NOTAS


[1] He creído que lo mejor que podía hacer era tomar esta noticia de la que publicó el infatigable Pedro Wesselingio al frente de su edición de Ámsterdam, pues en erudición y fidelidad nada deja que desear sobre la materia. (Nota del T.).

[2] Heródoto dividió su historia en nueve libros en memoria de las nueve musas, y a cada uno impuso el nombre de una de ellas.

[3] Algunos creen que este proemio es de mano de Plesirroo, amigo y heredero de Heródoto; pero otros lo atribuyen al autor mismo bajo la fe de Luciano y de Dion Crisóstomo, y en efecto así aparece de la identidad del estilo.

[4] Sabido es que los griegos llamaban bárbaros a todos los que no eran de su nación.

[5] El mar Rojo. He querido conservar en la geografía los nombres antiguos, así porque los modernos no siempre les corresponden exactamente, como por conformarme todo lo posible a las formas originales del autor.

[6] Argos fue la primera capital que tuvo en Grecia reyes propios, si son fabulosos, como parece, los de Sición.

[7] Los latinos la dieron el nombre de Grecia.

[8] Algunos suponen que Ío fue hija de Yaso, por más que la mitología siempre la haga hija de Ínaco. Siendo hija de aquel, debió de ser robada por los años del mundo 1558; pero siéndolo de este, su rapto fue muy anterior.

[9] Otros leen los fenicios, de quienes dice Heródoto, en el párrafo V de este libro, que niegan la violencia en el rapto de Ío; lección sin duda legítima.

[10] Eusebio fija este rapto de Europa en el año del mundo 2730.

[11] Se le dio el nombre de Argos. El por qué se refiere de varias maneras; quizá por su nueva forma, siendo larga.

[12] El rapto de Medea corresponde al año del mundo 2771, según Saliano, a quien sigo en esta cronología.

[13] Así suele contar los años el autor, incluyendo tres edades o generaciones en cada siglo.

[14] Esta época la pone Saliano en el año del mundo 2855.

[15] La toma de Troya sucedió el año del mundo 2871.

[16] Tirano entre los griegos es bien a menudo lo mismo que Señor soberano, a veces no con la violencia, sino con prerrogativa y propiedad en el mando.

[17] Los cimerios invadieron el Asia menor en el reinado de Ardis. Véase el [pár. XV de este libro].

[18] Esta narración de Heródoto, por más amigo que parezca de cuentos y rodeos, no tiene traza de ser tan fabulosa como la que Platón nos dio del pastor Giges en el lib. 2.º De república; mayormente concordando Arquíloco de Paros, poeta muy antiguo, con Heródoto en lo sustancial del suceso.

[19] Sin incurrir en la nota de malicioso, ¿no pudiera sospechar uno que este silencio estudiado de la mujer nacía de la sobrada confianza que hacía de Giges, confianza que Platón llamó adulterio?

[20] Estas palabras en que se citan los versos de Arquíloco, las tiene por supuestas Wesselingio, por no acostumbrar Heródoto a valerse de semejantes testimonios.

[21] Nombre de la sacerdotisa de Delfos.

[22] El talento común contenía sesenta minas, la mina cien dracmas, el dracma poco menos de una libra, la libra viene a corresponder con corta diferencia al denario romano, el denario a un julio y este a dos reales de vellón.

[23] Los cimerios invadieron Sardes en 3301.

[24] El ditirambo era una especie de verso en honor de Dioniso, en estilo suelto y licencioso.

[25] Siete estadios son 4200 pies; el estadio griego u olímpico contenía 600 pies; el itálico 625, porque el pie italiano era algo menor que el griego. Cada estadio constaba de 105 pasos.

[26] El nombre de esta sacerdotisa de Hera era Cídipe, o como algún otro dice, Téano. Véase a Suidas en la palabra Crœsus.

[27] Este cálculo de Solón es un punto de discordia entre los más célebres cronólogos, tanto acerca de la integridad del texto original como de los días de que constaba el año.

[28] Parece que la Frigia conquistada por Creso, según queda dicho en el párrafo XXVIII, tenía sus reyes, tributarios del imperio de Sardes.

[29] Luciano en sus Contempl. introduce a Solón hablando con Creso, y se burla con el donaire más fino y crítico de los ladrillos de oro ofrecidos a Apolo, que para nada necesitaba de ellos.

[30] El valor y fatal término de Anfiarao pueda verse en Diodoro Sículo, lib. IV, pág. 305.

[31] Cicerón, lib. XI, de De Divinat., cap. 58, nos dio la respuesta del oráculo en latín: Crœsus, Halym penetrans, magnam pervertet opum vim.

[32] Moneda que valía cuatro dracmas.

[33] Acerca de este pasaje del autor puede leerse la anotación de Wesselingio, que convence con muchos testimonios contra Gronovio, que no fueron los helenos, sino los pelasgos, los que mudaron de asiento.

[34] Este lugar es uno de los más cuestionados de Heródoto, y el que guste profundizar en las antigüedades griegas podrá ver las tentativas que hace Wesselingio para explicarlo.

[35] De este lugar no se deduciría más que desde el principio se vio la Grecia habitada por varias naciones que ni eran helénicas ni pelasgas.

[36] Ciudad de los megarenses con su puerto y arsenal.

[37] El vaticinio de Anfílito se ha conservado en estos dos versos latinos:

Est nummus proyectus, item sunt retia tenta

Nox adderunt tynni, claro sub sidere luna.

[38] Licurgo vivía cien años antes de la Olimpiada primera.

[39] Sin duda en vez de Leobotes debe decir Carilao, o debe traducirse de esta manera: Tutor de su sobrino, siendo Leobotes rey de los espartanos.

[40] Gale pone este hecho en el año 3356.

[41] Sobre este eclipse de sol, predicho por Tales, son tantas las opiniones como los cronólogos. Wesselingio no puede menos de confesar que Heródoto no debió de ser gran astrónomo.

[42] Parece nombre común a los reyes de Cilicia.

[43] Labineto, nombre frecuente de los reyes babilonios. Este, según Petavio y Wesselingio, es el Nabucodonosor de los libros santos.

[44] Denina refiere que subía el ejército a 360.000 combatientes; pero no dice de dónde lo saca. En vez de Pteria pone Timbrea por teatro de la batalla.

[45] Ciudad de la Caria, muy fecunda en adivinos.

[46] Parece que en el consejo nacional de los Anfictiones se dio sentencia a favor de los lacedemonios. Véase a Wesselingio.

[47] Plutarco, que nunca se descuida en desacreditar a Heródoto, le desmiente sobre este uso lacedemonio, en el principio de la vida de Lisandro.

[48] Uno de los Heráclidas, quizá el penúltimo según Eusebio.

[49] Aludiendo Heródoto a los adivinos de Telmeso, indica bastante que el nombre de León no era casual, sino acomodado a un parto monstruoso. Véase sobre los muros de Sardes y sobre la toma de esta plaza al doctísimo Tiberio Hemsterhusio en las notas al cap. IX de los Contempl. de Luciano.

[50] El pletro griego tenía 210 pies de largo y 120 de ancho.

[51] Tirsenia, Tirrenia, Etruria, o Toscana.

[52] El ajedrez se tiene por invención de Palamedes.

[53] Si los lidios vinieron o no a la Umbría, es un punto muy controvertido. Tratan acerca de ello Teodoro Richio De primis Italiæ colonis, y Scipione Maffei Hist. diplom., pág. 228.

[54] El Denina en el lib. V, cap. 1, con una crítica a mi parecer sanísima, da por más digna de fe la narración de Heródoto que no la de Jenofonte, que son las únicas fuentes de donde los griegos y latinos tomaron cuanto se dice de los antiguos persas, fuera de lo que sabemos por los libros santos.

[55] Ecbatana es la Tauris del día, en la provincia Adirbeidzán.

[56] Diodoro de Sicilia no da de circuito a los de Ecbatana más que 150 estadios, cuando a los de Atenas se les suelen señalar 200 estadios.

[57] Por aquí se ve que por este tiempo eran dos las ciudades dominantes de los asirios, una Nínive y otra Babilonia.

[58] Véase sobre esta ruta de los escitas, que por las puertas caspias entraron en la Media, a Bayer en los Comentarios de la Academia Petropolitana, lib. III, pág. 318.

[59] Parece que Heródoto cumplió su palabra dando aparte la historia de los asirios, que citó Aristóteles (Histor. anim. capítulo VIII), y que no ha llegado a nosotros.

[60] Perra.

[61] Otros los llaman carmanios. Filipo Chivenio in Germania antig., lib. I, cap. III, refuta a los que quieren que de los tales germanios vengan los alemanes.

[62] El cómputo de estos años ha ejercitado el ingenio de todos los cronólogos.

[63] Celestial.

[64] Origen de los dioses, muy diferente del de los griegos y conforme a la doctrina de Zoroastro.

[65] La S. Véase a Wesselingio, que no se atreve a salir fiador de lo que aquí se asegura, contra las objeciones que se hacen a Heródoto.

[66] Miunte, de ciudad que era de la Caria, pasó a ser ciudad de la Jonia.

[67] Oeste, o poniente.

[68] Véase la [nota al pár. 139].

[69] Cicerón le llama rey de Cádiz. De Senect., cap. XIX.

[70] ¿Qué clase de pinturas serían estas, que no se podían embarcar? Se dificulta mucho que las pinturas al fresco fuesen ya conocidas de los griegos.

[71] A esto alude Horacio. Epod. XVI, sed juremus in hæc; simul saxa renarint vadis levata, ne redire sit nefas.

[72] La victoria cadmea tiene fuerza de proverbio para significar que queda peor el vencedor que el vencido. Acerca del origen de esta frase escribió Erasmo.

[73] Agila, ciudad de la antigua Etruria, a poca distancia del mar, llamada hoy Cerbetere en los Estados pontificios.

[74] Era parte de la Magna Grecia en la costa de Tarento.

[75] Velia.

[76] Cirno era el nombre de la isla de Córcega.

[77] Estas expediciones de Minos las pone Musancio por los años del mundo 2700.

[78] Estos sucesos corresponden a los años 2700 de la creación del mundo.

[79] El codo real o persa tenía seis palmos y tres dedos: el ordinario solo seis palmos.

[80] Este nombre del mar Rojo se da también al golfo Pérsico o Arábigo.

[81] Esta Semíramis no fue la mujer de Nino, de la cual Heródoto no hace mención en toda su historia. Hubo en Babilonia varias reinas de este nombre.

[82] Unos la hacen mujer de Nabucodonosor, otros de Evilmerodac.

[83] No creo quisiese decir más el autor sino que era costumbre de los griegos situados en la costa del Asia menor ir a Babilonia bajando por el Éufrates.

[84] Este Labineto es el Baltasar del cap. V de Daniel.

[85] Estos eran los caballos que llamaban niseos. Véase el libro VII, párrafo 40.

[86] Algo de esto había predicho Jeremías en el cap. 41. Jenofonte, a quien se tiene comúnmente por más exacto que Heródoto, desfigura mucho el hecho, sin hacer mención de la citada laguna.

[87] Ganó Ciro a Babilonia en 3424.

[88] Le corresponden 12 cuartillos de materia líquida, pero se usaba igualmente para cosas sólidas.

[89] El medimno o medio contiene siete celemines; el quénice dos sextarios, y el sextario cosa de un cuartillo.

[90] Véase la defensa cabal de Heródoto, a quien contradijo después Teofrasto, en los autores citados por Wesselingio. Del contexto se deduce que Heródoto estuvo en Babilonia.

[91] Esta opinión de Heródoto es conforme a las ideas asiáticas; pero no a las de aquellos pueblos que miraban al matrimonio como un contrato, tanto más digno de una prudente elección, cuanto más interesante a la sociedad.

[92] Máximo Tirio refiere esto mismo, pero dice que son hierbas olorosas las que echan en el fuego. Oratione XXVI, cap. 6.

[93] La descripción del río no conviene a ningún otro sino al Volga, por donde consta ser falso que nazca en los matienos, como notó Estrabón.

[94] Muchos en la antigüedad creyeron que el mar Caspio comunicaba con otro mar, y varios modernos creen que comunicaba un tiempo con el Ponto Euxino. Tiene 250 leguas de largo y 100 de ancho.

[95] Reinaba Psamético por los años del mundo 3300, casi 700 antes de Jesucristo.

[96] Cuando este experimento tan raro no fuera tan fabuloso como lo es a juicio de Heródoto el que refiere en seguida, no basta a demostrar cuál haya sido la nación más antigua del mundo. Es evidente que si los hombres tuviesen una lengua natural, sería esta innata en todos los pueblos, como los afectos y pasiones; y no lo es menos que todo idioma es solo una invención arbitraria y artificial, pues entre los objetos y los sonidos con que el hombre los designa no hay otra relación o correspondencia que la que los pueblos se convinieron en darle, si se exceptúan las interjecciones comunes a todos y que por sí no forman sentido. Déjese a los antiguos filósofos el investigar si el hombre salió mudo de la tierra o cuál sería su idioma en el estado de naturaleza; pues absurdas son entre los modernos estas disputas, cuando la revelación nos enseña que las lenguas han tenido dos veces a Dios por autor y maestro.

[97] Ignoro lo que pretenda significar el autor con estas palabras, sino que sea una misma la mitología griega y egipcia, o que no sea dable a nadie penetrar el sentido de ella.

[98] Estos doce dioses, según Ennio los comprende en dos versos, son:

Juno, Vesta, Minerva, Ceres, Diana, Venus, Mars,

Mercurius, Jove, Neptunus, Vulcanus, Apollo.

[99] Nomo equivalía a provincia o distrito, y recibía el nombre de su metrópoli o capital.

[100] La orgia en Heródoto es medida de 4 codos o de 6 pies, y de 10 según Plinio; quizá no se traduciría mal por braza en castellano.

[101] El estadio consta de 125 pasos o de 625 pies.

[102] Si el número de cuatro días no es error de los copistas, será una equivocación del autor, pues según convence la experiencia, se necesitan más jornadas para recorrer lo angosto del país.

[103] Esta suma, equivocada sin duda, debe ser 6360 estadios.

[104] Tal opinión, si se atiende a la poca alteración de aquel terreno en el espacio de 2000 años, debe reputarse por fábula egipcia, y solo puede hallar cabida en la fantástica imaginación del que se forje un mundo entero, viviente, expuesto a continuas alteraciones y a palingenesias periódicas.

