EXPLICACION FUNDAMENTAL DEL ÓRDEN MORAL.
[221.] En la moralidad ha de haber algo absoluto. No es posible concebir una cosa relativa sola, sin algo absoluto en que se funde. Además, toda relacion implica un término de referencia, y por consiguiente, aun cuando supongamos una serie de referencias, es necesario llegar al término último. Esto manifiesta por qué no satisfacen al entendimiento las explicaciones de la moralidad puramente relativas: la razon y hasta el sentimiento, buscan algo absoluto en que puedan fijarse.
A mas de este argumento puramente ontológico en favor de lo absoluto de la moralidad, hay otros mas al alcance del comun de los hombres, y no menos concluyentes.
[222.] En el ser infinitamente perfecto concebimos santidad infinita, independientemente de la existencia de las criaturas; ¿y qué es la santidad infinita, sino la perfeccion moral en un grado infinito? Esta razon es decisiva para todo el mundo, excepto los ateos: quien admite la existencia de Dios debe admitir su santidad; lo contrario repugna á la razon, al corazon, al sentido comun. Luego existe algo moral absoluto; luego la moralidad en sí misma, no puede explicarse por ninguna relacion de las criaturas á un fin; pues que la moralidad en un grado infinito, existiria, aun cuando no hubiese habido ni hubiese jamás, ninguna criatura.
[223.] Al concebir un ser inteligente criado, concebimos tambien la moralidad como una ley inflexible á que sus acciones deben sujetarse. Es de notar que esta moralidad la concebimos, aun suponiendo un ser inteligente enteramente solo: luego la moralidad no puede explicarse por la relacion de unas criaturas con otras. Fingid un hombre enteramente solo sobre la tierra ¿podréis concebirle exento de toda moralidad? ¿Será igualmente bello en el órden moral el que trabaje para perfeccionar su entendimiento y desarrollar armónicamente todas sus facultades, ó el que se abandone á instintos groseros confundiéndose con los brutos por su estupidez y envilecimiento? Imaginad que desaparece la tierra y todo el universo corpóreo, y todos los seres criados, excepto una sola inteligencia: ¿podeis concebir á esta criatura enteramente exenta de toda ley moral? En sus pensamientos, en sus actos do voluntad, ¿podeis figuraros que sea todo indiferente, y que la moralidad sea para ella una palabra sin sentido? Es imposible, si no queremos luchar abiertamente con nuestras ideas primitivas, con nuestros sentimientos mas profundos, con el sentido comun de la humanidad. Hé aquí pues otra prueba de que hay en el órden moral algo absoluto, una perfeccion intrínseca, independiente de las relaciones mutuas de las criaturas; una belleza propia, en ciertas acciones de la criatura inteligente y libre.
[224.] La imputabilidad de las acciones nos ofrece otro argumento en confirmacion de la misma verdad. La moralidad no se mide nunca por el resultado; los quilates de ella se aprecian por lo inmanente; esto es, por los motivos que han impulsado á querer, por la mayor ó menor deliberacion que ha precedido al acto de la voluntad, por la mayor ó menor intensidad de este mismo acto. Si alguna vez se atiende á los resultados, todo el valor moral que á estos se atribuye nace de lo interior del alma: la prevision ó imprevision de ellos, ó la posibilidad ó imposibilidad de preverlos; el haberlos querido ó nó; el habérselos propuesto como objeto principal ó secundario; el haberlos deseado con ahinco ó el haberlos arrostrado con dolor y repugnancia; estas y otras consideraciones semejantes se tienen presentes cuando se quieren apreciar y graduar el mérito ó demérito de una accion que ha tenido tales ó cuales resultados. De donde se infiere que estos no significan nada en el órden moral, sino en cuanto está expresado en ellos el acto de la voluntad.
[225.] Este carácter de inmanencia, esencial á los actos morales, destruye por su base todas las teorías que fundan la moralidad en combinaciones externas, sean las que fueren; y demuestra que el acto de un ser inteligente y libre es bueno ó malo en sí mismo, prescindiendo absolutamente de todas sus consecuencias buenas ó malas, que de un modo ú otro no hayan estado contenidas en el acto interno. Un hombre, que por un acto cuyas consecuencias no previese ni pudiese prever, perjudicase gravemente á todo el linaje humano, seria inocente; y otro que con una intencion dañada, hiciese un gran beneficio á la humanidad entera, seria un perverso. Un hombre salva á su patria, por un sentimiento de vanidad, ó con un fin de ambicion ó de codicia: su accion salvadora, no es mirada como un acto virtuoso. Otro, con la intencion mas desinteresada y pura, con el mas ardiente anhelo de salvar á su patria, la compromete, por un error, la pierde; este desventurado no deja de ser un hombre virtuoso; la misma accion funesta en resultados, es considerada como un acto de virtud.
