CAPITULO IX.

En que se da razon del justo motivo, que tuvo nuestro Gerundio para no salir todavía de la Gramática, como lo prometió el Capítulo passado.

Admirado estará, sin duda, el curioso Lector, de que, haviéndose dicho en el Capítulo antecedente, como salia en él de la Gramática el ingenioso y aplicado Gerundico, todavía le dexemos en ella, oyendo con atencion las acertadas lecciones de su Doctíssimo Preceptor, contra la fé de la Historia, ó á lo ménos contra la inviolable fidelidad de nuestra honrada palabra. Pero si quisiere tener un poco de paciencia, y prestar oídos benignos á nuestras poderosíssimas razones, puede ser, que se arrepienta de la temeridad y de la precipitacion, con que ya en lo interior de su corazon nos ha condenado sin oírnos.

2. Lo primero es una intolerable esclavitud, por no llamarla ridícula servidumbre, esto de querer obligar á un pobre Autor á que cumpla lo que promete, no solo en el título de un Capítulo, sino en el título de un Libro. Qué Escritura de obligacion hace el Autor con el Lector para obligarle á esso, ni en juicio, ni fuera de él? Y assí vemos, que Autores, que no son ranas, ponen á sus Libros los títulos que se les antoja, aunque nunca tengan parentesco con lo que se trata en ellos, y ninguno los ha hablado palabra, ni por esso han perdido casamiento. Verbi gratia, al leer el título de Margarita Antoniana, ó de Antoniana Margarita, con que bautizó su Obra el famosíssimo Español Gomez Pereyra, que fué el verdadero Patriarcha de los Descartes, de los Newtones, de los Boyles, y de los Leibnitzes; quien no creerá, que va á regalarnos con algun curiosíssimo Tratado sobre aquella margarita ó aquella perla, que valia no sé quantos millones, con la qual, desatada en vino, ó en agua (que esto aún no está bien averiguado), brindó Cleopatra á la salud de su Antonio, ó se la dió á este de colacion en un dia de ayuno, que de una y otra manera nos lo cuentan las Historias? Pues no, señor, no es nada de esso. La Antoniana Margarita no es mas que un delicadíssimo Tratado de Philosophía, para probar que los brutos no tienen alma sensitiva, y para citar á juicio, con esta ocasion, otras muchas opiniones de Aristóteles, que por larga serie de Siglos estaban en la quieta y pacífica possession de ser veneradas en las Escuelas, no solo como opiniones de tal Autor, sino como principios indisputables, que solo el dudar de ellos seria especie de herética pravedad: y no obstante aquel travieso, sútil, y litigioso Gallego, se atrevió á ponerles á pleyto la propiedad, ya que no pudiesse litigarles la possession. Pero por qué puso á su Obra un título tan distante del assunto? Por qué? por una razon igualmente fuerte que piadosa, y que ninguno se la impugnará: porque su padre se llamaba Antonio, y su madre Margarita; y ya que no se hallaba con caudal para fundar un Aniversario por sus almas, quiso á lo ménos dexar fundada esta agradecida memoria. Pues que se me vengan ahora á hacerme cargo, de que no cumplo lo que ofrezco en mis Capítulos.

3. Amen de esso: por grave que sea el Capítulo de un Libro, lo será nunca tanto como el Capítulo de una Religion? Y no obstante, quantas veces vemos, que nada de lo que se decia al principio del Capítulo sale despues al fin de él? Y qué Capítulo se ha declarado hasta ahora nulo, precisamente por este motivo? Finalmente, si un pobre Autor comienza á escribir un Capítulo con buena y sana intencion de sacarle moderado, y de justa medida y proporcion, y de cumplir honradamente lo que prometió al principio de él, y despues se atraviesan otras mil cosas, que ántes no le havian passado por el pensamiento, y le da gran lástima dexarlas; es possible que no se le ha de hacer esta gracia, ni dissimularle esta flaqueza, siendo assí, que á cada passo vemos en las conversaciones atravesarse especies, que interrumpen el hilo del assunto principal por una y por dos horas, y no por esso se hacen aspamientos, ántes bien se llevan en paciencia adversidades y flaquezas de nuestros próximos, y vamos adelante. Pues, por qué no se usará la misma charidad, y se exercitará la misma obra de misericordia con los Autores y con los Libros? Fuera de que, no seria gran lástima, que, solo por cumplir con lo que prometió el Capítulo inconsideradamente, sacássemos á nuestro Gerundio de la Gramática ántes de tiempo, y sin haver oído otras lecciones, no ménos curiosas que necessarias, con que enriquecia á sus discípulos el pedantíssimo Maestro?