[105] El autor solo da al Nilo cinco bocas, omitiendo las dos que abrió la industria del hombre.

[106] Así es llamado entre los antiguos el mar del sur desde la Arabia hasta la India.

[107] Las conchas halladas a gran distancia del mar; las plantes exóticas petrificadas en países diversos del que las produjo; los elefantes desenterrados en la Siberia, ¿no son otros tantos testimonios permanentes que deponen en favor de la narración de Moisés y del gran trastorno producido por el diluvio universal? Pero los sabios del siglo desprecian la revelación, y van a buscar en las fábulas orientales la base de un nuevo sistema de la naturaleza.

[108] Delta es aquella porción del Egipto desde el Cairo hacia el Mediterráneo, encerrada en los dos brazos del Nilo que van el uno a Alejandría y el otro a Damieta.

[109] Nuestro autor participa más del gusto y animación de un viajante que de la seriedad de un historiador severo; y reina en su obra cierto tono de jocosidad que en algunos pasajes he procurado conservar.

[110] La Libia de Heródoto es el África entera de los latinos, quienes solo daban el nombre de Libia a aquella porción de la península que desde la Etiopía se extiende hacia el Océano Atlántico y mar Mediterráneo.

[111] Los antiguos contaban dos de estos altos derrumbaderos por donde se precipita el Nilo: la catarata menor cerca de Elefantina en el confín de Egipto, y la mayor dentro de la Etiopía.

[112] No es fácil concordar las descripciones de los antiguos acerca de la madre principal del Nilo y de sus cauces naturales y artificiales, y sustituir con los nombres modernos los que entonces tenían. Sábese únicamente que la boca Canóbica fue la única primitiva del río, siendo las demás de la industria o efecto de la inundación anual por tantos siglos continuada. Actualmente las de Damieta y Roseta son las dos únicas de consideración.

[113] Estos fenómenos antiguos del Nilo se observan todavía, aunque se ignoró la razón de ellos hasta la entrada de los portugueses, que la descubrieron en las copiosísimas lluvias que caían en la Etiopía, y que acrecentaban el Nilo, como sucede en la India con el Indo y Ganges.

[114] Parece que estos vientos anuales son principalmente los cierzos o los del poniente.

[115] Los modernos descubrimientos han demostrado la inexactitud de estas observaciones de Heródoto, habiéndose visto que los Andes en la zona tórrida están siempre coronados de nieve, y que la lluvia dura todas las noches bajo los trópicos por algunos meses continuos.

[116] Los egipcios, según Diodoro Sículo, llamaban río Océano al Nilo. Heródoto niega la existencia del Océano como río, no como mar.

[117] Alude a la opinión común de que el sol se alimenta de los vapores atraídos.

[118] Antes bien en lo interior del África son muchos y caudalosos los ríos: ni es verdad tampoco que no se conozcan allí los vientos y las tempestades, pues estas son recias y van acompasadas a veces con piedra y granizo, y los vientos templan el calor y hacen la región habitable. Todo este pasaje fue ya refutado por Plutarco, Diodoro Sículo y otros.

[119] Los abisinios tienen cuatro estaciones, no menos que nosotros, que llaman el Matzau, el Tzadai, el Hagai y el Gramt. Su Matzau o primavera empieza el 25 de septiembre, y cada estación ocupa tres meses.

[120] A los misioneros portugueses se debió el descubrimiento de las fuentes del Nilo.

[121] No carece de fundamento que un brazo del Nilo desde la Etiopía tome su curso hacia el Océano y forme el Níger, río en todo parecido al del Egipto.

[122] La brillante y animada narración que sigue mereció los elogios de Longino. «¿No ves, dice el crítico más juicioso de los antiguos, cómo Heródoto, cogiéndote por la mano, te lleva consigo por aquellos lugares, y hace que veas lo que habías de oír?». Esta traducción la tomo de la que hice del mimo autor, cuyo traslado limpio y casi perfecto se me quedó en Tarragona.

[123] Méroe, más bien península que isla, formada por el Nilo y otros ríos que allí concurren, tenía una ciudad de su mismo nombre, que tomó de la hermana de Cambises que en ella murió, habiendo sido Saba quizá su nombre primitivo, y su actual Baroa. Tacompso o Metacompso es otra península en los confines de la Etiopía, llamada hoy Asuán. La antigua Elefantina parece ser Monfaluo.

[124] Otros leen Ascham, que sería quizá Achum o la famosa Auxumis de los griegos.

[125] Cada miríada se componía de más de 10.000 soldados.

[126] Ciudad fuerte poco distante de la actual Damieta, la misma que llaman Tafra las Santas Escrituras.

[127] Puede dudarse que los etíopes debiesen su civilización a esta colonia de desertores, porque hubieran podido aprenderla mejor de los egipcios, en el tiempo que los dominaron antes de Psamético, y porque la nación etíope, colonia quizá de los árabes, excedía en ciencia, según Luciano, a las demás naciones.

[128] Este cabo, de que se habla en el Periplo de Hanón, corresponde al Cabo Blanco en la Nigricia.

[129] Esta región poblada no puede ser otra que la moderna Berbería, y la de las fieras el desierto de Sahara. En cuanto a los negros pigmeos de que habla luego, confiesan los viajeros que se encuentran en aquel país habitantes de estatura menos que regular.

[130] Es más verosímil que el río encontrado por los nasamones fuese el Níger o el Gambia, pues caminaban hacia poniente, dejando a la izquierda la Etiopía, donde nace el Nilo. Acerca del curso y origen del Níger poco se ha averiguado más desde Heródoto.

[131] Heródoto ha errado acerca del Istro, sin que la tortura que dan los críticos a su texto baste a salvarle del error.

[132] La tejedura moderna solo se diferencia de la de los egipcios en ser horizontal. Las demás naciones tejían la trama en pie, colocando rectos los hilos de la urdimbre y dejando la obra hecha en la parte de arriba: los egipcios, sentados, la dejaban en la parte baja.

[133] Esta ley procedía de que el tráfico y los negocios andaban en Egipto en manos de las mujeres.

[134] No consta que las otras naciones aprendiesen la circuncisión de los egipcios, ni que estos la tomasen de los hebreos, quienes la usaron por precepto divino: en los demás pueblos no tuvo al parecer otro origen que el aseo, tan necesario en países cálidos.

[135] Eran los cálculos ciertas piedrecitas de que se valían en sus cómputos los antiguos.

[136] Parece que los jeroglíficos egipcios eran un tercer género de letras diferente del sagrado y del popular. El alfabeto copto, sacado del griego, no es la antigua letra del Egipto.

[137] Esta abstinencia, tan ridícula como supersticiosa, la adoptó después Pitágoras.

[138] Épafo lo mismo que Apis. En cuanto a los requisitos de una víctima pura, véase [lib. III, pár. 28].

[139] Los sacrificios expiatorios se fundan en el principio de reparación del ofensor al ofendido, dictado por la razón sola, y así es que desde el principio del mundo se usaron en todas las naciones con la inmolación de víctimas y la libación de licores, aunque manchados a veces por ritos impíos y supersticiosos. Por esto la cabeza del buey egipcio echado al río, y el cabrón emisario de los judíos cargados con los pecados del pueblo, aunque procedentes de un mismo principio, no son imitación uno de otro. Seguir esta comparación, no menos del pueblo hebreo que la del ayuno de que se habla más abajo entre las costumbres e instituciones reveladas u sancionadas por Dios, y los usos de los demás pueblos manchados con tantas supersticiones, es inexacto no menos que peligroso.

[140] La razón de estas supersticiones, si es que alguna pudo haber, se funda o en el error de la trasmigración de las almas humanas a los cuerpos de los brutos, o en la opinión del alma universal del mundo repartida en todos los vivientes reputada por naturaleza divina, o en la fábula de que los dioses bajo la forma de animales se habían escapado de las manos de los hombres. Venerábanlos además por ser imágenes de los dioses, por ser útiles a la vida humana, por ser emblema simbólico de alguna perfección divina, y por ser insignia de los estandartes militares.

[141] Siguiendo la analogía castellana, me valgo de esta palabra compuesta, tan conforme al genio de la lengua griega.

[142] Anfitrión descendía de Dánao, venido de Egipto a ocupar el trono de Argos.

[143] Los latinos dan a Poseidón el nombre de Neptuno, y a los Dioscuros el de Cástor y Pólux. No disto de creer que Neptuno, quizá el Neptuim de la Escritura, fuese una divinidad numídica distinta del Poseidón griego.

[144] Parece que el número de cinco debe corregirse con el de ocho.

[145] Son frecuentes estas frases en Heródoto, harto supersticioso para historiador.

[146] Lo que el autor calla por escrúpulo lo callaré por pudor, no menos que la versión vulgar del Falo, etc. Esta costumbre obscena duraba aún entre las naciones más cultas en el siglo III.

[147] Melampo, hijo de Amitaón, insigne médico que por haber sanado a las hijas de Preto, rey de Argos, obtuvo de este una parte de su reino, pudo aprender de los egipcios descendientes de Dánao y establecidos en Argos, mejor que los fenicios de Cadmo, los misterios de Dioniso.

[148] Conservo en la traducción los nombres griegos de los dioses, pues creo que la confusión de la mitología procede de haberlos acomodado los pueblos cada cual a su idioma. En latín Hera es Juno, Histia es Vesta, Temis es Astrea y Cárites, las Gracias.

[149] Mucho se ha disputado acerca el nombre y origen de este antiguo pueblo. Hay quien cree su nombre derivado de Pelas; vecino otros de Phaleg, descendiente de Sem: otros de los Philistines o Phelasges, primero establecidos en Creta. Estos hombres, errantes por naturaleza, se derramaron unos por la Argólida y la Tesalia, y otros pasaron a Italia, donde se mezclaron con los umbros y lidios de Toscana.

[150] El oráculo de Dodona, fundado por los pelasgos, fue anterior al tiempo de Deucalión, y es famoso por sus encinas parlantes, dentro de cuyo tronco hueco se metían los que daban las respuestas, y por sus calderas de bronce, una de las cuales, herida, comunicaba el sonido a todas las restantes. En tiempo de Augusto este oráculo había ya enmudecido.

[151] Promántidas es la palabra griega que equivale a profetisa, las cuales sucedieron en su empleo a tres profetas. El nombre que da a aquellas el autor es apelativo, pues Preumenia significa benévola, Timareta honra de la virtud, y Nicandra victoria de los hombres.

[152] Dispútase entre los críticos la razón de haber dado a estas mujeres el nombre de palomas; algunos creen que la voz πελειάς, paloma, significaba profetisa; otros que equivale a viejas, otros, en fin, que se les llamaba así por valerse en sus oráculos del agüero de las palomas.

[153] Bubastis es la moderna Aziot; Busiris se llama ahora Bahabeit; Heliópolis es la On de la Biblia, llamada hoy Aiu Kesus. Butona y Sais estaban dentro del Delta, la primera vecina a Samanuo y la segunda a Roseta. En cuanto a Papremis, se ignora su situación.

[154] Mígalas son al parecer lo mismo que musarañas.

[155] Las recientes observaciones confirman casi todo cuanto dice Heródoto acerca del cocodrilo. En cuanto a su larga inedia, rara vez se le encuentra en el vientre comida alguna: en el río de Santo Domingo en América, amánsase hasta tal punto que juegan con él los muchachos; los árabes del alto Egipto consideran su carne como un plato regalado, y los indios lo prenden casi del mismo modo que los egipcios. Los dientes del cocodrilo son un excelente contraveneno.

[156] De esta especie de cerastas sin veneno, o sierpes domésticas, las había, según Luciano, en Pella de Macedonia, y las hay en el reino de Juida, donde tienen templos y sacerdotes.

[157] Tales quizá serían las serpientes que envió Dios a los israelitas en las costas del mar Rojo.

[158] En esto se engaña Heródoto, pues hay viñas en algunos parajes del Egipto.

[159] Según Luciano, era una momia, y no una estatua, la que se introducía en los convites.

[160] Estas ceremonias son los misterios de Dioniso y otros que Orfeo comunicó a los tracios.

[161] Desde la creación se contaron los días por semanas, dándose a cada día el nombre de alguno de los planetas, que más tarde fueron divinizados por esta razón, creyéndolos árbitros de las cosas humanas. Los egipcios, además de esto, dividían las 24 horas del día entre los planetas, poniéndolas bajo su jurisdicción.

[162] Esta maniobra puede leerse más circunstanciada en Diodoro de Sicilia, donde el principal embalsamador señala el lugar de la incisura: el incisor abre el vientre del cadáver y echa luego a correr entre las maldiciones y piedras que le tiran los circunstantes, y el salador practica lo que dice Heródoto.

[163] En el día se conservan en los museos algunas momias fajadas con estos lienzos, sobre los cuales se leen muchos caracteres sacros.

[164] Quemis, llamada también Panópolis antiguamente, se llama en el día Akraim o Akmin; Neápolis es actualmente Kena.

[165] Propileo es voz griega, a la cual, si hubiera de encontrar equivalente en medio de la gran variedad en la estructura de los templos, sustituiría el de pórtico o galería.

[166] Diodoro Sículo dice que los sacerdotes casan con una sola mujer, y los demás egipcios con cuantas quieren. No podemos conciliario con Heródoto sino diciendo que variaron las costumbres.

[167] Este loto es la planta llamada Nenúfar o Ninfea, cuyo tallo crudo comen los árabes por refrigerante, y del cual sacan cierta bebida que calienta el estómago.

[168] Por otro nombre Papirus, y en arábigo Al Berdi, de cuyo meollo formábase cierta masa de la que fabricaban el papel casi del mismo modo que nosotros. Obsérvase que esta planta servía de todo en Egipto; de comida, de vestido, de zapatos, de jarcias y de corona, como sucede con la palma en las Indias.

[169] Aunque esta relación tiene, según Aristóteles, todo el carácter de fábula, guarda alguna semejanza con lo que sucede con la hembra del caimán, que engulle sus crías empolladas en la arena, y con los atunes del Ponto Euxino, que desfloran su piel rozando con la ribera.