[226.] ¿En qué consiste pues la moralidad absoluta? ¿dónde se halla el manantial oculto del cual fluye ese raudal de belleza que todos sentimos, que lo inunda todo, hermoseándolo todo; ese raudal con cuya falta se marchitaria el mundo de las inteligencias?
Me parece que en este punto, como en muchos otros, la ciencia no ha notado bastante la admirable profundidad de la Religion cristiana; esta lo ha dicho todo con una palabra tan tierna, como llena de sentido: Amor.
Permítaseme llamar muy particularmente la atencion de los lectores sobre la teoría que voy á desenvolver. Despues de tantas dificultades como hemos amontonado hasta aquí, sobre el fundamento del órden moral, necesario es que procuremos adquirir alguna luz sobre un objeto tan importante. Esta luz nos confirmará mas y mas una verdad que la ciencia nos pone de manifiesto repetidas veces: cuando se llega á los principios de las ciencias, ó á sus últimos resultados, estad seguros de que las ideas cristianas no os serán inútiles, y que os comunicarán alguna leccion de trascendencia; en el edificio de los conocimientos humanos las hallaréis iluminando el cimiento y la cúpula.
No se imagine el lector, que en vez de una teoría científica, voy á ofrecerle un capítulo de mística: estoy seguro de que al concluir la lectura, se hallará convencido, de que aun bajo el aspecto puramente científico, hay en esta doctrina mucha mas exactitud y profundidad que en otras cuyos autores se guardan de emplear la palabra Dios, como si este nombre augusto manchase las páginas de la ciencia.
[227.] La moralidad absoluta es el amor de Dios; todas las ideas y sentimientos morales son aplicaciones y participaciones de este amor.
Hagamos la prueba llevando este principio fecundo á todas las regiones del mundo moral.
¿Qué es la moralidad absoluta en Dios? ¿cuál es el atributo del ser infinito que llamamos santidad? El amor de sí mismo, de su perfeccion infinita. En Dios no hay deber propiamente dicho, hay necesidad absoluta de ser santo; porque tiene necesidad absoluta de amar su perfeccion infinita. Así la moralidad en su sentido mas absoluto, en su grado mas alto, esto es la santidad infinita, es independiente de todo libre albedrío. Dios no puede dejar de ser santo.
[228.] Pero se preguntará por qué Dios se ha de amar á sí mismo? esta cuestion carece de sentido cuando se profundiza la materia sobre que versa; porque supone que se puede expresar exactamente en términos relativos lo que es enteramente absoluto. La proposicion: Dios se ha de amar á sí mismo no es exacta; la rigurosa exactitud solo se halla en esta otra: Dios se ama á sí mismo; porque expresa de una manera absoluta, un hecho absoluto. Si ahora se pregunta ¿por qué Dios se ama á sí mismo? responderemos que tanto valdria preguntar: por qué Dios se conoce á sí mismo; ó por qué entiende la verdad, ó por qué existe; en llegando á estas cuestiones nos encontramos en el orígen primitivo, con cosas absolutas, incondicionales; entonces, todo porque es absurdo.
[229.] Infiérese de esta doctrina que no es exacto que la moralidad no pueda ser expresada en una proposicion absoluta. Ella en sí misma, en su grado infinito, es una verdad absoluta; implica una identidad cuyo opuesto es contradictorio; por manera que considerada en su mayor altura, está no menos ligada con el principio de contradiccion, que todas las verdas metafísicas y geométricas. Hé aquí su fórmula mas simple: El ser infinito se ama á sí mismo.
[230.] Continuemos desenvolviendo esta doctrina.
