CAPITULO LVII.
Montaner con las galeras Venecianas vuelve al Negroponte, y en Athenas se ve con el Infante Don Fernando.
Juan Tari general de las galeras Venecianas por órden de Tibaldo dió una galera á Montaner, para que llevase en ella sus camaradas, sus criados, y su ropa, y su persona se embarcó en la Capitana con Tari, de quien fué por extremo regalado, y servido.
A mas de esto Tibaldo dió cartas á Montaner para Negroponte, en que mandaba que se le restituyese todo lo que se le habia robado de su galera cuando prendieron al Infante, y esto so pena de la vida y perdimiento de bienes, si alguno lo ocultase. Con este buen despacho partió Montaner á Negroponte con las galeras Venecianas, donde llegaron con buen tiempo y luego se notificaron las cartas de Tibaldo al justicia mayor de Venecianos. Hicieronse luego pregones con las penas dichas á los que no restituyesen, y Juan Damici, y Bonifacio de Berona, como señores tambien de la Isla hicieron los mismos pregones, cuando vieron la carta de Tibaldo, supremo ministro en aquellas partes del rey de Francia. Fueron los pregones poco obedecido, porque no se hicieron sino solo para satisfacer y cumplir con esta demostracion con Tibaldo, porque Montaner no cobró cosa alguna de las perdidas, ni se le dió otra satisfacion. Montaner como verdadero criado y servidor el Infante, pidió á Juan Tari que le diese lugar para ir á la Ciudad de Athenas á verle y consolalle en su prision, que como nació subdito de los de su casa, no podia dexar de acudir en caso tan apretado como velle preso. Tari con mucha cortesía le ofreció de aguardar quatro dias en Negroponte, en que tendría bastante tiempo para ir á visitar al Infante, y volverse; porque de Negroponte, á Athenas habia solas veinte y cuatro millas.
Partió Montaner con cinco caballos, y en llegando á la Ciudad quiso ver al Duque, y aunque le halló enfermo, le dió lugar para le viese, y le recibió con mucha cortesía, y con palabras muy encarecidas le significó el sentimiento que habia tenido del suceso de Negroponte, quando le robaron su galera, y ofreció que en todo lo que se le ofreciese le ayudaria con veras. Montaner respondió que estimaba mucho la merced, y honra que le hacia, pero que solo deseaba ver al Infante Don Fernando. Diole licencia el Duque con mucho cumplimiento, y mandó que en el tiempo que Montaner estuviese con el Infante, todos quantos quisiesen pudiesen entrar en el castillo, y visitalle. Dieron luego libre la entrada de Sant Ober, y Montaner en viendo al Infante, las lagrimas le sirvieron de palabras, que mostraron el sentimiento de ver su persona puesta en manos de estrangeros. El infante en lugar de recibir algun consuelo de Montaner, fué él el que se le dió, y animó con palabras de grande valor y constancia.
Dos dias se detuvo Montaner en su compañía, platicandose los medios mas necesarios para su libertad, y últimamente quiso quedarse para serville, y asistille en la prision, no le consintió el Infante por parecelle mas conveniente que fuese á Sicilia á tratar con el Rey de su libertad. Diole cartas para el Rey, y le encargó que como testigo de vista refiriese á su tio todo lo que habia pasado en Thracia, y Macedonia, acerca de admitille en su nombre. Con esto se despidió Montaner, y fué á tomar licencia del Duque para volverse, de quien fué regalado con algunas joyas, que le fueron de mucho provecho, porque todo el dinero que trahia habia dexado al Infante, y repartidos sus vestidos entre los que le servian.
Vuelto á Negroponte, se partieron luego las galeras, y navegando por las costas de la Morea, llegaron á la Isla de la Sapiencia, donde toparon quatro galeras de Riambau Dasfar, de quien ya tenia lengua Montaner. Los Venecianos sospechosos siempre como gente de República, apartandose con Montaner, le preguntaron si Riambau Dasfar era hombre que les guardaria fe. Respodióles que era buen caballero, y que él no sería enemigo ni haria daño á los amigos del Rey de Aragon, y que con seguridad podrían estar todos juntos, y honrar á Riambau. Con esto se sosegaron, y Montaner pasó á la galera de Riambau Dasfar, y luego todas se juntaron, y se convidaron los capitanes con mucha llaneza y seguridad.
Llegaron á Clarencia donde se detuvieron las galeras Venecianas, y entonces Montaner se pasó á las de Riambau, en cuya compañía llegó á Sicilia, y en Castronuevo se vió con el Rey, y le dió larga relacion de lo que pasaba juntamente con la carta del Infante. Mostró el Rey gran sentimiento, y luego escribió al Rey de Mallorca, y al Rey de Aragon, para que todos juntos ayudasen á la libertad de Don Fernando; y en este medio Carlos hermano del Rey de Francia escribió al Duque de Athenas que enviase la persona del Infante al Rey Roberto de Nápoles. Obedeció el Duque; y así vino el infante á Nápoles preso, donde estuvo un año en una cortés prision, porque salia á caza, y comia con Roberto, y con su muger, que era su hermana. El rey de Mallorca su padre por medio del Rey de Francia le alcanzó libertad, con que el Infante vino á Colibre á verse con su padre.