CAPITULO V.
Estrena Fray Gerundio el oficio de Predicador Sabatino con una Plática de Disciplinantes.
Aún no bien havia amanecido el dia siguiente, quando llegó un Mozo del Convento con una Carta del Prelado, en que mandaba á Fray Gerundio, que quanto ántes se retirasse, porque le hacia saber, que la Villa havia votado una Procession de Rogativa por el agua, de que estaban necessitados los campos, en la qual havia determinado salir la Cofradía de la Cruz, y que era menester disponerse para predicar la Plática de Disciplinantes. Mucho se holgó nuestro Predicador Sabatino con esta noticia, por quanto estaba ya rebentando por darse á conocer en el público, y se le hacian siglos los dias, que tardaba una funcion. Pero fué tan desgraciado, que, media hora ántes que llegasse el Propio, havia partido para Jacarilla su grande amigo Fray Blas, y esto no dexó de contristarle algun tanto, porque le podia dar alguna idéa, ó algunas reglas propias de su buen gusto, para disponer aquella especie de funcion, de la qual nunca havian tratado en particular: y, siendo la primera, le importaba mucho salir de ella con el mayor lucimiento. Ya se le ofreció consultar el punto con el Maestro Prudencio, pero dixo allá para consigo: «Este viejo me dirá alguna de las que acostumbra; aconsejaráme, que encaje á los Cofrades un trozo de mision, que diga, como las calamidades públicas siempre son castigo de los pecados públicos y secretos, que lo confirme con exemplos de la Sagrada Escritura y de la Historia profana, de los quales me contará un rimero de ellos, porque el viejo sabe mas que Merlin; prevendráme, que despues me dexe naturalmente caer sobre la necessidad de aplacar á la Divina Justicia por medio de la penitencia, porque no hay otro; y por fin y postre querrá, que los espete, que de este único medio se valió el mismo Jesu-Christo, derramando toda su Sangre por nuestros pecados, para satisfacer á su Eterno Padre y aplacar la justa indignacion contra todo el linage humano; y, al llegar aquí, querrá que me afervorice y que los exhorte á despedazar primero su corazon, y despues sus espaldas, no con espíritu de vanidad, sino con espíritu de compuncion. Esta retahila me encajará el Padre Maestro, como si la oyera, y me querrá persuadir, que á esto, y no á otra cosa, se debe reducir este género de Pláticas; pero á otro perro con esse huesso. Cierto, que quedaria yo bien lucido, en la primera funcion en que me estreno de puertas á fuera, con predicar como pudiera un carcuezo, y con decir lo que diria qualquiera vieja. Yo me guardaré de preguntarle nada á su Paternidad, y compondré mi Plática como Dios me diere á entender, sin ayuda de vecinos.»
2. Con este pensamiento se entró en el quarto, donde estaba el Maestro Prudencio todavía recogido, porque con la conversacion de sobre-cena se le havia encendido la cabeza, y havia passado mala noche. Dióle parte de la carta, con que se hallaba del Prelado, el qual le havia embiado mula al mismo tiempo, para que se retirasse, y díxole, que si mandaba algo para el Convento. El Maestro, puesto que no dexó de sentir este incidente, porque havia consentido en que, ya que no le quitasse del todo la bodoquera, podria quitarle algunos bodoques en los passéos y conversaciones de la Granja; pero al fin, viendo que no tenia remedio, huvo de conformarse, y solamente le previno, que tratasse de platicar con juicio y con piedad, porque el assunto lo pedia, advirtiéndole que, mediante Dios, esperaba oírle. «Bien está, Padre Maestro, le respondió Fray Gerundio; pierda cuydado V. Paternidad, que por esta vez pienso, que he de acertar á darle gusto»; y con esto se despidió.
3. Dice una leyenda antigua de la Orden, que en todo el camino que havia desde la Granja al Convento, que no era ménos que de quatro leguas largas, iba nuestro Fray Gerundio tan pensativo y tan dentro de sí mismo, que no habló ni siquiera una palabra al mozo, que iba delante de la mula, y lo que mas admiracion causó á todos los que le conocian, fué, que no solo no se paró á echar un trago en una Venta, que havia en la mitad del camino, pero que ni siquiera reparó en ella. Esto consistió, como él mismo lo confessó despues, en que iba totalmente preocupado en hacer apuntamientos mentales, y en buscar especies y materiales allá dentro de su memoria, para disponer una Plática de rumbo, que diesse golpe y que de contado le acreditasse.
