SE FORMULA Y DEMUESTRA EL PRINCIPIO DE CAUSALIDAD.
[55.] El principio de causalidad, ó sea esta proposicion: todo lo que comienza ha de tener una causa; ha sido puesto en duda en los últimos tiempos; por lo cual es necesario dejarle á cubierto de todo género de ataques. Creo posible conseguirlo, presentando la doctrina de los capítulos anteriores bajo un punto de vista luminoso, que destierre todas las dudas y acabe con todas las dificultades. Ruego al lector que me siga con atencion por algunos momentos en el raciocinio que voy á presentarle.
[56.] Tomemos un ser cualquiera que llamaremos A. Para que se le pueda aplicar el principio de causalidad, es preciso que haya comenzado á ser, y que antes no existiese; porque si no suponemos este comienzo, A debiera haber existido siempre.
Tenemos pues, que hay una duracion asignable en que no habia A; y en que habia no A. Y que así en el órden de la duracion ha habido una pequeña serie de dos términos:
no A, A.
Comenzar es pasar del primer término no A, al A. El principio de causalidad dice: que no es posible el tránsito del primer término al segundo, sin que intervenga un tercer término, B, que debe ser algo real.
[57.] ¿Qué representa el término no A, por sí solo? la pura negacion del A; el puro nada de A. En el concepto del no A, en vez de encontrar el A, vemos su término contradictorio; por manera que lejos de estar incluido el segundo en el primero, se excluyen, y hacen verdadera absolutamente esta proposicion: Es imposible que no A, y A, existan á un mismo tiempo. Así, del concepto no A, es imposible que salga jamás el A; y por consiguiente, si no hay un término real, para hacer el tránsito, nunca se puede pasar del no A, al A, ni aun en el órden puramente ideal.
[58.] Nótese bien que no quiero decir que concibiendo el no A, de suerte que se negase el A, como conocido, fuera imposible concebir el A; pues es evidente, que quien concibiese el no A, ya concebiria el A, y aun podria concebirle, enteramente solo, con solo quitar la negacion; sino que en el supuesto de que hubiese un concepto del no A, absoluto, acomodado al no A, absoluto objetivo, jamás saldria de este concepto el A; y si bien se reflexiona, no habria ni siquiera concepto; pues que el pensamiento de negacion pura, no es pensamiento, no es concepto. Así, habria una ausencia absoluta de concepto; y en el órden puramente ideal nos hallaríamos en el primer término de la serie, en la negacion pura: no A, sin ningun medio para pasar al segundo: A.
[59.] Los que niegan pues el principio de causalidad, conciben el tránsito del no A, al A, sin ninguna razon, sin ningun intermedio: ellos que niegan la creacion, admiten una cosa mil veces mas incomprensible que la creacion. ¿De dónde infieren la posibilidad de este tránsito? Nó de la experiencia, porque esta no les ofrece sino sucesion, y por tanto ninguna aparicion absoluta, á la manera que ellos fingen; nó de la razon, pues que esta no alcanza á hacer salir de una pura negacion un concepto positivo.
[60.] ¿Cómo se pasa del no A, al A? Los que reconocen el principio de causalidad dicen que se pasa con la accion de B, que llaman causa. Si se trata de producir una substancia, hacen intervenir la accion de un ser en quien suponen un poder infinito. Pero los que niegan el principio de causalidad, no pueden responder nada á dicha pregunta; sino que se pasa del no A, al A, absolutamente. Fingen el instante M, en que A no existia; y luego el instante N, en que A existe. ¿Por qué? no alegan razon ninguna: sin saber cómo, ha surgido de la nada el A, sin la accion de nada. Esto es una contradiccion manifiesta.
[61.] El principio de causalidad se funda en las ideas puras de ser y no ser. Puesto el no ser solo, vemos evidentemente que no puede comenzar el ser. El principio es pues puramente ontológico: los que apelan á solas razones de experiencia para establecerle ó combatirle, plantean mal la cuestion: la sacan de su verdadero terreno: confunden la noticia de la causalidad con la nocion ó idea de la causalidad.
Los filósofos que no salgan del órden sensible, no pueden afianzar sólidamente este principio: por cuya razon, solo han caido en el error ó en la duda sobre este punto, los que no admiten mas ideas que las sensaciones; y debieran haber caido en la misma duda todos los sensualistas, si hubiesen sido bastante lógicos para sacar las últimas consecuencias de su doctrina.