#BERNA.#

La capital federal de la Suiza, bañada por el rio Aar, que la cerca por todas partes, cuenta treinta mil almas de poblacion. El interior de la ciudad ofrece muy poco que observar: se compone de sesenta á ochenta calles solamente, tan uniformes y parecidas, que molesta y fatiga la monotonía de su conjunto: todas tienen soportales cubiertos, necesarios para la nieve.

Entre los edificios mas principales de Berna, descuella la
Catedral, que aunque pequeña, es bella, porque es gótica.

El ridículo protestantismo, que blasona de liberal, y protector de las obras de la inteligencia, cuya omnímoda supremacia proclama, se ha ensañado estúpidamente con todas las imágenes de santos tallados en piedra, que embellecian y decoraban todo el exterior de la catedral, dejando únicamente intacta una alegoría escrita en piedra, que corona la puerta principal de la iglesia, y sobre la cual se ven algunos papas que se han condenado por sus crímenes: hé aquí el protestantismo, que en nombre de la libertad, mutila con la picota de la burla y la ignorancia, la riqueza arquitectural con que la estatuaria gótica bordaba las fachadas de los templos. Inútil pretension; el escarnio que pretendieron arrojar sobre el catolicismo, patrono de las artes, se volvió de rechazo contra ellos. Desfigurando la catedral como lo han hecho, dejan atras á las tribus de Atila, que se prosternaban llenas de entusiasmo delante de las maravillas del arte arquitectónico-cristiano.

El palacio Erlack, que contiene la oficina del presidente de la confederacion, es otro edificio notable. El grande hospital, situado en una ancha calle, que puede llamarse plaza, merece ser visitado por mas de un concepto: el servicio interior no deja nada que desear: la belleza del edificio es digna del objeto á que está destinado. El lema escrito sobre su puerta es magnífico, Christo in Pauperibus: es un modelo[11].

Sobre todos los edificios de Berna, sobresale por su hermosura y grandeza el nuevo palacio del Parlamento, recientemente terminado. Es una soberbia mole de piedra, de tres cuerpos, de esbelta arquitectura, gótica en su mayor parte: el interior corresponde á lo que desde fuera anuncia. No está terminado completamente.

Berna tiene universidad literaria á la cual concurren de 150 á 200 estudiantes por año. A propósito de letras, pláceme consignar que la Suiza tiene organizada la instruccion como ninguna nacion de Europa. Y séame permitido protestar que en esta asercion nada hay exagerado: tengo el hábito de estudiar ántes de emitir un juicio.

He visto por mí mismo las universidades y escuelas de Suiza, casi en su mayor parte: he leido las estadísticas, he comparado, y encuentro que la Francia está muy atras, sumamente rezagada, y á una larga distancia de la Suiza.

Tan extendida está la instruccion en la antigua Helvecia, que es sumamente difícil, sino imposible, encontrar un hombre del pueblo que no sepa leer y escribir. Casi todos, ademas de su lengua, hablan el frances en la Suiza alemana. Por su parte la Suiza francesa, con la ciudad de Ginebra á su cabeza, una de las mas avanzadas de Europa, no se queda detras.

Bueno es apuntar aquí mismo una observacion digna, que en este momento se me ocurre. La instruccion en Francia, y en otros paises, ha servido para aumentar la cifra de las estadísticas criminales, por estar mal dirigida: en Suiza sucede lo contrario. En el momento en que escribo estas líneas, recuerdo que hace mas de medio año que estoy en Berna, ciudad de treinta mil habitantes. Este número de personas, en el plazo de seis meses, dia por dia, no han visto cometer ni siquiera un robo, ni un asesinato, ni una herida, ni una disputa. Esta reflexion aislada y sin comentarios, habla muy alto: agreguemos otra que aumenta su importancia. El proletarismo es la plaga social de Suiza, abundan por todas partes los mendigos….

La pobreza y la instruccion ¿no engendrarian por todas partes desbordamientos sociales? estudien los políticos miopes sobre este contraste.

No sucede así en Francia; allí el pueblo es bastantemente grosero, literariamente hablando; tiene un barniz de cortesanía que está en la sangre, pero lee y escribe en corto número y con dificultad.

Los alrededores de Berna son, como toda la Suiza, admirables: praderas de eterna verdura, cascadas, torrentes, montañas, casas de campo. Las carreteras, á nivel de las mejores de Europa, se ofrecen en abundancia por todas partes, con una verdadera prodigalidad.

