CAPÍTULO X.
VALOR DEL TACTO PARA OBJETIVAR LAS SENSACIONES.
[53]. Se ha dicho que el tacto es el testigo mas seguro y quizás el único, de la existencia de los cuerpos; pues sin él todas las sensaciones no pasarian de simples modificaciones de nuestro ser, y no podríamos atribuirles ningun objeto exterior. Yo no creo que esto sea verdad. Por el tacto recibimos una impresion lo mismo que por los demás sentidos; en todos los casos esta impresion es una afeccion de nuestro ser, y nó una cosa externa; y cuando por la continuacion de estas impresiones, por su órden y por su independencia de nuestra voluntad, juzgamos que proceden de objetos que están fuera de nosotros, este juicio se verifica no solo con respecto á las impresiones del tacto, sino tambien de los demás sentidos.
[54.] Una de las razones en que se ha pretendido fundar la superioridad del tacto para atestiguar la existencia de los cuerpos, es que él nos da la idea ó la sensacion de la extension; porque si suponemos que un hombre está privado de todos los sentidos excepto el tacto, y recorre con su mano la superficie de su cuerpo, experimenta la continuidad de la sensacion, en la cual va envuelta la de extension. Esta observacion de los partidarios de la supremacía del tacto, no convence de lo que se proponen. Porque al recorrer con la vista varios objetos, ó las diferentes partes de uno mismo, experimentamos la sensacion de continuidad tan claramente como con el tacto. No se puede concebir por qué la sensacion de la extension ha de ser mas clara cuando se pasa la mano á lo largo de una barandilla, que cuando se la mira con los ojos.
[55.] Los sostenedores de dicha opinion alegan que por el tacto de nuestro cuerpo adquirimos una sensacion doble, lo que no se verifica con los demás sentidos: pasando la mano por la frente, sentimos con la frente y con la mano; verificándose una continuidad de sensaciones, que todas tienen su orígen y término en nosotros mismos. Así tenemos la conciencia de que nos pertenecen tanto la sensacion de la mano como la de la frente.
Pero esta razon que algunos han creido concluyente, es sin embargo sumamente fútil: adolece del sofisma que los dialécticos llaman peticion de principio, pues supone lo mismo que se trata de probar. En efecto: el hombre destituido de todos los sentidos excepto el del tacto, experimentará las dos sensaciones y su continuidad; pero ¿de esto qué podrá inferir? ¿Sabe por ventura que tenga mano ni frente? suponemos que nó; la dificultad está pues en explicar cómo adquiere dicho conocimiento. Ambas sensaciones le pertenecen, de esto tiene una conciencia íntima, pero ignora de dónde dimanan. La coincidencia de las dos sensaciones ¿le prueba por ventura algo en favor de la existencia de la frente y de la mano, objetos de que suponemos que no tiene ninguna idea?
Si esta coincidencia probase lo que se quiere, con mas razon probaria que la combinacion de unos sentidos con otros, nos lleva al conocimiento de la existencia de los cuerpos, y por consiguiente que dicho conocimiento no se engendra exclusivamente por el tacto. Yo experimento que siempre que tengo la sensacion de un movimiento que es ponerme la mano delante de los ojos, pierdo la vista de los objetos, y se me presenta otro que es siempre el mismo: la mano; si de esta coincidencia infiero la existencia de los objetos externos, queda destruida la supremacía del tacto, pues que para la formacion de semejante juicio influye la vista. Observo tambien que al tener la sensacion que resulta de dar una mano con otra, experimento la sensacion de oir el ruido de la palmada: luego si la coincidencia vale, influirá el oido como el tacto. Lo que digo de la palmada, puede aplicarse á lo que experimento recorriendo con la mano una parte del cuerpo, por ejemplo toda la longitud del brazo, de suerte que el roce produzca ruido. En este caso, hay las dos sensaciones, coincidentes y continuas.
Se replicará tal vez que estos ejemplos se refieren á diferentes sentidos, y que producen sensaciones de diversa especie: pero esto no altera nada: porque, si el ser que siente infiere la existencia de los objetos de la coincidencia de las varias sensaciones, queda destruida la supremacía del tacto que es lo que nos proponíamos demostrar.
[56.] La sensacion de la mano no es la misma que la de la frente, porque aquella estará mas ó menos fria, mas ó menos caliente, mas ó menos fina, mas ó menos blanda, y así no será la misma sensacion la causada en la mano por la frente, que la producida en la frente por la mano. Siendo de notar que cuanto menor supongamos la diferencia entre las dos sensaciones, menos viva será la percepcion de su dualidad, y por tanto menos notable la coincidencia en que se funda el juicio. Por manera que bien analizada la materia venimos á parar á que para formar juicio de la existencia de los objetos contribuye especialmente la diversidad de las sensaciones; y por tanto será mas conducente á este fin, la combinacion de dos sentidos que las dos sensaciones de uno solo. Así, lejos de que el tacto haya de considerarse como único ni superior en este punto, solo ha de ser tenido como auxiliar de los otros.
[57.] Y en realidad, apenas cabe duda en que el tacto necesita tambien del auxilio de los demás sentidos, y que los juicios que del mismo resultan se parecen á los que dimanan de estos. Es probable que solo despues de repetidos experimentos referimos la sensacion del tacto al objeto que la causa, y aun á la parte afectada. El hombre á quien se ha amputado la mano, experimenta el dolor como si la conservase; y esto ¿por qué? porque con la repeticion de actos ha formado el hábito de referir la impresion cerebral al punto donde terminan los nervios que se la transmiten. Luego no hay una relacion necesaria entre el tacto y el objeto: y este sentido puede sufrir ilusiones como los demás. Luego no es exacto lo que se ha dicho de que la idea del cuerpo nace debajo de nuestra mano, si esto se entiende como privativo del tacto; pues lo mismo se verifica de los demás sentidos y particularmente de la vista.