ELEGÍA SEGUNDA
Aquí, Boscán, donde del buen troyano[270]
Anquises con eterno nombre y vida[271]
conserva la ceniza el Mantuano,[272]
debajo de la seña esclarecida
de César Africano nos hallamos,[273]5
la vencedora gente recogida;
diversos en estudio; que unos vamos
muriendo por coger de la fatiga
el fruto que con el sudor sembramos;
otros, que hacen la virtud amiga10
y premio de sus obras, y así quieren
que la gente lo piense y que lo diga,
destotros en lo público difieren,
y en lo secreto sabe Dios en cuánto
se contradicen en lo que profieren.15
Yo voy por medio, porque nunca tanto
quise obligarme a procurar hacienda;
que un poco más que aquellos me levanto.
Ni voy tampoco por la estrecha senda
de los que cierto sé que a la otra vía20
vuelven de noche, al caminar, la rienda.
Mas, ¿dónde me llevó la pluma mía,
que a sátira me voy mi paso a paso,[274]
y aquesta que os escribo es elegía?
Yo enderezo, señor, en fin, mi paso25
por donde vos sabéis, que su proceso
siempre ha llevado y lleva Garcilaso;[275]
y así, en mitad de aqueste monte espeso
de las diversidades me sostengo,
no sin dificultad, mas no por eso30
dejo las musas, antes torno y vengo
dellas al negociar, y variando,
con ellas dulcemente me entretengo.
Así se van las horas engañando,
así del duro afán y grave pena35
estamos algún hora descansando.
De aquí iremos a ver de la sirena
la patria, que bien muestra haber ya sido[276]
de ocio y de amor antiguamente llena.[277]
Allí mi corazón tuvo su nido40
un tiempo ya; mas no sé ¡triste! agora
o si estará ocupado o desparcido.[278]
De aquesto un frío temor así a deshora
por mis huesos discurre en tal manera,
que no puedo vivir con él un hora.45
Si ¡triste! de mi bien estado hubiera
un breve tiempo ausente, yo no niego
que con mayor seguridad viviera.
La breve ausencia hace el mismo juego
en la fragua de amor, que en fragua ardiente50
el agua moderada hace al fuego;
la cual verás que no tan solamente
no lo suele matar, mas lo refuerza
con ardor más intenso y eminente;
porque un contrario con la poca fuerza55
de su contrario, por vencer la lucha,
su brazo aviva y su valor esfuerza;
pero si el agua en abundancia mucha
sobre el fuego se esparce y se derrama,
el humo sube al cielo, el son se escucha,60
y el claro resplandor de viva llama,
en polvo y en ceniza convertido,
apenas queda dél sino la fama.
Así el ausencia larga, que ha esparcido
en abundancia su licor, que amata65
el fuego que el amor tenía encendido,
de tal suerte lo deja, que lo trata
la mano sin peligro en el momento
que en aparencia y son se desbarata.
Yo solo fuera voy de aqueste cuento;70
porque el amor me aflige y me atormenta,
y en el ausencia crece el mal que siento;
y pienso yo que la razón consienta
y permita la causa deste efeto,
que a mí solo entre todos se presenta;75
porque, como del cielo yo sujeto
estaba eternamente y deputado
al amoroso fuego en que me meto,
así para poder ser amatado,
el ausencia sin término infinita80
debe ser, y sin tiempo limitado;
lo cual no habrá razón que lo permita;
porque, por más y más que ausencia dure,
con la vida se acaba, que es finita.
Mas a mí ¿quién habrá que me asegure85
que mi mala fortuna con mudanza
y olvido contra mí no se conjure?
Este temor persigue la esperanza
y oprime y enflaquece el gran deseo
con que mis ojos van de su holganza.[279]90
Con ellos solamente agora veo
este dolor que el corazón me parte,
y con él y comigo aquí peleo.
¡Oh crudo, oh riguroso, oh fiero Marte,
de túnica cubierto de diamante,[280]95
y endurecido siempre en toda parte!
