más, con facilidad se hubiera abierto paso entre los concertistas.
LECOMPTE, Sergio.—Profesional.
Como violinista fué de la misma talla de Julián Andino, ocupando con éste los primeros puestos en las orquestas de concierto y ópera. Tomó lecciones de Mauricio Álvarez. En los últimos años de su vida trocó el violín por la viola de amor. Cuando acompañaba el raconto de Hugonotes era siempre aplaudido. Ejerció la enseñanza muchos años obteniendo muy buenos discípulos. Murió en 1912.
LÓPEZ GASTAMBIDE, Miguel.
Pianista dilettante, natural de Añasco. Perfeccionó en Barcelona y con sus distintos viajes por Europa los conocimientos adquiridos en la Isla.
MANGUAL, Rafael.
Flautista dilettante, natural de Mayagüez. Discípulo predilecto del Nene Freyre.
MÁRQUEZ, Rafael.—Profesional.
Está reputado como uno de los mejores flautistas del presente, recibiendo grandes aplausos y juicios meritorios de la prensa, cada vez que ejecuta los pasajes de ópera en que la flauta acompaña las cadencias, como en el aria de la locura de la Lucía. Ejerce la profesión a conciencia y también hace excursiones por los campos de la composición, habiendo sido laureado en el certámen de "La Libertad Borinqueña."
MARTI, Ignacio.—Profesional.
El mejor clarinetista que ha producido el país. Su fama ha repercutido fuera de la isla. Fué músico mayor del batallón de línea "Cazadores de Puerto Rico" y en Puerto Plata, R. D. fué hasta su muerte el director artístico de la banda militar de aquella plaza. Era un concertista. Según referencias nació en Mayagüez.
MARTÍNEZ APARICIO, Manuel.—Profesional.
Contemporáneo de Dueño y Gutiérrez, fué el mejor Cello de aquella época. De gran cultura musical, en su hogar se rindió culto ferviente a la música di cámera. Fué hasta su muerte el violoncello de la orquesta de capilla de la Catedral, compartiendo su laboriosa vida entre el arte, el escritorio y dirección de la casa mercantil de Felipe Hecht, la única introductora, entonces, de instrumentos y obras musicales.
MARTORELL, Eduardo.—Profesional.
Perteneciente a una distinguida familia de San Juan, fué un gran flautista, de tono dulcísimo y esmerada ejecución. Con Don Carlos Alard tomaba frecuentemente parte en conciertos, en los que patentizó la buena escuela de su compañero y preceptor.
Fué el primer flauta de la orquesta de capilla, único sitio en que tocaba con el carácter de profesional.
MEDINA DE VASCONI, María.
Pianista dilettante, nacida en San Juan. La discípula más connotada de Don Fermín Toledo.
MILIAN, Liborio.—Profesional.
Aventajado profesor de cornetín, que fué solista aplaudidísimo en la banda de la Policía. Su ejecución era clara, elegante y muy técnica. Nació en Ponce.
MONTOTO DE SALAS, Erma.—Profesional.
Una de las discípulas aventajadas del señor Sarriera, que después de viuda se ha dedicado a la profesión, como preceptora de piano. Hemos oído a algunas de sus alumnas, con escuela bastante aceptable.
MORALES, Ángel Celestino.—Profesional.
En el periódico La Chispa, de Manatí, y en la edición del 20 de junio de 1904, con motivo de un concierto que diera en el Casino Español, este violinista, nacido en Gurabo, decíamos: "No es todavía un virtuose, pero llegará a serlo en no lejano tiempo, si amplia sus estudios del Conservatorio con los de audición de los grandes maestros e interpretación con estilo propio, no imitativo, de los grandes clásicos.
"Cuando por primera vez recorrió la isla para arbitrar recursos con que trasladarse a Madrid, le señalamos los puntos débiles de sus conocimientos, que eran el solfeo y la escuela de arco; y, él, anhelante de su progreso, se dedicó a reforzarlos con firmeza hasta llegar a dominar el primero, pues repentiza correctamente, y en el arco adquirió, bajo la dirección de los maestros Hierro y Monasterio, los secretos para manejarlo con pericia."
