EXÁMEN DE ALGUNAS EXPLICACIONES DE LA MORALIDAD.
[205.] Se ha disputado mucho sobre el orígen y carácter de la moralidad de las acciones, sucediendo en esta materia lo mismo que en todas las demás; el entendimiento del hombre vacila y se confunde, siempre que trata de penetrar en los primeros principios de las cosas. Como no me propongo escribir un tratado de moral, y sí únicamente, analizar los fundamentos de esta ciencia, me limitaré á caracterizar, en cuanto me sea posible, las ideas y sentimientos primordiales del órden moral, sin descender á sus aplicaciones. Para esto, procederé como acostumbro, por el método analítico, descomponiendo el hecho consignado en el capítulo anterior, recorriendo varias exposiciones del mismo, y señalando la insuficiencia y la inexactitud de alguna de ellas, antes de llegar á la única que me parece verdadera y cumplida.
[206.] ¿Qué es bien? qué es mal? las cosas que son buenas ó malas ¿por qué lo son? ¿en qué consiste su bondad ó malicia? cuál es el orígen de estas propiedades?
Se dice que es bueno lo que es conforme á la razon, lo que se hace con arreglo a la ley eterna, lo que es agradable á Dios; y malo lo que se opone á la razon, lo que contradice á la ley eterna, lo que es desagradable á Dios. Esto es verdad; pero ¿resuelve cumplidamente la cuestion en el terreno científico?
El valor moral del dictámen de la razon depende de su conformidad con la ley eterna; cuando pues para fundar el órden moral se echa mano de la primera, se habla de una participacion de la segunda; luego no se tienen con esto dos resoluciones de la cuestion, sino una sola.
Los actos no pueden ser agradables ó desagradables á Dios, sino en cuanto son conformes á la ley eterna; luego el juzgar de la bondad ó malicia de los actos por su relacion al agrado ó desagrado de Dios, es juzgarlos por su conformidad á la ley eterna.
Infiérese de lo dicho que acto conforme á razon, acorde con la ley eterna, ó agradable á Dios, aunque expresen diversos aspectos de una idea, no significan nada diferente, en cuanto se trata de explicar los cimientos del órden moral.
[207.] Las prescripciones de la ley eterna, no dependen de la libre voluntad de Dios; pues en tal caso se seguiria que Dios podria hacer lo bueno malo, y lo malo bueno. La ley eterna, no puede ser otra cosa que la razon eterna, ó bien la representacion del órden moral en el entendimiento divino. En tal caso, la moralidad parece, segun nuestro modo de concebir, que precede á su representacion; esto es, que la moralidad está representada en el entendimiento divino, porque ella es; pero no es, porque esté representada. En el órden moral llegamos á un caso semejante al de las esencias metafísicas y geométricas. Las verdades geométricas por ejemplo, son eternas en cuanto están representadas en la razon eterna; y esta representacion supone una verdad intrínseca en ellas mismas, y absolutamente necesaria, pues que de otro modo la representacion podria ser falsa. Mas, como quiera que dicha verdad ha de tener algun fundamento eterno (Lib. IV, Cap.s XXIV, XXV, XXVI y XXVII), y este no se halla en los seres finitos, se le ha de buscar en el ser infinito por esencia, donde está la razon de todo. Su entendimiento representa la verdad, y por tanto es verdadero; pero esta misma verdad se funda en la esencia del mismo ser infinito que la conoce.
[208.] Las verdades morales no se distinguen en este punto de las metafísicas; su orígen está en Dios, la moral no puede ser atea. ¿Por qué se representan en Dios unas cosas como buenas y otras como malas? buscar la razon de esto equivale á preguntar por qué los triángulos no se representan circulares, y los círculos triangulares. Si hay una necesidad intrínseca, ó no podremos señalar la razon de ella, ó de todos modos debemos llegar á una razon que no puede explicarse por otra razon. Siempre será preciso pararnos en un punto donde digamos: es así, y nada mas. La ulterior satisfaccion que en tal caso pudiéramos desear, nos es imposible alcanzarla, en no viendo intuitivamente la esencia infinita donde se halla la primera y la última razon de todo.
[209.] Para estar representadas las cosas como buenas ó malas, y aun para concebirlas representadas como tales, es necesario que se les suponga bondad ó malicia.
¿Qué es ser una cosa buena? si decimos que es el ser representada como buena en el entendimiento divino, hacemos entrar en la definicion la misma cosa definida: siempre queda la dificultad: ¿qué significa ser representada como buena?