4. Desde luego se le ofrecieron á la imaginacion, como en tropel, las confusas idéas de esterilidad, Rogativa, Cofradía, Cruz, Penitentes, pelotillas, ramales, sangre, Penitentes de Luz, etc.; y todo su cuydado era, como havia de encontrar en la Mythología ó en la Fábula algunas noticias, que tuviessen alusion con estas especies, pues, por lo que toca á la coordinacion y al estilo, esso no le daba maldita la pena, pues siguiendo el mismo, que havia usado en el Sermon de Santa Ana, y procurando imitar el inimitable del Florilegio, estaba seguro del aplauso del Auditorio, que era el único obgeto, que por entónces se le proponia.
5. Para hablar de la esterilidad, al instante se la ofreció la edad de plata y la edad de hierro; porque hasta la primera los hombres eran unos Angelitos, y la tierra producia por sí misma todo género de frutas y de frutos para su sustento y regalo, sin necessitar de cultivo, el que enteramente ignoraban; pero, como en la edad de plata comenzassen á ser un poco bellacos, tambien la tierra comenzó á escasearles sus frutos, y se empeñó en que no les havia de dar alguno, sin que les costasse su trabajo. Mas aquí estaba la dificultad; porque los pobres hombres, acostumbrados á la abundancia y al ocio, no sabian como havian de beneficiarle, hasta que compadecido Saturno baxó del Cielo y los enseñó el uso del azadon y del arado, para que en fin, costándolos su trabajo y sudor, la tierra los sustentasse. Pero luego le ocurrió, que esto no venia muy á quento, porque aquí no se trataba de esterilidad nacida de falta de cultivo, sino de falta de agua, y para esta havia de menester una Fábula, como el pan para comer.
6. Dichosamente se le vino en aquel punto á la memoria la edad de hierro, en la qual nada producia absolutamente la tierra, ni cultivada ni por cultivar; y es que los Dioses la negaron enteramente la lluvia, en castigo de las maldades de los hombres, que se havian hecho muy taymados y solo trataban de engañarse los unos á los otros, como dice el doctíssimo Conde Natal. No se puede ponderar la alegría que tuvo, quando se halló, sin saber como, con una introduccion tan oportuna; y, apuntándola allá en el desenquadernado libro de su memoria, passó á revolver en su imaginacion algunas especies de Mythología, que se pudiessen aplicar á cosa de rogativa.
7. A pocas azadonadas se le vino oportunamente á ella aquel famoso caso de Bacco, quando, hallándose en la Arabia desierta, por donde caminaba á cierto negocio de importancia, y muriéndose de sed, por no encontrar una gota de agua enmedio de aquellos adustos arenales, juntó los pastores de la Comarca, y, formando en ellos una devota Procession ó rogativa en honra del Dios Júpiter, ofreció que le fabricaria un Templo, si le socorria en aquella necessidad; y al punto se apareció el mismo Júpiter en figura de un Carnerazo fornido y bien actuado de puntas retorcidas, que, escarvando con el pié en cierta parte, brotó una copiosa fuente de agua dulce; y Bacco agradecido cumplió su voto, edificando al Dios Carnero el primer Templo, con el título de Júpiter Amon. Dióse mil parabienes por este hallazgo, especialmente quando supo despues, que el Mayordomo de la Cofradía de la Cruz en aquel año se llamaba Pasqual Carnero, y propuso en su ánima hacerle Júpiter Amon, con lo que le pareció haver encontrado un thesoro, para tocar la circunstancia principal, y tuvo por sin duda allá para consigo, que desde aquel punto no havria Sermon de Cofradía, que no le pretendiesse con empeño.