[170] Muéstrase aquí Heródoto mejor naturalista que los que pretenden que el calor del sol saca varios animales de la materia pútrida, y que basta por sí sola a organizar un cuerpo viviente, error no menos impío que absurdo.

[171] Será, a mi entender, este arbusto la higuera infernal, que Dioscórides llama siselis.

[172] Menfis, a 15 millas de la punta del Delta hacia el mediodía, fue completamente destruida por los árabes, quienes se sirvieron de sus ruinas para edificar el Cairo. Su fundación fue quizá posterior a la guerra de Troya, pues nada dice de ella Homero, que tanto celebra a Tebas. Los profetas la llaman Noph, pero no era todavía corte de los faraones en tiempo de Moisés, sino Zoan o la Tanis de los griegos.

[173] Empresa que ha desanimado a los más sabios y eruditos, cual es el ordenar el catálogo de los reyes de Egipto, no me atreveré a tentarla. El que 330 reyes no dejasen de sí monumento alguno, hace dudar de su existencia y pensar que serían quizá varios príncipes que gobernaban contemporáneamente diversas ciudades del Egipto.

[174] Varias y discordes son las opiniones de los críticos acerca de la época y persona de Sesostris, que referiremos simplemente sin decidir en favor de ninguna: 1.ª, que es el Sesac de los libros sagrados; 2.ª, que vivió mucho antes de la guerra de Troya en tiempo de los Jueces de Israel; 3.ª, que es el Setosis de Manetón, y el Egipto hermano de Dánao casi a la misma época antedicha; 4.ª, que es el Tifón de la mitología, y el faraón sumergido en el mar Rojo; 5.ª, que es el Osiris egipcio, el Dioniso griego y el Sesac de la Biblia; 6.ª, que fue el primero de los faraones coetáneos de Moisés que empezó a maltratar a los israelitas. Solo advertiré que, según el cómputo de Heródoto, vivió Sesostris un siglo antes de la guerra de Troya.

[175] Según Gronovio, se llamaban siros los moradores de Palestina, y sirios o asirios los de Capadocia; pero los antiguos no siempre observan exactamente esta diferencia.

[176] Hemos observado ya que la circuncisión entre los hebreos era una ceremonia religiosa figura del bautismo, sello de la creencia en el Mesías y de la fe de Abraham su primer autor, y recuerdo de la mortificación de la concupiscencia, no menos que una marca política o insignia de una sociedad aislada, al paso que en los demás pueblos era un uso ordenado a la salud, limpieza y fecundidad. Estas causas, junto con el ardor del clima, creemos que inspirarían esta prevención a cada nación en particular; pero si se quiere que se haya derivado de una a otra, diremos que de los israelitas pasó a sus egipcios y árabes; de los egipcios que solo la usaban sus sacerdotes, a los colcos y sirios, y de los árabes a los etíopes y demás africanos, que la observan todavía.

[177] No se crea que se habla aquí de la célebre estatua colosal de Tebas que hablaba al nacer el sol.

[178] Diodoro Sículo, sin acudir a este medio extremo y maravilloso, tan del gusto de Heródoto, saca en salvo a Sesostris por favor del cielo. En caso de que Sesostris fuera el mismo que los antiguos llamaron Egipto, el traidor sería Dánao, perseguido con este motivo por su hermano.

[179] Según Diodoro, Sesostris antes de su expedición al Asia dejó ya repartido el terreno y dividido el reino en 36 distritos. Esta división de campos debía además existir ya durante los impuestos exigidos a los egipcios por el patriarca Josef, anterior sin duda a Sesostris.

[180] Solo a este rey aplica el autor el nombre, genérico a los reyes egipcios, de Furón o Ferón en idioma cóptico antiguo, o Faraón en hebreo.

[181] Los egipcios le llamaban Cetes, y le tenían por un gran mago y astrólogo, a quien los griegos después de Homero atribuyeron el poder de trastornarse en cualquier objeto viviente o insensible, tomando esta ficción de las varias figuras y jeroglíficos con que los reyes egipcios adornaban su cabeza. Según algunos, Proteo es el Setnos de Manetón y el Tifón de los mitólogos; según otros, era un mero gobernador del bajo Egipto, opinión que favorece el texto de Homero y la etimología del nombre griego, que significa presidente.

[182] Ilíada, lib. VII, v. 289. Las palabras que siguen en la Aristía de Diomedes no son quizá del autor, pues los versos citados no se hallan en este pasaje, que es el libro V de la Ilíada, y la división de este poema en títulos parece posterior a Heródoto. En cuanto a las dos citas de la Odisea, pertenecen al lib. IV, la primera v. 223, la segunda v. 352.

[183] La autoridad de Eurípides, que en su Helena y en su Electra expresamente afirma que no fue a Troya la esposa de Menelao, sino que se detuvo en Egipto, y las razones de verosimilitud que añade luego Heródoto, hacen probable la narración de los sacerdotes egipcios, caso de que sea verdadera la historia de Helena y del sitio de Troya, la cual no fuera extraño que, a imitación del sofista Dion Crisóstomo, alguien negase en este siglo de novedad, así como se niega ya por alguno la existencia de Homero, cantor de aquellos hechos.

[184] En tiempo de Menelao, los sacrificios de las víctimas humanas usados aún entre los griegos, como lo manifiesta el de Ifigenia, habían sido ya abolidos en Egipto por el rey Amasis, quien vedó se inmolasen ante el sepulcro de Osiris hombres a quienes llamaban tifonios.

[185] Heródoto se muestra aquí más sesudo y religioso que Eurípides, quien dice por boca de Helena que Zeus había permitido su rapto y la guerra de Troya para aliviar a la madre tierra de la turba de los mortales. Muestro autor parece penetrado de la operación de Dios sobre los imperios de la tierra que también se deja ver en el Viejo Testamento, y de la máxima de que las naciones y sociedades pagan siempre su merecido sobre la tierra, aun cuando para algunos particulares se dilate el castigo para la otra vida.

[186] Llámanle también Rampses y Ramesos, haciéndole unos hijo de Menes y otros de Sesostris.

[187] Esta narración de Heródoto parece más bien una fábula milesia, adoptada o creada por este historiador tan amante de prodigios, y de la cual es copia quizá la historia de Plida, referida por Caraces y Pausanias. No me he excusado por tanto de valerme en este pasaje de algunas expresiones familiares y jocosas, en las que tanto se aventaja nuestro idioma.

[188] Algunos creen que este juego de Deméter es una alegoría de las buenas o malas cosechas. La costumbre del vestido tejido de mano sacerdotal en un mismo día se usaba también en honor de Dioniso en Darnasia, ciudad de la Italia.

[189] Las fábulas griegas de la barca de Caronte y de los jueces del infierno, fueron poéticamente tomadas de las ceremonias del Egipto, donde el cadáver, antes de recibir sepultura, depositado junto al lago Meris, era juzgado por más de cuarenta jueces, quienes, oídos los cargos contra el difunto, decidían si era o no digna de ella, y en caso de sentencia favorable era llevado el cadáver en una barca por el lago Meris para ser enterrado después de hacérsele una oración fúnebre.

[190] Estos fueron Ferécides Sirio y su discípulo Pitágoras, quienes propagaron el dogma de la metempsicosis.

[191] Entre Rampsinito y Queops pretende Diodoro Sículo qué mediaron siete reyes oscuros, excepto Nilo, quien abrió varios canales y dio su nombre al río llamado antes Egipto. Algunos dan a Queops el nombre de Quemmis o Quembes, y a su hermano Quefrén el de Cabrias.

[192] Esta pirámide, que es la principal, queda en pie todavía, no menos que las minas de la famosa calzada de Queops, y conserva las gradas descritas por el autor, la primera de las cuales está a cuatro pies del suelo y tiene tres de anchura, y las otras disminuyendo a proporción. El área de su base cuadrada ocupa, según el cómputo de los modernos, 480.249 pies en cuadro, según el de Heródoto 640.000, y 490.000 según el de Diodoro. Estos monumentos llamados pirámides, de cuyo nombre griego no se descubre la etimología por ignorarse el que le dieron los egipcios, son por los árabes atribuidos a Jau, monarca universal anterior a Adán, por los coptos a Surid antes del diluvio, y por otros al patriarca Josef, a Nemrod, o a la reina Daluka. Su destino, si no fue tiránico para oprimir a los pueblos, o vano para ostentación de majestad, debió ser religioso para la sepultura de sus autores o para el culto de alguna deidad.

[193] Ninguno de los dos soberanos logró sepultura en sus monumentos en pena de su soberbia. Las obras públicas hechas para defensa o para beneficio común, eternizan la veneración de sus autores en la grata memoria de la posteridad.

[194] Difícil fuera decidir cuál es más absurda, si la respuesta del oráculo o la resolución tomada por Micerino.

[195] Pletro es una medida griega de 100 pies.

[196] Diodoro cuenta entre Micerino y Asiquis otro rey, que es probablemente el mismo que Asiquis, llamado Bocoris el sabio, quien a pesar de su prudencia incurrió en la tacha de avaro y de impío, porque quiso que el dios Muevis, toro sagrado, pelease con otro toro. Preso por el etíope Sabacón, fue quemado vivo por su orden. Plutarco menciona otro rey con el nombre de Gnefacto o de Techatis, al cual otros llaman Necocabis, padre de Bocoris.

[197] Este remedio no podía ser más seguro y eficaz, atendidas las creencias y usos de Egipto, pero era inhumano, no perdonando a los muertos para asegurar la correspondencia entre los vivos.

[198] Créese que esta ciudad es la Chanes o Hanes de Isaías, confinante con la Etiopía.

[199] Es probable que los tres príncipes Bocoris, Anisis y Neco, de quien se hablará más adelante, reinasen en tres provincias diferentes, cuando fueron destronados por el conquistador Sabacón, quien parece el mismo que Sua, citado en el lib. IV de los Reyes.

[200] El número de 700 debe corregirse en el de 300 años que trascurrieron desde Sua, contemporáneo del rey Oseas, hasta Amintes en el reinado de Artajerjes Longimano.

[201] Estos árabes no eran los ismaelitas, sino los de la Arabia Pétrea, los idumeos y otros tributarios de la Asiria, pues las tribus árabes permanecieron siempre libres e independientes, según la promesa hecha por Dios en el Génesis a la posteridad de Ismael.

[202] No se ha averiguado si Taraca, rey de Egipto, que salió contra Senaquerib, citado en el libro 4.º de los Reyes, es el Setón de Heródoto; pero no veo por qué el exterminio de los asirios por un ángel, según la Escritura, deba explicarse por la visión verdadera o supuesta de Setón, pues lo primero es de fe divina, y lo segundo una de las historias de Heródoto.

[203] Esta fábula pudiera tener su origen en el portento de Josué, que detuvo el sol, y parece convenir con la teoría de Burnet, según la cual la tierra, antes del diluvio, se hallaba en posición paralela al sol.

[204] Según los críticos, donde dice 600 debiera leerse 60.

[205] No se sabe que este duodecimvirato fuera elegido libremente por los egipcios, como parece indicar el autor.

[206] Lo que resta del laberinto, que conviene exactamente con la descripción de Heródoto, se llama el palacio de Caronte, la laguna Meris el lago de Caronte, y la ciudad de los Cocodrilos es Arsínoe, de la cual solo quedan ruinas. Tres fueron los objetos y usos del laberinto: servir de templo común o panteón de los doce reinos en que se dividía entonces el Egipto, de corte suprema para los mayores negocios del estado, y de sepultura común para los monarcas.

[207] Conviene no confundir la laguna Meris o Miris con la laguna Marea, vecina a Alejandría, entrambas de las cuales creyó Arístides que habían sido en lo antiguo dos senos del Nilo. La presente laguna de Caronte tiene ahora 12 leguas, o a lo más 15 de circunferencia, término medio entre el cómputo de Mela, que solo le da 20 millas, y el de Heródoto, harto exagerado, aunque los naturales le defienden diciendo que cierto terreno, arenoso en el día, formaba antes una parte de la laguna. Además de la acequia principal de que se habla aquí, por la cual el lago descargaba o recibía las aguas con sus puertas que se abrían o cerraban, desaguaban en él otros canales menores salidos del Nilo, admirables por su número y construcción, los cuales se conservan enteros. En cuanto a las pirámides de Meris, han desaparecido, si bien aseguran los vecinos que cuando el río no sube mucho se ven sus ruinas, no menos que las de los templos, sepulcros y otros edificios en una isla de una legua de circunferencia, situada en medio de la laguna.

[208] Las 20 minas se computan en 129 libras esterlinas; y el talento de plata en 258 de la misma moneda, sin contar los picos.

[209] Si este conducto se supone natural, y más si se concede a la laguna un manantial siempre vivo, como quieren algunos viajeros, será esto más probable que no si se pretende que el conducto es artificial, pues entonces el lago todo se hubiera desaguado por él, y la tierra excavada por tan largo trecho hubiera debido de ser infinita.

[210] Esta es la única vez que el autor hace mención de este monarca, por haberse perdido el libro que el autor escribió de los asirios.

[211] Sin duda la libación en una taza de bronce debió incitar menos a los once reyes contra Psamético que la envidia de su provincia marítima, viéndole floreciente por su comercio y muy unido con los negociantes extranjeros.

[212] No consta cuál fuese el grado de Neco, si soberano o vasallo, si magistrado o particular: pero la retirada de su hijo a Siria hace conjeturar que sería príncipe de alguna provincia de Egipto.

[213] La piratería fue una profesión antiquísima en los mares de Grecia y del Asia menor, ni se reputaba infame, según el testimonio de Tucídides, quien la atribuye, parte a la oportunidad del mar, parte a la pobreza de los habitantes, parte a la independencia de aquellos pequeños estados, de la cual nacía la impunidad de los corsarios.

[214] La batalla parece que se dio cerca de Menfis, en la cual algunos reyes quedaron muertos, y otros se refugiaron dentro del África.

[215] Este toro y dios Apis de los menfitas no debe confundirse con el toro y dios Mueris de los de Heliópolis, a cuya imitación los israelitas fabricaron su becerro en el desierto.

[216] Parece que el favor de este rey hacia los griegos a quienes debía en parte la corona, indispuso no poco el ánimo de los nacionales para con su soberano, de cuyo servicio desertaron de una vez en gran número, según se dijo en el [pár. XXX de este libro]. Este descontento obligó más a Psamético a unirse con los extraños, haciendo alianza con los atenienses y con otros griegos.

