NOTAS
[1] Heredaba D. García, por su padre D. Pedro, el apellido Suárez de Figueroa; pero, hijo segundón, educado acaso con su abuela D.ª Elvira, hermana de D. Íñigo, el famoso Marqués de Santillana, tomó el apellido de esta, la cual a su vez quiso conservar el de su madre D.ª Leonor Laso de la Vega en vez del de su padre D. Diego Hurtado de Mendoza. El solar de la Vega se halla en las Asturias de Santillana, en la ribera del Besaya, a una legua de Santillana y otra del mar. (V. Navarrete, Vida de Garcilaso, Ilust. I.)
[2] «Don Pedro era un caballero de sanas entrañas y sin malicia, y junto con esta bondad, amigo de justicia y del bien del reino, y por esto se metió tanto en estos bullicios.» (Sandoval, Hist. de Carlos V, lib. V.)
[3] Así dicen Herrera, Tamayo y Cienfuegos; pero Navarrete supone que debió criarse en la Casa Real, según la antigua costumbre que hacía educar junto a los príncipes a los hijos de los nobles.
[4] Tamayo de Vargas, fol. 4.
[5] V. Égloga I, [notas a los versos 2] y [258].
[7] Los del linaje de la Cueva se oponían a aquel desposorio en su interés de que D.ª Isabel, única sucesora de Alburquerque, casara de modo que no se perdiera el nombre de la casa; tuvieron de su parte al Emperador, el cual despachó una cédula desde Bruselas a 4 de setiembre de 1531, prohibiendo que aquel matrimonio siguiera adelante; no obstante parece ser que los novios fueron desposados, en secreto, en una iglesia de Ávila, siendo testigo Garcilaso; noticioso de lo cual el Emperador le impuso dicho destierro, como castigo, en ocasión en que fue a servirle contra los turcos que asediaban a Viena. (V. Navarrete, Vida, 35 y siguientes.)
[8] Véase la carta de creencia otorgada a Garcilaso por D. Juan Ribera, Capitán General de Toledo, en 12 de mayo de 1522. (Navarrete, Vida, pág. 203.)
[9] V. Menéndez y Pelayo, Antología, XIII, pág. 38.
[10] Cuenta D. Luis Zapata en su Carlo Famoso que yendo Garcilaso a Roma a reunirse con el Emperador, después de cierta aventura galante, saliole al paso una dama que le anunció el peligro que le amenazaba por los facinerosos, hacia cuyas guaridas inconscientemente caminaba; agradeciendo el aviso, resolvió el caballero seguir adelante, y al internarse en un bosque, oyó resonar de silvos, cuernos y bocinas, con que se convocaban los salteadores; más de trescientos, bien armados, le rodearon; lanza en ristre, y firme en su caballo, les acometió; y matando a unos, hiriendo a otros y haciendo huir a los restantes, logró llegar, salvo y con honra, a su destino. Es evidente que en el fondo de este fantástico relato hay, por lo menos, de cierto la opinión de valiente en que el poeta vivió.
[11] Navarrete, Vida, pág. 85.
[12] Dejó Garcilaso tres hijos: Garcilaso, D. Pedro y D.ª Sancha, y otro, además, D. Lorenzo, que se sospecha fuese natural; murió el primero a los veinticinco años en la defensa de Ulpiano contra los franceses; profesó el segundo en la Orden de Santo Domingo; casó D.ª Sancha con D. Antonio Puertocarrero, y D. Lorenzo, espíritu cáustico, desterrado a Orán, como autor de una aguda sátira, dícese que murió en el camino.
[13] Un epigrama latino se hallará en el [Apéndice] de este volumen.
[14] Los sonetos, por hallazgos posteriores, montan hoy a 38, algunos de dudosa autenticidad, según se advertirá en su lugar; figuran, además, en la presente edición, varias composiciones que el autor escribió en versos cortos, la carta-prólogo escrita para la traducción de El Cortesano de Boscán, y otra breve carta del poeta al Emperador.
[15] Las obras de Boscán y algunas de Garcilasso de la Vega, repartidas en cuatro libros. — Escudo del Emperador con el Plus Ultra. — Cvm Privilegio Imperiali. Carles Amorós. — Colofón: «Acabaronse de imprimir las obras de Boscán y Garcilasso de la Vega: en Barcelona, en la Officina de Carles Amoros, a los XX del mes de Março: Año de M.D.XLIII.» 4.º, 8 hojas preliminares, más 242 de texto.
[16] El mismo Boscán en su carta a la Duquesa de Soma, prólogo del segundo libro de sus poesías, declara la parte que tomó Garcilaso en la reforma: «Comencé a tentar este género de verso, en el cual al principio hallé alguna dificultad, por ser muy dificultoso y tener muchas particularidades diferentes del nuestro; pero después pareciéndome, quizá con el amor de las cosas propias, que esto comenzaba a sucederme bien, fui paso a paso metiéndome con calor en ello; mas esto no bastara a hacerme pasar muy adelante, si Garcilaso con su juicio, el cual, no solamente en mi opinión, mas en la de todo el mundo, ha sido tenido por regla cierta, no me confirmara en esta mi demanda, y así alabándome muchas veces este mi propósito y acabándomele de aprobar con su ejemplo, porque quiso él también llevar este camino, al cabo me hizo ocupar mis ratos ociosos en esto más particularmente.»
[17] F. Rodríguez Marín, Luis Barahona de Soto, página 282.
[18] [Versos 37 y 40] de su égloga III.
[19] Prólogo de Francisco de Medina a las Anotaciones de Herrera, pág. 8.
[21] [Elegía II, verso 145] y siguientes.
[22] Hizo lugar honroso en sus escritos al nombre de D. Fernando de Toledo, gran Duque de Alba, [Eg. II]; D. Pedro de Toledo, Virrey de Nápoles, [Eg. I]; fray Severo, ayo del gran Duque, [Eg. II]; D.ª María de la Cueva, Condesa de Osuna, [Eg. III]; D. Bernardino de Toledo, [Eleg. I]; D.ª Catalina Sanseverino, la Flor de Gnido, [Canc. V]; Mario Galeota, [soneto XXXIII]; D. Fernando de Guzmán, hermano del poeta, [soneto XVI]; Julio César, poeta napolitano, [soneto XIX]; D. Alonso de Ávalos, Marqués del Vasto, [soneto XXI]; D.ª María de Cardona, Marquesa de la Padula, [soneto XXIV], y particularmente a su amigo Boscán, [Eg. II], [Eleg. II], [epíst.], [sonetos XXVIII] y [XXXV], y [versos cortos VII].
[23] Véanse las [notas a los versos 2] y [258] de la Eg. I, y al [20] de la Eg. II.
[24] V. M. Menéndez y Pelayo, Juan Boscán, páginas 132-138.
[25] Égloga I:
El dulce lamentar de dos pastores
Cristo y el pecador triste y lloroso
He de cantar sus quejas imitando, etc.
[26] Se halla noticia de tal sistema ortográfico y de sus pormenores en el libro del Conde de la Viñaza, Biblioteca histórica de la Filología Castellana, Madrid, 1893, número 544.
[27] Dedicó Garcilaso esta égloga a D. Pedro de Toledo, el gran justador, primer Marqués de Villafranca y Virrey de Nápoles desde 1532 a 1553; fue hijo segundo de don Fadrique de Toledo y tío carnal del gran Duque de Alba D. Fernando. Hombre de carácter y talento, recibió del César el virreinato de Nápoles en momentos de peligro; al encargarse de él, llevó consigo desde Alemania a Garcilaso, consiguiendo que el Emperador le sacase de su destierro del Danubio. Fue su más constante protector. (Navarrete, págs. 44 a 49.)
[28] Salicio laméntase de celos; Nemoroso llora la muerte de su pastora Elisa. Salicio es Garcilaso, y Elisa, según todos los comentadores, es D.ª Isabel Freyre, dama portuguesa, esposa de D. Antonio de Fonseca. Muchos, desde Herrera, han creído que este D. Antonio es el Nemoroso de la égloga; muchos más, desde el Brocense, han dicho que Nemoroso no es sino Boscán, «porque nemus es bosque», y D. Luis Zapata, autor del Carlo Famoso, asegura, en efecto, que Boscán conoció a Elisa en la Corte, como dama que era de la Emperatriz D.ª Isabel de Portugal, y «fue su servidor antes que casase»; pero ambas opiniones en lucha han dado sus razones contrarias y se han destruido mutuamente. Y dice D. Manuel de Faria y Sousa: «Lo cierto es que no fue Boscán ni otro alguno, sino que Garcilaso se representa con ambos nombres, y esto es ordinario en los escritores de églogas... El introducir nombres sirve solo al diálogo; pero la persona es una sola. Así en la égloga de Garcilaso, lo mismo es Salicio que Nemoroso.» El enamorado de D.ª Isabel Freyre, según el mismo Faria, no fue Boscán, sino Garcilaso «que de sus amores fue muy derretido estando ella en Palacio, y a ella son los más de sus versos... como quien la galanteó antes de casar». Sa de Miranda llama siempre Nemoroso a Garcilaso. D.ª Carolina Michaëlis de Vasconcellos defiende la opinión de Faria y Sousa, y el maestro Menéndez y Pelayo dice: «Prefiero la tradición de Faria a la de Zapata, porque no es verosímil, ni posible siquiera, que la divina lamentación de Nemoroso, que es lo más tierno y apasionado que brotó de la pluma de Garcilaso, sea el eco o el reflejo de una pasión ajena, de la cual, por otra parte, no hay rastro en los versos de Boscán. Garcilaso ha puesto en aquellas estancias todo su corazón, y habla allí en nombre propio, no en el de su amigo, ni mucho menos en nombre del marido de su dama.» Todo esto con más extensión y con la documentación necesaria puede verse en el tomo XIII de la Antología de Menéndez y Pelayo, págs. 55 a 60.
[29] Estado Albano: el Reino de Nápoles, llamado así, acaso, por la vieja y famosa Alba-Longa, o por Alba, ciudad también famosa, donde los romanos hospedaban a los reyes bárbaros, sus cautivos. Se ha creído que Albano es nombre propio (Bello-Cuervo, Gram., París, 1907, § 1171), y se ha dicho que representa al mismo Virrey (Mérimée, Litt. Esp., París, 1908, pág. 156); no advirtieron tal cosa los comentadores antiguos; ni D. Pedro era hombre para juegos pastoriles, ni Albano figura para nada en las églogas de Garcilaso, y si llama la atención encontrar en las ediciones antiguas estado-Albano, no siendo entonces obligada la mayúscula inicial de verso, téngase presente que también se imprimía tigre Hircana, campo Placentino, campo Sarracino, arte Cortesana, sangre Turca, etc., sin tratarse de nombres propios. Son ejemplos del texto de Tamayo, Eg. II.
[30] Marte, para los griegos era el más odioso de los inmortales; los romanos le tenían por dios favorable y bienhechor; este rasgo, en pequeño, retrata a ambos pueblos.
[31] sobras = superas. Sobrar tiene la misma etimología que superar, y en este caso tiene también la misma significación, que es la del latín superare. Repítese en la Eg. II, [versos 1529] y [1540]. El poeta juega aquí del vocablo entre faltar y sobrar, este último en sus acepciones culta y corriente.
[32] dino = digno, como maníficas, [Eg. II, v. 395]. Demuestra que en aquel tiempo se pronunciaba dino, aun en lenguaje culto, el hecho de encontrar en buenos poetas rimas como contino, dino, etc. (F. Rodríguez Marín, Luis Barahona de Soto, pág. 402.)
[33] Perífrasis del laurel con que se coronaban los guerreros triunfantes y los poetas heroicos, los eróticos se coronaban de mirto, y de hiedra los poetas menores. (Herrera, pág. 411.) Apolo dijo al laurel-Dafne—: «Tu follaje adornará mi cabellera y mis armas, y servirás de atavío a los guerreros del Lacio al resonar los alborozados gritos de la victoria y al desplegar el Capitolio sus triunfales pompas.» Ovidio, Metamórfosis, lib. I, fáb. X; véase adelante el soneto [XIII].
[34] La hiedra simboliza afecto y humildad; repítese esta imagen adelante, [versos 135] y [243] de esta misma égloga: «Fue Ciso —la hiedra— un mancebo que servía a Baco de danzante... y ejercitándose una vez delante él en aquel oficio, cayó en el suelo y se mató del golpe; y la tierra por honra de Baco crió... una planta, que luego que salió por la tierra, comenzó a abrazar la vid de la mesma suerte que solía en las danzas y bailes abrazar y rodear Ciso a Baco.» (Herrera, pág. 411.)
[35] el altura. En tiempo de Garcilaso era lícita esta construcción: el alegría, [Eleg. I, v. 261]; el ausencia, [Eleg. II, versos 72] y [80]; el aspereza, [canc. IV, v. 1]; el amarga memoria, [soneto XIX, v. 11], etc.; pero luego se admitió el con femenino, tan solo en el caso en que siguiese a acentuada, el alma, etc. (R. Menéndez Pidal, Gram. Hist., § 100,2.)
[36] Herrera escribió aquí un’ alta haya; en el verso siguiente, un’ agua; en el 69, un’ hora, y así en muchos casos análogos, Eg. I, v. [217, 218], [257], etc.; [Eg. II, 580], [718], etc.; yo he prescindido del apóstrofo y de la vocal a, huyendo de la contradicción de otros editores que, en iguales circunstancias, y sin motivo razonable, han escrito unas veces un alta, un agua, un hora, etc., y otras, una alta, una agua, una hora; comp., por ejemplo, en la edición de Castro, Eg. I, v. 46, 47, 218, y 69, 259; Eg. II, 182, 718, etc.
[37] Galatea, Elisa, Camila, Gravina, Flérida y Filis son los nombres de las pastoras de Garcilaso, pero la historia recuerda preferentemente a la primera unida al nombre del poeta: «Aquella cuyo nombre entronizado — por vos ha sido más que de Catulo — el nombre de su Lesbia celebrado... — Más que del claro Castillejo, Ana, — Más que de Garcilaso, Galatea...» (F. Rodríguez Marín, Barahona, pág. 29.)
[38] mesquina, como entristesco, [Eg. I, v. 254]; mesclado, [Eg. II, v. 252], etc.; estas formas con sc tienen en castellano más abolengo y más historia que las modernas con zc. (R. Menéndez Pidal, Gram. Hist., § 112,3.)
[39] Tal pensamiento encontró Herrera (pág. 406) en Dante, Ariosto y Jorge de Resende; este último dijo así: «Senhora, pois me matais — Por vos dar meu coraçãm. — Peço vos que me digais — De que manera tratais — A os que vossos nam sãm...» Aun cuando en lengua extraña, entiendo que estos versos pueden aquí servir para comprender mejor los de Garcilaso.
[40] «Injustamente, en mi humilde opinión, censuró Hermosilla, como ociosamente pleonástico, este verso, que tan sentidamente exprime el dolor de Salicio por la inconstancia de Galatea. Dudo que a nadie parezcan más expresivos aquellos acumulados pleonasmos de Homero que el mismo escritor llama bellísimos: “Pero Aquiles pretende sobre todos — Los otros ser, a todos dominarlos, — Sobre todos mandar, y como jefe, — Dictar leyes a todos.”» Bello-Cuervo, Gramática, París, 1907, § 411, nota.
[41] No ha desaparecido aún la creencia vulgar en los agüeros de las aves. Dicen de la lechuza, ave nocturna, que cuando grazna sobre la chimenea de alguna casa es anuncio de una gran desgracia para la familia que allí viva (La Mancha). Sobre la antigüedad de estas supersticiones y lo arraigadas que estuvieron en España y en el mediodía de Francia, véase Amador de los Ríos, Hist. de la Lit., IV, 520, etc.; Rev. de España, tomo 17 y 18; Fauriel, Histoire de la poésie provenç., III, 305, etc.; Restori, La Gesta del Cid, pág. 208; sobre los agüeros de las aves en nuestra literatura medioeval, véase R. Menéndez Pidal, La Leyenda de los Infantes de Lara, pág. 8.
[42] Garcilaso recuerda en muchas de sus poesías el patrio, celebrado y rico Tajo, felice y claro río de su tierra natal, [Eg. III, v. 106], [197], [214], [246] y [300]; [Eg. II, v. 528], [532]; [Son. XXIV, v. 12], etc.; lo cual llenaba de satisfacción al insigne toledano D. Tomás Tamayo de Vargas; en cambio, el nombre de la ciudad de Toledo no aparece nunca en estos versos, aun cuando el poeta habla de ella en la [Eg. III], a no ser como apellido de la casa de Alba.
[43] Dice el Brocense: «Alegoría es, como si dijera: De la suerte que el agua se huía por camino desusado, ansí imaginaba que me habías de dejar por otro.»
[44] El uso de cúyo, interrogativo, ha desaparecido de nuestro idioma. «No creo que sean aceptables en el día las construcciones: ¿Cúyo buque ha naufragado? ¿Cúya casa habitas? ¿A cúya protección te acoges?, sin embargo de recomendarlas su precisión y sencillez y la autoridad de nuestros clásicos.» (Bello-Cuervo, Gramática, París, 1907, § 336.)
[45] «La parra se casa con el olmo y es su amiga, porque crece en él, que, según Virgilio, se maridaban las parras a los olmos, y hoy se usa junto a Barcelona. La que estaba sola se decía viuda, y así la llama Catulo; y al olmo nombra el mesmo, marido de la vid...» (Herrera, 423.)
[46] Hay que leer: Y-de-ha-cer...para que el verso resulte cabal. La f del latín se conservó en el castellano escrito hasta fines del siglo XV: fablar, fazer, folgar, foja, fijo, etc., y después fue sustituida por la h, que era verdadera aspirada en los siglos XV y XVI. No he encontrado ningún caso en que Garcilaso prescindiese de la aspiración de la h: véase más abajo, versos [162], [209]; Eg. II, v. [462], [472], [490], [509], [535], [545], etc; cuando a la h precede una consonante, el verso no sirve para dar idea de la aspiración: Eg. II, [500], [510], [516], [536], [623], [630], etc.; a fines del siglo XVI los escritores empiezan a vacilar, y unas veces aspiran la h y otras no. (R. Menéndez Pidal, Gramática Hist., § 38,2; F. Rodríguez Marín, Luis Barahona de Soto, págs. 399-402.) Extraño es que Boscán elidiese ya la h en muchos casos al uso moderno. (M. Menéndez y Pelayo, Antología, XIII, pág. 215.)
[47] Herrera puntúa aquí de esta manera: ...abundo en mi majada; — La manteca y el queso está sobrado. El sentido es el mismo, pero la frase parece mejor con la variante seguida en el texto.
[48] Títiro: divinidad campestre de la alegre corte de Baco. Los poetas bucólicos usaban este nombre como sinónimo de pastor. El mantuano títiro, llamado más comúnmente el cisne de Mantua, es el poeta latino Virgilio.