Hay en Suiza, volviendo á la instruccion pública, el fabuloso número de cinco mil quinientas escuelas, á las que acuden cuatrocientos mil discípulos. Estas dos cifras, teniendo en cuenta que la poblacion de toda la Suiza se compone solamente de dos y medio millones de habitantes, habla con incontestable elocuencia en pro del estado intelectual del pais.

Los establecimientos penales de Berna se hallan muy bien organizados: tanto los hombres como las mujeres de las prisiones, son empleados con especialidad en los trabajos del campo.

En Suiza existe la verdadera libertad política á que aspiran en vano las demas naciones. La accion del gobierno, que en todos los paises se siente á todas horas y en todas las operaciones, no interviene en los hábitos del pueblo suizo. En ninguna parte se encuentra un soldado; los agentes de policía en corto número, tolerantes y humildes, en contraste con los de otras naciones, apénas se dejan ver, absteniéndose muy bien de prácticar esa serie de ataques á la libertad individual que parece constituir su principal instituto en ciertos paises.

Los agentes del poder en Suiza, empezando por el presidente de la Confederacion Federal, son extremadamente humildes y modestos. He conocido dos, el coronel Frey-Herosée, y el doctor Furrer, ámbos instruidos, modestos, hombres de Estado, probos y rectos. Desconocen el lujo, viven como el último ciudadano, y se mezclan con todos. ¡Tienen seis mil fr. de sueldo anual!

La estadística, que forma la verdadera historia de los pueblos, presenta en la antigua Helvecia con respecto á instruccion y moralidad caractéres propios de la civilizacion, datos consoladores, cifras envidiables.

Entre los lagos mas notables de la Suiza, sobresale y descuella el de Lucerna, ciudad católica, y una de las primeras. A todas horas encuentra el viajero que llega á Lucerna lindísimos vapores que cómoda y económicamente le conducen á los mas pintorescos sitios de la Suiza. Durante el verano, los extranjeros de todos los paises, es decir, los viajeros de toda Europa, recorren el lago de Lucerna.

La villa de Thun [12], distante cinco leguas de Berna, tiene tambien un precioso lago, como lo son todos los del pais, patria de ellos. Thun tiene su hermoso hotel de Buenavista y está rodeado de deliciosas montañas.

Ginebra, ciudad la mas avanzada de la Confederacionon Helvética, es sin disputa bajo el aspecto literario uno de los primeros centros de Europa. Calvino fundó una universidad. La Biblioteca principal de Ginebra contiene 60,000 volúmenes. Patria de muchos hombres notables, entre ellos Rousseau, Calvino, madame Stael, Lesage, Huber y otros muchos, conserva hoy sus tradiciones literarias. Hay en Ginebra un buen número de periódicos políticos, gabinetes de lectura, sociedades literarias, academias y demas centros de inteligencia, brillando en su seno muchos hombres distinguidos. Allí conocí muchos profesores eminentes, y el político Fazy. El mejor paseo de Ginebra es el de la Isla con una estatua dedicada á Rousseau.

Bajo el aspecto político, es Ginebra la verdadera capital federal: cierto es que en Berna reside el gobierno, cierto que allí se reune la Asamblea Federal, pero no lo es ménos que en Berna nada se dice ni discute como en Ginebra: en la ciudad de Calvino la política dramatiza todo, la discusion se mantiene siempre animada.

El comercio de Ginebra es tambien mas importante que el de
Berna: dentro de tres años acrecerá la importancia de esta
ciudad con el camino de hierro que la unirá con Lyon; hoy está
terminado y abierto al público: hay escelentes hoteles como el
de Lóndres sobre el lago de Leman. Los mejores hoteles de
Berna son el de la Couronne y el del Faucon.

El lago de Ginebra es delicioso [13]: surcado por lindos y cómodos vapores, que hacen la travesía de Lausanne, ofrece un espectáculo admirable. Comodidad y economía encuentra el viajero para ir á Ginebra desde Lausanne por el lago: el golpe de vista es admirable; se ve la altísima cabeza del Monte Blanco, los Glaciers, Chamouny, los Alpes.

La celebrada relojería de Ginebra merece ciertamente la pena de verse; se construyen cien mil relojes cada año, casi todas las tiendas ofrecen relojes del pais. La Suiza exporta muchos miles para toda Europa y América.

Friburgo, ciudad católica tambien, tiene unos paseos y
alrededores asombrosos: casi todos los extranjeros que visitan
la Suiza, se dirijen á Friburgo para oir los célebres órganos de
la catedral y ver su atrevido puente colgante.

Los lagos de Interlaken y Brienz, cerca de Thun: los once que se divisan desde Righi, el de los cuatro cantones, todos, porque esa es la verdad, todos merecen seguramente un viaje: tienen los lagos una belleza especial que seduce y enamora.