[217] En las ruinas de Egipto se ven todavía techos grandes de una sola pieza.

[218] Es extraño que ignore el autor las grandes islas flotantes cerca de Orcómeno, ciudad de Beocia, que después describió Teofrasto, y otras de que Plinio y Séneca dieron noticia. En el río Formoso en el reino de Benín, según el abate Marcy, se ven no pocas islas flotantes, pobladas de cañas y arbustos. En cuanto a la historia de la isla de Quemis, parece trasladada por los griegos a la de Delos, mudados solo los nombres; a no ser que los egipcios con el comercio de los griegos adoptasen también sus fábulas.

[219] Conservo los nombres griegos, a los cuales en latín corresponden: a Artemisa, Diana; a Dioniso, Baco; a Deméter, Ceres.

[220] Dícese de este rey, además, que envió a buscar las fuentes del Nilo, que hizo en dos niños la experiencia referida en el segundo párrafo de este libro, y que conjuró a fuerza de regalos la tempestad que le amenazaba con la invasión de los escitas.

[221] Este canal regio, del cual Aristóteles hace inverosímilmente primer actor a Sesostris, y Diodoro y Heródoto a Neco, fue llevado a cabo por Darío, y no, según pretende Diodoro, por Ptolomeo Filadelfo, tantos años posterior a nuestro autor, si bien este monarca fabricó una exclusa con sus puertas para subir y bajar el agua, a fin de que el mar Rojo, más elevado que el Egipto, como se decía, no inundase el país. En la incertidumbre que reina acerca del curso del canal, parece lo más probable que se tomó el agua desde el brazo bubástico del Nilo cerca de Facusa, y tirando hacia al monte vecino de la Arabia, y torciendo al pie de él su dirección, seguía hasta entrar en el golfo Arábigo cerca de la ciudad de Patumo, que se duda si será la Phitom del Éxodo, después Heopolis.

[222] Por el libro IV de los Reyes sabemos, con más puntualidad, que Faraón Necao venció a los judíos cerca de Mageddo; que en Rebla de Siria prendió al rey Joacaz, llevándole cautivo a Egipto; que nombró a Joaquín rey de Jerusalén, aunque no consta que tomase a fuerza de armas esta ciudad, que será acaso la Caditis de Heródoto. Venció también Neco a los asirios, y se apoderó de Carcamis sobre el Éufrates; pero vencido poco después por Nabucodonosor, perdió sus conquistas, y murió 600 años antes de Jesucristo.

[223] Diodoro pretende que la embajada de los eleos fue en tiempo de Amasis.

[224] Este rey, que venció al principio a los tirios, sidonios y cipriotas, volviendo a Egipto con un rico botín, y a quien dan unos 22 y otros 19 años de reinado, es el Ephree de la Biblia, cuyo delito fue abandonar a su aliado Sedecías en manos de Nabucodonosor, y cuyo castigo anuncia Jeremías.

[225] En el [libro IV, párrafo CLIX] de esta historia, se verán los motivos que tuvo Apríes para esta expedición y que eran injustas las sospechas de sus vasallos.

[226] No se sabe si estos preparativos de guerra se hicieron con el favor de Nabucodonosor, que se valdría de estos disturbios para saquear el Egipto, y si fueron en el tiempo o después de su invasión; mas parece que auxilió a Amasis, y que le dejó tan solo como rey feudatario.

[227] Ciudad no lejos de la laguna Marea.

[228] Heródoto, al estilo de los poetas, dejando suspensa la expectación de los lectores al ir a darse una acción decisiva, intercala este episodio de las milicias y clases en Egipto, que en vez de siete reduce a cinco Diodoro de Sicilia. En cuanto a la milicia egipcia, a pesar de su separación y perpetuidad, obsérvase que jamás sobresalió en valor, pues sin el ejercicio activo de la guerra, los soldados, aunque de profesión, se enervan con el ocio.

[229] Esta era la primera clase del estado con un sumo sacerdote y varios colegios presididos por un pontífice menor; el rey era cabeza del sacerdocio egipcio, como debía serlo en la religión natural la suprema potestad.

[230] La mina corresponde casi a una libra de peso: el sextario a poco más de un cuartillo.

[231] Este pasaje concuerda con la expresión arrogante y blasfema que pone Ezequiel en boca de este rey, el dragón grande tendido entre sus ríos y diciendo: Meus est fluvius, ego fecime metipsum. No conviene menos con la narración de Heródoto lo demás de la profecía, aunque la desolación de 40 años con que se amenaza a las ciudades del Egipto, después de la invasión de Nabucodonosor, hace pensar que entre Apríes y Amasis reinó algún príncipe menos poderoso, que sería el Partamis de Helánico o algún otro.

[232] Estos misterios representaban las desventuras de Osiris, echado al río en una caja cerrada con plomo o hecho pedazos por Tifón y hallado por su mujer Isis.

[233] Diodoro afirma que Deméter o Ceres es la misma que Isis, cuya tesmoforia o misterios eleusinos celebró la Grecia, adoptándolos del Egipto en Argos por medio de las danaides, y en Atenas, colonia quizá egipcia, por medio de los egipcios Petes y Erectes.

[234] Los egipcios habían logrado con la fuerza de la costumbre, que en una sociedad bien constituida tiene dominio absoluto, contener y limitar a la suprema autoridad, por más que la corona fuese hereditaria, recayendo en los raros casos de elección en un oficial de mérito o en un sacerdote virtuoso. La conducta trazada al monarca era arregladísima: el uso apartaba de él todas las personas bajas y vulgares, dándole por criados jóvenes nobles educados con esmero; repartía sus horas entre el despacho de los negocios, el sacrificio diario, un breve recreo, una mesa moderada y en oír la lectura de las instrucciones de los libros sagrados, y un elogio de sus diarias acciones si lo merecía, y en fin, nada le consentían hacer contrario a las leyes y costumbres del Egipto.

[235] Aunque las leyes egipcias prohibían el hurto, como se ve por este pasaje y por la historia referida en el [pár. CXXI de este libro], señalaban un magistrado con el nombre de Archiladrón, quien tomaba por escrito los nombres de los que quisiesen profesar tal oficio, y les obligaba a presentarle sus hurtos; y ante él acudían los dueños de lo robado, que lo recobraban dejando una cuarta parte de su valor en beneficio del ladrón. Sin defender esta economía como remedio de mayores males, diré que no era contraria a la ley natural, pues la potestad suprema puede moderar el dominio privado de cada uno con ciertas cargas y condiciones a que puede obligarlos.

[236] Esfinges con rostro de hombre.

[237] Se estimaba en más el mármol etiópico negro o variado, por lo fuerte de la piedra, o quizá solo por ser extranjero.

[238] Diodoro refiere que las ciudades y pueblos grandes del Egipto antiguamente subían a 18.000, en tiempo de Filadelfo a 20.000, siendo entonces de siete millones la población, que en su tiempo había bajado a tres millones. Y no es de admirar, si es verdad que un niño no costase a sus padres más que 20 dracmas hasta la edad varonil, pues la población crece con la abundancia de víveres.

[239] Equivalen a los que llamamos cónsules al presente, pues cada nación, y aun a veces una ciudad, tenían al parecer su compañía de comercio.

[240] Náucratis era, según se dice, colonia de Mileto, si bien no consta la época de su fundación. En cuanto a los emporios privilegiados, es difícil de resolver si son más ventajosos que perniciosos al bien público.

[241] Nos es extraño que los de Delfos fuesen tan cargados en el reparto, pues sin la fatiga de cultivar sus riscos, vivían a expensas del templo, y aun quizá se enriquecían, como sucede con los cuestantes, con lo que recogían para su reedificación.

[242] Ciudad de la isla de Rodas.

[243] Parece que Heródoto fue mal informado acerca de la prosperidad del reinado de Amasis, pues mal conviene su narración con las predicciones de los profetas, con el saqueo de Nabucodonosor, y con la de Jenofonte de que Ciro, contra quien Amasis se había coligado con Creso, se apoderó del Egipto.

[244] Es más verosímil que la expedición de este rey contra el Egipto fuese motivada por la sublevación de Amasis, antes feudatario de la Persia, o por haber conquistado Ciro el Egipto, o por ser este país desde Nabucodonosor dependencia del imperio babilonio.

[245] No obstante estas dos razones, de las cuales una estriba en la suposición arbitraria de que un monarca persa no pudiera contraer matrimonio legítimo con una princesa extranjera, y la otra nada prueba porque se responde por la cuestión, se ve en Ateneo que dos historiadores de mérito, Dinón y Linceas, hacen a Cambises hijo de Nitetis.

[246] Esta raza de gente, más astuta y fiel en palacio que intrépida y avisada en las expediciones de guerra, era reputada, según Jenofonte, en las cortes bárbaras, por la más apta y adicta al servicio de los soberanos, de cuyo favor únicamente dependía, viéndose despreciada y aborrecida de los demás hombres.

[247] Las dos ciudades de Caditis y Yeniso, de que no habla ninguno de los autores antiguos, oscurecen la descripción geográfica de un terreno exactamente conocido, cual es la Siria palestina o costa de los filisteos, que empieza desde la Fenicia y continuaba hasta Egipto siguiendo de norte a mediodía. Tal vez será Caditis no Jerusalén, sino la Gat de los filisteos, y Yeniso será Rafia, distante tres jornadas del monte Casio. Los emporios que cita eran los varios puertos de la Pentápolis de los filisteos.

[248] Da el nombre de Siria al desierto que cae entre el Egipto y la Idumea, confinante con la tribu de Judá, comprendiendo bajo aquel nombre el mencionado camino de tres jornadas.

[249] Era este árabe un príncipe idumeo, reinante en la Arabia Pétrea. Los idumeos descendientes de Esaú, vasallos antes del reino de Judá, gobernados por una especie de virrey y después de siglo y medio sublevados, se mantuvieron independientes, y en tiempo de la cautividad babilónica se hicieron tan poderosos, que si creemos a Heródoto, tenían bajo su dominio los puertos y emporios de los filisteos, sin reconocer por dueños a los persas, que lo eran ya de Babilonia. La fe en los tratados era ciertamente una de sus virtudes características.

[250] Por su Dioniso entendían el sol, por Urania la luna. El estado de ignorancia en que estaban sumidos los árabes no me permite detenerme en sus dioses planetarios y en los que colocaban en las estrellas fijas, en sus ángeles medianeros, y en su magia y sabianismo.

[251] En el bajo Egipto suele muchas veces llover en invierno y alguna vez nevar. En el alto Egipto, en especial cerca de las cataratas, es extraordinaria, aunque no cosa nunca vista, una lluvia seguida y continua, que es lo que significa el texto; pues en cuanto al rocío, es allí copioso cuando baja crecido el Nilo.

[252] Polieno dice que los egipcios que estaban de guarnición en la fuerte plaza de Pelusio, dieron paso a los persas por no hacer daño a una gran tropa de perros y gatos y otros animales tenidos en Egipto por sagrados, que Cambises hacía marchar al frente de sus tropas.

[253] Estas tiaras, aunque hechas de fieltro o lana tupida, creo serían más semejantes en su forma a los turbantes asiáticos que a los sombreros con alas. En cuanto a la fragilidad de los cráneos persas, menos influiría en ella el turbante que el clima del Asia meridional; por lo cual se ve todavía en los cementerios resolverse pronto en ceniza blanca un cadáver asiático, al paso que un europeo se deshace más tarde y en ceniza negra, como se observa en las Filipinas.

[254] En el reinado de Artajerjes Longimano, Inaro, príncipe de la Libia, puesto al frente da los egipcios sublevados, y asistido por los atenienses, dio a los persas una batalla en que pereció Aquemenes, tío del rey, con 100.000 soldados. El resto de los persas se fortificó en Menfis, donde estuvieron tres años sitiados por Inaro, hasta que viniendo en su socorro Megabizo con un nuevo ejército, derrotó a este, obligándole a retirarse a Biblo y a rendirse poco después. El infeliz Inaro fue crucificado en Susa contra la fe de las capitulaciones: pero el egipcio Amirteo, después de haberse retirado con algunos de los suyos a los pantanos inaccesibles, y reinado en ellos pacíficamente con el auxilio de los atenienses, salió de sus lagunas, y no solo recobró todo el Egipto, sino que coligado con los árabes dio en Fenicia una batalla a los persas en la cual fue derrotado, y no se sabe si muerto también. Los persas dieron después a su hijo Pausiris el reino de Egipto.

[255] Antiguamente los persas veneraban el fuego, si como dios o como imagen de la divinidad se ignora; pero se sabe que entre varios pueblos orientales quedó pura por algún tiempo la religión después del diluvio. Por lo tocante al dios fuego de los egipcios, no se puede dar una idea más grosera de una divinidad que la descrita por Heródoto; y aunque el vulgo se explicase así, los sacerdotes no venerarían en el fuego material otro numen que su Hefesto o Vulcano.

[256] Los macrobios (hombres de larga vida) no podían habitar en las costas del mar del Sur, del todo incógnitas a los antiguos. La Etiopía era una dilatada región que por el norte confinaba con Elefantina de Egipto, por el poniente con la Libia interior, al presente Abisinia, por el levante con el mar Rojo, y por el mediodía con la parte del África, entonces desconocida, que comprende ahora los reinos de Gingiro, Álava y Zeila. Sus antiguos límites no pueden fijarse, así por falta de monumentos, como porque debieran variar según el poder del etíope.

[257] Los que se alimentan de pescado.

[258] La capital de este soberano, cercana al país de los ictiófagos situados en las orillas del golfo Arábigo, sería, según parece, la antigua Auxumis, ahora Ascum, 45 leguas distante del mar Rojo, a 14 grados de latitud boreal. Solo suponiendo esta parte de Etiopía, la más distante del Egipto, dividida e independiente de las demás, podrá conciliarse la sencillez de estos etíopes y su ignorancia del uso de púrpura, brazaletes, pan, etc., con las conquistas que habían hecho en Egipto los reyes etíopes sin duda de otras provincias, y con la comunicación tan estrecha que habían tenido con la nación más civilizada.