8. Remachóse en este buen concepto que hizo de sí mismo y de su grande suficiencia, quando, para hablar de la misma Cofradía, compuesta por la mayor parte de Labradores, se le vinieron al pensamiento los Sacrificios Ambarvales, que se hacian en honor de la Diosa Céres, Tutelar de los Campos y de las Cosechas; á los quales sacrificios presidia cierta especie de Cofradía, compuesta de doce Cofrades, que se llamaban los Hermanos Arvales, esto es los Cofrades del Campo, derivando su denominacion de arvus arvi, que le significa; porque, aunque es verdad, que estos no eran mas que doce, y los Cofrades de la Cruz passaban de ciento, esse le pareció chico pleyto, pues, si el número siete en la Sagrada Escritura significa multitud, mas significará el número doce en la Mythología.
9. Donde se halló un poco apurado, fué en tropezar con alguna erudicion de buen gusto, que pudiesse aludir á Cofradía de la Cruz; y despues de haverse aporreado por algun tiempo la cabeza, sin encontrar cosa que le satisfaciesse, su buena fortuna le deparó una admirable especie, que á un mismo tiempo le sirvió para cumplir gallardamente con la circunstancia agravante de la Cruz y con la de los Penitentes de Sangre, que no le daba ménos cuydado que la otra. Acordóse haver leído en un extraordinario libro, que se intitula: Idéa de una nueva Historia general de la América Septentrional, como en honor del Dios Izcocauhqui, que era el Dios del Fuego, iban los Indios al monte por un grande árbol, que con mucho acompañamiento, música, y aparato conducian al patio del Templo: allí le descortezaban con extraordinarias ceremonias; le elevaban despues á vista de todo el Pueblo, para que constasse á todos que tenia la altura, que prescribia la ley; despues le baxaban, y cada uno le adornaba con ciertos papeles teñidos en sangre propia; hecho lo qual, volvian á levantarle con gran tiento, devocion, y reverencia. Entónces los Amos tomaban acuestas á sus Esclavos, y, baylando al rededor de una grande hoguera, que estaba encendida junto al árbol, quando los pobres esclavos estaban mas descuydados, daban con ellos en las llamas, y se hacian ceniza.
10. No cabe en la imaginacion, quanto se regocijó el bendito Fray Gerundio con este, á su parecer, felicíssimo y oportuníssimo hallazgo, porque en solo él tenia quanto havia menester para lo que le restaba que ajustar. Havia árbol trahido del monte con mucho acompañamiento, y elevado con grande devocion en el patio del Templo. Qué sýmbolo mas propio del Arbol de la Cruz? Y mas que, por descortezarle despues, no perdia nada para el intento. Havia papelitos teñidos en sangre de los Cofrades, que levantaban el árbol; cosa ajustadíssima y pintiparada á los Penitentes de Sangre, pues, que esta tiñesse papeles ó tiñesse faldones, es question de nombre, particularmente quando ya se sabe, que de los faldones se hace el papel. Havia Amos, que baylaban al rededor del árbol y de la hoguera con los Esclavos acuestas, á los quales echaban despues en la lumbre, y ellos se quedaban riendo; metáphora muy natural de los Penitentes de Luz, que son como los Amos de la Cofradía, los quales se contentan con alumbrar á los Penitentes de Sangre, para que estos se quemen y se abrasen á azotes, ya entre los manojos de los ramales, ya entre las ascuas de las pelotillas.
11. Mil parabienes se dió á sí mismo por haver encontrado con una provision de materiales, los mas exquisitos y mas adequados para el intento, que, á su modo de entender, se podian juntar; y ya quisiera él, que la Plática fuesse el dia siguiente, para darse quanto ántes á conocer, pues, una vez juntos los materiales, en dos horas le parecia que podria disponerla, particularmente haviéndose de reducir á una exhortacion muy breve, como él mismo lo havia observado en las Pláticas de aquella especie, que havia oído, por quanto se comenzaba á platicar al mismo tiempo que se iba ya formando la Procession; y en órden á tomarla de memoria, esso le daba poco cuydado, porque realmente era de una memoria feliz y, como dicen, burral.
