CAPITULO LXVI.
Los Turcos con el deseo de volver á la patria dexan el servicio de los
Catalanes, y por el mismo camino que vinieron, vuelven á Galípoli.
Los Turcos, y Turcoples viendo que los Catalanes, y Aragoneses sus compañeros habian acabado su peregrinacion, y que estaban resueltos de fundar en aquel Estado su asiento y vida, deseosos de volver á la patria, determinaron de apartarse de nuestra compañía, y aunque les propusieron diferente partidos para que se quedasen, ofreciéndoles Villas, y Lugares donde descansadamente pudiesen vivir, y participar igualmente con ellos del premio de sus victorias, ninguna cosa bastó á detenerles; porque decian que ya era tiempo de volver á su Tierra, ver sus amigos y deudos, y mas hallándose con tanta properidad y riquezas como tenian, con las quales querian que su propia naturaleza fuese el centro de su descanso.
Con esta resolucion se partieron amigablemente los Turcos, y Turcoples de nuestra compañia la vuelta de su patria.
Tomaron el propio camino que truxeron quando vinieron con los Catalanes desde Galípoli. Atravesaron toda Thracia, sin que persona alguna se les resistiese, talando y destruyendo con grande inhumanidad todas las Provincias por donde pasaron.
Los Turcoples con Meleco su Capitan eran Christianos, pero mas en el nombre, que en los hechos. No quiso intentar nuevo trato para volver al servicio de Andronico, ó porque dudó que no se lo admitirían, ó ya que lo admitiesen receló no fuese para despues de aseguralle darles la muerte; porque sabían que los Griegos y su Príncipe Andronico estaban muy ofendidos, de que en la batalla que los Catalanes ganaron cabo Apro, ellos fueron los primeros que desampararon á Miguel, y despues dexaron las vanderas Imperiales de Andronico á quien servian, y se juntaron con los Catalanes, y Aragoneses sus mayores enemigos, y por siete años continuos destruyeron con ellos el Imperio; causas bastantes para temer cualquiera reconciliacion, que tan grandes ofensas nunca se olvidan.
Desesperado Meleco de tomar este camino, le abrió otro la suerte para que descansase, porque el Príncipe de Servia le ofreció buen acogimiento, con condicion que no habian de tomar las armas, ni usarlas sino quando el quisiese. Aceptolo Meleco, y quedaron en Servia él y los suyos en vida sosegada y quieta, bien diferente dé la que hasta allí tuvieron.
Calel capitan de los Turcos, que llegaban al número de mil y trescientos caballos, y ochocientos infantes, entró en Macedonia, donde determinó de estar muy de asiento, hasta que con seguridad pudiese volver á su patria, y en este medio hizo tantos daños en aquella provincia, que fué forzoso, ya que faltaban las fuerzas para hecharle con ellas, tratar de algunos conciertos con que le obligasen á salir. El que pareció más conveniente para entrambas partes fué, que Calel desampararía la provincia si le aseguraban el paso de Cristopol, y le daban navíos con que pudiese pasar el estrecho, porque sin estas cosas, y faltándoles qualquiera de ellas, era imposible volver á la Natolia su patria.
Los Turcos entonces practicaban poco el ser marineros, porque como tenian aun provincias que ganar en tierra firme No cuidaban de las que estaban de la otra parte del mar, y así no pudo tener Calel esperanza en los navios de los de su nacion.
El estrecho de Cristopol era imposible atravesarle, por la muralla que en el se habia levantado despues que los nuestros la pasaron.
Avisaron al Emperador Andronico de los pactos con que los Turcos daban palabra de salir de la provincia, y ponderando como era justo el peligro y riesgo que se ponia con su detencion, y lo que toda Macedonia padecería, si los Turcos de que el paso y camino de su patria se les impidiese, y que podrían acometer á Tesalónica, ó alguna otra empresa semejante á que la desesperacion obliga, y acordándose quan caro le costó el menospreciar á los Catalanes, le hizo resolver presto en el negocio, y aceptar aquellos partidos, y ofrecer á los turcos el paso libre de Cristopol, y navios para pasar el pequeño estrecho del Helesponto. Y porque nadie los pudiese ofender, envió tres mil caballos para guarda suya, con un famoso capitan llamado Senanqrip Estratepedarea, una de las dignidades principales de aquel imperio.
Con esta gente Calel, y los demás Turcos pasaron el estrecho de Cristopol y llegaron cerca de Galípoli donde se les habia ofrecido que se les daria embarcacion.