[259] Este vidrio sacado de las minas, muy diferente sin duda del nuestro, da lugar a muchas conjeturas. Ámbar no puede serlo, pues solo es depósito del mar Báltico; con más verosimilitud se le cree alcohol, de que abunda la Abisinia, o una especie de sal de piedra, tierna al excavarla y endurecida después al aire. Respecto a las costumbres que atribuye Heródoto a los etíopes, convienen en parte con las actuales: su amor a la bebida es el mismo; su vida, aunque no tan larga en la actualidad, es favorecida por el clima y por la sencillez de costumbres y alimentos; y su abundancia en oro es confirmada por muchos autores, si bien no es menor en Abisinia la del hierro que es quizá el bronce de Heródoto.

[260] No será impropio de este lugar reducir a un punto de vista la historia de la antigua Etiopía esparcida por varios escritores. El nombre de etíopes se extendía a los escitas del Araxes, a los árabes de una y otra orilla del Mar Rojo, a los africanos de la Libia interior, y a los abisinios o etíopes propios de quienes nos ocupamos. Descendientes de Habaschi, hijo de Chus, que pasando el estrecho de Bab-el-Mandeb dio el nombre a su nación y a su país, estuvieron al principio divididos en varios reinos, que Plinio hace subir a 45, entre los cuales eran los más poderosos los de Méroe y Auxumis, dilatándose el primero hasta la Tebaida; contra el cual dicen se dirigió la famosa expedición de Moisés como general de Faraón. No es improbable que la reina de Saba que visitó a Salomón fuese soberana a un tiempo de los egipcios y etíopes, y que tuviera de Salomón un hijo de quien descendían los antiguos reyes de Etiopía. Según pretenden los abisinios, hubo también en Méroe diversas reinas con el nombre de Candace, de una de las cuales era ministro el eunuco bautizado por San Felipe. Reunidos los etíopes en un mismo imperio por Sesostris, que será acaso el Sesac de la Escritura, tuvieron sus conquistadores, como Zara, derrotado por Asá, rey de Judá, al frente de un millón de soldados, y como el ya conocido Sabacón, llamado Sua o Taraca en la Biblia, hasta que el asirio Asaraddon, para vengar la derrota de su padre Senaquerib, se apoderó del Egipto y de la Etiopía, donde reinó tres años con mucha crueldad. No se sabe más de los etíopes hasta Ciro, cuyos sucesores solo dominaron algunos etíopes confinantes con Egipto. Ptolomeo Evergetes penetró más tarde hasta Auxumis, y los romanos entraron alguna vez en Etiopía; pero fueron efímeras y nada estables sus conquistas.

[261] No sé por qué los griegos dieron este nombre al lugar donde se deportaba a los desterrados. La citada Oasis era la mayor de las tres así llamadas.

[262] Antes había ya Cambises con una conducta poco considerada abrasado los templos en Menfis, y quitado de la tumba del rey Osimandias un círculo de oro de 365 codos, en cuya superficie se representaban todos los movimientos de las constelaciones del cielo. Los restos escapados de las llamas subían a más de 300 talentos de oro.

[263] Jenofonte llama a este príncipe Tanasxares, y Justino, Mergis, variación muy usada en los nombres de los príncipes bárbaros, nacida entre los griegos y latinos de la diversidad de su lengua con la de los orientales. Estos fratricidios de príncipes reales, fundados en la máxima de Séneca, non capit regnum duos, eran entre los bárbaros muy frecuentes, hasta que el cristianismo y su civilización vinieren a destruirlos.

[264] Esta hermana a quien mató Cambises en Egipto, se llamaba Méroe, y su hermana mayor, y mujer también suya, era Atosa. El ejemplo de Cambises abrió la puerta a todo género de incesto entre los persas, que cerrando los ojos al horror de la naturaleza y al grito de la razón, no reconocían parentesco alguno, aun en primer grado, que les impidiera el matrimonio.

[265] Estos consejeros de Estado, en número de siete, parece que seguían siempre a la corte y al soberano, si bien algunos más residirían quizá ya en una, ya en otra provincia del imperio, según la urgencia de los negocios. El despotismo de los monarcas y la arbitrariedad de los sátrapas no debía permitir en los jueces tribunales que Jenofonte nos pinta en su Ciropedia, menos según la realidad que según lo que debía ser.

[266] No es posible sacar a estos dioses del caos de la mitología, ni dar razón de su nombre, procedencia y número, a menos que se les tome por compañeros de Hefesto, padre de los herreros, venidos de Fenicia a varios lugares de la Grecia.

[267] La isla de Samos, separada del Asia menor por un estrecho de mil pasos de ancho, situada entre el grado 38 y 39 de latitud, y de unas 87 millas de circuito, poblada desde el principio por Macareo, hijo de Eolo, ocupada después por los carios, y conquistada por los jonios en tiempo de Roboam, fue una de las más célebres de Grecia. Su gobierno sería antiguamente monárquico, pues se hace memoria no solo de Macareo, Tembrio y Procles, antiguos posesores de la isla, sino también del rey Anfícrates, anterior a la edad de Cambises. Prevaleció después la democracia en tiempo de Creso y de Ciro, de quienes nunca fueron vasallos los samios, muy poderosos por mar y opulentos comerciantes; pero a la democracia sucedió la oligarquía de los geómoros, o de algunos nobles que repartiéndose los campos gobernaron la isla con una especie de Senado, hasta que fueron todos degollados por el pueblo; el cual no recobró su libertad sino para recaer en manos del general Silosonte, y poco después de la muerte de este, en las de Eaces, quien dejó el mando a su hijo Polícrates, 531 años antes de Jesucristo.

[268] Si no es este realmente el ejemplar de la carta de Amasis, o un extracto del discurso de Solón con Creso, está en ella perfectamente imitada la simplicidad majestuosa de los antiguos soberanos. Sus máximas, aunque fundadas en los errores del fatalismo y de la envidia que se atribuye a los dioses, podrán ser ciertas aplicándolas a la infalibilidad con que se cumplen los divinos decretos, una vez previstos, pero no violentados los actos de nuestro libre albedrío, y a la insolencia injuriosa, compañera de una larga prosperidad, con que suele obcecar a los príncipes la justicia divina.

[269] Polícrates conservaba al parecer, contra lo que sucede generalmente, aquella afectación de familiaridad con el pueblo, aquella afabilidad y bizarría en convites y en servicios que le habían conducido al mando, ganándole el aura popular.

[270] Véase [lib I, pár. LXX].

[271] Concuerda Plinio con Heródoto en la descripción de este peto y de la lana de que era formado, producto del arbusto del algodón que se cría en los confines del Egipto con la Arabia; pero no acierta en atribuir a Alejandría el primer uso de las telas de hilos de varios colores, conocidas ya desde José, hijo de Jacob, y a Átalo la invención del brocado o tela entretejida con hilos de oro, que vemos usados ya en el peto de Amasis.

[272] Los asirios y babilonios fueron verosímilmente los primeros autores del eunuquismo, pues antes de los persas lo vemos ya usado en los palacios lidios y medos: barbarie cruel y afeminación indigna que se imita escandalosamente en Italia para dar buenas voces a los conciertos y teatros.

[273] Es incierta la época en que los corintios enviaron sus colonias a Corfú, aunque debió ser posterior a Homero, quien la llama en su Odisea, Esqueria, la tierra de los feacios, sin hacer mención de Egnecrates, conductor de la colonia.

[274] Ciudad de la Argólida, quizá Pigiada hoy día, célebre por el templo de Esculapio.

[275] No asiento a que el primogénito, como quieren algunos, se llamase Gorgias, pues este era el nombre de un hermano de Periandro, cuyo hijo Psamético sucedió en el gobierno a su tío.

[276] La muerte de Licofrón ocasionó al parecer entre los corintios y corcíreos una batalla naval, de las más antiguas y célebres que vio la Grecia.

[277] En Sifanto, que tal es el nombre de la antigua Sifnos, isla de 40 millas de circunferencia, no se trabajaba en el día mina alguna, aunque se asegura que las hay de plomo. Tiene la isla cinco muy buenos puertos, Faros, Vati, Quitriani, Jerrónisos y Calanca.

[278] Wesselingio corrige por dos códices insignes el texto, que en vez de Hidrea decía Tirea, ciudad dentro de tierra en la Argólida, lo que a muchos hizo incurrir en error.

[279] Aún quedan ruinas de este célebre templo dedicado a Hera, del muelle que atestigua que los samios fueron los primeros negociantes por mar entre los griegos, y de la mina descrita por el autor, que se encuentra entre los restos de la ciudad y el monte Metelino, con dos bocas, de las que una corresponde al camino cubierto, y otra al acueducto excavado al lado con mayor profundidad, al cual se podía bajar desde la mina para conservarle en buen estado.

[280] Sin duda el mago contaba más con el odio de los vasallos contra los excesos de Cambises, que con la legitimidad de las pretensiones del personaje cuyo nombre había tomado, pues ¿cómo hubieran los persas reconocido por rey a Esmerdis mientras vivía su hermano mayor, y sin saber si tenía este sucesión?

[281] Siguiendo a Plinio, Ecbatana de Siria estaba situada junto al monte Carmelo.

[282] Estos oráculos, cuando no eran profecías de lo pasado, llevaban en sí tantas anfibologías e incertidumbre que no se comprende cómo podían ser oídos seriamente.

[283] En Oriente era muy antigua en boca de alguna persona pública la costumbre de estas bendiciones y maldiciones sobre todo un pueblo, que se practicaba siempre con ceremonias y visos de religión, de las cuales se ven tan frecuentes ejemplos en la Biblia.

[284] Este rey mago, llamado diversamente por los antiguos Esmerdis, Mardis, Espendadates, Oropastes, y por Esdras Artajerjes, prohibió a los judíos llevar adelante su templo, cuya reedificación, mandada por Ciro, fue entorpecida en el reinado de Cambises, conocido en el mismo libro de Esdras por Asuero.

[285] Reconozco en estos discursos lo que varias veces observé en los políticos modernos, que nada de bueno nos dan en sus escritos que no se deba a la Grecia. Los fundamentos de la sociedad política, sus géneros, sus progresos, sus atrasos, su decadencia, su variación, su vuelta periódica, todo lo indica Heródoto, lo amplifica Platón y lo descifra y analiza Aristóteles.

[286] Los confederados compusieron un orden principal en el imperio, como grandes de primera clase, y de sus familias se formó después una especie de Consejo de Estado.

[287] Seis esposas de primera clase tuvo Darío: de la hija de Gobrias, con quien casó antes de ser rey, tuvo tres hijos, Artobazanes, Aariabignes y Arsamenes; de Atosa, su esposa favorita, tuvo a Jerjes, Masistes, Aquemenes e Histaspes; de Aristona, a dos, Arsames y Gobrias; de Parmis le nació Ariomardo; de Fratagina, hija de Artanes, le nacieron Abrocones e Hiperantes; de Fedima no se sabe que tuviese hijo alguno.

[288] Aunque no presumo de monetario, creo que el talento babilónico valía 314 cequines o 628 escudos, y el talento euboico 714 escudos. No puedo inclinarme a creer que la economía pública fuese una ciencia desconocida a los antiguos, pues los indicios que nos quedan del reino de Salomón, del de Darío, de la república de Atenas y del imperio romano, persuaden la buena dirección de los negocios respecto a las rentas del estado, aunque se haya adelantado en el día el comercio de los ciudadanos entre sí o con los extranjeros.

[289] Los tracios asiáticos se llaman más comúnmente bitinios, y los sirios, capadocios. En el catálogo de estas satrapías no sigue Heródoto el orden de excelencia ni de tiempo, pues provincias tenues se anteponen a muchas más ricas, y las más lejanas a otras más próximas por las cuales empezó Darío a arreglarlas.

[290] El año de los persas no constaba sino de 360 días.

[291] Ciudad marítima de la Siria, llamada también Posidonio, cerca de Heraclea.

[292] Esta satrapía era la más remota del imperio, según se infiere de la posición de los gandarios o gargaridas situados junto al Ganges.

[293] El nono gobierno se llama al presente Kurdistán; el décimo Schiván; el undécimo, contenido entre el Tauro y el mar Caspio, se llamó después Media Atropatene; el duodécimo es hoy el Korasán.

[294] El decimotercio gobierno además de la Armenia comprendería la Mingrelia, la Georgia y la Albania: el decimocuarto, según se infiere de los Sarangas colocados entre los ríos Indo y Arbis, era formado por la antigua Gedrosia, al presente Macran; el decimoquinto se llamaba Hircania, y comprende los provincias de Mazandau y de Hilan; el decimosexto es en el día Erak-Agamí.

[295] Los etíopes de la satrapía decimoséptima estarían probablemente situados cerca del Indo; la decimoctava correspondería a la Armenia menor; la decimonona al Ponto, célebre reino de Mitrídates; la vigésima no comprendería regularmente todo el Indostán situado entre el Indo y el Ganges, sino una parte de él únicamente.

[296] Esta región se llama hoy Pars o Fars, en la que se halla Schiras, la antigua Persépolis.

[297] Los citados etíopes son los árabes confinantes con el mar Rojo, donde estaba la sagrada Niso. Los colcos ocupaban el país actualmente llamado Gurgistán, que comprende las comarcas de Mingrelia, Imereta, Guriel, Laket y Carduel.

[298] Hasta muchos siglos después de Heródoto no se tuvo en Grecia conocimiento de las provincias situadas más allá del Ganges, lo que hace creer que la China no fue un imperio tan antiguo como la pintan sus anales, pues su grandeza, mayor que la de los persas, no hubiera podido esconderse a los escritores de la antigüedad. Los indios de que habla el autor son los del Indostán, de los cuales, aunque diga verdad Heródoto en algo, especialmente en su vestido de enea y corteza de árbol de que sacan en el día vastas telas en muchas partes del Asia, no es creíble la brutal disolución que les atribuye, la inhumanidad de degollar a sus padres y abandonar a los enfermos, mayormente cuando los banianos, descendientes de los antiguos moradores, son tan compasivos hasta con los animales, que mantienen en Surate dos hospitales para ellos. Plinio previene que los antiguos, y Heródoto en especial, no hicieron más que verter mil fábulas sobre la historia natural, ciencia felizmente perfeccionada por los modernos.