Dios, en las profundidades de su inteligencia, ve desde toda la eternidad una infinidad de criaturas posibles. Encerrando en sí propio el fundamento de la posibilidad de las mismas y de todas las relaciones que las pueden enlazar entre sí ó con su Criador, nada puede existir independiente de Dios; así, no es posible que ningun ser deje de ordenarse á Dios. El fin que Dios se ha propuesto en la creacion, no puede ser otro que el mismo Dios; pues que antes de la creacion nada existia sino él, y despues de la creacion todas cuantas perfecciones se hallan en las criaturas, las tiene Dios formal ó virtualmente en un grado infinito. Luego este órden de todas las criaturas á Dios como á ultimo fin, es una condicion inseparable de las mismas; condicion vista por Dios desde toda la eternidad, en todos los mundos posibles. Todo lo que ha sido criado y todo lo que puede serlo, es la realizacion de una idea divina, de lo que está representado en el entendimiento infinito, y con las propiedades absolutas ó relativas que se hallen preexistentes en aquella representacion. Así, todo cuanto existe y puede existir, debe hallarse sometido á la condicion de ordenarse á Dios, sin lo cual su existencia seria imposible.
[231.] Entre las criaturas en que se realiza la representacion preexistente en el entendimiento divino, las hay dotadas de voluntad; esta es la inclinacion á lo conocido; y significa un principio de las determinaciones propias, mediante un acto de inteligencia. Si la criatura conociese intuitivamente á Dios, su acto de voluntad seria necesariamente moral, porque seria necesariamente un acto de amor de Dios. La rectitud de la voluntad criada seria entonces un incesante reflejo de la santidad infinita, ó del amor que Dios se tiene á sí propio. En tal caso, la perfeccion moral de la criatura tampoco seria libre; mas no dejaria por esto de ser perfeccion moral y en un grado eminente. Habria entonces una perpetua conformidad de la voluntad criada con la voluntad infinita; porque la criatura amando á Dios con una feliz necesidad, no querria, ni podria querer otra cosa que lo que quisiese el mismo Dios. La moralidad de la voluntad criada seria esta conformidad perenne con la voluntad divina; conformidad que no se distinguiria del acto moral y santo por esencia: el amor de la criatura al ser infinito.
Pero cuando el conocimiento de Dios no es intuitivo, cuando la idea que de él tiene la criatura es un concepto incompleto y que encierra varias nociones indeterminadas, el bien infinito en sí mismo, no es amado por necesidad, porque no es conocido como es en sí mismo. La voluntad tiene una inclinacion al bien, pero al bien indeterminadamente; y por tanto no siente una inclinacion necesaria hácia ningun objeto real. El bien se le ofrece bajo una idea general é indeterminada, con aplicaciones muy varias, y hácia ninguna de ellas se inclina con necesidad absoluta; de aquí dimana su libertad para salirse del órden visto por Dios, como conforme á sus soberanos designios: en lo cual la libertad lejos de ser una perfeccion, es un defecto, que nace de la debilidad del conocimiento del ser que la posee.
[232.] La criatura racional conformándose en sus actos con la voluntad de Dios, realiza el órden que Dios quiere; amando este órden, ama lo que Dios ama. Si aunque realice este órden, la criatura en su libertad no ama el mismo órden, y procede por motivos independientes de él, su voluntad, ejecutando materialmente el acto, no ama lo que Dios ama; y hé aquí la linea divisoria de la moralidad y de la inmoralidad. La moralidad del acto propiamente dicha, consiste en la conformidad explícita ó implícita de la voluntad criada con la voluntad divina; y esa perfeccion misteriosa que descubrimos en los actos morales, esa hermosura que nos encanta y atrae, no es otra cosa que la conformidad con la voluntad divina; el carácter absoluto que encontramos en la moralidad, es el amor explícito ó implícito de Dios; y por consiguiente un reflejo de la santidad infinita, ó del amor con que Dios se ama á sí mismo.
Hagamos aplicaciones de esta doctrina que se muestra tanto mas exacta cuanto mas se la hace descender al terreno de los hechos.
[233.] El amar á Dios es un acto bueno moralmente; el aborrecer á Dios es un acto malo moralmente, y de una fealdad la mas detestable. ¿Dónde está la moralidad del acto del amor de Dios? en el acto mismo, reflejo de la moralidad absoluta, ó de la santidad infinita, que consiste en el amor que Dios tiene á su perfeccion infinita; hé aquí una prueba palpable de la verdad de la teoría que estamos exponiendo. El amor de la criatura al Criador, ha sido siempre mirado como un acto esencialmente moral; como lo mas puro de la moralidad; en lo que se manifiesta que en el órden secundario y finito, este acto es la mas pura y fiel expresion de la moralidad absoluta.
