CAPÍTULO XI.
OPINION DE FENELON.
[72.] La opinion de Clarke tiene mucha semejanza con la de Fenelon, quien en su Tratado de la existencia y atributos de Dios explica el de la inmensidad, de una manera que á primera vista sorprende. Dice así: «Despues de haber considerado la eternidad y la inmutabilidad de Dios, que son una misma cosa, debo examinar su inmensidad. Siendo por sí mismo, es soberanamente; y siendo soberanamente, tiene todo ser en sí; teniendo todo ser en sí, tiene sin duda la extension; la extension es una manera de ser de que yo tengo idea. Ya he visto que mis ideas sobre las esencias de las cosas son grados reales del ser, que existen actualmente en Dios, y son posibles fuera de él, porque él mismo los puede producir; luego la extension existe en Dios, y él no puede producirla á fuera, sino porque la tiene encerrada en la plenitud de su ser.»
Hasta cierto punto las palabras de Fenelon pueden ser interpretadas con un sentido que no rechaza el comun de los teólogos. Distinguen estos dos clases de perfecciones: unas que no envuelven ninguna imperfeccion, como la sabiduría, la santidad, la justicia; otras que envuelven alguna imperfeccion, como por ejemplo, las que pertenecen á los cuerpos, la extension, la figura etc. Las primeras que tambien se llaman perfecciones simpliciter, se hallan en Dios formaliter, esto es, tales como ellas son; pues que su naturaleza propia no incluye imperfeccion de ninguna clase; y por consiguiente puestas en Dios, ni disminuyen ni afean su perfeccion infinita; las segundas, que tambien se llaman perfecciones secundum quid, están en Dios, nó formaliter, porque la imperfeccion que envuelven repugna á la perfeccion infinita, sino virtualiter eminenter, esto es, que todo cuanto ellas encierran de perfeccion, de ser, se encuentra en Dios, perfeccion infinita, ser infinito; que por esta razon, Dios las puede producir en lo exterior, con su omnipotencia creadora; pero en cuanto preexisten en el ser infinito, están depuradas de toda limitacion, de toda imperfeccion, é identificadas con la esencia infinita, tienen un modo de ser, muy superior á lo que son en realidad: lo que se ha expresado con la palabra eminenter. Entre estas perfecciones secundum quid, se ha contado siempre la extension.
[73.] Si el ilustre arzobispo de Cambrai se ciñese á este sentido, nada tendríamos que observar con respecto á su doctrina; pero las palabras que siguen parecen indicar que se inclinaba á la opinion de los que afirman que el espacio es la misma inmensidad de Dios, «¿Por qué pues, continúa, no le llamo extenso y corpóreo? porque hay muchísima diferencia, como yo lo he notado, entre atribuir á Dios todo lo positivo de la extension, y atribuírsela con un límite ó una negacion: quien pone la extension sin límites, cambia la extension en inmensidad; quien pone la extension con un límite, hace la naturaleza corpórea. «Por estas palabras se podria creer que Fenelon no distingue dos modos de ser de la extension, como lo hacen los teólogos: y que atribuye á Dios todo lo positivo de la extension, solo que se la da sin límite. De esto parece resultar que Dios es propiamente extenso, bien que con extension infinita. Con todo el respeto que se merece la ilustre sombra de uno de los primeros ornamentos de la Iglesia Católica, de uno de los hombres mas grandes de los tiempos modernos, me atrevo á decir que semejante opinion no me parece sostenible. Un Dios propiamente extenso, aunque fuera con extension infinita, no es Dios; lo extenso es esencialmente compuesto; Dios es esencialmente simple: estas son cosas contradictorias.
[74.] Pero oigamos al ilustre Prelado que continúa exponiendo y defendiendo su opinion de la manera siguiente. «Desde que no poneis límite á la extension, le quitais la figura, la divisibilidad, el movimiento, la impenetrabilidad: la figura, porque esta no es mas que una manera de ser limitado por una superficie; la divisibilidad, porque lo que es infinito como hemos visto ya, no puede ser disminuido, y por consiguiente ni dividido, ni compuesto, ni divisible; el movimiento, porque si suponeis un todo que no tiene ni partes ni límites, no puede moverse de su lugar, pues que no puede haber un lugar fuera del verdadero infinito; tampoco puede cambiarse el arreglo en la situacion de sus partes, pues que no siendo compuesto no las tiene; la impenetrabilidad en fin, porque la impenetrabilidad es inconcebible si no se conciben dos cuerpos limitados, de los cuales el uno no es el otro, y no puede ocupar el mismo espacio que el otro. Estos dos cuerpos no existen en la CAPÍTULO infinita é indivisible; luego en ella no hay impenetrabilidad. Asentados estos principios, se sigue que todo lo positivo de la extension se halla en Dios, sin que sea ni figurado, ni capaz de movimiento, ni divisible, ni impenetrable, ni palpable, ni mensurable.»