Ángel Celestino Morales, hizo excursión como concertista, por las Antillas, Venezuela y Méjico, obteniendo fama y provecho.
En Cuba le sorprendió, prematuramente, la muerte, cuando se encontraba en plena luna de miel, y la mente llena de ensueños de glorias para el futuro.
La Legislatura Insular votó una cantidad para trasladar sus restos a la tierra nativa.
MORALES, José Miguel.
Pianista dilettante ponceño. En la perla del sur hizo sus estudios de piano que ha ampliado con sus frecuentes viajes a los centros musicales de Europa y EE. UU.
MUÑOZ COLOMER, Jesús.—Profesional.
Natural de Utuado, con Don José María Lago tomó lecciones de música y con el joven pianista español, Rufino Diez, que falleció en Utuado, hizo grandes progresos en la técnica del piano. Después se trasladó a Madrid y en el Conservatorio se graduó de profesor de piano y armonía. En 1891 regresó a su pueblo natal, poseyendo bastante ejecución y notable estilo, dedicándose seguidamente a la enseñanza, que ejerció también durante algún tiempo en Juana Díaz. Tiene muy buena escuela y facilidad para trasmitir. Hoy no ejerce, pues prefiere la quietud del escritorio comercial a las fatigas del profesorado.
NADAL, Blas.
Connotado pianista dilettante. Natural de Mayagüez. Su educación artística la recibió en Europa.
NADAL SANTA COLOMA, Matilde.—Profesional.
Mayagüezana e hija del Lcdo. Don Ramón Nadal. Hizo sus estudios en Madrid bajo la dirección del maestro Zabalza, del Conservatorio Nacional. Con título del referido centro musical, regresó a Puerto Rico, y después de haber sido muy aplaudida en conciertos públicos se dedicó a la enseñanza, siendo desde hace muchos años, profesora de música de las escuelas públicas.
Su estilo es delicadísimo y correcto. Su temperamento musical es hereditario y familiar, pues casi todas sus hermanas cultivan, con méritos, el arte.
O'NEILL LÓPEZ, Juan.—Semi-profesional.
Estudió piano y composición, graduándose como maestro en el Instituto Musical de Lenox, Mass., EE. UU., en 1902. Fué profesor de piano en el Branch del "Brooklyn Conservatory of Music"—Flatbresh.—
No tenemos noticias de que actúe en San Juan, su residencia, como maestro, aunque frecuentemente toma parte en actos musicales de carácter privado.
Es natural de San Germán.
OTERO, Modesta.—Profesional.
Natural de Humacao, con su hermana Anita perfeccionó los estudios que hiciera en su Villa natal, llegando a ser la primer ayudante, y después la directora de la Academia de Piano que ambas establecieron en la Capital.
No alcanzó el renombre de su hermana y preceptora, pero fué tan concienzuda pianista como ésta. A la muerte de Anita se puso frente a la fuerte labor de la enseñanza, hasta que el exceso de trabajo debilitó su organismo, falleciendo en 1912.
Con su muerte desapareció un centro docente, que debió ser la base del Conservatorio de música portorriqueño.
PADILLA DE SANZ, Trina.—Profesional.
La Hija del Caribe, seudónimo literario que emplea hasta para la correspondencia íntima, nació en Vega Baja, cuna también de su padre, el ilustre y castizo poeta, doctor en medicina, Don José Gualberto Padilla, conocido, literariamente, por El Caribe.
Trina Padilla, con temperamento hereditario de artista, estudió el piano como complemento de su esmerada educación, sin que remotamente sospechara que había de servirle de profesión.
Afortunadamente, sus aptitudes fueron encaminadas por sendas escogidas, pues fué su único preceptor, Don Fermín Toledo, y ella, una de las más sobresaliente de sus alumnas.
Esposa del distinguido caballero Don Ángel Sanz, ya fallecido, que ocupó altos puestos en la administración española, por su brillante y desahogada posición social, estuvo en condiciones de no abandonar el estudio del piano, al que dedicaba todas las horas que los cuidados maternos la dejaban libre.