12. No obstante, haciendo un poco mas de reflexion sobre todas las circunstancias de esta última erudicion mythológica, no podia enteramente aquietarse, pareciéndole, que la aplicacion de los papelitos teñidos en sangre á los Penitentes de la Cofradía era un poco violenta; y, aunque juzgó, que en caso de necessidad y en un lance forzoso ya pudiera passar, mayormente en una Aldéa, donde no huviesse mas Críticos ni mas Censores, que el Barbero y el Fiel de Fechos, pero bien quisiera él hallar otra cosa mas terminante, y como en propios términos de Penitentes de Sangre, para assegurar mas su lucimiento, sin exponerse á melindrosos reparos de gentes escrupulosas, de las quales havia algunas en su Comunidad y en el Pueblo, que, como llevamos significado, era una Villa de media braga, ni tan desierto como Quintanilla del Monte, ni tan poblado como Cádiz y Sevilla.
13. Con este cuydado se iba ya acercando al Lugar, asaz pensativo y no poco pesaroso, quando de repente dió un alegre grito, acompañado de una gran palmada sobre el albardon de la mula; y prorrumpió diciendo: «Hay borracho como yo! Vaya, que soy un mentecato. En el mismo admirable libro intitulado: Idéa de una nueva Historia general de la América Septentrional, pocas hojas mas allá donde se refiere lo del árbol y lo de los papelitos de sangre en honor del famoso Dios Izcocauhqui, me acuerdo haver leído dos especies, que luego las apunté para estas ocasiones, y son tan nacidas para ellas, que, aunque yo mismo las huviera fingido, no podian venir mas á pelo. Ambas especies se encuentran en el §. X, que trata de los sýmbolos de los meses Indianos, segun Gemelli Carreri; y la primera dice assí, porque la tengo en la memoria, como si la estuviera leyendo:»
14. «Tozoztli, sýmbolo del segundo mes, quiere decir sangría ó picadura de las venas; porque assimismo en el segundo dia de este mes los Indios, ó fuesse con las puntas del maguey, ó con navajas de pedernal, en señal de penitencia se sacaban sangre de los muslos, espinillas, orejas, y brazos, y ayunaban al mismo tiempo... Era esta fiesta de Penitentes dedicada al Dios Tlaloc, Dios de las lluvias. Y mas abaxo. Los que tenian el oficio de hacer Xuchiles ó ramilletes entre año, llamados Xochimanque, festejaban en la tercera edad[35] á la Diosa Chivalticue, que es lo mismo que decir, enaguas de muger, ó por otro nombre Coatlatona, Diosa de los Mellizos. La segunda especie es como se sigue, sin faltarle tilde.»
15. «Hueytozoztli, superlativo de Tozoztli, sýmbolo del tercer mes, quiere decir punzadura ó sangría grande; porque en deteniéndose las aguas, que no comenzaban hasta este tiempo, correspondiente á nosotros por Abril, se aumentaban las penitencias, crecia la saca de la sangre, y eran mayores los ayunos, y aun los sacrificios. La fiesta se hacia al Dios Citeolt, Dios de el Maiz, etc.». Estas dos especies tengo apuntadas en mi quaderno y encomendadas á mi memoria, y me andaba yo aporreando los cascos por encontrar otras, que se adaptassen á las circunstancias principales del assunto? Donde las havia de hallar mas exquisitas? donde mas nuevas? donde mas cortadas al talle del intento? Aquí tengo esterilidad de la tierra por falta de agua: aquí tengo á Tlaloc Dios de las lluvias: aquí tengo una Procession de Penitentes de Sangre, y no ménos que en el mes de Hueytozoztli, que es el mismíssimo mes de Abril, en que nos hallamos, y en que se ha de celebrar nuestra Procession: aquí tengo Xuchiles y Xochimanques, esto es los que hacian ramilletes ó ramales, que allá se va todo, y es bien corta la diferencia: aquí tengo Coatlatona ó enaguas de muger, cosa tan precisa para que se vistan los Penitentes: y, en fin, aquí tengo una India, y ya no me trueco, ni por quarenta Fray Blases, ni por quantos Autores de Florilegios puedan producir las dos Estremaduras. Ola! pero esto no quita, que yo los venere siempre, como á mis dos Maestros, como á los dos modelos, como á mis originales en la facultad de la carrera, que emprendo.»
