NOTAS
[1] Perinto, colonia griega fundada según diversas opiniones por los samios, por Orestes o por Heracles, es la misma ciudad que Heraclea en el Quersoneso. Los peonios o pelagones eran un pueblo de la Macedonia, situada cerca de Tesalónica, en el distrito de la actual Etrachino.
[2] Los límites de la antigua Tracia, que confinaba al occidente con la Macedonia, al oriente con el Ponto Euxino, el Helesponto y la Propóntide, al mediodía con el Egeo, y al norte con el monte Hemo, no permiten la exageración del autor. Tucídides hace a la Tracia en población y fuerzas inferior a la Escitia.
[3] Vivían los trausos al pie del Hemo en la Mesia inferior: esta su filosófica costumbre tan acomodada a imaginaciones melancólicas y mustias como la de Young, puede verse pintada en Cicerón con los más vivos colores (Tusc., I, capítulo 48).
[4] Los traces, antes tiraces o descendientes de Tiras, hijo de Jafet, conservaban no sé qué restos del primitivo culto de los Noáquidas, teniendo un templo en una altura dedicado al Dios Sabathius, e invocando a Dioniso con las voces Evohe Sabbai, muy parecidas a las de David Jehova Tsabaoth. El culto de los reyes tracios a Hermes confirma la opinión de que este fue el sexto rey de los celtas.
[5] Habiéndose sabido muy poco entre griegos y latinos, hasta la época de Julio César, de las naciones célticas de la antigua Germania, son casi desconocidos los siginas, cuya situación se cree poderse colocar en la Istria o Estiria o algún otro país al pie de los Alpes, aunque la descripción de sus caballos conviene muy bien con la de los reunes o renos de Siberia. Si Heródoto no les atribuyera el traje medo, más bien que colonia de los medos, pudiera creerse de macedonios, a quienes hacen algunos únicos verdaderos descendientes de Madai, hijo de Jafet. La última cláusula de este párrafo se cree añadidura de algún copista.
[6] No basta el frío del norte a matar las abejas, como notó Eliano: uno de los ramos de comercio de la Rusia en el puerto de Arcángel es la cera amarilla del país.
[7] Estaba situado este pueblo entre el río Estrimón y la ciudad de Filippi.
[8] Ya entonces contaban las persas por infamia ocuparse en trabajos de manos, orgullo y molicie que la voluptuosa Asia ha trasmitido harto frecuentemente a la laboriosa Europa.
[9] El Pangeo se llama en el día Malaca o Castagua; Doberes era una ciudad peonia de que habla Tucídides: de los odomantos dice Suidas que usaban la circuncisión.
[10] Esto se ve confirmado por Eliano y Ateneo, quien dice que a los bueyes en Tracia se les llenaban de peces los pesebres, y por lo que se refiere de Noruega, donde las bestias se alimentan de pescado.
[11] Sería la misma de donde sacaba tesoros Filipo, padre de Alejandro.
[12] Era Amintas I el noveno rey de Macedonia, por los años de 514 antes de Jesucristo, y mucha debió ser la debilidad de su imperio, cuando no su poquedad de ánimo, pues que no se atrevió a la resistencia que hizo la Peonia.
[13] Este modesto recato era común en toda la Grecia. Léase en Cicerón el trágico caso de la resistencia que en Lámpsaco se hizo a Verres en punto semejante, y del suplicio con que la castigó el fiero procónsul.
[14] No falta filósofo antiguo ni aun quizá moderno que alabe este hecho de Alejandro: comparadas la insolencia de los unos con la alevosía del otro, no sé a qué parte se inclinará la mayor gravedad de la injuria pública.
[15] Pérdicas I, cuarto rey de los macedonios, reinó por los años 691 antes de J. C. Quien sepa las numerosas diligencias que se practicaban en los ejercicios olímpicos, en vista de la sentencia dada en favor de Alejandro, hijo de Amintas, no dudaría que fuesen los macedonios de origen griego, por más que los llamase bárbaros Demóstenes, movido de su odio a Filipo.
[17] Todavía después de Homero daban los mensajeros en Grecia el recado con oración, como si la persona que los enviaba fuese la que hablase cara a cara. Todo este razonamiento y el que sigue fuera digno de un monarca, si la disimulación y mala fe no le degradara, haciendo que las máximas más sólidas de la amistad sirvieran de pretexto a la más fina perfidia.
[18] Lamponio, vecina a la ciudad de Antandro, arruinada y sin nombre en el día: Antandro se llama hoy San Dimitri, antes célebre ciudad de los léleges y después de los troyanos en la Misia.
[19] No parece sino que la narración está truncada faltando algún periodo que sea transición para lo demás del capítulo. En cuanto a lo que sigue, se entiende claramente que habla de Ótanes.
[20] Naxos, al presente Naxia, la más rica y feraz de las Cícladas tiene cien millas de circuito, aunque Plinio solo le da setenta y cinco, y es célebre por su vino y su mármol ofites de color verde con vetas blancas. Ocupáronla al principio los tracios, gobernados por Boutes, a quienes sucedieron los tésalos, que después de doscientos años de posesión la abandonaron a causa de una gran carestía: después de la guerra de Troya se hicieron dueños de ella los carios, de los cuales pasó a unos colonos de Cnido y Rodas, y de estos últimamente a los jonios.
[21] No parece que hubiera leído Heródoto la carta de Pausanias, que trae Tucídides escrita a Jerjes, a quien en premio de su alevosía pide por esposa una hija del mismo rey, y no de Megabates.
[22] Mindo, hoy Mentese, ciudad de consideración en la Caria y colonia de los trecenios.
[23] Nota Ateneo que los naxios ricos vivían comúnmente en la misma ciudad, dejando en las aldeas a la gente pobre, lo que asimismo sucedía en el Ática.
[24] Mileso, o como ahora se llama, Melaso, era una rica ciudad de la Caria; Termera otra ciudad en los confines de la Caria y la Licia, cuyas ruinas no son acaso conocidas.
[25] El derecho de Heracles sobre la región ericina proviene, según Diodoro Sículo, de haber aquel héroe vencido en la lucha a Eris, rey del país, y haber quedado señor del territorio que dejó en fideicomiso a los naturales, hasta tanto que algún hijo suyo viniera a reclamarle. Acerca de los oráculos de Layo ninguna noticia de ellos hallamos en otros autores.
[26] A este rey llama Diodoro Sículo «demagogo» u orador público, como llamó también Aristóteles a Cípselo tirano de Corinto: en la democracia reinan comúnmente los demagogos, y alguna vez de oradores pasan a ser tiranos. La famosa Síbaris, arruinada por los crotoniatas y reedificada con el nombre de Turio, se cree que sea hoy la aldea Torre Brodoqueto, en la Calabria.
[27] Egesta o Segesta, célebre ciudad de Sicilia entre el promontorio Lilibeo y Panormo, correspondía al lugar que se llama Bárbara. En cuanto a Minoa, que se llamó después Heraclea, y a Selinunte, célebre colonia de los megarenses, ambas hoy arruinadas, se hallaba la primera cerca del cabo Blanco, y la segunda en la Terra dei pulici, en la provincia de Mazara.
[28] Esta especie de mapas o pínax, tablas de bronce grabadas con los nombres de ríos, mares y naciones, ¿no darían lugar a las pinturas de varios colores usadas en los libros y códices antiguos?
[29] Dúdase qué ríos fuesen los dos Tigris menores, a no ser el Lico y el Caper, llamados hoy día, aquel el Zab mayor, y este el pequeño Zab. Al Gindes no le dan nombre los modernos, pues quizá dividido por Ciro en 370 acequias perdió su curso antiguo o del todo desapareció.
[30] En el imperio Romano, como en casi toda la Europa moderna, estaban también en uso tales postas públicas con sus paradores, ya para pernoctar, ya para mudar de caballerías. Por lo común, a cada posta correspondían cinco parasangas, a cada parasanga treinta estadios, y ocho estadios a cada milla, aunque se halla alguna variación en los autores. Los números en el texto están sin duda equivocados, pues el total no se ajusta con las partidas, faltando a la suma treinta postas, y no resultando de las partidas más que trescientas treinta y seis parasangas, en vez de las cuatrocientas cincuenta que deduce el autor.
[31] Ciudad de la Beocia, al presente Anatoria.
[32] Mucho se disputó entre los eruditos acerca del primer hombre que inventó las letras, y del primer pueblo que las usó y las comunicó a los demás. Josefo concede a los antediluvianos el arte de escribir, conservado después en los Noáquidas, especialmente en los que permanecieron en las metrópolis del Asia, opinión en que me afirmo viendo que las naciones más antiguas de Europa usaban de los caracteres y letras fenicias y pelásgicas, las cuales, aunque creo con algunos eruditos que eran conocidas entre los griegos antes de Cadmo, también parece que unas y otras no serían muy diferentes de las sirias y hebreas, pues en las inscripciones más antiguas de Grecia se escribía de derecha a izquierda al modo de los orientales, y Plutarco dice que aquellos caracteres eran muy semejantes a los egipcios. El alfabeto introducido por Cadmo no se componía más que de dieciséis letras, pues las otras cinco se inventaron algo después.
[33] Esceo y su padre Hipocoonte fueron ambos muertos por Heracles.
[34] Eran los enqueleos un pueblo de la Iliria o Esclavonia, donde había mandado ya Cadmo, y en el cual hallaron refugio los cadmeos arrojados por los argivos, a cuyo frente habían venido los epígonos o hijos de los capitanes muertos antes en el sitio de Tebas.
[35] No fue este el solo ejemplo de soborno en la Pitia, cuya venalidad hacía decir a Demóstenes que filipizaba, y ha dado ocasión a la opinión, por otra parte insostenible, de Fontenelle y algunos otros, de que los oráculos todos eran obra de industria y artificio humano, sin intervención alguna del demonio.
[36] Acaso deberá decir gonio, de Gono, ciudad de los perrebos.
[37] La conquista del Peloponeso por los heráclidas hizo que pasaran a Atenas muchas familias distinguidas, entre ellas Melanto, natural de Mesenia, que llegó a ser rey de Atenas, sucediéndole en el trono su hijo Codro, que se inmoló por su patria contra los mismos heráclidas. De la misma familia de Néstor fueron Alcmeón y Peón, arrojados de Micenas, que trasplantaron a Atenas sus más ilustres estirpes.
