CAPITULO IX.
Donde se cuenta el maravilloso fruto que hizo el sermon del Magistral en el ánimo de Fray Gerundio.
1. El qual assí atendió á toda la entretenida y graciosa conversacion, que passó entre el Magistral y el monsieuríssimo de Don Cárlos, como ahora llueven albardas; porque enteramente preocupado de la jabonadura, que aquel le estaba dando, no podia echar de la imaginacion las especies, pegándosele mas aquellas que le herian mas en lo vivo, no de otra manera que una mosca de burro se clava mas en la carne que otra mosca regular, por quanto aquella tiene el aguijon mas penetrante que esta. Sobre todo le afligia extrañamente ver desvanecidas en un instante todas aquellas alegres idéas de fortuna, que él se havia representado, dando por supuesto que su Tio quedaria encantado de sus prendas y talentos, luego que le oyesse predicar. Lloraba amargamente dentro de su corazon, que ya el Magistral, aunque llegasse á ser Arzobispo de Toledo, no haria caso de él, y que ni siquiera solicitaria con la Orden que le hiciessen Superior de una Pinzocha, quanto mas proporcionarle un Obispadillo en Indias, como ya él lo tenia consentido, y tanto que havia dado palabra á una buena viuda del lugar que, quando le hiciessen Obispo, (lo que á su parecer no podia tardar mucho,) llevaria consigo á un hijo suyo, que á la sazon tenia doze años, y le haria su Page de cámara, cosa que consoló infinitamente á la bendita de la muger, la qual le pidió por gracia, que no le dexasse comer turron ni mermelada ni cosa de dulce, porque el muchachuelo era goloso y padecia mucho de lombrizes, concluyendo que assí se lo suplicaba por amor de Dios á su Ilustríssima. Fray Gerundio la empeñó su palabra episcopal de que esta seria la primera advertencia que haria, assí á su Mayordomo como á el Maestro de Pages, y, dándola á besar la mano con mucha autoridad, la echó la bendicion y la despidió muy consolada.
2. Pero, como todas estas alegres imaginaciones se convirtieron en humo, luego que se acabó ó se interrumpió la terrible repassata del juicioso y docto Magistral, no se puede ponderar qué triste, melancólico y pensativo quedó el pobre Fray Gerundio: todos los demas salieron á despedir á Don Cárlos; solo él se quedó en la sala, sentado en una silla, el codo derecho sobre el brazo de ella, la cabeza reclinada sobre la mano, los ojos clavados en la tierra, y lanzando profundos suspiros de lo mas íntimo de su corazon. En esta postura le encontró su grande amigo Fray Blas, que hasta entónces havia estado durmiendo la siesta, para cuya larga duracion havia hecho méritos en la mesa; y, como no havia oído el sermon del Magistral ni assistido á la visita del Cortesano Don Cárlos, quedó estrañamente sorprendido, quando vió á Fray Gerundio convertido en una viva imágen de la misma melancolía.
3. «Qué es esto, Gerundio amigo?» le preguntó sobresaltado. «Qué novedad es esta? Assí te dexas dominar de la tristeza en el dia de tus mayores glorias? Quando has llenado de regocijo á tu patria, has de dar entrada en tu corazon á essa negra melancolía? Es possible que las bocas de todos están hoy empleadas en panegyrizar tus assombrosos talentos, sin acertar con otras voces que no sean las de tus mayores aplausos, y solamente la tuya ha de obscurecer la celebridad del dia con dolorosos suspiros? Te duele algo? Te ha sentado mal la comida? O acaso te atormenta tu aprehension, pareciéndote que dexaste algo que desear en el assombroso sermon que predicaste? ó que omitiste alguna circunstancia substancial, ó que pudiste tocar mejor alguna de las que tocaste, ó finalmente que alguno de los innumerables textos que traxiste no vino tan á pelo, como ahora se le representa á tu delicadíssimo ingenio? Pues te hago saber que, si es algo de esto lo que te melancoliza, miente tu aprehension como una grandíssima embustera, y no has de hacer mas caso de ella que de un cínife que te zumba á los oídos, todo bulla y nada substancia: no ha oído el Páramo sermon igual, ni en los famosos púlpitos, que bañan las aguas del rio Tuerto y las del rio Grande, se ha de predicar en muchos siglos panegýrico mayor; hora se mire la propriedad ingeniosa del assunto, hora se atienda la delicada oportunidad de las pruebas, hora se considere la menuda y sútil comprehension de todas las circunstancias, hora se reflexione la casi divina aplicacion de los textos, hora se examine la sutileza de los reparos y la agudeza de las soluciones, hora finalmente se pare la consideracion en la variedad hermosa del estilo, unas veces elevado, otras cadencioso, pero siempre sonoro, y elegante siempre: pues, siendo esto assí, de que te entristeces? qué motivo tienes para estar tan melancólico, tan enagenado y tan pensativo?»