[234.] Al preguntarse la razon de por qué debemos amar á Dios, se suelen recordar los beneficios que nos dispensa, el amor que nos tiene; y hasta se suele aducir el ejemplo del amor que debemos á nuestros amigos y bienhechores, y sobre todo á nuestros padres; estas razones son ciertamente muy buenas para hacer palpable en cierto modo la moralidad del acto, y conmover nuestro corazon; pero no satisfacen completamente en el terreno de la ciencia. Porque, si pudiésemos dudar de que debemos amar al ser infinito, autor de todas las cosas, claro es que dudaríamos tambien de que debiésemos amar á los padres, á los amigos y bienhechores. Luego el amor á estos se ha de fundar en algo mas elevado, si no queremos que al preguntársenos, por qué debemos amarlos, nos quedemos sin ninguna respuesta.
[235.] El querer perfeccionar el entendimiento es un acto moral en sí mismo. ¿De dónde nace la moralidad del acto? hélo aquí. Dios, al dotarnos de inteligencia ha querido evidentemente que usásemos de ella. El uso de la misma pues, entra en el órden conocido y querido por Dios; al querer esto queremos lo que Dios quiere; amamos este órden que Dios amaba desde toda la eternidad, como una realizacion de sus soberanos designios; por el contrario, si la criatura no perfecciona sus facultades intelectuales, y en uso de su libertad las deja sin ejercicio, se aparta del órden establecido por Dios; no quiere lo que Dios quiere, no ama lo que Dios ama.
[236.] Al perfeccionar estas facultades, puede el hombre hacerlo meramente para proporcionarse el goce que le produce la alabanza de sus semejantes; en este caso realiza el órden de la perfeccion del entendimiento, pero no lo realiza amando este órden en sí mismo, sino por amor de una cosa distinta que no entra en el órden querido por Dios; porque es evidente que Dios no nos ha dotado de facultades intelectuales para el estéril objeto de alabarnos unos á otros. Hé aquí pues la diferencia que conocemos, que sentimos, entre dos acciones iguales, hechas con fines diferentes: la voluntad del uno perfecciona el entendimiento como una simple realizacion del órden divino: no acertamos tal vez á explicar lo que encontramos allí, pero de cierto sabemos que aquella voluntad es recta; el otro hace lo mismo, quiere lo mismo, pero deja mezclar un motivo ajeno á este órden; y el entendimiento y el corazon nos dicen: este acto con que se hace un bien, no es bueno; esto no es virtud, es miseria.
[237.] Hay una persona necesitada, que sin embargo, tiene muchas probabilidades de mejorar pronto de fortuna. Léntulo y Julio, le dan cada cual una limosna. Léntulo da su limosna, solo con el fin de que el socorrido cuando mejore de fortuna, se acuerde del bienhechor, y le favorezca si este lo necesita. La accion de Léntulo no tiene ningun valor moral: al juzgarla se ve una combinacion de cálculo, nó un acto virtuoso. Julio da la limosna, solo por socorrer al infeliz que le inspira lástima, sin pensar en la retribucion con que el socorrido le pueda corresponder: la accion de Julio es bella moralmente, es virtuosa. ¿De dónde la diferencia? Léntulo hace el bien, aliviando al necesitado; pero nó con el amor del órden íntimo que hay en su acto; sino torciendo este órden hácia sí mismo. Dios, queriendo que los hombres necesitasen unos de otros, ha querido tambien que se socorrieran; el socorrer pues simplemente para aliviar al necesitado, es realizar simplemente el órden querido por Dios; el aliviar para un fin particular, es realizar este órden, nó como se halla establecido por Dios, sino como le combina el hombre. Hay complicacion de miras: falta la sencillez de intencion; esa sencillez tan recomendada por el cristianismo, y que aun en la region de la filosofia encierra un sentido tan profundo.
[238.] Atendiendo al órden puramente natural, se descubre, que todas las obligaciones morales, tienen en último resultado un objeto útil; así como todas las prohibiciones, se dirigen á prevenir un daño; mas para la moralidad, no basta el querer la utilidad de ella, se necesita querer el órden mismo, de donde la utilidad resulta; siendo de notar que con cuanta mas reflexion, con cuanto mas amor se quiere este órden, sin mezcla de miras heterogéneas, tanto mas moral es el acto.
