NOTAS AL TOMO PRIMERO.

[1] History of Spanish Literature by George Ticknor. In three volumes. Corrected and enlarged edition. London, 1863. Vol. III, p. 293, n. 13.

[2] Un juego así compuesto es, si no yerro, una de tantas rarezas que contiene la literatura castellana, y que no van señaladas en los repertorios bibliográficos de Brunet, Graesse y otros. El ejemplar del tomo 2º, edicion de 1768, conservado en la Biblioteca de palacio, parece ser el único de que se tenga noticia.

[3] Así lo creo, porque varios pliegos llevan á pié de la página primera el índice Tome por Tomo, y tambien porque la division de las palabras en dos renglones es en algun que otro pasage inconsistente con el uso castellano.

[4] Scritti scelti inediti o rari di Giuseppe Baretti, con nuove memorie della sua vita. Milano 1822. Tomo I, pág. 155.

[5] No me ha sido posible averiguar donde hase ido á parar el manuscrito original, que sirvió para la version inglesa; solo sé decir que no se conserva en el British Museum, no traéndole el catálogo del Sr. Gayangos.

[6] Tambien en la príncipe hay «major»; y sin duda es errata.

[7] En Campos, quando se envía por un chico, que está estudiando Gramática, se dice: ya le envié la burra, ya fué la burra por él, etc.

[8] La escrupulosa fidelidad con que nos ceñimos á los monumentos, que seguimos en esta Historia, no nos permite el suprimir esta juiciosa invectiva del Maestro Prudencio contra los abusos referidos; pero, como hoy sabiamente se han reformado por Auto del Real y Supremo Consejo de Castilla de 19 de Julio del año passado de 1756, á cuya justa prudente providencia es de desear y de esperar, que se conformen los Jueces Eclesiásticos, en la parte que les corresponde; aunque sea cierta la enfermedad, le está ya aplicada la conveniente medicina, y ya no hay necessidad de la receta, que apuntan los monumentos de nuestra Historia.

[9] Pág. 3, l. 38. Escapulario: Una de la piezas del hábito, en ciertas órdenes, y, por decirlo así, la que constituía el distintivo de ella; de suerte que se decia: «ha vestido el escapulario de la Trinidad; ha ceñido el cordon de S. Francisco; ha cubierto su cabeza con la cogulla de S. Benito.» — El Escapulario consistia en una tira de tela ó tejido, generalmente de lana, cuyos color, hechura y dimensiones variaban segun la órden, de unos dos metros y medio de largo, por cincuenta centímetros de ancho, con una abertura casi en el comedio, por la cual se introducia la cabeza, de manera que una de las mitades del escapulario caía sobre el pecho, y la otra mitad colgaba encima de la espalda, campeando en aquella el emblema ó distintivo de la órden. Vestíase encima del sayal, y debajo de la capa ó manto.

Imitacion ó reminiscencia de este escapulario era el que usaban, y usan todavía, los devotos del Santo patrono de tal ó cual órden religiosa, el cual está formado de dos pedacitos de la misma tela, bien que de tejido mas fino y delicado, de unos diez centímetros de largo, por siete de ancho, enlazados entre sí por medio de dos cintas ó listones de tafetan, dispuestos de manera que, colocándolos encima de los hombros, simulan en cierto modo el escapulario de los frailes. En uno de los pedacitos indicados, el que podriamos llamar anterior, va superpuesta una efigie del Santo titular, estampada en seda, ó el emblema de la órden. Usanse generalmente debajo de las ropas exteriores; pero no faltan quienes los llevan tocando al cuerpo. Las monjas son generalmente las que se dedican á la elaboracion de tales lindezas, que adornan con primorosos adornos de bordados y pespuntéos, no faltando quien atribuya á los escapularios virtudes especiales para la curacion de determinados achaques y dolencias, con lo cual se convierte en amuleto un objeto de mera devocion.