4. Decíales, pues, que en sus composiciones Latinas, fuessen de la especie que se fuessen, se guardassen bien de imitar el estilo de Ciceron, ni alguno de aquellos otros estilos, á la verdad propios, castizos, perspicuos, y elegantes; pero por otra parte tan claros y tan naturales, que qualquiera Lector, por boto que fuesse, comprehendia luego á la primera ojeada lo que le querian decir. Esto por varias razones, todas á qual mas poderosas: la primera, porque hasta en las Sagradas Letras se alaba mucho á aquel no ménos valeroso que discreto Héroe, que trataba las Ciencias magníficamente: Magnifice etenim scientiam tractabat; y ciertamente nada se puede tratar con magnificencia, quando se usa de voces obvias, triviales, y comunes, aunque sean muy propias y muy puras. La segunda, porque, si no se procura tener atada la atencion de los lectores y de los oyentes con la obscuridad, ó á lo ménos, con que no esté á primer folio la inteligencia de la frase, enseña la experiencia, que unos roncan, y otros piensan en las babias, por quanto es muy volátil la imaginacion de los mortales. La tercera, porque, miéntras el Lector anda revolviendo Calepinos, Vocabularios, y Lexicones, para entender una voz, se le queda despues mas impresso su significado, y á vueltas de él la doctrina y el pensamiento del Autor. La quarta, y mas poderosa de todas, para que sepan essos Extrangerillos, que notan el Latin de los Españoles de despeluzado, incurioso, ó desgreñado, que tambien acá sabemos escribir á la papillota y sacar un Latin con tantos bucles, como si se huviera peynado en la calle de San Honorato de Paris: lo que no es possible que sea, miéntras no se ande á caza de frases escogidas, crespas, y naturalmente ensortijadas.

5. «Ahí teneis al Inglés, ó al Escocés Juan Barclayo (que yo no tengo ahora empeño, en que fuesse de Londres ó de Edimburgo), el qual no dirá exhortatio, aunque le quemen, sino parænesis, que significa lo mismo, pero un poco mas en Griego; ni obedire por obedecer, que lo dice qualquiera Lego, sino decedere, que, sobre tener mejor sonido, es de significado mas abstruso, por lo mismo que es equívoco. Llamar Prologus al Prólogo, qué Lego no entenderá esse Latin? llamarle Proœmium suena á zaguan de Lógica: Præfatio parece cosa de Missal, y luego ofrece á la imaginacion la idéa del Canto Gregoriano: llámese Alloquium, Ante-loquium, Præloquium, Præloquutio, y dexadlo de mi cuenta. Al estilo doctrinal llámesele siempre en Latin Stilus didascalicus, y cayga quien cayere: quando se quiera notar á algun Autor Latino, aunque sea de los mas famosos, de que aún no ha cogido bien el ayre de la lengua Romana, y que hasta en ella se descubre el propio de la suya Nacional, dígase: á Dios, te la depare buena, redolet Patavinitatem; porque, si bien es assí, que todavía no han convenido los Gramáticos en el verdadero significado de esta voz, qualquiera que la usa queda ipso facto calificado de un Latino, que se pierde de vista, elegante, culto, y terso. Sobre todo os encargo mucho, que ni á mí, ni á algun otro Preceptor, Maestro, ó Doctor, apellideis jamas con los vulgaríssimos nombres de Doctor, Magister, Præceptor. Jesus, qué parvulez, y qué patanismo! A qualquiera que enseñe alguna facultad, llamadle siempre Mystagogus; porque, aunque es cierto, que no viene á propósito, aun el mismo, que lo conoce, os lo agradecerá, por ser voz, que presenta una idéa mysteriosa y extraordinaria. La mejor advertencia se me olvidaba. Es de la mayor importancia: quando leais alguna Obra Latina, de las que están mas en voga (frase que me cae muy en gracia), decir de quando en quando: hic est Trasonismus, este es Trasonismo: y no os dé cuidado, que vosotros, ni los que os oyeren, entendais bien lo que en esso quereis decir; porque yo os empeño mi palabra de que los dexareis aturrullados, y arqueando los ojos de admiracion. Con esto, y con hacer grande estudio en no escribir jamas trabados los diphtongos de a y e, ni de o y e, como lo han hecho hasta aquí muchos Latinos honrados, sino con sus letras separadas, escribiendo, v. g. feminae en lugar de feminæ, y Phoebus en vez de Phœbus; con no contar las datas por los dias del mes, sino por las Kalendas, los Idus, y las Nonas; con guardaros mucho de no llamar á los meses de Julio y Agosto con sus nombres sabidos y regulares, sino con los de Quintilis y Sextilis, como se llamaban in diebus illis; y finalmente con desterrar los números Arábigos de todas vuestras composiciones Latinas, usando siempre de las letras Romanas, en vez de números, y essas dibujadas á la antigua, v. gr. para poner anno millesimo septingentesimo quinquagesimo quarto, año de mil-setecientos-y-cinquenta-y-quatro, no poner, como pudiera un Contador ó un Comerciante, anno 1754, sino an. CIↃ.DCC.LIV: digo, hijos mios, que con solo esto podeis echar piernas de latin por todo el mundo: et peream ego, nisi cultissimi omnium latinissimorum hominum audieritis