Nada mas admirable que su aspecto: están casi todos rodeados de azules y transparentes montañas coronadas de blanquísima nieve: la suavísima tranquilidad de sus azules ondas, que surcan lindísimos vapores, el cielo límpido azul que le sirve de cúpula, cerrado por las altísimas montañas que le sirven de marco, como el de Interlaken, hacen del lago un deliciosísimo recreo que la imaginacion no alcanza, que solo su vista ofrece.

Los espléndidos y abundantes hoteles que por toda la Suiza se encuentran, servidos como ningunos de Europa, la lujosísima opulencia de carreteras admirables, y digo opulencia porque ese nombre conviene á un pais donde por todas partes se multiplican: lo cómodo y bien dispuesto de sus muelles diligencias, todo esto unido á sus pintorescos sitios hacen de la Suiza en el verano la residencia escojida de todos los viajeros de Europa.

La Suiza, que á pesar de su cortísima riqueza pública, de sus insignificantes impuestos y de su exagerada modestia posee tan fabuloso número de carreteras-modelos, ha entrado tambien ya en la mejora de los caminos de hierro, y no se halla todo el pais cruzado de caminos férreos porque carece de recursos pecunarios, no por otra cosa, y porque el terreno todo es montañoso.

A pesar de los cuantiosos gastos que exigen obras de esta naturaleza, y de los poquísimos elementos del pais, cuéntanse ya abiertas al público y en explotacion cinco líneas diferentes, que aunque de corta extension son utilísimas. De Bâle ó Basilea parten dos; de Zurich otra, y de Lausanne é Yverdun las restantes, ademas de la de Ginebra á Lyon. Se trabaja mucho en su continuacion, y se emprenden otras nuevas.

Lo que es un verdadero secreto para el viajero, es el admirable estado de todas las carreteras de Suiza, á pesar de que por ninguna parte se encuentra un peon caminero, gendarme ni cosa parecida.

Parece ciertamente cosa de magia: la Suiza ni tiene ni puede sostener mas que un reducidísimo número de empleados en razon á su facilísima organizacion y su modestia y falta de recursos combinados: con mucho trabajo se encuentra un peon caminero de los pocos que hay. Es sumamente raro ver uno: pues bien, á pesar de todo, no hay en Europa mejores carreteras. La seguridad que ofrecen es absoluta, un año próximamente he habitado la Suiza, en ese largo tiempo no se ha cometido ni siquiera un robo, ni una tentativa. Pues con esto sucede como en las carreteras: admirables sin peones camineros, segurísimas sin un gendarme.

Las praderas y las fuentes abundan por todas partes: no se andan veinte pasos en todo el territorio de la Confederacion sin encontrar airosas casas y poéticos prados. Puede decirse que la poblacion reside en el campo. Con esta circunstancia, unida á sus valles, cascadas, lagos y montañas, los viajes por la antigua Helvecia son un verdadero placer.

De los tres millones próximamente de habitantes que constituyen la nacion, hay una tercera parte de católicos: el resto se compone de protestantes y judíos, estos en corto número. El protestantismo en Suiza, está, como en todas partes, subdividido en infinitas sectas, cada una de las cuales pretende poseer la verdad … lo que basta para juzgarle, pero en Suiza existe la verdadera tolerancia religiosa, y todos los cultos se respetan y se estimulan mutuamente.

En Berna, ciudad que yo he habitado ordinariamente, como residencia del cuerpo diplomático, solo existe una iglesia católica: las demas, inclusa la Catedral, están destinadas al culto protestante, que carece de ceremonias y solemnidades de todo género. Durante el verano, se dan conciertos en la Catedral, como en un teatro, con objeto de hacer oir á los extranjeros el celebrado órgano de dicha iglesia.

La legislacion civil y criminal de cada canton es diferente; como lo son la lengua y la religion. Entre otras muchas sentencias que he tenido la curiosidad de leer, resalta la siguiente por su originalidad.

Un ciudadano suizo, del canton de Zurich, avecindado en el de Schwitz, el mas antiguo de la Helvecia, fabricó cuarenta monedas falsas, de veinte centimos cada una de valor, lo cual, reducido á nuestro modo de contar, forma la insignificante suma de treinta reales. Descubierto su crímen y reducido á prision, ha sido condenado á «cinco dias de ayuno en la prision, extrañamiento del canton por diez años y cuarenta palos.» Este es el tenor testual de la sentencia. Como esta he tenido ocasion de leer otras de diferentes cantones. Como documento original, he creido conveniente apuntarle en mi libro.

