PASEO
FAUSTO, pensativo,
yendo y viniendo. MEFISTÓFELES se dirige a él.
Mefistófeles
¡Por las llamas del Averno!...
¡Por las burlas del amor!...
Si algo hay más malo, por ello
quiero jurar, ¡voto a bríos!
Fausto
¿Qué tienes? ¿Qué te acongoja?
¿Has perdido la razón?
Un gesto como ese gesto
no vi nunca.
Mefistófeles
Tal estoy,
que me diera hoy mismo al Diablo,
si el Diablo no fuese yo.
Fausto
¿Qué te pasa?
Mefistófeles
¿Qué me pasa?
El petardo más atroz...
El regalo de tu niña
un cura me lo birló.
Apenas lo vio la madre,
entrole pasmo y temblor:
tiene el olfato muy fino
la buena sierva de Dios;
escudriñándolo todo
anda, con ojo avizor,
para indagar si las cosas
santas o profanas son,
y que no era don divino
el presente adivinó.
«Bienes mal ganados, dijo,
corrompen el corazón:
llevemos, hija, estas joyas
a la Madre del Señor,
para conseguir la gracia
por su santa intercesión.»
La pobre Margaritica
torció el gesto y observó
que a caballo dado..., y luego
un hombre sin religión
no ha de ser quien tan amable
se presenta. Al confesor
llama la madre, y el lance
le cuentan entre las dos.
Todo jubiloso el cura
exclama: «Tenéis razón:
quien renuncia humanos bienes,
otros logra de más pro.
La Iglesia tiene buen vientre:
ella acepta cualquier don;
y a veces reinos enteros,
por mayor gloria de Dios,
tragó, sin sentir por ende
empacho ni indigestión.
Solo a la Iglesia, señora,
tal privilegio se dio.»
Fausto
Los reyes y los judíos
gozan de igual distinción.
Mefistófeles
Y así, diciendo y haciendo,
con la frescura mayor,
el cura, collar, zarcillos
y sortijas se embolsó;
y cual si fueran un cesto
de nueces, sin más adiós
ni más gracias, me las deja,
dándoles la bendición.
Fausto
¿Y Margarita?
Mefistófeles
Mohína,
recelosa, y... ¿qué sé yo?
¡Si ella misma no comprende
lo que pasa en su interior!
Pero asegurarte puedo
que, dándose cuenta o no,
piensa mucho en el obsequio
y en el fino obsequiador.
Fausto
¡Pobre niña! Sus congojas
me llegan al corazón.
Venga otro estuche, que al cabo
no era aquel de gran valor.
Mefistófeles
Para Vuestra Señoría
baratijas todo son...
Fausto
Haz lo que te digo, y toma
el consejo que te doy:
aplícate a la vecina.
A diablo predicador
no te metas. ¿Faltan joyas?
Tráelas, pues.
Mefistófeles
Por ellas voy.
(Fausto se va.)
Capaz sería este loco,
por divertir a su amor,
de hacer fuegos de artificio
con estrellas, luna y sol.