La bondad no puede consistir en la simple representacion, de suerte que sea bueno todo lo que está representado en Dios, porque entonces se seguiria que todo es bueno porque todo está representado en Dios.
Luego para que una cosa sea buena, no solo debe ser representada, sino representada bajo tal ó cual carácter, que la constituya buena; en cuyo caso, hallamos aun en pié toda la dificultad: ¿cuál es este carácter?
[210.] Aclaremos las ideas comparando una verdad metafísica con una verdad moral. Todos los diámetros de un mismo círculo son iguales; esta verdad no depende de ningun círculo particular; se funda en la misma esencia del círculo; y esta á su vez, con todas sus propiedades y relaciones, se halla representada desde toda la eternidad en la esencia infinita, donde con la plenitud del ser, hay la representacion y el conocimiento de todas las participaciones finitas en que se pueden ejercer la sabiduría y la omnipotencia infinita. Todas las participaciones están sujetas al principio de contradiccion; en ninguna de ellas se puede verificar que el ser deje de excluir al no ser y recíprocamente; de aquí dimana la necesidad de todas las propiedades y relaciones, sin las cuales no subsiste el principio de contradiccion: entre ellas se cuenta la igualdad de todos los diámetros del mismo círculo.
[211.] Estas consideraciones sugieren la cuestion: ¿es posible explicar el órden moral del mismo modo que el metafísico y el matemático, manifestándole contenido en el principio de contradiccion?
[212.] Es fácil de notar que en todas las verdades metafísicas y matemáticas se expresa ó se niega la identidad. A es B, ó A no es B; á esto se reducen todas las proposiciones posibles; esta es la fórmula general de todas las verdades de un órden absoluto. De otra manera sucede en el órden moral, donde nunca se expresa nada absolutamente, como lo indica la misma forma de las proposiciones morales. Dios es bueno. Aquí se expresa una verdad metafísica. Dios debe ser amado, ó en otros términos: se ha de amar á Dios. Aquí se expresa una verdad moral. Nótese la diferencia: en un caso se dice es, absolutamente; en el otro, debe ser, se ha, hay obligacion de, empleándose diferentes expresiones que todas significan una misma cosa; pero en todas ellas ha desaparecido el ser, como afirmacion absoluta. Al parecer ninguna proposicion moral puede expresarse de esta manera, atendiendo á los elementos primitivos de nuestras ideas morales, porque en todas estas proposiciones se implica la idea del deber, que es esencialmente una idea relativa.
[213.] El amar á Dios es bueno. Esta es una proposicion moral cuya estructura parece contradecir lo que acabo de establecer. Aquí se encuentra una afirmacion absoluta expresada simplemente por es, como en las proposiciones metafísicas ó matemáticas. No obstante, por poco que se reflexione, se echará de ver que este carácter absoluto desaparece, si se atiende á la naturaleza del predicado. ¿Qué significa bueno? hénos aquí con una idea esencialmente relativa, lo cual comunicará este mismo carácter á la proposicion que se presentaba como absoluta. El amar á Dios es bueno, significará: el amar á Dios es una cosa conforme á la razon ó á la ley eterna, ó agradable á Dios, ó una cosa á que estamos obligados; siempre una idea relativa, jamás una idea absoluta como estas otras: ser, no ser, triángulo, círculo etc. etc.
[214.] Bueno, dicen algunos, es lo que conduce al fin que corresponde al ser inteligente. Esta explicacion no debe confundirse con la teoría del interés privado; teoría rechazada por la religion, por los sentimientos del corazon, y combatida por los pensadores mas profundos; aquí, al hablar de fin se trata de un fin último, superior á lo que suele entenderse por la expresion: interés privado. Sin duda que el llegar al último fin, es un grande interés del ser inteligente; pero al menos este interés se toma en un sentido grandioso, que no alienta el desarrollo de un egoismo mezquino.
Reconocida esta diferencia entre las dos doctrinas, diré que tampoco esta última me parece admisible. La bondad moral ha de ser conducente al fin; mas esto no constituye el carácter de la moralidad. En efecto: ¿qué se entiende por fin? si se entiende el mismo Dios, acto moral será el acto que conduce á Dios; en cuyo caso permanece en pié la dificultad, pues que faltará saber, qué se entiende por conducir. Si es el acarrear la felicidad, que consiste en la union con Dios ¿cómo se acarrea esta felicidad? Cumpliendo lo que Dios ha mandado—Cierto; pero entonces preguntaremos: 1.º por qué el hacer lo que Dios ha mandado, conduce á la felicidad; 2.º por qué Dios ha mandado unas cosas, y ha prohibido otras; lo cual equivale á plantear de nuevo la cuestion de la moralidad intrínseca.
