CAPÍTULO VI.
Partida de Tebas. — Llegada a Atenas. — Habitantes del Ática.
(Año 362 antes de J. C.) Ya dije que no quedaba a Timágenes más que un sobrino y una sobrina establecidos en Atenas. El sobrino se llamaba Filotas y la sobrina Epicaris, la cual se casó con un rico ateniense llamado Apolodoro. Vinieron a Tebas en los primeros días de nuestra llegada, y siendo Filotas de la misma edad que yo, me uní a él y fue mi guía, mi compañero y amigo.
Al separarnos nos hicieron darles palabra de que iríamos pronto a juntarnos con ellos; nos despedimos de Epaminondas algún tiempo después con un sentimiento de que él se dignó participar, y pasamos sin detención a Atenas, donde hallamos en casa de Apolodoro las satisfacciones y socorros que podíamos esperar de sus riquezas y su crédito.
A la mañana siguiente a mi llegada, fijé mi atención en ver la ciudad, y durante algunos días admiré sus monumentos y recorrí sus cercanías.
Atenas está como dividida en tres partes, a saber: la ciudadela, construida sobre un peñasco; en torno de este se halla situada la ciudad; y por último los puertos de Falero, de Muniquia y del Pireo. El circuito de la ciudad, comprendiendo en ella los tres puertos que están dentro de sus murallas, y muchísimas casas, templos y monumentos de toda especie, se considera de cerca de doscientos estadios (siete leguas y catorce toesas). El suelo es sumamente desigual: las calles en general son tortuosas, y la mayor parte de las casas, pequeñas y poco cómodas. A primera vista, los extranjeros buscan en Atenas aquella ciudad tan célebre en el universo, pero su admiración se aumenta insensiblemente cuando examinan a su placer aquellos templos, aquellos pórticos y aquellos edificios públicos donde todas las artes se han disputado la gloria de embellecerlos. Alrededor de la ciudad serpentean el Iliso y el Cefiso, y cerca de sus orillas se ven varios paseos públicos.
El Ática es una especie de península de forma triangular. Su superficie, de cincuenta y tres mil doscientos estadios cuadrados (76 leguas cuadradas). Por todas partes está cortada de montañas y peñas; es muy estéril por sí misma, y solo a fuerza de cultivo rinde al labrador el fruto de sus fatigas; pero las leyes, la industria, el comercio y la extrema pureza del aire han favorecido de tal modo la población de este pequeño país, que en el día está cubierto de aldeas y lugares cuya capital es Atenas.
Divídense los habitantes del Ática en tres clases: la primera comprende los ciudadanos, la segunda los extranjeros domiciliados, y la tercera los esclavos.
Los esclavos de toda edad, sexo y nación son un artículo considerable de comercio en la Grecia. Los comerciantes usureros los transportan incesantemente de un lugar a otro, los amontonan en las plazas públicas, cual si fuesen viles animales, y cuando se presenta un comprador los hacen danzar en corro, a fin de que se pueda formar juicio de sus fuerzas y de su agilidad.
En casi toda la Grecia el número de los esclavos excede infinitamente al de los ciudadanos. Casi en todas partes se buscan y apuran los recursos para tenerlos en la dependencia. Se cuentan sobre cuatrocientos mil de ellos en el Ática: cultivan las tierras, dan valor a las manufacturas, explotan las minas, trabajan en las canteras, y están encargados en las casas de todo el servicio mecánico.
Cuando se da libertad a un esclavo, no pasa a la clase de ciudadano y sí a la de domiciliado, que participa de la primera en cuanto a la libertad, quedando como esclavo con respecto a la poca consideración de que goza.
Los domiciliados son extranjeros establecidos con sus familias en el Ática, deben elegirse entre los ciudadanos un patrono que responda de su conducta, y pagar anualmente un tributo al tesoro; pero si hiciesen al estado servicios distinguidos, en tal caso se les concede la exención de aquel impuesto.
Es ciudadano todo aquel que tiene padres conocidos como esposos; pero los atenienses por adopción gozan casi de los mismos derechos que los atenienses de origen.
Se cuentan entre los ciudadanos del Ática veinte mil hombres capaces de llevar las armas.
Todos aquellos que se distinguen por sus virtudes, su talento y sus riquezas forman aquí, como casi en todas partes, la principal clase de los ciudadanos, que puede llamarse la clase de los nobles. En ella se comprenden los ricos, porque llevan las cargas del estado, y los hombres virtuosos e ilustrados, porque ellos son los que más contribuyen a su conservación y su gloria. En cuanto al nacimiento, se les respeta, porque es de presumir que transmite de padres a hijos sentimientos los más nobles y mayor amor a la patria. Los nobles no forman cuerpo particular, ni gozan de privilegio alguno, ni de precedencia; pero su educación les da derechos a los primeros empleos y la opinión pública les facilita el medio de ocuparlos.
La ciudad de Atenas tiene, sin contar los esclavos, más de treinta mil habitantes.