MEDITACION.
Hundo en el polvo la soberbia frente
que, cual reto orgulloso,
erguida un dia, levanté á la altura;
pára asombrado el corazon valiente
su latido anheloso,
y la vista que ayer al sol miraba,
hoy se clava en la tierra
temerosa y sombría.
¿Y qué poder me aterra?
¿Qué causa hubo tan fuerte que ha vencido
el salvaje valor del alma mia?
Una idea no más; una palabra
que el viento ha hecho llegar hasta mi oido
ignorando el pesar que me produce.
¡Dios! ¡Idea infinita,
imposible verdad, tonante dueño
de cuanto en el vacío
cruza, bulle y se agita
arrastrado en contínuo movimiento!
¡Dios! ¡La fuerza que crea
cuanto concibe el hondo pensamiento;
la mano que aniquila indiferente
para crear de nuevo... ¡Oscura idea!
Yo creia en un Dios cuando era niño;
con santa uncion su nombre pronunciaba
durmiéndome con él entre los labios;
Él era quien me daba
tranquilo sueño y plácidas visiones,
Él tambien quien mis cortas soledades
guardaba de terror y apariciones.
Padre amante, curaba cuidadoso
los males que en mi seno se escondian,
y guardaba piadoso
la vida de mis padres,
que conmigo su nombre bendecian.
Despues, con mis ideas trasformado,
tambien en él creí. Yo le veia
entre las vagas nubes que colora
el sol que presta su matiz dorado
á la primer sonrisa de la aurora;
la armonía solemne,
grave, dulce y pausada,
que encanta los sentidos
en la tarde serena
de luz, de aromas y de cantos llena,
era su voz; el rayo su mirada;
el ronco trueno, el ruido de su carro
que cruzaba el Empíreo;
su espejo el ancho mar; su manto el cielo,
y el sol esplendoroso su sonrisa.
Y en una y otra edad le comprendia,
sentia su presencia en el ambiente
que el pecho respiraba...
¡Ah! tambien hoy le siente
mi sér al agitarse entre la duda,
pero en las sombras del temor se escuda
y en vano busco su mirada ardiente;
porque mi entendimiento limitado
recorre con afan de una á otra idea
el campo estrecho que le dió el destino,
y nunca llega al límite anhelado
sin caer en grosero desatino.
¡Vano afan! Pensamiento equivocado.
¿Cómo medir con la ligera copa
que el labio apura en solo un movimiento
la inmensidad del mar?... ¡Y solicito
medir con el pigmeo pensamiento
la idea sin igual del infinito!...