CAPITULO IX.
Pasa la armada á la Natolia, y hecha la gente en el cabo de Artacio.
Con el peligro de la pendencia entre Catalanes y Genoveses, advirtió Andronico los que pudieran suceder, por tener dentro de la Ciudad diferentes y varias naciones armadas, y ofendidas, que con ménos ocasion que la vez pasada vinieran sin duda á rompimiento. Llamó á nuestros Capitanes, y les explicó brevemente el fusto que tendría de ver sus armas en el Asia, amparando su miserables y Cristianos pueblos, oprimidos de los Turcos, y quitada la ocasion de nuevas pendencia y desórdenes. Roger con sus Capitanes ofreció que embarcaría su gente luego. Pero para que su partida fuese con más gusto, y el ejército quedase satisfecho, y seguro de tener en la armada ciertos los socorros y retiradas, le suplicaron nombrase por General de ella algun Caballero, ó Capitan que fuese de su nacion, para que dependiesen de ellos, temiendo que Andronico diese este cargo á Griegos ó Genoveses; y fuera cosa peligrosa para su seguridad tener el socorro en poder de gente extraña, con quien siempre hay emulacion y competencias; ocasion de graves pendencias y daños, y más en los socorros de mar, tan sujetos á las mudanzas del tiempo, que puede la ruindad y malicia de un General retardar el socorro, y hallar razon que disculpe y apruebe lo mal hecho, atribuyendo al tiempo y á peligros imaginados su tardanza. Andronico cumplidamente satisfizo á la demanda, dando el cargo de General de la armada con título de Almirante á Fernando de Aones Caballero de conocida sangre, y gallardo por su persona, y juntamente quiso que se casase con una parienta suya, para que el nuevo parentesco diese más autoridad á su cargo. El título de Almirante en aquel Imperio no era tan supremo como lo fué entre nosotros, por que estaba sujeto al Megaduque, y de él recibia las órdenes. Mando el Emperador, que un insigne Capitan de Romeos que se llamaba Marulli, hombre de sangre y estado, fuese siguiendo las banderas de Roger con su gente, y Gregorio con la mayor parte de los Alanos hiciese lo mismo. Embarcose el ejército en los navíos y galeras de su armada, y atravesando el mar de Propontide, dicho hoy de Marmora, tomaron tierra en el cabo de Artacio, poco mas de cien millas lejos de Constantinopla, lugar acomodado para la desembarcacion de la caballería. A este cabo llama Montaner Artaqui, y los antiguos Artacio, no lejos de las ruinas de la famosa ciudad de Cizico.
Llegó Roger con la armada, y supo que los Turcos aquel mismo dia habian querido ganar una muralla, ó defensa de media milla de largo, puesta en la parte que el cabo se continua con la tierra firme, y que dejaron el combate, mas por la fortaleza del sitio, que por el valor de los que la defendían. Estiéndese este cabo, desde esta defensa, ó muralla algunas leguas dentro del mar, y en él hay muchas poblaciones, y abundantes valles, fértiles colinas. Era en los tiempos antiguos Isla, pero después se vino á cerrar con las arenas.
Con el aviso cierto que Roger tuvo, de que los Turcos habian acometido el reparo y defensa del cabo, y que no podian estar muy lejos, dióse prisa á desembarcar la gente, y envió luego á reconocer el campo de los enemigos, y dentro de pocas horas se supo como estaban alojados seis millas lejos entre dos arroyos, con sus mugeres, hijos y haciendas. En aquel tiempo los Turcos, no olvidados aún de las costumbres de los Scitas, de quíen se precian suceder, vivian la mayor parte, y la más belicosa en la campaña, debajo de tiendas y barracas, mudándose según la variedad del tiempo, y comodidades de la tierra. Tenian puesta su mayor fuerza en la caballería, gobernada por Capitanes y Príncipes de valor, no de sangre, á quien obedecían más por gusto que por obligacion. Tenian perpetua guerra con los vecinos, sin órden militar, á imitacion de los Alarabes, que hoy poseen el Africa. Esta forma de vivir tuvieron, desde que dejaron las riveras del rio Volga, y entraron en la Asia menor, hasta que la vileza de las naciones de la Asia, y Grecia les dió crédito y reputacion. A las Monarquias y naciones, sucede lo mismo que á los hombres que nacen, crecen y mueren. Nació Grecia cuando se defendió de Jerjes, y cuando su valor deshizo el poder de tan numerosos ejércitos, y forzó al bárbaro Monarca, que se retirase vencido, y pasase el estrecho de mar del Helesponto en una pequeña barca, que poco antes soberbio y desvanecido humilló con puente. Tuvo su aumento, cuando las armas de Alejandro pasaron más allá del Ganges, y los límites y fines inmensos de la misma naturaleza no lo fueron de su ambicion. Fué su muerte, cuando las armas de los Bárbaros, por flojedad de sus Príncipes, y poca fidelidad de sus Capitanes, le pusieron en dura servidumbre.
En este tiempo que Andronico ocupaba el Imperio de Oriente, los Turcos se dividieron, y hubo entre ellos algunas guerras civiles, pero por el consejo y autoridad de Orthogules se sosegaron, remitiendo á la suerte sus pretensiones, que como reviere Gregoras, y Chalchondilas, se dividieron por suerte las Provincias entre siete Capitanes, pretensores todos al gobierno universal. Dio la suerte á Caramano la parte mediterranéa de la Provincia de Frigia hasta Cilicia, y Philadelphia, aunque algun autor quiere, que este no fuese de los siete Capitanes, y que solo reinó en Caria: á Carcano la parte Frigia, que se estiende hasta Esmirna: á Calami y á su hijo Carasi, la Lidia hasta Misia Bitinia, y las demás Provincias junto al monte Olimpo, cayeron en la suerte de Otomano, que en aquella edad comenzó á ser temido, y á levantar poco después su Monarquía, venciendo y sujetando los demás Tiranos de las Provincias que vamos nombrando; con que quedó absoluto señor y Príncipe de todas ellas. La Patagonia, y las demás tierras que caen á la parte del Ponto Euino, las ocuparon los hijos de Amurat. En esta forma hallaron los nuestros repartida el Asia, y á los Turcos señores de ella: que fué grande ayuda para nuestras victorias el estar sus fuerzas divididas.