[38] Nótese la malignidad de Heródoto insinuando astutamente que Iságoras era de raza de carios, es decir, de esclavos o de gente vil, como eran reputados en Grecia los carios.
[39] Que estos fuesen los nombres de las cuatro filas lo convence el que el conde de Cailus en sus antigüedades haya descubierto que las cuatro tribus tenían en Cícico los mismos que en Atenas; pero es dudoso que estos fuesen tomados de los hijos de Ion, y no más bien de los oficios que ejercían las tribus, pues geleontes equivale a nobles, egícoras a cabreros, argades a labradores y hopletes a soldados.
[40] Parece, según Aristóteles, que este Clístenes era de la familia de Ortágoras que por cien años obtuvo el dominio en Sición, cuyos tiranos fueron Pirro, Aristónimo y Clístenes. La ciudad de Sición, con el nombre moderno de Basílica, en Morea, no es más que un montón de nobles ruinas, donde viven unas pocas familias.
[41] Recitadores y cantores de los versos de Homero, de Hesíodo y de Arquíloco, especie de juglares errantes, antiquísimos en Grecia, cuyas rapsodias serían semejantes a nuestros romances caballerescos.
[42] No se comprende de qué gracia habla el autor, si no se supone que Clístenes pretendiese traspasar desde Tebas a Sición la estatua o tal vez las reliquias de Menalipo, pues si se tratara del simple culto de este héroe, no vemos para qué necesitara del permiso de los tebanos.
[43] Esto confirma la opinión de Temistio de que la tragedia debe a los sicionios su invención, y su perfección a los atenienses; y si se atiende al origen que debió tener este lúgubre poema, parecerá probable que de estos cantos elegíacos de los sicionios aprendiese Tespis a formar sus tragedias algo mejor arregladas.
[44] Pudo también tomar este nombre de la misma región llamada Egialos en lo antiguo.
[45] Las denominaciones de las cuatro philas antiguas de Atenas habían venido de Ion, hijo de Juto, rey de Acaya, por su matrimonio con Hélice, heredera del estado, y las habían sustituido los atenienses a los nombres de los cuatro órdenes de cecropios, autóctonos, acteos y paralios en que Cécrope los había distribuido. Verificose esta primera variación, o bien viviendo aún Ion, en tiempo de Creteo, o bien después cuando el rey Melanto acogió en Atenas a los jonios echados de Acaya por los aqueos.
[46] Los eruditos se dan tormento para interpretar este pasaje de Heródoto. Contándose en lo antiguo 120 demos, nombre que significa no un pueblo, sino una comarca de pueblos o distrito, ni es posible que de cada demo se hiciese una phila, que solo eran diez ni que se repartiesen diez demos a cada phila, pues entonces sobrarían 20 demos todavía. Todo puede explicarse, sin embargo, si nos acordamos de que con el tiempo se añadieron a los diez philas otras dos, en las cuales entraron los 20 demos sobrantes.
[47] Esta historia se lee más circunstanciada en Tucídides, que en este pasaje olvidó su concisión y austeridad para dar una narración florida y amena.
[48] Como descendientes de los heráclidas podía decir Cleómenes que no era originario de la Dóride propia, sino del Peloponeso, donde habitaban los aqueos, aunque a veces se llamaba dorios a los heráclidas, como venidos de la Dóride a donde habían emigrado.
[49] Esta invasión de Eleusis la coloca Pausanias en el tiempo en que Cleómenes, salido de la fortaleza de Atenas en virtud de la capitulación, se retiraba a Lacedemonia.
[50] Resentido al parecer Heródoto de los corintios, no les hace la justicia merecida, habiendo ellos contribuido a la libertad de Atenas, primero en la expulsión de Hipias, y después en su deserción de las tropas de Cleómenes, hechos que calla o refiere de corrido.
[51] No sabemos si la salida de los Tindáridas, es decir, Cástor y Pólux, que de reyes de Lacedemonia subieron a semidioses, era solamente imaginaria, creyendo los espartanos que solemnemente invocados aquellos acompañaban y protegían a sus reyes sin dejarse ver, o si eran los Tindáridas dos ídolos que podían quedarse o salir a campaña. Esta explicación es más clara y mejor, por más pagana y supersticiosa.
[52] Así se llama el estrecho de Eubea, hoy día Negroponte; isla que con un corto puente está unida al continente.
[53] Quiérese que Polifemo significase aquí la asamblea del pueblo, según el modo de hablar ambiguo y tortuoso del mentido Apolo.
[54] Egina, hija de Asopo, rey de Beocia, casó con Áctor, rey de Enone, isla que después trocó su nombre en el de Egina. Fue Egina madre de Éaco, rey justísimo, que floreció dos generaciones antes de la guerra de Troya. Acerca de los Eácidas que los de Egina prometieron a los beocios, me refiero a lo mismo que en la [nota correspondiente al párrafo LXXV de este libro] dije de los Tindáridas, persuadiendo además que eran ídolos las naves y los diputados que se destinaban a llevarlos.
[55] Estas diosas corresponden a Deméter y Perséfone, abogadas para los frutos de la tierra, a quienes se dieron otros varios nombres; a Deméter el de Madre, de Damia y el Dea Bona entre los romanos, y a Perséfone el de Talo y el de Libera. Los sacrificios secretos que abajo se mencionan, confirman la identidad de Damia con Deméter.
[56] Con este nombre de Presidente o Patrona era venerada entre otros pueblos, y de esta clase sería la estatua que dedicó Cicerón en el Capitolio antes de marchar al destierro, con la inscripción: Minervæ Custodi Urbis.
[57] No hallo la época fija de esta sublevación, que debió ser anterior a la edad de Solón y de Pisístrato. Esta guerra, engendrada en los eginetas por el orgullo del poder, coincidiría con el tiempo del egineta Sóstrato, cuya opulencia nos pondera el autor en el libro IV, pár. CLII.
[58] Algunos han convertido en agujas las hebillas de las atenienses; pero ni el texto ni el conocimiento de trajes antiguos consiente tal versión. Las mujeres dóricas no usaban túnica ni cinto; únicamente se cubrían con un largo manto atado sobre los hombros con una hebilla: las jonias vestían túnicas al cuerpo.
[59] Un dogma inconcuso debe deducirse de la historia, a saber: que ninguna nación civilizada vivió sin Dios y sin revelación, por más que adulterase culpablemente estas dos ideas fundamentales de toda sociedad ordenada, y por más que se esfuercen los filósofos en forjar un cuerpo civil tan ateo como ellos mismos. De ahí provino que los oráculos en Grecia y los libros sibilinos en Roma fuesen tenidos en tanta estima.
[60] Se ve que el resorte de Esparta en sus resoluciones no era otro que el de mantener abatidos a los otros griegos para darles la ley.
[61] Este patético e inesperado exordio tiene un tono sublime digno del más diestro orador. La idea grandiosa tomada del total trastorno de la naturaleza, se vio después imitada por los más nobles escritores, como Horacio: Quis neget arduis - Pronos relabi posse rivos - Montibus et Tiberim reverti!
[62] Fundose la monarquía de Corinto en el año del mundo 2490, y tuvo ocho reyes de la primera dinastía, que duró 430 años, siendo Sísifo el primero de ellos. La segunda dinastía, fundada por Fletes, descendiente de Heracles, llamada primero de los Heráclidas y después de los Baquíadas, del nombre de Báquidas su quinto rey, contó 12 reyes, pasando después de la muerte de Autómenes, el último de ellos, a ser aristocrático el gobierno, pues se alzaron con él 200 nobles, llamados los Baquíadas por el autor, quienes, repartidos entre sí los empleos, nombraron un presidente con el título de Prítanis. Duró 200 años esta oligarquía.
[63] Eetión descendía de Aulaso, hijo de Melanes, quien procedía al parecer de Ceneo, uno de los lapitas y compañero de Pirítoo en la guerra de los centauros.
[64] El epíteto dado a Corinto, que equivale a superciliosa, aluda a lo alto y escabroso de la ciudad, o al vecino monte Acrocorinto, en cuya cima estaba una fortaleza inexpugnable. Pirene es una fuente cerca de Corinto, rodeada de mil primores del arte.
[65] Dice Pausanias que se oculto al niño bajo una cesta; pero no es creíble, porque esta especie de mueble pronto lo registrarían los diputados. La soberbia cesta dedicada por los Cipsélidas en Olimpia de que habla después, sería más bien una memoria fastuosa de aquel suceso que un remedo exacto de él.
[66] Ignoro si debo de leer «pero no con la prole de su prole», o más bien, «y aun con la prole de su prole», si nos atenemos a la autoridad de Aristóteles, que en el libro V de su Política cuenta tres tiranos Cipsélidas, Cípselo, Periandro y Psamético, hijo de Gorgias y nieto de Cípselo.
[67] Este aviso tiránico de Trasíbulo, imitado por Tarquinio el Soberbio, tuvo después acogida y aplauso con el nombre de ostracismo en una república que no respiraba sino odio a la tiranía, de modo que Aristóteles, para explicar la naturaleza del ostracismo, se vale de la misma metáfora. En todo cuerpo civil donde reine la envidia triunfará el desmoche de Trasíbulo o el ostracismo de Atenas.
[68] Esta región del Epiro es quizá la Vayelitia, y el Aqueronte el río Verlichi.
[69] Yolco es al presente la aldea Yaco: Antemunte estaba al norte de Terma o de la moderna Saloniqui.
[70] Los antiguos escriben algo más acerca de esta guerra, referida confusamente por nuestro autor. En el año 606 antes de Jesucristo se apoderaron los atenienses de Sigeo, ciudad y promontorio en la Frigia menor, de que estaban en posesión los de Mitilene, quienes se hicieron fuertes en un lugar llamado Aquileo. Habiendo venido a las manos los dos ejércitos, entraron en un desafío los dos jefes. Pítaco, uno de los siete sabios, y Frinón el ateniense, soldado el más gentil de su tiempo, el cual, envuelto en una red que bajo su escudo llevaba Pítaco escondida, quedó rendido y muerto. Ajustose al cabo la guerra con la decisión de Periandro que refiere más abajo nuestro historiador, aunque para conciliario con lo que cuentan los demás, puede creerse que después de la pacificación negociada por Periandro se volvió a renovar la guerra, estando ya en Sigeo el hijo bastardo de Pisístrato.