[215.] Además, la idea de felicidad nos ofrece una cosa muy distinta de la de moralidad. Imaginando un ser que sacrifica toda su dicha por otros seres, tendremos la idea de un ser altamente moral, y sin embargo infeliz. Si la moralidad consistiese en la felicidad, la participacion de la felicidad seria la participacion de la moralidad; todo goce seria un acto moral; y solo podria ser inmoral, por no ser bastante vivo ó bastante duradero. A medida que nos elevaríamos á la idea de un goce mas duradero y vivo, nos formaríamos la idea de una moralidad mas alta; el goce mas exento de disgusto, seria el acto de moralidad mas pura: y ¿quién no ve que esto trastorna nuestras ideas morales, y repugna á nuestros sentimientos?
[216.] No basta decir que un ser moral alcanzará la felicidad; y que su felicidad será tanto mayor, cuanto mayor haya sido su moralidad; esto solo prueba que la felicidad es el premio de la virtud; pero no autoriza á confundir aquella con esta, el galardon con el mérito.
[217.] El confundir la moralidad con la dicha, es reducir la moral á una combinacion de cálculo, es despojar la virtud de ese brillo purísimo que nos atrae y encanta, y que nos la hace parecer tanto mas bella, cuanto mas unida está con el sufrimiento. Si identificamos la felicidad con la moralidad; el desinterés será un cálculo de interés, un sacrificio de un interés menor á un interés mayor, una pérdida en lo presente, para ganar en el porvenir.
Nó, la moralidad de las acciones, no es un negocio de cálculo: el virtuoso alcanza premio; puede tambien desear este premio; mas para que el acto sea virtuoso, se necesita algo mas que la combinacion para alcanzarle; es preciso que hallemos algo que haga el acto meritorio del premio; y ni siquiera concebimos que pueda estarle reservado el premio á ningun acto, sino porque en sí mismo es meritorio.
Cuando Dios ha preparado castigos para unos actos y premios para otros, ha debido hallar en ellos una diferencia intrínseca; y por esto les ha señalado destinos diferentes; pero segun el sistema que combatimos, los actos no serian buenos sino en cuanto conducentes al premio, y no habria ninguna razon porque condujesen á él los unos con preferencia, á los otros. Esta razon se ha de encontrar en una diferencia intrínseca de los mismos; si no se quiere caer en el absurdo de que todas los acciones son indiferentes en sí mismas, y que las malas podrian ser buenas, y las buenas malas.
[218.] El ser conducente al bien de la humanidad es otro carácter incompleto de la moralidad de las acciones. Desde luego salta á la vista, que esta moralidad, seria solamente la humana; y por tanto no comprenderia la moralidad intrínseca, que consideramos comun á todos los seres inteligentes.
[219.] Además; ¿de qué bien se trata? en qué estado se considera la humanidad? ¿Se habla de una sociedad constituida en nacion; ó de la humanidad propiamente dicha; de una generacion ó de muchas; de su destino en la tierra ó en el porvenir de la otra vida? ¿Se habla de su bienestar, ó de su desarrollo y perfeccionamiento prescindiendo de su mayor ó menor bienestar? Si la moralidad de las acciones se ha de tomar de su conducencia, por decirlo así, al bien general de la humanidad, ¿en qué consiste este bien supremo? ¿Es el desarrollo de la inteligencia, es el de la fantasía ó del corazon; es el de las artes útiles que proporcionan goces materiales? No se puede entonces poner como término la perfeccion moral, pues que por el supuesto, la moralidad seria un medio; y las acciones serian tanto mas morales, cuanto serian medios mas útiles para lograr el bien general.
[220.] Decir que la moralidad es únicamente objeto del sentimiento, y que no se puede señalar otro carácter de lo bueno, sino esa perfeccion misteriosa que sentimos en la virtud; es desterrar la moral como ciencia, cerrando completamente las puertas á toda investigacion. No niego que hay en nosotros un sentimiento moral; y que nuestro corazon abriga misteriosas simpatías por la virtud; pero creo que con este hecho, es muy compatible el estudio científico de los fundamentos del órden moral. Es necesario reconocer el carácter primitivo de algunos hechos de nuestro espíritu, y no empeñarse en querer explicarlo todo; pero conviene guardarse de la exageracion, que en esto será tanto mas peligrosa, cuanto se cubrirá con el manto de la modestia.