Socorrer al pobre, con la simple mira de aliviarle, con amor hácia el pobre, es un acto virtuoso; socorrerle con este amor, y con la reflexion explícita de que se cumple con un deber de humanidad, es todavía mas virtuoso; socorrerle con el pensamiento en Dios, viendo en el pobre á un hombre, imágen de Dios, y á quien Dios nos manda amar, es un acto todavía mas virtuoso: socorrerle, aun contra los impulsos del propio corazon, agriado quizás por un resentimiento, ó agitado por otras pasiones, y dominarse á sí mismo con una voluntad firme por amor de Dios; es ya un acto de virtud heróica. Nótese bien: la perfeccion moral del acto se aumenta á proporcion de que se quiere la cosa en sí misma con mas reflexion y amor; y llega al mas alto punto cuando en la cosa amada, se ama al mismo Dios. Si las miras son egoistas, el órden se pervierte, y la moralidad se disipa; cuando no hay miras de egoismo, y se obra principalmente á impulsos del sentimiento, la accion ya es bella, pero su carácter es mas bien de sensibilidad que de moralidad; mas cuando, con el corazon desgarrado por el dolor del sacrificio, la voluntad, precedida por la reflexion, manda este sacrificio, y se cumple el deber, porque es un deber; ó quizá se hace un acto no obligatorio, por el amor á su bondad moral, y porque el acto es agradable á Dios, vemos en la accion, algo tan bello, tan amable, tan digno de alabanza, que nos quedaríamos desconcertados si se nos preguntase entonces la razon del sentimiento respetuoso que experimentamos hácia la persona que por tan nobles motivos se sacrifica por sus semejantes.
Con arreglo á estos principios, podemos fijar clara y exactamente las ideas morales.
[239.] La moralidad absoluta, y por consiguiente el orígen y tipo de todo el órden moral, es el acto con que el ser infinito ama su perfeccion infinita. Este es un hecho absoluto, del cual no podemos señalar ninguna razon à priori.
En Dios no hay deber propiamente dicho; hay necesidad absoluta de ser santo.
[240.] El acto esencialmente moral en toda criatura es el amar á Dios. Es imposible, fundar la moralidad de este acto, en la moralidad de otro acto.
[241.] Los actos de la criatura son morales, en cuanto participan explícita ó implícitamente, de este amor.
[242.] Cuando la criatura ve intuitivamente á Dios, le ama necesariamente; y así todos sus actos, llevando este augusto sello, son necesariamente morales.
[243.] Cuando la criatura no ve intuitivamente á Dios, ama necesariamente el bien en comun, ó sea bajo una idea indeterminada: pero no ama necesariamente, ningun objeto en particular.
[244.] En este amor hácia el bien en comun, sus actos libres son morales, cuando su voluntad quiere el órden que Dios ha querido, sin mezclar combinaciones ajenas ó contrarias á este órden.
[245.] Para ser moral un acto, no es necesario que el que lo hace piense explícitamente en Dios, ni que su voluntad, le ame explícitamente.
[246.] El acto será tanto mas moral, cuanto vaya acompañado de mas reflexion sobre su moralidad, y sobre su conformidad con la voluntad de Dios.
[247.] El sentimiento moral, es un sentimiento que se nos ha dado para percibir la belleza del órden querido por Dios: es por decirlo así un instinto de amor de Dios.
[248.] Como este sentimiento es innato, indeleble, é independiente de la reflexion, lo experimentan hasta los ateos.
[249.] La idea de obligacion moral ó deber, resulta de dos ideas: órden querido por Dios; libertad física de apartarse de este órden. Dios otorgándonos la vida, ha querido que procurásemos conservarla; pero el hombre es libre, y á veces se suicida. El que conserva su vida cumple con un deber; el que se mata, le infringe. Así en la idea del deber, entra la de libertad física, que no puede ejercerse en cierto sentido, sin salir del órden querido por Dios.
[250.] La pena es una sancion del órden moral; sirve para suplir la necesidad imposible para los seres libres. Las criaturas que obran sin conocimiento, cumplen su destino por necesidad absoluta; los seres libres, cumplen su destino, nó por necesidad absoluta, sino por la especie de necesidad producida por la vista de un resultado doloroso.
[251.] Aquí se palpa la diferencia entre el mal físico y el mal moral, aun en el mismo ser libre: el físico es el dolor; el moral, es el desviarse del órden querido por Dios.
[252.] Ilícito es lo contrario á un deber.
[253.] Lícito es todo lo que no se opone á ningun deber.
[254.] Ley eterna es el órden de los seres inteligentes querido por Dios, con arreglo á su santidad infinita.