Esta sentencia, con otras muchas de este género, que con frecuencia se pronuncian en Suiza, da muy mala idea de la cultura del pueblo en general. A pesar de esto, el estado del pais es floreciente, y la estadística criminal mas reducida que en ninguna otra parte de Europa. ¿Puede esto explicarse? difícilmente: este es uno de los muchos fenóménos que la vida de los pueblos ofrece en su conjunto, y que escapan al análisis.

Las universidades de Suiza son tres: Basilea, Zurich y Berna: el año 1855, asistieron á ellas 166 estudiantes de medicina, 350 de teología, 400 de derecho y 500 de filosofía.

Publícanse en Suiza 225 periódicos en las tres lenguas del pais, alemana, italiana y francesa; hay diferentes bibliotecas, sociedades literarias y academias.

Ginebra, segun he apuntado ya, es la primera ciudad de la Confederacion Helvética, considerada como centro de las ilustraciones literarias del pais, como residencia de los hombres políticos mas avanzados. Tan luego como se concluyan las líneas férreas que han de reunir Ginebra á Lyon y Berna, la patria de madame Stael, importante ya bajo todos aspectos, acrecerá prodigiosamente en significacion.

El carácter pacífico de los suizos, rasgo peculiar de las razas germánicas, que tan gobernables las hace, en ninguna ocasion le he estudiado mejor que en las reuniones del pueblo todos los domingos.

En los hoteles de segundo y tercer órden, reúnense habitualmente crecido número de familias, con mujeres, hijos y esposos. Se sientan pacíficamente al lado de una mesa, beben su indispensable cerveza, hablan, rien, cantan en coro, pero jamas disputan. Importa muy poco que la cerveza, con su accion inflamable, pueda calentar el cerebro, importa muy poco que en una misma pieza, y en diferentes mesas, haya á veces reunidas trescientas personas que fuman, cantan y beben, no importa, ninguna botella se rompe, ninguna silla se estropea, nadie disputa, todos se retiran habitual y tranquilamente á sus casas para volverse á reunir el próximo domingo.

Aplíquese esta costumbre á nuestra raza latina, ora sea francesa, italiana ó española; á la media hora de estar reunidos se han roto la cabeza algunos de los convidados, y cada vez que se encuentren juntos bebiendo habrá disputas. Esta diferencia característica, aplicándola en sentido mas alto é importante, explica en algun modo la facilidad con que se gobiernan las razas germánicas y la causa de los trastornos casi continuos de los pueblos latinos.

El año de 1855, segun datos oficiales, se celebraron en Suiza 16,270 matrimonios: el número de niños nacidos en dicho año fué de 363,40, y el de niñas el de 33,660, lo que forma un total de 70,000 nacidos. Sabido es, y en otro lugar lo decimos, que la poblacion total de la antigua Helvecia no llega á tres millones. Las defunciones acaecidas en el mismo año de 1855 fueron en número de 55,500 personas. Los matrimonios pueden calcularse á razon de uno por cada 147 habitantes, un nacido por cada 34, y una defunción por cada 43 personas. El sexo masculino, contra lo que generalmente sucede en otros climas, vive en Suiza ménos que el femenino; tampoco hay muchos ejemplos de longevidad en ningun sexo.

Con respecto á su industria, de la que en otro lugar nos ocupamos, tenemos que añadir datos muy preciosos sobre el comercio que ha hecho en 1856 con los Estados-Unidos de América.

En los doce meses de 1856, la Suiza ha remesado á los Estados-Unidos de América las siguientes partidas: en relojes, por valor de 2,404,575 dollars; en tejidos de seda, por valor de 4,875,636 dollars; en artículos de algodon y bordados, por valor de 641,927 dollars; en sombreros, cintas de seda, por valor de 444,135; total de sus remesas 8,368,074 dollars; cada dollar son 20 r., 20 mrs.

Esta crecidísima suma para un pais pequeño como la Suiza, y producto de su comercio con una sola nacion, demuestra palpablemente cuan grande es el progreso de su industria, que vende con ventaja sus artefactos en todos los paises y que fomenta tan grande comercio. En relojería, el canton de Neuchatel solo, segun datos oficiales, ha construido en 1856 1,600,000 relojes: añádase á esta extraordinaria cifra el inmenso número de relojes que en Ginebra se fabrican, y se comprenderá la importancia immensa de su relojería.