[10] P. 3, l. 41. Hermanos laicos. Eran los frailes gente avisada y fecunda en materia de imaginar arbitrios de toda naturaleza. Obligados por razon del oficio á trasladarse de unos á otros lugares, ora para asistir á los capítulos generales ó provinciales de la órden, ora para llenar otros deberes de su sagrado ministerio, y no teniendo todos los pueblos posadas cómodas y económicas, ó conventos ó monasterios donde alojarse durante el tránsito, no les quedaba mas recurso que el ofrecido por las ventas, las que, sobre ser míseras y fementidas, hallábanse frecuentadas por comediantes, arrieros, mercaderes y otras gentes alegres, maleantes y no nada santas, y por ende no las mas abonadas para alternar con los ministros de la religion. Atentos á esto discurrieron, pues, la invencion de las cartas de hermandad. Eran estas uno como título que se concedia, por punto general, á las personas de mas acomodo y distincion, mediante el cual adquirian ciertos derechos, exenciones é inmunidades, tales como poder comer carnes en dia de vigilia, en virtud de privilegio concedido por el Pontífice; el goce y disfrute de determinadas y muy especiales indulgencias, amen de los sufragios, plegarias y oraciones de todos los individuos de la órden; y el derecho de alojar en los conventos de la misma, que en este hecho se convertian en casa de posada para los que tenian carta de hermandad. En cambio los hermanos venian obligados á dar manutencion y albergue á los frailes de la órden, durante el tiempo que, en cumplimiento del mandato de sus superiores, debian permanecer en sus casas. Familias habia que gozaban carta de hermandad de diferentes religiones, y por lo tanto no hay para qué decir que eran contados los dias en que carecian de huéspedes: de aquí que existiera en tales casas un aposento que se distinguia con el nombre de dormitorio de los frailes, en el cual, puesto en un marco ó simplemente pegado á la pared, veíase el título ó carta de hermandad.

A los hermanos de esta clase pertenecia el honrado labrador de Campazas, y de ella salian los Mayordomos ó Mayorales de que se habla en el texto, á quienes se confiaba todo lo inherente á la fiesta que anualmente se celebraba en el pueblo en obsequio del Santo patrono ó tutelar. El mayordomo corria ademas con el gasto que ocasionaba la misma, de la cual formaba parte integrante la misa solemne con música y sermon, que predicaba el fraile elegido por el mayoral, procesion, y gaudeamus ó sea comida no de vigilia, sino muy de antruejo. Si bien se mira, quien en el negocio, materialmente considerado, salia perdiendo, era el que tenia carta de hermandad, el hermano, el frater, y acaso semejante consideracion dió pié al expresivo proverbio catalan: «Tot ho paga ’l cul del frare», al cual corresponde el modismo castellano: «Yo soy el culo del fraile».

Por lo demas no deben confundirse tales hermanos laicos, con los hermanos legos de los conventos, que eran servidores domésticos de la comunidad, y desempeñaban en ella los oficios mecánicos, tales como hortelano, cocinero, refitolero, etc. A veces, ya en el convento adquirian la instruccion necesaria y entónces pronunciaban los votos y entraban á formar parte de la órden.

[11] P. 4, l. 32. Padres Colegiales. Llamábase así á los que, por tener terminados sus estudios de Filosofía y Teología, se hallaban en aptitud para optar á alguna cátedra, y aguardaban á que hubiese vacante.