[71] Estos versos, o algún fragmento de ellos, se leen en Estrabón, aunque tan desfigurados que no los conociera el mismo Alceo.
[72] Témese, con razón, que sea exagerado el número, pues consta por los demás escritores que los ciudadanos atenienses que podían votar en sus asambleas solían ser veinte mil únicamente.
[73] Reprende Plutarco este pasaje de Heródoto como si abominara de las naves que levantaron bandera para la libertad de la Grecia; pero nuestro autor no las llama autoras, sino principio y como señal de tantos desastres como sucedieron, originados de la rebelión jónica y de la ambición persa.
[74] Llámase ahora el Caístro Minderscare y también Carason; el monte Tmolo, el Tomalitze, y Sardes la pequeña aldea de Sardo. La toma de esta antigua capital es hazaña atribuida por unos a los atenienses y por otros a los eretrieos.
[75] El moderno Sarabat, nombre que se da también al Hermo.
[76] Mero pretexto, sin duda; pues los persas abrasaron en Egipto muchos templos, guiados por su principio religioso de que a los dioses no debía encerrárseles entre paredes.
[77] Créese que Salamina estaba donde se halla al presente Puerto Constanzo, cerca de Famagosta, y que Amatunte se llama ahora Limiso.
[78] No entiendo si el ademán de Darío fue una señal de enojo blasfemo o más bien un juramento religioso como adorador del fuego y del cielo.
[79] Era en aquel tiempo un error común de geografía hacer a Cerdeña la mayor de las islas conocidas.
[80] Aquí se manifiesta el método histórico de nuestro autor, que jamás deja su transición siempre que pasa de un punto a otro de la narración. Es alguna vez fastidiosa a los oídos modernos esta recapitulación, casi tanto como aquel ergo con que nos fastidian los escolásticos arábigos; pero sirve para fijar la atención y seguir sin confusión el hilo de la historia.
[81] Ahora cabo de San Andrés.
[82] Eran dos ciudades con el nombre de Soli, una en Cilicia y otra en Chipre; los naturales de esta se llamaban solios y los de aquella solienses.
[83] Los carios en el Asia eran lo que en el día son los suizos en Europa, soldados mercenarios tenidos por gente vil, que por poco dinero vendían alma y vida a quien quisiera comprársela. Acerca de estos episodios históricos de Heródoto, paréceme que así como el arte militar, antes de acometer al enemigo, encanta los combatientes con el ruido de tambores, pífanos y timbales, así nuestro historiador, al irnos a referir alguna acción ruidosa, para suspender más el espectáculo nos sale de improviso con alguna digresión amena y entretenida.
[84] Peleaban los salaminios encima de sus carros a estilo de los héroes de Homero.
[85] Solón indujo a Filócipro a que, dejando el áspero sitio de Arpea, fundase en la llanura una nueva ciudad, a la cual Filócipro quiso dar el nombre de Soli, agradecido al consejo de su huésped Solón. Se acusa de negligente a Meurio, que recogió esta historia, porque no recogió los fragmentos de los versos de Solón en loor de Filócipro.
[86] Peso, situada entre Lámpsaco y Pario: Percote es la Percopa de Homero (Ilíada, l. XI, v. 229), situada en la embocadura del río Espiga.
[87] En el día Eblebanda. El título de Estratio se dio posteriormente a Zeus en muchos países.
[88] Esta ciudad, hoy día arruinada, estaba en la Propóntide, en el golfo de Montaña.
[89] La ciudad de estos pueblos de que habla Heródoto (lib. VII, cap. XLIII) sería quizá la Escepsis, donde se quedaron los troyanos bajo el gobierno de Eneas o de Ascanio, si como pretenden algunos no vieron estos ni por sueños a Italia.
[90] Puede que Clazómenas sea Uria actualmente, y Cima, Foya Nueva.
[91] La ciudad era Eunea (Novem viæ), cerca de la cual fundaron los atenienses la colonia de Anfípolis, treinta y dos años después de la muerte de Aristágoras.
[92] Sin duda los persas solían con frecuencia, con un despotismo inhumano y contrario al derecho de gentes, obligar a naciones enteras a la trasmigración; pero en este caso no fue más que una imputación con que Histieo, solo para poder volver a su patria, la metió en tal confusión. Muchas perfidias pueden aprenderse en la historia de los griegos al lado de heroicas hazañas y virtuosos documentos.
[93] Mucha habilidad política es preciso atribuir a Histieo, para que en su breve paso por Sardes pudiese tramar una conjuración y seducir a los mismos persas.
[94] Lade se cree ser al presente Jaca o quizá Fermaca.
[95] Parece que dejaron de concurrir con sus naves cuatro ciudades jonias, según las enumeraba el autor (L. I, c. CXLII), a saber, Éfeso, Colofón, Lébedos y Clazómenas.
[96] Véase l. III, pár. CXXXIX.
[97] Promontorio enfrente de Samos.
[98] Ignoro cómo concertar a nuestro autor que da este templo al saco en tiempo de Darío, con los escritores que afirman que el templo Didímeo, cerca de Mileto, fue entregado a Jerjes con sus tesoros por los Bránquidas, que cuidaban de él, los cuales eran sacerdotes de la familia de Branco.
[99] Dos colonias sibaritas en la Lucania.
[100] Zancle era el nombre de Mesina, antes que la reedificasen los mesenios, como dice Pausanias, contrario en esto a Heródoto, que atribuye esta empresa a los samios. De la pequeña ciudad de Calacte nada queda al presente; sus ruinas se creen no distantes del lugar San Marcos.
[101] Estos locros, colonos de otros locros de Acaya, moraban en la Calabria ulterior, y las ruinas de su ciudad llevan el nombre de Palépoli, cerca de Gieraci.
[102] Colonia de los rodios, al presente Terranova.
[103] Unos colocan esta pequeña ciudad a 20 millas de Mazara, otros en el presente lugar de Longobardo.
[104] Al presente llamada Termini.
[105] Poco duró el fruto de la perfidia de los samios, habiendo luego, según Tucídides, sido echados de Zancle por Anaxilao.
[106] No puede bastantemente alabarse la clemencia de Darío y la ley de los persas de que por un solo crimen nadie debiese ser castigado, ni por muchos, si son más y mayores los servicios precedentes.
[107] Nada más que el nombre se halla de estos apsintios. En un códice antiguo se lee algo variada la historia, diciendo que los apsintios y no los doloncos fueron quienes consultaron al oráculo.
[108] No puede ser esta la vía sacra que describe Pausanias desde Atenas a Eleusis, sino aquella por donde, según Estrabón, se llevaban las víctimas sacras de Atenas hasta Delfos.
[109] Era esto entre los griegos indicio de familias nobles y poderosas, que en mayor aprecio tenían la victoria de sus cuadrigas olímpicas que los romanos la pompa de un triunfo.
[110] Cornelio Nepote da principio a sus Varones Ilustres con un anacronismo indigno de un estudiante, confundiendo este Milcíades el cipsélida con el otro Milcíades, hijo de Cimón.
[111] Sin auxilio de nuevos códices es imposible corregir en este pasaje el embrollo de cronología. Porque desde el principio de la dominación de Milcíades hasta que los escitas invadieron el Quersoneso, pasaron por lo menos diez años, mientras aquí solo pone tres, y su restitución a sus dominios hubiera debido hacerse en el tiempo que el general Ótanes subyugaba la Tracia, lo que no parece verosímil. Entre la invasión de los escitas y la de los fenicios, entre los que solo coloca el autor el intervalo de tres años, trascurrieron lo menos once: y prueba de ello es el haber llegado ya a ser capitán de galera Metíoco, hijo de Milcíades, que según el cómputo de Heródoto solo contaba entonces seis años.
[112] Este hecho me persuade de que sublevada la Jonia se había aprovechado Milcíades de la ocasión para recuperar sus dominios, que sin duda había prudentemente abandonado al volver Darío de la Escitia, y que entonces por la invasión de los fenicios desamparó segunda vez.
[113] Soy de la opinión de los políticos que piensan ser menores los males públicos en un imperio grande, y si pudiera ser universal, que los de los pequeños dominios, por libres e independientes que sean; lo cual puede observarse en la Jonia, armada antes a menudo con guerras intestinas entre sus ciudades, y víctimas de la turbulencia de los republicanos o de la prepotencia de los pequeños señores, reducida entonces por el persa a componer pacíficamente sus diferencias.
[114] El año 492 antes de J. C.
[115] Política astuta de Mardonio, que quería someter a los vasallos ganándolos con apariencia de libertad, que en una república dulcemente engaña.
[116] Después de la expedición de Búbares, sobornado por Alejandro ([l. V, c. XXI]), debió la Macedonia mantenerse todavía independiente del persa. Los vecinos ya subyugados de los macedonios serían sin duda las naciones que lindaban con ellos hasta la Propóntide.
[117] Es la moderna Eriso: el célebre Atos se llama en el día Monte Santo.
[118] Los brigos son los mismos que los frigios, mudada la F en B al estilo de los macedonios, y procedían de los frigios del Asia.
[119] El continente tracio situado entre los ríos Estrimón y Neso.
[120] Era este hermano de Cadmo, que le dejó con una colonia de fenicios en la isla a que dio nombre.
[121] Abdera, ahora Asperosa.
[122] Quizá este Crío sería un luchador a quien alabó Simónides en una de sus poesías; en tal caso la pregunta de Cleómenes al egineta de cómo se llamaba, naciera más bien de ánimo de insultador que de verdadera ignorancia de su nombre, que tan célebre debiera ser.
[123] Estas alusiones al nombre o satíricas o laudatorias, si se hacen parca y oportunamente, cuales alguna vez las usó Cicerón, no las rechaza el gusto más delicado; pero si se buscan afectada y frecuentemente, como en Italia y España en el último siglo, son indicios de un gusto depravado y corrompido.
[124] Ignórase a qué poetas alude el autor: lo cierto es que los escritores griegos, menos Jenofonte y Plutarco, son contrarios a esta opinión de los lacedemonios.
[125] Esta división del reino había reducido el estado a una verdadera anarquía antes de Licurgo, aunque bajo la legislación de este, que mudó la monarquía en república, quizá la emulación entre dos príncipes subordinados al estado pudo ser incentivo para la virtud.