La casa de Echer Wyss y compañía en Zurich, cuyos establecimientos industriales ocupan medio barrio de la ciudad, da trabajo á 3,000 operarios, y de la citada casa salen todos los dias magníficas máquinas de vapor y excelentes aparatos de todo género. La sedería tambien es otra industria floreciente que prospera en el mismo canton.

En 1855 se contaban en Suiza quince establecimientos de banco, ó giro, con un capital de 64 millones de francos: la circulacion de billetes en el referido año fué por valor de 10 millones francos y el giro total ascendió en todo el año á 1,354,111,309 fr., suma muy respetable y muy elevada atendiendo á la poblacion y riqueza social de la Suiza. El crédito de que goza la nacion, merced á sus sabios gobiernos y excelentes é inmejorables instituciones, es el mas envidiable; y prácticamente se ha visto con motivo de la cuestion con la Prusia, habiéndose ofrecido á la Suiza por banqueros de todos los paises cuanto dinero pudiera necesitar.

La industria se encuentra tambien en Suiza floreciente y en un estado de prosperidad envidiable: allí todo se mejora, todo progresa, á la sombra de buenas leyes fielmente ejecutadas.

Conocida es en Europa y América la admirable relojería de Ginebra, que despues de surtir á todo el mundo con sus acabados productos, aumenta todos los dias la riqueza de la ciudad, embellece sus magníficas tiendas y aumenta la riqueza de la ilustradísima y sabia Ginebra, que ve levantarse al rededor de su prodigioso lago soberbios edificios de moderna construccion, que nada tienen que envidiar á los mejores de cualquiera otra capital de Europa. Ginebra, que sobresale en Europa por sus academias y sus sabios, que tiene una vida literaria, que guarda sus tradiciones, que está poderosamente hermoseada por la naturaleza con su Monte Blanco, su lago, y su admirable decoracion, tiene, ademas de su brillante relojería, otras muchas y avanzadas industrias, sobresaliendo tambien en toda la Europa en el arte de montar diamantes y en todo lo que se refiera á joyería.

El canton de San Gall[14] cuenta con sus celebradas blondas y
encajes, industria avanzadísima, que cada dia prospera mas.

El canton de Zurich ocupaba en 1855 en la manufactura de seda
30,000 trabajadores, contando 24,000 telares.

El canton de Basilea, industrioso tambien por excelencia y muy comercial, es uno de los mas ricos de la Suiza. Su capital, Basilea, tiene muchas y respetables casas de comercio, caminos de hierro á Francia, Alemania y centro de Suiza, bancos y establecimientos industriales, muchas relaciones comerciales y riqueza y prosperidad siempre crecientes. Excelentes fábricas de papel y seda: se fabrican instrumentos de música.

El canton de Soleure, católico en su mayor parte, se distingue tambien con sus fábricas de gas, de algodon, tabaco, y papeles pintados.

El canton de Glaris descuella y sobresale por sus excelentes
fábricas de paños; es muy industrioso como tambien el de
Neuchatel.

Los principales rios de Suiza son el Rin, el Aar, el Reuss, el
Orbe, y el de Sane: entre los lagos de recuerdos está el de
Bienne, cerca de Berna, en el cual estuvo Rousseau.

El canton del Tesino, agricultura floreciente, fábricas de sombreros de paja, mucha riqueza, católico. Tiene tambien, como todos los cantones de la pintoresca Helvecia, sus tranquilos y poéticos lagos, entre los que descuella el Mayor, que tuve el gusto de admirar sentado largo tiempo á sus orillas con un libro en la mano.

El canton de Soleure, cuya capital baña el Aar, es muy comercial, tiene fábricas de algodon, de gas, tabaco y otras industrias: el de Turgovia, industrial y fabril; muchas fábricas de tejidos de seda: Schaffhouse, capital del canton del mismo nombre, y patria del grande historiador Muller, tiene tambien mucho comercio por el Rin.

En Lausana, uno de los cantones que sobresalen por sus establecimientos literarios y piadosos, existe un colegio de ciegos digno de ser visitado y objeto de admiracion merecida.

Fundado con el alto y cristiano pensamiento de educar y recojer á los infelices privados del esencial órgano de la vista, no pregunta á ninguno de sus patrocinados cual es su nacionalidad: admite y recoje á todos los ciegos que se presentan, de cualquier pais y religion que sean; tiene esa magnífica circunstancia.

El año de 1855, época en que yo residia en Suiza, entraron en el establecimiento de Lausana 207 ciegos: de este crecido número solo 47 pagaron su asistencia, siendo educados y alimentados gratuitamente por el establecimiento los 160 restantes del número de los que entraron en el año.