[255.] Acciones intrínsecamente morales, son las que forman parte del órden que Dios, (supuesta la voluntad de criar tales ó cuales seres), ha querido por necesidad, en fuerza del amor de su perfeccion infinita. Semejantes acciones, están mandadas porque son buenas.
[256.] Las acciones que son buenas porque están mandadas, son las que forman parte del órden querido por Dios libremente, y del cual ha dado conocimiento á sus criaturas.
[257.] El mandato de Dios, es su voluntad comunicada á la criatura. Si esta voluntad es necesaria, el precepto es natural; si esta voluntad es libre, es positivo.
[258.] Atendiendo á lo puramente natural, el órden querido por Dios, es el que conduce á la conservacion y perfeccion de los seres criados. Las acciones serán morales cuando se conformen con este órden.
[259.] La perfeccion natural de los seres consiste en el uso de sus facultades acomodado al fin á que su misma naturaleza los muestra destinados.
[260.] La naturaleza ha encargado á cada individuo el cuidado de su propia conservacion y perfeccion.
[261.] La imposibilidad natural de que el hombre viva solo, indica que la conservacion y perfeccion de los individuos, se ha de conseguir en sociedad.
[262.] La primera sociedad, es la de familia.
[263.] Los padres deben alimentar y educar á sus hijos; porque sin esto no puede conservarse el linaje humano.
[264.] Los deberes conyugales, nacen del órden necesario para la conservacion y perfeccion de la sociedad de familia, indispensable para la conservacion del humano linaje.
[265.] Cuanto mas necesario es el enlace de un acto con la conservacion y perfeccion de la familia, mas necesaria es su moralidad, y por consiguiente menos sujeta á modificaciones.
[266.] La inmoralidad de los actos contrarios al pudor, y muy especialmente los contrarios á la naturaleza, se funda en grandes razones de un órden indispensable para la conservacion del individuo y de la especie.
[267.] Las pasiones, por lo mismo que son ciegas, es evidente que nos han sido dadas como medios, nó como fines.
[268.] Luego cuando la satisfaccion de las pasiones se toma nó como un medio, sino como un fin, el acto es inmoral. Un ejemplo sencillo aclarará esta idea. El placer de la comida tiene un objeto muy útil para la conservacion del individuo; así el comer con placer, no es nada malo, sino bueno; pero el comer por el placer de la comida, es invertir el órden: el acto no es bueno. La misma accion que en el primer caso es muy racional, en el segundo es un acto de glotonería. Así lo juzga el sentido comun sin necesitar de análisis.
[269.] Viviendo el hombre solo, el uso de su libertad física, no perjudicaria jamás sino á sí mismo; el límite moral de su libertad seria el de satisfacer sus necesidades y deseos, con arreglo al dictámen de la razon. Pero viviendo los hombres en sociedad, el ejercicio de la libertad física del uno, tropieza por necesidad con el del otro; para impedir el desórden es necesario restringir un poco la libertad física de cada uno, y someterlos á todos á un órden conforme á razon, y conducente al bien general: hé aquí la necesidad de una legislacion civil. Esta no puede establecerse, ni conservarse, por sí sola: hé aquí la necesidad de un poder público. El objeto de la sociedad, es el bien general, con sujecion á los principios de la moral eterna; este mismo es el objeto del poder público.
[270.] Con la teoría que precede, se explica satisfactoriamente el doble carácter que presenta el órden moral: lo absoluto y lo relativo. La razon, el sentido comun, el corazon, nos obligan á reconocer en el órden moral algo absoluto, independiente de la consideracion de la utilidad: esto se explica, elevándose á un acto absoluto, de perfeccion absoluta; y mirando la moralidad de las criaturas, como una participacion de aquel acto. La razon y la experiencia nos enseñan que la moralidad de las acciones tiene resultados útiles; esto se explica, observando, que en aquel acto absoluto, está comprendido el amor del órden que habia de reinar entre los seres criados, para cumplir sus destinos. Este órden pues, era á un tiempo querido por Dios, y conducente al fin especial de cada criatura; será pues á un mismo tiempo moral y útil.
[271.] Pero los dos caractéres se conservan siempre esencialmente distintos: el primero, lo sentimos; el segundo lo calculamos. Cuando nos falta el primero, somos malos; cuando el segundo, somos desgraciados. El resultado doloroso, es pena, si nuestra voluntad ha infringido á sabiendas el órden; cuando nó, es simplemente desdicha.