6. Muy atento estaba nuestro Gerundio á las lecciones del Dómine, oyéndolas con singular complacencia, porque como tenia bastante viveza, las comprehendia luego; y por otra parte, como eran tan conformes al gusto extravagante, con que hasta allí le havian criado, le quadraban maravillosamente. Pero como vió, que el Dómine inculcaba tanto en que el latin fuesse siempre crespo, y todo lo mas obscuro que fuesse possible; y por otra parte, en fuerza de la inclinacion, que desde niño havia mostrado á predicar, su Padrino el Licenciado Quijano le havia enviado los quatro tomos de Sermones del famoso Juan Raulin, Doctor Parisiense, que murió en el año de 1514, los quales, por ser de un latin muy llano, muy chavacano, y casi macarrónico, los entendia perfectamente Gerundico, dixo al Dómine muy desconsolado, hablándole en latin, porque havia pena para los que en el Aula hablassen en romance: Domine, secundum ipsum, quidam sermones latini, quos ego habeo in pausatione mea, non valebunt nihil, quia sunt plani, et clari sicut aqua: Pues, Señor, segun esso, unos Sermones Latinos, que yo tengo en mi posada, no valdrán nada, porque son llanos y claros como el agua. — Qui sunt hi sermones? le preguntó el Dómine: Qué Sermones son essos? — Sunt cujusdam Prædicatoris, respondió el chico, qui vocatur Joannes de... non me recordor, quia habet appellitum multum enrebesatum: Son de un Predicador, que se llama Juan de... no me acuerdo, porque tiene un apellido muy enrevesado. — De quo agunt? le volvió á preguntar el Dómine; de qué tratan? — Domine, respondió el muchacho, de multis rebus, quæ faciunt ridere: Señor, de muchas cosas, que hacen reír. — «Anda, ve, y tráhelos, le dixo el Preceptor, y veremos, qué cosa son ellos, y qué cosa es el latin.»

7. Partió volando el obediente Gerundio; traxo los Sermones; abrió el Dómine un tomo, y encontróse con el Sermon 3. de Viduitate, donde leyó en voz alta este admirable passage.

8. Dicitur de quadam vidua, quod venit ad Curatum suum, quærens ab eo consilium, si deberet iterum maritari, et allegabat, quod erat sine adjutorio, et quod habebat servum optimum, et peritum in arte mariti sui. Tunc Curatus dixit: Bene, accipite eum. E contrario illa dicebat: Sed periculum est accipere illum, ne de servo meo faciam Dominum. Tunc Curatus dixit: Bene, nolite eum accipere. Ait illa: quomodo ergo faciam? Non possum sustinere pondus illud, quod sustinebat maritus meus, nisi unum habeam. Tunc Curatus dixit: Bene, habeatis eum. At illa: sed si malus esset, et vellet me disperdere et usurpare? Tunc Curatus: non accipiatis ergo eum. Et sic Curatus semper juxta argumenta sua concedebat ei. Videns autem Curatus, quia vellet illum habere, et haberet devotionem ad eum, dixit ei, ut bene distincte intelligeret, quid campanæ Ecclesiæ ei dicerent, et secundum consilium campanarum quod ipsa faceret. Campanis autem pulsantibus intellexit, juxta voluntatem suam quod dicerent: prends ton varlet, prends ton varlet. Quo accepto, servus egregie verberavit eam, et fuit ancilla, quæ prius fuerat domina. Tunc ad Curatum suum conquesta est de consilio, maledicendo horam, qua crediderat ei. Cui ille: non satis audisti, quid dicant campanæ. Tunc Curatus pulsavit campanam, et tunc intellexit, quod campanæ dicebant: ne le prends pas, ne le prends pas: tunc enim vexatio dederat ei intellectum.