El colegio cuenta con un magnífico local, excelentes profesores, muy buena alimentacion, sabio sistema, condiciones de higiene, prácticas admirables, y en fin, cuanto desearse puede. Los ciegos aprenden música é idiomas, entre las diferentes asignaturas que componen la enseñanza; el colegio cuenta con muy buenas máquinas para enseñar la música, siendo verdaderamente una institucion admirable.

El pueblo suizo es majestuoso, sencillo, patriarcal, pastor, laborioso, cultivador, piadoso, patriota, soldado, y por encima, y como sirviendo de corona, libre, eminentemente libre, ¡dichoso pueblo! ¡Dios vele eternamente por su santa independencia! Un pueblo que tiene tan magnífica historia debe ser libre y tiene indisputable derecho á serlo. Voy á consignar aquí en mi libro una página de oro de tu libro historial; esa página se abre el 17 de noviembre de 1307, fecha memorable, fecha eterna.

El dia 17 de noviembre de 1307 se reunieron los treinta patriotas eminentes fundadores de la Suiza: el sitio que escojieron para celebrar su asamblea fué el pintoresco promontorio de Grutli, que con veneracion piadosa he visitado, y allí, con los corazones fuertes, en presencia de Dios, y resueltos á crear un pueblo, pronunciaron el siguiente juramento:

«Nosotros juramos en presencia de Dios, delante del cual los reyes y los pueblos son iguales, de luchar y morir por nuestros hermanos, de obrar y sentir en comun, de no sufrir violencias ni tampoco cometer nosotros mismos injusticias, de respetar los derechos y propiedades del conde de Hapsbourg, de no hacer ningun mal á los vireyes, pero sí de poner un término á su tiranía.»

¡Sublime y noble juramento que cumplieron! fundando la independencia de esa magnífica Suiza, que plegue á Dios conservar siempre libre. Los primeros que prestaron ese magnífico juramento tan elocuente, tan moral, tan patriótico, fueron los insignes patricios Walter, Furst, Stauffacher, Melchthal, Werner, nombres augustos que la Suiza reconocida guarda y guardará eternamente en su memoria.

En la reunion del 17 de noviembre de 1307, se acordó que el dia del levantamiento general fuese el 1° de enero de 1308.

En la aldea de Altorf, que he visitado dos veces, tuvo lugar la tremenda escena con Gesler y Guillermo Tell, que tuvo precision de apuntar y tirar su flecha á la manzana que colocaron sobre la cabeza de su hijo … uno de los suplicios mas bárbaros que jamas han sido impuestos á padre alguno.

En la misma aldea de Altorf, hay una fuente de piedra coronada con la estatua de Tell tirando su flecha.

La Suiza es la moderna Arcadia; Guillermo Tell era pescador, su pueblo pertenece al canton de Uri, que con los de Schwitz y Unterwald componen los tres primeros cantones que formaron la liga y el fundamento de la nacionalidad suiza. A estos tres cantones se unieron los primeros, Lucerna, Zurich, Glaris, Zug y Berna: al terminar el siglo XV, entraron á reforzar la liga los cantones de Soleure y Friburgo: Basilea, Apenzel y Schaffhouse fueron admitidos en ella al comenzar el siglo XVI.

Estos trece cantones confederados constituyeron la célebre liga helvética, que por espacio de mas de trescientos años combatieron con gloria para todos, y vergüenza para el Austria, que nada pudo conseguir, á excepción de las muchas derrotas que soportó, no obstante sus ejércitos y recursos, mayores que los de los suizos.

El año 1798, se cambió la constitución de la Suiza: las repúblicas de Ginebra y de Mulhouse, en union con el obispado de Basilea, se incorporaron, mejor dicho, fueron incorporadas a Francia. En tiempo de Napoleon, y despues de una gloriosa revolucion, se redactó el acta de mediación, por la cual la Suiza formó una confederacion compuesta de diez y nueve cantones. A la caida de Napoleon, por una acta del congreso de Viena (1815), recobró la Suiza las cesiones hechas á la Francia, á excepción de Mulhouse; adquirió parte del territorio de Gex y de la Saboya, con lo cual quedó mas completo el nuevo canton de Ginebra. Desde entónces formó una confederacion de veinte y dos cantones que hoy por ventura existe, libre y próspera.

En 1848, se ha redactado una nueva constitución mas conforme con el estado actual de la Suiza, y mas beneficiosa para su organizacion política [15]. El principal redactor de esta constitución, que fué presidente de la Asamblea en 1848, es el coronel Ochsenbein, persona dignísima y de eminentes cualidades, y á la cual he tenido el gusto de conocer y tratar.