[12] P. 7, l. 30. Niños Malabares. Como si dijéramos «niños ignorantísimos». Mas adelante encontraremos tambien «autores Malabares», y «predicadores Malabares», y como semejante palabra, tomada en el sentido indicado, parece que constituye un contrasentido, aplicado á un escritor ó á un orador, juzgamos oportuno dar de ello una pequeña explicacion. En España, lo mismo que en todas las naciones que cuentan con extensas colonias, acontece que marchen á Ultramar, con ánimo de hacer fortuna, personas indoctas, de las últimas clases sociales, que permaneciendo en la madre patria difícilmente saldrian de su humilde y oscura posicion. Lo bueno es que, por punto general, se salen con la suya; mas se explica por aquello de que «en tierra de ciegos, el tuerto es rey». Gentes romas de mollera, que donde nacieron maldito si habrian aprovechado para mas que para escardar cebollinos, son verdaderas eminencias entre salvages. Lo que del vulgo de las gentes, puede decirse de los ministros de la religion: no todos son eminencias teológicas. Hay mas: para catequizar á los que yacen sumidos en las tinieblas de la ignorancia, y abrir sus ojos á los esplendores de la fé, basta con estar dotado de un espíritu de caridad eminentemente cristiana. Los primeros misioneros que pasaron á las colonias del Nuevo Mundo, mas que por sus luces se distinguian por su celo, por su abnegacion, por el sacrificio que hacian de sí mismos en aras de la fé, y de aquí que se les distinguiera con el calificativo, no muy cristiano que digamos, de Malabares; esto es autores, predicadores, sacerdotes, dignos solo, por su escasa ciencia, de vivir entre Malabares, y no ménos ignorantes que los salvages.

[13] P. 13, l. 32. Segun nos informan las historias más verídicas. No obstante el empeño de Cervantes para desacreditar las novelas heróicas y los libros de caballeria, no ha llegado á extirparse por completo en España, y en el vulgo, la aficion á este linage de libros. «La Historia de los doce Pares» y otras del propio jaez se encuentran en los puestos en que se venden los romances de ciegos, y muy mísero ha de ser quien no ahorre unos reales para adquirir tales libros, — que llamaba Anton Zotes «las historias mas verídicas», — para proporcionarse con su lectura grato y apacible solaz. En ciertas provincias del centro de Castilla, no es extraño, ántes bien muy comun, en especial en tiempo de invierno, encontrar reunidas las gentes al amor de la lumbre, ó, donde la leña es escasa, en los establos, que merced al ganado ofrecen un ambiente muy agradable, escuchando embebecidos los hombres la lectura de las proezas de Carlo Magno ó de los Caballeros de la Tabla redonda, en tanto que las mujeres hilan, ó cosen las prendas de vestir de la gente menuda, que suele asistir tambien á la tertulia que lleva el expresivo nombre de «trasnocho».

[14] P. 14, l. 2. El Piscator de Sarrabal. Era este el título de cierto librejo que publicaba todos los años un pretendido astrólogo de Milan, con sus puntas y collares de nigromántico. Alcanzó su librillo, especie de calendario ó almanaque, no poca fama, y á imitacion suya diéronse á luz otros Piscatores en otros puntos, existiendo en consecuencia el de Andalucía, el de Salamanca, etc. Contenian tales librejos gran caudal de noticias de materias útiles y de apacible entretenimiento, tales como recetas, secretos de la naturaleza, acertijos, charadas y logogrifos, y, amen de indicaciones relativas á las operaciones agrícolas ó faenas del campo, pronósticos concernientes al tiempo, anuncios de cambios atmosféricos, lluvias, vientos, en cada una de las fases de la Luna. Tales pronósticos, si no era en lo de anunciar hielos en tiempo de invierno, y tempestades y truenos en verano, casi siempre salian fallidos; de aquí el proverbio «miente mas que el almanaque», que ha sucedido al Piscator; mas sus autores se consolaban, y consuelan aún, con el Dios sobre todo (que vale tanto como decir «será lo que Dios quiera»), que es la frase sacramental con que terminan indefectiblemente los versos que constituyen la introduccion ó prólogo del Almanaque, y que llevan el nombre característico de «Juicio del año».

[15] P. 22, l. 6. Los Esculapios. Corrupcion de Escolapios, es decir, hermanos de las Escuelas pias fundadas por S. José de Calasanz.

