CAPITULO XLIII.
Los Catalanes y Aragoneses, por dar cumplimiento á su venganza, á las faldas del monte Hemo vencen á los Masagetas.
No estaban los Catalanes y Aragoneses á su parecer enteramente satisfechos, si los Masagetas, con su General Gregorio, principal ministro de la muerte del César Roger, y de los que con él iban, se retiraban á su patria, sin llevar justa recompensa del agravio que de ellos recibieron. Y como por los avisos que tubieron se supo, que los Masagetas con licencia de Andronico se volvían á su patria, cansados de los trabajos y fatigas de la guerra, prefiriendo la servidumbre y sujecion de los Scitas sus antiguos señores, á la libertad, que gozaban entre los Griegos; tanto puede el amor de la patria, que hace parecer dulce la sujecion, y libertad fuera de ella insufrible. Pareciales á los nuestros lance forzoso, puesto que le habian de buscar, salir luego en su alcance, antes que pasasen el monte Hemo, que divide el imperio de los Griegos del Reino de Bulgaria; porque fuera mal advertida resolucion, si dentro de Bulgaria les siguieran, así por ser la retirada difícil, por la angostura de los pasos, entradas y salidas del monte, como por ser la gente de Bulgaria belicosa, y entonces amiga de Andronico. Juntos los Capitanes en Pacía, resolvieron que para esta faccion se debia hacer el mayor esfuerzo, y así para poder sacar mas gente, desampararon á Pacía, Módico, y Rodesto; solo quedó Galípoli donde se retiraron todas la mujeres, debajo del gobierno de Ramon Montaner, con doscientos infantes, y veinte caballos. Replicó Montaner diciendo, que no le estaba bien á su reputacion faltar en la jornada que todos se aventuraban, pero los ruegos del ejercito le obligaron á quedarse, y la confianza que de su persona hicieron, encargándole la defensa de sus mujeres, hijos y haciendas. Ofreciéronle del quinto de la presa un tercio, y otro para sus soldados; y con ser la ganancia cierta, y sin peligro, muchos de los soldados, la estimaron en poco, y quisieron mas seguir el ejercito, saliendo de noche á juntarse con Rocafort: á otros Ramon Montaner dió licencia, viéndoles resueltos de partirse sin ella, y movido de algun interés, porque le ofrecieron partir con él la parte de la presa que les cupiese. Con esto los doscientos infantes quedaron en ciento treinta y cuatro, y los veinte caballos en siete. Las mujeres eran mas de dos mil, y así dice el mismo Montaner: Romangui mal acompayat de homes, ben acompayat de fembres. Enviaronse con buenas escoltas á Galípoli todas las que estaban en los presidios, y luego nuestros Capitanes partieron de Pacía á grandes jornadas la vuelta de los Masagetas, á que avisados del intento de los Catalanes, apresuraron su partida pero su diligencia no pudo ser mayor que su desdicha, porque sus enemigos después de doce dias de camino les alcanzaron antes de pasar el Hemo. Los reconocedores del campo de los Catalanes una tarde descubrieron el de los Masagetas, y por los de la tierra se supo, que eran tres mil caballos, y seis mil infantes y el bagaje infinito por llevar sus familias y haciendas. Rocafort y Fernan Jiménez fuéronse mejorando con su gente, por asegurarse de que los Masagetas no se les fuesen por pies, y descansaron el dia siguiente dentro de sus alojamientos. Al amanecer del otro, alentada su gente con el reposo, presentaron la batalla al enemigo. Los Masagetas, gente la mas valiente de todas las naciones del Levante, admirados mas que atemorizados del caso tomaron las armas, y salieron á récibir sus enemigos, en la dedefensa de sus hijos y mujeres. Gregorio General, principal ministro de la muerte del César Roger con mil caballos, dió principio al terrible y espantoso combate, oponiéndose á nuestra caballería, que iba á meterse entre los reparos que tenian hechos con los carros. Travóse sangrienta batalla, porque fueron las demás tropas de una y otra parte cerrando con la infantería. Viéronse notables hechos en armas porque iguales en valor aunque desiguales en número, combatian. El teatro de esta tragedia era un llano, que por espacio de dos leguas se estendia á las faldas del Hemo. La caballería, destrozadas las armas, muertos los caballos, las espadas y mazas rotas, con las manos, con los cuerpos, se sustentaban en la pelea. A unos daba ánimo el deseo de venganza insaciable á otros la necesidad última de su propia defensa, y en todos gobernaba el caso porque los Masagetas estaban ya todos fuera de sus reparos, peleando trabados y confusos con los nuestros. Hasta mediodia anduvo la victoria dudosa, y vária pero muerto Gregorio cabe sus banderas con los mas valientes Capitanes, se inclinó á nuestra parte. Quisieron los vencidos rehacerse dentro de los reparos, pero no fué posible, porque los vencedores entraron juntamente con ellos, dándoles la muerte entre los brazos de sus mujeres, á quien muchas veces alcanzaba la espada, porque sin excepcion de sexo ni edad salian á la defensa de sus hijos, y maridos ofreciendo sus cuerpos al rigor de la