En mayo de 1855, el tribunal cantonal de Obwald, en Suiza, pronunció la siguiente sentencia, original por mas de un concepto.

Un ciudadano suizo, culpable de un robo verificado en una iglesia de Samen, ha sido condenado á lo siguiente: «Un cuarto de hora de argolla, vigilado por el verdugo, á 60 palos dados públicamente por el ejecutor de la justicia, á tirar durante cinco años de un carretón, á diez años de internacion en su distrito natal, á no poder casarse jamas, á la pérdida de sus derechos civiles y políticos, á ejercicios piadosos, á hacer penitencia en la iglesia, con un báculo en la mano, y una cuerda al cuello, á daños y perjuicios y á los gastos del juicio.»

Los establecimientos penales de la Suiza, están en perfecta consonancia con su admirable estado de progreso. Un régimen interior ejemplar y religioso, los trabajos del campo, el buen sistema de alimentacion, la enseñanza que reciben, los ejemplos morales que se les ofrecen, las prácticas religiosas á que tienen que consagrarse, todo en una palabra es admirable y no deja nada que desear. He visitado los de Berna, Friburgo, Ginebra, Lucerna y algunos otros, y en todas partes he encontrado el mismo órden, la misma exactitud.

La instruccion pública, que es la estadística de la inteligencia, la que con plena verdad patentiza con sus cifras el estado de un pueblo, está en Suiza á una altura superior á la de los demas estados de Europa. Sus datos consoladores, sus riquísimos anales, que componen el verdadero libro historial de la Suiza, manifiestan la apremiante necesidad en que se encuentran los demas gobiernos de Europa de difundir y propagar la instruccion, sin la cual los pueblos no pueden ser libres, sin la cual los pueblos no prosperan, sin la cual no hay vida posible: porque el embrutecimiento del pueblo es la razon de ser de las tiranías, es el apoyo de los despotismos.

He tenido complacencia en comparar la estadística de la instruccion publica en Suiza con la de Francia, Inglaterra, Austria y Prusia, y la diferencia notabilísima que hay en favor de la libre Suiza, proclama en voz alta y con la incontrovertible elocuencia de los números, el próspero estado de la Suiza bajo el aspecto intelectual, y la superioridad con que aventaja á los demas pueblos en la propagacion de lo que á todos se debe, de la instruccion, que al ver como la regatean los gobiernos de algunos pueblos, diríase que no pertenece de derecho á todo hombre, á todo ciudadano.

Los gobiernos al propagar la instruccion, al educar á todas las clases, y á todos los individuos, no hacen mas que cumplir con su deber; para algo se han reunido los hombres en sociedad: no es solamente con el objeto de pagar los impuestos y soportar las cargas de la nacion; el estado por su parte, les debe proteccion, defensa de sus derechos si son atacados, instruccion gratuita; es un deber imprescindible, y faltan á todo lo pactado los gobiernos que no lo práctican, y cometen una usurpacion, y autorizan á los pueblos á no reconocer su autoridad.

Volviendo ahora á Suiza de la que una digresion necesaria me ha apartado un momento, basta consignar que existen en la Confederacion Suiza 5,500 escuelas, á las que concurrieron en el año de 1855 430,107 discípulos. Esas dos cifras admirables, en un pueblo de ménos de tres millones de ciudadanos, bastan para colocarla en un alto y envidiable puesto: esos datos relevan de todo comentario, hablan por sí solos mejor que todas las frases.

Los hospitales y demas establecimientos de beneficencia, están en relacion con sus instituciones y adelantos: la caridad cristiana, la primera de las virtudes, está magistralmente entendida y prácticada en los establecimientos piadosos de la Suiza.

Cuéntanse tambien muchas y admirables casas de enagenados; á media legua de Berna, se levanta un majestuoso edificio destinado á la asistencia y curacion de los pobres locos: es admirable bajo todos conceptos, y como él son los demas que he visto en diferentes cantones; el de los alrededores de Berna está magníficamente situado; delante se ostentan verdes y lozanas praderas, un abundoso y pintoresco bosque le rodea, y le circuyen los Alpes, con sus elevadas cumbres.

El gobierno de la Suiza es el único que puede llamarse verdaderamente libre, eminentemente popular. Segun la constitución de 1848, que se venera y se práctica, que no es una ley escrita, sino una verdad realizada, los pueblos son los que hacen todo interviniendo, como es lógico y de pleno derecho, en todos los asuntos del Estado.