9. No obstante la seriedad innata y congénita del gravíssimo Preceptor, afirma un Autor coetaneo, sýncrono, y fidedigno, que, al acabar de leer este gracioso trozo de Sermon, no pudo contener la risa; y, para que le entendiessen hasta los niños que havian comenzado aquel año la Gramática, mandó á Gerundio, que le construyesse. Este dixo, que de puro leerle se le havia quedado en la cabeza, y que sin construirle, si queria su merced, le relataria todo seguidamente, y aun le predicaria como si fuera mesmamente el mismo Predicador. Parecióle bien la proposicion, hizo silencio, dando sobre la mesa tres golpes con la palma: plantóse Gerundio con gentil donayre enmedio del general; limpióse los mocos con la punta de la capa; hizo la cortesía con el sombrero á todos los condiscípulos, y una reverencia con el pié derecho, á modo de quien escarba; volvió á encasquetarse el sombrero, gargajeó, y comenzó á predicar de esta manera, siguiendo punto por punto el Sermon de Juan Raulin.

10. «Cuéntase de cierta viuda, que fué á casa de su Cura á pedirle consejo, sobre si se volveria á casar, porque decia, que no podia estar sin alguno, que la ayudasse, y que tenia un criado muy bueno, y muy inteligente en el oficio de su marido. Entónces la dixo el Cura: Bien, pues cásate con él. Mas ella le decia: pero está á pique, si me caso con él, que se suba á mayores, y que de criado se haga amo mio. Entónces el Cura la dixo: Bien, pues no te cases tal. Pero ella le replicó: no sé, que me haga; porque yo no puedo llevar sola todo el trabajo que tenia mi marido, y he menester un compañero, que me ayude á llevarle. Entónces la dixo el Cura: Bien, pues cásate con esse mozo. Mas ella le volvió á replicar: y si sale malo, y quiere tratarme mal, y desperdiciar mi hacienda? Entónces el Cura la dixo: Bien, pues no te cases. Y assí la iba respondiendo siempre el Cura, segun las proposiciones y las réplicas, que la viuda le hacia. Pero al fin, conociendo el Cura, que la viuda en realidad tenia gana de casarse con aquel mozo, porque le tenia passion, díxola, que atendiesse bien lo que la dixessen las Campanas de la Iglesia, y que hiciesse segun ellas la aconsejassen. Tocaron las Campanas, y á ella le pareció que la decian, segun lo que tenia en su corazon: ca-sa-te-con-él, ca-sa-te-con-él. Casóse, y el marido la azotó, y la dió de palos tan lindamente, passando á ser esclava, la que ántes era ama. Entónces la viuda se fué al Cura, quejándose del consejo, que la havia dado, y echando mil maldiciones á la hora, en que le havia creído. Entónces el Cura la dixo: sin duda, que no oíste bien lo que decian las Campanas. Tocólas el Cura, y á la viuda le pareció entónces, que decian clara y distintamente: no-te-cases-tal; no-te-cases-tal; porque con la pena se havia hecho cuerda.»

