CATEDRAL


Misa cantada, con órgano. MARGARITA entre la gente. EL ESPÍRITU MALO detrás de MARGARITA

El Espíritu malo

¡Cuán otra, Margarita desdichada,

en venturosos días,

inocente, serena, inmaculada,

al sacro altar venías!

En ese libro, profanado luego,

orabas balbuciente,

compartiendo entre Dios y el pueril juego

tu espíritu inocente.

Hoy, ¡mísera de ti!, ¿qué sangre esmalta

tu puerta enrojecida?

¿Rezas, di, por tu madre, que tu falta

purga en la eterna vida?

En las entrañas, con latir extraño,

¿no sientes –¡infelice!–

algo que, por tu mal y por su daño,

su aparición predice?

Margarita

¡Oh cielos! ¡Si apartar de mí pudiera

mis propios pensamientos,

que todos contra mí, con saña fiera,

revuélvense violentos!

Coro

Dies iræ, dies illa,

solvet sæclum in favilla.

(Órgano.)

El Espíritu malo

¡Llenan tu corazón sombras y horrores!

Ya suena, ya retumba

la trompeta fatal, y a sus clamores

se estremeció la tumba.

Sobre frías cenizas apagadas

dormía tu alma yerta;

hoy, entre abrasadoras llamaradas,

de súbito despierta.

Margarita

¡Quisiera huir!... Me angustian los lamentos

del órgano sonoro;

mi corazón desgarran los acentos

de ese fúnebre coro.

Coro

Judex ergo cum sedebit,

quidquid latet apparebit,

nil inultum remanebit.

Margarita

¡Oh cielos! ¡Sobre mí vienen los muros

del templo, y juntamente

bajan los arcos lóbregos y oscuros!

¡Qué opresión!... ¡Aire! ¡Ambiente!

El Espíritu malo

¿Dónde te escondes? ¿Dónde te sepultas?

Allá donde tú fueres

la deshonra verán, que en vano ocultas;

¡y aún luz, y aún aire quieres!...

Coro

Quid sum miser tunc dicturus?

quem patronus rogaturus?

cum vix justus sit securus.

El Espíritu malo

¡Pobre de ti! Los bienaventurados

con severos enojos

apartan de tu rostro, avergonzados,

sus ofendidos ojos.

Niégante ya los corazones puros

piedad en tu ruina:

¡Ay de ti!

Coro

Quid sum miser tunc dicturus?

Margarita

¡El frasquito, vecina!

(Cae desmayada.)