16. Embelesado en estos pensamientos y casi loco de contento, nuestro Fray Gerundio llegó á la puerta reglar de su Convento; apeóse, fué á la Celda del Prelado, dió su benedicite, tomó la venia, retiróse á la suya, desalforjóse, desocupó, echó un trago, y sin detenerse un punto puso manos á la obra; trabajó su Plática, que aquella misma noche quedó concluída; y llegado el dia de la Procession, á que concurrió mucho gentío de la Comarca, Anton Zotes, y su muger, á quienes el mismo hijo havia escrito, para que viniessen á oírle, sin faltar tampoco el Maestro Prudencio, que la noche ántes se havia retirado de la Granja, con gentil denuedo representó su papel, que, copiado fielmente del original, decia assí, ni mas ni ménos:
17. «A la aurífera edad de la innocencia, lavabo inter innocentes manus meas, en trámite no interrupto sucedió la argentada estacion de la desidia: Argentum et aurum nullius concupivi. No llegó la ignavia de los mortales á ser lethálica culpa: pero se arrimó á ser borron nigricante de su nivea candidez primeva:
Pocula tartareo haud aderant nigrefacta veneno.
Sobresaltados los Dioses, ego dixi: Dii estis, determinaron prevenir el desórden con admonicion benéfica. Admirablemente el Symbólico: Ante diem cave; y paralogyzaron la correccion en preludios de castigo: Corripe eum inter te, et ipsum solum.»
18. «La Madre Cýbeles (ya sabe el docto, que en el Ethnico fabuloso Léxicon se impone este cognomento á la Tierra: Terra autem erat inanis et vacua): la Madre Cýbeles, Cybeleia mater, que dixo oportuno el Probóscide Poeta: la Madre Cýbeles, que hasta entónces espontaneaba sus fruges, resolvió negarlas, miéntras no la reconviniesse por ellas el penoso afan del mádido Colono: In Columna nubis. Mas, ó Cielos! Como havia de elaborar el infeliz Agrícola, si le faltaba la causa instrumental para el cultivo, y si del todo ignoraba la causa material, y la eficiente para el instrumento? Quæcumque ignorant, blasphemant: quomodo fiet istud? Commiserado Saturno, baxó de lo alto del Olympo: Descendit de Cœlis, y enseñó al hombre el uso del azadon tajante y del arado escindente: Terra scindetur aratro. Haveislo entendido, mortales? Luego, bien decia yo, que siempre son los pecados ocasion de los castigos: Et peccatum meum contra me est semper. Pero aún no estamos en el caso.»
19. «A la argentada estacion sucedió el século ferrugineo: Sæculum per ignem, y, aunque en él havia instrumentos para el cultivo, y posseían los hombres scientífica comprehension de su manejo, possedit me in initio viarum suarum, obstruída la Cybélica Madre, correspondia con esterilidades á los afanes del agrícola: Et pater meus agricola est. Aquí el reparo. Si la reconvenia con sus sulcos el corvo hierro, si la llamaba con sus golpes la afilada plancha, por qué no se daba por entendida? por qué no producia la tierra verdigerantes frutos? Germinet terra herbam virentem. Qué oportuno Lyra? Porque el Cielo empedernido la negaba la lluvia: Non pluit menses septem. Pero, qué motivo pudo tener essa tachonada techumbre para tan cruel duricie? Díxolo Cartario muy á mi intento: porque los hijos de los hombres havian multiplicado las nequicias: Et deliciæ meæ esse cum filiis hominum. Pues qué remedio? Oíd al sapientíssimo Mythólogo.»
20. «Despréndase el gran Bacco de essa bóbeda celeste; enseñe á los hombres á compungirse y á implorar la clemencia del Tonante con una Rogativa penitente: Te rogamus, audi nos: ofrézcale cultos y sacrificios en futuras aras, y baxará el mismo Júpiter Amon, que es lo mismo que Carnero, y con una sola patada ó debaxo de la planta de su pié, a planta pedis, hará que broten aguas, que apaguen la sed y fertilizen los Campos: Descendit Jesus in loco campestri. Para el docto no es menester aplicacion; vaya para el ménos entendido. No es assí, que ha siete meses, que las nubes nos niegan sus salutíferos sudores? No es assí, que á esta denegacion se han seguido los sýmptomas de una tierra empedernida? Pues institúyase una devota Rogativa; vayan en ella los Cofrades de la Cruz de Penitentes; presídala su digno Mayordomo Júpiter Amon, Pasqual Carnero, que debaxo de sus piés, de sub cujus pede, brotarán aguas copiosas, que fecunden nuestros Campos:
Horrida per Campos bam, bim, bombarda sonabant.
