EL PRINCIPIO DE LA PRECEDENCIA.
[62.] El tránsito del no ser al ser implica sucesion: para concebir que algo comienza, es preciso concebir que este algo no existia. La serie
no A, A,
carece de sentido en faltando uno cualquiera de los términos: y estos, como contradictorios, no pueden existir á un mismo tiempo.
[63.] Imaginemos la nada absoluta. El primer término, no A, está solo. Toda existencia está negada: nada se puede afirmar, sin contradecir al supuesto. Entonces, no hay tiempo; porque siendo este la sucesion de las cosas, ó del ser y no ser (Lib. VII) no puede existir, cuando no se puede suceder nada, por no haber nada. Si suponemos que algo comienza, establecemos la serie no A, A; en cuyo caso imaginamos dos instantes diferentes M, N, á que corresponden respectivamente los términos de la serie, en esta forma:
| no A, | A. |
| M, | N. |
Y se podrá decir con verdad: M no es N. ¿Qué significa esta proposicion? Ya que el tiempo, y en general ninguna duracion se distingue de las cosas que duran (Lib. VII, Cap.s IV y V), N no puede representar sino la existencia de A, con relacion á no A; así como M, tampoco representará sino el no A, con relacion al A. De esto se sigue que en el concepto de A, en cuanto comienza, se incluye la relacion al no A, sin lo cual no puede ser concebido como comenzado.
[64.] Suponiendo al menos una inteligencia para conocer esta relacion, es concebible lo que se acaba de explicar; porque esta inteligencia, referiria el no A y el A, á su duracion propia, sucesivamente, si esta duracion fuese sucesiva, como la nuestra; de otro modo, si esta duracion no fuese sucesiva. Pero si no hay nada absolutamente, la serie no A, A, es inconcebible, pues la relacion del A, en cuanto comienza carece de término de comparacion, real ó pensado, á no ser que finjamos un tiempo puro, enteramente vacío, donde imaginemos colocados los términos de la serie.
[65.] Así parece, que por el mero hecho de pensar el A, en cuanto comenzado, pensamos tambien una existencia precedente; pues no hay comienzo, si al A no le ha precedido el no A; y esta precedencia no significa nada, si no hay una existencia á que se refiera, ya sea como á serie sucesiva, ya como á duracion inmutable.
[66.] Si A, debe ser precedido de una existencia B, tenemos que nada puede comenzar absolutamente, sin que algo exista; y que en el simple concepto de la sucesion hallamos la necesidad de algo existente siempre, para que algo pueda comenzar.
[67.] Como la duracion no es nada distinto de las cosas; los dos términos de la serie, B, A, de los cuales el uno precede al otro, no pueden ser colocados en una duracion absoluta, distinta de las mismas cosas; ó en dos instantes distintos, independientemente de las cosas. Esa relacion pues, que existe entre A y B, no es relacion de instante á instante, ya que los instantes en sí no son nada, sino de cosa á cosa; luego, por lo mismo que A comienza, tiene relacion necesaria con B. Por lo dicho, A no podria comenzar sin existir B; luego B, es condicion necesaria para la existencia de A. Luego resulta demostrado que todo ser que comienza, depende de un ser existente.
[68.] Esta demostracion se halla, bien que nó desenvuelta de este modo, en las obras del baron Pascual Galluppi, profesor de filosofía en la universidad de Nápoles (Cartas filosóficas sobre las vicisitudes de la filosofía, carta XIV); y aunque no se le puede negar que encierra mucha profundidad, sin embargo parece que no deja el entendimiento satisfecho del todo. Hé aquí las palabras del filósofo italiano.