11. Aplaudió mucho el Dómine lo bien que Gerundio havia entendido el cuento del Predicador, y la gracia con que le havia recitado, conociendo, que sin duda havia de tener mucho talento para predicar: los condiscípulos tambien le vitorearon, y rieron mucho el cuento. Pero el Preceptor, volviendo á tomar la palabra, hizo algunas reflexiones sérias y juiciosas, acabando con otras, que no podian ser mas ridículas. «Por lo que toca al latin, dixo á sus discípulos, es muy chavacano, y aun los mismos, que gustan de latin claro y corriente, no le aprobarán, porque esse no tanto es claro y natural, quanto apatanado y soez (en lo qual tenia muchíssima razon). Pero haveis de notar una cosa, y es la poca razon, que tienen algunos señores Franceses para hacer mucha burla del latin de los Españoles, tratándonos de bárbaros en punto de Latinidad, y diciendo, que siempre hemos hablado esta lengua, como pudieran hablarla los Godos, y los Vándalos. Esto, porque huvo tal qual Autor nuestro, que realmente escribió en un latin charro y guedejudo, ó como latin de Boticario y Sacristan. Ea Monsiures, démonos todos por buenos, que si acá tuvimos nuestros Garcías, nuestros Cruces, y nuestros Pedros Fernandez, tambien ustedes tuvieron sus Raulines, sus Maillardos, sus Barletas, sus Menotos; y en verdad, que su Autor de ustedes, el célebre Monsieur du Cange, en el vocabulario, que compuso de la Baja Latinidad, la mayor parte de los exemplos que trahe, no los fué á buscar fuera de casa. Y de camino adviertan ustedes, que, quando allá en su Paris se usaba un latin tan elegante, como el del Doctor Juan Raulin, acá teniamos, dentro de aquel mismo Siglo, á los Montanos, á los Brocenses, á los Pereyras, á los Leones, y á otros muchos, que pudieran escupir en corro, y hablar barba á barba con los Tulios y con los Livios, que ustedes alaban tanto, aunque no sean de mi Parrochia, ni de mi mayor devocion.»

12. Esto, en quanto al latin, dixo el Dómine; mas por lo que mira á la substancia del Sermon, continuó, cansándose de hablar en juicio, ó dexándose llevar de su estrafalario modo de concebir: «por lo que mira á la substancia del Sermon, aunque de este Predicador no he leído mas que este trozo, desde luego digo, que fué uno de los mayores Predicadores, que ha havido en el mundo, y me iria yo hasta el cabo de él, solo por oírle. A mí me gustan tanto en los Sermones estos cuentecitos, estas gracias, y estos chistes, que Sermon, en que el Auditorio no se ria por lo ménos media docena de veces á carcajada tendida, no daria yo quatro quartos por él, y luego me da gana de dormir. Yo creía, que esta era una gracia privativa de algunos famosos Predicadores Españoles, y que en otras partes no se estilaba este modo de predicar, y de divertir á la gente; pero ahora veo, que todo el mundo es País; y aunque por una parte siento, que no tengan la gloria de ser los únicos en esto algunos de nuestros célebres Oradores, por otra no me pesa, que tambien participen de ella otras Naciones, porque lo demas seria envidia, y una especie de viciosa ambicion.» No echó esta leccion en saco roto nuestro Gerundico; porque, como desde niño havia mostrado tanta inclinacion á predicar, oía con especial gusto y atencion todo quanto podia hacerle famoso por este camino, y desde luego propuso en su corazon, que, si algun dia llegaba á ser Predicador, no predicaria Sermon, fuesse el que se fuesse, que no le atestasse bien de chistes y de cuentecillos.