muerte. Acrecentó la victoria el detenerse los Masagetas en poner en los caballos á sus mujeres, é hijos para huir, porque si de solo sus personas cuidaran, pocos se dejaran de librar huyendo; pero el amor natural poderoso aun entre los bárbaros á despreciar la muerte, les detuvo para mayor daño suyo. Esparcidos por la llanura, caminaban, al guarecerse de la montaña, los caballos cansados, poco ayudados de las mujeres mas llenos de temor, y ímpedidos de los niños, que en los pechos y en los brazos los sustentaban, no pudieron salvarse. En este alcance perecieron casi todos porque desesperados revolvían sobre los nuestros, á cuyas manos hechos pedazos rendian la vida, por dar lugar á que sus mujeres se alargasen. No escaparon de nueve mil hombres que tomaban armas 300 vivos, y en esto concuerdan Nicephoro, y Montaner. Sucedió en este alcance un caso tan estraño como lastimoso. Viendo la batalla perdida, y que las armas Catalanas lo ocupaban todo; un Masageta mozo valiente y bravo, quiso acudir al remedio de la huida, mas por librar á su mujer hermosa y de pocos años, que por temor de perder la vida, con la priesa que el peligro pedia, sacó su mujer de los reparos y tiendas, donde todo andaba ya revuelto con la sangre y con la muerte y puesta sobre un caballo, el primero que el caso le ofreció, y él en otro; tomaron el camino del monte. Tres soldados nuestros movidos de su codicia, ó quizá de la hermosura y bizarría de la mujer, la fueron siguiendo. Reconoció el marido sus enemigos y el cuidado con que le venian siguiendo. Hechó el caballo de su mujer delante, y con el alfanje le iba dando, y animaba con voces, pero el caballo se rindió al calor y cansancio. Con esto el Masageta tuvo por menor mal dejar la mujer, que morir él, y dando riendas y espuelas á su caballo, paso adelante; pero las lágrimas y quejas tan justamente vertidas de su mujer le detuvieron. Revolvió su caballo, y emparejando con ella, le hechó los brazos, y con besos y lagrimas se despidió y apartó enternecido, y levantando luego el alfanje le cortó de una cuchillada la cabeza. Barbara y fiera crueldad, y estraña confusion de accidentes, que puedan en un mismo tiempo andar juntos los brazos con el cuchillo, y los besos con la muerte, efectos todos de la pasion de un amante. Amor tierno dió los brazos y besos, celos insufribles el cuchillo y la muerte, porque sus enemigos no gozasen lo que él perdia, y vencieron los celos; dos efectos igualmente poderosos en el ánimo del hombre, amor, y deseo de vivir. Al mismo tiempo que cayó la mujer muerta del caballo, le cogió por la rienda Guillén Bellver, uno de los tres que la seguían, pero él Masageta bañado de sangre propia vertida por sus manos, con increíble furia braveza de una cuchillada quitó el brazo y la vida á Guillén, y revolviendo sobre Arnau Miró, Berenguer Ventallola dando y recibiendo heridas cabe el cuerpo difunto de la mujer, cayó muerto; y no parece que cumplierá con las leyes de amante, si como sacrificó la vida de su mujer á sus celos, no sacrificará la suya á su amor. De cualquier manera fué el caso indigno de hombre racional, cuando no christiano. De Radamisto hijo de Tarasmanes rey de Iberia nos cuenta Tacito un suceso semejante, cuando huyendo con su mujer Cenobia en sendos caballos junto al rio Arajes, viéndola rendida por estar preñada, y temiendo que no llegase á manos de su enemigo ofendido, prenda en quien pudiese con grande mengua y afrenta suya vengarse, le dió cinco heridas, y la echó en el rio: pero Cenobia tuvo diferente fin que la mujer del Masageta, porque unos villanos la sacaron del rio, la curaron, y entregaron al rey Tiridates enemigo de Radamisto.
Los nuestros después de la victoria, recogieron la presa y los cautivos, y dieron la vuelta á sus presidios con gran alegria y regocijo de haber dado fin á su venganza con tanto cumplimiento. El camino que llevaron fué con fatiga y peligro por ser largo y la tierra enemiga, puesta en armas, retirados en lugares fuertes, los frutos recien cogidos de las campañas; con que la comida las mas veces se compraba con sangre y vidas. Hay entre Nicephoro, y Montaner alguna diversidad en la relacion de esta jornada. Nicephoro dice, que los Catalanes la emprendieron á persuasion de los Turcoples, porque en el tiempo que juntos militaban debajo de las banderas del Imperio, los Masagetas como mas poderosos en la reputacion, de las presas siempre les trataron con desigualdad, y les hicieron agravio, de que quisieron los Turcoples por este camino tomar satisfaccion y Montaner solo dice que fué pensamiento de los Catalanes, y dejase bien creer, porque en materia de venganza no habia para que solicitarles. Lo que yo tengo por cierto es, que los Turcoples fueron los que les avisaron de la partida de los Masagetas, y que algunos siguieron á los Catalanes, pero no toda la nacion junta, ni Meleco su Capitan, porque después de esta victoria dejaron al Emperador Andronico, y vinieron á servir á los Catalanes, como en su lugar se dirá.