Por este pasaje se ve con toda claridad que Fenelon estaba muy lejos de imaginar un Dios compuesto, un Dios con partes: repetidas veces, y en pocas líneas, lo niega terminantemente, como era de esperar de su alta penetracion, y pureza de doctrinas. Pero esto, que deja en salvo la rectitud de intencion, no satisface las condiciones de la exactitud filosófica. Por de pronto confieso ingenuamente, que si la extension se ha de tomar en el sentido propio, no concibo cómo el quitarle los límites le quita tambien las partes; por el contrario, me parece que una extension infinita tendrá partes infinitas. Si es infinita, no tendrá figura; porque en la idea de figura se encierra la de límite; pero si es extension verdadera, será como un fondo inmenso en que se podrán trazar todas las figuras imaginables. Ella en sí no tendrá ninguna figura propia; pero será el recipiente de todas las figuras; el piélago inagotable de donde todas surgirán. Lo que en ella se trace, estará en ella; los puntos con que las figuras se terminen, en ella estarán. ¿Quién no ve en esto, las partes, la composicion? La extension infinita será incapaz de figura, nó por su carencia de partes, nó por su simplicidad, sino por sus partes infinitas, por su composicion infinita.
Convengo en que una extension infinita no será divisible, si por dividir entendemos separar; porque en aquella inmensa plenitud todo estaria en su puesto con una fijeza infinita. Así nos imaginamos el espacio con sus partes inmóviles, lugar de todo movimiento: con sus partes inseparables, campo de todas las separaciones; pero no se trata de separacion sino de division; si hay extension verdadera, será divisible: concebimos el espacio con sus partes inseparables, pero divisibles; pues que las medimos, las contamos, y con respecto á ellas, nos formamos idea de la magnitud, distancia y movimiento de los cuerpos.
[75.] Estas reflexiones tan obvias y tan concluyentes, no podian ocultarse á la penetracion del ilustre filósofo, que parece preferir la inconsecuencia ó la oscuridad del lenguaje, á los fatales corolarios que emanan de su primera proposicion. Habia dicho sin rodeos ni restricciones, que todo lo positivo de la extension se hallaba en Dios, excepto el límite; habia afirmado que la extension con límite era corpórea, y que para convertir la extension en inmensidad, bastaba quitarle el límite; por consiguiente atribuia á Dios extension verdadera, bien que infinita; y luego, queriendo explicar y robustecer su doctrina, nos dice que esa extension no tiene partes. ¿Qué es una extension sin partes? ¿hay quien pueda concebirla? ¿la extension no envuelve por necesidad, un órden de cosas de las cuales las unas están fuera de las otras? Así se ha entendido siempre; hablar pues de una extension sin partes, es hablar de una extension impropiamente dicha; cuando se habla de semejante extension, no basta decir que no tiene límites, es necesario añadir que es de otra naturaleza; que la palabra extension, se toma en un sentido totalmente diverso. Así parece conocerlo, á pesar de la oscuridad de las anteriores palabras, cuando se levanta en alas de su religion y de su genio, y continúa: «Dios no está en ningun lugar, ni en ningun tiempo; porque su ser absoluto é infinito no tiene ninguna relacion á los lugares y á los tiempos, que no son mas que límites y restricciones del ser. Preguntar si está mas allá del universo, si excede de las extremidades de este en longitud, latitud y profundidad; es proponer una cuestion tan absurda como el preguntar, si era antes que el mundo fuese y si será cuando el mundo no sea. Así como en Dios no puede haber pasado ni futuro, no puede haber ni mas acá ni mas allá; la permanencia excluye toda medida de sucesion, la inmensidad excluye toda medida de extension; no ha sido, no será, es; no está aquí, no está allá, no está mas allá de ningun límite: es absolutamente, todas las expresiones que le refieren á algun término, que le fijan en algun lugar, son impropias é indecentes. ¿Dónde está pues? él es; y es de tal modo, que es preciso guardarse de preguntar dónde; lo que no es sino á medias, con límites, es de tal modo una cierta cosa, que no es sino esta misma cosa; pero Dios no es precisamente una cosa singular y restringida, es todo, es el ser, ó para decirlo mejor, diciéndolo mas sencillamente: él es; cuantas menos palabras se dicen de él, mas cosas se expresan: es; guardaos de añadir nada.»
[76.] En estas magníficas palabras, y otras que pueden leerse en el lugar citado, la elevacion y el grandor de ideas sobre Dios y su inmensidad, hacen olvidar las dificultades contra la primera proposicion, que si no es falsa, ó inexacta, no está expresada con toda la claridad deseable. Por esto, no me atrevo á sostener que su opinion coincida con la de Clarke; ya que en el elocuente escritor, el cristiano y el poeta parece que rectifican al filósofo.