13. Finalmente el bueno del Dómine instruía á sus discípulos en todas las demas partes, de que se compone la perfecta Latinidad, ó el perfecto uso de la Lengua Latina, con el mismo gusto, ni mas ni ménos, con que les havia instruído en el estilo. Decíales, que la Rhetórica no era arte de persuadir, sino arte de hablar; y que esso de andar buscando razones sólidas y argumentos concluyentes para probar una cosa, y para convencer al entendimiento, era una mecánica buena para los Lógicos, y para los Mathemáticos, que se andaban á caza de demonstraciones, como á caza de gangas; que el perfecto Rhetórico era aquel, que le atacaba, y le convencia con quatro fruslerías, y que para esso se havian inventado las figuras, las quales eran inútiles para dar peso á lo que de suyo le tenia, y que toda su gracia consistia en alucinar á la razon, haciéndola creer, que el vidrio era diamante, y oro el oropel. Enseñábales, que no gastassen tiempo, ni se quebrassen la cabeza en aprender lo que es Introduccion, Proposicion, Division, Prueba, Confirmacion, Aumento, Epílogo, Peroracion, ni Exortacion; porque eran cuentos de viejas, invenciones de modernos, y querer componer una Oracion Latina con la misma symetría, con que se fabrica una casa. No les dissimulaba, que Aristóteles, Demósthenes, Ciceron, Longino, y Quintiliano havian enseñado, que esto era indispensable, no solo para que una Oracion fuesse perfecta, sino para que mereciesse el nombre de Oracion; pero añadia, que essos havian sido unos pobres hombres, y porque ellos nunca havian sabido hablar en público de otra manera, dado les ha, que havian de hablar assí todos los que havian de hablar bien. Prueba clara de que no tenian razon, eran millares de millares de Sermones, que andaban por esse mundo de Dios, impressos de letra de molde, con todas las licencias necessarias, y con aprobaciones de hombres muy científicos y muy sapientes, los quales havian sido oídos con un aplauso horroroso; y sabiendo todo el género humano, que los Sermones no son, ó no deberian de ser otra cosa, que una artificiosa y bien ordenada composicion de Eloquencia y de Rhetórica, en los susodichos no se hallaba pizca de toda essa faramalla y barahunda de Introduccion, Proposicion, Division, etc.; sino unos pensamientos brillantes, saltarines, y aparentes, á qual mas falso, sembrados por aquí y por allí, conforme se le antojaba al Predicador, sin convencimiento, persuasion, ni calabaza; y con todo esso fueron aplaudidos, como piezas de eloquencia inimitables, y se dieron á la prensa, para que se eternizasse su memoria. De todo lo qual, legítima y perentoriamente se concluía, que la verdadera Rhetórica y la verdadera eloquencia no consistia en nada de esso, sino principalíssimamente en tener bien decoradas las figuras Rhetóricas con los nombres Griegos y retumbantes, con que havia sido bautizada cada una, estando pronto el Rhetórico á dar su propia y adequada definicion, siempre que fuesse legítimamente preguntado. «Y assí, concluía el Dómine, dadme acá uno, que sepa bien quid est Epanorthosis, Ellypsis, Hyperbaton, Paralypsis, Pleonasmo, Synonymia, Hypotyposis, Epiphonema, Apostrophe, Prolepsis, Upobolia, Epitrophe, Periphrasis, y Prosopopeya; y que en qualquiera composicion, sea Latina, sea Castellana, use de estas figuras conforme se le entojare, vengan ó no vengan; que yo os le daré mas Rhetórico y mas eloquente, que cien Cicerones, y docientos Demósthenes, passados por alambique.» Assí, pues, todo el empeño del cultíssimo Preceptor era, que sus muchachos supiessen bien de memoria estas vagatelas; y á los que veía mas instruídos y mas expeditos en ellas, los decia lleno de satisfaccion y de vanidad: Andad, hijos, que ya podeis echar piernas de Rhetóricos por todos essos Estudios de Dios, y por todos essos Seminarios de Christo. Con efecto los Rhetóricos del Dómine Zancas-largas (este era su mote, ó su verdadero apellido) eran muy nombrados por toda la Rivera de Orbigo, y por todo lo que baña el famoso Rio Tuerto.

14. Finalmente las lecciones, que les daba sobre la Poesía Latina, última parte de todo lo que les enseñaba, eran primas hermanas de las otras, pertenecientes á las demas partes de la Latinidad. Contentábase con hacerlos aprender de memoria la Prosodía, la cantidad de las sýlabas, los nombres Griegos de los piés, dáctilo, spondeo, yambo, trochaico, pyrrichio, etc., aquellos que explicaban la uniformidad ó la variedad de las estrophas, monócolos, monóstrophos, dícolos, dístrophos, tetrástrophos, y que decorassen gran número de versos de los Poetas Latinos, única y precisamente para probar con ellos la cantidad de las sýlabas breves ó largas por su naturaleza; sin advertir, que esta regla no es absolutamente infalible, por quanto los mejores Poetas Latinos hicieron, no pocas veces, largas las sýlabas breves, y breves las largas, ó usando de la licencia Poética, ó tambien, porque, no embargante de ser Poetas, eran hombres y pudieron descuidarse, puesto que tal vez hasta el mismo Homero dormitó. Hecho esto, como los muchachos compusiessen versos, que constassen, mas que fuessen lánguidos, insulsos, y chavacanos, y aunque estuviessen mas atestados de ripio, que pared maestra de argamasa, no havia menester mas, para coronarlos con el laurel de Apolo. Una vez decia en el tema, ó en el romance, para una quartilla, estas palabras: Entónces se supo, con quanta razon castigó Dios al mundo con el Diluvio, y se fabricó el Arca de Noé. Compúsola en verso latino un discípulo de Zancas-largas, y dixo:

Dilubiumque, Arcamque Noe; tum qua ratione.

Por solo este admirable verso le dió el Dómine dos parces, y un abrazo, sin poderse contener. En otro tema se decia esta sentencia: Se deben tolerar las cosas, que no se pueden mudar, y un chico la acomodó en este bello pentamentro:

Quæ non mutari sunt, toleranda queunt.