[126] Para buscar la genealogía de los reyes dorios o Heráclidas es preciso inquirir la de Heracles y la de los reyes de Argos, de quienes este descendía. El reino de Argos, fundado por Ínaco el año 2148 del mundo, duró 550 hasta Perseo su décimoquinto rey, que fundó a Micenas, dividiéndole en dos reinos y continuando a reinar en el de Argos los descendientes de Perseo. Ahora bien, Perseo, bisabuelo de Heracles, era oriundo de Egipto por su abuelo materno Acrisio, descendiente de Hipermnestra, hija del egipcio Dánao, que había traído a Grecia una colonia. Así se ve que la narración de Heródoto, tanto en sí, como por ser la expresión de la opinión común de los griegos, de que no sale fiador, no mereció la reprensión de Plutarco.
[127] Otros quieren que estas guardias reales subiesen a 300.
[128] El medimno venía a tener 6 celemines.
[129] Eran los próxenos unos comisarios o cónsules encargados de los negocios de las otras ciudades, en cada una de las cuales había otro próxeno nombrado por los espartanos para agente de sus intereses. Los pitios y el agorero asesor de los reyes venían a ser, si se me permite la expresión, los teólogos del estado.
[130] Las leyes de Licurgo obligaban a que los espartanos comiesen en comunidad repartidos en sus respectivos refectorios o sisitía, como se llamaban, en los que los reyes con sus éforos y gerontes formarían mesa aparte.
[131] Este uso, establecido en Egipto por una ley de Sesostris, puede ser útil al buen orden de las clases y al progreso de las artes; pero sobre parecer contrario a la libertad civil, esclaviza los ingenios, impidiendo lanzarse a los oficios para los que cada cual se sienta naturalmente inclinado.
[132] Conjeturan algunos que el abuelo de Leotíquidas sería Agesilao y no Agis, y que Leotíquidas y Demarato serían primos.
[133] Mucho contrastan con la severidad de Licurgo esas indecorosas danzas introducidas por él en su patria.
[134] Solían en el patio de las casas o delante de él levantar los gentiles un altar y una estatua a Zeus Herceo o presidente de la luna.
[135] Heroo es una capilla o templo dedicado a algún héroe o semidiós pagano.
[136] La moderna Zante.
[137] Al presente es un fuerte llamado Muchli.
[138] Era un lago, y quizá también una ciudad con el mismo nombre.
[139] En el día Calamata; Nauplia es Napoli de Romania. El Erasino, hoy Rasino, es un río que va a confundirse con el Ínaco, hoy Planizza, antes de entrar este en el golfo de Napoli.
[140] La victoria de una mujer, a que se refiere el oráculo, y que Heródoto no especifica, no puede ser otra que la citada por Pausanias de una matrona llamada Telesila, célebre poetisa, quien supo animar a las mujeres argivas, que por haber salido sus maridos a la campaña se hallaban solas en la ciudad, de tal modo que, cerrando las puertas y subidas a los muros, rechazaron las tropas de Demarato y de Cleómenes, que daban ya el asalto a la plaza.
[141] Este templo de Hera se hallaba en los confines de Argos y de Micenas.
[142] No hallo el nombre moderno de Figalia o Fialia, vecina a Mantinea, ni el de Tirinto, arruinada por los argivos.
[143] Los atenienses imitaban en su respuesta la sinrazón de los de Egina: estos habían faltado a la obediencia no queriendo entregar a Cleómenes los culpados por no venir acompañado de su colega en el reino; aquellos faltaron a la equidad no queriendo soltar el depósito con el pretexto de que no lo reclamaban los dos reyes. En cuanto al ejemplo con que pretende conmoverlos Leotíquidas, contado más bien con ática gracia que con lacónica severidad, sería una de las historias morales que sobre mesa solían contar los viejos a los jóvenes de su sisitía. Juvenal habla de él también en su sátira 13.
[144] Esta movilidad de bienes no puede aludir a otra causa, si el caso se supone anterior al dominio de Ciro, que a la vecindad de los persas y de los lidios y a las frecuentes invasiones de que era objeto la Jonia.
[145] Es enérgica esta personificación del juramento; el oráculo todo encierra imágenes sublimes y profunda moralidad.
[146] Esta nave, llena de adornos y riqueza, una vez al año pasaba a Delfos, a donde conducía a los teoros o diputados religiosos de Atenas, sujetos siempre del mayor lustre y nombradía.
[147] La exactitud de las cifras en los autores antiguos es una semilla de disputas entre los críticos. Platón hablando de esta armada, sin definir el número de las naves de carga, pone 300 de guerra.
[148] Delos se llama al presenta Slida, y su vecina la antigua Renea lleva el nombre de Grande Slida, por ser algo mayor que Delos; ambas islas están al presente desiertas. Tenos es la Tine actual, poblada y fértil, por largo tiempo de los venecianos y en el día de los turcos. El respeto de Datis hacia Delos, que refiere aquí nuestro autor, Esquines y Cicerón lo dan como sucedido en la posterior expedición de Jerjes contra Grecia.
[149] Difícil de concordar es este pasaje con otro de Tucídides, quien escribe que Delos tembló por primera vez un poco antes de la guerra del Peloponeso, pues ese poco antes no puede entenderse más de setenta años que mediaron entre aquella guerra y la expedición de Datis.
[150] Ciudad de Eubea o Negroponte, al presente Castelroso.
[151] Algunos quieren que la palabra témenos sea nombre propio de cierto lugar, o corrigen táminas, nombre de una población de Eubea.
[152] Puede sospecharse que esta aparición fue una estratagema de Milcíades, que, como buen político a imitación de otros tantos, sabía dominar la plebe con la superstición y animarla contra el enemigo.
[153] Solino cree que este extraordinario corriese 1240 estadios en dos días; Plinio, 1140; Luciano pretende que, de vuelta de Esparta, al acabar de dar en Atenas la noticia de la victoria de Maratón, cayó súbitamente muerto.
[154] Estira, ciudad de Eubea.
[155] Platea, al presente arruinada, estaba al pie del monte Citerón, distante de Tebas 60 estadios, y 200 de Tanagra.
[156] El original dice a pluralidad de habas, porque los votos se daban con habas.
[157] Este modo de embestir no parece fuera usado de los griegos en lo antiguo. Homero dice (L. III, v. 3 de la Ilíada): «Iban al combate los aqueos callando llenos de coraje», aunque si Pausanias no se equivoca, los lacedemonios embestían ya corriendo antes de la batalla de Maratón.
[158] Por más que Plutarco note a Heródoto como deprimidor de la gloria de Maratón, nuestro autor, bien que tachado de parcial de Atenas, no quiso lisonjearla con un elogio increíble, cual el de la famosa inscripción que suponía 90.000 cadáveres enemigos en los campos maratonios.
[159] Una de las Cícladas, al presente Micona, distante 4 millas de Delos y 5 de Tenos.
[160] Delio, hoy arruinada, caía en la playa entre Calcis y Tanagra, cerca de la embocadura del Asopo.
[161] Arderica se cree estaría situada a una jornada tanto de Susa como de Babilonia.
[162] Platón dice que llegaron un día después de la acción.
[163] Ha parecido a varios que todo este párrafo, que no se lee en tres códices manuscritos, será un retazo añadido por algún intérprete a la brillante púrpura de Heródoto.
[164] En la oda 7.ª celebró Píndaro la victoria de Alcmeón.
[165] Es famoso entre los escritores antiguos este Sardanápalo calabrés, a quien acompañaban, según Ateneo, mil personas, entre cocineros y cazadores.
[166] Epidamno, hoy Durazzo, antiguamente también Dirraquium. Según el texto, lo que se llamaba seno Jonio, llegaba hasta el mar Adriático.
[167] Al presente el despotato o la pequeña Grecia.
[168] Es evidente que Leocedes, el pretendiente de Agarista, coetánea de Ciro, no pudo ser hijo de Fidón el ordenador de los pesos del Peloponeso, el cual vivía en la Olimpiada 8.ª
[169] Por otro nombre Trapezza, diferente de la célebre Trebizonda.
[170] Sería la emmelia una especie de danza muy conocida, no menos que la ática y la lacónica que más abajo se citan, de las cuales confieso no poder dar razón alguna.
[171] Heródoto, en este como en algunos otros leves puntos, difiere de Cornelio Nepote, quien pretende que el pretexto de acusación contra Milcíades era el haberse dejado sobornar de los persas. Del texto de nuestro autor parece deducirse también que Milcíades se hallaba presente en juicio, lo que expresa más claro Arístides al decir elocuentemente de aquel héroe: «...no presentando a los jueces otra cosa sino la herida».
[172] Otros creen que en vez de juntamente debe leerse en el texto excepto Toante, quien según la tradición fue librado por su hija Hipsípila del común exterminio; a no ser que Heródoto siguiese en esta historia otros monumentos más fidedignos.
[173] Esta narración de Heródoto, con la que conviene Cornelio Nepote, aunque tal vez fabulosa, imita no mal el carácter supersticioso y la simplicidad heroica de los antiguos.
[174] Mirina lleva en el día el nombre común de la isla de Lemnos: Hefestia, en la parte septentrional de la isla, se llama Coquino.
[175] Hijos de Alevas, que gobernaban la Tesalia con sujeción a las leyes de la patria, y que la vendieron al persa llevados de la ambición y de la avaricia; su familia subsistía aún en Larisa en tiempo de Demóstenes, partidaria de Filipo el Macedonio.
[176] Río de la Élide en el Peloponeso, llamado Igiaco al presente.
[177] Acanto es al presente Eriso, y Torone Castelrampo, por donde puede conocerse la situación de Sane, colonia de los andrios, separada de tierra firme por un canal: de las demás poblaciones, todas quizá derruidas, se ignora el nombre moderno.
[178] Es patente que este modo de cavar ahorraba la fatiga de las escalas, y podía continuarse siempre pasando la tierra de mano en mano, llenando con la recién extraída del suelo la mayor abertura de la boca hecha al principio.
[179] Lugar vecino al istmo del Quersoneso. Tirodiza estaba en las costas de Heraclea. Dorisco se llamaba una llanura de Tracia con un fuerte sobre el Hebro.