[272.] Permítaseme lisonjearme con la idea de que esta teoría es algo mas satisfactoria, que las que han excogitado algunos filósofos modernos, para explicar la naturaleza absoluta de la moralidad. He necesitado de la idea de Dios, es cierto; porque no concibo órden moral, en quitando á Dios del mundo. Sin la idea de Dios, la moralidad no puede ser otra cosa que un sentimiento ciego, tan absurdo en su objeto, como en sí mismo; la filosofía que no lo funde en Dios, no podrá llegar jamás á una explicacion científica: deberá limitarse á consignar el hecho como una necesidad, cuyo carácter y orígen se ignoran del todo.
[273.] Añadiré una observacion que compendia toda mi teoría, y que pone de manifiesto lo que la diferencia de las otras, que reconocen en Dios el fundamento del órden moral, y el amor de Dios, por el primero de los deberes. Los sistemas á que me refiero suponen la idea de moralidad distinta de la del amor de Dios, pero yo digo que la esencia de la moralidad es el mismo amor de Dios. Así afirmo que la santidad infinita, es esencialmente el amor con que Dios se ama á sí mismo; que el acto primitivo y esencialmente moral de la criatura es el amor á Dios; que la moralidad de todas sus acciones, consiste en conformarse explícita ó implícitamente con la voluntad de Dios; lo que equivale á un amor explícito ó implícito de Dios.
Uno de los resultados mas notables de esta teoría que pone la esencia de la moralidad en el amor de Dios ó del bien infinito, es el que hace desaparecer la diferencia entre la forma de las proposiciones metafísicas y las morales, manifestando como el se debe y se ha, que se encuentra en estas, se reduce al es absoluto de aquellas (V. 210, 211, 212 y 213). Hé aquí la aplicacion de este importante resultado.
La proposicion: El amar á Dios es bueno moralmente; es una proposicion absoluta é idéntica, porque la bondad moral no es otra cosa que el amor de Dios.
La proposicion: El amar al prójimo es bueno; se reduce á la primera, porque amar al prójimo es un cierto modo de amar á Dios.
La proposicion: el socorrer al prójimo es bueno: se reduce á la anterior, porque socorrer es amar.
La proposicion: El hombre debe conservar su vida, se explica por esta otra absoluta: la conservacion de la vida del hombre, es querida por Dios. Así la palabra debe, significa la necesidad de que el hombre conserve su vida, si no quiere oponerse al órden querido por Dios.
Estos ejemplos bastan para que se vea con cuánta facilidad pueden reducirse á una forma absoluta, las proposiciones morales. Esto, no alcanzo de qué manera se podrá conseguir, si en vez de decirse: el amor de Dios es la misma moralidad; se dijese: el amor de Dios es un acto moral, distinguiendo entre el amor y la moralidad.
[274.] Sea cual fuere el juicio que se forme de esta explicacion, no puede negarse que con ella, se reconoce una sabiduría profunda, aun ateniéndonos al solo órden natural y filosófico, en aquella admirable doctrina del Divino Maestro, en que llama al amor de Dios el mayor y el primero de los mandamientos, y en que, cuando quiere señalar el carácter del bien moral, recuerda, muy especialmente, el cumplimiento de la voluntad divina.
[275.] Puesta la esencia de la moralidad en el amor, lo moral debe parecernos bello, porque nada mas bello que el amor; debe ser agradable al alma, porque nada mas grato que el amor. Entonces se comprende tambien por qué las ideas de desinterés, de sacrificio, se nos presentan tan bellas en el órden moral, y nos hacen rechazar instintivamente la teoría del interés propio: nada mas desinteresado, que el amor; nada mas capaz de grandes sacrificios que el amor.
[276.] Así el egoismo queda desterrado del órden moral: Dios se ama á sí mismo, porque es infinitamente perfecto; fuera de sí no encuentra nada que amar, que él no haya criado. El amor que tiene á las criaturas es completamente desinteresado, porque nada puede recibir de las mismas. La criatura se ama á sí propia y ama tambien á las demás; pero este amor, no es de un egoismo estrecho, sino que ama en sí misma, y en sus semejantes, el reflejo del bien infinito. Desea unirse con el bien supremo, y en esto pone su última felicidad; pero este deseo lo enlaza con el amor del bien supremo en sí mismo, y no le ama precisamente porque de ello deba resultar su propia felicidad.