XLIV

Como los encendedores mecánicos han obtenido tan general aceptación, y es de suponer que lo mejor de su clientela se halle entre las personas más liberales, por lo que tienen de novedad y adelanto, ó entre gentes inquietas y viciosas, por lo que tienen de azaroso, la caja de cerillas, orgullo de la fabricación española, ha quedado relegada á los fieles espíritus tradicionalistas, donde toda virtud y toda moralidad se asientan.

Reducido el consumo de las cerillas retrógadas á esta noble y severa parroquia, no es extraño que los fabricantes de cerillas cuiden la honestidad de los envases, como empresa de teatro aristocrático la honestidad de las comedias.

¿No han reparado ustedes? En las fotografías de célebres y lindas artistas, ornamento de las cajas de fósforos, de algún tiempo á esta parte no se descubre descote ni desnudez pecaminosa. Hábiles retocadores lo han tapado todo. Ya con un chal, ya con una pañoleta, ya con un remiendo de la misma tela del vestido. No ha faltado más que poner un antifaz á los rostros, mientras se sustituye la emisión de retratos femeninos por una de santos varones de la cristiandad, ó de políticos conservadores, ó de coristas masculinos del teatro Real, ó cualquiera otra tan incombustible como éstas.

Entretanto se agotan las existencias de caras bonitas con las precauciones indicadas, no hay peligro de inflamación en las cerillas ni en el consumidor. Todo es economizar fósforo, y en esta parte hay que alabar el desprendimiento de los expendedores.

Según tengo entendido, la venta de cerillas corre ahora por cuenta del Estado, y vean ustedes cómo en tiempos de Gobierno liberal y democrático se moraliza y se honestiza. ¡Para que digan y murmuren luego cuatro viejas beatonas!

¡Oh, aquel empecatado Molière! Al presentarnos á su Tartuffe en escena, con pincelada maestra, le vemos encararse con la traviesa Dorina y decirle:

—Ah! mon Dieu! je vous prie

Avant que de parler, prenez-moi ce mouchoir.

... Couvrez ce sein que je ne saurais voir.

Par de pareils objets les âmes sont blessées,

et cela fait venir de coupables pensées.

Como Tartuffe y como estos moralistas fosforeros de ahora, conocí yo un señor que, apenas veía uno de estos descotes de caja de cerillas, pedía tintero y pluma y lo emborronaba con presteza. Alguien le dijo un día:—¡Pues si fuera usted al teatro Real y viera usted á muchas señoras! ¿Qué haría usted?—A esas, ¡todo el tintero, hijo mío, todo el tintero!

Ahora, ¡alerta, diosas de Ticiano y de Rubens, maja desnuda de Goya! Estos moralistas de ahora pueden trataros un día como á fotografías de caja de fósforos, ya que la luz gloriosa del Arte vale para ellos tanto como una cerilla y menos que un pitillo.

Es gente que sólo ve la Belleza por donde, como se dice vulgarmente, ven los gigantones de Burgos. Y se figuran que todos la ven como ellos.