[49] «Esto de mirarse en el mar —dice el Brocense—, primero lo dijo Teócrito, y de allí lo tomó Virgilio, y luego los demás. Y con todo eso dicen que es yerro decirlo, porque en el mar ni en aguas corrientes no se puede ver la figura.» Salicio no mentía; Herrera lo defiende con ejemplos clásicos; pero mejor testimonio es el de la experiencia: puede verse la figura en cualquier remanso de agua corriente.
[50] cierto, con valor adverbial, por ciertamente, como dulce por dulcemente, [Eg. II, v. 1100]; inmenso por inmensamente: «Las grandes virtudes inmenso le aplacen.» (Juan de Mena, Las Trescientas, copla CCXIII.)
[51] Esta ingenua declaración de Salicio no estaba mal vista en los pastores de églogas; pruébanlo los ejemplos de Herrera, pág. 246; no obstante, el ingenioso Lope, que en multitud de ocasiones recordó a Garcilaso, parodió este pasaje en su Gatomaquia: «Pues no soy yo tan feo, — Que ayer me vi, mas no como veo, — En un caldero de agua, que de un pozo — Sacó para regar mi casa un mozo, — Y dije: “¿Esto desprecia Zapaquilda? — Oh celos, oh impiedad, oh amor, reñilda.”»
[52] Estremo es la Extremadura, así dicha, según Mariana, por haber sido mucho tiempo frontera, y lo extremo y postrero que por aquella parte poseían los cristianos.
[53] «Las tristes lágrimas mías — En piedras hacen señal — Y en vos nunca por mi mal.» Canción antigua de la cual no cita Herrera, pág. 428, más que estos versos.
[54] No volviendo siguiera los ojos a los desgraciados a quienes tú hiciste derramar lágrimas. Esto se lee de una manera muy diferente en los textos de Tamayo, Azara y Castro.
[55] un espesura. La elisión de la a ha sido lícita ante vocal, aun fuera de los casos indicados en la nota al verso 46; escritores en prosa, poco anteriores a Garcilaso, usaban también, con los poetas, de esta licencia; Micer Gonzalo de Santa María en Evangelios e Epistolas (1485), reedición de Upsala, 1908, escribía un statua, 78-3; un estrella, 281-12.
[56] He enmendado el verso de Herrera que, sin duda, por error de imprenta dice así: Al que todo mi bien quitarme me puede.
[57] Filomena es el ruiseñor; tiene una trágica leyenda. Un viejo rey de Atenas, Pandión, tenía dos hijas bellísimas, y Tereo, rey de Tracia, casó con una de ellas, con Procné. Cierto día Procné quiso ver a su hermana Filomena, y el rey Tereo marchó a Atenas para traer a sus palacios a la princesa, su cuñada. A la vista de la joven ardió Tereo en ciega pasión; durante el viaje le descubrió sus torpes deseos, y al llegar a una selva triunfó de su virginidad. Vuelta en sí Filomena, juró al cielo venganza. «Yo misma —dijo a Tereo— he de arrostrar la vergüenza para publicar tu delito: he de descubrirlo al universo entero.» El feroz tirano, en su ira, para que no le delatase, le cortó la lengua y la dejó presa en cárcel de rocas. Filomena bordó en una tela la historia de su desgracia, y con una criada la envió a su hermana Procné, que la lloraba creyéndola muerta. Procné, secretamente, la sacó de su cárcel; sintió hacia su marido un odio mortal; ¿qué venganza podía ser la más cruel?... Sacrificó en sí misma su amor de madre; mató a Itis, su propio hijo; puso a hervir una parte de él en vasijas de cobre, y, en la comida, sirvió a su esposo aquel manjar. Pregunta el padre: «¿Dónde está Itis?» Procné contesta: «Está contigo.» Y entonces Filomena se adelanta y arroja la lívida cabeza del niño al rostro de Tereo. Prorrumpe este en horrorosos lamentos; desnudando la espada corre tras de las hijas de Pandión; pero ellas, como si tuvieran alas, huyeron. Y en efecto, alas tenían: Filomena, transformada en ruiseñor, desapareció en una arboleda inmediata; Procné, hecha golondrina, aún tiene en su plumaje, como vestigios de su cruel asesinato, manchas de sangre. Tereo, sediento de venganza, fue convertido en abubilla, la de vistoso penacho y pico de dardo; hay quien dice que se transformó en gavilán; Itis, quedó en jilguero. (Ovidio, Metamórfosis, lib. VI, fáb. VI.) Ahora bien: el ruiseñor no es blanco, la blanca Filomena, por lo cual al Brocense le pareció mejor la blanda Filomena, y esta enmienda siguieron Azara, Castro y otros; también la defiende Tamayo (fol. 41-43), porque aquel ruiseñor blanco que presentaron, según dicen, a Agripina, mujer de Claudio, túvolo Plinio ya por maravilla; pero dice Herrera (pág. 429): «con licencia de ellos no hizo mal Garcilaso en dalle tal apuesto, porque el color blanco es purísimo y el más perfeto de los colores, y por traslación al ánimo se toma por sincero, y así blanca significa simple, sencilla, pura y piadosa...»
[58] Este nombre, Nemoroso, ha servido también de adjetivo poético aplicado a cosas propias de bosques; Castro cita ejemplos de Cairasco de Figueroa en su Templo militante, y de Lope de Vega en su Arcadia; San Juan de la Cruz en la Canción entre el alma y su esposo, dice: «Mi amado, las montañas, — Los valles solitarios nemorosos, — Las ínsulas extrañas, — Los ríos sonorosos, — El silbo de los aires amorosos...»
[59] Piérides, las Musas. Piero, rey de Macedonia, tenía nueve hijas que creían cantar mejor y ser más sabias que las nueve Musas, tanto que, audaces, como poetas vanidosos, se disputaron con ellas el triunfo de las artes, y en castigo de su temeridad fueron convertidas en urracas. (Ovidio, Metamórfosis, lib. V, fáb. IV.) No obstante la poesía suele llamar también Piérides a las Musas verdaderas, sin duda, porque, según Hesiodo, nacieron en la Piérida, provincia de Macedonia.
[60] Si Nemoroso y Salicio son Garcilaso ([nota al verso 2]), Elisa y Galatea deben ser D.ª Isabel Freyre; las quejas de ambos pastores son, en efecto, compatibles como episodios de un mismo amor. El afortunado rival a quien alude Salicio en los [versos 127-137] y en el [180], acaso fue D. Antonio de Fonseca, marido de D.ª Isabel; esto parece confirmar el epígrafe de la Canción primera en versos cortos, según el manuscrito de Iriarte: «A D.ª Isabel Freyra, porque se casó con un hombre fuera de su condición.»
[61] Según la estructura de las demás estrofas, este verso debiera ser endecasílabo; el Brocense lo enmendó de este modo: Más convenible fuera aquesta suerte; pero Herrera, aunque advirtió el defecto, tuvo a bien respetarlo.
[62] coluna. Evolución tardía del cultismo columna. El grupo de consonante mn dio ñ en su primitiva evolución: damnu, daño; somnu, sueño. (V. R. Menéndez Pidal, Gram. Hist., § 47,2,a.)
[63] Esta estancia tiene 15 versos en vez de los 14 que le corresponden, y Tamayo (notas, fol. 43), por indicación de Luis Tribaldos de Toledo, propone una enmienda en que se suprime un verso «y se quita la superfluidad, y aquel blanco pecho, que tiene algo de lascivo, y se refiere la gloria a los cabellos, el dorado techo, sobre el cuello, la coluna, con mayor encarecimiento». En cuanto a Herrera, lo que quisiera corregir es lo de blando pecho, y decir en su lugar blanco. Muchas ediciones han aceptado esta corrección, entre ellas la de Tamayo. Por lo demás, el mismo Herrera, pág. 436, dijo: «¿quién ha de poner mano en obras de un escritor tan alabado y recebido de la opinión pública? Basta apuntar este error, y quede así solamente notado.»
[64] Cargar la mano; no es pequeño mérito de un poeta tan ilustre como Garcilaso haber sabido mantener correcto y elegante su lenguaje, sin desdeñar giros, frases y modismos sacados de la entraña del castellano: Por el paso en que me ves, te juro..., [Eg. II, v. 653]; Callar que callarás, [íd., 922]; Yo, para mi traer..., [íd., 899]; Dar al travieso, [íd., 952]; Daca, hermano..., [íd., 969]; Diz que..., [íd., 1076]; Entrar con pie derecho, [íd., 1467]; Dar de mano, [íd. 1478]; Tomar a destajo, [Eg. III, 193]; Traer por los cabellos..., [canc. IV, v. 7]; Darse buena mano, [Apéndice I]; A todo correr, [Apéndice I], etc. Complétase esta nota con las de los versos [360, Eg. I], y [142, Eg. II]. El culto Herrera se indignaba de esto.
[65] El Brocense enmendó aquello que; pero Herrera dejó aquella, interpretando, sin duda, así: «Aquella cosa que con medrosa forma o imagen se nos ofrece de noche y pone horror.»
[66] Parece que en este verso puede elidirse la aspiración de la h, pero acaso le corresponda esta lectura: «Su-luz-pu-ra-y-her-mo-sa.» (V. [nota anterior, al verso 157].)
[67] Este pensamiento es el mismo de la famosa cantilena de Esteban Manuel de Villegas (1595-1669): «Yo vi sobre un tomillo — quejarse un pajarillo — viendo su nido amado, — de quien era caudillo — de un labrador robado...» Hállase en poetas latinos y en otros castellanos; nació en las Geórgicas de Virgilio, según Herrera, pág. 439.
[68] La noche no consuela su llanto ni sus quejas.
[69] Dolor tan grande no puede soportarse en modo alguno.
[70] Deseo insistir en la intención de la [nota al verso 289], de esta misma égloga, sobre la simpatía de Garcilaso por ciertas formas del castellano familiar, recordando al lado de esta: más ardiente que la llama, las siguientes: más dura que mármol, [v. 57]; más helada que nieve, [v. 59]; más fuerte que el hierro, [v. 265]; más rubio que el oro, [v. 274]; lo quiero más que a mis ojos, [Eg. II.ª, v. 747], etc.
[71] La noche de la muerte de Elisa.
[72] Aquel duro trance es el trance del parto. Lucina es Diana, a quien tenían los gentiles por abogada en los partos y, a la vez, por diosa de la castidad. «Suponía la fábula que Diana, nacida momentos antes que Apolo, había presenciado los dolores y padecimientos de su madre Latona, y que esto le inspiró tal horror al matrimonio y compasión por las mujeres en el trance de ser madres, que imploró de Júpiter el don de perpetua virginidad y la facultad de favorecer los alumbramientos difíciles.» (Gebhardt, Los dioses de Grecia y Roma, tomo I, pág. 119.)
[73] inesorable, inexorable; véase [Eg. II.ª, v. 253, nota].
[74] Recordaba estos sentidos versos Cristóbal Mosquera de Figueroa en su lamentación por la muerte de Garcilaso: «¡Murió Salicio; ya Salicio es ido! — ¡Salicio es ido! luego respondieron — Las selvas, redoblando su ruído... — Y tú, Apolo, ¿dó estabas, que testigo — No fuiste cuando el cuerpo dio en el suelo — Por mano del sacrílego enemigo?... — Y tú, Venus dorada... — ¿Por qué no socorriste el doloroso — Trance de tu poeta?...»
[75] Diana cazadora, la diosa de los riscos y los montes, encontró una vez al gentil pastor Endimión dormido en una gruta. Endimión, hijo de Júpiter, tiene la facultad de dormir eternamente, sin envejecer ni morir. Diana, la Luna, enamorada de él, baja todas las noches en su carro de plata, a contemplarle en silencio, a besarle y a reposar a su lado. (Véase Gebhardt, obr. cit., tomo I, pág. 133.)
[76] comovida; reducción de la forma culta conmovida; casos análogos tramontar, [Eg. I, v. 412]; ecelencia, [Eg. II, v. 1741]; comovió, [Eg. II, v. 1817]; lacivo, [Eg. III, v. 93], etc.; véase [nota al v. 1298 de la Eg. II].
[77] Tercera rueda: Juan de Mena, Las Trescientas, tercer cerco. «Es el cielo de Venus, cuya luz cría amorosos efectos, y de ninguna otra benina estrella se engendran cosas tan cercanas al poder de la hermosa Venus.» (Herrera, pág. 444.)
[78] El escrupuloso Herrera, a quien no podía ocultarse el convencionalismo pastoril, en vez de disculpar a Garcilaso, le hace aquí la siguiente reconvención: «Mucho es gastar un día en el canto; porque Salicio comenzó al salir del sol.» y «Nemoroso acaba al poner del sol.» (Pág. 445.)
[79] recordando, despertando. De esta significación antigua de recordar hay un bello ejemplo en el romance de Melisenda: «Vase para los palacios — donde sus damas están — dando palmadas en ellas — Las empezó de llamar: — Si dormides, mis doncellas, — si dormides, recordad! — Las que sabedes de amores — consejos me queráis dar...» (R. Menéndez Pidal, El Romancero Español, The Hispanic Society of America, 1910, págs. 25-26.)
[80] Intervienen tres pastores: Albanio, Salicio y Nemoroso y la pastora Camila, ninfa de Albanio. «Esta égloga es poema dramático, que también se dice ativo, en que no habla el poeta, sino las personas introducidas... Tiene mucha parte de principios medianos de comedia, de tragedia, fábula, coro y elegía.» (Herrera, pág. 537.) «Es muy desigual, y aunque en ella se hallan muchos pedazos excelentes, en el todo no puede compararse con la primera.» Azara. Fue escrita después del socorro de Viena y después del destierro del poeta en la isla del Danubio; seguramente en Nápoles, hacia 1533.
[81] Se ha creído que la fuente que aquí se cita es una que hay en Batres, antigua posesión de la casa del autor, de la cual dice Tamayo (fol. 45) que se ha conservado con el nombre de Fuente de Garcilaso, y como ilustre monumento de sus escritos se venera.
[82] Hay que leer sua-ve, en dos sílabas, y no su-a-ve, como rui-do, [canc. IV, v. 98]; en cambio dos versos antes del presente se encuentra ru-í-do; más adelante veremos como monosílabos peor, mío, míos, río, día, etc., [Son. VI, 7]; [Son. VII, 10]; [Son. VIII, 6]; [Son. XXVI, 13]; [Eg. II, 1472]; [Eg. III, 330]. «De esta sinéresis, enemicísimas de la buena prosodia, abusaron nuestros clásicos... a extremo tal, que más pueden pasar por vicio común de aquella época que por rudeza de oído de este o aquel versificador.» (V. Rodríguez Marín, Luis Barahona de Soto, págs. 411-413.)
[83] Claros ojos, delicada y blanca mano, cabello de oro y cuello de marfil; la belleza de Elisa ([Eg. I, v. 267] y sigs.) coincide exactamente con la de Camila que aquí describe Albanio; conviene apuntar la sospecha de que este Albanio no sea sino Garcilaso, y, asimismo, que la parte sentimental de esta égloga sea una nueva ofrenda del poeta hacia aquella dama cuyos amores, de que fue tan derretido ([Eg. I, nota al v. 2]), le inspiraron toda la égloga anterior, cuatro bellas octavas de la tercera (versos 217-248), las dos primeras canciones en versos cortos y acaso los sonetos XXV y XXVI. No he podido persuadirme de que Albanio sea el gran Duque de Alba, como se ha dicho. (V. adelante, [nota al v. 1716].)
[84] Conviene advertir de estos tercetos dichos por Albanio que son los más antiguos que hay en castellano, aparte los de Boscán, y de algo debe servirles este mérito frente aquella ventaja que puedan llevarles los de Quevedo, de los Argensolas y del gran incógnito sevillano, autor de la Epístola Moral (siglo XVII). (V. Menéndez y Pelayo, Antología, XIII, pág. 237.)
[85] «Imita en estas tres estanzas la famosa oda de Horacio Beatus ille. No se pone aquí porque la saben aun los muchachos medianamente instruidos y porque tenemos en castellano más de veinte traducciones.» (Azara.)
[86] «Don Francisco Gómez de Quevedo, ejemplo de las ingeniosidades de los nobles de nuestra nación, me escribe que le parece que se ha de leer así: Que en nuevo gusto nunca el bien se pase. Basta su parecer para que se siga.» (Tamayo, fol. 46.)
[87] «Dice Virgilio, tomándolo de Homero, al fin del libro VI de la Eneida, que hay dos puertas del sueño: por la de marfil salen los sueños falsos, y por la de cuerno, los verdaderos. Ebúrnea es de marfil.» (Brocense, nota 118.)
[88] El mejor testimonio de la consideración que mereció a Garcilaso el castellano familiar y corriente está en la frecuencia con que se vale de adagios y refranes: el mal, comunicado, se mejora; de un mal, ajeno bien se empieza, [Eg. II, v. 259]; no hay mejor cirujano que el bien acuchillado, [Eg. II, v. 355]; no es malo tener quien llore al pie del palo, [Eg. II, v. 363]; fácilmente, el sano da consejo al doliente, [Eg. II, v. 400]; de un dolor a otro se empieza, [Eg. II, v. 494]; a quien no espera bien, no hay mal que dañe, [Eg. II, v. 774]; etc. (V. [Eg. I, v. 289, nota].)
[89] «Este verso está en Boscán en un soneto.» (Brocense, nota 123.) Castro podía haber repetido en este lugar lo que dijo con motivo del v. 32 de la Eg. III.
[90] Sujeto estaba enteramente, y destinado por el cielo, a consumirse en vivo amor, [Eleg. II, v. 76]; a poder suyo, se hubiera resistido, mas no hay defensa contra lo que el destino determina, [Son. VII]. Los que creyeron en el fatalismo, pensando que la fuerza del hado podía ahogar nuestro libre albedrío, fueron juzgados por herejes; de aquí que Herrera, pág. 551, y Tamayo, fol. 37, hayan intentado defender la ortodoxia de nuestro poeta. Acaso Garcilaso había aceptado esta opinión, a la vez que su respeto a los dioses, a las musas y a natura, como uno de tantos aderezos poéticos, resucitados por el clasicismo, de la antigüedad pagana; pero lo cierto es que los poetas, en materia de amor especialmente, y el vulgo, en esta y otras muchas materias, han concedido siempre gran influencia al poder del destino, a pesar de las decisiones ecuménicas de la religión.
[91] Esta referencia al parentesco entre Camila y Albanio habrá sido recogida, seguramente, por el Sr. Menéndez y Pelayo en el próximo tomo XIV de su Antología, para identificar definitivamente las personas en ambos pastores representadas.
[92] Ofrecerse a Diana era jurar castidad, vivir en las selvas y consagrarse a los ejercicios de la caza; era parte del culto de esta religión ofrendar a la diosa, en su silvestre altar, la testa del jabalí, los cuernos del ciervo y otros tales despojos de las piezas cobradas.
[93] aflitos por aflictos, afligidos. (V. [nota] adelante, verso 1298.)
[94] Empieza a faltar sombra al ruiseñor —Filomena— en el otoño, cuando los árboles van quedando sin hoja.