Su hogar siempre ha sido un centro de arte. A él acuden como en peregrinación, cuantos artistas de valer, ya literario ya musical, pasan por Arecibo, su residencia desde hace más de veinte años.
Trina Padilla es una verdadera pianista, de esmerada y delicadísima ejecución, sentimiento expresivo interesantemente apasionado, en concordancia con su poética y fantástica imaginación. Técnica bastante correcta.
Su poderosa retentiva la ha hecho poseedora de un extenso y selecto repertorio de las mejores obras clásicas, pues casi con una audición se queda grabada en su mente la factura de una obra.
Es una buena acompañante y repentiza con facilidad.
Las obras de Chopín, Beethoven, Mendelsonn, Schubert, Shumann, Albéniz, Granados y demás maestros del piano, le son familiares, bordándolas cuando las ejecuta ante auditorio competente.
Después del cambio de nacionalidad, las veleidades de la diosa Fortuna, la hizo tomar como profesión lo que hasta entonces solamente era deleite del alma, y desde que abriera su academia de Piano en Arecibo, el tiempo le es corto para las clases.
Su cultura intelectual, su apasionamiento por todo lo que sea arte, las relaciones que por sus méritos y propio esfuerzo ha adquirido con personalidades musicales de gran fama en el extranjero, la permiten estar a la portada entre los conocedores del progreso en la bibliografía musical y de ahí que en su Academia se enseñen los métodos modernos de más valía, siguiéndose además la correcta escuela de su maestro.
Simultáneamente con el ejercicio de la profesión, empezó a desarrollar sus dormidas facultades literarias y ora en prosa, ora en verso, la prensa nativa y selectas publicaciones literarias del extranjero, engalanan las columnas con sus producciones.
Como poetisa ha obtenido laudos en Juegos Florales y certámenes.
Como literata musical es colaboradora de número y corresponsal en Puerto Rico, del Correo Musical Sud-Americano, que se publica todos los miércoles en Buenos Aires y que en nuestro concepto es uno de los mejores periódicos musicales del mundo.
Su corazón es un tesoro inagotable de bondades y siempre es de las primeras, cuando no la iniciadora, en toda idea noble y altruista. ¡Dejaría de ser ángel de caridad, siendo tan artista!
PARÉS, Josefino.
Fué un virtuose de la guitarra. Nació en Morovis en 1862 muriendo repentinamente en Manatí el 18 de marzo de 1908. Fué artista por temperamento, por el estudio, y si se nos permite la frase, por necesidad, ya que únicamente en las manifestaciones artísticas hubiera podido expandir los delicadísimos sentimientos de su alma.
Discípulo en Barcelona del gran guitarrista catalán, Ferrer y Esteva, durante dos años fueron tan sorprendentes los progresos que hiciera, que un día, asombrado el profesor con la interpretación que diera a una de sus obras más difíciles, le dijo: "No tengo más que enseñarle, usted me supera."
Las cuerdas del dulcísimo a la par que difícil instrumento, cuando eran pulsadas por los dedos de Josefino Parés, vibraban con tan sonora expresión y arte, que el oyente se sobrecogía y extasiaba cual si las vibraciones que percibiera lo fuesen de la armonía celeste, que según el gran Rossini, es imposible concebirla en el mundo material por la insuficiencia del grosero lenguaje que se emplea: la música.
Interpretaba acertadas y difíciles transcripciones, para guitarra, de obras clásicas, con un punteo claro, conciso, de igualdad absoluta en los acordes.
Los trastes del instrumento los conocía tan profundamente, que al acompañar de oído a un buen instrumentista o cantante, seguía los movimientos armónicos y modulantes cual si lo hiciera al piano o por lectura del original. Oímos buenos guitarristas en España, pero ninguna tenía la fuerza de expresión que Parés.
En la fantasía Variaciones sobre el Carnaval de Venecia ponía de alto relieve su técnica y agilidad. ¡Con qué modo tan especial producía los sonidos enarmónicos! De la danza La Melancolía de Tavárez, hizo una creación. Fué un artista tan elevado, que nunca le oímos tocar rasgueos de bailables o cantos regionales.