Mas es muy celebrado en las Sagradas Letras el Cordero Pasqual: Agnus Paschalis. Sabe el discreto, que de los Corderos se hacen los Carneros. Luego nuestro insigne Mayordomo Pasqual Carnero seria quando niño Cordero Pasqual. La ilacion es innegable. Pero aún no lo he dicho todo.»
21. «A la frugífera Céres, Diosa Tutelar de los Campos y de las Cosechas, se ofrecian aquellos Sacrificios, que se llamaban Ambarvales, y se hacia una solemne Procession al rededor de los Campos, para ofrecerla estos Sacrificios: Ambarvales hostiæ. Y quienes eran los que principalmente la formaban? Unos devotos Cofrades, que se llamaban Arvales: Arvales fratres; los quales, en sentir de los mejores Intérpretes, eran todos Labradores. No lo levanto yo de mi cabeza: dícelo el profundíssimo Caton: Ambarvalia festa celebrabant Arvales fratres, circumeuntes campos, et litabant Ambarvales hostias. Y á quien se ofrecian? Ya lo he dicho, á la Diosa Céres, que se deriva de cera, para denotar tambien á los Cofrades de Luz: Vos estis lux mundi.»
22. «Mas, porque el Crítico impertinente ó escrupuloso no eche ménos á los Penitentes de Sangre, id conmigo y vereis, que esto de los Penitentes no es invencion de modernos, como quieren algunos ignorantes, sino una Cofradía muy antigua, establecida en todos los Siglos y en todas las Naciones. Ea, dad un salto á la América Septentrional.»
23. «Allí vereis al Dios Tlaloc, Superintendente de las lluvias, haciéndose de pencas y no querer desatarlas en el mes de Tozotli, que es el de marzo. Allí vereis, que, para moverle á piedad, se arman los Indios de magueys ó puntas de pedernal, y se sacan copiosa sangre de todas las partes de su cuerpo. Allí vereis, que el irritado Tlaloc continúa las señas de su enojo en el mes de Hueytozotli, que corresponde al de abril, en que nos hallamos, y negando en él la agua, por los pecados de aquellos infelices, arrepentidos estos, aumentan las penitencias y se sacan sangre hasta correr por el suelo al rigor de los Xuchiles, esto es, á la violencia de los ramales, empapando en ella á la Diosa Chivalticue, que es tanto como la Diosa de las Enaguas, y dirigiendo la penitente Procession al Templo de Citeolt, Dios del Maiz ó Trigo de Indias, para que, intercediendo con Tlaloc y uniéndose con él, los franqueasse los frutos de la tierra.»
24. «Ea, hermanos, á vista de tan oportunos como eficaces exemplares, qué haceis? en qué os deteneis? Quid facis in paterna domo, delicate miles? A qué aguardais para empuñar con brioso denuedo essos cándidos Xuchiles, y, convocando primero el humor purpureo á las dos carnosidades postergadas, no le sacais despues con los cerosos magueys, hasta dexar empapadas las alvicantes Chivalticues, y corra por ellas la sangre á regar la dura tierra: Guttæ sanguinis decurrentis in terram? Mirad, Fieles, que está enojado nuestro Divino Tlaloc; mirad que el benéfico Citeolt se pone de parte de su ceño. Corred, corred á aplacarlos; volad, volad á satisfacerlos; empuñad, vuelvo á decir, essos Xuchiles; tomad bien la medida á essos magueys; brote de vuestras espaldas el roxo licor á borbotones. Assí aplacareis la ira de los Dioses; assí satisfareis por vuestras culpas; assí conseguireis para vuestros campos epitalamios de lluvia, y para vuestras almas epiciclos soberanos de gracia, prenda segura de la Gloria: Quam mihi et vobis, etc.»