[16] P. 24, l. 22. Bolas de trucos. Es el juego de trucos uno de los que tenian mas aficionados entre la gente del pueblo. Para él se necesitaban ciertas bolas ó esferas, un tercio mayores que las de billar, labradas de madera dura y elástica, por ejemplo fresno, olmo ó abedul. En los conventos de Franciscanos y Capuchinos no faltaban juegos de trucos, con los cuales se solazaban los devotos de la casa, en el patio del claustro, ó en los paséos de la huerta durante las tardes de invierno, especialmente si el tiempo estaba lluvioso.

[17] P. 26, l. últ. Todo el Lárraga. Tratado de Moral por el cual se examinaban los aspirantes á la carrera eclesiástica. Todavía sirve de texto en algunos seminarios.

[18] P. 28, l. 39. Vísperas de la Expectacion. El 18 de Diciembre, es decir, siete dias ántes de aquel en que se conmemora la Natividad de Ntro. Sr. Jesucristo, celebra la Iglesia la festividad de Nuestra Señora de la O, llamada así por empezar con O los siete himnos (antífonas) que preceden al Magnificat, los cuales se cantan en los siete dias que median desde el 18 al 25. Su comienzo es O Sapientia... O Adonai... O Radix Jessé... O Clavis David... O Oriens... O Rex Gentium... O Emmanuel... Estas Oes son expresion del ansia con que esperaban los profetas la venida del Mesias, y á ellas corresponden las puestas en boca de la Vírgen, cuando para expresar los sentimientos que la mueven, y los deseos que la animan, exclama: O cuando llegará el dia,... O cuando llegará el feliz momento en que veré con estos ojos y sostendré en estos brazos al Hijo de Dios... etc. Esta fiesta fué establecida en España por un Arzobispo de Toledo.

[19] P. 32, l. 3. Definidores. Dábase este nombre á los que aconsejaban sea al Provincial, sea al General de la órden, en aquellos asuntos graves que ocurrian y que por sí mismos no sabian ó no querian resolver. Eran como intérpretes ó jurisconsultos: definian las cuestiones dudosas, y habia Definidores provinciales y Definidores generales.

[20] P. 48, l. 5. Reminimista. Persona que se ocupa en pequeñeces y fruslerías literarias (re minima litteraria).

[21] P. 59, l. 30. Emperador perpetuo. Para comprender el valor de estas palabras es indispensable conocer el sistema que regia en las aulas. Los alumnos que á ellas concurrian hallábanse divididos en dos bandos, Romanos y Cartagineses, ó bien Griegos y Troyanos. Uno de los lados del aula se distinguia con el nombre de Roma, y el opuesto con el de Cartago, y estos nombres, escritos en sendas tablillas, campeaban en la pared correspondiente, viéndose debajo de aquellas una abrazadera de hierro, destinada á sostener la bandera ó pendon en que estaba pintada la imágen de la patrona del aula, que lo era generalmente Santa Catalina. Ademas habia otra tablilla que tenia escrita la palabra Victor, la cual se colgaba en la abrazadera destinada á sostener el pendon. En el testero del aula un pequeño estrado, y en él tres sillones, de los cuales el del centro algo mas elevado: este destinado al Emperador; aquellos á los dos Censores. Llegado el último dia lectivo de la semana, hacíase repaso general de cuanto se habia aprendido durante la misma, preguntando el primero el dómine ó maestro al Emperador; este al Censor de Roma; este al de Cartago; este al primer muchacho del bando romano; este al primero del cartaginés, y así sucesivamente hasta llegar al último de la clase. El maestro iba notando las faltas cometidas por los alumnos de cada bando al contestar las preguntas, y segun el resultado, el estandarte, con la tablilla del Victor, se colocaba al lado del vencedor, es decir del que habia cometido menor número de errores. Despues de esto se desafiaban los muchachos mas adelantados dirigiéndose preguntas y proponiéndose cuestiones difíciles, y el que daba mayores pruebas de conocimiento ocupaba el sillon del Emperador, y los dos que en saber le seguian, los de los censores de Roma y Cartago. El que habia ganado la plaza de Emperador, recibia del dómine otra tablilla ó Victor, con la cual se iba á casa de sus padres, con la satisfaccion que se deja comprender, no quedando ellos ménos gozosos y satisfechos, principalmente si eran gente acomodada; mas, si eran de escasa fortuna, habrian de muy buena gana perdonado el bollo por el coscorron, ya que el sábado siguiente, al devolver el muchacho el emblema de su victoria, debia acompañarlo de alguna golosina ó garambaina, con la cual el dómine solia obsequiar á la señora de sus pensamientos, y si no la tenia, vendiendo el regalillo acrecentaba su mísero caudal.