4. — «Ay, Padre Predicador mio de mi alma, exclamó Fray Gerundio, y como se conoce que no sabe vuestra Merced lo que me ha passado con mi Señor Tio el Magistral! Pero aquí no estamos bien, ni podemos hablar con libertad; tomemos los sombreros y los báculos y salgámonos al campo por la puerta del corral, miéntras la gente está allá ocupada y divertida en despedir á un tal Don Cárlos, que viene de Madrid y para mí debió de ser algun Angel del Cielo, que traxo Dios para que me conservasse la vida; porque llegó á tiempo que ya no podia mas, y temí que me diesse un accidente, oyendo las cosas que me estaba diciendo mi Tio. La entrada de Don Cárlos cortó la conversacion, y ellos tuvieron allá otra á que yo no atendí, aunque me hallaba presente, porque me ocupaba enteramente la atencion aquello que me dolia. Salgámonos, salgámonos al campo, que ya rebiento por desahogarme con vuestra Merced, y oirá cosas que le aturdirán.»
5. Cogieron los sombreros, tomaron los báculos, y, sin que los viesse ninguno de los que estaban enfrascados en la bulla de la despedida, se salieron al campo por la susodicha puerta. Contó Fray Gerundio á su estrechíssimo amigo todo quanto le havia dicho el Magistral, sin perder casi punto, sýlaba ni coma; porque, sobre ser de una memoria feliz, como le havian penetrado tanto las razones de su Tio, se le havian gravado profundamente en el alma. Díxole, que lo mas que havia sentido en aquella sangrienta correccion era, que se la huviesse dado á presencia del Canónigo Don Basilio y del Familiar; porque, ademas de lo que perderia con ellos, no dexarian de divulgarlo entre otros muchos, y con esso iba su crédito por los suelos: especialmente desconfiaba mucho de su pariente el Familiar, porque le havia notado la grande complacencia con que estaba oyendo al Magistral, y que á su modo cerril y tosco seguia en todo las mismas máximas, á que se añadia tener un genio zumbon á lo socarron y ladino, en fuerza del qual no dexaria de divertirse á su costa todas las veces que se ofreciesse. Finalmente, no le dissimuló que le havian hecho mucha fuerza las razones del Magistral, y que estaba muy tentado á dexar la carrera, porque conocia que no era para ella, y entablar la pretension de que le volviessen á los estudios, ó, quando esto no pudiesse ya ser, que le dedicassen al choro.
6. «Víctor! dixo Fray Blas, y que te den un confite por la gracia: vamos claros, que la docilidad del chico y su blandura de corazon es admirable. Es possible, (pecador de mí!) que te haya hecho tanta fuerza el lastimoso sermoncillo del Señor Magistral, que, si solo se reduxo á lo que me has contado y yo te he estado oyendo con grandíssima paciencia, es de lo mas fútil y ridículo que se puede pensar? Dime, hombre apocado, te dixo alguna cosa tu Tio, que no hayas oído ya cincuenta mil veces? Añadió algo de substancia á las vejeces de nuestro Reverendo Padre Fray Borzeguíes Marroquíes, alias el Maestro Fray Prudencio? La missioncita que te predicó á tí el circunspectíssimo Señor Don Magistral, no es tan parecida como un huevo á otro huevo á la otra, que me predicó á mí aquel otro Reverendíssimo de márras, despues de mis dos famosos sermones de la Trinidad y de la Encarnacion, cuya memoria durará por los siglos de los siglos, y de cuyas utilidades se conservarán reliquias por algunos años en el baul y en las navetas?»
