EPÍLOGO.

¿Qué podia tardar Arturo en saber los sucesos que acababan de desarrollarse? Cayó la noticia como un rayo de nieve que heló para siempre su corazon, i que redujo a escombros el frájil castillo de sus ilusiones i de su felicidad. Lleno su corazon de las calientes cenizas del pasado; lleno del infortunio que cruzó su camino en la víspera de su felicidad, cruzó a su vez los mares en direccion a España, cargado de riquezas i desengaños.

Sin embargo, como un postrer homenaje al pasado, como un último tributo a su amor, cumplió su oferta de llevar consigo a Alberto para encargarse de su educacion. Así vió Raquel coronado de prosperidad al hijo lejítimo de su amor, i coronado de martirio al fruto criminal de su deslíz.

La familia quedó sumida en la miseria.