«Esta proposicion, no hay efecto sin causa, ¿es una proposicion idéntica? Yo he demostrado su identidad de la manera que sigue. Lo que tiene un comienzo de existencia debe haber sido precedido ó de un tiempo vacío ó de un ser; porque de otro modo la cosa de que se trata seria la primera existencia y la primera letra del alfabeto de los seres, y no se podria decir que ella comienza á ser; porque esta nocion de comienzo de existencia implica en sí una prioridad con relacion al ser que comienza. Estas dos nociones existencia comenzada y existencia precedida de otro cosa, son pues idénticas; pero ¿es posible que una existencia sea precedida de un tiempo vacío? Yo he demostrado que una duracion vacía es una quimera, un producto de la imaginacion, falto de toda realidad. El desarrollo de esta prueba que no puedo exponer aquí, se hallará en mis Ensayos sobre la crítica del conocimiento. Allí tengo establecido que el tiempo no es otra cosa que el número de las producciones. Aristóteles ha dicho que el tiempo es el número del movimiento. Luego la existencia comenzada es una existencia precedida de otra existencia. Esta proposicion es idéntica; pero ¿cómo puede una existencia ser precedida de otra? La que precede ¿se halla por ventura en un instante de tiempo anterior al en que se encuentra la precedida? en este caso se recae en la doctrina del tiempo distinto de las cosas existentes. Así es menester admitir que la existencia que precede es tal que hace la existencia precedida existencia comenzada. Esta no es comenzada sino porque es precedida; la anterioridad de la existencia que precede es una anterioridad de naturaleza; una anterioridad objetiva, una anterioridad que hace el comienzo de la existencia precedida; ella es pues la causa eficiente de esta existencia. Así el gran principio de la causalidad resulta invenciblemente demostrado: es una proposicion idéntica.»
[69.] Repito que esta demostracion no deja del todo satisfecho; nó porque ella en sí misma no sea concluyente, sino porque necesita mas desarrollo. El nervio de la prueba está en la imposibilidad de concebir un comienzo, sin concebir algo preexistente; y de concebir precedencia, sin relacion de lo que comienza á lo que preexiste. No se comprende fácilmente, cómo de esta razon, se infiere la dependencia intrínseca de las cosas; y hasta el fundarse el argumento en una idea tan difícil como la del tiempo, aumenta mucho las dudas.
[70.] Supongamos que el mundo existe, y que algo comienza ahora. Entonces se concibe la precedencia sin la dependencia. Si bien se reflexiona, esto sucede á cada paso; pues que en realidad comienzan de continuo muchos seres, precedidos por otros de los cuales no dependen. Se dirá que no dependen de todos, sino de uno, pero esto mismo es lo que se busca. Para probar que el principio de causalidad está demostrado por la simple idea del órden de la duracion, es necesario probar que la relacion de precedencia es relacion de dependencia. Lo que comienza, supone algo; ciertamente; pero falta probar si depende de este algo, como de una cosa producente, ó tan solo como de una condicion, que nos haga posible el concepto del comienzo. Hasta que se haya probado que para el tránsito del no ser al ser, es indispensable la accion de un ser, parece no quedar probado el principio de la causalidad, sino el de la precedencia; y como el órden de las cosas en la duracion, ó sea la anterioridad y posterioridad, no nos representa mas dependencia que la de pura sucesion, resultaria que si nos limitásemos á la precedencia, no habríamos probado que todo lo que comienza debe depender de otro, sino que todo lo que comienza debe suceder á otro; esto último no es el principio de causalidad, sino de sucesion.
[71.] Aclaremos algo mas estas ideas.
Para que se comprenda mejor la dificultad que milita contra la demostracion anterior, observaré que para los que no admiten el principio de causalidad, no es imposible que comience cualquiera cosa, en cualquiera momento, sin ninguna causa. Representemos los seres sucesivos del universo por la serie ... A, B, C, D, E, ... y los tiempos en que existen, por la serie ..... a, b, c, d, e, ... Segun la demostracion que examinamos, ningun término ha podido comenzar, sin que le haya precedido otro; por manera que el D, comenzado, significa lo mismo que el D, precedido. Luego el D, tiene una relacion necesaria con el C, por la razon de que los instantes d y c, no son nada en sí mismos, en cuanto distintos de D y C.
