FRAGMENTO.
Ora pro nobis.
Vé á rezar, hija mia. Mira: la noche llega,
un planeta dorado allá su luz desplega,
la bruma de los valles se extiende por doquier;
apenas por la sombra cruza algun peregrino,
todo busca reposo; del árbol del camino
el viento de la tarde hace el polvo caer.
El crepúsculo, abriendo la noche por Oriente,
hace brillar los astros con claridad creciente,
descolora el ocaso su franja de carmin;
sobre el agua, el reflejo de los astros se mece,
surcos, senderos, bosques, todo se desvanece,
el pasajero inquieto duda por dónde ir.
El dia es para el dolo, el mal y la fatiga.
Recemos. Vé la noche. ¡La noche, dulce amiga!
De la torre en las grietas el viento gemidor,
las aguas, los rebaños con su voz agitada,
todo sufre y se queja; la natura cansada
necesita reposo, rezo, silencio, amor.
Es la hora en que los niños hablan con otros séres,
y mientras que corremos tras extraños placeres,
ellos murmuran todos una plegaria igual;
y con las manos juntas, de rodillas postrados,
piden, hácia los cielos los brazos levantados,
gracia para nosotros al Padre Universal.
Y dormirán á poco; entónces, en la sombra,
sueños de oro, en alegre tropel que el alma asombra,
que nacen con los ruidos del dia al espirar,
de léjos atraidos por sus labios de grana,
cual vuelan las abejas sobre la flor lozana,
de su lecho en los pliegues se vendrán á posar.
¡Oh sueño de la cuna! ¡Plegaria de la infancia!
¡Voz que siempre acaricia del mal en la ignorancia,
religion que se esparce y sonrie al surgir,
preludio del concierto que en la noche se exhala!...
Como el pájaro esconde su pico bajo el ala,
en la oracion el niño mece su alma al dormir.