CAPÍTULO XIV.

SE EXAMINA SI LA VISTA PUEDE DARNOS IDEA DEL VOLÚMEN.

[78.] Se ha dicho que la vista no era capaz de darnos idea de un sólido ó de un volúmen, y que para esto era indispensable el auxilio del tacto. Creo poder demostrar lo contrario hasta la evidencia.

¿Qué es un sólido? Es un conjunto de tres dimensiones; si la vista nos hace formar idea de la superficie, en la cual entran por necesidad dos dimensiones, ¿por qué no podrá lo mismo con respecto á la otra? Esta sola reflexion basta para demostrar que se ha negado sin razon á este sentido la facultad indicada; sin embargo no quiero limitarme á esto, sino que probaré la existencia de la expresada facultad con la rigurosa observacion y el análisis de los fenómenos visuales.

[79.] Convengo de buen grado en que si suponemos un hombre reducido al solo sentido de la vista, con los ojos inmóviles, y fijos sobre un objeto tambien inmóvil, no alcanzará á discernir entre lo que en dicho objeto haya de sólido y lo de mera perspectiva: ó en otros términos, todos los objetos pintados permanentemente en su retina, se le presentarán como proyectados en un plano. La razon de esto se funda en las mismas leyes del órgano de este sentido, y de la transmision de sus impresiones al cerebro. El alma refiere la sensacion al extremo del rayo visual; y como en el caso presente, no habria podido hacer comparaciones de ninguna clase, no tendria ningun motivo para colocar esos extremos, unos mas lejanos que otros, lo que constituye la tercera dimension.

Para comprender mejor esta verdad, supongamos que el objeto visto fuese un cubo dispuesto de tal manera que se presentasen al ojo tres de sus caras. Claro es que los tres planos aunque iguales, no se ofrecerian al ojo de la misma manera, por efecto de que su posicion respectiva no les permitiria enviar al ojo sus rayos de luz de un modo igual. Pero como el alma no habria tenido ocasion de comparar esta sensacion con ninguna otra, no seria capaz de apreciar la diferencia producida por la distinta posicion y la mayor distancia; y así referiria todos los puntos á un mismo plano, tomando por desiguales las caras del cubo que en realidad no lo eran.

La vista pues en tal caso, presentaria todo el objeto en un plano de perspectiva; y como además no habria medio de apreciar ni aun de conocer la distancia del ojo al objeto, probablemente se creeria el objeto pegado al mismo ojo, ó hablando con mas verdad y rigor, la sensacion no nos representaria mas que un simple fenómeno cuyas relaciones y causa no podríamos explicarnos.

[80.] Es probable, que si permaneciendo fijo el ojo, pudiéramos abrir y cerrar los párpados, ya nos formaríamos idea de que el objeto visto está fuera de nosotros; de suerte que con solo este movimiento, tendríamos ya un punto de comparacion, por la sucesion de desaparecer y reproducirse alternativamente la sensacion del objeto con la interposicion ó no interposicion de un obstáculo. Entonces naceria ya por necesidad la idea de una distancia poca ó mucha; y como esta seria en direccion perpendicular al plano del objeto visto, tendríamos idea del sólido.

Afortunadamente la naturaleza ha sido mas benéfica para nosotros, y no hemos de limitarnos á un supuesto que tanto escatima los medios de adquirir ideas de las cosas. Sin embargo no habrá sido inútil examinar el fenómeno en esta suposicion, porque de este exámen sacaremos luz para la inteligencia de lo que me propongo demostrar.

[81.] En mi concepto, la vista para dar orígen á la idea de un sólido, necesita del movimiento. El movimiento es una condicion indispensable; siendo de notar que basta que esté en los objetos, ó en el ojo.

Para mayor claridad supondremos el ojo inmóvil; veamos cómo por el movimiento de los objetos, puede la sola sensacion de la vista presentarnos el sólido, ó engendrar la idea de él. Toda la dificultad está, en manifestar cómo se puede añadir á las dos dimensiones que constituyen el plano, la tercera que completa el sólido.