[95] secutando, ejecutando; esecutarse, [canc. I, v. 16]; esecutivo, [Son. XXV, v. 1]; en el [Son. XXIX, v. 14], esecutá, ejecutad. (* exsecutare, Körting, Lateinisch-Romanisches Wörterbuch, 1907, núm. 3483.) En español antiguo se escribía executar; pero la x equivale al grupo cs, y este grupo, en palabras cultas, podía simplificarse en s, como hoy se simplifica en las formas vulgares: desaminar, desención, etc., [Eg. I, v. 377], inesorable.
[96] «Este es proverbio latino, Nulla mala hora est, quin alicui sit bona. No hay mal sin bien, catá para quien.» (Brocense, nota 127.)
[97] «Superno, adj. Supremo, o lo que está más alto. Es del latino Supernus y tiene poco uso.» (Dicc. Aut., 1739.)
[98] grúa, grulla. «Escribe Eliano que las grúas duermen todas de noche, y que tres o cuatro velan haciendo guarda a las demás, y que por no vencerse del sueño, sufren un fatigoso y molesto trabajo, porque levantando un pie, tienen en él con gran cuidado una piedra, para que cuando las acometa el sueño y se haga señor dellas, las despierte el ruido de la piedra que se les cayere.» (Herrera, 555.)
[99] Esta fama ha quedado a los ánsares desde aquella hazaña en que, gracias a ellos, se salvó Roma. «Teniendo los Galos sitiado el Capitolio, lo asaltaron una noche que los centinelas estaban dormidos; pero los ánsares con sus graznidos despertaron a Manlio, que con sus romanos rechazó el asalto.» (Azara.)
[100] Primo de Faetón era el rey de Liguria, el cual llorando la muerte de su pariente se convirtió en cisne. De esta fábula va una [nota] más amplia en el Son. X, v. 14.
[101] «La fábula de la perdiz se cuenta en Ovidio, y dice que era —Talo— un criado de Dédalo, y que halló —es decir, inventó— la sierra, y Dédalo de envidia de tan buena invención le echó de una torre abajo, y agora las perdices por miedo de la caída hacen nido en el suelo huyendo de los techos.» Brocense, nota 129. (Ovidio, Metamórfosis, lib. VIII, fáb. IV.)
[102] En este lugar y en tres pasajes más de la presente égloga, versos [720], [934] y [1129], ensaya Garcilaso la rima interior, imitando al Petrarca. Es esta rima pariente de los viejos versos leoninos usados alguna vez en la Eneida y no desconocidos en el Cantar de mío Cid. (V. la obra de este título por D. R. Menéndez Pidal, Madrid, 1908, tomo I, parte 1.ª § 35.) Garcilaso estuvo poco afortunado en esta rima trabada; sus continuadores, Cervantes, Cetina, Tirso, Barahona y otros, no tuvieron mejor éxito. (V. sobre esto una interesante nota de D. F. Rodríguez Marín en Luis Barahona de Soto, pág. 330.)
[103] No hay mejor cirujano que el bien acuchillado. Proverbio antiguo.
[104] al pie del palo, al pie de la horca. «También es refrán, que alude a los que ahorcan.» (Brocense, nota 132. V. [Eg. II, v. 142, nota].)
[105] contrastar: hacer oposición y frente, combatir y lidiar. (Dicc. Aut., 1739.)
[106] maníficas, magníficas. V. [Eg. I, v. 34, nota].
[107] «Quiere el licenciado Cristóbal de Mesa que diga retórico por filósofo, por ser más propia la elocuencia de aquel que déste.» (Tamayo, notas, fol. 49.) Sin embargo, por lo que Salicio ha venido discurriendo para consuelo de Albanio, cabe que este pudiese calificarle con lo de filósofo además de lo de elocuente.
[108] «El silencio es alimento de las enfermedades de amor.» (Herrera, 559.)
[109] Camila, deseosa de conocer a la ninfa de Albanio, levantose con tanta prisa que no dio lugar al pensamiento para discurrir sobre la imposibilidad de que en la fuente se encontrase mujer alguna. Conviene intentar esta explicación para que no parezca excesiva la candidez, o acaso la coquetería de Camila.
[110] boca arriba tendido: Garcilaso repite algunas veces esta imagen como última expresión del aniquilamiento y postración del ánimo; en esta misma égloga, [versos 118], [659], y Canción I, [versos 13] y [37]; la rusticidad de la vida pastoril disculpa la llaneza de esta figura, no bien acogida por algunos críticos.
[111] «Proverbio latino: malis mala succedunt. Por eso decimos: Bien vengas, mal, si vienes solo.» (Brocense, nota 139.)
[112] la mi muerte. «Los pronombres posesivos y demostrativos se suponen envolver el artículo cuando preceden al substantivo: Mi libro, el libro mío... Pero antiguamente solía construirse el posesivo con el artículo, precediendo ambos al substantivo, en sentido determinado; uso que subsiste en las expresiones el tu nombre, el tu reino, de la oración dominical; en el mi consejo, la mi cámara, y otras de las provisiones reales.» (Bello-Cuervo, Gramática, París, 1907, § 878.)
[113] Murió Garcilaso, y «luego que se oyó su muerte, se desataron en elogios y en lágrimas las lenguas y las Musas compitiéndose las naciones extranjeras unas a otras. En Toledo fue universal el luto y el llanto, en una muerte tan digna de sentimiento, que hasta hoy no acabó de llorarla bien el Tajo, como predijo él mismo en este que quiso ser verso y fue vaticinio.» (Cienfuegos, Vida de San Francisco, Madrid, 1726, pág. 52.)
[114] «Cosa muy vulgar es decir que el cisne canta dulcemente siempre, pero más al fin de su muerte. Dícelo Platón in Phaedone, y Plutarco y muchos poetas griegos y latinos; pero Luciano se burla mucho desto, y Eliano, grave historiador, en el libro 1.º de Varia Historia, y Plinio, libro 10, cap. 23. Puede ser que en unas tierras cantan y en otras no; a lo menos en España no sabemos que canten, mas de que en Tordesillas oyeron muchas gentes entre los juncos del río unos gaznidos (sic) espantosos, tanto que pensaron ser alguna cosa monstruosa, y algunos se atrevieron a llegar allá, y hallaron un cisne que había venido de otra parte, y murió muy presto. Desto hubo muchos testigos.» (Brocense, nota 146.)
[115] De la ninfa Eco y del castigo que Juno la impuso por ayudar a Júpiter en sus devaneos tiénese noticia a mano en el tomo II, pág. 17, de esta Colección, nota a los versos 294-295, acto I de El Vergonzoso en Palacio, de Tirso de Molina.
[116] Porque también Eco fue muy desgraciada en sus amores con Narciso.
[117] Eco no puede mostrarse; pero se oye su voz, que es lo único que de ella ha sobrevivido.
[118] «Para que se entienda la propiedad destas ninfas que aquí pone, digo que Nayades, son de los ríos; Napeas, de los collados; Dríades, de los bosques; Hamadríades, de los árboles; Oreades, de los montes; Henides, de los prados.» (Brocense, nota 149.)
[119] Las napeas son la verdadera guarda del bosque. Creo, a pesar de Castro, que en esta frase no hay nada contrario a la Gramática.
[120] A las orejas de algún purista acaso suene mal esta expresión, como a la de aquellos contemporáneos de Herrera que hubieran querido enmendar divinos oídos, «por parecerles que no significan orejas, en el sermón vulgar, sino las del asno... lo cual no es otra cosa que una solicitud demasiadamente curiosa y afectada, y que procede antes de inorancia, que del conocimiento de la fuerza y hermosura de nuestra habla... ¿Mas qué, merecen menos las orejas, varia y hermosísima parte de la composición humana, que las otras que constituyen el cuerpo? ¿No son ministras de nobilísima operación? ¿No es esta voz bien compuesta? El oído, ¿no es ajeno de la significación dellas? ¿Pues qué barbaria se ha introducido en los ánimos de los nuestros, que huyen como si fuese sacrilegio inespiable, el uso de esta dición?...» (Herrera, Anotaciones, 568-569.)
[121] Dríades o Hamadríades son las ninfas de los bosques que viven en los troncos de los árboles:
«Y así las ninfas, el cantar rompido,
Volviendo al campo do el oculto moro
Riquezas guarda con el puño avaro,
Desnudas se metieron
En las encinas huecas, do salieron.»
Luis Barahona de Soto. Fin de la égloga de las Hamadríades.
[122] viso, vista, italianismo usado especialmente por los poetas del siglo XV. «Señora, flor de azucena — Claro viso angelical,» Villasandino, Canc. Baena, 18-a. «Tanto quel viso de la criatura — Por la diáfana claror de los cantos — Pudiera traer objetos a tantos — Cuantos celaba so sí la clausura.» (Juan de Mena, Las Trescientas, cap. XV.)
[123] Por el paso en que me ves... El culto Herrera nos hace saber el carácter popular de esta forma de juramento al decir de ella, como censura, que es traída de en medio de la plebe.
[124] Albanio no hubiera pensado en suicidarse con un arma, «porque la muerte de hierro es trágica y no conviene a la rustiqueza y simplicidad de pastores». (Herrera, 570.)
[125] En situación semejante a la de Albanio, Carino, pastor de Sannazaro, fue distraído de su desesperación por el vuelo de unas palomas, y tal recurso es, acaso, más verosímil que el que utiliza Garcilaso, pero, desde luego, se advierte en la intención de este el deseo de valerse de un fenómeno puramente natural, y al mismo tiempo decisivo, para vencer la voluntad de Albanio sin dejar sospecha sobre la firmeza y sinceridad de su resolución.
[126] Tamayo, notas, fol. 18, discute el sentido de este terceto: «Si el último verso se aplica al atónito, es floja la sentencia; si al segundo, no tiene ninguna. Si se lee rendido, en vez de tendido, parece que puede ser alusión al rendimiento del ánimo cuando se ha caído en la cuenta, haciendo equívoca la translación. Los más ingeniosos lo juzguen.» La enmienda de tendido en rendido se ha propuesto también para la [Canc. I, v. 13] y [37].
[127] presupuesto, usado como substantivo se toma por el motivo, causa o pretexto con que se ejecuta alguna cosa. (Dicc. Aut.)
[128] Salicio piensa llevar a Gravina el nido de su ruiseñor, con agravio de la desdeñada Galatea, si no es que se trata de un segundo nombre de esta misma pastora, exigido aquí por la consonancia de encina.
[129] Herrera acentúa pásso, como si Camila dijese: no paso, me quedo en este valle; ha parecido mejor acentuar pasó, como hizo el Brocense, entendiendo que esta palabra se refiere al corzo herido que Camila persigue.
[130] Tal ocurrió a la ninfa Calisto, que por corresponder a los amores de Júpiter, perdió la compañía de las demás ninfas, y, además, Juno, en venganza, la transformó en osa. (Ovidio, Metam., lib. II, fáb. IV.)
[131] desbañar, quiere decir afligir, congojar, lo contrario de bañar, que, según Tamayo, fol. 51-52, se usó en latín —balineum, balineare— con la significación de aliviar, quitar cuidados. El mismo Tamayo trae unos versos de otro poeta, sin decir quién es, en donde aparece también desbañar dicha acepción de afligir.
[132] Un elogio semejante hállase también en el último terceto del [Son. XXI].
[133] estampa, idea, original, dibujo y molde principal o prototipo. (Dicc. Aut.)
[134] me adiestra: por me guía o me conduce.
[135] prendedero: «cierto instrumento, que se hace de hierro, alambre u otro metal, y consta de dos o tres ganchos pequeños, con que regularmente las aldeanas prenden sus sayas, cuando las enfaldan.» (Dicc. Aut.)
[136] cornado. Moneda de baja ley que mandó batir el rey D. Alfonso el Onceno el año de 1331 para remediar la falta de dinero, carestía y falta de mantenimientos. (Dicc. Aut.) A lo cual Sancho respondió que por la ley de Caballería que su amo había recibido no pagaría un solo cornado aunque le costase la vida. (Don Quijote, tomo I, cap. 17.)
[137] Eurídice, huyendo del pastor Aristeo, fue mordida en un talón por una sierpe y murió el día de su boda; Orfeo, su esposo, fue a buscarla a los infiernos, y de tal modo embelesó a las divinidades infernales con su voz y su lira, que le concedieron sacase a Eurídice. (Ovidio, Metamórfosis, lib. X, fáb. I.)
[138] Son divinidades infernales las tres Furias hermanas, Alecto, Tisífone y Meguera, las de ojos de ira y cabellera de culebras.
[139] fosado: foso.
[140] entramos y entrambos eran formas igualmente usadas en tiempo de Garcilaso, pero la primera tiene más color popular; él mismo dice entrambos en otros lugares.
[141] En esto hay un recuerdo de la fábula del lindo Narciso, el cual, habiéndose visto en una fuente, gustó tanto de su propia belleza, que falleció de amor. (Ovidio, Metamórfosis, lib. III, fáb. V.)
[142] puedes, debes no son consonantes, ni tampoco culebras, negras, [v. 945]; acabo, hago, [v. 1007]; faunos, silvanos, [v. 1157]; sangre, hambre, [v. 1205]; sangre, estambre, [v. 1242] y [1663]; campo, blanco, [v. 1257], y a propósito de esto dice Tamayo, fol. 54: «en este género de metro, como tan lleno de consonancias, no ofende al oído que alguna difiera en alguna letra... fuera de que en el furor de tan largo discurso como este de Nemoroso, es más permitida esta licencia, que denota el valor acreditado de Garcilaso, que podía reconocer sin reprehensión en sí, facultad libre para no reparar en menudencias tan accidentales.»
[143] «aferrar, de que en los siglos XVI y XVII se decía indiferentemente afierro o aferro, no admite hoy sino la última forma.» (Bello-Cuervo, Gram., pág. 77, n.)
[144] Empiezan aquí los loores a la casa de Alba.
[145] Se refiere a la ciudad de los duques, de la cual dice el refrán: «Alba de Tormes, baja de muros y alta de torres.» (Herrera, 626.)
[146] Habla de Fr. Severo, monje italiano, preceptor del gran Duque D. Fernando. «Este fraile fue el que, abusando de la confianza del Duque de Alba, D. Fadrique, engañó miserablemente a Luis Vives, que era el verdadero preceptor que el Duque de Alba quería para su nieto... Severo, que iba a Lovaina, se encargó de hablar a Vives y de entregarle una carta sobre el asunto, pero ni una cosa ni otra hizo, a pesar de haber tenido con él larga conversación más de diez veces. Ofendido el Duque por no recibir contestación, creyó que el sabio valenciano despreciaba su oferta, y dio la plaza de preceptor al mismo Fr. Severo, que con tan malas artes la había granjeado.» (Menéndez y Pelayo, Antología, tomo XIII, pág. 48.)
[147] Quintana se equivocó haciéndole benedictino y siciliano. (Obras inéditas de D. Manuel José Quintana, Madrid, 1872, págs. 117 y 118.) Era dominico y había nacido en Plasencia de Lombardía o en su campo. (M. Menéndez y Pelayo, l. c.)
[148] Refiérese a las famosas batallas entre cartagineses y romanos en la segunda guerra púnica.
[149] «En aterrar quieren los gramáticos hacer una distinción entre atierro, en sentido de “echar por tierra”, y aterro, en el metafórico de “consternar”, creyendo, sin duda, que en esta segunda acepción el verbo se deriva de terror.» (R. Menéndez Pidal, Gram. Hist., § 112 bis,-2.)
[150] «¿Cómo se pueden traducir en lenguaje vulgar estas maravillas? ¿Sería, por ventura, Fr. Severo un físico más o menos teósofo, a estilo de su tiempo, una especie de Cardano o de Agripa, iniciado en la magia natural, y aun en la teurgia? Si algo de esto hubiese sido, por otra parte lo sabríamos, y quizá los procesos de la Inquisición nos diesen razón de él como nos la dan del licenciado Torralba. Es muy probable que Severo tuviese algunos conocimientos de ciencias naturales, aparte de su física escolástica, y que las cultivase para recreo propio y de sus amigos; pero todo lo demás debe de ser pura fantasmagoría poética. Y lo que me confirma más en esta idea es que Garcilaso, en varios lugares de esta égloga, no hace más que poner en verso mucha parte de las prosas octava y novena de la Arcadia de Sanazzaro, como ya advirtieron en sus respectivos comentarios el Brocense y Herrera: los prodigios de Severo son los mismos que se refieren del mágico Enareto en la novela italiana... la adaptación de estos pasajes a Severo pudo tener algún fundamento en los estudios y aficiones de este; pero pudo ser también mero capricho del poeta. Una de las muchas convenciones del género bucólico era el uso frecuente de la magia y de las supersticiones gentílicas.» (M. Menéndez y Pelayo, Ob. cit., págs. 53 y 54.)
[151] amancilla: entristece.
[152] pastoriles, avena: instrumentos músicos; la avena es una especie de flauta, voz poética y puramente latina. (Dicc. Aut.)
[153] «El Rey D. Juan el Segundo prendió a D. Fernando Álvarez de Toledo, Conde de Alba, y su hijo D. García, que después fue primer Duque de Alba, le hizo mucha guerra desde las fortalezas de su padre, mayormente desde la villa de Piedrahita, que es a diez leguas de Béjar, procurando su libertad; pero muriendo el Rey don Juan, D. Enrique el 4.º, su hijo, luego que fue jurado por rey, voluntariamente sacó de la prisión al Conde de Alba y a D. Diego Manrique, Conde de Treviño.» (Herrera, 588.) Esta era la época de las famosas rivalidades entre la nobleza y el Condestable D. Álvaro de Luna. «De este D. Fernando Álvarez de Toledo hace mención el Bachiller Fernán Gómez de Cibda-real, y Hernando del Pulgar lo incluye entre sus Claros Varones, tít. V.» (Navarrete, pág. 154.)
[154] Hijo de D. García y de una tía carnal del Rey Católico fue D. Fadrique de Toledo, segundo Duque de Alba, el cual casó con D.ª Isabel Pimentel, de la casa de Benavente, y fue también Marqués de Coria. (V. Herrera, 588; Navarrete, 156.)
[155] «Don Fadrique, siendo vivo su padre, D. García, fue general de los cristianos en los pueblos de la frontera de Granada.» (Herrera, 589.)
[156] Esto fue en la guerra de Navarra. El Duque de Alba fue el jefe del ejército que conquistó aquel reino para D. Fernando el Católico, 1515. (Mariana, lib. XXX, cap. XXII.)
[157] «Este caballero, D. García, fue hijo mayor de D. Fadrique de Toledo y de D.ª Isabel Pimentel, Duques de Alba y Marqueses de Coria, y padre del Duque don Fernando.» (Herrera, pág. 589.) Hermano de D. García, pero de otra madre, de D.ª Isabel de Zúñiga, hija del Duque de Béjar, fue D. Pedro de Toledo, primer Marqués de Villafranca y Virrey de Nápoles. (Navarrete, página 156.)
[158] inicas, inicuas; refiérese a las Parcas. (V. adelante [v. 1581, nota].)