[180] Sobre las ruinas de esta ciudad creció la famosa Apamea o Ciboto, hoy día Apamiz.
[181] Este, a quien otros llaman Pites o Píteas, fue un insigne minero. Ni fue este solo en ofrecer un refresco a todo el ejército persa, pues lo mismo hizo cierto Lisitides, según cuenta Diodoro de Sicilia.
[182] Colosas al presente Cone, a cuya iglesia escribió San Pablo la carta ad Colossenses.
[183] Abido es actualmente uno de los Dardanelos llamado castillo viejo de Netolia; y Sesto, el otro llamado castillo viejo de Romelia. Madito al presente Maitos.
[184] Muchos modernos son de opinión que todo este castigo es una de las infinitas fábulas de los griegos.
[185] Niegan los insignes astrónomos que fuera esta oscuridad un eclipse solar. Del modo de hablar de Heródoto infiérese que o no era buen astrónomo, ignorando la causa del eclipse, o que quería parecer más trágico que matemático.
[186] Cerca de las puertas Caspias caía este campo y la ciudad de Nesea que le daba el nombre y que lleva ahora el de Talkatán.
[187] Era la harmámaxa una especie de carroza muy cómoda destinada para las reinas persas.
[188] Al presente Girmasti, Castri, o Chiai, tanta es la variedad de sus nombres: el monte Canes es un promontorio enfrente de Lesbos.
[189] De este y otros lugares de Heródoto se ve que los persas ya no veneraban únicamente al sol.
[190] Este pasaje demuestra que el puente era doble, sin que las líneas de las galeras estuvieran entre sí contiguas.
[191] Cardia, al presente Caridia, pequeña población: Ágora se llama hoy Malagra, y el golfo y el río de Melas, golfo de Megarisa el primero y Larisa el segundo.
[192] El Hebro conocido hoy con el nombre de Mariza.
[193] Ocupaban los cicones en la Tracia las costas del Egeo, siendo Eno o la actual Igno su capital.
[194] Otros diferencian esas túnicas del coselete, haciendo de ellas una especie de sobrevesta con que cubrían los persas las armas: la gerra era un escudo tejido de mimbres.
[195] Los cisios, pueblos vecinos a Susa, son quizá los del moderno Cusistán; los hircanios, los del Saberiscán o Mazenderán.
[196] De los bactrios la capital era Bactras, ahora Balk, en la provincia de Manralmahar. Los sacas eran tártaros, quizá los cazalgitas de la gran Tartaria.
[197] Parece hablar del algodón de arbusto, bien que de otros árboles sacan sus hilos y telas los asiáticos. La que era capital de los arios es al presente Herat, en la provincia Sitzistán.
[198] El país que ocupaban los partos corresponde hoy al Korasán y Erak-Atzem: el de los corasmios al Kowarezen; el de los sogdios a las cercanías de Samarkanda: los gandarios serán acaso los gandáridas de la India; los dádicas son un pueblo del todo desconocido.
[199] Estos pueblos apenas conocidos, no estarían quizá lejos de la Sogdiana.
[200] Los milias en la Panfilia recibían el nombre de una ciudad, cuyas ruinas se llaman Milia todavía. Los moscos estaban situados en la parte oriental de Mingrelia.
[201] Caían estas tres naciones en las extremidades de la Capadocia hacia el Ponto Euxino.
[202] Es difícil determinar a qué nación corresponde la antigua de los mares, originaria quizá de Maresia, ciudad de Cilicia. Los colcos habitábanla Mingrelia, Guriel e Inmereta. Los alarodios estarían acaso vecinos al río Alar en Hircania, y los saspires a la Albania.
[203] Lib. I, pár. CXLIV y CLXXI.
[204] Eran estos los de las islas Cea, Naxos, Sifnos, Serifos: pues los de Quíos y de Samos se comprendían entre las doce ciudades jonias.
[205] La Cilicia era en cuanto al tributo una satrapía de la Persia, por más que tuviera sus reyes Siénesis reconocidos del mismo autor por príncipes dependientes del persa.
[206] La isla de Cos se llama al presente Stanquio; las ciudades de los nisirios y calidnios se llaman Nisaro la primera, y Chirava la segunda.
[207] Maronea es hoy día Maroqua; Abdera es Asperosa; la laguna Bistónide es Bouron; los demás nombres geográficos son para mí desconocidos.
[208] Los petos confinaban con los cicones, cuya capital era Eno; los bistones tenían a Tinda por capital; los sapeos estaban situados entre el río Melas y el Arzo, en el golfo de Eno; los edonos cerca de la presente Filipos; los satras o autónomos en el monte Hemos que los separaba de la Mesia. Estos últimos fueron avasallados por Alejandro.
[209] Los besos, vecinos a los satras, tenían por capital a Usucadama, llamada después Adrianópolis.
[210] Los odomantos, diferentes de los odrisios, estaban en las riberas del Estrimón, confinantes con la Macedonia; los pieres en las mismas riberas de Estrimón bajo el Pangeo, río que divide la Tracia de la Macedonia, junto al cual se refugiaron arrojados de Pieria.
[211] Estos pueblos, situados en la antigua Bisáltica, corresponden a la comarca de la presente Staraquino.
[212] Esta ciudad se llamó después Anfípolis, al presente Crisópolis.
[213] Acanto es hoy Eriso, y Estagira, célebre patria de Aristóteles, o Macra o Libanova; en cuanto a Argilo, distaba poco de Anfípolis y de la embocadura del Estrimón.
[214] Entre los griegos la estatura regular se reputaba de cuatro codos; la de cinco era tenida por extraordinaria, y la de diez por agigantada.
[215] Al presente la famosa Saloniqui, antes Tesalónica.
[216] Llámase ahora golfo de Contessa: ignoro el nombre moderno de sus ciudades, excepto el de Singo, que conserva el mismo nombre, no lejos del golfo de Ayomama.
[217] Ámpelo es hoy día Cabo Canistro; de sus ciudades circunvecinas ninguna queda ahora.
[218] Ignoro el nombre actual de estas ciudades de Palene, región que toma el título de la ciudad de Palene o Canistro, si se exceptúa la de Potidea, que es al presente Schiatti, y la de Enea, que parece ser la ciudad de Moncastro.
[219] Pela, antigua capital de Macedonia, hoy Janitza o Galatisia: el río Axio es conocido en el día con el nombre de Vardari.
[220] De estos dos ríos, el Lidias es al presente Castoro; y el Haliacmón, el Bistrisa, o según otros, el Pelecas.
[221] De los montes que ciñen la Tesalia, el Pelión se llama Petras en el día; el Osa, Cassavo u Olira; el Olimpo, Laca o Eldos; el Pindo Mezzovo; entre sus ríos, el Peneo es el moderno Salambria; el Apídano es el actual Epideno; los otros son menos conocidos.
[222] Hoy día Veria, entre el Axio y el Peneo.
[223] De las doce comunidades griegas asociadas a la Asamblea Anfictiónica, nueve, según se ve, declaráronse por el persa. El juramento que los demás griegos leales hicieron de repartirse los bienes de los infieles fue antes de la batalla de Platea, si bien la humanidad de Temístocles, conseguida la victoria, impidió se llevase a efecto.
[224] De ahí se ve cuán sagrado se miraba el derecho de gentes en este punto. Pausanias atribuye la ruina de Milcíades al consejo que dio a los atenienses de semejante atrocidad.
[225] Bien pudiera la Pitia sin auxilio de Apolo adivinar lo futuro, viendo el Asia toda armada contra Atenas, aunque no de balde dulcificaría el vaticinio, vendiendo amenazas, ya a los persas, ya a los tesalios, ya a los atenienses.
[226] Túvose en Corinto este congreso.
[227] Esta pretensión alude a la guerra de Troya en que capitaneaba el rey de Argos.
[228] No se comprende cómo los embajadores insisten tanto en sus dos reyes espartanos, cuando pocos años antes se había tomado la providencia de que uno de los dos solamente saliera a campaña; ni menos cómo el rey de Argos, rey de nombre solamente, quisiera igualarse en el mando al de Esparta, a no decir que eran estas razones pretextos estudiados para conseguir cada parte su pretensión.
[229] Telos se llama al presente Piscopia, y Gela, Terranova o, según otros Alicate.
[230] Mactorio hoy Mazzarino. En cuanto a los monumentos sagrados de Telines, paréceme que serían algunos idolillos con la pompa y paramentos sacerdotales usados en los sacrificios de Deméter y de Perséfone, que pudieron ser introducidos por los rodios venidos en colonia a Gela desde el Triopio o cabo Eris.
[231] Calípolis, ciudad de Sicilia, vecina a Mesina; Naxos, después Tauromenium, ahora Taormina; Zancle, después Mesana, al presente Mesina; Leontinos, hoy Lentini; Bárbaros llamaban los colonos griegos de Sicilia a los sículos u originarios del país.
[232] Hoy torre de Camarano.
[233] Hibla sería la mayor de las tres ciudades de este nombre, llamada también Mégara o Megaris, y en el día Paterno.
[234] Eran los gamoros los descendientes de los griegos que se habían apoderado de Siracusa, los dueños de las tierras, los aristócratas en cuyas manos estaba la república.
[235] De estos sucesos, el de Dorieo puede verse circunstanciado en el [libro V, 46]; del otro apenas hablan los antiguos, sabiéndose que cuando Jerjes embistió la Grecia, nada poseían ya los cartagineses en Sicilia, donde algunos años antes habían hecho sus establecimientos, arrojados sin duda de ella por el ejército de Gelón.
[236] No parezcan superiores estas fuerzas al poder de Siracusa, pues además de ser este muy grande por aquellos tiempos, debe reflexionarse que en los antiguos estados todo ciudadano era soldado por lo común.
[237] Sin duda Gelón no tendría noticia por entonces de la alianza que se supone contraída por Jerjes con los cartagineses, a quienes suministró dinero para que acabaran al mismo tiempo con los griegos de Sicilia y de la Magna Grecia.
[238] Dúdase si este Cadmo el Justo fue hijo de aquel Escites, rey de los zancleos, alabado por justo en el libro VI, pár. XXIV de esta historia, o si Escites debió de ser tío paterno del padre de Cadmo. Con este pasó a Sicilia el poeta Epicarmo.