[22] P. 62, l. 2. Asno, y sobra una pierna. Si de la m de Osma se suprime una pierna, conviértese la m en n, y entónces en lugar de Osma dice asno.

[23] P. 66, l. 2. Predicadores generales. Los que tenian licencia del general de la órden, siendo por consiguiente los mas famosos, como superiores en grado.

[24] P. 71, l. 20. Lechuza. Suelen estas rapaces nocturnas anidar en los agujeros de los grandes edificios, y especialmente en los de las iglesias y campanarios. La imaginacion vulgar que, cuando no tiene explicacion que la satisfaga, respecto de los problemas que se propone, la inventa á medida de su gusto, viendo á las lechuzas revolotear de noche en derredor de los templos, y no comprendiendo que se alimentaban de ratoncillos, cucarachas y otras sabandijas, dió en imaginar que se nutrian de sorber el aceite de las lámparas, y lo cree á puño cerrado con ser un disparate mayúsculo. Por supuesto que semejante creencia es de gran provecho para los sacristanes poco escrupulosos, que, con achacar á las lechuzas las mermas en el aceite de las lámparas, pueden hacer muy á mansalva su negocio.

[25] P. 79, l. 44. Presentado. Como si dijéramos que se le reconocia su aptitud para la colacion de un grado superior. Cuando la órden reconocia en uno de sus individuos saber y condiciones suficientes para obtener aquella elevada distincion, lo presentaba, lo hacia presente, y el que mediante este proceder alcanzaba el grado, como que constituía motivo de honra, no se limitaba á usar el simple título de Maestro en sagrada Teología, por ejemplo, sino que añadia el de tan honorífica distincion, poniendo Maestro presentado, que tanto valia como decir, de mérito indisputable: reconocido por la órden.

[26] P. 79, l. 45. Sabatinas. Ejercicio académico, semejante al que tenia lugar en las aulas, del cual nos hemos ocupado en una de las notas precedentes. Consistia en aguzar el ingenio en disputas filosóficas, en las cuales se sentaba una proposicion que defendia el proponente, é impugnaban los adversarios, echando mano de argumentos y segun el procedimiento filosófico entónces en uso. Las sabatinas servian para hacer el aprendizage y sostener públicas conclusiones en presencia de la Comunidad.

[27] P. 82, l. 15. Predicador Mayor y Predicador Sabatino. Es decir: predicador perfecto y consumado, y mero aprendiz ó que hacia sus primeras armas en el ejercicio de la oratoria del púlpito. A la clase de los predicadores sabatinos pertenecian los que, por su poca edad ó escasas facultades, solo en casos extraordinarios podian utilizarse para una festividad ó dia de gran concurso; pero en cambio servian perfectamente para los sábados ú otros dias en que la concurrencia era muy limitada y, por decirlo así, de gente de casa.

[28] P. 86, l. 3. Voto á Cristo. Juramento asaz comun. Algunos para atenuar su trascendencia añadian otra ú otras palabras, por ej. Voto á Cristo valillo; Voto á Cristo Baco valillo nunca ni no etc. En suma, soltar la interjeccion sin contravenir el precepto que prohibe jurar el santo nombre de Dios en vano.