[159] «Militando D. García de Toledo con el Conde Pedro Navarro en la costa de África, paso a la conquista de la isla de los Gelves. Luego que desembarcó quiso internarse en el país desierto y arenoso. Era el tiempo extremamente caloroso, y su gente, fatigada del ardor del sol y del cansancio, fue a beber a unos pozos, donde los moros estaban en emboscada. Dieron sobre los nuestros, que de pura sed y fatiga apenas se pusieron en defensa. D. García les animó con la voz y con el ejemplo; y con una pica en la mano peleó como valeroso soldado, hasta que muertos o dispersos todos sus españoles, oprimido de la muchedumbre, lleno de heridas, cayó muerto en la arena a los veintitrés años de su edad, el de 1510.» (Azara.) «Allí pereció la flor de la gente española... murieron casi 4000 escogidos soldados con sus capitanes y oficiales, pocos a hierro, muchos con sed y ahogados en aquellas cuevas y bocas cubiertas de la tierra y en aquellos tragaderos ascondidos.» (Herrera, 595.) Por esta derrota se levantó aquel cantar español: «Y los Gelves, madre — malos son de tomare.» etc. (Brocense, nota 169.)
[160] Queda dicho que cuando murió D. García solo contaba veintitrés años de edad, lo cual disculpa el elogio de su belleza, que parecería poco oportuno si se tratase de un guerrero veterano. (V. [Eleg. I, v. 116, nota].)
[161] vista, nombre; en vista, advervio, como a la vista. Palabras iguales, pero equívocas, pueden formar rima, porque, en realidad, al tener distinta significación, vienen a ser palabras diferentes; Tirso y Barahona usaron de esto (Rodríguez Marín, Luis Barahona de Soto, pág. 404), y aun hoy se ha defendido como licencia que se debe permitir. (E. Benot, Prosodia castellana y versificación, tomo III, pág. 236.)
[162] Doña Beatriz Pimentel, hija del Conde de Benavente, mujer de D. García y madre de D. Fernando, el gran Duque de Alba.
[163] Don Fernando Álvarez de Toledo nació en Piedrahita, villa de la provincia de Ávila, en el año de 1507, y murió en Lisboa a 11 de diciembre de 1582, a los setenta y cinco años de edad. (V. Navarrete, 156-157.)
[164] «Si bello infante n’ apparia che’ l mondo — Non hebbe un tal dal secol primo al quarto.» (Ariosto, canto 46) Pónese como término de ponderación el nacimiento de Jesús a los 4000 años de la Creación.
[165] El monte Parnaso tiene dos cumbres. En una estaban los templos de Apolo y Diana, y en otra, el de Baco. (Herrera, pág. 188.)
[166] Aquellas nueve lumbres, las nueve Musas.
[167] Pintan mancebo a Febo, porque naciendo y escondiéndose todos los días, nunca siente vejez, y le llaman intonso, porque nadie puede cortar de su frente su cabellera de luz.
[168] Las Musas, luengamente, es decir, desde hacía mucho tiempo tenían visto y sabido lo que había de ser el porvenir del recién nacido.
[169] nétar, voz semiculta, por néctar, como vitoria, [Eg. I, v. 35]; acidente, [Eg. II, v. 131]; eleción, [íd., 166]; aflitos, [íd., 229]; efeto, [íd., 253]; noturna, [íd., 297] y [301]; jatancia, [íd., 1513], etc.; la pronunciación de estas palabras respondía a su ortografía, como demuestra el hecho de encontrar en rima trompetas, perfetas y otros casos análogos. (F. Rodríguez Marín, Luis Barahona de Soto, pág. 402.)
[170] Este mancebo de quien habla Garcilaso es su amigo Juan Boscán; da su nombre más abajo, [v. 1349]. Boscán, siendo muy joven, entró en la casa de Alba a ser ayo de D. Fernando. «El ayo, en las costumbres de entonces, tenía más de camarada que de pedagogo, pero aun así, no es verosímil que se confiara tal cargo a quien, por lo menos, no excediese en diez años a su educando.» (Menéndez y Pelayo, Antología, XIII.) Hace igual conjetura Navarrete, pág. 161. Debió, pues, nacer Boscán a fines del siglo XV, y murió en 1542.
[171] El robusto oficio de la silvestre caza. [Eg. III, v. 147].
[172] «En el año de XXIV (1524), en Burgos, un caballero servía a una dama a quien también el Duque de Alba servía, y aún no era Duque; y en aquel tiempo se habían comenzado a usar los arcabuces, y teníase por caso de menos valer, entre caballeros, usar de arcabuces, principalmente los que se preciaban de la espada. Y aquel caballero preciábase de gran tirador de arcabuz; y estando los dos delante de la dama, sacó el Duque un lienzo, y poniéndolo en las narices dijo: “¡Oh, como hiede por aquí a pólvora!” Entonces riose la dama, y corriose el caballero; y luego lo más secreto que pudo apartó al Duque y desafiole a espada y capa a la puente de San Pablo, a cierta hora de la noche. Y llegando el Duque, dijo el otro: “¿Qué armas traéis?” Dijo el Duque: “Espada y daga.” Dijo el otro: “Yo no tengo más que espada.” Entonces el Duque sacó su daga y echola de la puente abajo en el río. Comenzaron su desafío; y allí se hicieron amigos y trataron de que no se supiese este hecho; mas húbose de descubrir, porque al tomar de las capas que estaban en el suelo, se trocaron, y el Duque no cayendo en ello, descubrió en palacio la encomienda que tenía la capa del otro, y por aquí se vino a saber el desafío.» (Brocense, nota 177.)
[173] «Himeneo era el dios de las bodas. El diestro pie calzado significa buen agüero, porque la reina Dido, para desatar el casamiento de Eneas, tenía un pie descalzo, como dice Virgilio.» (Brocense, nota 179.) De este rito de calzarse o descalzarse el pie derecho, para significar firmeza o rompimiento de los lazos matrimoniales, entre los gentiles recogió varios datos Tamayo, notas, fol. 62-65.
[174] «Comprehende aquí Garcilaso las costumbres de las bodas antiguas (paganas). Dice que alternaban el canto las que ponían a la novia en el lecho... Las que llama aquí vírgines eran las pronubas antiguas, aunque no vírgines, pero castas, que tenían este oficio a su cargo...» (Tamayo, notas, fol. 65.)
[175] «Esta señora era hija del Conde de Alba de Liste, y prima y mujer del Duque.» (Herrera, 603.)
[176] Al divino Herrera, pág. 603, le escandalizó este atrevimiento de Garcilaso «que muy ajeno es de su modestia y pureza, y que deslustró mucho la limpieza y honestidad de toda esta descrición.» Pero no se trata de cosa indigna, impura ni inmodesta, sino de la casta y legítima correspondencia del lecho conyugal, y aun solamente del deseo de D. Fernando, no del suceso. Homero, Virgilio, y el mismo Petrarca, llegaron en sus versos a mayores libertades. (V. Tamayo, notas 61-62.)
[177] «Toca aquí la ficción del filósofo Pródico, la cual refiere Xenofon. Y es, que Hércules siendo mancebo, yendo por un camino llegó adonde se partían dos caminos, y estando dudoso por cuál iría, vio venir por cada uno una doncella, una muy hermosa, y otra robusta y varonil; cada una le rogaba que fuese por su camino, y la muy hermosa, al parecer exterior, que era Voluptas, el deleite, prometía en su camino muchos regalos y descansos; la otra, que era Virtud, le prometía mal camino y muchos trabajos, pero prometía al cabo dellos descanso y fama, al revés de la otra. Hércules dijo que más quería trabajos con aquella condición; y fuese tras la Virtud.» (Brocense, nota 181.)
[178] A partir de este verso cuenta Garcilaso el viaje que el Duque hizo a Alemania para intervenir en el socorro de Viena, amenazada por Solimán, gran Sultán de Turquía. Garcilaso acompañaba al Duque en dicho viaje: año de 1532. (Navarrete, págs. 32 y 33.)
[179] «mudable: atributo propio de los franceses.» (Herrera, pág. 605.)
[180] «Pasadas las asperezas del Pirineo recibió orden el Duque de caminar con más rapidez, dejó su escolta y comitiva, y solo con Garcilaso, atravesó por la posta de Francia hasta París, donde cayó enfermo, acaso de las fatigas del viaje; su amigo le asistió esmeradamente, hasta que ya convalecido pudieron ambos continuar adelante...» (Navarrete, pág. 40.)
[181] «Parece que es alusión a la Morbania, deidad falsa y ridícula de los antiguos.» (Tamayo, notas, fol. 66.)
[182] «Esculapio fue gran médico, tenido por los antiguos por dios de la medicina. Fue hijo de Apolo y padre de Padalirio y Macaón, grandes médicos.» (Brocense, nota 182.) «Halló muchas cosas útiles a la salud de los hombres. Fue tan excelente en la curación de los enfermos, que fuera de la opinión de todos, dicen que restituyó a muchos desesperados a la vida y que volvió a ella a muchos muertos. Acusado por esto ante Júpiter, lo mató con un rayo... Enojado Apolo desta muerte, mató a los Cíclopes que fabricaron el rayo a Júpiter.» (Herrera, pág. 606.)
[183] Repuesto D. Fernando de su enfermedad, Garcilaso y él continuaron su viaje; llegaron al Rin, y embarcados en sus aguas, pasaron a Colonia.
[184] «Dícelo por Julio César, que pasó del Rheno (Rin) contra alemanes.» (Brocense, nota 183.)
[185] «Fue Santa Úrsula hija de Dioneto, nobilísimo príncipe de Inglaterra; padeció martirio con once mil vírgenes de la mesma nación en Colonia Agripina, a la ribera del Rin, por los capitanes de Atila que la tenían cercada, en el año de nuestra salud, 352, siendo emperador Marciano.» (Herrera, pág. 607.)
[186] Aquel tirano fue, según se cree, Giula, capitán general de Atila. (Azara.)
[187] estaba en dubio, en duda; dubio es voz latina.
[188] Emplea metafóricamente suelta la rienda a su navío, como ahora decimos dar rienda suelta al llanto, al entusiasmo, a los deseos; de otro modo «parecería dura esta translación del uso de los caballos al de la navegación; pero es elegantísima, y como tal usada de los antiguos griegos y latinos de mejor fama...» (Tamayo, notas, fol. 66.)
[189] El César Carlos V recibió en sus brazos al Duque de Alba en Ratisbona, donde se hallaba convocada la Dieta entendiendo en el conflicto político-religioso promovido por el protestantismo. (Navarrete, 32.) Era también aquella ciudad punto de reunión para los caballeros que acudían al socorro de Viena.
[190] «El Príncipe turco, Solimán, que dos años antes había sojuzgado la Hungría y puesto, aunque infructuosamente, cerco sobre Viena, salió segunda vez de Constantinopla con innumerables gentes, para repetir el asedio de aquella ciudad.» (Navarrete, pág. 32.)
[191] Eran gentes de diversos pueblos y opiniones, pero con un solo propósito e intención. Los nuestros ocupaban mucho menos terreno que los enemigos... Este pasaje ha tenido mala interpretación en la edición de Castro.
[192] Sobrar: exceder, sobrepujar. V. [Eg. I, v. 28, nota].
[193] Sobrado: el que excede a otro. V. [Eg. I, v. 28, nota].
[194] En el ejército del César había alemanes, flamencos, italianos y españoles: «El Emperador al ver la gran tempestad que sobrevenía pidió auxilio a la Dieta, escribió al Marqués del Vasto para que recogiese toda la infantería española que acababa de poner fin a la guerra de Florencia, y juntase más italiana, avisó a los hombres de armas ordinarios de Flandes y Borgoña, y pidió a los grandes y ciudades de España apercibiesen hombres de armas y todo recaudo, preparándose a sostener solo este glorioso empeño, en que ni el Rey de Francia ni el de Inglaterra quisieron ayudarle.» (Navarrete, pág. 32-33.)
[195] Tirar, quitar, apartar.
[196] Su gente, no se refiere al guerrero, sino al cauto italiano, que en el valor del Duque recordaba el de los famosos capitanes de la antigua Roma.
[197] Habla en estos versos de Cornelio Escipión el primer Africano, única esperanza de la República, vencedor del terrible y duro Aníbal, y demoledor de la fiera Cartago.
[198] así molesta, acaso deba interpretarse tan molesta, del mismo modo que en frases como «no puedo dudar de un hombre tan honrado; tan cordiales relaciones quedaron rotas»... En el castellano antiguo, tan y así tenían un valor equivalente en comparaciones. (V. R. Menéndez y Pidal, El Cantar de mío Cid, tomo I, parte II, § 180.) Compárense en esta misma égloga, versos [1671], [1735] y [1769]. El Brocense interpretó de otro modo «dividiendo aquella palabra, assí, en dos, a sí, que es en latín sibi», y la mayor parte de las ediciones han seguido esta enmienda del Brocense.
[199] Se entiende mejor leyendo el pensamiento ambigo, como propone Tamayo, fol. 67; el estado cristiano estaba en dubio, [v. 1493]; el suceso de esta guerra era dudoso, [v. 1578]; su remedio, por consiguiente, ambiguo. Las tropas del César apenas eran, en efecto, la mitad de las que llevaba el sultán. (Navarrete, pág. 43.) La forma ambigo corresponde a ambiguo, como inicas a inicuas, [verso 1223], y como antigo a antiguo.
[200] «Salió, el Emperador, de Ratisbona con la caballería flamenca y un lucido tren de artillería, pasando por el Danubio a Linz, seguido de numerosa comitiva en barcas construidas al efecto, con el nombre de nasadas, cuya dilatada hilera formaba una escuadra de sorprendente vista.» (Navarrete, pág. 42.)
[201] Gran tirano: entiéndase por el Sultán de Turquía, Solimán el Magnífico, contra quien fue toda esta expedición.
[202] «Los Cíclopes fueron unos salvajes en Sicilia, que no tenían más de un ojo en la frente, y eso quiere decir en griego Ciclops. Dicen los poetas que son los herreros de Vulcano, al cual llaman aquí el gran maestro.» (Brocense, nota 191.)
[203] Nuestro lenguaje antiguo empleaba las formas esora, la hora, a esas horas, etc., con el valor castellano actual entonces, como el francés alors y el italiano allora; esta interpretación conviene en este caso a aquellas horas, en vez de suponer como Tamayo, notas, fol. 68, el latinismo ora por ribera, cuyo uso, si ha existido, debió ser rarísimo en castellano: comp. a la hora, [Canc. IV, v. 49, nota].
[204] Noticioso el Sultán de los preparativos con que acudía el Emperador, retirose de Viena a Gratz, sin aventurarse a darle la batalla, y después retrocedió definitivamente a Constantinopla. (Navarrete, págs. 42 y 43.)
[205] «Don Fernando estuvo en la persecución de algunos de los capitanes enemigos, y anhelando teñir su espada en sangre turca, sintió que la suerte no preparase a los imperiales más difíciles triunfos.» (Navarrete, pág. 43.) Cree este autor que Garcilaso no debió tomar parte en estos sucesos por haber sido desterrado por el Emperador desde el principio de la jornada, cuando el Duque y el poeta llegaron a Ratisbona. (V. [nota] a la Canc. III, v. 3.)
[206] Cuentan que los antiguos coronaban con ramos sus naves después de una victoria, y que tales ramos solían poner en el sagrario o capilla de popa; a esta costumbre pudo aludir Garcilaso, aun cuando lo que dice puede también decirse metafóricamente por las naves que volvían vencedoras.
[207] Ha dicho el Sr. Menéndez y Pelayo, Antología, XIII, pág. 54, que el pastor Albanio, enfermo de mal de amores por la hermosa Camila, debe de ser el Duque de Alba, D. Fernando; a esto quiero decir que no acierto a comprender cómo a Garcilaso pudo ocurrírsele introducir dos veces al Duque en esta Égloga con tan distinto carácter, a saber: como Duque en persona y como pastor; como esposo enamorado, correspondido y satisfecho, y, a la vez, como amante desesperado y loco furioso; téngase presente que mientras Nemoroso ha estado elogiando al Duque por su prudencia y su valor, ha tenido a sus pies al mismo Albanio, aletargado y rendido en su locura.
[208] Es necesario leer glo-ri-o-so, como o-di-o-sas, [soneto XVI, v. 1]; nuestros poetas clásicos medían a la manera latina e italiana, la-bi-os, o-di-o, glo-ri-a, y del mismo modo los derivados fu-ri-o-so, in-ge-ni-o-so, etc. (V. Elías Zerolo, Noticias de Cariasco y del empleo del verso esdrújulo en el siglo XVI. Legajo de Varios, París, 1897, y F. Rodríguez Marín, Luis Barahona de Soto, págs. 405-411.)
[209] lustre por lustro, que fue primitivamente espacio de cuatro años, y que «el uso y abuso de los gramáticos lo ha hecho de cinco». (Herrera, pág. 267.) Cuando la expedición a Alemania (1532) el Duque D. Fernando solo tenía veinticinco años, y Garcilaso veintinueve.
[210] coruscar, lucir, brillar. El Dicc. Aut. solo da coruscante y corusco, «resplandeciente, sumamente lucido y brillante».
[211] Describe pastoralmente el tiempo de la cena, de la cual es indicio el humo que sale por los alcores, chimeneas.
[212] Garcilaso dedicó esta Égloga, según afirmación de D. Antonio Puertocarrero, su yerno, a D.ª María de la Cueva, esposa de D. Juan Téllez Girón, Conde de Osuna, fundador del Colegio Mayor y Universidad de dicha villa, y gran amigo de los hombres de letras. D.ª María, ya viuda, fue Camarera mayor de la Reina D.ª Isabel de Valois, tercera mujer de Felipe II, y falleció en Madrid a 19 de abril de 1566. (V. F. Rodríguez Marín, Luis Barahona de Soto, Madrid, 1903, pág. 73.)
[213] Garcilaso no ha dejado más octavas rimas que las que componen esta Égloga y la que nos conservó Castillejo (V. [Apéndice IV]): «La octava rima, enteramente desconocida en todas las literaturas de la Península antes de Boscán, es una de las adquisiciones más importantes que este hizo para nuestra métrica, y quizá el género en que sobresalió más. Su modelo inmediato, aunque no único, fueron las estancias compuestas por Bembo para el Carnaval de la corte de Urbino en 1507.» (M. Menéndez y Pelayo, Antología, XIII, 237.)
[214] Entiende Tamayo, fol. 68, «que es demasía sin fruto decir que la lengua está en la boca, pues ¿adónde había de estar?,» y sin más que esto, en algunas ediciones se ha corregido el presente verso, imprimiendo: «Mas con la lengua muerta y fría la boca», que es la lectura que el mismo Tamayo proponía. Yo respeto tal demasía porque he visto que Herrera, más escrupuloso que nadie en estas cuestiones, la conserva, y el elegante prosista Cienfuegos, hablando precisamente de la muerte de Garcilaso por la honda impresión que causó en el espíritu del Marqués de Lombay, la repite diciendo: «él vio fría y difunta en su boca aquella espiritosa lengua, ramillete de las más cultas flores de la erudición y de la elocuencia...» (Vida del Grande San Francisco de Borja, Madrid, 1726, pág. 48.)