¿Qué tiene que hacer el tierno amante
con tu dureza y áspero ejercicio
llevado siempre del furor delante?
Ejercitando, por mi mal, tu oficio,100
soy reducido a términos que muerte
será mi postrimero beneficio.[281]
Y esta no permitió mi dura suerte
que me sobreviniese peleando,
de hierro traspasado agudo y fuerte,[282]105
por que me consumiese contemplando
mi amado y dulce fruto en mano ajena,
y el duro posesor de mí burlando.
Mas, ¿dónde me trasporta y enajena
de mi proprio sentido el triste miedo?110
Aparte de vergüenza y dolor llena,
donde si el mal yo viese, ya no puedo,
según con esperalle estoy perdido,
acrecentar en la miseria un dedo.
Así lo pienso agora, y si él venido115
fuese en su misma forma y su figura,
tendría el presente por mejor partido,
y agradecería siempre a la ventura
mostrarme de mi mal solo el retrato,
que pintan mi temor y mi tristura.120
Yo sé qué cosa es esperar un rato
el bien del propio engaño, y solamente
tener con él inteligencia y trato.
Como acontece al mísero doliente,
que del un cabo el cierto amigo y sano125
le muestra el grave mal de su acidente,
y le amonesta que del cuerpo humano
comience a levantar a mejor parte
el alma suelta con volar liviano;
mas la tierna mujer, de la otra parte,130
no se puede entregar a desengaño,
y encúbrele del mal la mayor parte;
él, abrazado con su dulce engaño,
vuelve los ojos a la voz piadosa,
y alégrase muriendo con su daño,135
así los quito yo de toda cosa,
y póngolos en solo el pensamiento
de la esperanza cierta o mentirosa.
En este dulce error muero contento;
porque ver claro y conocer mi estado140
no puede ya curar el mal que siento;
y acabo como aquel que en un templado
baño metido, sin sentido muere,
las venas dulcemente desatado.[283]
Tú, que en la patria entre quien bien te quiere145
la deleitosa playa estás mirando,[284]
y oyendo el son del mar que en ella hiere,
y sin impedimento contemplando
la misma a quien tú vas eterna fama,
en tus vivos escritos, procurando;150
alégrate, que más hermosa llama[285]
que aquella que el troyano encendimiento
pudo causar, el corazón te inflama.
No tienes que temer el movimiento
de la fortuna con soplar contrario,155
que el puro resplandor serena el viento.
Yo, como conducido mercenario,
voy do fortuna a mi pesar me envía,
si no a morir, que aquesto es voluntario.
Solo sostiene la esperanza mía160
un tan débil engaño, que de nuevo
es menester hacello cada día;
y si no lo fabrico y lo renuevo,
da consigo en el suelo mi esperanza;
tanto, que en vano a levantalla pruebo.165
Aqueste premio mi servir alcanza,
que en sola la miseria de mi vida
negó fortuna su común mudanza.
¿Dónde podré huir que sacudida
un rato sea de mí la grave carga170
que oprime mi cerviz enflaquecida?
Mas ¡ay! que la distancia no descarga
el triste corazón, y el mal, doquiera
que estoy, para alcanzarme el vuelo alarga.
Si donde el sol ardiente reverbera175
en la arenosa Libia, engendradora
de toda cosa ponzoñosa y fiera;
o adonde es él vencido a cualquiera hora
de la rígida nieve y viento frío,
parte do no se vive ni se mora;180
si en esta o en aquella el desvarío
o la fortuna me llevase un día,
y allí gastase todo el tiempo mío;
el celoso temor con mano fría
en medio del calor y ardiente arena185
el triste corazón me apretaría;
y en el rigor del hielo, en la serena
noche, soplando el viento agudo y puro,
que el veloce correr del agua enfrena,
de aqueste vivo fuego en que me apuro190
y consumirme poco a poco espero,
sé que aun allí no podré estar seguro;
y así, diverso entre contrarios muero.