Valióle doce puntos para su vanda, y una tarde de assueto. Mandó componer en una estropha de versos sáphicos este breve romance: Andrés Corbino convidó á Pedro Pagano, á que el Miércoles por la tarde fuesse á merendar á su casa, porque aquel dia se havia de hacer en ella la matanza de un cerdo. Un muchacho, que passaba por ingenio milagroso, le llevó el dia siguiente la siguiente estropha:

Domine Petre, Domine Pagane,

Corbius rogat, velis ut, Andreas,

Vesperi quarta mactabimus suem,

Ad se venire.

15. Faltó poco para que el Preceptor se volviesse loco de contento, y luego incontinenti le declaró Emperador perpetuo[21] de la vanda de Roma: hízole tomar possession del primer assiento, ó trono Imperial; mandó que provisionalmente fuesse laureado con una corona de malvas y otras yervas, por quanto no havia otra cosa mas á mano en uno, que se llamaba huerto, y era un erreñal de la casa del Dómine, miéntras se hacia venir de la montaña un ramo de laurel; y ordenó, que desde allí adelante, y por todos los siglos venideros, hasta la fin del mundo, fuesse habido, tenido, y reputado por el Archi-Poeta Paramés (era del Páramo el rayo del muchacho), para diferenciarle, y no confundirle jamas con Camilo Cuerno, Archi-Poeta de la Pulla.

16. Pararse el Dómine á explicar á sus discípulos, en qué consistia la alma y el divino furor de la Poesía; pedirle, que los hiciesse observar el carácter y la diferencia de los mejores Poetas; esperar, que los enseñasse á conocerlos, á distinguirlos, y á calificarlos; pretender, que los instruyesse, en que no se pagassen de atronamientos, ridiculeces, y puerilidades: no havia que pensar en esso, porque ni él lo sabia, ni él mismo se pagaba de otra cosa. Naturalmente se le iba la inclinacion á lo peor, que encontraba en los Poetas, como tuviesse un poco de retumbancia, ó algun sonsonetillo ridículo, insulso, y pueril. Por el primer capítulo, elevaba hasta las nubes aquellas dos bocanadas ó ventosidades poéticas de Ovidio:

Semi-bovemque virum, semi-virumque bovem:

Egelidum boream, egelidumque notum.

Y decia con grande satisfaccion, que en este Poeta no encontraba otra cosa que alabar. Por el segundo, no havia para él cosa igual á aquella recancanilla tan ridícula y tan fria de Ciceron, que para siempre le dexó tildado por tan pobre hombre entre los Poetas, como máximo entre los Oradores:

O fortunatam natam, me Consule, Romam!

17. Pero nada le assombraba tanto, como el divino ingenio de aquel Poeta oculto, que en solas dos palabras compuso un verso exámetro cabal, y ajustado á todas las reglas de la Prosodía, pero tan escondido, que sin revelacion apénas se puede conocer que es verso. Porque sin ella, quien dirá, que lo es este:

Consternabatur Constantinopolitanus?

Y con todo esso no le falta sýlaba. Assí, pues, todo su mayor empeño y todo su conato le ponia en enseñar á sus muchachos puntualmente todo aquello, que en materia de Poesía debieran ignorar, ó saberlo únicamente para abominarlo, ó para hacer de ello una solemníssima burla, como la hacen quantos hombres de pelo en pecho merecen hacerse la barba en el Parnasso. Por mal de sus pecados havia caído en sus manos cierta obra de un Escritor de este Siglo, intitulada: de Poesia Germanorum symbolica, de la Poesía symbólica de los Alemanes; en la qual se trata y se celebra la prodigiosa variedad de tantas especies de versos Leoninos, Alexandrinos, Acrósticos, Chronológicos, Geroglíficos, Cancrinos, Pyramidales, Laberýnthicos, Cruciformes, y otras mil varatijas, como ha inventado aquella Nacion, por otra parte docta, ingeniosa, y sesuda, pero en este particular, de un gusto tan extravagante, que ha dado mucho que admirar, y no poco que reír á las demas Naciones, aunque muy rara será aquella, á quien no la haya pegado este contagio; bien assí como el de las viruelas, que por lo comun solo se pegan á los niños, y á los muchachos de poca edad, de la misma manera esta ridiculíssima epidemia, por lo regular, solo cunde en Poetillas rapaces, que aún no tienen uso de razon poética; y, si tal vez inficiona á algun adulto, es mal incurable, ó punto ménos que desesperado.