7. «Oh Señor, que son disparates! Oh Señor, que son locuras! Esto se dice, pero no se prueba. Mas séanlo en buen hora. Si las locuras y los disparates grangéan tanto aplauso, dónde hay en el mundo mejor ni mayor sabiduría? Si los disparates y las locuras son tan proficuos, qué mayor locura que ser cuerdo? ni qué mayor disparate que predicar con juício? A este precio sea sabio el que quisiere, que yo á mi bolsillo me atengo: éntrese en casa la dicha, y mas que se entre por la garita. Díxolo todo divinamente un Theatino, que en Dios y en mi conciencia es lástima que lo sea:
... Quod si hæc insania dici
Debet, amabilior nulla est sapientia; malo
Desipere hoc pacto, fias utcumque beatus;
Optandum ut fias; sunt et deliria tanti.»
8. «Ven acá, corazon de lana: tú no sabes la estrecha amistad y la grande correspondencia, que tiene el Señor Magistral con los padrotíssimos de la Orden? Ignoras que estos le han pegado sus máximas de in illo tempore, y que las suyas no son mas que echos de las de sus Reverendíssimas? Pues, si no te hicieron fuerza en la boca de estos, por qué te la han de hacer en la de aquel? Acaso las da mas peso la sobrepelliz y el bonete que el escapulario y la capilla?»
9. «Amen de esso, has de tener entendido que tu Señor Tio, á lo que he oído decir, se ha declarado sectario de ciertos Predicadores, que ahora se van usando assí en la Corte como fuera de ella, los quales se llaman Predicadores modernos, ó á la moderna, para distinguirlos de los antiguos, á quienes se los da el nombre de Predicadores veteranos, y con grande propriedad á mi pobre juício; porque, assí como en la milicia vale mas un soldado veterano que quatro visoños, assí en las campañas del púlpito un veterano Predicador importará por quatro modernos; y créeme que hablo con modestia, porque no exageraria mucho, aunque dixesse que valia por quarenta.»
10. «Porque al fin, á qué se reduce esta secta? Ante todas cosas sienta por primera máxima fundamental, que todo sermon, sea panegýrico, sea moral, sea fúnebre y aunque sea tambien de ánimas (cosa ridícula), se ha de dirigir primaria y principalíssimamente á la reformacion de las costumbres, haciendo amable la virtud y aborrecible el vicio; con sola esta diferencia que en los del género laudatorio, á que se reducen los panegýricos y los fúnebres, se hace comunmente por via de imitacion; en los morales, á fuerza de razones; y en los de ánimas se ha de proceder por el terror y por el escarmiento. Has oído en tu vida cosa mas extravagante? Con que, hétele que todo sermon ha de ser una missioncita, y el Predicador que no se meta á Missionero, que aprenda otro officio... Vamos claros; que es buena impertinencia.»
11. «Supuesto este principiote, se sigue naturalíssimamente el otro, conviene á saber, que todo assunto, sea en la oracion que se fuere, ha de ser mazorral y á plomo, quiero decir, tan sólido y tan macizo que no haya mas que desear. Pongo por exemplo: predicas un panegýrico en la fiesta de Todos Santos; pues, has de tomar por assunto esta proposicion ú otra equivalente: La santidad es la verdadera sabiduría; esta habita en los Santos y reina en toda su conducta. Lo mas mas que se te permite, es que dividas el mismo pensamiento ú otro semejante en dos proposiciones, proponiéndolos con un airecillo de antíthesis, como si dixéramos: El Santo tenido por ignorante es el verdadero sabio, primera parte; el sabio sin virtud reputado por docto es el verdadero ignorante, parte segunda. Has visto cosa mas fria?»
12. «Predicas el panegýrico de un Santo, verbi gracia de San Joseph; pues guárdate bien de tomar por assunto, que San Joseph fué mas Padre de Jesus que el mismo Padre eterno, fué mas hijo del Padre eterno que el mismo Verbo divino, fué mas Esposo de la Vírgen que el mismo Espíritu Santo; porque este divino assunto, predicado por un orador portugués, monstruo del púlpito, (y no es el Padre Vieyra,) aunque se reduce en suma á tres hypérboles galantes, levantarán el grito los sectarios de la nueva moda y te dirán con la mayor frescura en tus mismas barbas, que son tres heregías valientes. Solo pues te será licito decir que San Joseph, como Padre putativo de Jesus, fué el hombre á cuyas órdenes estuvo Dios mas rendido, y fué el hombre que mas se rindió á las órdenes de Dios. Mira por tu vida, qué grandíssima frialdad!»
