CARTA DE APOLODORO.

Bien sabéis que en las cercanías de los estados de Filipo en la Tracia marítima, se extiende a lo largo del mar la Calcídica, donde en otro tiempo se establecieron varias colonias griegas, siendo Olinto la principal de ellas. Esta es una ciudad fuerte, opulenta, populosa, y que, situada en parte en una altura, llama desde lejos la atención por la hermosura de sus edificios y la grandeza de su recinto. Sus habitantes han dado muchas veces pruebas manifiestas de su valor. Amenazados por Filipo, que hace mucho tiempo que ha formado el designio de añadir la Calcídica a sus estados, han resuelto echarse en nuestros brazos, enviándonos al efecto sus diputados, que han implorado nuestro socorro. Conformándonos con el dictamen de Demóstenes, les hemos enviado algunas tropas bajo el mando de Cares. Este general, después de haber derrotado a una tropa de mercenarios al servicio del rey de Macedonia, ha vuelto aquí a gozar de este triunfo, cual si fuese una gran victoria. Caridemo, a quien hemos enviado en reemplazo de Cares, ha entrado en la ciudad de Olinto, y en ella se ha señalado con su intemperancia y sus desórdenes.

Estoy persuadido de que nada es tan importante para nosotros como la conservación de esta plaza, porque si Filipo se apodera de ella, ¿quién podrá impedirle que penetre en el Ática?