[215] «Carta por el papel, en significación latina o italiana.» (Azara.)
[216] «En Boscán se hallan en una estancia de una canción los versos que dicen:
“Hablaré yo lo menos que tuviere
Que esto será lo más que yo pudiere.”
¿Quién tomó a quién en este último verso? ¿Boscán a Garcilaso o Garcilaso a Boscán? Tamayo afirma, notas, fol. 69, que Boscán aprovechose de este verso como de hacienda de amigo. Ignoro en qué se fundó para decir lo que dijo.» (Castro, pág. 21.)
[217] Nadie ha hablado de Garcilaso que no haya repetido este famoso verso, el cual glosa Cienfuegos (Vida del Grande San Francisco de Borja, Madrid, 1726, pág. 50) de esta manera: «Él había nacido para decidir aquella antigua batalla entre las armas y las letras, siendo a un tiempo milagro de ambas escuelas... Él hizo cantar las Musas al son de los clarines y de las cajas roncas, como al compás de las cítaras templadas...»
[218] somorgujar y somormujar, verbo que significa meter debajo del agua, chapuzar, zabullir; la forma verbal se ha hecho sobre el substantivo somorgujo, cuya etimología es * submergulio, derivado de submergo, y con el sentido de submergulus. (V. R. Menéndez Pidal, Gramática Hist. § 65.)
[219] calar, bajar, descender. «Entonces se levantó (Don Quijote) y... dándole soga el primo y Sancho, le dejaron calar al fondo de la caverna espantosa.» (Don Quijote, I.ª Parte, cap. XXII.)
[220] lacivo por lascivo, como picina por piscina. (Santa Teresa, Las Moradas, ed. Cl. Castellanos, Madrid, 1910, 11-23; v. [nota] al v. 383 de la Eg. I.)
[221] «Burlaba un poeta de este verso: nadando dividieron y cortaron, porque parece que hay en él ripia para henchir el verso, y sobra el cortaron. Digo que de no entender el punto, se erraba él, porque se ha de leer:
El agua clara con lascivo juego
Nadando dividieron; y cortaron,
Hasta que el blanco pie, etc.»
(Brocense, nota 219.)
[222] Por lo visto alguno protestó de que el poeta sacase de las aguas a estas ninfas, que siendo moradoras de dicho elemento no podrían vivir en tierra seca. Tamayo defiende a Garcilaso con el testimonio de varios autores clásicos.
[223] delgadeza, domestiqueza, [Eg. II, v. 180], y selvatiquez, [Son. XXVIII], tienen procedencia italiana.
[224] «Debe Toledo a Garcilaso muchas alabanzas, pues no deja ocasión en que las olvide; y aquí no son encarecidas, sino verdaderas las del oro de sus arenas, pues hasta hoy se experimenta lo que en los tiempos antiguos fue tan recibido.» (Tamayo, notas, fol. 71.) Del aurífero Tajo hablan muchos autores latinos.
[225] El de Tracia es Orfeo, a quien se refieren las dos octavas siguientes.
[226] «No dejaré de notar el cuidado de las palabras de Garcilaso en todo lo que es ornato de las mujeres, cuya blancura, particularmente en los pies, repite tantas veces.» (Tamayo, notas, fol. 65.)
[227] Por si alguno aspira a resolver la cuestión advertiré que hay discrepancia entre los autores sobre si la sierpe que mordió a Eurídice fue pequeña o grande. (V. Brocense, nota 215.)
[228] En otro lugar, [Eg. II, v. 942], fue necesario decir parte de esta fábula. Dejaron, pues, a Orfeo, marido de Eurídice, que sacase a su esposa de los infiernos, pero con la condición de que no había de mirarla hasta que saliese de los límites y jurisdicción de ellos, y no habiendo podido abstenerse de verla, le fue arrebatada por segunda vez; Orfeo, desesperado de su infortunio, retirose sobre el monte Hemo. (Ovidio, Metam., lib. X, fáb. I.)
[229] Hallábase Cupido ofendido contra Apolo porque este se había atrevido a burlarse de las astucias del Amor; fue su venganza dispararle una flecha dorada para rendirle al amor de Dafne, y, al mismo tiempo, inspirar a esta un gran desamor hacia Apolo.
[230] La fábula de Apolo y Dafne se trata más adelante en el Son. XIII.
[231] Cupido hiere con dos géneros de saetas; con las de oro engendra el amor firme y verdadero, [v. 152]; con las de plomo inspira la antipatía y el desdén. (Ovidio, Metam., lib. I, fáb. X.)
[232] Adonis, hijo de Mirra, de famosísima belleza, fue amado de Venus con la mayor ternura. Un día estando cazando hirió a un jabalí, el cual se volvió contra él con la mayor furia y le mató. (Ovidio, Metam., lib. X, fáb. X.) Y quieren decir que aquel jabalí no fue sino el dios Marte, enamorado de Venus, y convertido expresamente en aquella fiera para matar a Adonis por los celos que le tenía. (Brocense, nota 217.)
[233] Porque Herrera creyó excesivo el color de este detalle, contesta Tamayo, notas, fol. 71: «Melindre es llamar complosiones torpes estos afectos cuidadosos en Garcilaso, pues es imitación de Virgilio; díjolo doctamente nuestro poeta con alusión a la costumbre antigua de recibir con la boca, los parientes y amigos, el último aliento de los que se morían...»
[234] Pinta Garcilaso en las dos octavas siguientes «la ciudad, cabeza y asiento del Imperio de España, Toledo, su patria, con tanta grandeza y suavidad de palabras, que dudo haya cosa mejor tratada en todas sus obras, ni más digna de la majestad de tan insigne madre, ni del ingenio de tan noble hijo...» (Tamayo, notas, fol. 72.)
[235] «Aquí comienza un género de Bucólica que llaman los griegos canto amebeo, que es responsorio, en el cual se suele guardar esta ley: que el que comienza es libre, y puede mudar propósitos, mas el que responde y sigue, o ha de decir mucho más en la misma materia, o lo contrario; y ansí se hace aquí imitando el proceder de Virgilio en la primera y séptima Égloga.» (Brocense, nota 225.)
[236] Describe exactamente el curso del Tajo en torno de la ciudad de Toledo.
[237] Refiérese a las ruedas de las azudas, máquinas hidráulicas con que se saca agua de los ríos por el impulso de su misma corriente. «Se llaman azudas, voz arábiga, significadora de su color y de su ruido, propiedad particular de las lenguas orientales.» (Tamayo, notas, fol. 73.)
[238] «En la pompa funeral que las diosas silvestres hacían a la ninfa, observa sin afectación, Garcilaso, la costumbre de los entierros antiguos... Los antiguos esparcían flores sobre los cuerpos o sepulcros de sus defunctos... Flores cortadas para dar a entender, sin duda, la fragilidad de la vida que retratan las rosas...» (Tamayo, notas, fol. 73 y 74.)
[239] «Era señal de tristeza el desperdicio de los cabellos; en los libros sagrados no hay pocos ejemplos de los hebreos,» y lo mismo entre griegos y latinos. (Tamayo, notas, fol. 74.)
[240] Recuerda nuevamente Garcilaso la muerte de doña Isabel Freyre. (V. [Eg. I, v. 2, nota].)
[241] «Una ninfa muerta, a quien las divinidades de los bosques, saliendo de los árboles en que están metidas, cantan y lloran a su vez, y después de haber cumplido con esta triste solemnidad, se vuelven a esconder en los huecos mismos de las encinas, era un argumento nuevo, al paso que sencillo, y que por su naturaleza y por la calidad de los interlocutores podía ser enriquecido con todas las galas del sentimiento y la fantasía.» Tal decía D. Manuel José Quintana (Poesías castellanas, ed. 1830, pág. 371.) a propósito de la famosa Égloga de Barahona de Soto, llamada de las Hamadríades, cuyo argumento, como se ve, dejó indicado Garcilaso en este lugar.
[242] El Brocense dice que halló en un libro antiguo, en vez de degollada, igualada, que significa amortajada. Herrera afirma que degollada se tomaba por desangrada, «como decimos cuando sangran mucho a uno, que lo degolló el barbero.» Covarrubias en su Tesoro de la Lengua castellana, escribe: «Cuando sacan a uno mucha sangre por las venas, solemos decir que conviene degollarle, si el accidente requiere tanta evacuación.» Azara dice que «más natural era que se leyese en el verso desangrada, puesto que D.ª Isabel murió de sobreparto. Tamayo acepta la voz degollada siguiendo a Herrera.» (Castro, pág. 22.)
[243] Dice al mar de Lusitania porque D.ª Isabel era portuguesa; había venido a la Corte española como dama de honor de la Infanta D.ª Isabel de Portugal, casada en 1526 con Carlos V.
[244] Es encarecimiento de las labores de las ninfas, pues el presentar como en relieve figuras llanas «es artificio de la mejor pintura»... (Tamayo, notas, fol. 76.)
[245] trastornarse, trasponerse. Barahona de Soto dio a trastornarse esta misma acepción en los siguientes versos de su Égloga III:
«Cual con sencillo rostro y pecho tierno
Al levantar del sol o al trastornarse
Te ofrecerá el panar recién cogido...»
[246] «Adagio es latino: Aquae furtivae dulciores. Mucho sabe lo hurtado.» (Brocense, nota 225.) No latino, sino hebreo, cree Tamayo, fol. 77, esto de que las aguas hurtadas son las más dulces o las que mejor saben.
[247] «Aquí, sin duda, se descuidó nuestro poeta, porque hace dos vientos, siendo uno; porque al que los griegos llaman zephyro, porque trae vida, llaman los latinos favonio, porque favorece la vida, de modo que la cosa es una y los nombres son dos.» (Brocense, nota 227.) A este parecer se inclina también Herrera; pero D. Tomás Tamayo defiende a Garcilaso con el testimonio de muchos escritores antiguos que, como él, tuvieron a zefiro y favonio por vientos diferentes, notas, fol. 78. D. Adolfo de Castro, pág. 23, prescindiendo de esa defensa, cree que, «o Garcilaso se engañó o puso el nombre de otro viento que equivocaron los escribientes o los impresores». Queda, pues, esta cuestión en planta como la de la sierpe de Eurídice, [Eg. III, v. 130].
[248] «El cuerno de Amaltea —o cornucopia—, que denota la fertilidad y abundancia de las cosas, no era de buey como fingían los pintores, sino de plata, que quien la tuviere puede pedille lo que quisiere, que se lo dará. Fue Amaltea... una mujer vieja y muy rica que contrataba, la cual guardaba en un cuerno la mayor parte de la ganancia... y robándoselo Hércules lleno de dineros, vivía a su gusto y deleite, y de aquí tuvo origen decir que el cuerno de Amaltea ministraba a Hércules todos los bienes.» (Herrera, pág. 686.)
[249] Dijo Garcilaso esto de morir la yerba «por la opinión de Pitágoras que creía que las plantas y otras cosas, no solo vivían, sino que sentían el mal que les hacían; o porque la resolución de la forma no es otra cosa que muerte.» (Tamayo, notas, fol. 79.) Esto último, sin necesidad de acudir a la doctrina pitagórica, es suficiente explicación, dada la natural inclinación y libertad que tienen los poetas para suponer vida y sentimientos en lo inanimado.
[250] escogiolo. Andrés Rey de Artieda en sus Discursos, epístolas y epigramas de Artemidoro, Zaragoza. 1605, censuraba a Garcilaso esta forma, porque, según él, sería más concreto escogiole. (Castro, pág. 23.) Nuestro texto —es decir, el de Herrera— es loísta, [Eg. II, v. 1088], [1099], [1307], [1308], [1364], [1399], [1400], [1567], etc.; en todos estos casos el de Tamayo es leísta. La indecisión entre le y lo, que aún dura en nuestra lengua, viene manifestándose desde los textos más antiguos. (V. R. Menéndez Pidal, El Cantar de Mío Cid, tomo I, Parte II, § 130.)
[251] Al Duque de Alba en la muerte de D. Bernardino de Toledo, su hermano. — De regreso de la conquista de Túnez (1535), y de resultas de los muchos padecimientos que en aquel país ardiente, seco y arenoso había pasado, murió el gallardo joven D. Bernardino de Toledo, hermano del gran Duque de Alba y amadísimo amigo de Garcilaso. Murió en Túnez, según Argote de Molina, Nobleza de Andalucía, lib. II, cap. XXII; en Trápana, camino de Palermo, según Sandoval, Historia de la vida del Emperador Carlos V, lib. XXII, § 48, o en la ciudad de Palermo, como dice Navarrete, pág. 67, desmintiendo a los anteriores.
[252] «Frase italiana.» Azara, pero por empero: «quise, no obstante, probar si me bastaría el ingenio para escribirte»...
[253] «Algunos, pareciéndoles que está falto este verso de Garcilaso, no considerando la diéresis, lo han enmendado o dañado desta suerte: No quedará ya toda tu alma entera; pero Garcilaso que conocía mejor los números, se contentó con aquel modo, porque demás de sinificar así la falta del alma, que él pretendió mostrar, no es flojo número de verso, sino artificioso y no ajeno de suavidad.» (Herrera, 305. Del mismo parecer es Tamayo, notas, fol. 30.)
[254] Erídano es el río fabuloso donde las Helíades, hermanas de Faetón, lloran su muerte convertidas en álamos. ([Son. XII], 14.) Han creído muchos que se trataba del Po, otros, del Ródano, y autor de tanta antigüedad como Esquilo, dijo que era un río de España. (Herrera, 305.)
[255] Lampecie, Lampetura y Faetura fueron las tres Helíades.
[256] Censuró Juan de Mal-lara la dislocación de esta frase tal como aparece en el verso, y defendieron a Garcilaso Herrera y Tamayo: «la prosa no tiene licencias, a los versos se les consienten... el juicio de la una se puede quedar al oído, como el de la otra a la licencia de los poetas; pero menos lo fue Mal-lara, que docto y hombre de bien, y rara vez juzgan bien de los poetas los que no lo son». (Tamayo, notas, fol. 31.)
[257] «Abastanza. Voz antigua, hoy desusada enteramente en nuestra lengua. Los italianos la han conservado.» (Azara.)
[258] «Más propio es esto que dice Garcilaso para alabar una dama que a un caballero... mas, porque D. Bernaldino era mancebo de edad tierna que no había dado muestra de su valor, pudiera emplear esto en lamentar las esperanzas perdidas.» (Herrera, pág. 311.) Esta misma consideración requiere el pasaje de la [Eg. II, v. 1254] y siguientes. Por lo demás, en muchos autores antiguos se encontraron ejemplos semejantes, «porque la hermosura es siempre digna de imperio y no desdice a la fortaleza viril». (Tamayo, notas, fol. 56.)
[259] «Declara la índole y lo que prometían las esperanzas de su valor.» (Herrera, pág. 312.)
[260] «Cosa muy usada fue poner dioses a los ríos, pintándolos recostados, y alzado el medio cuerpo, y con las urnas debajo el brazo, enviar de allí los ríos como de una fuente; coronábanlos por la mayor parte con guirnaldas de cañas, y cubiertos hasta el ombligo de un carbaso, que es vestidura floja y ancha, y desnudos la parte superior del cuerpo; tal se ve Tibre en Roma en casa Cesi, tal Arno en los huertos del Pontífice y tal describe Virgilio en el 8.º al mesmo Tibre...» (Herrera, 312.)
[261] Trinacria es lo mismo que decir Sicilia. (Herrera, 316.)
[262] Los lascivos sátiros, compañeros de Baco, provocadores y deshonestos, con su busto de hombre, cuerpo de caballo y patas de carnero, tuvieron para los antiguos tal realidad, que algunos historiadores hablan de sátiros de carne y hueso conocidos por las gentes. (V. Herrera, 317.)
[263] Refiérese a Héctor, defensor de Troya, vencido y muerto por Aquiles.
[264] Recuerda de nuevo la fábula de Adonis. (Véase [Eg. III, 176, nota].)
[265] Oeta es un monte de Tesalia que, según Estrabón, lib. 9, se extiende de oriente a occidente, desde las Termópilas hasta el golfo de Arta. (V. Herrera, 331.)
[266] «Alcides se llamó Hércules por su gran fuerza, porque en griego Alce es fuerza. Otros dicen que por su agüelo Alceo. Dicen que sintiéndose morir de la ponzoña de la camisa, que su mujer Dejanira le había enviado, hizo una hoguera en el monte Oeta y allí se quemó. Esta ficción quieren que sea la purificación de los excelentes hombres que suben a ser dioses, dejando acá la vestidura grosera del alma.» (Brocense, nota 59.)
[267] «El claro padre. D. García de Toledo, que murió en los Gelves de poca edad. El sublime abuelo. D. Fadrique, Duque de Alba.» (Azara.)
[268] «El mar, sin duda, cerca la tierra y la tierra el mar, mas creyendo los antiguos que este era mayor, dijeron que la coronaba... Pero los modernos que con curiosidad lo tienen especulado, prueban ser mayor la tierra que el Océano, según, no sus superficies, sino sus cuerpos, en que es, sin comparación, mayor la tierra, como fácilmente se deduce de sus diámetros...» (Tamayo, notas, fol. 35.)
[269] Como si dijese desde el polo Sur al polo Norte Calisto es la Osa Mayor. Antes fue una bella ninfa de quien Júpiter anduvo enamorado. La iracunda Juno la convirtió en osa, y entonces Júpiter la transportó al cielo. (Ovidio, Metam., lib. II, fáb. IV.)
[270] Elegía a Boscán; la escribió Garcilaso a su amigo desde Sicilia, de regreso de su expedición a Túnez con el ejército del Emperador, año de 1535. Esta Elegía y la anterior debieron ser escritas hacia la misma fecha.
[271] «Anquises fue hijo de Asáraco y padre de Eneas, que lo engendró en Venus junto a la Ribera de Simois, río de Troya.» (Herrera, 356.)
[272] «Este confusísimo terceto quiere decir que el Mantuano Virgilio, en sus eternos versos, nos conserva la memoria de que Anquises está enterrado en Trápana —ciudad de Sicilia—. Libro III de la Eneida.» (Azara.)
[273] «Llama César Africano al Emperador Carlos quinto porque venció a África.» (Brocense, nota 66.)
[274] De la celebridad de este verso dan testimonio Sa de Miranda, en su égloga Nemoroso; Barahona de Soto, en su soneto a Herrera, a propósito de las Anotaciones, y Lope de Vega, v. Cayetano A. de la Barrera, Nueva biografía, tomo I de las Obras de Lope de Vega, publicadas por la R. A. Española, Madrid, 1890, pág. 122.
[275] Dice Cienfuegos (Vida del Grande San Francisco de Borja, Madrid, 1726, pág. 49) que «lo que más robaba en Garcilaso la afición del Marqués de Lombay... era el no haber sentido jamás en sus labios respiración que empañase la fama ajena...; escribiendo con pluma elegante en todos los estilos, solo parece que ignoraba el de la sátira, en que son elocuentes y agudos aun los menos discretos».