Sea un ojo fijo mirando hácia un punto A, donde está colocado un paralelepípedo recto y rectángulo B, de manera que se oculten enteramente las dos bases, y que la recta que va del centro del ojo á la arista, divida el ángulo diedro en dos partes iguales. Supondremos tambien cada una de las caras del paralelepípedo de diferente color, siendo respectivamente, blanca, negra, verde y encarnada. En este caso, el ojo ve los dos planos en uno mismo; por manera que la arista se le ofrece como una recta que divide dos partes de un mismo plano, las cuales solo se diferencian en el color. Le es imposible concebir la inclinacion de los dos planos: pues refiriendo el objeto al extremo de la visual, y no habiendo podido comparar las variedades que resultan de la diferencia de distancias, de la posicion, y del modo con que el objeto recibe la luz, no puede hacer mas que distinguir las varias partes de un mismo plano.

En esto es fácil hacer la contraprueba. Es bien sabido que la perspectiva puede llegar á la perfecta imitacion de un sólido; ahora bien, si suponemos que en vez de tener á la vista el sólido B, no hay mas que un plano donde están exactamente representados las dos caras vistas, la sensacion será la misma, la ilusion podrá ser completa: luego hay dos medios diferentes de producir una sensacion idéntica; luego cuando no precede comparacion, no cabe discernimiento entre los dos medios; y es claro que la idea que naturalmente resultaria seria la mas simple, esto es, la del plano.

[82.] Si suponemos que el paralelepípedo B gira alrededor de un eje vertical, irá presentando sucesivamente al ojo los cuatro planos; y segun la mayor ó menor inclinacion de ellos á la visual se presentarán mayores ó menores: de suerte que el máximum de la superficie de un plano ofrecido al ojo, será cuando el plano sea perpendicular á la visual; y el mínimum ó cero, cuando le sea paralelo.

La sucesion y variedad de las sensaciones hará nacer desde luego la idea de movimiento, pues los mismos planos del paralelepípedo se presentarán ocupando distintos lugares. La uniformidad con que se irán sucesivamente ofreciendo siempre de la misma manera, sugerirá tambien la idea de que por ejemplo el verde que sale pocos momentos despues del negro, es el mismo que se habia visto poco antes, y así de los demás: y como constantemente, tras del uno se ocultará el otro, nacerá naturalmente la idea de la extension en la direccion ó prolongacion de la visual, lo que basta para formar idea de un volúmen.

Con la vista de un plano, teníamos ya las dos dimensiones que constituyen la superficie: para formarnos la idea del volúmen solo faltaba la idea de otra dimension, que no estuviese en el mismo plano, la que se habrá engendrado por el movimiento del paralelepípedo.

[83.] Este movimiento que antes se verificaba al rededor de un eje vertical, puede despues suponerse en torno de un eje horizontal; y entonces se nos presentarán sucesivamente dos caras opuestas, y las bases del paralelepípedo, con diferentes aspectos, segun su varia posicion, ó en otros términos, segun el ángulo de los planos con la visual. Estas apariencias contribuirán mas y mas á producir la idea de otra dimension que no está en el plano primitivo, y por tanto á suplir lo que faltase para tener idea del volúmen.

[84.] De la propia suerte que hemos supuesto el objeto en movimiento y el ojo fijo, podemos suponer fijo el objeto, y en movimiento el ojo: el resultado será el mismo: porque es claro que si el ojo se mueve alrededor del paralelepípedo, ya en torno del eje vertical ya del horizontal, experimentará las mismas impresiones que cuando él estaba quieto, y el paralelepípedo se movia. Con lo cual, aunque supongamos que el sujeto que ve, está destituido enteramente del sentido del tacto, y que así no puede percibir el movimiento propio, no obstante tendrá lo suficiente para formarse con solas las impresiones de la vista, las ideas que constituyen la del volúmen. Verdad es que no le será posible discernir si es él quien se mueve, ó si es el objeto; pero esto no quita la formacion de la idea compuesta de las tres dimensiones.