13. «Quieres predicar de algun mysterio, como verbi gracia de la Trinidad? Si te empeñaras en probar, que las tres divinas Personas en una indivisible essencia eran el Geryon de la gracia, ó el impossible de Edipo, ó el lazo gordiano burlador del azero de Alexandro, todos estos Oradores á la moderna te gritarian: Al loco, al blasphemo, al impío! Y no te verias de polvo, siendo assí que todos tres son otros tantos pensamientos assombrosos, que andan impressos con todas las licencias necessarias, y que merecen realmente eternizarse, no digo yo en los moldes, sino en letras de diamantes; pero tú, guárdate bien de empeñarte en essas valentías del ingenio; porque estos hombres hocicudos, que tienen ojeriza con todo lo que es delicadeza, sobre los silvos susodichos, te delatarian á la Inquisicion ó te harian ridículo en estrados y tertulias. Conténtate pues con decir simple y sencillamente, como pudiera un Sayagués: El mysterio de la Santíssima Trinidad es entre todos los mysterios, lo primero, el mas obscuro á la razon, y lo segundo, el mas evidente á la fé. Insulsez que es capaz de hacer insípida y zonza á la misma sal.»
14. «Consiguientes en todo á su systema, dicen despues, que estos assuntos de argamassa se han de probar con razones de cal y canto, y es claro que las han de encontrar en abundancia y á qual mas metida en harina; porque, como todas aquellas proposiciones son unas verdades perentorias, que parece las está dictando la misma razon natural, á la primera azadonada de la reflexion descubren una cantera de pruebas, con que fabrican un sermon mas sólido que la obra de Escurial. Es cierto, que estas razones las tornéan, las vuelven y las revuelven de mil modos diferentes, adornándolas con tropos, con figuras y con todo el aparato rhetórico, que no parece sino que está un hombre oyendo á Ciceron, á Junio Bruto, á Cayo Graco ó á Cornelio Cethego. No dexan de la mano á aquel eterno hablador, que se ha levantado lo mas iniquamente del mundo con el título de Príncipe de los Oradores, siendo assí que le quadraria mejor el de Director ó Bastonero de todos los locutorios
manibus Cicerunculus hæret
Semper, et adtritus nocturno idemque diurno
Pollice.
Conceptos, agudezas, equívocos, reparos subtiles, réplicas delicadas, todo esso lo destierran de sus sermones, y, si tal vez tocan algo de mythología, de fábula ó de erudicion profana, es tan de corrida y con tanta vergüenza, que visiblemente se llena de vermellon donzel su pudibundo semblante.»
15. «A la Historia sagrada, á la eclesiástica y á los Santos Padres ya dan algun lugar, pero como? No como nosotros que, si citamos algun passo historial ó algun texto ó sentencia de Santo Padre, aunque sea muy larga, lo presentamos todo con su ser, corpulencia y tamaño natural, para que venga á noticia de todo el auditorio, con sus pelos, señales y circunstancias. Ellos no van por esse camino: toda essa erudicion la entretexen, la embuten ó la incrustan en sus proprios discursos, de modo que todo parece una misma pieza, sin que se descubra rima, encaxe, barniz ni escotadura: sermones parecidos á las fábricas modernas de Roma que llaman impelichadas, las quales parecen todas de pórphydo, mármol, jaspe ó alabastro, quando, en realidad, de todas essas piezas no tienen mas que una hojita superficial para engaño de los ojos, que se dexa levantar al impulso de una uña:
Vana superficies, quam solus judicat unguis
Aut oculus.
Y hay tanta diferencia en el modo de citar de los Predicadores veteranos al modo de citar de los modernos, quanto va de las fábricas modernas á las antiguas. En estas, para formar una urna de jaspe era menester consumir un monte:
Scilicet ut grandem mons integer iret in urnam;
y en aquellas se fabrica un palacio con el jaspe que ántes se gastaba en una urna.»