[239] Hímera, después Termas, al presente Termini: Acragas se llama ahora Agrigento.
[240] Conjetúrase si los elísicos eran una gente de los ligures o genoveses, o bien helvios o helvecios.
[241] Diodoro pretende que el día de la victoria de Gelón sobre Amílcar coincidió con el de la defensa de Leónidas en Termópilas. A dicha batalla de Gelón contra los cartagineses, más bien que a la de Hierón contra los piratas etruscos cerca de Cumas, parece debe referirse la oda segunda Pitia de Píndaro.
[242] Pilos conserva el nombre antiguo: Ténaro lleva el de Caibares, o bien el de puerto de las Codornices.
[243] Diodoro y Conón tratan de esta expedición de Minos, de su muerte violenta procurada por engaños del rey Cócalo: de la fundación de la colonia minosa Heraclea, al presente Castel Blanco, establecida por Minos, o después de su muerte por los de Creta.
[244] La Yapigia correspondía a la tierra de Otranto en Nápoles, y la antigua Hiria al lugar presente de Rodi.
[245] Pocos asuntos tan interesantes como este de la población de Creta se hallan tan dudosos y controvertidos. La narración de Heródoto es conforme con la que apunta Homero, Odis., l. XIX, v. 172.
[246] No lejos de Farsalia.
[247] Quizá es la que al presente se llama Gonisa.
[248] La ciudad de los traquinios o Heraclea Traquis es ahora la pequeña aldea de Comaro; el estrecho de Termópilas se llama la Boca del Lobo. En cuanto al Artemisio y la Histieótida, es el primero un promontorio de Eubea que da también su nombre al estrecho del mar vecino, y la Histieótida una comarca marítima de Tesalia.
[249] Nombre antiguo de la Tesalia; la Tesprotia era una región del Epiro, quizá la moderna Vayelitia.
[250] Sospéchase si sería la mencionada Tuya, la hija de Castalio, madre de Delfo y amiga de Apolo.
[251] Sepíade, llamada por unos el cabo de Monastir, por otros el cabo de Quetuno; Magnesia se hallaba en la Tesalia, donde está presente el cabo de San Jorge.
[252] Situada en Tesalia al pie del monte Osa.
[253] Hoy día un pequeño torrente que va al Pireo.
[254] Ciudad de la comarca Magnesia, al presente Volos.
[255] Ea, ciudad hoy, según unos, Lipótamo; según otros, Uturet.
[256] Su ciudad conserva aún el nombre de Eblebanda: Pafos de Chipre se llama actualmente Bafo.
[257] Según la mitología, Frixo, huyendo a Ea de Cólquide con Hele su hermana, se libró de las manos de su padre y de su madrasta Ino.
[258] Este era el Euripo o golfo de Negroponte: la Mélide correspondía en la costa del golfo de Zitón.
[259] Ciudad de Acaya, cerca del golfo de Zitón, frontera a la isla del mismo nombre, donde se criaba el eléboro.
[260] Esta Deméter no parece otra que Deméter Pilea. El templo que Acrisio quizá edificó, era donde se juntaban los diputados de la Grecia llamados los Pilágoras.
[261] Pausanias hace subir a 6000 el número de los locros que tomaban el nombre de la ciudad de Opunte, situada en el golfo de Negroponte. La Fócide, pequeña región de la Grecia, venía a caer en medio de la que hoy llaman Levadia.
[262] Plutarco, como natural de Tebas, llevado de resentimiento contra Heródoto por la amargura con que trata este a sus compatriotas, le desmiente acerca de la presencia en las Termópilas del tebano Leontíades, a quien nuestro autor conocía bien, según el [pár. CCXXXIII] de este libro. Son frecuentes los pasajes de esta historia que concitan la crítica y la indignación del gran Plutarco.
[263] Celebrábase la Olimpiada 75 en medio del verano.
[264] De ella se aprovechó después Alejandro Magno, y Breno con sus galos forzando del mismo modo aquel paso, defendido también entonces por los focidios. De aquellas eminencias desalojó asimismo Catón el mayor a los etolios, que las ocupaban por orden de Antíoco.
[265] No se halla dicha narración en lo que nos resta de los nueve libros de Heródoto.
[266] Etesias da por traidores a Calíades y Timafernes, naturales de Traquinia, no menos fabuloso e inseguro en esta noticia que en todo lo demás que escribió.
[267] Diodoro nombra un solo desertor, llamado Tirastiadas, de patria cimeo.
[268] Este punto no está entre los antiguos bien aclarado. Dice Diodoro que solo se quedó Leónidas con los de Tespias: Pausanias sustituye a los tebanos 80 hombres de Micenas: Plutarco acrimina al autor por suponer que Leónidas solo tenía consigo 300 hombres, cuando cada espartano solía traer consigo seis o siete de sus ilotas.
[269] Son célebres las palabras que dijo Leónidas a los suyos: «Comed como quien ha de cenar con Hades». No es creíble, empero, que embistiera de noche el campo de Jerjes con ánimo de matar al rey, por más que Diodoro, Justino y Plutarco lo escriban.
[270] Pausanias nos manifiesta que el nombre de los 300 campeones estaba notado en una columna levantada en Esparta.
[271] A estos átimos o infames se negaba en Grecia toda comunicación, como a excomulgados vitandos.
[272] Lacedemonios eran todos los vasallos de Esparta; pero espartanos solamente los vecinos de la capital, dándose a veces no más el nombre de lacedemonios a los periecos, esto es a los de las ciudades sujetas a Esparta, para distinguirlos de los genuinos espartanos.
[273] Es la moderna Cerigo.
[274] Bien dudosa sería la conjetura si no nos hubiera mostrado el autor, por los acertados consejos dados al rey por Demarato contra los espartanos, que este, enemistado realmente con ellos, pretendía con sinceridad la sujeción y ruina de su patria.
[275] Anda aquí el autor algo corto en el número, si bien en el cap. 44 sube hasta 180 las naves de Atenas. Diodoro les da el número cabal de 200 naves.
[276] Los de la isla al presente Cea.
[277] El original dice con más fuerza: «ni aun el ministro del fuego», aludiendo al uso antiguo entre los griegos de que un ministro sagrado coronado de laurel y con un hacha en la mano precediese a las filas; persona santa a quien solía perdonarse en la acción.
[278] Cabo oriental de Negroponte, al presente Cubo de Oro.
[279] Escíone, lugar de Macedonia situado en el cabo Canistro. Tenía este buzo una hija heredera de su habilidad llamada Cione.
[280] La palabra allí no me parece indicar que los soldados marinos se hallasen en las mismas, sino en sus tiendas en la playa. Las tablas y cadáveres a que alude serían de las naves que en la batalla naval de aquel día habían perecido.
[281] Es Cela o Cava la costa de Calcis, frontera a la antigua Áulide, lugar sembrado de escollos.
[282] Parece ser este Clinias el padre del famoso Alcibíades, y lo persuade más el ser su nombre lo mismo que el de su abuelo.
[283] Hace el autor mención en varios lugares de esta ciudad de la Fócide, donde residía un oráculo de Apolo.
[284] Pausanias se aparta de lo dicho por Heródoto, afirmando que al principio los focidios siguieron el partido del persa, y se pasaron después al de los griegos.
[285] Esta Dóride propia correspondía a la Levadia alta de los turcos.
[286] Anfisa, capital de los locros ozolas, situados en la moderna Levadia, cerca del golfo de Salona, parece estaba donde la presente Salona; si bien otros le dan hoy el nombre de Lambino.
[287] No es menester buscar a dichas ciudades un nombre moderno, porque todas estas y las demás de los focidios hasta el número de veintidós fueron después desmanteladas y derruidas por Filipo de Macedonia en pena de los hurtos sacrílegos de los focidios, quienes antes de la guerra sacra habían saqueado los tesoros de Delfos.
[288] Al presente lugar insignificante de la Levadia con el mismo nombre.
[289] No se deduce de aquí que Alejandro hubiese ocupado con tropas las ciudades de Beocia, sino que había señalado un comisario macedonio como gobernador de cada ciudad.
[290] No interviniendo por aquí en nada los eólidas, parece deber corregirse los lileadas o habitantes de Lilea, ciudad que fue demolida con la de Panopea y la de Dáulide, y que es en el día una pequeña aldea que lleva el nombre de Solen.
[291] Por entonces había solo en Delfos, al parecer, un adivino o intérprete de los oráculos con una sola Pitia, no habiendo crecido con el número de consultas y dones el de profetas y pitonisas.
[292] Si fueron embustes del profeta délfico estos portentos, para mí es un portento mayor que los otros el que tantos y tan ilustres escritores nos los vendan sin vacilar por hechos históricos. Prodigios hay en las historias antiguas que solo pueden explicarse por la intervención de espíritus malos, no por fraudes de los sacerdotes o credulidad del vulgo: de esta suerte son los sucedidos más tarde en Delfos mismo contra Breno y sus galos. Bien que esas deidades délficas solo parecen fieras contra los bárbaros, disimulando a sus focidios antes de la guerra sacra los mayores sacrilegios.
[293] Isla enfrente de Eleusis, llamada hoy Coluri, lo mismo que la pequeña villa que ha reemplazado a la célebre ciudad de Salamina.
[294] Llamada al presenta Pleda o Damala en la Argólida, sobre el golfo Sarónico. Egina es la moderna isla de Engía, de la cual toma nombre el golfo Sarónico o de Engía.
[295] La antigua Sición es al presente un montón de ruinas con el nombre de Basílica. Epidauro, capital de la Argólida, llámase en el día según unos Pigiada, según otros Esculapio. Hermíone es en la actualidad Maria, en el golfo de Nauplia en la Argólida.
[296] Conservan estas tres ciudades su nombre antiguo, si bien la de los ambraciotas se llama también Arta y Santa María de los Leucadios.
[297] Citnos, al presente Termia.
[298] El pueblo de los primeros es actualmente el lugar de Serso, y el de Sifnos es la isla de Sifanto.
[299] Los tesprotos habitaban hacia la Vayelitia; el Aqueronte es el Verlichi en Epiro.
[300] Quedose corto, pues, Esquilo al dar en su tragedia de los Persas 300 naves a la armada únicamente.
[301] La ciudad antigua reducida a una pequeña población conserva el nombre de Tespias; pero de Platea, totalmente arruinada, ni aun el nombre resta.