[276] Llama la patria de la Sirena a Nápoles, que antes se llamó Parténope, por una de las tres Sirenas así llamada, cuyo cuerpo allí se halló. (Brocense, nota 66.)
[277] Nápoles fue tierra de muchos deleites y regalos, según el testimonio de los clásicos (V. notas de Azara y Tamayo, y acaso por esto la tradición la hizo patria de las Sirenas.) Era una ciudad nobilísima, vestida de jardines y bellos edificios, y llena de caballeros y gente rica, «domicilio de hombres ociosos, que muchos, por huir de negocios, se iban de Roma a ella». (Herrera, págs. 359-364.)
[278] Sobre estos amores a que alude el poeta véase adelante, [nota al Son. XXVI, v. 1].
[279] «Quiere decir: Este temor persigue la esperanza y oprime el gran deseo de su holganza, con el cual deseo van mis ojos.» (Brocense, nota 69.)
[280] «La túnica de diamante significa la fortaleza, que tan importante es para la guerra; aunque escribe San Isidoro que pintaban a Marte con el pecho desnudo y sin armas, porque el que se halla en la guerra, se debe arrojar en la batalla sin miedo de la muerte.» (Herrera, pág. 346.)
«Y en medio de la guerra peligrosa...
Te acuerdas del amor y del ausencia
Y maldices allí el rigor de Marte
Pronosticando en ti dura sentencia...»
(Cristóbal Mosquera de Figueroa, Elegía a la muerte de Garcilaso, Anotaciones de Herrera, pág. 40.) Pocos meses después de escribir Garcilaso la presente Elegía se cumplió, en efecto, este siniestro presentimiento de su muerte.
[282] «Y se cumplió —su pronóstico— hasta en sus términos literales, porque murió... asaltando una torre como a su valor cuadraba, pero no cayó traspasado de hierro agudo y fuerte, sino prosaicamente descalabrado por una piedra...» (M. Menéndez y Pelayo, Antología, XIII, pág. 147.)
[283] Las venas dulcemente desatado, es una cláusula casi absoluta en que el participio desatado no concierta con el substantivo de su oración, venas, sino con el sujeto principal, aquel, mantenido por el pensamiento aun dentro de la aposición; en prosa habría que decir, las venas dulcemente desatadas. Es tan rara tal construcción que las gramáticas no dan cuenta de ella; sin embargo, pueden recogerse algunos ejemplos:
—«Los alemanes, — El fiero cuello atados, — Y los franceses van domesticados.» (Garcilaso, [Canc. V, v. 18].) — «Desnuda el pecho anda ella.» (Góngora.) — «Desnuda el pecho, el brazo descubierta.» (Góngora.) — «Febo... cantó — Revuelto en oro la encrespada frente.» (Herrera.) — «estuve... ya entregado — Al agudo cuchillo la garganta.» (Ercilla.) — «El cuerpo de nieve pura — Que excede a toda blancura — Vestido del sol los rayos — Vertiendo abriles y mayos — de la blanca vestidura.» (Cristobalina Fernández.) (V. Castro, Poetas líricos, etc., pág. 31, nota.)
[284] Elogia también la playa de Barcelona, patria de Boscán, D. Diego Hurtado de Mendoza en su carta V, a María de Peña (Auts. Esps. poetas líricos de los siglos XVI y XVII, pág. 59): «Que, como desparece Barcelona — Y huye aquella plaza gloriosa, — Ansí va enflaqueciendo la persona...»
[285] Alude a D.ª Ana Girón de Rebolledo, dama valenciana, esposa de Boscán. «Era de singular belleza, como se deduce de estos versos de Garcilaso. D. Diego Hurtado de Mendoza la llama sabia, gentil y cortés, en una epístola a Boscán. Este, en su respuesta, encarece la vida quieta, dulce y sosegada que llevaba en compañía de su esposa, de quien elogia con entusiasmo la belleza, bondad y discreción. Dícese que juntos leían y saboreaban los poetas clásicos, especialmente Homero, Virgilio, Catulo y Propercio, lo cual arguye en pro de la cultura literaria de doña Ana... Al frente de las ediciones de Boscán va un prólogo que, bien leído, a nadie puede ser atribuido sino a D.ª Ana...» (M. Serrano y Sanz, Apuntes para una Bibl. de Escritoras Españolas, Madrid, 1903, tomo I, pág. 459. V. Menéndez y Pelayo, Antología, XIII, págs. 131-136.)
[286] La presente Epístola es el único ensayo de verso suelto que de Garcilaso conocemos. Boscán y Garcilaso fueron los primeros artífices castellanos que se ejercitaron en esta clase de verso. En sus composiciones es preciso apreciar el valor histórico más que el artístico. El verso suelto tuvo que pasar por muchas pruebas antes de conseguir la perfección clásica del Aminta de Jáuregui. (V. Menéndez y Pelayo, Antología, XIII, pág. 239.)
[287] «...facilidad, descuido, libertad sin afectación de palabras ni exornación de sentencias, todo lo tiene esta carta, cuya llaneza, en vano y sin razón es culpada, pues ella es particular alabanza en este género de escritura.» (Tamayo, notas, fol. 38.)
[288] Garcilaso había venido desde Nápoles a Barcelona, enviado por el Virrey D. Pedro, para informar personalmente al Emperador de los desastres que había causado en las costas de Italia la armada de Barbarroja. Debió llegar a Barcelona poco después del 4 de septiembre de 1534, y estuvo en ella hasta el 1.º de octubre, en que emprendió su regreso a Nápoles, haciendo en doce días el camino, a caballo, desde Barcelona a Valclusa. (V. Navarrete, pág. 237.)
[289] De Boscán a Garcilaso hay una sincera expresión de amistad honda y sentida en el soneto: Garcilaso, que al bien siempre aspirante...
[290] En honor de Garcilaso se ha dicho que, en medio de la llaneza de esta carta, da idea de su erudición el hecho de que la mayor parte de sus consideraciones sobre la amistad coinciden con la doctrina de Aristóteles en su Ética, lib. VIII. (V. Conti, Col. de poesías castellanas, traducidas al italiano, Parte 1.ª, tomo II, pág. 345.)
[291] «Vulgar dicho es: Beatius est dare, quam accipere.» (Brocense, nota 76.)
[292] Volvía Garcilaso esta vez a Italia por la Provenza, patria de los trovadores, no siendo acaso prudente ir por mar a causa de las naves de Barbarroja que lo infestaban. (Navarrete, pág. 59.)
[293] Varlet, palabra francesa antigua, como vaslet, hoy valet: criado, fámulo.
[294] Argén, es otro galicismo, que solamente por donaire emplea Garcilaso en esta ocasión.
[295] Mosén Durall, uno de los mejores amigos de Boscán, fue un caballero principal y rico de Barcelona, maestro racional o contador del Principado, y hombre de noble trato y buen burlar, según el mismo Boscán en su Epístola a Hurtado de Mendoza. Era muy gordo el Dorall, y por eso dice Garcilaso lo de abrazad si pudiereis. (Herrera, pág. 384.)
[296] 12 del mes de octubre del año 1534. Escribe Garcilaso desde Valclusa, do nació madona Laura, claro fuego del Petrarca.
[297] como perdido: ciegamente, como loco. «Noto que es frase particular de las ponderaciones de nuestro poeta, esta como perdido, así en el [Son. VIII, v. 7]: Salen fuera de sí como perdidos.» (Tamayo, notas, fol. 17.)
[298] Hállase repetido este pensamiento en varios poetas, en Horacio, Petrarca, Tansillo, y aun en el mismo Garcilaso, [Eleg. II, v. 176] y sigs. Horacio en la Oda 22, libro I, acaba diciendo:
«...ya me ponga alguno
En la región al sol más allegada,
Do no vive ninguno,
Siempre será de mí Lalage amada:
La del reír gracioso
La del parlar muy más que miel sabroso.»
(Brocense, nota 19.)
[299] esecutarse, ejecutarse. (V. [Eg. II, v. 253, nota].) La doble ss que pone Herrera, conforme a la ortografía de su tiempo, en essecutarse, fuessedes, supiesse, desso, passarse, etc., no la conservamos en ningún caso.
[300] A esto aludió F. de Cangas, diciendo:
«Porque no quiere el amor — La muerte del amador, — Sino tomallo a partido; — Que perdonar al rendido — Es gloria del vencedor.» (Herrera, Anotaciones, pág. 224.)
[301] Lo de tendido en este verso y en el 13 de esta misma canción fue enmendado en rendido por D. Diego Hurtado de Mendoza, considerando aquella voz menos digna, «pero juzga doctamente D. Juan de Fonseca y Figueroa que no se ha de mudar, por ser modo ordinario de los poetas latinos jacere ante pedes... y en los griegos frecuentísimamente, mirando por ventura a la costumbre de los que rogaban tocando las rodillas y echados a los pies.» (Tamayo, notas, fol. 18.) (V. [Eg. II, v. 661, nota].)
[302] La amarillez de los que aman, dice Herrera que «debe proceder, por ventura, de tristeza y profundo cuidado, porque arrebatados en consideración de lo que desean, gastan y destruyen la propia virtud y impiden sus operaciones con la vigilia y trabajo de los espíritus», pero reconoce como causa general «la poca fuerza del calor natural que no puede digerir bien ni hacer buena sangre». (Anotaciones, pág. 225.)
[303] Contrastar: hacer frente, resistir.
[304] «Pensaron los antiguos que los vientos eran intérpretes y mensajeros que llevaban los ruegos y votos y todas las palabras a las orejas de los dioses... y los votos que no tenían suceso y eran vanos, pensaban que los vientos no los llevaban ante los dioses, antes los disipaban o arrojaban lejos, en regiones apartadas.» (Herrera, pág. 231.)
[305] Los últimos versos de esta estancia, mal conocidos en su forma original, han sido modificados a su manera por cada anotador, como puede verse en Tamayo, notas, fol. 20.
[306] Herrera llama aquí la atención con estas palabras: «Ningún poeta élogo (de elegía), conforme a lo que yo he leído dellos y me acuerdo, pudo alcanzar a decir tanto como esto.» (Anotaciones, pág. 233.)
[307] En esta Canción hay diez versos agudos, uno en la Canción primera, cuatro en la tercera y cuatro en el Soneto XXVII, y estos versos troncados o mancos, que llama el toscano, «son dinos de reprehensión», como dice Herrera, pág. 232. Tienen versos endecasílabos agudos el Marqués de Santillana, y en el Boscán, Sa de Miranda, Hurtado de Mendoza y otros. Siglo XVI. Parece seguro que en tiempos de Garcilaso, el rigor del criterio paroxitónico, o de acentuación grave, que después ha prevalecido, no se cumplía ni entre los mismos italianos, puesto que en el mismo Orlando de Ariosto hay cinco o seis casos de versos agudos. Hoy solamente son lícitos en ciertas combinaciones métricas. (Menéndez y Pelayo, Antología, XIII, págs. 219 y sigs.; Rodríguez Marín, Luis Barahona de Soto, págs. 414-417.)
[308] «Más abajo de Presbourg, ciudad de la Hungría occidental, se divide el Danubio en dos brazos, los cuales no se reúnen hasta Komorn, plaza fuerte de la Hungría oriental, y forman una gran isla a la que se ha dado el nombre de Schut. Previendo Carlos V —cuando el socorro de Viena, 1532— que Solimán podía traer embarcados por el río víveres y pertrechos de guerra, para estorbarlo envió algunas tropas a esta isla con orden de formar en ellas cuantas baterías se juzgasen necesarias.» (Navarrete, páginas 40-43.)
[309] En la isla de Schut, cuya frondosidad y belleza tanto alaba Garcilaso, estuvo él preso, en efecto, de orden del Emperador, desde marzo a junio de 1532, por su intervención en el desposorio de su sobrino con D.ª Isabel de la Cueva. Ya se ha dado noticia de este suceso en la Introducción.
[310] «... Tú, Danubio, río divino, — Envolviste en tus ondas sus razones...» (Elegía a la muerte de Garcilaso, por Cristóbal Mosquera de Figueroa, Anotaciones de Herrera, pág. 39.)
[311] Fieras tiene el valor de belicosas, y el poeta lo dice particularmente por los antiguos suevos, etc., pobladores de las naciones del Danubio. (Herrera, pág. 240.)
[312] De esta Canción hace Tamayo, notas, fol. 21, el siguiente elogio: «Es tal, que a mi ver, no tienen todas las lenguas juntas cosa más culta, y así, es la primera de las obras de Garcilaso, que cuando sola quedara de tanto como tenemos que agradecer al tiempo que nos ha conservado, como de quejarnos dél por lo que nos quitó, bastaba para la honra de un gran varón; porque si se mira la poesía, es cuidadosa; si la materia, importantísima; si la disposición, extremada; si la dificultad de la mucha filosofía que en sí encierra, reducida con suma claridad a lo que solo el ingenio capacísimo de Garcilaso podía comprehender, no otro...» Poco menos dice Herrera en sus Anotaciones, pág. 250.
[313] El licenciado Juan López de Úbeda dice en el prólogo de su Vergel de Flores divinas (1582) que Garcilaso, Boscán, Castillejo y otros muchos autores después de haber gastado tiempo en escribir versos a lo humano, vueltos en sí, y comprendiendo la vanidad de sus escritos, «escribieron cosas maravillosas a lo divino, como la Conversión, de Boscán, que anda escrita de molde; la Elegía al Alma, de Garcilaso, y ansí otras muchas». No se sabe a que elegía de Garcilaso alude Úbeda. (Menéndez y Pelayo sospecha que acaso quiso referirse a esta Canción cuarta, Antología, XIII, pág. 393.)
[314] «Confesado: habiendo publicado mi mal. Este verso humilló mucho la grandeza de esta estanza.» (Herrera, pág. 250.) Es la única alusión de Garcilaso al dogma católico.
[315] «Describe hermosamente aquella interna discordia y guerra en que contrasta, reluchando, la razón, con el apetito sensual y bruto...» (Herrera, pág. 252.)
[316] a la hora por luego, inmediatamente: el escribano Rodrigo de Idoyaga, que actuó en el proceso de Garcilaso por lo del desposorio, empleaba con frecuencia este giro: «dijo que estaba presto de las complir, y para ello ir a la hora a la villa de Tolosa.» «E luego a la hora, visto lo susodicho, el dicho Corregidor dijo:» (Navarrete, págs. 211 y 220.) «Él, avergonzado, conoció su yerro; pidió perdón, que le dio a la hora de buena gana, contento de sastisfacerse de su injuria con la muestra de su valor y esfuerzo.» (Mariana, Historia. Conquista de Sevilla.)
[317] Se rindió la razón al apetito.
[318] «Aquí moraliza la fábula de Tántalo, el cual fingen los poetas que está en el infierno metido en el río con el agua hasta la boca, y cuando quiere beber, le huye el agua.» (Brocense, nota 40.)
[319] «Moraliza la fábula de Venus, que fingen los poetas que la prendió Vulcano en una sutilísima red, tomándola en adulterio con el dios Marte.» (Brocense, nota 41.) «Clemente Alejandrino dice en el Libro 2.º de su Pedagogo, que las cadenas con que fue presa Venus... son el oro y ornato mujeril... los aderezos, y vestidos y joyas, señales del adulterio...» (Herrera, Anotaciones, pág. 256. Trató esta fábula Ovidio en sus Metamórfosis, lib. IV, fáb. III.)
[320] Escribió Garcilaso esta Canción a la Flor de Gnido —D.ª Catalina San Severino, hermana del Príncipe de Bisignano y viuda del Duque de Traggeto— para persuadirla a ser menos esquiva con Mario Galeota, su cortejante, gran amigo del poeta. Hay otras opiniones, como se verá en la [nota al verso 12]; pero esta, apoyada directamente en el testimonio de D. Antonio Puertocarrero, yerno de Garcilaso, parece la más autorizada. (Herrera, pág. 266.) De esta bellísima composición dicen los críticos que nada le faltó si acertó con su halago a conseguir lo que antes no pudieran los rendimientos y obsequios del galán. (Navarrete, pág. 52.) El nombre de Mario Galeota aparece otra vez en el [Soneto XXXIII].
[321] Este género de estrofas que Garcilaso trajo al castellano han quedado en nuestra poética con el nombre de liras por aparecer esta palabra en el primero de los presentes versos. Entre los que siguieron a Garcilaso escribiendo en liras sus canciones, ninguno honró tanto esta combinación métrica como el ilustre Fr. Luis de León.
[322] Tal fue el maravilloso prodigio que obró el infortunado Orfeo en los montes de Tracia lamentando la pérdida de su bella esposa Eurídice. (V. [notas a los versos 942, Eg. II], y [144, Eg. III].)
[323] «En Nápoles hay un barrio que se dice Il Seggio di Gnido, que es como una parte donde se ayuntan los caballeros. Allí había muchas damas, entre las cuales una, llamada Violante Sant Severino, hija del Duque de Soma, era servida de un amigo de Garcilaso llamado Fabio Galeota.» (Brocense, nota 43.) Por Fabio, hijo de Vicencio Belprato, Conde de Aversa, que sirvió a Violante San Severino, escribió Garcilaso esta Canción, dice Tamayo, fol. 10, sin tener en cuenta la explicación dada antes por Herrera; y de estas afirmaciones viene la duda sobre si los interesados en esta Canción fueron Mario o Fabio, Catalina o Violante.
[324] En lo de sublimes ruedas se debe entender carros triunfales. (Herrera, pág. 268.) Si aludiese a la rueda de Fortuna sería superfluo el plural ruedas, como dice Tamayo, fol. 24; mas Garcilaso habla de los Capitanes romanos y sus triunfos, y así sublimes ruedas serán los carros triunfales y sublimidad del triunfo en que aquellos Capitanes se manifestaban al pueblo entre trofeos de sus victorias y cautivos encadenados; «y al tiempo que los truhanes van delante de los carros triunfales diciendo: ¡Viva, viva la invencible Roma!, por otra parte los pobres cautivos van, en sus corazones, diciendo a los dioses: ¡Justicia, justicia!...» (A. de Guevara, Reloj de Príncipes.) (Razonamiento de un germano al Senado de Roma.)
[325] Aquellos capitanes que domesticaron a los alemanes y a los franceses fueron los romanos, domesticadores también de España.
[326] Dice bien Herrera, pág. 266, que lo de ver una alusión al nombre de Violante, en convertido en viola, y negar por ello que esta Canción fuese escrita a D.ª Catalina, «es conjetura muy flaca y de poco fundamento». La conjetura es del Brocense, nota 43.
[327] Venus apareció en el mar flotando en una concha. A la concha de Venus amarrado, es alusión al apellido Galeota, como si dijera galeote, forzado de la galera de Venus. En esto están de acuerdo el Brocense, nota 43, y Herrera, pág. 269.
