Casos prácticos.
Traeré un ejemplo breve para que no quede esto sin prueba. Bastará del hombre.
Éste odia al basilisco; pues cuéntase que el basilisco muere por la saliva del hombre ayuno; el basilisco al hombre y a la comadreja, la cual sola dícese que lo mata; la comadreja al basilisco y al ratón; el ratón a la comadreja y al gato; el gato al ratón y al perro; el perro al gato y al conejo; el conejo al perro y al hurón. Y basta de antipatías.
Además, el hombre no se mantiene y deleita de cualquier manjar, sino del buey, del carnero, etc. Éstos no de cualquier cosa que se les ofrece, sino de heno, paja, avena, que no se crían en cualquier tierra, sino en una determinada; y esta tierra no lo produce todo, sino un fruto peculiar a lo que contribuye mucho este o el otro cielo. Baste aquí de las simpatías.
¿Cómo sucede todo esto? Es menester conocer la naturaleza de cada una de tales cosas antes de conocer dignamente al hombre.
Y además, porque el hombre se nutre, crece, vive, raciocina, engendra, se corrompe, hase de preguntar inmediatamente del alma y de sus facultades.
Por igual razón también hay que inquirir de las plantas con qué alma viven; de los animales, de los seres inanimados. ¿No es la misma la ciencia de los contrarios? La generación y la corrupción ¿quién las hace? Las cualidades contrarias. Pues inmediatamente se pregunta de éstas, de los elementos, de los cuerpos superiores, de la introducción del alma, de la introducción de las formas, de la acción y de la pasión; de la cualidad, de la cantidad, de la situación, de la relación; por qué se siente, engendra y calienta. Además, aquello por qué está en descanso; lo otro, por qué es en un instante; esto, por qué es en el tiempo; hase de ver qué es tiempo y espacio e inmediatamente saber de los cielos y de sus movimientos, pues el tiempo es, (dice Aristóteles, aunque mal, como veremos después) número y lugar, según que tiene sucesión y extensión.
Puesto que el movimiento se mueve en línea recta y hacia abajo, debe preguntarse qué es hacia arriba y qué hacia abajo; cual es el centro del mundo, cuales los polos, y sus demás partes.
Porque vemos, y esto mediante la luz, pregúntase inmediatamente de los colores, de las imágenes, de la luz, del sol y de los astros.
Porque existe el cuerpo y es en el lugar, pregúntase del cuerpo, de la sustancia, del espacio y del vacío.
Porque el espacio dícese finito, de lo finito y de lo infinito.
Porque el cuerpo engendra y es engendrado, inmediatamente de todas las causas basta la primera.
Porque el hombre raciocina, del alma intelectiva y de sus facultades, de la ciencia y de lo cognoscible, de la prudencia y de los demás hábitos.
Porque mata, porque nunca vive contento, porque expone a la muerte la vida por la patria, porque socorre a enfermos y necesitados, suscítanse las cuestiones del bien y del mal, del último y sumo bien, de la virtud y del vicio, de la inmortalidad del alma.
Cualquiera de estas cosas lleva consigo todas las demás, que seguir fuera fastidioso.
Y lo mismo la cosa más trivial.
Conocerás esto con el ejemplo familiarísimo del reloj común. Pues si quieres saber cómo da las horas, es menester que examines todas las ruedas desde la primera a la última, y qué mueve la primera, y cómo ésta la otra y ésta otras dos, y así llegar hasta la última. Y si, aparte de dar las horas el reloj, las señala también con una aguja en un cuadrante, y muestra, además, los movimientos de la luna, su crecimiento y decrecimiento, y asimismo el curso perfecto del sol por el Zodiaco, de igual tenor que se hace en el cielo (todo lo cual y otras muchas cosas vemos que se nos muestra en el reloj portátil, según el verdadero curso de los astros), ciertamente harás la cosa más difícil, y no podrás percibir cómo se hace la menor de estas cosas sin que desmontes totalmente toda la fábrica, la examines y entiendas cada parte y su oficio.
Lo mismo te representará el orbe de cristal construído con admirable artificio por Arquímedes en el cual orbe todas las esferas y planetas eran movidos y observados del mismo modo que en el Universo, haciéndolo todo automáticamente un soplo por ciertos canalillos y conductos. ¿No era menester, si alguno quería conocer esto, penetrar perfectamente toda la máquina y sus partes hasta la más pequeña con sus oficios?
Lo mismo se debe entender en este nuestro orbe. Pues ¿qué hallarás en él que no mueva y sea movido, mude y sea mudado o experimente una o ambas cosas?