18. A todas las demas castas de versos preferia Zancas-largas los que son de la peor casta de todos, esto es, los Leoninos ó aconsonantados, que fueron, en opinion muy probable, los que introduxeron en el mundo Poético la perversa secta de las rimas, ó de los consonantes, que con su cola de dragon arrastró tras de sí la tercera parte de las estrellas; quiero decir, que ha sido la perdicion de tantos nobles ingenios, los quales huvieran enriquecido á la posteridad con mil divinidades, y por estos malditos de consonantes (Dios me lo perdone), felizmente ignorados de toda la antigüedad, la dexaron un thesoro inagotable de pobrezas, de impropriedades, y de ripios insufribles. Encaprichado nuestro Dómine en su mal aconsejada opinion, juraba por los Dioses immortales, que toda la Ilíada de Homero, toda la Eneida de Virgilio, y toda la Pharsalia de Lucano, no valian aquel solo dísticho, con que Mureto hizo burla de Gambarra, Poeta Antuerpiense, salva empero la suciedad, la hediondez, y el mal olor, que esso no era de quenta de la Poesía.

Credite, vestratum merdosa volumina vatum

Non sunt nostrates tergere digna nates.

19. Por fin y por postre, los instruía en la que él llamaba divina ciencia de los Equívocos y de los Anagrammas; y de esta última con especialidad estaba furiosamente enamorado. «Un Anagramma perfecto, decia, es arte de artes, ciencia de ciencias, delicadeza de delicadezas, elevacion de elevaciones, en una palabra, es el Lydius lapis, ó la piedra de toque de los ingenios castizos, de ley, y de quilates. Donde hay en el mundo cosa, v. gr. como llamar bolo al lobo, y lobo al bolo, como decir pace al Gato, y zape al Buey, quando está paciendo? Pues qué? si en una oracion perfecta se dissimula no ménos que un nombre, y un par de apellidos, sin faltar ni sobrar sýlaba ni letra, como, por exemplo, el bello disfraz, con que el Autor de cierto escrito moderno ocultó, y salió en público con su nombre y aledaños, diciendo en el fróntis de la obra: Homo impugnat lites, y concluyéndola con un pinguet olim, que vale un Potosí, por quanto es perfectíssimo anagramma de sus dos apellidos, y una y otra oracion tienen unos significados propíssimos, y que se pierden de vista. Anagrammas hay imperfectos, que con ser assí que lo son, son de un valor inestimable, y en su misma imperfeccion tienen mas gracia, que toda la que se pondera en las insulseces de Owen y de Marcial. Por exemplo: el que hizo un Anagramma del apellido Osma, y dixo Asno, y sobra una pierna,[22] no merecia por este solo dicho, que le erigiessen una estatua en el Capitolio de Minerva? Y mereceria ménos el otro, que, haviendo encontrado en el nombre y apellido de cierto Obispo este anagramma: Tú serás Cardenal, pero sobraban dos ll, que no podia acomodar, añadió: Y sobran dos ll, para látigos de la posta, que ha de traher la noticia? Desengañémonos, que esto de los Anagrammas es cosa divina, digan lo que dixeren media docena de bufones, que los tienen por juego de niños, y que nos quieren decir, que aquello de Marcial: Turpe est difficiles habere nugas, et stultus labor est ineptiarum, está bien aplicado á los Anagrammatistas. Y ménos fuerza me hace la otra sátyra del indigesto Adrian de Valois, que, porque él no sabia, qual era su Anagramma derecho, cantó este bello epiphónema á deum de dere.

Citharœdus esse qui nequit, sit Aulœdus:

Anagrammatista, qui Poeta non sperat.

Vítor! y denle un confite por la gracia. Pues yo le digo, que el que no supiere hacer Anagrammas, no espere ser Poeta en los dias de su vida; y el que los hiciere buenos, tiene ya andado mas de la mitad del camino, para ser un Poetazo de á folio; porque, si la Poesía no es mas, que un noble trastornamiento de las palabras, los Anagrammas no son otra cosa, que un bello trastornamiento de las letras. Y váyase muy enhoramala el otro Colletet, ó Coletillo, que dixo con bien poco temor de Dios:

Esso de hacer Anagrammas,

Y andar trastornando letras,

Lo hacen solo los que tienen

Trastornada la cabeza.»