[328] Palestra: «En la habla griega significa lucha. Halló la palestra Mercurio, y su invención dice Filostrato que fue en Arcadia; y por ser el autor della, fingieron que era su hija.» (Herrera, Anotaciones, 269.) Garcilaso dice la polvorosa palestra, por el lugar o sitio donde se lucha.
[329] De estos versos se deduce que el cortejante de la Flor de Gnido era poeta; y, al efecto, dice el Brocense, nota 43, que «entre las rimas de diversos poetas hay una elegía de Fabio Galeota a Violante, que comienza: Andrete senza me, chara Violante...» Tal noticia defiende mucho a Fabio en cuanto a la propiedad de esta Canción de Garcilaso; mas, por lo que toca a Mario, candidato de Herrera, siendo joven, cortesano, galanteador y amigo de nuestro poeta, en tiempos en que tanto se estimaba la poesía en los palacios, no es difícil suponer que también escribiría versos.
[330] «Este lugar muchos le han querido enmendar por no entenderle; quiere decir: No debe ser notada una dama de ingrata, pues no tiene otra falta.» (Brocense, nota 43.) «No debe merecer nombre de ingrata quien carece de todos los demás vicios.» (Herrera, 270.)
[331] «Esta fábula cuenta largamente — Ovidio, Metam., lib. XIV, fáb. XIII. En suma es que Ifis andaba muy enamorado de Anaxárite, y no pudiéndola enternecer a sus plegarias, amaneciole un día ahorcado a la puerta. Y ella, como le vio, quedose helada y fue vuelta en mármol.» (Brocense, nota 43.) Está traducida por D. Diego de Mendoza, en coplas españolas, en la carta que empieza: «Amor, amor que consientes — que los días se me alarguen...» (V. Auts. Esps. Poetas líricos de los s. XVI y XVII, pág. 73.)
[332] Por las venas la sangre iba... Los comentadores de Garcilaso han creído hallar en estos versos una noticia de la circulación de la sangre, anterior a las alusiones del español Servet y a la explicación científica del inglés Hervey.
[333] «Es Némesis la venganza divina que castiga los soberbios y sus arrogancias.» (Herrera, 273.)
[334] El primero que aclimató el soneto en España fue Boscán; Garcilaso acabó de perfeccionar su estructura. Antes que ellos, el Marqués de Santillana escribió sonetos castellanos, pero su ensayo no fructificó. Sobre esto véase M. Menéndez y Pelayo, Antología, XIII, págs. 227-232.
[335] Lope imitó ceñidamente este soneto en el primero de sus Rimas Sacras, y el Duque de Sesa túvolo por modelo cuando en otro soneto, «con puntas de festivo, pero con ribetes de melancólico», lamentó la ruina de su hacienda. (V. F. Rodríguez Marín, Barahona, pág. 68.)
[336] Es caso tan lastimoso acuchillar a un rendido que el amante pudo fiar en esta imagen para mover su dama a compasión. Asimismo dijo Torres Naharro: «¿Cuál honra te pudo ser — Dar lanzada a moro muerto...» (Herrera, pág. 82.)
[337] Resulta corto este verso, llanamente pronunciado. Herrera le impone una diéresis violenta: Y-en-do-me a-le-jan-do-ca-da-dí-a. Tamayo le antepone una sílaba: Y-yen-do-me ale-jan-do... Remedio más sencillo parece deshacer la sinéresis del verso que uno y otro conservan en medio del verso, midiendo: Yen-do-me-a-le-jan-do-ca-da-dí-a. A esto da derecho la libertad con que los clásicos usaron de la diéresis y de la sinéresis, como se ve en Lope: Se-a-jus-to o-no-sea-jus-to; y en Góngora: E-llas-po-nían-el-de-dal; Y-yo-po-ní-a-la a-gu-ja. (V. Rodríguez Marín, l. c. en la [nota, Eg. II, v. 15].)
[338] Dice el poeta que consolaría su amargura volviendo a ver a su dama, ¡teniendo siquiera la esperanza de volverla a ver!; fuera de esto, solo aguarda consuelo en la muerte; mas tan desgraciado se considera, que cree que ni la misma muerte le ha de hacer la misericordia de llevárselo —tan pronto como quisiera él—. Este mismo pensamiento puso Fernando de Cangas en una copla citada por Herrera en sus Anotaciones: «Y si es remedio a mi pena — Morir por causa tan buena — Yo sé que no moriré; — Porque no mereceré — Gozar de gloria tan llena.» El ilustre Azara dice que Garcilaso puso en los seis últimos versos de este soneto «una antítesis ridícula, esto es: que morirá si ve o no ve a su dama.» No es cierto: el poeta no dice que morirá si ve a su dama; todo lo contrario.
[339] Tras de la tempestad viene la calma. «Con lluvia y noche scura — Si el cielo se escurece, él se serena. — No si falta ventura — Agora ha de durar siempre la pena.» Horacio. (V. Brocense, nota 5.)
[340] Las amarguras de la ausencia inspiraron a Garcilaso, además del presente soneto, los núms. [III], [IX], [XIX], [XX] y [XXXVI]. Del presente y del [IX] sospechó Tamayo, fols. 7 y 8, que debieron ser escritos en la isla del Danubio, donde el poeta estuvo desterrado. Esto mismo puede sospecharse del núm. [XI].
[341] En este pasaje y en la [Canc. IV, v. 6], da Garcilaso a la frase traer por los cabellos un valor distinto de su uso corriente. Dice traer por los cabellos de la violencia con que es aportado al discurso algún argumento, autoridad o consecuencia: «puesto que los refranes son sentencias breves (dijo Don Quijote a Sancho), muchas veces los traes tan por los cabellos que más parecen disparates que sentencias»; pero Garcilaso no se refiere al discurso, sino a la violencia moral de ser una persona arrastrada involuntariamente a una determinada acción. Tornado, vuelto, era ya para Herrera voz envejecida y desusada.
[342] Conocer lo mejor y, sin embargo, seguir lo peor es dejar triunfar la pasión sobre el pensamiento, el apetito sobre la voluntad, y esto es tan humano y tan frecuente, que se encontrará repetido en muchos poetas; Herrera cita ejemplos de Ovidio, Petrarca, Chariteo, Salvago, Rebeiro y Hurtado de Mendoza.
[343] Empleamos hoy quien, quienes, cuando el relativo se refiere a persona o cosa personificada; pero el uso antiguo lo empleaba también algunas veces como relativo de cosa: «Quiérote contar las maravillas que este transparente alcázar solapa, de quien yo soy el alcaide...» (Cervantes.) Por ligero tinte de personificación que a una cosa se atribuya, como en este verso ocurre con inclinación, cabe el uso de quien, según se puede ver en Rioja, Ercilla, Jovellanos, Alcalá Galiano, etc. (V. Andrés Bello, Obras completas, tomo IV, Madrid, 1903, págs, 179-182.)
[344] El pensamiento de este soneto es muy común entre los poetas. El amante libre de pasados amores y de sus amarguras, jura no volver por tales pasos; pero se le ofrece una nueva ocasión, un amor que no es como los otros ni está en su mano poderse valer contra él, y el poeta rinde su corazón una vez más.
[345] Esta antigua costumbre, de la cual hablan Virgilio, Horacio, Tasso y otros muchos poetas, no se ha perdido aun entre los marineros, y particularmente la conservan los pescadores.
[346] Como, no me parece aquí correlativo de tal, leo así: «Yo, como vano e incauto había jurado nunca más meterme, etc...»
[347] al camino por en el camino; este uso de al se conserva aún como provincialismo: «Ricardo no estuvo al baile; le encontré al arco del Alcázar.» (Ávila.)
[348] como perdidos: ciegamente como locos. (V. [Canc. I, verso 12].)
[349] turo de turar: durar, permanecer. En los valles del Pirineo aragonés es aun corriente esta palabra en la forma de aturar: «atúrame exas crabas:=» detenme esas cabras.
[350] tamaño, tam magnus, quiere decir propiamente tan grande, pero aquí no con valor comparativo, sino absoluto, como cuando decimos: no se puede vivir en clima tan frío. Del uso de esta palabra en este verso han hablado largamente Herrera, Prete Jacopin y Tamayo de Vargas, y un buen comentario de ello se encuentra en Rodríguez Marín, Luis Barahona de Soto, pág. 680-681.
[351] «Este soneto es, sin comparación, el más dulce y suave de los de Garcilaso.» (Azara.)
[352] «Acordábase el Cisne que sus plumas habían vestido más color de fuego que de nieve... que su corazón había quemado muchas veces las alas en torno de unas luces mentidas... y comenzó a llorar lo que antes había cantado; porque derribando de su memoria las imágenes que habían ocupado sus aras, deshojando esperanzas y prendas antiguas, decía inspirado de mejor Numen: ¡Oh, dulces prendas por mi mal halladas!» (Cienfuegos, Vida del Grande San Francisco de Borja, Madrid, 1726, pág. 52.)
[353] También Herrera en un soneto decía al Betis: «... destilado — Iré en tu curso largo y extendido, — en llanto desatado — Seré en tus blancas manos recogido.» (Anotaciones, pág. 129.)
[354] Dicen que fue Dafne una hermosísima hija del río Perseo, de Tesalia, y que encendido Apolo en amor loco, la seguía, perdido por ella; y ya que la iba alcanzando, suplicó Dafne a la Tierra, su madre, que la recogiese en sí, librándola de aquel trance, y la tierra escuchó su voto y transformó a la doncella en un bello laurel, al pie del cual tanto ha llorado Apolo su imposible amor, que con sus lágrimas mantiene al laurel siempre verde y lozano. (Ovidio, Metam., lib. I, fáb. X.)
[355] El símil de la madre y el hijo doliente contenido en estos primeros versos, hállase también rimado por Boscán y Hurtado de Mendoza, y procede, según el Brocense, nota 16, y Menéndez y Pelayo, Antología, XIII, 302, del gran poeta del amor, Ausías March: «Li’n pren aixi com dona ab son infant, — Que si veri li demana plorant, — Ha tant poch seny que no l’sab contradir.» (Cants d’Amor, XXVIII.)
[356] Recuerda en estos versos el prodigio del amoroso llanto de Orfeo, por manera semejante a como se lee en las dos primeras liras de la Canción A la Flor de Gnido.
[357] Hizo Garcilaso este soneto como epitafio a la sepultura de su hermano D. Fernando, que murió de pestilencia en Nápoles, de edad de veinte años, hallándose en el ejército del Emperador Carlos V contra los franceses.
[358] Ese fiero ruido que quiere imitar el estampido del rayo que Vulcano labró en las fraguas del Etna para el padre Júpiter, es el ruido de la artillería, «cruelísimo linaje de máquina militar que llamaron bombarda, del estruendo y ardor, y nosotros lombarda... Pero no eran estas como las de ahora, sino más cortas y más gruesas, que por ventura debían ser las piezas que hoy llaman morteros.» (Herrera, págs. 149-150.)
[359] Parténope es la ciudad de Nápoles, como queda dicho en la [Eleg. II, v. 38].
[360] «Por ventura fue este numeroso y bellísimo y afectuoso soneto escrito a Julio César, poeta napolitano, de la nobilísima casa Caraciola de aquel reino.» (Herrera, página 184.)
[361] Garcilaso, partiendo de Nápoles, parece ser que había ido precisamente adonde vivía la dama de Julio, y Julio había quedado en Nápoles, donde vivía la dama de Garcilaso; uno y otro, pues, podían cambiarse nuevas, noticias, de sus damas respectivas. ¿Por qué ha de ser ridículo de puro exquisito, este modo de explicarse? Azara es algo descontentadizo: Garcilaso no escribió este soneto para nosotros, sino para Julio, que estaría bien enterado de los pormenores de su asunto, y que, por consiguiente, no había de tropezar en las dificultades de que Azara protesta.
[362] Una ausencia de la dama del poeta le inspiró las quejas del presente soneto.
[363] En un ejemplar antiguo que manejó el Brocense, nota 24, leíase largueza en vez de guerra, palabra que, a mi juicio, aclara más el pensamiento del poeta, el cual, acongojado por la partida de su dama, abrázase a su propia pena, deseando atajar así la largueza del camino, es decir, deseando abreviar su vida.
[364] «Este soneto fue escrito a D. Pedro de Toledo, Marqués de Villafranca y Virrey de Nápoles; aunque algunos piensan que a D. Alonso de Ávalos, Marqués del Vasto, grande amigo de Garcilaso.» (Herrera, pág. 168.)
[365] «El argumento de este soneto es caso particular, y por eso difícil de inteligencia. Parece que yendo a ver a su señora, que tenía descubiertos los pechos, el poeta puso los ojos en ellos, alargándose en la consideración de la belleza del alma, aunque el duro encuentro de la hermosura corporal impidió su intento, y compelió a olvidar su primer pensamiento y parar en la belleza exterior.» (Herrera, pág. 170.)
[366] La precedente explicación pareció a Herrera más acertada que las demás conjeturas que se le ocurrieron, y en esto coincidió con el Brocense, el cual decía de este primer terceto, que la dama, pesándole de que el poeta le hubiese visto el pecho, «acudió con la mano a cubrillo y hiriose, con algún alfiler de la beatilla, en él». (Nota 25) Tamayo, fol. 11, se muestra conforme con esta interpretación más material que espiritual; sin embargo, Azara dice que «las circunstancias con que lo visten Herrera y Sánchez son conjeturas que no satisfacen».
[367] gonna: ropa larga de mujer, a manera de bata. El poeta, considerando la picadura del alfiler como golpe de saeta de amor, se duele de que su herida no hubiese pasado más allá de la gonna. Este verso «del Petrarca, Canc. IV, Stanc. II, reprehenden, por ser introducido entre los castellanos; más engáñanse, no considerando que debía de ser este soneto para alguna señora de Italia, donde tan favorecido vivió Garcilaso, fuera de que no es cosa vituperable cuando se toman estos versos de hombres insignes»... (Tamayo, notas, fol. 11.)
[368] Dice la Pipota en Rinconete y Cortadillo: «Holgaos, hijos..., que vendrá la vejez y lloraréis en ella los ratos que perdisteis en la mocedad, como yo los lloro»; que no es otra cosa sino lo que dijo Ausonio en su famoso epigrama: «Collige, virgo, rosas...», mil veces repetido y parafraseado por los poetas españoles y extranjeros (V. ejemplos en Herrera, Anotaciones, págs. 175, 186, y F. Rodríguez Marín, Barahona, págs. 295-297 y 628-630), y asimismo, lo que una vieja de antigua edad aconsejaba a la bella Melisenda, encendida en amores del Conde Ayuelos: «Mientras sois moza, mi hija, — placer vos querades dar — que si esperáis a vejez — no vos querrá un rapaz.» (R. Menéndez Pidal, El Romancero Español, The Hispanic Society of America, 1910, pág. 26.)
[369] «Este soneto fue escrito a la Marquesa de la Padula, D.ª María de Cardona, hija del Marqués D. Juan de Cardona... Fue su esposo D. Artal de Cardona, Conde de Colisano... Después casó en el año de 1538 con D. Francico de Este, hermano del Duque de Ferrara. Por ella escribió Mario de Leo el Amor preso, y a ella dedicó el Gesualdo sus Comentos en Petrarca. Fue muy discreta y valerosa, inclinada al conocimiento de la historia y poesía, y aunque no muy hermosa, tuvo mucha gracia y donaire.» (Herrera, pág. 187.)
[370] Se ha hecho clásico este elogio de llamar décima Musa a una dama docta, como cuarta Gracia a una dama bella, siendo nueve las Musas, las moradoras del Parnaso, y las Gracias, tres; D. Adolfo de Castro llama a doña Cristobalina Fernández de Alarcón décima musa antequerana (Auts. Esps. Poetas Líricos de los siglos XVI y XVII, Madrid, 1854, tomo I, pág. 31), y el Sr. Rodríguez Marín (Luis Barahona de Soto, Madrid, 1903, pág. 425), a propósito de D.ª Rosalía de Castro, dice también «la dulce Rosalía, décima musa del Parnaso de España, y no primera, sino única, del gallego».
[371] Luis Tansillo (¿1510?-1568), poeta italiano, autor del malicioso poema Il Vendemmiatore, que la Inquisición condenó, y de Le Lagrime di San Pietro. Estuvo con Garcilaso en la expedición a Túnez. — Antonio Sebastián Minturno, obispo y literato italiano († 1574), que escribió varias poesías y libros de erudición. — Bernardo Tasso, (1493-1569), poeta italiano también, Secretario del Príncipe de Salerno, cantor de la bella Ginebra Malatesta, amante de Tulia de Aragón y padre del famosísimo Cisne de Sorrento, que escribió la Jerusalén conquistada y la Aminta. Bernardo Tasso fue autor del poema Amadigi (Amadís de Gaula).
[372] Helicona por Helicón. Monte de Grecia consagrado por los poetas como el Pindo y el Parnaso; en él tenían su morada Apolo y las Musas.
[373] Habla el poeta junto a la sepultura de su dama.
[374] Este soneto, por su honda melancolía y por la llaneza de su forma, me parece uno de los mejores de Garcilaso. Es un lamento lleno de amargura. Los que le han censurado cuando sutiliza y alambica a la manera italiana, no debieran haber callado su elogio en este lugar.
[375] El poeta, experimentado en amarguras, había jurado nunca más amar, pero una sirena napolitana cautivó su espíritu, soneto [VII]; dio cuenta a Boscán del principio de esta aventura en el soneto [XXVIII], guardando, respecto a quien fuese la dama, absoluta reserva; esto pudo ocurrir a fines de 1532; el poeta no era ya un mancebo, pero se enamoró con loco encendimiento, y rindiose apasionadamente a la sirena misteriosa, [soneto V]; un feliz descuido del tocado, soneto [XXII], le arriesgó a un consejo malicioso, soneto [XXIII], y, al mismo tiempo, lamentaba rigores, cuidados, arrepentimientos y sospechas, sonetos [XV], [XX], [XXVII], [XXX] y [XXXI]. Llegó la empresa de África: el poeta, desde Túnez, duélese de su ausencia, soneto [XXXV]; y desde Sicilia, a su regreso, confía a Boscán sus inquietudes, temeroso de olvidos y mudanzas, [Elegía II]. Volvió el poeta a Nápoles, hacia septiembre de 1535; su dama no le había sido infiel, pero había muerto, o acaso murió poco después de su llegada; en los sonetos [XXV] y [XXVI] hay un hondo dolor, un dolor verdadero; un año después murió el poeta. Tal pudo ser, en fin, esta historia sencilla y sentimental. Una duda: estos dos últimos sonetos pueden ser también a la muerte de D.ª Isabel Freyre. (V. Eg. I., v. 2, [nota].)
