CAPÍTULO VI.

SI LA CAUSA EXTERNA É INMEDIATA DE LAS SENSACIONES ES UNA CAUSA LIBRE.

[31.] Contra la existencia de los cuerpos, se puede objetar una dificultad, grave á primera vista, pero que en realidad es muy fútil. ¿Quién sabe, se dirá, si hay alguna causa que produzca en nosotros todos los fenómenos que experimentamos, sin ser nada parecido á la idea que nos formamos de un cuerpo? Dios, si quisiese, podria causar en nosotros una ó muchas sensaciones, sin mediar ningun cuerpo: ¿quién nos asegura que esto no sucede? ¿quién nos da la certeza de que no puedan hacer lo mismo otros seres, y por tanto de que no sea una pura ilusion todo cuanto imaginamos sobre un mundo corpóreo?

[32.] La primera y mas sencilla solucion que se ofrece es que Dios, siendo infinitamente veraz, no puede engañarnos, ni permitir que otras criaturas nos engañen constantemente y de una manera para nosotros irresistible: pero esta solucion, si bien muy fundada, muy razonable y juiciosa, tiene el inconveniente de recurrir al órden moral para cimentar el físico, y así no dejará satisfechos completamente á los que desearian ver demostrada la verdad del testimonio de los sentidos, con argumentos sacados de la misma naturaleza de las cosas. Yo creo que esto último se puede conseguir: voy á intentarlo.

[33.] Nuestras sensaciones no provienen inmediatamente de una causa libre: tanto el ser que las experimenta, como el que las produce, están sujetos á leyes fijas, á una necesidad. Nos convenceremos de esto si reflexionamos que poniéndonos bajo ciertas condiciones, no podemos dejar de experimentar determinada sensacion, y que en faltando dichas condiciones, nos es imposible experimentarla: lo que prueba que tanto nosotros como el ser que nos causa la impresion, estamos sometidos á un órden necesario. Si así no fuese, no seríamos dueños de producir la sensacion ni aun mediante ciertas condiciones: porque como la causa de ella no estaria sujeta á una ley, sino á su libre voluntad, sucederia una y mil veces que la nuestra no estaria de acuerdo con la suya, y por lo mismo no existiria la impresion que deseábamos.

Sabemos que despues de experimentada la sensacion de tacto con que nos parece que un cuerpo tupido cubre nuestros ojos, no vemos; y por mas que queramos no es imposible producir en nosotros la sensacion que llamamos ver; al contrario, en quitándose la sensacion del contacto del cuerpo tupido, y en hora y lugar correspondientes, nos es imposible dejar de experimentar la sensacion de ver diferentes objetos; esto prueba que en esta parte nosotros estamos sometidos á una necesidad; pero tambien prueba que el ser que nos causa las sensaciones está sujeto á una necesidad semejante, ya que puesta la condicion de tapar los ojos, una y mil veces á nuestro capricho, desaparece tambien una y mil veces la sensacion; y dada la condicion de tenerlos destapados y abiertos en un lugar iluminado, y de repetir una y mil veces la prueba á nuestro capricho, una y mil veces se presenta tambien la sensacion: la misma, si lo dejamos todo en el mismo estado; variada conforme á nuestro gusto, si variamos de lugar, ó varian los objetos que en él haya.

Luego existen fuera de nosotros un conjunto de seres sometidos á leyes necesarias, los cuales producen nuestras sensaciones.

[34.] Es tambien de notar que la influencia que ejercen sobre nosotros no solo no dimana en ellos de eleccion ni espontaneidad, sino que ni aun se presentan como dotados de actividad propia. El cuadro que está en la pared me producirias mil veces una misma sensacion, si mil veces fijo la vista en él; y salvo el deterioro del tiempo, estaria produciendo la misma por toda la eternidad.

Es evidente además, que dichos seres están sujetos á nuestra accion; pues aplicándolos de diferentes maneras somos dueños de hacerles producir impresiones diferentes. Estoy tocando una bola, y la continuidad de la sensacion de un cuerpo liso, duro y esférico, me asegura de que es uno mismo el ser que la produce durante cierto tiempo; y no obstante, en este intervalo, con la vista recibo del mismo objeto sensaciones muy varias, presentándole á la luz de diferentes maneras.

[35.] La sujecion de estos seres á leyes necesarias, no es precisamente con respecto á las sensaciones, sino que mas bien es un enlace que tienen entre sí. La conexion de las impresiones que de ellos recibimos, es efecto de la dependencia que unos tienen con respecto á otros: de suerte que para producir una impresion determinada, empleamos muchas veces un objeto, que no sirve para ello, si se le considera en sí, pero que nos proporciona lo que deseamos poniendo en accion á otro. El descorrer una cortinilla nada tiene que ver con un magnífico paisaje; y sin embargo muchas veces no hacemos mas cuando queremos proporcionarnos la agradable vista: la relacion á que entonces atendemos no es la de las sensaciones sino la de sus objetos: la conexion que tienen estos es la que nos induce á valernos del uno para conseguir el otro.

Luego hay fuera de nosotros un conjunto de seres sometidos á leyes fijas, tanto con respecto á nuestras sensaciones como entre sí: luego existe el mundo externo; luego el interno que nos le representa, no es una pura ilusion.