[29] P. 108, l. 31. Familiar de la Inquisicion. Larga nota exigirian estas palabras: sin embargo nos limitaremos á decir que se tenia á título de honra usar semejante distintivo, que por sí solo denunciaba proceder de linage de cristiano rancio sin mezcla de sangre mora ni judía. De aquí que se solicitara con eficacia y que de él hicieran ostentacion las personas mas conspicuas. Por lo demas tales familiares no deben confundirse con los que con tal nombre eran verdaderos criados del Santo Oficio. El título de familiar, en el sentido expresado, era respecto de los familiares asalariados, lo que el de hermano laico, que se adquiria en virtud de la carta de hermandad, á los legos de los conventos, segun va expresado en [una de las notas] que preceden.

[30] P. 150, l. 41. Zahorí. El que está dotado de tal facultad que puede adivinar y descubrir lo mas recóndito, aun cuando se halle escondido en las entrañas de la tierra, con tal que no lo cubra un paño azul. Es esta una de tantas preocupaciones ó creencias populares que se conservan en España, y que procedentes de los pueblos de Oriente llegaron á ella por intermedio de los Arabes.

[31] P. 153, l. 5. El Lector del caso. El fraile que proponia un caso moral, que habia de ser base de discusion para los diferentes miembros de la Comunidad, en las reuniones que con semejante objeto celebraba en determinados dias del mes.

[32] P. 172, l. 36. El Barbadiño. Esta palabra, que se encuentra siempre precedida de artículo, no debe considerarse nombre propio, sino como adjetivo calificativo. La órden religiosa fundada por Francisco de Asís mediante una regla por demas estrecha, sufrió una reforma poco tiempo despues de la muerte del fundador. El hábito que este dió á los hermanos (frailes) se reducia á un tosco sayal de lana burda provisto de una capucha, ceñido al cuerpo por medio de una cuerda: los hermanos no debian raparse las barbas ni hacer en su rostro cosa alguna que trascendiera á mundanal afeminacion: todo era en la órden mortificacion y sacrificio. Muerto el fundador, relajáronse los preceptos de la órden, so pretexto de que la naturaleza humana no podia resistir tan duras pruebas, y de aquí resultaron los franciscanos, que fueron los que aceptaron la reforma, y los capuchinos, que se mantuvieron fieles á la regla establecida por el pobre de Asís. Estos continuaron usando la barba, y de aquí que les distinguieran con el título de barbadiños, diminutivo de barbudos, que empleaban no porque la barba fuese menguada, sino por humildad.

[33] P. 181, l. 19. Pacencia Calros pacencia. El principado de Cataluña perteneció durante algun tiempo á Carlos III. de Francia, que para hacerse bien quisto de sus nuevos súbditos residió entre ellos una corta temporada, gastando el dinero á manos llenas; mas en cuanto volvió las espaldas, se rebelaron de nuevo los catalanes sin que de nada le aprovechara al francés su fastuosa prodigalidad. Quejábase el soberano amargamente de tan inesperada ingratitud, y como de ello se enteraban los catalanes, exclamaron Paciencia, Carlos, paciencia! De aquí nació tambien el refran alusivo á la adulacion interesada: Viva Carlos III, miéntras viva su dinero.

[34] P. 183, l. 13. Flaires Gaspachos ú Hospitalarios. Orden establecida para la curacion de los enfermos.

[35] P. 230, l. 41. La tercera edad. Los españoles dividen la vida humana en siete edades: Infancia; Niñez; Adolescencia; Mocedad; Virilidad; Senectud; Caducidad. — Casi nunca se dice Virilidad y Caducidad, sino edad viril y edad caduca.


Imprenta de F. A. Brockhaus, Leipzig.


Nota de transcripción