ESCENA V
ROSA y JUAN JOSÉ
Juan José.
(Luego de hacer la pausa que indica la acotación anterior, avanza algunos pasos hacia Rosa y se detiene, sin apartar los ojos de ella.) ¡Con qué lujo vives!... ¡Y qué bien trajeá estás!... ¡Vaya, que no te has vendido por cualquier cosa!... (Con sarcasmo y dolor.)
Rosa.
¡Dios mío!... (Sin atreverse á cambiar de actitud.)
Juan José.
(Con sarcasmo.) ¿No te atreves á volverte pa mí?... ¿Tienes miedo?... ¿Te da reparo hablar conmigo?... ¡Reparo!... ¡Bueno que lo tuvieses antes de que yo robara pa tí! ¡Entonces yo era honráo y tú no!... ¡Ahora somos iguales!
Rosa.
(En la misma actitud y con tono de súplica.) ¡Juan José!...
Juan José.
¿Conque tienes miedo?... ¡Claro! ¡La sorpresa! (Con ira reconcentrada.) ¿Cómo ibas á pensarte, que yo, condenáo á ocho años de presidio, iba á venir, así, de pronto y á entrar en tu casa y á echarte en cara el mal que me has hecho?... ¿Cómo ibas á pensarlo?... (Con amenazadora calma.) ¡Pues he venido; ya lo ves!
Rosa.
¡Has venido!...
Juan José.
¡Sí! (Cogiendo á Rosa por el brazo y obligándola á que se vuelva hacia él.) ¡Vamos, vuélvete de frente pa mí! (Con cólera.) ¿Sabes á qué he venido?
Rosa.
(Con terror.) ¡Oh!... ¡Por caridá!
Juan José.
¡Caridá!... ¿De quién voy á tenerla?... ¿La ha tenido alguien de mí en el mundo?
Rosa.
¡Tenla tú de mí! (Como aturdida y sin saber lo que dice.) ¡Vete, por Dios! ¡Vete!
Juan José.
¡Que me vaya! (Rompe á reir con risa siniestra.) Mira; no creía reirme y me has hecho reir... ¡Que me vaya!... ¡Estás loca!
Rosa.
(Con espanto.) ¿Á qué vienes?... ¿Á qué vienes? dilo...
Juan José.
Á cobrarme en una hora ocho meses de angustia. ¡Ocho meses que he pasáo dentro de una prisión, abandonáo, solo, imaginando!... ¡imaginando la verdá! ¡que me habías dejáo por otro!... ¡Qué noches tan horribles las mías!... ¡Cuando mi cabeza se dejaba caer en la almohada de crín, veía la tuya dejándose caer en el hombro de él, y miraba tus ojos puestos en los del otro, mientras se clavaban los míos en la oscuridá, y os contemplaba juntos, muy juntos; mientras yo mordía la manta pa ahogar mis sollozos!... ¡Eso he hecho yo, blasfemar, llorar, dudar de tí, y después, ni dudar siquiera, convencerme de tu engaño y huir de la cárcel, y buscarte á tí, y buscarle á él!... ¡Y aún me preguntas á qué vengo á esta casa!... Vengo á matar á Paco.
Rosa.
(Con terror.) ¡Á matarle!
Juan José.
¡Sí!
Rosa.
¡Tú matarle á él!... ¡Tú matar á mi Paco!
Juan José.
(Con odio y asombro.) ¡Tu Paco!... ¿Has dicho tu Paco?... ¡Y lo dice delante de mí! (Con ira y amargura profundas.) ¿Pero, te has olvidáo, de que primero que él fuese tu Paco, he sido yo tu Juan José?
Rosa.
(Con terror.) ¡Márchate!... ¡Márchate por Dios!... ¡Si él viniese!...
Juan José.
Eso aguardo; que venga. ¿No ves que de tí no he habláo entoavía?... ¡Que no te digo aún lo que de tí deseo!... Pues es por eso; porque le espero á él; á Paco; ¡á tu Paco!...
Rosa.
(Con ansiedad.) ¡No; no harás lo que dices! ¡Yo lo evitaré!
Juan José.
(Con desprecio.) ¿Cómo?
Rosa.
¡Avisando!... ¡Gritando!
Juan José.
(Con ferocidad.) ¿Avisarle?... No tienes tiempo. ¡Gritar!... Tan cierto como te he querido con toda mi alma, que si gritas, te mato á tí también.
Rosa.
(Aterrada.) ¡No, Juan José! ¡Te lo suplico!... ¿Quieres que te lo pida con los brazos en cruz?... ¡No le esperes!... ¡Perdóname!... ¡Vete!
Juan José.
¡Perdonarte cuando pides por él!... ¡Irme!... ¡Claro; tan hecha estás á mandar en mí, á que nunca haya dicho «no» cuando me has suplicáo, que hasta ahora mismo, en este momento, crees que te haré caso, que me iré!... Crees mal; no me voy. Espero.
Rosa.
¡Por piedá!
Juan José.
¡Piedá!... ¡Á otros hombres pueden ablandarles el corazón pidiéndoles por sus padres, por sus hermanos, por sus hijos, por un cariño que tire de ellos!... ¡Á mí, no! ¡Yo no he tenido padres, ni hermanos, ni familia!... ¡Nada!... ¡Te tenía á tí, y te he perdido! ¡No hay nadie que pueda llamar á éste, (El corazón.) nadie! ¡Conque no supliques, porque tus súplicas dan en piedra!
Rosa.
¡Oye!...
Juan José.
(Con firmeza.) ¡No has oído que no! (Prestando atención hacia fuera.) ¡Suben!...
Rosa.
(Poniendo también atención.) ¡Sí! (Con angustia.) ¡Es él!... ¡Son sus pasos! (Con terror.)
Juan José.
¡Sus pasos!... (Con amargura é ira.) ¡Conoces sus pasos!... Nunca has conocido los míos. (Con desesperación.) Te juro que no volverás á oir los de él. (Se dirige al fondo.)
Rosa.
¡No! (Tratando de detener á Juan José.)
Juan José.
¡Que no! ¡Pues si la esperanza de matarlo es lo único que me tiene vivo!... ¡Quita, mujer, quita!... (Rechaza á Rosa con violencia: ésta cae al suelo y Juan José sale precipitadamente por el fondo, cuya puerta cierra tras él.)