[376] «Niega Morel-Fatio (L’Espagne au XVIe et au XVIIe siècle, pág. 602) que este soneto, imitado de Ausías March, pueda ser de Garcilaso, porque este no se hubiera atrevido a truncar el endecasílabo, y le atribuye a Boscán o D. Diego de Mendoza. Pero es cierto que Garcilaso, en la Canc. II, usa con insistencia los versos agudos (véase la [nota a la Canc. II, v. 68]), y nada tiene de particular que los emplease imitando unos versos de Ausías, puesto que el original catalán los tiene también. Hay de este soneto una refundición en que los agudos se han convertido en graves (publicada por Knapp, por Morel y por Walberg, notas a Juan de la Cueva, pág. 91), según copias distintas: Amor, amor, me ha un hábito vestido. Esta refundición lleva en los manuscritos el nombre de Mendoza. Hay, finalmente, otra refundición, también sin agudos, de que se valió el Brocense en su edición de Garcilaso. D. Diego de Mendoza imitó el mismo pasaje de Ausías en una canción.» (M. Menéndez y Pelayo, Antología, XIII, pág. 221, nota.)
[377] salvatiquez, en italiano selvatichezza. La e de la primera sílaba de selvatiquez se ha transformado en a, por asimilación de la a siguiente, por influencia de la forma vulgar salvaje (silvaticu), o por ambas causas; casos análogos: balanza (bilance), zarcillo (circellu), ant. cercillo, etc. (V. R. Menéndez Pidal, Gram. Hist., Madrid, 1905, § 18-3.) También otro cultismo: parálisis, dejose influir por la forma vulgar perlesía, dando origen a paralisía. (Bulletin de Dialectologie romane, Bruxelles, 1909, pág. 126.)
[378] Leandro, para ver a su amante Hero, atravesaba de noche, a nado, el Helesponto. Hero le orientaba desde su torre con la luz de una antorcha. La posibilidad del viaje de Leandro fue demostrada experimentalmente por Lord Byron, atravesando a nado aquel estrecho, entre Sestos y Abidos, en 31 de mayo de 1810, según él mismo refiere en una nota del canto 2.º de Don Juan. Una noche de tempestad apagose la luz; Leandro, perdido entre bravas olas, murió ahogado, y Hero murió también al descubrir desde la orilla su cadáver. De la historia de este bello asunto en nuestra literatura ha hecho un magnífico estudio el Sr. Menéndez y Pelayo en su Antología, tomo XIII, págs. 334-378.
[379] esecutá por ejecutad. (V. [nota al v. 253 de la Eg. II].) La pérdida de la d final en la pronunciación de los imperativos vení, poné, mirá, etc., nació, sin duda, en el lenguaje familiar; este valor tiene el testimonio de Santa Teresa (Las Moradas, ed. Clásicos Castellanos, Madrid, 1910, pág. 43, nota 16), aparte de la tradición de dicho fenómeno conservada en la Argentina: cantá, hacé, y en la lengua literaria ante el pronombre os: andaos, salíos (excepto idos); pero los clásicos, desde Garcilaso, adoptaron también aquella pronunciación, y pusiéronla en moda: «Andá, señor, que estáis muy mal criado.» (V. Bello-Cuervo, Gramática, París, 1907, § 614; R. Menéndez Pidal, Gram. Hist., § 107-2.)
[380] contrastado: resistido.
[381] poner por deponer, rendir las armas.
[382] despojos: las armas del vencido y demás restos de la derrota de que se rodeaban los victoriosos en sus carros triunfales. (V. [Canc. V, v. 17].)
[383] Endecasílabos de muiñeira, propuestos, como endecasílabos malos, por no tener los acentos en su sitio, para ingresar en la sala segunda del Hospital de los versos incurables, fundado por D. Eduardo Benot en su Prosodia castellana y versificación, tomo III, págs. 154-249:
—Oh, crudo nieto, que das vida al padre—
—Ora clavando del ciervo ligero. —[Eg. II, v. 194].
—Cómo pudiste tan presto olvidarte. —[Eg. II, v. 578].
—Hace tremer con terrible sonido. —Hurtado de Mendoza.
—¡Qué! ¿no te acuerdas de cuando cantando? —Barahona.
—Se la mia vita dall’ aspro tormento. —Petrarca.
—Gran Cardinal di la Chiesa di Roma. —Ariosto.
(V. F. Rodríguez Marín, Barahona, pág. 425.)
[384] Supónese esta genealogía: El espíritu engendra el amor, y del amor, en maridaje con la envidia, nacen los celos; estos, que son el monstruo parido por la envidia, son el nieto cruel que encendiendo el amor matan el alma —dan vida al padre y matan al abuelo.
[385] «Hermosísima alegoría por todo el terceto, y no sé si se hallará en la lengua latina otra más ilustre y bien tratada que esta.» (Herrera, Anotaciones, pág. 209.)
[386] A Mario Galeota. Soneto núm. XXXV en las ediciones de Azara y Castro. Expedición a Túnez contra Barbarroja. El 14 de julio de 1535, el ejército del Emperador se apoderó del fuerte de la Goleta, y estuvo en aquella empresa Garcilaso con su hermano D. Pedro Laso, el Marqués de Lombay, D. Diego Hurtado de Mendoza y otros muchos caballeros ilustres. Doce guerreros, Garcilaso entre ellos, se atrevieron a acometer ochenta caballos númidas que les provocaban; fue el aprieto grande; nuestro poeta fue socorrido por Federico Carraffa, napolitano, y por el César en persona, que sabiendo el peligro en que se encontraba le ayudó con sus hombres y peleó a su lado. Garcilaso salió herido de dos lanzadas, en la mano diestra y en la cara; esta le interesó la lengua, dejándole cierto defecto de pronunciación que le agraciaba. (Cienfuegos, Vida del Grande San Francisco de Borja, pág. 50; Navarrete, págs. 62, 65 y 66.)
[387] Alude a la leyenda de la famosa espada que Dionisio I, tirano de Siracusa, hizo colgar, suspendiéndola de un cabello, sobre la cabeza de Damocles, en tanto que le rodeaba de todo el regalo y la suntuosidad de un rey, para dar a entender a aquel cortesano cuán poco envidiables eran las grandezas que tanto le elogiaba, teniendo que gozarlas bajo la constante amenaza de un peligro mortal: el odio, la envidia, la ambición.
[388] Como esto es lo que dijo D. Diego Hurtado de Mendoza en su carta IX, tercetos 33-36, dirigida a don Diego Laso (Auts. Esps. Poetas líricos de los siglos XVI y XVII, Madrid, 1854, tomo I, pág. 65):
«Dulce ver es de tierra un bravo viento...
No porque el mal ajeno te contente,
Mas porque, en la verdad, es dulce cosa
Carecer del dolor que el otro siente...»
Garcilaso y Mendoza, según Herrera, imitaron aquí a Lucrecio. (Anotaciones, pág. 211.)
[389] A Boscán, desde la Goleta. Soneto núm. XXXIII, en Azara y Castro. Por lo que Garcilaso dice en estos últimos versos de este soneto, se ha supuesto que debió tener alguna aventura galante en la Goleta, durante la curación de sus heridas (Cienfuegos, o. c., lib. II, pág. 50; Navarrete, pág. 66, nota 1); me parece que no hay suficiente fundamento para esta conjetura; el 14 de julio, con la toma de la Goleta, o acaso después, en alguna escaramuza, fue herido Garcilaso, el 20 se sometió Túnez, y el 12 de agosto regresaron las tropas a España; ciertamente, en menos de un mes que Garcilaso estuvo en la Goleta, y con heridas que le tuvieron a los umbrales de la muerte (Navarrete, pág. 65), ¿qué aventuras galantes había de tener?... más lógico es relacionar estas quejas de su alma temerosa y estas incertidumbres de sus esperanzas, con los temores y las incertidumbres de que pocos días después hablaba a Boscán en la [Eleg. II], por la suerte que en su ausencia hubiera podido seguir el nido que su corazón había dejado en Nápoles.
[390] Hasta aquí llegan los sonetos en Herrera; los seis últimos, desde el XXX inclusive, los admitió como auténticos por opinión común y por afirmación de D. Antonio Puertocarrero, yerno de Garcilaso; pero desechó los tres siguientes por no parecerle tan segura su autenticidad (Anotaciones, pág. 206); yo pongo también estos siguiendo una costumbre establecida; conservo estrictamente el texto del Brocense, Opera Omnia, Genevae, 1766, tomo IV.
[391] De este soneto, como del [XXXII] y [XXXVIII], decía el Brocense «que se tienen por de Garcilaso, de un libro de mano».
[392] Tamayo admite este soneto como auténtico; el Brocense lo considera dudoso; Herrera y Azara lo rechazan, y Castro lo tiene por indigno de Garcilaso. Verdaderamente, con tan desdichado juego de sentir, siento, sienta, sentillo y sello, su autor acertó a decir poco de provecho; tal vez no es sino un pobre soneto advenedizo, que debe su fortuna al desconocido editor de aquel libro de mano en que lo encontró el Brocense, figurando entre las demás composiciones de Garcilaso como hijo de la misma mano.
[393] Estas pocas composiciones al estilo antiguo de Castilla, acaso no fueron las únicas que escribió Garcilaso, pero la ruina que alcanzó seguramente a todas las poesías de nuestro poeta, por causa de su orfandad, debió señalarse en las de este género, como más humildes y menos estimadas. Herrera no las acogió en su edición. Los versos cortos, ante la magnificencia del endecasílabo italiano, vinieron a creerse incapaces de conceptos graves, y por esto, y por ser vicio común dar más estima a las cosas extrañas que a las nuestras, cayeron en menosprecio. (Tamayo, fols. 80-82.) Según Castro, esta primera Canción lleva en un manuscrito de Iriarte el siguiente epígrafe: A doña Isabel Freyra, porque se casó con un hombre fuera de su condición.
[394] En otras ediciones lleva este epígrafe: A una partida.
[395] Epígrafe: Traduciendo cuatro versos de Ovidio.
[396] «A una señora que andando él y otro paseando, les echó una red empezada y un uso comenzado a hilar en él, y dijo que aquello había trabajado todo el día.» En el citado manuscrito de Iriarte, según Castro, decía: A D.ª Mencía de la Cerda que le dio una red y díjole que aquello había hilado aquel día.
[397] «Glosa de Garci-Lasso sobre este villancico», dice el Brocense; el villancico solo lo forman los tres primeros versos, y dice Castro que, según se ve en las obras de Boscán, esta copla fue escrita a D. Luis de la Cueva porque bailó en palacio con una dama que llamaban la Pájara. Boscán, el Duque de Alba y otros muchos caballeros escribieron a propósito del mismo asunto.
[398] «En un códice de poesías varias que perteneció al célebre anticuario aragonés D. Vicencio Juan de Lastanosa, y más tarde a los Iriartes, se leen estas redondillas: A Boscán, porque estando en Alemaña danzó en unas bodas.» Las publicó Gayangos, notas a Ticknor, tomo II, pág. 488. El Sr. Menéndez y Pelayo, Antología, XIII, pág. 479, supone que Boscán debió ir a Alemania acompañando al Duque de Alba, como Garcilaso, cuando el socorro de Viena, 1532, aunque el poeta no le menciona en la descripción que de aquel viaje dejó en la Eg. II.
[399] Esta carta escribió Garcilaso de la Vega en 1533, hallándose en Barcelona como emisario del Virrey de Nápoles; sirve de prólogo a la traducción de El Cortesano hecha por Boscán, y es la única muestra que la áurea pluma de nuestro poeta dejó de la excelencia de su prosa. D.ª Jerónima Palova de Almogávar, parienta, acaso de Boscán, a juzgar por el segundo apellido, es la misma a quien este dedicó su libro. Sigo el texto dado por D. Tomás Tamayo de Vargas en su edición de Garcilaso, Madrid, 1622. El Brocense, Herrera, Azara y Castro no publicaron esta carta.
[400] «Andando yo en estas dudas, Vuestra Merced ha sido la que me ha hecho determinar, mandándome que le tradujese; y así todos los inconvenientes han cesado, y solo he tenido ojo a serviros.» (Boscán, Carta-dedicatoria a D.ª Jerónima Palova.)
[401] «Mas como estas cosas me movían a hacello, así otras muchas me detenían que no lo hiciese, y la más principal era una opinión que siempre tuve de parecerme vanidad baja y de hombres de pocas letras andar romanzando libros; que aun para hacerse bien vale poco, cuanto más haciéndose tan mal que ya no hay cosa más lejos de lo que se traduce que lo que es traducido... viendo yo esto, y acordándome del mal que he dicho muchas veces de estos romancistas (aunque traducir este libro no es propiamente romanzalle, sino mudalle de una lengua vulgar en otra quizá tan buena), no se me levantaban los brazos a esta traducción.» (Boscán, ibid.)
[402] Y aun antes de que viniese a manos de Boscán, puesto que Garcilaso fue quien lo envió a su amigo desde Italia: «No ha muchos días que me envió Garcilaso de la Vega, como Vuestra Merced sabe, este libro llamado El Cortesano, compuesto en lengua italiana por el Conde Baltasar Castellón.» (Boscán, ibid.)
[403] El famoso autor de Il Cortegiano, Baltasar Castiglione, nació en tierra de Mantua, el 6 de diciembre de 1478, y murió en Toledo el 2 de febrero de 1529, siendo Nuncio en España del Papa Clemente VII, en cuyo tiempo las tropas imperiales saquearon a Roma. El Conde Castiglione «fue hombre de armas y hombre de corte, aventajado en todos los ejercicios y deportes caballerescos, maestro en el arte de la conversación y en todo primor de urbana galantería; profesor sutil de aquella filosofía de amor que la escuela platónica de Florencia había renovado doctamente; curioso especulador de la belleza en los cuerpos, en las almas y en las puras ideas; conocedor fino en las artes del diseño; amigo y consejero de Rafael, en quien parece haber inoculado su propio idealismo estético; pensador político y ameno moralista; poeta lírico y dramático y organizador de fiestas áulicas: todas estas cosas era Castiglione, sin sombra de pedantismo, con aquella cultura íntegra y multiforme, con aquella serena visión del mundo que renovaba los prodigios de la antigüedad en algunos espíritus selectos del siglo XVI». (M. Menéndez y Pelayo, Antología, XIII, págs. 80-81.) Primera edición de su obra: Il Libro del Cortegiano | del Conte Baldesar | Castiglione (Escudo del impresor con el áncora aldina.) Colofón: In Venetia, nelle case d’Aldo Romano, et d’Andrea d’Asola | suo Suocero nell’ anno MDXXVIII | del mese d’aprile. La más sabia edición y comentario: Il Cortegiano del Conte Baldesar Castiglione, annotato e illustrato da Vittorio Cian. Firenze, Sansoni, 1894.
[404] Libros que matan hombres; ¿aludirá a los de Caballerías? Sería de notar tan temprana protesta.
[405] «Yo no terné fin en la traducción deste libro a ser tan estrecho que me apriete a sacalle palabra por palabra; antes, si alguna cosa en él se ofreciere, que en su lengua parezca bien y en la nuestra mal, no dejaré de mudarla o de callarla.» (Boscán, ibid.)
[406] «El sujeto del libro es tal, y su proceso tan bueno, que quien le leyere será muy delicado si entre tantas y tan buenas cosas no perdonare algunas pequeñas, compensando las unas con las otras.» (Boscán, ibid.)
[407] Publicó Boscán su traducción en 1534: Los cuatro libros del Cortesano, compuestos en italiano por el Conde Baltasar | Castellón, y agora nuevamente traducidos en len | gua castellana por Boscán. (Escudo de las armas reales.) Con privilegio imperial por diez años. Colofón: Aquí se acaban los cuatro libros del Cortesa | no, compuestos en italiano por el Conde Baltasar Castellon, y traducidos en lengua castellana por Boscán, imprimidos en | la muy noble ciudad de Barcelona por Pedro Mon | pezat, imprimidor. A dos del presente mes de abril | Mil y quinientos treinta y cuatro. Fol. gót., 113 hojas.
[408] Don Eustaquio Fernández de Navarrete, hablando de la traducción de El Cortesano dice: «Al ver la gran ventaja que su elegante y castiza prosa lleva, no solo a los duros y penosos versos del autor (Boscán), sino aun a la de los prólogos que acompañan sus poesías, hemos sospechado que en esta perfección debió tener parte la mano de Garcilaso. Este, por empeño de Boscán, estuvo presente a la última línea, y aunque por modestia nos diga que asistió más como hombre acogido a razón que como ayudador de ninguna enmienda, no cabe duda de que sus consejos y advertencias serían de grande utilidad al traductor. Nos dice, además, que él tomó a su cargo la copia que se remitió a D.ª Jerónima —esto parece decir en las dos últimas líneas—; y en ella su gusto y conocimiento de la lengua, es posible corrigiesen todo aquello que ofendiese a sus delicados oídos, dando así a esta obra un sabor de elegancia de que carecen las obras de Boscán.» Vida de Garcilaso, Col. de documentos inéditos para la Historia de España, tomo XVI, pág. 165. Todo esto es mera conjetura, y es, a mi juicio, querer deducir demasiado de las palabras de Garcilaso; para menguar de tal modo a Boscán la gloria de su trabajo se necesitan pruebas más seguras; por otra parte, la carta de Boscán, muestra cierta de su prosa, a D.ª Jerónima Palova, está evidentemente a la altura de la de Garcilaso y no desdice del estilo de lo demás del libro; por estas razones, acaso, el Sr. Menéndez y Pelayo en su libro Juan Boscán no hizo mención de las sospechas de Navarrete.
[409] «De antiguo viene la costumbre de los prólogos ajustados por mano amiga al talle de la obra, pero pocos habrá tan galanos y discretos como este y tan finamente justos. El fallo de Garcilaso quedó como inapelable.» (M. Menéndez y Pelayo, Antología, XIII, pág. 114.)
[410] Don Álvaro de Bazán, Capitán General de las Galeras de España, aportó en Génova el 19 de mayo de 1536 con 3000 soldados españoles, reclamados por el Emperador para la guerra que se preparaba contra el rey francés. Garcilaso fue nombrado Maestre de Campo de estos soldados, y hallándose en Génova para recibirles, escribió al Emperador la presente carta dándole cuenta de su gestión. El Sr. Navarrete puso al frente de su Vida de Garcilaso un facsímil de esta carta que se conserva autógrafa. Dicho facsímil transcribo conservando todos sus detalles para que pueda tenerse más fiel idea del original.
[411] S. C. C. M. Sacra Cesárea Católica Majestad.
[412] El Príncipe a quien Garcilaso se refiere es el famoso Capitán Andrea Doria, de cuya autoridad dependía él por orden del Emperador.
[413] Era embajador español en Génova el caballero don Gómez Suárez de Figueroa.
[414] Nuestro Señor la Sacra persona de Vuestra Majestad, etc.
[415] Srios, señoríos.
[416] En el sobre dice: A la S. C. C. M. del Emperador Rey nuestro Señor.
[417] Sigo el texto dado por Tamayo, el cual, a propósito de este epigrama de Garcilaso, dice: «De sus versos latinos, celebrados por el Bembo, Tansillo, Jovio y Boscán nos quedó por muestra un elegantísimo epigrama al fin del Caballero Determinado de D. Fernando de Acuña, que es tal que no se puede mejorar en invención, elocución y gallardía.»