Tocaba la guitarra con pleno conocimiento de la música. Además era un correcto pianista, y con la pluma litográfica hacía maravillas. ¡Nuestra pobre descripción es pálida ante la realidad, desgraciadamente, desaparecida!
PENEDO DE CUEVAS ZEQUEIRA, Elisa.
Pianista dilettante. Natural de Fajardo. Desconocemos con quien adquirió su brillante escuela. Interpreta con maestría.
RAMÍREZ, Rufino.—Profesional.
Violinista y Licenciado en Farmacia. Nació en Mayagüez en donde hizo estudios elementales del arte, trasladándose después a París para cursar los estudios superiores con el gran maestro de violín del Conservatorio Mr. Beriot.
A su regreso, según referencias del señor Mauricio Álvarez, su mejor discípulo, solamente se dedicaba a trasmitir sus conocimientos entre determinado número de alumnos.
Nos aseguró también que, aparte de la escuela de arco, tenía interpretación propia y delicada.
RIVERA, Modesto.—Profesional.
De este connotado violinista, natural de Cayey, fallecido en Madrid el 16 de diciembre de 1893, desde la Corte española al Director de El Neófito, periódico ponceño, una dama portorriqueña de alto valer, lo que publicado por el referido vocero en su edición del 20 de enero de 1894, decía: "Ha muerto Modesto Rivera, joven que vino de Ponce hace 6 años lleno de ilusiones, emprendiendo con entusiasmo los estudios del violín. Alcanzó el primer premio en el Conservatorio, que es mucho alcanzar, y no satisfecho aún, ganó otro premio en el estudio de la armonía. El ilustre Maestro Monasterio lo quería tanto que lo llevó a tocar a presencia de la Infanta Isabel."
"Conquistó un puesto entre los profesores de la orquesta del Teatro Real; perteneció a la Sociedad de Conciertos que bajo la dirección del maestro Bretón está compuesta por notabilidades artísticas."
"En fin era incansable y vivía enamorado de la música; pero... ¡el destino es implacable con algunos seres! ¡La lucha por la existencia!... Modesto Rivera, vivía buscando, aquí y allí con que sostener a su familia, y después de tantos trabajos, vióse repentinamente hundido en la más grande desesperación... ¡Del exceso de ejercicio se le presentó una parálisis en un brazo! ¡pobre joven! De tanto cavilar se enfermó y el tifus acabó con su vida..."
"¡Así concluyó el perseguido por la desgracia!"
"No tenía Modesto otro pensamiento que el de regresar a Puerto Rico, a que le oyesen sus paisanos."
"¡Infeliz! ¡La gloria ha ido a recogerla al cielo!"
Con esta bellísima y honda exclamación, como de mujer y artista al fin, terminaba la luctuosa misiva.
En Puerto Rico, antes de su marcha para España, formó parte de la orquesta de Morell Campos y ya antes, en 1875, había sido en Vieques Profesor de Música y secretario de aquella municipalidad o gobierno militar especial, siendo gobernador de la plaza el Coronel Quijano.
Modesto Rivera honró grandemente el nombre de su país en la antigua metrópoli y de no haber muerto lo hubiera también honrado, con mayores triunfos, en el extranjero.
RODRÍGUEZ SERRA, Lcdo. Manuel.
Pianista dilettante. Nació en Sabana Grande. Los estudios superiores de música y piano los hizo en el extranjero.
ROSSY CALDERÓN, Celio.—Profesional.
Nació en San Juan y en España se educó musicalmente.
Su escuela de piano es correctísima, con ejecución esmerada por lo ágil, clara, técnica en todos los detalles y sentimiento expresivo conmovedor.
Cuando regresó al país en 1886 se dedicó a la profesión tomando parte en audiciones públicas en las que se consolidó como pianista.
Con Segura Villalba fué el coopartícipe en la fundación del Instituto de Música.
Clausurado éste, Rossy abandonó la profesión aunque no la práctica del instrumento.
Aunque hace poco alarde de sus conocimientos, éstos son sólidos y selectos.