[302] Quizá el sentido deba ser que desde Sardes hasta Europa emplearon un mes marchando, pues no puede entenderse que se pase un mes en el tránsito del Helesponto, en el que, según refiere el mismo autor, [libro VII, pár. LVI], solo emplearon siete días.
[303] Este era el famoso Areópago.
[304] No era sino egipcio emigrado en Atenas.
[305] Plutarco, según su costumbre, se declara contra nuestro autor por haber privado a Temístocles de la gloria que se merece este aviso digno del mejor político, especialmente habiendo reservado para su Artemisia, como veremos, consejos llenos de acierto y prudencia.
[306] Alude este dicho a las corridas de los juegos olímpicos, en que los jueces llamados olimpiónicas, por medio de sus alguaciles los alitas mandaban dar un latigazo al que antes de dar ellos la señal salía de la línea, como lo dieron al lacedemonio Licas (Tucíd.). Es célebre, y no sé cómo lo omite Heródoto, el dicho de Temístocles, quien al ver que Euribíades le amenazaba con el bastón. «Pega, le dijo, si quieres, pero oye».
[307] Para votar los negocios en Atenas los escribían en una tablilla expuesta al público los prítanes o gobernadores de semana: junta ya la Asamblea popular, volvía el epístates, esto es, el primero de los prohedros o presidentes, a proponer el asunto sobre el cual, después de haber discurrido los oradores que lo pedían, anunciaba el epístates al pueblo que se iba a votar. La fuerza de este acto es la que expresa en este pasaje el verbo del original.
[308] Ciudad de Lucania en la actual Basilicata, llamada después Heraclea, al presente arruinada, cerca de la embocadura del río Siris, el moderno Senno. Los atenienses fundaron también a Turio en aquellas cercanías.
[309] Sin duda su pretensión era que estos misteriosos ídolos, semejantes a los Dioscuros, acompañasen la armada, como entre los turcos el estandarte de Mahoma.
[310] Llanura vecina a la antigua Eleusis, que es al presente la aldea de Lepsina. En cuanto al prodigio, no es de creer que Heródoto asienta a él, como a otros mil que refiere. Los historiadores no quieren por lo común ser menos aplaudidos que los cómicos, y se acomodan por lo mismo al sabor de los lectores; y no es por lo mismo más de extrañar que alimente Heródoto de ficciones y maravillas a lectores gentílicos y supersticiosos, que el espíritu de impiedad y de pedante filosofía de que llenan sus volúmenes muchos de los que tachan de crédulo a nuestro autor.
[311] Falero, puerto a cosa de una legua de Atenas, desierto al presente y abandonado.
[312] Caristo, hoy Castelroso en Eubea; los tenios habitaban la isla de Tenos, y las cinco ciudades de que se habla aquí y en el [párrafo XLVI], son las cinco islas de Naxos, Milo, Sifnos, Serifos y Citnos.
[313] Este camino, que llaman otros Escirona, conducía al Istmo desde la ciudad de Mégara por entre aquellos montes y derrumbaderos que al presente llaman Caki-Scala.
[314] Los aqueos, echados por los dorios de su país, arrojaron del suyo a los jonios, apoderándose de la región vecina al golfo de Corinto. Homero cuenta seis regiones en el Peloponeso.
[315] Ásine, no la de Mesenia, sino la de Argólida, es al presente un pequeño pueblo con el nombre de Vulcanos; la antigua Cardámila lleva según unos el nombre de Parama, según otros el de Sapito; Parorea estaba no lejos de Sición; Ornea era otra ciudad de los argivos.
[316] Plutarco y otros autores pretenden que fuese este Sicino de nación persa, comprado como esclavo por Temístocles, a quienes se opone Esquilo, que le llama griego.
[317] Créese que ese islote es Liprocontalia, sin población alguna en el día.
[318] No pudiendo ser dicha Cinosura la de Laconia, por sobrado distante, no será acaso otra que el promontorio de Maratón enfrente de Eubea. Muniquia era otro puerto de Atenas, al presente cegado, con el nombre de Macina.
[319] Aunque no se haya decidido todavía si el espíritu de Dios inspiraba a veces a las Sibilas, y aunque ninguna dificultad ofrezca el que la Providencia para sus fines se valiera de impuros labios para descubrir a los hombres lo futuro, es de sospechar, por más que repugne a Heródoto, que Temístocles supuso a Bacis estos versos. El espíritu político se trasforma en espíritu profético siempre que le conviene.
[320] Plutarco, solo para contradecir a nuestro autor, parece dudar de la ponderada entereza de Arístides. Solo observaré que en la historia no hallamos menor número de hombres ilustres víctimas de sus virtudes que víctimas de sus pasiones en los vicios, atendido el gran número de estos y el corto de aquellos. No hablo de los perseguidos por motivos de religión, a quienes el mundo, como a cosa no suya, jamás amará: hablo de aquellas almas políticamente grandes, dedicadas únicamente al bien de la sociedad por medios honestos y leales, contra quienes usó Atenas de su ostracismo, y los modernos estados de la deposición con achaque de admitir la dimisión de sus empleos. No pudiendo el mundo civil sufrir ni sus males ni sus remedios, igualmente aborrece al ruin magistrado que agrava sus dolencias, que al buen político que le receta las medicinas.
[321] Puédese de aquí concluir que Arístides ni se halló en la batalla naval, durando todavía su destierro, como escribió Cornelio Nepote, y que duraba aún entonces en su rigor el ostracismo, lo que negó Plutarco.
[322] Creen algunos que esta arenga se halla en Esquilo (Persas, v. 402). Sin duda, Temístocles puso delante a los suyos los más interesantes objetos, la libertad de la patria, de sus hijos, de sus mujeres, la conservación de sus templos, etc.
[323] Era este Aminias, a quien Plutarco llama Deceleo y no Paleneo, hermano de Esquilo.
[324] Bien se ve en este pasaje y en muchos otros la parcialidad de este historiador asiático y colono de la Grecia en favor de sus colonias contra las metrópolis griegas. Pero lo que es digno de reprender con Plutarco es el modo como ensalza un ardid tan inicuo y pérfido como el de Artemisia.
[325] No entiendo que fuese esta una bandera o pabellón, invención harto moderna, sino alguna figura de un dios o animal, o algún objeto notable, puesto en la proa o popa de su galera.
[326] Dice Demóstenes que la silla con pies de plata en que sentado Jerjes en Egaleo contemplaba la naumaquia, fue consagrada en la fortaleza de Atenas.
[327] Parece que Polícrito picó a Temístocles, haciendo burla de la acusación de los atenienses, que habían delatado en Esparta a los eginetas por partidarios del medo.
[328] No dice Heródoto en ningún lugar que fuese decretada esta gloria en favor de Egina en alguna asamblea pública de los generales griegos; con todo, así lo afirma Diodoro Sículo, quien añade con mucha verosimilitud que la envidia de los lacedemonios contra los de Atenas, que merecían sin duda la palma, hizo que cohechados los jueces la pasasen a los eginetas. Quizá Heródoto prefirió inculcarnos la gloria de su heroína Artemisia, que no publicar la envidia de Esparta y la venalidad de los generales en congreso.
[329] Algo que sospechar da esta narración desmentida por toda la Grecia, aunque apoyada sobre la palabra de Atenas, si es verdad que los atenienses se ganasen con un presente de diez talentos la lisonjera pluma del padre de la historia, y que Corinto, que le negó todo gaje por los elogios que en sus Musas les leía, adquiriese en él un censor injusto, no solo en borrarles, sino en denigrar a los avaros corintios con mil rumores y sospechas.
[330] Caía este templo en la extremidad de Salamina.
[331] Dice Plutarco que Arístides envió a Temístocles por prisioneros de guerra a los persas más distinguidos, a quienes sacrificó aquel general, por consejo del adivino Eufrautides, a Dioniso Omestes (el carnívoro).
[332] Cercana a Falero, en la cual había un templo de Afrodita.
[333] Era como de dos estadios ese estrecho, que Jerjes antes de la batalla había pensado seriamente en cegar, y que después solo en la apariencia y por engañar al griego terraplenaba.
[334] Fue esta invención introducida por el gran Ciro. Más expedito medio fuera aún para comunicar una noticia apostar de trecho en trecho algunos hombres de robustos pulmones que hicieran correr la voz, como dice Cleomedes los tenía Jerjes, por cuyo medio súpose su desgracia en lo interior de la Persia en el término de dos días.
[335] Tan absurda es esta digresión, que por más fanático que supongamos a Heródoto no podemos menos de creerla, con algunos críticos, adición o nota de algún ignorante comentador. Ya la refirió Heródoto en el lib. I, pár. CLXXV.
[336] Dúdase a qué lugar se refiere, si a Sardes, donde estaría más de asiento Hermótimo siguiendo a la corte, o a Atarneo, donde por entonces se hallaba; si bien esta circunstancia importa tanto como la historia entera del eunuco, intercalada sin duda por nuestro autor como episodio para variar sus narraciones.
[337] Según Plutarco, este parecer de Temístocles había sido reprobado por Arístides, a quién antes lo había comunicado.
[338] Otros, en vez de Sicino, dan por mensajero a un persa llamado Arnaces o Arsaces. No puede concebirse cómo Tucídides y Cornelio Nepote creyesen tan poco cauto a Temístocles, que se valiera de cartas y no de confidentes para asuntos de tanta cuantía.
[339] Con tan bello nombre decoraba el espíritu fino y culto de los griegos a dos diosas que llevan entre nosotros el vulgar y repugnante de Pobreza e Imposibilidad. Así también he conservado para que no cayeran de su divinidad la advocación de Pitos y Anankea a la Persuasión y a la Necesidad, de cuya protección en el día suelen muchos humanamente valerse, usando de lo que diríamos Pitananke, o ruegos armados.
[340] No podían los lacedemonios pretender otro efecto de esta sin duda infructuosa y ridícula embajada, que cazar de la boca de Jerjes alguna palabra cuya interpretación les sirviese de buen agüero.
[341] Eliano da a entender que el nombre propio de este rey era Treix.
[342] El mismo que el Bóreas o cierzo, tomando el nombre del Estrimón, desde donde sopla a los griegos. Para hacer más trágica la cosa, escriben otros que navegaba el rey en una barca de pescar.
