MÚSICA RELIGIOSA.
Misa pequeña en do mayor, a dos voces y orquesta, con un delicioso Benedictus obligado a flauta. Misa pequeña en la menor, a dos voces. (El Qui Tollis de esta misa es un bello cantabile a dos voces, de exquisita factura). Misa de la Circuncisión, a tres voces. Misa de la Purificación, a tres voces. Misa de la Anunciación, a tres voces. Misa de Jueves Santo, (Kirie y Gloria solamente), a tres voces. Misa del Corpus, a tres voces. Misa de la Ascensión, a tres voces, (con un bellísimo ofertorio.) Misa de Noche-Buena (tiene una zortzico encantador con variaciones para el violín, la flauta y los clarinetes). Misa de San Juan, a 4 voces y gran orquesta. Misa de Santa Cecilia, a 4 voces, coro y gran orquesta. (Premiada con medalla de oro en un Certámen). Requiem, a dos voces y orquesta. Requiem, a tres voces, de mayores dimensiones que el anterior. Miserere, a tres voces y orquesta. (Una de las más inspiradas obras del maestro. El estilo de esta composición, a veces sombrío y a veces patético, inspirábale al que la oye cierta sensación de pavor; tal es la fuerza de expresión que empleó el maestro en casi todos los pasajes de la obra). Las Siete Palabras, para 4 voces y orquesta. (En esta obra, de factura muy descuidada, no estuvo el maestro a la altura de su reputación). Segunda lamentación, a tres voces. Tercera lamentación, en sol menor, a tres voces. (Es esta, tal vez, la obra en que con más profusión produjo el maestro el tesoro de su vena inagotable. Por otra parte, ¡qué amarga tristeza revela esa música sublime! Creyérase que el autor se propuso en esa obra traducir al lenguaje de los sonidos las crueles vicisitudes de su vida; la amargura de ver como iban desapareciendo sus hermanas, una a una, minadas por la tisis; sus apuros económicos, y, por añadidura, la guerra sorda, que a causa de sus ideas políticas, le declararon ciertos elementos reaccionarios, que formaban parte de la orquesta de Capilla. Nos parece estar oyendo todavía al maestro cuando entonaba con su voz de barítono la famosa frase de Jeremías: Jerusalem, convertere ad Dominum Deum tuum. Parecía dirigirse a sus enemigos, exhortándoles a que se arrepintieran del mal que le hacían, ¡Pobre Maestro!). Magnificat, a tres voces y coros. (Un bello cántico a la Virgen, escrito desde 1860, que no llegó a terminar nunca, por lo que hubo la necesidad de suprimir parte de la letra a fin de que pudiera cantarse). Totta Pulchra, para Coros y orquesta. (En esta obra se empleó por primera vez en Puerto Rico el saxofón). Novenario de Nuestra Señora de Belén. Novenario de San Francisco. Novenario de San Juan Bautista, de Santa Rosa de Lima, de San Miguel y Septenario de Dolores. Gran salve a cuatro voces, coros y orquesta. Grandes Letanías a cuatro voces, coros y orquesta: tituladas Así-Así. (Tienen la particularidad de que el 1er. Agnus Dei, está escrito para voces solas, habiendo puesto en los papeles de la orquesta, la parte de canto correspondiente a cada instrumentista.) Letanías Jesuitas, para tres voces, coros y orquesta. Además de innumerables salves, letanías y peticiones, escritas para alternarlas en los distintos novenarios que por entonces se celebraban anualmente en San Juan.