SABATER, Juanita.—Profesional.
Nació en Mayagüez. Después de haber obtenido el primer premio se graduó, como profesora de piano, en el instituto de música de Barcelona.
Notable repentista; con limpieza técnica, originalidad de interpretación y sin efectismos de expresión exagerada. Su repertorio es clásico. Posee además grandes disposiciones como directora de orquesta.
Ejerció la enseñanza en Mayagüez. Acompaña con maestría.
Es artista por estudio y por temperamento.
SANTINI, Nicolás.
Flautista dilettante. Natural, según referencias, de Barranquitas. Hizo en Ponce sus estudios musicales.
SICARDÓ, Alicia.—Profesional.
Concertista de piano. Directora de una Academia musical en la que prosigue el sistema de enseñanza de la que fué su preceptora, Ana Otero.
Nació en San Juan y todas sus hermanas cultivan con esmero el arte.
Como pianista goza de alta reputación por su brillante ejecución ajustada, en absoluto, a todos los preceptos de una severa técnica. Interpreta a conciencia y su expresión es delicadamente poética. Estudiosa en sumo grado, los momentos libres de las clases, los aprovecha, ya aumentando la agilidad de su mecanismo, ya puliendo los pasajes difíciles o la interpretación de obras selectas. Nunca está satisfecha de sí misma, y observa cuidadosamente el estilo de los pianistas a quienes puede oir tocar, pues cree que, hasta en los más modestos, siempre puede encontrarse algo apreciable.
Con el connotado violinista suizo, Mr. Ern, cultivador exquisito de la música clásica, que reside en San Juan, estudia la interpretación de los grandes maestros, armonía y composición. Después de la muerte de la Otero, Alicia continuó sus estudios de piano con Gonzalo Núñez.
La Academia que dirige y de la cual son profesoras auxiliares sus hermanas Rosa y Ana, goza de merecido prestigio. El plan de estudios dividido en 7 cursos, es idéntico, en cuanto al sistema y textos, al empleado en los Conservatorios de Madrid y París.
Con frecuencia presenta a sus alumnas en audiciones públicas en las que pueden apreciarse los progresos, disposiciones de cada una, y efectos del sistema educador.
La última celebrada en el Ateneo, fué un acontecimiento por lo selecto del programa y adecuada interpretación con que lo cumplieron las diversas niñas y señoritas que hacían su exhibición.
De su academia procede la señorita Mercedes Rodríguez que actualmente estudia en el Conservatorio de Madrid, pensionada por el señor Teodoro Aguilar, y que al sufrir el examen de ingreso, fué calificada para el 5º año de piano, el mismo que cursaba con la señorita Sicardó cuando obtuvo la beca.
Basta contemplar la elegante y bella figura de Alicia para adquirir la certidumbre de que se está en presencia de una artista.
SICARDÓ DE CARACENA, Ramona.—Profesional.
Nació en San Juan en donde, con el señor Sarriera, hizo estudios durante algún tiempo. Después pasó a la Habana ingresando en la escuela de música de aquella ciudad, y últimamente en Madrid completó sus conocimientos hasta adquirir ejecución sorprendente así como un estilo propio y elevado.
Según hemos leído recientemente en la prensa, ha sido designada para ocupar una plaza de Profesora de piano en el Conservatorio de Música de la Habana, Cuba.
SICARDÓ DE CASTAÑOS, Josefa.
Pianista dilettante. Natural de San Juan. Discípula del señor Sarriera. Reside actualmente en Madrid.
SIMÓN, Enrique.—Profesional.
Natural de Mayagüez. Discípulo de Freyre. Flautista connotado que por algunos años fué profesor de dicho instrumento en la orquesta del teatro Tacón de la Habana. Reside en su pueblo natal ejerciendo la profesión. Dirige orquestas y bandas, cultivando también la composición.
SOLER, Gerardo.
Pianista dilettante. Natural de San Juan. Discípulo meritísimo del señor Cabrizas.
TAVÁREZ DE STORER, Elisa.—Profesional.