[343] Mejor sería sin duda, si practicable fuera, que el premio pretendido después de la victoria se acercara más todavía a la palma o corona honrosa de los griegos que al aumento de sueldo mercenario con que en el día se premia el valor.
[344] Muy verosímil es que pasara allá Temístocles, llamado por los espartanos, recelosos al cabo de que la injuria hecha al griego más benemérito no diera lugar a algún resentimiento que pudiera ser fatal a la Grecia toda.
[345] No es fácil concordar cómo pudo Timodemo proceder de Afidnas, lugar del Ática, siendo belbinita o de la isla de Belbina, al presente Blenda, frontera a las costas del Ática; sería acaso belbinita de origen, y afidneo de demo o vecindad.
[346] La península de Casandria, ahora Canistro. Potidea era una colonia de Corinto llamada al presente Schiatti.
[347] Olinto, cercana a Palene, famosa entre los griegos, conserva su nombre todavía, aunque arruinada. Preténdese que los potideos, atenienses de origen, fueran colonos cretenses que de Creta pasasen a Yapigia y de allí a Tracia, en los confines de Macedonia.
[348] Calcídica de la Macedonia en el país llamado Yamboli al presente.
[349] Escíone, una de las ciudades de Palene.
[350] Al presento Foya Nueva, con un buen puerto en el Asia menor, no lejos de Esmirna. De este lugar puede colegirse que esta armada naval, siendo antes tanto más numerosa, hubiera podido pasar a Europa toda la gente de Jerjes sin la vana ostentación de unir con un puente de barcas ambos continentes.
[351] Varias son las dudas acerca de este árbol genealógico. Primeramente, solo los lacedemonios, contra la opinión de los demás griegos, cuentan en el número de reyes a Aristodemo, Aristómaco, Cleodeo e Hilo. Lo segundo, sábese por los demás autores, que no reinaron en Esparta los siete personajes nombrados después de Leotíquidas. En tercer lugar, es menester añadir después de Procles un rey llamado Sous.
[352] Para interpretar benignamente a Heródoto, no debe entenderse que no conocieran la Jonia ninguno de los griegos de la armada, pues los atenienses habían navegado por los mares del Quersoneso, de Sigeo y de Éfeso, y los lacedemonios habían ido a Samos y a las costas de Jonia, sino que generalmente no sabían tanto de aquel país como después supieron.
[353] Son varias las ciudades de que con el nombre de Europo hacen mención los antiguos, si bien esta no pudo ser otra que la de los carios, quienes como bilingües, pues hablaban griego y persa indistintamente, eran por lo común intérpretes de los persas.
[354] Ciudad de Beocia que conserva su nombre y lo da a una provincia o gobierno de los turcos. El famosísimo oráculo de Trofonio residía en una cueva.
[355] Pausanias escribe que Anfiarao era reputado autor de la adivinación por sueños.
[356] Este pantano o laguna se llama en el día laguna de Levadia. No se hallan los nombres actuales de los antiguos lugares situados sobre ella.
[357] Alabanda, o según otros Alabastra. La historia del casamiento de Gigea se refiere en el [lib. V, pár. XXI].
[358] Esta narración en nada desdice de la sencillez de los tiempos primitivos, tan bellamente retratada en Homero, y sobre todo en nuestros libros santos. También Jacob servía de zagal como Pérdicas apacentando los rebaños, y Sara como la reina de Lebea cocía el pan sobre las brasas en la tienda de Abraham. Vivía Pérdicas unos siete siglos y medio antes de J. C.
[359] Pasó Midas de Macedonia a Frigia, en donde reinó.
[360] Añade más Plutarco: que el rey les ofrecía reedificar la ciudad, darles infinito dinero y hacerles señores de todos los griegos.
[361] Sin la memoria de tales oráculos, que ciertamente salieron hueros, no hubiera acariciado tanto a los atenienses la política espartana, con el fin de no ponerse a peligro de perder el imperio de la Grecia.
[362] Esto, según Plutarco, lo dijo Arístides señalando al sol con el dedo.
[363] Tres eran los hermanos Alévadas, príncipes de Tesalia, Eurípilo, Trasidemo y Tórax.
[364] Con esto desmiente Heródoto a los oradores Demóstenes y Esquines, cuando afirman que pasó en efecto al Peloponeso un tal Artimio, con grandes sumas para desconcertar la unión de los griegos.
[365] Heródoto no hace mención de otro apedreado por motivo semejante, según parece, llamado Cirselo, si estamos a lo que dicen Demóstenes, Cicerón y otros.
[366] Como tal había sido escogido por Éaco, quien en Egina le erigió un templo.
[367] Estos vecinos de las ciudades subalternas del estado eran la segunda clase de tres que había en Lacedemonia, inferiores a los espartanos o moradores de la ciudad, y superiores a los ilotas o esclavos.
[368] Tanto las Esfendaleas como Decelia eran villas de la tribu Hipóntida, en la costa del Ática, fronteriza a Eubea. Tanagra es la moderna Anatoria, y Escolo una ciudad de la Beocia al pie del monte Citerón.
[369] Pausanias pone las ruinas de Hisias y Eritras a las raíces de Citerón, en la comarca de Platea.
[370] Esta sentencia, que pone ya el autor en boca de Cambises (lib. III, c. LXV), demuestra que estaba extendido entre los persas el fatalismo; error que, nacido de una fuente pura como es la presencia de Dios, conduce a las más fatales, consecuencias.
[371] En este discurso, verdaderamente ático, al lado de muy buenas sentencias e ideas, se notan algunas más brillantes que exactas, como la presente exageración de 46 naciones unidas en Maratón, y de las proezas áticas, que no se descuidaron en hacer valer Demóstenes, Isócrates, Lisias y otros oradores de aquel pueblo.
[372] En el original se añade de los Clicíadas, pero esta palabra debió ser una nota marginal inclusa en el texto, pues siendo tres las familias de Élide insignes por sus adivinaciones, la de los Yámidas, la de los Clicíadas y la de los Telíadas, no pudo ser a un tiempo Tisámeno, Yámida y Clicíada, a no decir que las dos familias habían emparentado.
[373] Una de las poblaciones que se unieron para formar la ciudad de Megalópolis, al presente pobre aldea llamada Leondari.
[374] Hervía ya entre los griegos, en medio de tanto calor y esfuerzos por la defensa de la libertad, esa raza de traidores más amigos del oro que de la patria, peste de las repúblicas aun en su mayor auge, contra la que declamaba tanto Demóstenes.
[375] Nota Plutarco que en su tiempo no se conocía en Beocia tal río, a no ser que fuese el llamado Hermón.
[376] Plutarco tacha a Heródoto de haber querido deprimir el decoro de un general espartano, suponiendo quería evitar el ataque de los persas y mintiendo con decir que los lacedemonios no se habían medido con los persas con quienes tan valientemente peleó Leónidas; pero no veo por qué la memoria de la batalla de Maratón no haga verosímil el modo de pensar de Pausanias, y por qué no pueda asegurar que los espartanos no habían peleado con los persas, pues los de Leónidas quedaron todos muertos en el campo.
[377] Pausanias la llama Peroe.
[378] No con mucha razón acusa Plutarco este pasaje, constando que la veste talar y la falta de escudo paraba de modo a los persas, que con razón parecían inermes contra hombres armados.
[379] Esta voz significa a veces un templo simple: otras particularmente se aplica al de Perséfone y Deméter en Eleusis.
[380] Reprende también Plutarco al autor por no nombrar los difuntos de las otras ciudades griegas, y pretende que los griegos muertos en defensa de la libertad de la patria ascendieran 1360.
[381] Alguna consideración merece con todo el que las tropas opuestas a los lacedemonios eran bárbaras y persas, mientras que las que resistían a los atenienses eran griegas y tebanas.
[382] Alude en esto al uso militar de los antiguos, quienes formados en sus filas solían sentarse poniendo sus escudos delante y cubriéndose con ellos.
[383] Parece que esto sucedió al principio de la guerra del Peloponeso, antes que los lacedemonios fortificasen a Decelia.
[384] Esta segunda narración parece más verosímil, dando lugar al genio poético y creador de los griegos para fingir la áncora de hierro con cadena de bronce.
[385] Se cree que estas palabras ireas, o sacerdotes, debe corregirse irenas, u oficiales lacedemonios, o bien ippeas, caballeros.
[386] Apolonia, ahora Piergo en Albania.
[387] El río, según unos, se llamaba Avo, ahora Polina; según otros, Piergo. Orico es Orco al presente.
[388] Si se leyera, con una pequeña variación del original, yendo por la Grecia, sería más coherente este pasaje, sin acudir a otra expedición de este adivino contra su patria.
[389] Este nombre, que equivale al de veneradas, se daba a las diosas Deméter y Perséfone.
[390] No tuvo este prodigio por autor a otro dios ni diosa que al mismo astuto y político Leotíquidas, como lo han declarado después Diodoro Sículo y Polieno.
[391] Fue el día 3 del mes ático llamado Boedromión.
[392] Ejercicio y juego de los griegos, que consistía en luchar con todo el cuerpo a puñadas, a coces, a brazo partido y aun a mordiscos.
[393] La voz ticta significa no día de la coronación, sino día de cumpleaños, y en este caso adornarse la cabeza significa pulirla, rizarla.
[394] Sin duda esta ferocísima Amestris no podía ser la Ester de los Libros Santos, como pretenden algunos. ¡Qué horror!, ¡qué crímenes!, ¡qué violaciones de derechos!, ¡qué abusos de poder por todas partes! Sin embargo, estos amores trágicos, como lo son los de palacio cuando no son legítimos, serán acaso de mayor interés y curiosidad para los lectores que todo lo tocante a las expediciones de Jerjes: tal es el carácter y no sé si diga la malignidad natural al hombre.
[395] Este promontorio, frontero a la isla de Lesbos, lleva hoy el nombre de cabo de Santa María.
[396] Este pretendido dominio del Asia no puede estribar en la división primera del orbe entero entre los Noáquidas, pues se tiene por más fundado que los hijos de Jafet se establecieron desde el principio en el Asia menor.
[397] Llámase en griego este río Egos Potamos, célebre después en la guerra del Peloponeso por la batalla de los atenienses contra los lacedemonios.