[299] La situación de estos indios corresponde a las provincias septentrionales del Indostán, comarcanas del Cáucaso, llamadas ahora Kacmira y Hacares; pero en lo que refiere de ellos se equivoca el historiador, pues no hay allí arenales sino valles comparables a la Tesalia, ni hormigas en toda el Asia semejantes a las que pinta, ni minas de oro y plata en el Indostán, a no ser arenas de oro en los ríos o las minas ya agotadas de Siam, que será quizá la Quersoneso Aurea de los antiguos.

[300] Ni al anochecer se siente el frío referido, ni al medio día se templa el calor, como supone Heródoto, pues en pocos países es tan intenso, aunque pudo dar fundamento a esta noticia la marea y el viento de tierra que reina regularmente en las costas del mar Índico.

[301] Diodoro Sículo atribuye a la eficacia del sol la grandeza de los vivientes y la variedad de los colores en las aves, flores y minerales de aquella extremidad oriental de la tierra, como llama nuestro autor a la India, siguiendo la opinión vulgar de los griegos que, sin pararse en la redondez del globo, colocaban a Delfos en el centro de la tierra.

[302] Este es el arbusto del algodón, diferente de la planta que también lo produce, y si la China fuera entonces conocida, se sospechara que hablaba el autor de la seda blanca que en Chantong ciertos gusanos crían sobre los árboles.

[303] El principio de reconocer un espíritu próvido que dirija el universo es exactísimo y universalmente reconocido, salvo por los epicúreos, aunque sean apócrifos todos estos fenómenos naturales y maravillosos partos de la víbora y la leona, que cita en su apoyo.

[304] De estas ovejas de disforme cola que existen en África todavía, según he leído, habla Plinio, como también de la droga del ládano, que no es la única en adquirir aprecio y estimación a pesar de su vil origen, pues otro tanto sucede con la piedra bezar que se cría en los intestinos del pasán, especie de cabrón de Golcenda.

[305] Ciertamente el África occidental, llamada aquí Etiopía, es abundante en oro y grandes bestias; pero sus negros no son por lo común tan altos y gallardos como supone.

[306] Esta confusa noticia sin duda nace de los fenicios, que dirían que el electro venía del norte, donde lo arrojaba al mar un río que llamaban Rodaune, nombre que los griegos convertirían en Erídano.

[307] De ellos volverá a hablar Heródoto en el libro IV. La abundancia de oro que supone en el norte de Europa es fabulosa.

[308] Nada puedo encontrar en ninguno de los viajeros acerca de este río ni de cuanto le pertenece. Si los corasmios, cuyo asiento no se sabe fijamente, no se colocaran comúnmente en los confines de la Partia, se sospechara que el país descrito es el de Cachemira, al norte del Indostán, que se cree fuese antes un lago encerrado entre montes, y desaguado por una quebrada abierta a ruegos de Kacheb, según los indios, o por la violencia de algún terremoto.

[309] No es verosímil que Intafrenes, si algo maquinaba, hubiese dado aquel paso tan falso que le imposibilitaba encubrirse por más tiempo; más bien que víctima de su conjuración doméstica, lo fue de la venganza de Darío.

[310] Se ignora si Heródoto imitó a Sófocles en este pasaje, o si el último en su Antígona imitó al historiador. En Luciano se lee una máxima semejante, en que un escita saca del incendio a un amigo con preferencia a su mujer y a sus hijos.

[311] Era esta la tercera satrapía, situada en la Bitinia, en las costas del Helesponto.

[312] Vivía Anacreonte en los reinados de Ciro, Cambises y Darío.

[313] Entre el tiempo en que Minos tuvo el imperio del mar de Grecia, y aquel en que vivió Polícrates, hubo muchos pueblos que mantuvieron el dominio naval.

[314] Este era el nombre propio del templo de Hera, en Samos.

[315] Debe entender el autor por tiranos de Siracusa a Gelón y a Hierón el Viejo, célebres por sus virtudes y amor a las artes. En cuanto al juicio sobre Polícrates, no se dude de su talento superior, de su magnificencia y protección a Pitágoras y a Anacreonte; de su humanidad para con los samios, y de su violencia para con los extraños se habla con mucha diversidad. Acerca de su muerte, feneció quizá desollado vivo, o cortada la cabeza y puesto en un palo, que eran los más crueles suplicios entre los persas.

[316] Los persas fueron los autores de la economía y orden político de una vasta monarquía distribuida en varias provincias, sin que entre ellos hubiera unas de dominio real y otras de dominio feudatario, sino que todas eran otros tantos reinos subalternos bajo el gobierno de su sátrapa dependiente del emperador, forma que aún se observa en algunas provincias de Persia en que dura todavía el empleo citado de secretario de oficio, a quien dan el nombre de vakanavisch.

[317] Sin disputar a Democedes su riqueza, no creo que contando el talento por mil escudos, le diera Egina los mil, Atenas más de mil setecientos escudos, y Polícrates dos mil, pues no era entonces en Grecia tan abundante la moneda.

[318] Esta razón, tomada acaso por el autor de Demócrito, su contemporáneo, aunque harto material a primera vista, se explica perfectamente, en cuanto maleado el instrumento del sentido, no puede el alma inmortal usar de toda la eficacia y gallardía del espíritu. Respecto al discurso entero, se ve que Heródoto creía a los médicos no solo discretos en la elocuencia familiar, sino aun sofistas, maestros de ella en los palacios.

[319] Las fuerzas prodigiosas de este atleta crotoniata, o Sansón profano, se leen en mil autores.

[320] La Yapigia o Messania es la península de Calabria, cuyo istmo está entre Brindis y Tarento. El mismo Gilo, libertador de los persas, fue probablemente quien rescató a Pitágoras, cautivo de Cambises.

[321] Esta respuesta, más insolente que libre, muestra que al mando puede aplicarse el proverbio «lupum manibus tenes», siendo más peligroso el soltarlo que molesto el retenerlo.

[322] En este pasaje he tenido que valerme de las palabras modernas aparador, vajilla, repostería, para expresar el lujo antiguo, que se reducía por lo común a vasos preciosos de oro con varios emblemas y colores.

[323] Plinio da por común el parto de las mulas en África y Capadocia.

[324] Infiérese de aquí que Beroso, citado por Josefo, se engañó cuando dijo que Ciro arruinó los muros exteriores de Babilonia.

[325] Este era el pretexto de la guerra; el motivo pudo ser o el deseo de vengarse de la repulsa indecorosa con que el rey de los escitas, según Justino, negó a Darío una hija por mujer, o la ambición de extender más bien la gloria que los intereses de su imperio con la conquista de una nación más belicosa que rica y abundante.

[326] Plutarco, citando a Heródoto, da la razón de esta barbarie, la que se hacía, según los mejores intérpretes, para que los esclavos revolvieran la leche de sus amos, lo que se comprenderá si suponemos que giraban incesantemente alrededor de las vasijas, con peligro de caer turbada la cabeza si tuvieran vista.

[327] Sin duda los escitas invasores de Media, habiendo salido sin sus mujeres, pensaban volver en breve a su país, después de haber dejado en el Asia algunas colonias, y sin duda se apresuraron sus mujeres a unirse a los esclavos ciegos, pues aquellos hallaron ya a su vuelta una falange de espurios tan crecida. Temerosas ellas por su infidelidad, contribuyeron acaso más que el látigo de los hombres a la reducción de los esclavos, en cuyo castigo se ensañaron cruelmente. Dos monumentos nos quedan de esta guerra servil: el uno la estatua ecuestre con el látigo en la mano que se ve en Novogorod, ciudad situada en la antigua Escitia; el otro la costumbre de presentar las moscovitas a sus futuros esposos una varilla obra de sus manos.

[328] El sabio Bayer, académico de San Petersburgo, quiere que este origen de los escitas se entienda de la época en que empezaron a formar una sociedad civil, época que coincide con los últimos años de la esclavitud de los hebreos en Egipto. El mismo conjetura que Targitao pudo ser un príncipe hijo de algún papeo y de alguna princesa de los cimerios situados cerca del Borístenes; pero si estas fábulas son susceptibles de explicación histórica, no así de todas; pues ¿qué verdad puede esconderse en los dones de oro de Arpoxais?

[329] Escitas significa en su mismo idioma ballesteros, palabra que aún se conserva en las lenguas septentrionales de origen escítico. Los atenienses no dejaron de nombrarlos escólotos o tolotas.

[330] Algunos comprenden el país de los escitas entre el grado 45 y 57 de longitud y el 47 y 55 de latitud; hay quien lo extiende desde el grado 25 hasta el 110 de longitud. Esta enorme diferencia no es más que de palabra, según se coarte el nombre de escitas, o se aplique a todos los pueblos descendientes de Jafet, establecidos en el Asia septentrional hasta el Danubio.

[331] Toda esta narración, a más de fabulosa, es singularmente oscura. De la isla Eritía no consta si era la de Cádiz u otra que el mar haya hecho desaparecer: de Gerión, no se sabe si vivía en el Epiro o en Cádiz: de Heracles no está averiguado si era el griego o el fenicio. Querer además que Heracles de vuelta de Cádiz tocase con sus rebaños en Escitia, es un error inepto y grosero de los griegos del Ponto, quienes sin embargo, a pesar de Heródoto, acertaban en decir que el Océano rodeaba la tierra.

[332] Hilea, así llamada por estar poblada de bosques, hoy día pequeña Tartaria.

[333] Véase en la historia universal la serie de estos reyes, ordenada tan bien como permite la falta de monumentos.

[334] Más oscuros que las tinieblas cimerias son el origen, la primera situación, extensión y descendencia de los escitas. Ora se les haga descender de Jafet como una ramificación de los celtas; ora de Cam e hijos de Cus, como lo persuade el mombre de Cush que lleva el país en que al principio moraban cerca del río Gihón; ya se coloque su cuna en Armenia, ya en la Media, parece que los escitas eran un pueblo particular distinto de las naciones del Asia septentrional, más bien que el conjunto de estas y de los habitantes septentrionales de Europa que se extendieron por la Polonia, Rusia, Siberia y Tartaria, desde el Danubio hasta la China, pues no formaban tantos pueblos una nación homogénea, sino muchas de muy distinta raza y carácter.

[335] Esta región, que llevaba también el nombre de Táurica, es la moderna Crimea, y el Bósforo cimerio el estrecho de Cafa. Si el principio del reino de los escitas cerca del Borístenes se coloca con Heródoto mil años antes de Darío, la emigración de los cimerios, sucedida apenas cien años antes, no puede convenir con el primer establecimiento de los escitas, a no ser que digamos que estos no echaron a los cimerios sino mucho después de su llegada, o que la invasión de aquellos pueblos en Media fue muy posterior a su expulsión de su primitivo país.

[336] Este poeta viajante, más antiguo que Homero y quizá su maestro, tenía mejores noticias que Heródoto, pues su relación da a entender bastante la situación de estos pueblos y el modo cómo unos a otros se impelían. Tomando el Araxes por el Volga según parece, los isedones y maságetas situados en las llanuras entre levante y norte del mar Caspio, hasta dar con el río Óral o Yaik, lindaban por el norte con los arimaspos, llamados monóculos por cerrar un ojo al hacer la puntería; y no distante de los montes Rijeos u Outálicos, en el país de los samoyedos, caían al norte los grifos, y dentro del círculo polar los hiperbóreos, cuyo sueño semestre, lo mismo que el oro de aquellos, no son más que fábulas nacidas de la ignorancia.

[337] Artace era una aldea de Bitinia; Proconeso, hoy día Mármara; Cícico, poco distante de ella, se llama o Espiga o Palermo.

[338] Los boristenitas eran algunos griegos situados entre el Dniéper y el Bog, o bien Hípanis: los calípidas ocupaban la parte de la comarca de Barclao, en Podolia, y de Okzakow; los alazones estaban en la Podolia hacia Kaminiak; los labradores ocupaban la Moldavia, la Valaquia y parte de Transilvania; los neuros estaban en la Rusia Negra.

[339] No se nos da el nombre de los países ocupados por estos nómadas, aunque parece son los mismos de los cosacos; los labradores, distintos de los del mismo nombre, vivían al oriente del Dniéper, entre este río y el Bog hasta Kiev; y por el mediodía bajaban hasta el Panticapes, vecino al Sasuara o quizá el mismo.

[340] La fosa comenzaba desde el Gerro y paraba en la laguna Bice. Estos escitas regios poseían la parte oriental de la Crimea y el país de los tártaros nogayos. En cuanto a los melanclenos, se les coloca en el territorio de Moscú.

[341] Los saurómatas, diferentes de los sármatas, ocupaban a la parte oriental del Tanais o del Don el país de la nueva Rusia; poco más al septentrión, en los confines de Astracán, estaban al principio los budinos, que en su emigración pasaron a la Polesia.

[342] Los tiságetas, colocados entre el Volga y el Don en el grado 52 de latitud, corresponderán al gobierno de Boronesis; y más al mediodía y al occidente del Don caerían los yircas, y no los tucas como leen algunos. Los escitas sublevados estarían hacia Kazán.

[343] No se halla país ninguno montuoso hasta los montes rifeos o urálicos que ciñen la Siberia. En cuanto a les argipeos, no distarían del país donde al presente está Oremburgo.

[344] Se coloca a los egípodas en los montes rifeos en 55 grados longitud y 81 u 82 de longitud; los isedones en los 52 grados de latitud y 90 de longitud ocupan el país de Tobolsk. Hasta ahora no se ha conocido pueblo alguno bajo el mismo polo, único a quien correspondiera una noche de seis meses.

[345] Entrambos pueblos, por más fabulosos que sean, se les coloca en el grado 90 de longitud; a los grifos en el 55 de latitud; y a los arismaspos en el 52.

[346] Estaban en las costas del Ponto Euxino, cerca del Bósforo cimerio. Heródoto habla con más juicio que Aulo Gelio y Macrobio, que creían a todo mar incapaz de helarse.

[347] Lib. IV, v. 86.

[348] No dejó Bayer, el geógrafo de Escitia, de dar lugar fijo en su mapa a esas plumas, haciéndolas volar más allá de Nóvgorod. Para expresar los copos de nieve, más propia que la metáfora de las plumas, parece la de lana. David ha dicho: Dat nivem sicut lanam, y Virgilio en sus Geórgicas:

Tenuia nec lanæ per cœlum vellera ferri.

