NOTAS
[1] Un distinguido profesor del Mediodía de Francia, y buen amigo de España, Mr. Henry Pierre Cazac, me ha proporcionado algunos datos biográficos de gran novedad relativos a la persona de Francisco Sánchez, y que rectifican ciertas fechas tenidas hasta ahora por seguras.
Consta en el libro de Astruc Mémoires pour servir à l’histoire de la Faculté de Médecine de Montpellier que Francisco Sánchez, español, vino a estudiar medicina a Montpellier, y se inscribió por primera vez en los registros de matrícula en 1573. Es imposible, por tanto, que en esa fecha se hubiese graduado de doctor. Astruc añade que se graduó en años sucesivos; pero no dice una palabra de su profesorado, y en cambio advierte que Sánchez, terminada su carrera, pasó de Montpellier a Tolosa, en cuya Universidad obtuvo una regencia o cargo de regente dont il s’acquitta avec beaucoup d’honneur.
La dedicatoria del Carmen de Cometa (1578) está datada de Tolosa, donde Sánchez enseñó filosofía veinticinco años, y medicina por espacio de doce.
Existe en la sala de Actos de la Universidad de Tolosa el retrato de Francisco Sánchez con la siguiente inscripción, que rectifica la fecha de su muerte admitida por todos los biógrafos, y que también admití yo en la primera edición de este discurso. La inscripción dice así: «Franciscus Sanchez Lusitanus, antecesor regius saluberrimæ facultatis medicinæ in alma Universitate tolosana, profesor. Obiit anno MDCXXIII ætatis suæ LXX.—Quid? Liberalium artium cathedram prius occupaverat.»
El Quid? es muy significativo como divisa escéptica, y ninguna otra tan apropiada para ponerse al pie de un retrato de nuestro filósofo. El cambio de 1623 por 1636 se explica fácilmente por un trastrueque de letras, que ha venido pasando de unos a otros escritores.
Sánchez dirigió por espacio de treinta años el hospital de Santiago de Tolosa, según la Biographie Toulousaine.
Describiendo el retrato de Sánchez, conservado en Tolosa (donde también está el de Raimundo Sabunde), me dice el Sr. Cazac que piensa reproducirle al frente de su versión francesa de este discurso: «Tête longue avec une expression de finesse, qui n’exclut pas une certaine bonhomie.»
[2] Consta que existieron otros tres, citados en el Diccionario de Moreri: Método Universal de las Ciencias, en castellano: Examen Rerum, Tractatus de Anima. Gran descubrimiento sería el de estos libros, que quizá existan aún en algunas bibliotecas del Mediodía de Francia.
[3] No se saben solamente las cosas que se demuestran, sino también las que se intuyen. No es el único ni siquiera el principal criterio de verdad la razón; lo son también la inteligencia o potencia intuitiva del mundo exterior y la conciencia o potencia intuitiva del mundo interior; ellas, aparte de los sentidos.
En este argumento apóyase gran parte del sofisma de los escépticos.
Que yo existo, que el mundo existe, etc., no sólo no se demuestran, sino que no admiten demostración, como ningún axioma ni del mundo empírico ni del mundo ideal. Basta que el objeto se presente debidamente a la facultad suficientemente dispuesta para que el conocimiento se verifique: para saber que existe este libro, que lo estás leyendo, caro lector, te basta tenerlo delante, sin que nadie te lo demuestre. Nota del Trad.
[4] Es decir, ya sé menos todavía en eso de andar por géneros próximos y diferencias específicas... N. del T.
[5] Aristóteles.
[6] Aristóteles y sus discípulos.
[7] No se sabe solamente lo que se prueba. Las más de las cosas las sabemos por intuición. No podrás probar que existe este libro que estás leyendo, lector amable, pero sabes ciertamente que existe por que lo intuyes. Obsérvese que ahí estriba todo el sistema escéptico, en ese falso concepto del valor de los criterios de verdad y de certeza. Nota del Trad.
[8] Recuérdese que Barbara es una palabra bárbara con que los escolásticos exagerados por amaneramiento y extremos de sutileza expresaron uno de los modos del silogismo.
[9] Pronto se dejó sentir nuestro colosal esfuerzo colonizador en América.—(N. del T.)