LOS IMITADORES VALENCIANOS DE CERVANTES

La prueba más elocuente, si fuera necesario presentar alguna, del éxito alcanzado por la producción cervantina, consistiría en la enumeración de los literatos de todos los países, admiradores fervorosos del genio de Cervantes, que le han tomado por modelo y han intentado beber su espíritu é imitar su estilo inimitable.

Desde la aparición de sus primeras obras, y sobre todo desde la publicación del Quijote, una falange inmensa de escritores españoles forman coro alrededor de Cervantes y reconocen su portentoso genio. Los mejores dramaturgos toman los asuntos de las novelas cervantinas y los llevan al teatro sin recatarse de sus plagios, y aún hacen alarde de ellos al conservar los títulos de las obras.

Así vemos á Fray Gabriel Téllez imitar á Cervantes en la comedia Quien da luego da dos veces, tomando el asunto de La señora Cornelia; Moreto le imita en las tituladas El licenciado Vidriera y No puede ser... el guardar una mujer (El celoso extremeño); Lope de Vega publica una comedia titulada La ilustre fregona, y hasta Calderón de la Barca—según el testimonio de León Pinelo—estrenó en Madrid, en 1637, una comedia titulada Don Quijote de la Mancha.

Los ingenios valencianos, tan elogiados por Cervantes, no se desdeñan en seguir igual camino, y Gaspar Aguilar, Guillem de Castro, Vicente Esquerdo y otros, publican comedias inspiradas en las obras del hijo ilustre de Alcalá de Henares.

Es el primero, en el orden cronológico, el socio fundador de la Academia de los Nocturnos, Gaspar Aguilar, apellidado Sombra entre los académicos, según el ritual establecido, y poeta de grandes vuelos, conforme al testimonio del propio Cervantes, Agustín de Rojas y Lope de Vega.

En la colección titulada Norte de la poesía española, ilustrado del sol de doce comedias, que forman segunda parte, de laureados poetas valencianos; Valencia, 1616, figura la primera de todas la nominada El mercader amante. Comedia famosa compuesta por el famoso poeta Gaspar Aguilar.

Según el docto Pellicer, Aguilar tomó el asunto de esta comedia de la novela de Cervantes, inserta en la primera parte del Quijote, y que se titula El curioso impertinente. El hecho de ser alabada por el propio Cervantes en el capítulo XLVIII de la misma primera parte hace creer: ó que Aguilar conocía el asunto de la novela por habérsela franqueado su autor antes de publicarla, ó que fué simplemente una extraña coincidencia.

El insigne autor dramático é íntimo amigo de Lope y de Cervantes, don Guillem de Castro y Bellvís, miembro, al igual que Aguilar, de la asamblea literaria antes mencionada, y en la que adoptó el sobrenombre de Secreto, compuso tres comedias con argumentos tomados de las obras del príncipe de nuestros ingenios, y que tienen por títulos: Don Quixote de la Mancha, El curioso impertinente y La fuerza de la sangre.

En la primera, representada en el teatro Principal de Valencia en 1905, con motivo del tercer centenario de la publicación del inmortal libro, y de la que se hizo una copiosa edición, precedida de un erudito prólogo en valenciano por don Luis Cebrián Mezquita, recuerda don Guillem el episodio de los amores de Lucinda y Cardenio, Dorotea y el Marqués, y con flúidos y elegantes versos imita hasta donde es posible en la imitación el carácter y las palabras de Don Quijote.

Castro debió componer esta obra poco después de la aparición del Quijote, y se conoce una edición impresa en Valencia en 1618.

En la titulada El curioso impertinente, también reproducida en Valencia, en 1908, por el erudito cervantista don Francisco Martínez y Martínez, tomó el asunto de la novela cervantina, pero variando el desenlace, para que terminara en casamiento. Siguió á Cervantes tan de cerca, que no sólo produjo los pensamientos, sino hasta las palabras del original.

En La fuerza de la sangre se permitió mayores libertades que en la anterior: introdujo nuevos personajes y hasta alteró los nombres de los que figuran en la novela del mismo título.

Vicente Esquerdo (1600-1630) también imitó á Cervantes en la comedia titulada La ilustre fregona, y que se sabe fué representada en Valencia por la compañía de Baldés en 1.º de Julio de 1619.

El reverendo Padre Antonio Eximeno (1729-1808), polígrafo eminente y autor de la Apología de Miguel de Cervantes sobre los yerros que se le han notado en el Quixote, Madrid, 1806, dejó entre sus papeles manuscritos una obra titulada Don Lazarillo Vizcardi, que es una sátira contra los malos músicos á imitación del Quijote. Publicada en los volúmenes X y XI de la colección de Bibliófilos españoles (Madrid, 1872), fué admirablemente recibida por la crítica, considerándola por su elegante y correcto estilo como una de las mejores imitaciones del Quijote.

Otro ingenio valenciano, Martínez Colomer (1763-1820), intentó imitar la novela Persiles y Sigismunda en la titulada Trabajos de Narciso y Filomena, y en la nominada La Ruperta, que debía estar fundada en un episodio del Persiles. Ambas novelas se han perdido, aunque aparecen mencionadas en la Biblioteca valenciana de don J. P. Fuster.

Por último, en el pasado siglo, se representó en el teatro de la Libertad (hoy Princesa) una pieza en un acto, sin nombre de autor, y que lleva por título Don Quijote séptimo. Valencia, V. Daroqui, 1872. En octavo, 16 páginas.