[349] No parece que estos hiperbóreos fuesen una nación formada como algunos han creído, sino colonos griegos del Ponto, más allá del monte Boras en Peonia, ultra o hiper Boream; de otro modo no comprendiéramos cómo hubieran hallado espigas en un país helado, ni menos hacerlas pasar a Delos. El uso de ofrecer las primicias, transportado de Fenicia por Cadmo, estaba muy en boga entre los griegos, de quienes podían derivarlo los del Ponto.

[350] Algunos llaman a Arge Ecaerge, y creen que estaba con su compañera Opis en el mismo sepulcro que las dos vírgenes anteriores.

[351] Si Olén, como dice Suidas, fue inventor del verso épico, será preciso hacerle muy anterior a la guerra troyana, cuando ya parece que aquel verso era común en boca de muchos cantores.

[352] En esto decía verdad Heródoto, aunque refutado por Estrabón, como lo prueba el descubrimiento de las tierras australes. De las reflexiones que siguen, aunque erradas a veces, se colige que no era nuestro autor fácil en asentir a lo que corría, por más que lo fuese en referirlo.

[353] Estos saspires no pueden ser otros que los pueblos de Albania o de la Iberia.

[354] Así debe leerse en vez de Mariandino, pues este seno estaba en el Ponto, y el Miriándico de Heródoto en las costas meridionales de Fenicia cerca de Miriando.

[355] Bajo este nombre parece que el autor comprende aquí a los fenicios, palestinos y hebreos.

[356] Este nombre lo toma el autor en varias acepciones para designar ya el mar Rojo, ya el del sur, ya el océano que ciñe la Arabia y la Persia y la India.

[357] Debe disimularse a Heródoto que quiera pasar las mieses de Grecia a las costas africanas, como también el que no crea que los africanos tienen el sol a mano derecha. En cuanto al viaje, no dudo que hubiese ya sido hecho en gran parte por las célebres flotas de Salomón.

[358] Ignorándose la situación de esta ciudad, no van acordes los críticos sobre el río por donde bajaron al mar aquellos navegantes. Unos pretenden que fuera el Ganges; otros el Hidaspes, bajando por él al Zaradro, y de allí al Indo; otros, en fin, quieren que sea el mismo Indo.

[359] Esto desacredita la opinión de los que creen que los griegos debiesen su cultura y enseñanza a alguna nación septentrional, pues esta les hubiera instruido de que ningún mar ciñe a la Europa por levante, y que el Boreal la ciñe por el norte.

[360] Al principio de la dispersión de los hijos de Noé las provincias repartidas llevarían el nombre de la familia o nación que las ocupó; pero las tres partes serían entre tanto anónimas, o por mejor decir no existiría aún su división. Los nombres de Asia, Prometeo, etc., se cree que pertenecieran a los celtas domelianos establecidos al principio en la Frigia, y de allí extendidos en la mayor parte de la Europa.

[361] No concuerdan los críticos en el nombre moderno de estos y otros ríos. El Tiras parece ser el Dníster o el Turia de los Turcos. Hípanis el Bog; Borístenes el Dniéper, Panticapes el Samara, Tanais el Don; acerca de Hipaciris y Panticapes se duda cuáles son.

[362] El Pórata es sin duda el Prut moderno, Tiaranto el Alaut, Áraro el Moldava, llamado también Hierasto por Ptolomeo; Náparis el Janolitza, Odreso el Argisca, conocido entre los griegos por Ardusco.

[363] El Maris, vecino a sus fuentes, se llama al presente Maroch, y después pierde su nombre entrando en el Teisse; los agatirsos estaban en la Transilvania occidental. Dejo de dar los nombres modernos de los ríos que siguen, así por no entrar en disputas geográficas, no tan necesarias para el hilo de la historia, como por no tener libros que pudiera consultar. Haría un relevante servicio a las letras el que diese una geografía antigua con los nombres modernos al lado.

[364] Estos cinetas o cinesios estarían vecinos al cabo de Finisterre. En el [lib. II, pár. XXXIII], lleva vertidos los mismos errores acerca del curso del Istro.

[365] Los tiritas estaban donde al presente se hallan Rielogord y Butziaki. La laguna de donde sale el Tiras o Dníster está en la Rusia roja entre Presmilia y Leópolis.

[366] En la Podolia de Polonia. Lo que añade el autor acerca de los caballos salvajes, puede ser una prueba de la fundada opinión de Bayer, de que la población de los países septentrionales de Europa es la más moderna de ella, habiendo sido lenta la emigración de los hijos de Jafet hacia los climas más fríos del norte. Sospéchase si la fuente que amarga al Hípanis sería el riachuelo Sinauda.

[367] El Dniéper o Borístenes sale de unos pantanos en el gobierno de Smolensk: después de un curso de casi 200 leguas, en el cual se cuentan 13 cataratas, entra en el Mar Negro entre Otzankon y Kinbourn. En cuanto a la riqueza de este río tan ponderado por el autor, no creo que le ceda en ella el Volga, que mantiene más de un millón de vecinos ocupados en su pesca.

[368] Madre de los dioses, sería Cibeles, adorada no de los escitas, sino de los griegos boristenitas, o quizá Ceres, debiéndose leer Deméter.

[369] Este río que Bayer llama el Samara, creen otros que sea el Conscavada, y otros el Vorsklo nacido en Moscú, y que corre por Polonia y Ucrania hasta entrar en Dniéper.

[370] No existe esta ciudad; el golfo donde estaba entre los tártaros de Precop y los nogayos se llama golfo de Nigrópolis, y la larga península titulada Dromo de Aquiles, es ahora Fidomii. El río Hipaciris quieren algunos que sea el Degua de la Ucrania.

[371] El Gerro parece ser el Sem, que corre por el distrito de Kiev, cerca de la ciudad de Gloskof.

[372] Esta laguna, llamada Ivan, no está lejos de Toula, en el gobierno de Veroneie. El Hirgis será probablemente el Don pequeño llamado Sevierski.

[373] Parece que miraban por reina propia a su diosa Tabita, la Hestia de los griegos y la Vesta de los latinos.

[374] En vez de los calderos usaban los antiguos escoceses de pellejos para cocer la carne, como lo hacen los beduinos y los tártaros en el día. La falta de leña en Escitia deberá entenderse, no de lo interior del país, lleno de bosques, sino de la costa marítima en la pequeña Tartaria, o en el territorio de los circasios y cosacos.

[375] Esta narración parece fabulosa o al menos exagerada: ni esas descomunales piras convienen con la escasez de leña en Escitia poco ha mencionada. Tal vez Heródoto, mal informado, convirtió en hacinas de leña los grandes bosques que consagraban los escitas a sus dioses, caso de que no conociesen los templos; aunque si es verdad que los esclavones fueron de origen escítico, se habrá de decir que con el tiempo introdujeron el uso de edificarlos, pues la religión de los antiguos rusos está llena de ídolos, de templos y de bosques sagrados.

[376] Esta moda bárbara y delicada crueldad parece haber sido común a las naciones de origen turco y tártaro. Seguíanle los isedones, y del mismo modo los hunos, longobardos, ávaros, búlgaros y otros pueblos septentrionales, esparcidos más tarde por el Imperio romano.

[377] Si no se supone que los griegos mintieron mucho por odio al describir los usos de sus enemigos los escitas, será preciso confesar que la justicia y virtud pública que los antiguos atribuían a estos, tenía más de bárbaro que de humano, como se ve en el acto de castigar los hijos inocentes de un padre culpado.

[378] Ceremonia semejante practicaban los medos y lidios ([Lib. I, párr. LXXIV]), y los árabes ([Lib. III, párr. VIII]).

[379] De los eslavones se cuentan ciertas ceremonias funerales algo parecidas a las de los antiguos escitas, especialmente respecto al festín religioso llamado Trizna, que se celebraba tan espléndido como era posible. El mismo uso persevera en Rusia donde apenas se hace entierro sin que se sirva a los asistentes alrededor del cadáver toda especie de licores.

[380] Al presente es el cáñamo un ramo de comercio tan considerable en Rusia, que, según Levesque, abastece de velas y jarcias a toda la marina de Europa: si bien no sabemos si habrá en ello hipérbole, puesto que el cáñamo, poco conocido en Europa en tiempo de Heródoto, se ha hecho cosecha en muchas partes de ella.

[381] Parece indicar con esto que con dicho vapor y sahumerio, no menos capaz de alegrar y embriagar que el buen vino, sudarían los escitas y moverían la misma zambra que los beodos.

[382] No miraban, a lo que veo, los soberanos de Escitia por cosa indigna el dar muerte por su mano a los reos, como lo practicaron algunas veces a su ejemplo los zares de Rusia y entre ellos el mismo Pedro el Grande. Además, Saulio podía ser movido contra su hermano Anacarsis, menos por el celo de las costumbres patrias que por envidia contra un príncipe tan ilustrado, enviado por su padre a Grecia para instruirse.

[383] Disputan largamente los críticos sobre la lengua y literatura céltica. Leibniz distingue dos lenguas primogénitas y como matrices nacidas de la confusión de Babel, jaféticas y arameas, las que no falta quien las quiera dos dialectos y nada más de la lengua común, que antes de la dispersión hablaban los Noáquidas. Sin hablar de la aramea, usada entre los hijos de Cam y de Sem, la lengua jafética fue común a los celtas y sus descendientes esparcidos por el Asia menor y la septentrional y por la Europa entera, la que se pretende que sea la gomeriana, que se habla al presente en el condado de Gales. Divididos los celtas en tantas y tan distintas naciones, multiplicáronse los dialectos de la gomeriana, de la cual proceden la persa, la arábiga, la griega, la latina y la escítica con sus ramificaciones de eslavona, polaca, sajona, sueca, etc. En cuanto a los escitas, parece que no aprendieron el uso de las letras antes de su expedición al Asia.

[384] Este era el nombre de la ciudad que al presente se llama Okzahoro en la Besarabia.

[385] En varias naciones era uso común pasar revista antes de una batalla, haciendo que cada soldado dejase una flecha en un cesto, y que llenos y sellados los cestos se guardasen para otra revista después de la batalla, mandando que cada soldado sacase de ellos su flecha para que así el número residuo de flechas indicase el de la gente perdida. No da, sin embargo, lugar a mucha exactitud la conjetura del caldero de los escitas, aunque su manera de vivir, la extensión del país y la feracidad del terreno, todo persuade que debía ser muy numerosa aquella nación.

[386] Al salir el rey a campaña, todo persa de edad para las armas debía acompañarle.

[387] Aunque consta de los antiguos que había en la entrada del Ponto un célebre templo de Zeus Urio, desde el cual se extendía la vista hasta las Cianeas, dos peñascos llamados al presente Pavonatas, situados en el Bósforo de la Calcedonia, hoy estrecho de Constantinopla, la inutilidad de esta navegación de Darío solo con objeto de gozar de una perspectiva, hace a muchos dudoso el sentido, vertiendo «sobre la cubierta de la nave».

[388] La Propóntide es el mar de Mármara; el Helesponto el estrecho de Galípoli, donde se hallan en el paraje más angosto los Dardanelos.

[389] Este río de Capadocia se llama al presente Pormon, y Temiscira en el Ponto de Galacia se llama Sirio. Los sindos se cree estarían en la pequeña Tartaria, cerca de Colotmacorca o de Taman.

[390] Mar de Zabache.

[391] Otros le llaman Ténaros: se cree que es el mismo que el Tunza.

[392] Hereo es al presente Recrea; Perinto, Heraclia; y Apolonia, Sisópolis. El río Hebro parece ser el Mariza, y la ciudad de Eno la que los Turcos llaman Ignos.

[393] Artisco será el mismo río que Ardesco, no lejos de Adrianópolis, que está donde los antiguos odrisas.

[394] Estos getas, tal vez los mismos que los dacios, habitaban en los confines de la Moldavia y Valaquia. Salmideso es acaso la presente Stagnara, y Mesambria, Mesember.

[395] Los dos nombres que pone aquí el autor se cree que pertenezcan a la lengua lituánica; que Samolxis, como si fuese Ziamclusks, signifique el dios de la tierra, y Gebeleicis lo mismo que Givaleisis, autor de la quietud.

[396] Si Samolxis no fue en este artificio discípulo de Pitágoras, pudo ser su maestro, pues otro tanto maquinó aquel en Crotona. Esta ignorancia de la inmortalidad entre los getas o docos antes de Samolxis hace pensar que serían una rama de escitas más bien que de celtas, quienes instruidos por los euretes, druidas o bardos, parece que jamás olvidaron aquel dogma.

[397] Con semejantes nudos forman los bárbaros de América sus calendarios.

[398] Esta ciudad sobre cuyas ruinas se halla fundada Topetarkan estaba en la costa occidental de la Crimea sobre un gran promontorio que corría hacia levante.

[399] La primera es la costa que desde el Istro corre hasta la punta meridional de la Crimea; la otra la costa oriental de Crimea que sube hasta el Bósforo cimerio, hoy estrecho de Cafa.

[400] Al presente Calabria. Es verosímil que este pasaje fuese escrito o retocado por el autor cuando se hallaba en Italia, pues se vale de la comparación de la Yapigia como más conocida que la del promontorio de Sunio, para dar a entender la situación de los táuricos en Crimea.

[401] El primer país es la Crimea, que de oriente a poniente tiene 60 leguas, y 36 de norte a mediodía; el segundo la Tartaria menor, donde está Precop, antes dicha Tafra, y se extiende 130 leguas por la costa occidental del mar de Zabache, hasta la punta donde esta Azov, o la antigua Tanais, en la embocadura del Don.

[402] Vivían los agatirsos en la Transilvania occidental; los neuros en la parte oriental del palatinado de Leópolis, Belza y Volhinia; los andrófagos y melanclenos no lejos de Moscú.

[403] Fuera de este cuadrado deja Heródoto todo el Cubán y la Tartaria de los circasios, países que formaron después una gran parte del reino del Bósforo extendido desde el golfo de Nigrópolis hasta la Cólquide.

[404] Siendo vario entre los geógrafos el cómputo de las jornadas, hace bien el autor en fijar el número de estadios por jornada. Las diez jornadas primeras las toma Bayer desde el grado 45 al 57 de longitud, contando las sinuosidades que forman las orillas del mar, y las 20 últimas desde el 47 al 55 de latitud. Así que aquel país comprendía la Moscovia, Tartaria menor, Crimea y Lituania con buena parte de Polonia, Hungría, Valaquia, Bulgaria y Moldavia; y aun hay quien extiende los límites de la antigua Escitia desde los Alpes y el Rin hasta el mar de Kamskatka.