Hija del pianista nativo Manuel G. Tavárez, de éste heredó el temperamento y disposición especial para el piano. Nació en Ponce en cuya filarmónica ciudad estudió, con notable aprovechamiento, bajo la dirección de los profesores Galván, Arteaga, y Chavier, habiendo empezado sus estudios a los 7 años de edad.
En 1896, se trasladó a Madrid ingresando con alta calificación en el Conservatorio. La Diputación Provincial le concedió una pensión de 24 pesos mensuales durante dos años, que no le daban ni para la mitad de sus gastos, habiendo sido su padrastro, el doctor Álvarez Valdés, su verdadero protector, así como de sus otros hermanos a los que ha educado.
Permaneció en el Conservatorio hasta el 1899 y allí, en reñida lid, obtuvo primer premio de solfeo y de armonía, y segundo y primero de piano, mereciendo una especial felicitación del tribunal examinador.
Sus profesores del Conservatorio fueron: la señora Pilar Fernández de la Mora, de piano; y los señores Reventós y Fontanilla, de solfeo y armonía, respectivamente.
El año que obtuvo el primer premio de piano, tuvo el honor de dar una audición en el Palacio Real, ante S. M. la Reina Doña María Cristina y la Princesa de Asturias. Antes de su regreso visitó a París, y posteriormente fué muy aplaudida en Cuba, en los recitales que organizara. También fué muy aplaudida en los públicos de esta Isla.
Su técnica es irreprochable, borda las piezas que ejecuta y Chopín tiene en ella un buen intérprete.
En San Juan, Arecibo, Manatí y Utuado, ejerció la profesión, que abandonó después al contraer matrimonio.
Tiene inéditas algunas composiciones, entre ellas, una brillante y conceptuosa Fantasía.
Elisa Tavárez es una gran artista que no debe permanecer retraída del arte que tanta fama diera a su padre.
TIZOL, Eusebio.—Profesional.
Nació en San Juan. Ha sido el mejor contrabajista que ha producido el arte portorriqueño. Su ejecución era, sin hipérbole, realmente asombrosa. Jugaba con el instrumento y por difícil que fuese la música que le pusieran en el atril, la repentizaba a conciencia.
Fuera de Puerto Rico su nombre hubiera alcanzado fama y honores. Perteneció a una familia en que el arte ha sido siempre su patrimonio.
TIZOL, Dr. José de Jesús.
Hijo de D. Manuel viola notable, fué un violinista diletante que hizo los estudios en París, simultáneamente con la carrera de medicina. Nació en San Juan.
TIZOL, Manuel.—Profesional.
Constituyó con sus hermanos Eusebio, Facundo, Gervasio y José Belén un cuarteto de músicos distinguidísimos que en la mitad del siglo XIX, eran de los primeros en todos los actos musicales. D. Manuel tocaba la viola, y fué un buen preceptor de instrumentos de cuerda.
Sus hijos el Dr. José de Jesús, Gervasio (que falleció en Coruña al graduarse de médico, era más violinista que José de Jesús) y Mateo, han sabido honrar dignamente la fama artística de su apellido.
TIZOL, Mateo.—Profesional.
Aunque el violín es su instrumento favorito y con el cual ha obtenido meritorios aplausos, su verdadera fama consiste en la habilidad y pericia como maestro concertador de compañías líricas. Mateo vivió ejerciendo como violinista, en Puerto Rico, durante los primeros treinta años de su vida, pero después empezó a viajar y desde 1897, si no estoy equivocado, se encuentra ausente de su país natal. Actualmente reside en la Habana en donde goza de reputación y afectos.
VAN RYHN, Margarita.
Pianista dilettante natural de Carolina. Se graduó de maestra de piano en St. Aloysius Academy, New Lexington, Ohio. Actualmente hace estudios de perfeccionamiento en la Academia de Alicia Sicardó. Tiene grandes condiciones para llegar a ser una excelente artista.
VIZCARRONDO, Dr. Felipe.
Flautista diletante, natural de San Juan, en donde hiciera sus estudios con tanto aprovechamiento, que le sirvieron de poderosa ayuda en la Habana y Cádiz para hacer la carrera de medicina.