CARTA NOVENA DE APOLODORO.
Por todas partes resonaba aquí el estruendo de las armas, pero una palabra de Filipo las ha hecho caer de nuestras manos. Tomó Olinto, y desde entonces solo respiramos guerra, mas luego dos de nuestros actores, Aristodemo y Neoptólemo, a quienes trata el príncipe bondadosamente, nos aseguraron a su vuelta, que persistía en sus primeras disposiciones, y con esto ya no respiramos más que paz.
Acabamos de enviar a Macedonia diez diputados, todos personas distinguidas por sus talentos, los cuales deben arreglar con Filipo los principales artículos del tratado, y empeñarle a enviarnos plenipotenciarios para concluirlo en esta ciudad. Para conseguir su beneplácito es preciso que tengan el arte y la dicha de agradarle. El actor Aristodemo tiene contraídas obligaciones con algunas ciudades que debían dar espectáculos, y vamos a enviar a suplicarles de rodillas de parte del senado que no le multen, porque la república le necesita en Macedonia. El autor de este decreto es aquel Demóstenes que en sus arengas trataba a Filipo con tanto desprecio.