[405] Los griegos hacen a su Ifigenia la sacerdotisa de Artemisa y no la diosa misma a quien sacrificasen los táuricos. Véase la Ifigenia en Táuride de Eurípides, obra maestra, de donde no quisiera que el fino gusto del abate D. Juan Andrés hubiera desechado los dioses y las personas alegóricas. Lo bello en este género es relativo a la constitución de la sociedad.

[406] La primera habitación de los neuros se coloca al levante del Borístenes en las cercanías del Degua.

[407] Los budinos, después de arrojados de su antiguo país, habitarían los palatinados Chelmense y Brescianense en los confines de la Polesia. De la emigración de los budinos nació quizá la fábula de que Gelono y Agatirso fueron echados de la Escitia por su madre ([pár. X de este libro]).

[408] Actualmente Crin, de la cual la Quersoneso Táurica tomó el nombre de Crimea.

[409] Convendría probar la existencia de las amazonas de Libia, del Asia y América que niegan los modernos, y que con placer defendería yo, si fuera oportuno en este lugar, purgándola de las fábulas con que los poetas han desacreditado por embellecerlo un hecho que no puede desecharse enteramente sin negar la fe humana a la historia antigua.

[410] Esta narración, según observó Hermógenes, pinta a los ojos con los más vivos colores el carácter de las personas, cumpliendo Heródoto en este lugar lo que decía Tulio, que la historia es prima hermana de la elocuencia oratoria respecto a la delectación de los lectores, sin llegar a la contienda de los afectos.

[411] Heródoto aplica a las mujeres escitas las costumbres da las griegas, harto inconvenientemente quizá, pues siendo aquellas de origen céltico no tendrían usos tan domésticos, se dejarían ver más en público y en las asambleas, vicio muy notado entre los celtas.

[412] El origen, habitación y emigración de los sármatas es cosa oscurísima. Heródoto los hace descendientes de los escitas libres y de las amazonas; Plinio, de los medos; y otros los creen una raza de escitas que de la Iberia habían pasado a la Tartaria de los circasios. Así, pues, si dividimos la Sarmacia en asiática y europea, diremos que habitaron antes en la primera, teniendo por límites el Don y el Volga, y que Heródoto solo habló de los sármatas primitivos, que pasando después a Europa dieron nombre a la Sarmacia europea, que comprendía gran parte de la Rusia y de la Polonia.

[413] El rey era Idantirso, y los otros generales, Escópasis y Taxacis, serían sus subalternos.

[414] Estos budinos ocupaban el país originario de donde fueron echados los otros budinos establecidos con los gelonos en Polesia.

[415] Estos fuertes no estarían distantes del Sirgis o del moderno Donetz en el gobierno de Azov, puesto que el ejército estaba atrincherado a orillas del Oaro, río vecino al Sirgis, aunque no hemos podido dar con su nombre actual.

[416] Serían estos reyes los confederados con el escita o príncipes de varias tribus escíticas dependientes de los regios.

[417] Se ve que dichos rebaños no serían sino para cebar al persa y detenerle en el país para que pereciese de hambre con la escasez de víveres a proporción de su inmensa muchedumbre.

[418] Es natural qué los señores de Jonia impidiesen a Milcíades dar aviso a los escitas de la mala fe de los griegos, pues no es de creer del talento de aquel general, cuya conducta en aquella ocasión refiere Cornelio Nepote casi con las mismas palabras, que no diese con este medio tan obvio de realizar sus planes.

[419] En el día castillo viejo de Romelia, uno de los Dardanelos.

[420] Era en Grecia muy trillada esta palabra, no distinguiendo el imperio medo del persa que le sucedió.

[421] Jasón con sus bravos argonautas (año antes de J. C. 1285) llegó a Lemnos en ocasión en que las mujeres habían dado muerte a todos los varones con ánimo de apoderarse del gobierno. Prendadas las nuevas amazonas de la bizarra flor de la juventud griega, entretuvieron a los argonautas en su compañía por espacio de dos años, en los cuales concibieron de ellos a los minias.

[422] Cástor y Pólux, hijos de Leda y Tíndaro, a quien Heracles, después de dar muerte a Hipocoonte y a sus hijos, confió en depósito el reino de Esparta, con la condición de dejarlo a los descendientes del propio Heracles.

[423] En el día los montes de los Mainotas.

[424] Tuvo Tebas doce reyes desde que Cadmo, pasando de Fenicia a Beocia en tiempo de Josué, fundó el reino que a la muerte de Janto, su último soberano, degeneró en democracia.

[425] Al presente Santorini, entre Creta y las Cícladas, en cuyas inmediaciones han salido del fondo del mar otras islitas de resultas de varios terremotos.

[426] Estos pueblos habitaban la Trifilia, región de la Élide, hoy Belvedere en Peloponeso. De las seis ciudades citadas solo se conoce actualmente a Lépreo con el nombre de Caiapa.

[427] Al presente Paleocastro.

[428] El descubrimiento de Platea corresponde al año 700 antes de Jesucristo.

[429] No puede fijarse ni el sitio de Platea ni el de Aziris, llamada por algunos equivocadamente Azilis o Azilisco.

[430] El texto griego ha inducido a algunos en extraño error, creyendo que la palabra zoa, vida, era el nombre de una ciudad fundada por Bato. Sospéchase que antes de este párrafo falte en el original la relación de la fundación de Cirene, y de la corrección repentina de la voz de Bato, ocasionada por el miedo que le causó la vista de un león.

[431] Esta fuente sería acaso la de Apolo, que Calímaco llama Eira, y acaso dio su nombre a la ciudad de Cirene.

[432] No hallo voz en la milicia moderna, ni aun la de coracero, que exprese cabalmente la idea de hoplita, o de infante armado de todas piezas.

[433] Al presente Merdigna, en el Peloponeso. Me he valido de la palabra reformador para expresar el cargo de árbitro con pleno poder, escogido por los disidentes para terminar sus diferencias, remedio que por esta vez con buen intento y con buen éxito dio a los cireneos el mentido oráculo.

[434] Serían estos tesoros ciertas capillas en los templos donde se depositaban las dádivas de las ciudades cuyos nombres llevaban: quizá en ellos se guardaba también dinero público reservado para alguna extrema necesidad.

[435] Hoy día arruinada, en las costas de Caria.

[436] Parece que procuró Arcesilao aplacar a Cambises, que había despreciado los presentes de los cireneos como menguados e indignos de la majestad persa.

[437] Esta moneda sería la de los dáricos, tan celebrada entre los griegos, si bien no falta quien niegue que sea autor de ella Darío, hijo de Histaspes.

[438] Esta nación formaba parte de la Marmárica, no lejos de la Amonia, y correspondería al reino de Barca en la parte más retirada del mar, dilatándose hasta el puerto de Pleuno o Plino, que será acaso el Panormo de Ptolomeo. Las ajorcas de bronce de sus mujeres se usan aún en Sahara y Berbería.

[439] Por otro nombre Lea; quizá la isla del Patriarca. El pueblo de los giligamas, situado en lo interior de la Cirenaica, no ha dejado más memoria que su nombre y este controvertido en su ortografía.

[440] Muchos antiguos con Heródoto colocan esta región célebre por los fabulosos huertos de las Hespérides, en la Cirenaica. A los ausquisas pertenecían tal vez las dos poblaciones Auxica y Auziu.

[441] Por otro nombre Arsínoe, hoy Trocara. Aún quedan en Berbería pueblos llamados cabiles.

[442] Este país, situado en lo más remoto de la Marmárica, debía caer en Sahara, donde al presente se halla Augela. Parece que serían los nasamones una nación de bandoleros que discurrían por toda la Libia, pues se los hallaba en Etiopía, en la Marmárica, en la Sírtica, y aun en las costas del Océano Atlántico.

[443] Plinio desentraña el sentido de esta fábula, diciendo que los nasamones y no el Noto ni la falta de agua casi acabaron con los psilos, de quienes aun en su tiempo quedaban algunos.

[444] Parece, según Heródoto, que estos pueblos se extendían desde la Cirenaica hacia poniente por encima de la Sírtica, la Numidia y la África propia, y quizá por el desierto llegaban hasta el Níger.

[445] Ocupaban las costas de las dos Sirtes en el estado de Trípoli, y este penacho de cabellos en sus cabezas rapadas lo usan aún en el día los argelinos. Su río Cínipe se llama hoy el Macer.

[446] No han podido hasta aquí decidir los modernos si era el loto una hierba o un árbol, si era su fruto del tamaño de una haba, o como la baca de arrayán. El loto de nuestro autor parece ser el seedra, especie de azufaifo común en Sahara, cuyos frutos son más jugosos que los del nuestro.

[447] O Fila; parece ser la Quersoneso de Diodoro de Sicilia, muy abundante en dátiles y en buenos pastos. El río Tritón se llama añora Capsa, y la laguna de Capsa la Tritónida.

[448] La ciudad de los auseos sería la antigua Auza o Auzate, fundada por Itobal, rey de Tiro. Parece que estas naciones de Túnez eran una mezcla de libios y de fenicios.

[449] El autor en su geografía, poco conocida, reparte la Libia en tres regiones: la marítima, la interior y la desierta. Esta parte del África es al presente conocida bajo dos nombres, el de Berbería, y el de Sahara o Desierto, comprendiendo la primera los estados de Barca, Trípoli, Túnez, Argel y Marruecos, y empezando el Sahara por oriente desde Egipto y la Nubia, dilatándose por espacio de 800 leguas, no hasta el extremo de Gibraltar, como dice el autor, sino hasta el Océano occidental, cuyas costas tienen 330 leguas, entre el reino de Sur al norte y la Nigricia al mediodía.

[450] África sin duda abunda de sal en varios distritos de Berbería, y en Túnez y Argel especialmente se hallan muchos shibkak, lagunas salobres, secas en el verano; pero no se ven en ella tantas colinas de sal ni en las costas, ni en Berbería, y mucho menos en el Sahara.

[451] Es preciso que estos trogloditas o habitantes de cavernas, vecinos a los garamantes, sean otros que los trogloditas situados en las costas del mar Rojo. La lengua inarticulada que se les atribuye es una mera fábula que tienen común con los samoyedos, groelandios y hotentotes.

[452] Estos hombres que carecen de nombre propio e individual, esos dicterios al sol naciente, serán otras tantas fábulas añadidas a las que los antiguos vertían sobre el celebrado Atlas.

[453] Ignoro dónde se halle más allá de las columnas de Heracles tal cantera de sal, si bien he leído que en el reino de Túnez se ve un monte entero de ella llamado Gibel-mad-deffa, vecino al lago de las Señales. Lo demás que añade el autor es todo contra la experiencia. En el África interior llueve meses enteros; ni habría que temer la ruina y disolución de las casas de sal-piedra, como en efecto en Cardona de Cataluña no daña la lluvia a las paredes de sal, ni en Sahara, aunque se halle mucho país sin árbol, deja de haber en algunas partes arboledas de diez leguas, preciosas por sus gomas.

[454] En Sahara debe atribuirse esta salud constante y robusta a la pureza del aire, bien que en varios climas bajo la línea sea el África bien enfermiza y pestilencial.

[455] La égida y la egea no son en su etimología más que piel de cabra. En este lugar parece entender Heródoto por égida de Atenea, no solo el escudo, sino también el peto.

[456] No son en el día muy diferentes los aduares de los africanos, beduinos y cabilas, restos de los libios primitivos.

[457] Si la venida de Eneas a Italia fuese más averiguada, y si no se reconociera por un romance de Virgilio la ida de su héroe a Cartago, pudiera colegirse la manera como los maxies pasaron de Troya a Túnez. Los pueblos primitivos de la Libia, todos de la raza de Cam, fueron los libios, parte nómadas, parte atlánticos, descendientes de Miraison y de Fat, y los etíopes originarios de la Arabia y descendientes de Habia, hijo de Echar. Los colonos posteriores fueron los cananeos, los fenicios, los persas y quizá los medos, los cuales pudieron acompañar a Heracles, a Dioniso y a Sesostris en sus expediciones a la Libia.

[458] Se ha reconocido que eran una fábula los monstruos africanos nacidos de la mezcla de fieras de diferente especie, aunque el número de estas es al presente mucho menor de lo que era en lo antiguo.

[459] Siendo dos las especies de este animal, no puedo decidir si habla el autor de los pigargos, cabras blancas por atrás, o de los pigargos, águilas de cola blanca, o de entrambos.

[460] Si son los bories diversos de los sories o unicornios, serán especie de bueyes agrestes.

[461] Asegúrase que al presente se ven en África los dos géneros de animales que aquí le niega el autor.

[462] Quizá era esta la miel de palma que se recoge del licor de este árbol. A los gizantes otros llaman bizantes y otros zigantes, y quieren reconocer algún vestigio de ellos en la ciudad de Zagwan, situada en un monte en los confines del reino de Túnez.

[463] En ningún otro autor que en Heródoto hallo mención de la isla Ciravis, pues no será la Carcina, la Meninge ni la Cosira, según las veo descritas por los geógrafos. Pudiera conjeturarse si Ciravis, rica en olivos, sería Uzita, cuyo nombre se deriva de zuit, aceite.

[464] Este comercio mudo se usó antiguamente, según refiere Plinio, con los seres, nación de la India, tal vez la de los chinos: se ha usado después entre los rusos y los pueblos de la Siberia, para dejar de referir otros muchos ejemplos.

[465] El África, comparada por los antiguos geógrafos a la piel de una pantera, por razón de sus arenales esparcidos por toda ella, es inferior en clima, en fertilidad, en población, en cultura y en humanidad a las demás partes del mundo.

[466] Dionisio de Halicarnaso refiere una fórmula semejante, usada por los romanos con los latinos.

[467] Nota Tucídides que en los grandes ejércitos solía ser común este terror pánico, aumentado quizá en aquella ocasión en los persas por la memoria de su mala fe y del valor griego.

[468] Se ve por tanto que no extiende Heródoto el país de Evespérides ni hasta la Mauritania, ni menos hasta las islas del Océano Atlántico, pues es cierto que no llegaron los persas a aquellos países.