Quien no admita el principio de causalidad, dirá que el D, puede comenzar sin ninguna dependencia del C; y que para hacer posible el concepto del comienzo, basta que haya existido siempre algo, aunque los términos precedentes y precedidos no tengan entre sí ninguna relacion. Así como el órden de los seres está representado por la serie..... A, B, C, D, E, se podrá imaginar otra serie.. M, N, P, Q, R, de modo que á las dos les corresponda la misma serie de tiempo..... a, b, c, d, e. Entonces el D, puede comenzar sin dependencia necesaria del C, porque basta que preexista P, en el instante c, para que se nos haga posible el concepto del comienzo; en cuyo caso, el D, no tendrá ninguna relacion necesaria con C, ni con P; bastándole la precedencia de uno ú otro. Y como es evidente que lo que se dice de C y de P, se podrá decir de otros cualesquiera términos de las mismas series ó de otras, resulta que la demostracion no conduce sino á la necesidad de concebir algo preexistente; y esto solamente para hacer posible el concepto de un comienzo. Y si á esto se añade la dificultad que de suyo ofrece la naturaleza de las ideas de tiempo y de toda duracion, parece que deberemos inferir que la demostracion no es tan satisfactoria como seria de desear. Los que no profundicen mucho en la idea del tiempo, apenas entenderán el sentido de la prueba; y los demás verán demostrada la contradiccion que se encierra en un comienzo absoluto; y por tanto la necesidad de que haya existido siempre algo; mas nó la dependencia intrínseca que se implica en la relacion de un efecto á su causa. Estas dificultades obligan á un exámen mas riguroso y profundo.
[72.] El principio de la precedencia nos conduce á un resultado importante. Nuestro entendimiento concibe absolutamente una existencia como eterna; pues que le es imposible el concebir un comienzo absoluto, sin un ser anterior.
[73.] El concepto de la nada absoluta nos es imposible. 1.° Porque este seria un concepto completamente vacío; ó mas bien la ausencia de todo concepto. La negacion, la concebimos relativamente á una existencia (Lib. V, cap. IX); pero nó absolutamente. 2.° Porque no es posible el concepto sin conciencia; y en esta, se halla implicada la idea de ser, de algo, la cual es contradictoria con la nada absoluta.
[74.] No pudiendo concebir la nada absoluta, concebimos siempre algo existente; y como por lo demostrado anteriormente, no podemos concebir un comienzo absoluto, resulta que no podemos pensar sin que nuestro pensamiento implique el concepto de una existencia eterna.
¡Que verdad tan luminosa! ¡Cuántas reflexiones inspira! Sigamos meditando.
[75.] Resulta pues que es un hecho primitivo de nuestro espíritu la necesidad de pensar lo necesario y eterno; y que la confusion que sentimos al pensar en la duracion en abstracto, y esa inclinacion á fingir tiempos, antes que existiera el mundo, nace de la necesidad de concebir lo eterno, necesidad de que nuestro espíritu no puede emanciparse, supuesto que piense.
[76.] La basa del principio de contradiccion: la idea de ser, se halla en nuestros conceptos de una manera absoluta; su opuesta la de no ser, se halla tan solo con respecto á lo contingente; es una especie de condicion implicada en la contingencia.
[77.] Todo lo contingente incluye algo de no ser; por lo mismo que es contingente, puede no ser, y por tanto su no ser, está cuando menos en el órden de la posibilidad. Pero esos tránsitos del no ser al ser, no son ni siquiera concebibles, sino presuponiendo algo existente, necesario y eterno.
[78.] Así, hallamos en nuestras ideas el ser como absoluto, y el no ser como relativo; y el ser que ha salido del no ser, ó que ha comenzado, no lo podemos concebir sino con relacion á un ser absoluto.
[79.] Esta relacion objetivamente considerada, no nos parece á primera vista la de causalidad, sino la de sucesion; pero nos ofrece un hecho subjetivo que nos lleva al conocimiento de la verdad objetiva. En efecto: ya que nuestros conceptos de no ser y ser, están ligados de tal suerte que no podemos concebir el tránsito del no ser al ser, sin concebir un ser preexistente: hallamos aquí un reflejo de la causalidad objetiva, que se nos revela en los hechos subjetivos. La duracion, como distinta de las cosas, es una pura imaginacion; la relacion pues de las duraciones es la relacion de los seres. Es verdad que por lo dicho, en esta relacion de duraciones descubrimos solo la sucesion, y nó la dependencia intrínseca; pero esta dependencia, aunque no conocida intuitivamente, se halla representada en el mismo enlace con que concebimos los seres en la duracion. Es cierto que podemos imaginar diferentes series; pero la de los tiempos, es una pura imaginacion, en cuanto la concebimos distinta de los demás. Si la serie de los tiempos desaparece, solo restan las series de las cosas: la relacion entre los términos será la relacion entre las cosas; y la dependencia llamada de sucesion, será una dependencia de realidad. La relacion real, de lo que pasa del no ser al ser, con lo que es absolutamente, es una dependencia de causalidad.
