CAPÍTULO XVIII.
EL PROBLEMA DE LA EXPERIENCIA SENSIBLE.
[124.] El gran problema de la filosofía no está en explicar la posibilidad de la experiencia; sino en señalar la razon de la conciencia de la experiencia, en cuanto experiencia. Esta en sí, es un hecho de nuestra alma, atestiguado por el sentido íntimo; pero el saber que este hecho es de experiencia, es una cosa muy distinta de la misma experiencia; pues que con saber esto, hacemos el tránsito de lo subjetivo á lo objetivo, refiriendo á lo exterior lo que experimentamos en lo inferior.
Referimos los objetos á diferentes puntos del espacio; los consideramos unos fuera de otros: decir que este instinto de referencia es una condicion de nuestro sujeto y de la experiencia sensible, es consignar un hecho estéril. La dificultad está en saber, por qué tenemos el instinto de semejante referencia: por qué la representacion de una extension se halla en nuestra alma; por qué esa CAPÍTULO subjetiva que reside en un ser simple, se ha de ofrecer á nuestra percepcion como la imágen de una cosa exterior realmente extensa.
[125.] La Estética trascendental puede proponerse los problemas siguientes:
1.º Explicar lo que es la representacion subjetiva de la extension, prescindiendo absolutamente de toda objetividad.
2.º Por qué esta representacion se halla en nuestra alma.
3.º Por qué un ser uno, ha de contener en sí la representacion de la multiplicidad; y un ser inextenso, la de la extension.
4.º Por qué pasamos de la extension ideal á la real.
5.º Determinar hasta qué punto se puede aplicar á la extension lo que se dice de las demás sensaciones: á las cuales se las considera como fenómenos de nuestra alma, sin objeto semejante en lo exterior, y sin mas correspondencia con el mundo externo que la relacion de efectos á causas.
[126.] ¿Qué es la representacion subjetiva de la extension, prescindiendo de toda objetividad? Un hecho de nuestra alma: no cabe mas explicacion: quien lo tenga sabe lo que es; quien no lo tenga, nó; exceptuando las inteligencias superiores, las cuales podrán conocer lo que es dicha representacion, sin experimentarla tal como nosotros.
[127.] No alcanzo que se pueda explicar el por qué se halla en nuestra alma la representacion de la extension; tanto valdria preguntar por qué somos inteligentes y sensibles. Para nosotros no hay otra razon à priori, sino que tales nos ha hecho el Criador. Dicha representacion se puede hallar en nosotros, y se halla en efecto, pues que así lo experimentamos: pero esa experiencia interna es el límite de la filosofía: mas arriba no hay nada para nosotros que sea objeto de observacion inmediata. El raciocinio nos lleva al descubrimiento de una causa que nos ha criado; mas nó á un fenómeno raíz del fenómeno de la experiencia.
[128.] ¿Por qué un ser uno, ha de contener la representacion de la multiplicidad; y un ser inextenso, la de la extension? Esto equivale á plantear el problema de la inteligencia; que por lo mismo que es inteligencia, es una y simple, y capaz de percibir la multiplicidad y la composicion.
[129.] ¿Por qué pasamos de la extension ideal á la real? por un impulso natural irresistible, confirmado con el asentimiento de la razon, como lo he demostrado en el tomo I, y tambien en este, al tratar de la objetividad de las sensaciones.
[130.] De los cinco problemas nos falta resolver el último: determinar hasta qué punto se puede aplicar á la extension lo que se dice de las demás sensaciones, á las cuales se las considera como fenómenos de nuestra alma, sin objeto semejante en lo exterior, y sin mas correspondencia con el mundo externo que la relacion de efectos á causas.
[131.] Segun se resuelva este último problema, queda resuelta la cuestion en pro ó en contra de los idealistas. Si es aplicable á la extension, lo que se dice de las demás sensaciones, el idealismo triunfa; el mundo real, si existe, es un ser que nada tiene de parecido á lo que nosotros pensamos.
Por lo dicho al tratar de las sensaciones (Lib. II, capítulos VII, VIII y IX, y Lib. III, cap. IV) resulta probado que la extension es una cosa real, independiente de nuestras sensaciones; y además llevo explicado (Lib. II, cap. VIII, y Lib. III, cap. VI) que nos representa la multiplicidad y la continuidad: esto basta para combatir el idealismo, como y tambien para que se entienda hasta cierto punto, en qué consiste la extension; pero como en los citados lugares no se habia analizado aun la idea del espacio, íntimamente ligada con la de extension, no ha sido posible entrar en otro linaje de consideraciones en que elevándose sobre el órden fenomenal, se mire á la extension bajo un aspecto trascendental, examinándola en sí, prescindiendo de todas sus relaciones con el mundo de las apariencias. Esto es lo que me propongo hacer en los capítulos siguientes.
[132.] Entramos en un terreno sumamente escabroso: se trata de distinguir en las cosas lo que tienen de aparente de lo que encierran de real; el entendimiento, que en nosotros siempre anda acompañado de representaciones sensibles, debe prescindir de ellas; lo que equivale á ponerse en cierta lucha con una condicion á que se halla sometido naturalmente en el ejercicio de sus funciones.