IX

CENCERRADAS

Éstas, en su significación genuina y vulgar, no existen en la comarca ilocana. Pero según se desprende de las palabras y esplicaciones del folk-lorista andaluz, D. Luis Montoto y Rautenstrauch, las cencerradas vienen á ser actos de desagravio á Cupido. En este sentido se citan en los pueblos ilocanos algunos casos, de los cuales voy á relatar á nuestros lectores y á los folk-loristas peninsulares en particular, que no se olvidaron de nuestro querido Archipiélago al redactar su programa folk-lórico, un caso, curiosísimo por cierto, que ocurrió en Abra.

Una jóven, vecina de aquella provincia, trataba de casarse con un galan, á pesar de las relaciones amorosas que la unían á otro caballero. Este se propuso vengar á todo trance al dios ciego, pues se habían jurado amor eterno.

En la noche víspera de la boda llevó al frente de la casa de la novia la banda de música de Bang̃ed, que era numerosa. Dieron una serenata ó emprentada, y en uno de los intermedios cantaron varias coplas ilocanas, que no carecerán de valor folk-lórico.

Vamos á traducirlas procurando conservar su sal y pimienta,

«Escucha, mujer, la última palabra del que habeis amado, engañado y hecho una traición: creí que eras mujer discreta, pero hoy veo que estás saturada de coquetería. Desde un principio aceptaste mi amor, demostrando con tu boca (!), miradas (!!) y acciones (!!!) tu amor …. que me retiraste en un momento. ¿Porqué, cuando manifesté mi hastío de tí, por prever que me ibas á engañar; porqué me dijiste que , y que mucho me querías, cuando ahora me niegas rotunda y vilmente? Cásate, pero escoge á un esposo, que tenga grande corazón para poder soportar las flaquezas de su prójimo, pues tu debilidad exige la valentía de un esposo tres veces santo. ¿Cuando podrás, desterrar esa conducta tuya, propia de la mujer á quien todos gustan?… ¡Nunca! Busca tu pues, un esposo muy indulgente.»