III

Los filipinos de color son de una misma familia: la malaya. Por eso, sus facciones y costumbres, como sus teogonías y supersticiones, se parecen mucho. El muñeco del mangkukulam tagalo ó pamgango, recuerda el ban-auan del visaya. Los tagalos atribuyen la locura al mangkukulam, y los ilocanos al sangkabagí ó katatao-an. En las provincias tagalas, visayas y la Pampanga, se cometen asesinatos en las personas de los supuestos mangkukulam y asuang, y en Ilocos los mangsisibrong practican (rarísimas veces ya ahora), el panagtutuyó. El visaya conoce el sumsuman y el ilocano también, pero con algunas diferencias.

El más famoso curandero de los joloanos Panlima Arat, que según se dice, profetizaba sobre el desenlace de las enfermedades, es ni más ni menos que los baglanes de los monteses de Abra, que pretenden hacer lo mismo con predicciones tan ambiguas que sea cual fuese el resultado del mal, hallan ellos subterfugio.

En el capítulo anterior hablamos de los curanderos visayas, del mal-aire ó mal-viento á que suelen atribuir todas las enfermedades, y de las friegas que hacen para echar la causa del mal. Ahora bien, lo mismito practican los taabib de los moros filipinos. Estos atribuyen asimismo casi todas las enfermedades al dichoso mal-aire, y para que desaparezca, friegan al paciente de un modo bárbaro, no sin haberle antes suministrado algunos brebajes, cuyos componentes sólo Dios sabe.

En vez de ventosas, aplican botonazos de fuego en los desvanecimientos ó pérdidas de conocimiento, con tanta crueldad que muchos deben morir más bien por sus quemaduras que por la enfermedad que se trata de curar.

Sus medicamentos son limaduras de ciertas maderas, raices ó cortezas, cocimientos de ciertas plantas ó yerbas, emplastos, el aceite de moro ó tagulauay, medicina eficaz para las heridas y quemaduras.

Los taabib, durante la curación, suelen vivir en la casa del doliente y comer á costa de éste, y después, perciben además alguna propina, que no es mucha.

Un enfermo puede hacer que lo asistan cuantos curanderos quiera, según sus recursos; y cuando se pone malo el Sultan, todos los del lugar acuden á asistirle.

Los curanderos moros, como los demás filipinos, se hacen tales á sí mismos, aprendiendo algunos conocimientos ó prácticas y divulgando sus propios méritos con su charlatanería peculiar. Se dice, sin embargo, que los árabes han introducido en pasados siglos algunos tratados de medicina.

En mi libro Artículos Varios hablo de los curanderos tinguianes.


[1] Estos artículos fueron publicados en El Comercio. [↑]

[2] Se parece en esto á una antigua preocupación europea que menta Montoto. [↑]