25. No bien havia pronunciado la última palabra, quando resonaron en el Templo unos gritos, que salian por entre los caperuces, á manera de voces encañonadas por embudo ó por cervatana, que decian: Vítor el Padre Fray Gerundio, vítor el Padre Fray Gerundio; y lo que mas es, que quedaron los Penitentes tan movidos con la desatinada Plática, no obstante que los mas, y aunque digamos ninguno de ellos havia entendido ni siquiera una palabra, que al punto arrojaron las capas con el mayor denuedo, y comenzaron á darse unos azotazos tan fuertes, que ántes de salir de la Iglesia ya se podian hacer morcillas con la sangre, que havia caído en el pavimiento. Las mugeres, que estaban junto á la Tia Catanla, la dieron mil abrazos y aun mil besos, dexándola al mismo tiempo bien regada la cara de lágrymas y de mocos, todos de pura ternura, y diciéndola, que era mil veces dichosa la madre, que havia parido tal hijo. Un Cura viejo, que se hallaba por casualidad immediato á Anton Zotes, y que, sin embargo de haver llevado tres veces calabazas para Epístola, una para Evangelio, y dos para Missa, todavía por sus años y por su bondad era hombre respetable, dándole un estrecho abrazo, le dixo: Señor Anton, cinquenta y dos Pláticas de Disciplinantes he oído en esta Iglesia, desde que soy indigno Sacerdote (en buena hora lo diga); pero Plática como esta, ni cosa que se la parezca, ni la he oído, ni pienso jamas oírla. Dios bendiga á Gerundito, y no me mate su Magestad, hasta que le vea Presentado.
26. Déxase á la consideracion del pio y curioso Lector, como quedarian el Tio Anton y la Señora Catuja, quando oyeron estas alabanzas de su hijo, y fueron testigos oculares de sus aplausos; y tambien es mas para considerado que para referido, el gozo, la vanidad, y la satisfaccion propia, que en aquel punto se apoderaron del corazon de Fray Gerundio, al escuchar él mismo tan grandes aclamaciones. Pero, como son poco duraderos los contentos de esta vida, y siempre dispone Dios, que enmedio de los mayores triunfos sucedan algunos acaecimientos tristes, que nos acuerden que somos mortales, quiso la mala trampa, que al baxar del Púlpito y en la misma Sacristía de la Iglesia le dieron al bueno de Fray Gerundio un humazo de narices, que, á ser otro, que no fuera de tan buena complexion, le huviera trastornado.
27. Fué el caso, que se hallaba de Recluta en aquella Villa un Capitan de Infantería, capaz, despejado, muy leído, y haviendo oído la Plática, luchando á ratos con la cólera, y á ratos con la risa, determinó finalmente holgarse un poco á costa del Predicador, y entrando en la Sacristía, despues de darle un abrazo ladino, pero muy apretado, le dixo con militar desenfado: «Vamos claros, Padrecito Predicador, que, aunque he rodado mucho mundo, y en todas partes he sido aficionado á oír Sermones, en mi vida he oído cosa semejante. Plática mejor de Carnestolendas, y Exhortacion mas propia para una Procession de mogiganga, ni Quevedo!» Algo cortado se quedó Fray Gerundio al oír este extraño cumplimiento; y, como en punto de desembarazo no podia medir la espada con el despejo del señor Soldado, le preguntó con alguna turbacion y encogimiento: «Pues, qué ha tenido la Plática de mogiganga, ni de cosa de antruidos?»
28. — «No es nada lo del ojo, y llevábale en la mano, le replicó el Oficial. Ahí es un grano de anis las Fabulillas con que V. Paternidad nos ha regalado para compungirnos. La de Saturno vale un millon; la de Bacco se debe engastar en oro; lo de Júpiter Amon y Pasqual Carnero, con aquel retoquecillo del Cordero Pasqual, no hay preciosidades con que compararlo; y en fin, todo aquel passage de los Penitentes Americanos con enaguas, ramales, y pelotillas; los Dioses en cuyo obsequio hacian las penitencias, con sus pelos y señales; el motivo de ellas, y hasta la oportunidad de los meses en que las hacian, todo es un conjunto de divinidades; y V. Paternidad, aunque tan mocito, puede ser Predicador en Gefe, ó á lo ménos mandar un destacamento de Predicadores, que, si son como V. Paternidad, pueden acometer en sus mismas trincheras á la melancolía, y no solo desalojarla de su campo, sino desterrarla del mundo.» Y sin decir mas, ni dar tiempo á Fray Gerundio á que replicasse, le hizo una reverencia y se salió de la Sacristía.