[80.] Imaginemos las series de realidades que se quieran.
| A, | B, | C, | D, | E, | ........ |
| M, | N, | P, | Q, | R, | ........ |
la del tiempo a, b, c, d, e, en cuanto distinta de las demás, no significa nada. En este caso, se la puede eliminar; y todas las relaciones de unos términos á otros, no serán de tiempos, sino de cosas.
Ahora bien: se ha demostrado que un término D, por ejemplo, no puede ser concebido pasando del no ser al ser, ó comenzando, sino con una relacion; y esta por lo explicado, es relacion real del D, á un término cualquiera. Se habia objetado que el D podia comenzar, con tal que hubiese otro término, que hiciese posible el concepto de la prioridad, y por tanto del comienzo; para lo cual se le iba á buscar en otra serie distinta; pero si bien se reflexiona, esto no es mas que cambiar de nombres: porque si el término necesario para el comienzo, se halla en otra serie, en ella se hallará la causa, pues que allí estará lo que se necesita para el efecto.
[81.] Todos los términos comenzados, presuponen otros, uno ó mas, pues aquí prescindimos de su unidad; luego al fin hemos de parar á uno ó mas términos no comenzados. Los comenzados no pueden haber comenzado, sin la existencia de los no comenzados; luego la existencia de estos les es necesaria para la suya. Luego en la de estos se halla la razon de su existencia comenzada; luego la verdadera causalidad.
[82.] Las dificultades que se oponen á esta demostracion nacen de que sin advertirlo, se falta al supuesto, atribuyendo á la duracion una existencia distinta de los seres. Para comprender toda la fuerza de la prueba es necesario eliminar del todo el concepto imaginario de la duracion pura: y entonces se ve que la dependencia representada como relacion de duracion, es una dependencia de los seres en sí mismos, dependencia que no nos ofrece otra cosa que la misma relacion expresada por el principio de causalidad.
[83.] Eliminado completamente el concepto de duracion pura, como de una cosa distinta de los seres, resta solo el tránsito del no ser al ser, única cosa que puede expresarse por la palabra comenzar. En este caso hallamos, que el principio de la precedencia es el mismo principio de causalidad; y como para soltar las dificultades, hemos tenido que prescindir completamente de la duracion en sí misma, nos hallamos con que el principio de causalidad, si ha de quedar fuera de duda, y ha de ser contado entre los axiomas, no puede fundarse sino en la contradiccion entre el ser y el no ser; en la imposibilidad de concebir un ser que aparece de repente, sin que le preceda nada mas que un puro no ser.
[84.] Así en último resultado, y despues de haber dado tantas vueltas á la cuestion, venimos á parar á lo mismo que teníamos establecido en los capítulos anteriores; un no ser no puede llegar á ser, sin la intervencion de un ser: la serie no A, A, es imposible, si no interviene un ser, B. Así lo hallamos en nuestras mismas ideas; y contradecir á esta verdad, es negar nuestra propia razon.
Creo pues, que el principio de causalidad no resulta completamente explicado sino ateniéndonos á lo dicho en los capítulos anteriores. El comenzar, supone un no ser de lo que comienza; y del concepto de no ser, es imposible que salga el ser: esto es contradictorio. El principio es verdadero subjetivamente, pues estriba en nuestras mismas ideas; pero lo es tambien objetivamente, á causa de que en tales casos la objetividad está necesariamente ligada con la subjetividad (Lib. I, Cap. XXV). El ser apareciendo repentinamente, sin causa, sin razon, sin nada; es una representacion absurda, que nuestro entendimiento rechaza con la misma fuerza é instantaneidad que admite el principio de contradiccion.
Como el tiempo es la relacion del no ser al ser, el órden entre lo variable, se concibe tambien que el concebir sucesion, sin algo que preexista, es contradecirse; y así el principio de la precedencia, viene á fortalecer el principio de causalidad; ó mas bien, se manifiesta que son uno solo, bien que presentados bajo diferentes aspectos: el de precedencia, se refiere á la duracion, el de causalidad al ser: pero ambos expresan una aplicacion del principio fundamental: es imposible que una cosa sea y no sea á un mismo tiempo.