Los negocios locales los dirije y resuelve el consejo de cada canton, cuyos individuos elige el pueblo: los asuntos generales de la confederacion están del mismo modo encomendados al pueblo: la asamblea federal, compuesta de los diputados de toda la nacion, elige el presidente y los ministros de la confederacion; y como los diputados son los genuinos representantes del pueblo, la gobernacion es siempre popular, como debiera serlo en todas partes.

Los presidentes de la confederacion son elegidos por solo un año: al terminar su magisterio, ponen de manifiesto todos sus actos, son juzgados por la opinion pública, y se retiran tranquilos, entrando su sucesor cada año á ejercer la suprema magistratura.

La eleccion de ministros la hace tambien la asamblea federal: los poderes de los ministros duran seis años, ejercen sus cargos bajo la presidencia del primer ciudadano de la confederacion, presentan sus actos dos veces por año al juicio de la asamblea, y terminados sus poderes, vuelven á su condicion anterior ó son reelegidos si se han hecho dignos.

Las elecciones de presidente y ministros se hacen del modo mas patriótico y tranquilo: la Suiza no conoce esa libertad tumultuosa que otros pueblos proclaman equivocadamente: en Suiza es pública la vida de todos los ciudadanos: el que mas ama la justicia y la libertad, el que mas se acerca al buen ciudadano, es elejido y votado por la Asamblea, que representa el pueblo.

De este modo, la gobernacion del Estado reune todas las condiciones de acierto deseables: todos los ciudadanos, desde el primero al último, intervienen en la gestion de la cosa pública, de este modo están perfectamente garantidos los derechos del pueblo. Los sueldos modestísimos de los empleados públicos aligeran las cargas públicas, y hacen que la Suiza se vea libre de esa enfermedad que se llama empleomanía, y que tan funestos resultados produce en algunos pueblos de Europa.

El presidente de la confederacion, magistrado supremo, de igual categoría que cualquier soberano, tiene seis mil francos de sueldo al año que es todo el tiempo que dura su cargo: vive modestamente, sin criados, sin carruajes, sin fausto: y su autoridad es tan respetada como la del primer soberano de Europa, porque la autoridad en Suiza es la ley. He conocido dos presidentes, el coronel Frey-Herosée, y el doctor Furrer, ámbos probos, rectos, ilustradísimos, modestos.

En Suiza tienen tambien la inmensa dicha de no conocer los ejércitos permanentes, carga pesadísima que en los demas pueblos de Europa aumenta los presupuestos, hace imposible la economía y dificulta el reinado de la libertad. Todo suizo es soldado, y cuando la patria lo necesita, se levanta en veinte y cuatro horas un poderoso ejército, que no está asalariado, y que solo combate por la patria.

Este es el cuadro exacto de la confederacion suiza, consolador para los que amamos la libertad, consolador para el filósofo, para el estadista, para el político.

Dos son los problemas difíciles que yo encuentro actualmente en Suiza, y los únicos que pueden ofrecerse en contraste á sus grandes progresos y admirables instituciones: el pauperismo, y el indiferentismo religioso que trabaja sus sectas innumerables de protestantes.

La crudeza del clima, la poca extension del territorio, y la modesta riqueza pública de la Suiza, explican el pauperismo, que existe, no por las leyes, de ninguna manera; no á causa de su organizacion, sino porque la Suiza es pobre, y porque el clima es duro. No está en sus defectos sociales el pauperismo, no; es una fatal consecuencia que puede irse amenguando, como se hace, pero que no puede extirparse de repente. No obstante su grande número de mendigos, y su popularizada instruccion, la estadística criminal es la mas corta de Europa, no solo comparada con los estados grandes, sino tambien con los de ménos é igual poblacion. De todos modos el pauperismo en Suiza es un difícil problema.

El otro es mas general, y de grande importancia para el porvenir de un pueblo. He penetrado en todos los templos de las diferentes comuniones protestantes que hay en Suiza, he asistido á sus ceremonias, he presenciado sus solemnidades, y en todos los templos y por todas partes, solo he encontrado un terrible indiferentismo, peor que la falta de creencias: un pueblo indiferente en religion podria concluir por serlo en política y en moral, y ese pueblo se perderia. La filosofía panteista alemana, tan popularizada en Suiza, es la causa originaria de la indiferencia religiosa.

Esperemos que esa enfermedad desaparezca; yo así lo espero, y así lo quisiera, pues un pueblo tan grande y tan sabiamente gobernado, necesita para conservarse, creer en Dios, dispensador de todo bien, y Padre de todos los pueblos.

Y aquí termina mi capítulo sobre la Suiza, pueblo de mi predileccion y en cuya prosperidad tanto me intereso. ¡Dios vele por la independencia de su suelo!