16. «Allá se va el modo con que citan los otros textos de la Escritura, que no son historiales, sino doctrinales, sentenciosos ó prophéticos. Los mas los dan desleídos en sus mismos raciocinios, pareciendo el texto, la glosa y la aplicacion vino todo de una misma cuba, al modo que San Bernardo los cita sin citarlos, componiendo una cláusula perfecta la mitad de sus palabras, y la otra mitad de palabras de la Sagrada Escritura. Tal qual textecillo presentan al auditorio á cara descubierta, pero con grande parsimonia, como se usan las especies en los guisados, porque dicen, que en cargándolos de ellas los hacen desabridos en lugar de sazonarlos. Aún los poquitos que sacan al theatro son por lo comun literales, porque del sentido alegórico gastan y gustan muy poco; del tropológico ó acomodaticio casi nada, y no les falta un tris para condenarle; no lo hacen con las palabras, pero lo hacen con la obra, dexándole arrinconado y no dándoseles un pito de que se cubra de telarañas.»
17. «De intérpretes, expositores y versiones, cuya hermosa variedad adorna tanto nuestros sermones y nos sirve para probar todo quanto se nos antoja, hacen ellos poquíssimo caudal ó, por mejor decir, ninguno. Veráse, no digo ya todo un sermon, sino un tomo entero de sermones á la moderna, sin que en todo él se haga memoria ni del sabio Cornelio, ni de la púrpura de Hugo, ni del erudito Calmet, ni del profundo Baeza, ni de Celada, á quien nada se le esconde, ni del agudo Zuleta, y lo que es mas, ni del doctíssimo Silveyra, siendo assí que con este último inagotable expositor puede un Predicador, que sepa manejarle, andarse por esse mundo de Dios y probar hasta la existencia de los mismos impossibles, en caso urgente y necessario, siendo cosa averiguada que no hay almagacen mas socorrido para un aprieto y para qualquiera assunto.»
18. «Es lástima oir, como tratan estos Predicadores de moda á muchos expositores. No se atreven á tocar en los Santos Padres, de los quales hablan en realidad con respeto; porque no quiero infernar mi alma ni levantarles falsos testimonios. Tambien hacen la cortesía á algunos pocos intérpretes de los que no están tan arriba, confessando que fueron hombres verdaderamente sabios, de penetracion, de juício y de una profunda inteligencia de la Sagrada Escritura, á la qual convienen que ilustraron mucho con sus doctos comentarios. Pero de otros expositores, á quienes llaman ellos de escalera abaxo, de turba multa, ó Expositores de municion, da cólera oírlos hablar: dicen que los mas no hicieron otra cosa que poner en mal latin los sermones que havian predicado en peor romance; que con el glorioso título de Comentarios sobre esta ó aquella parte de la Escritura embarraron cantidad immensa de papel, llenándole de conceptillos aereos, de pensamientos inanes, de discursos pueriles y de dissertaciones phantásticas, cargándolas de erudicion á metralla; y finalmente, que los mas, como totalmente ignorantes de las lenguas Hebréa, Syriaca, Caldéa y Griega, en que se escrivieron originalmente los libros sagrados, desbarraban lastimosamente en la inteligencia del texto de la Vulgata, dándole una significacion tal vez contraria á su verdadero sentido, muy violenta y casi siempre arbitraria. Imbuídos en estas máximas, quiebra el corazon ver el desprecio, con que tratan á los mejores y mas socorridos autores de que se compone regularmente la escogida librería de un Predicador de tabla; y assí no los verás citados en sus sermones, aunque te descejes ni aunque dés una peseta por cada cita.»
19. «De esso de variedad de versiones no se trate: su Vulgata á pasto y tal qual vez, por plato extraordinario, un poco de la version de los Setenta, y á Dios amigo. La Syriaca, la Caldéa, la de Pagnino, la de Vatablo, ni saber como leyó Arias Montano, les da á ellos el mismo cuidado que averiguar qual fué el centesimo abuelo de Tamas Kauli-Kan: siendo assí que nosotros los Predicadores veteranos con la diferencia de versiones nos bandeamos maravillosamente para guisar, probar y ajustar todo quanto queremos, sazonando nuestros pensamientos con tanta delicadeza que el apetito mas dormido abre tanto ojo, y el paladar mas melindroso se chupa los dedos tras de ellos; porque, en realidad, donde hay cosa mas aguda ni mas divertida ni mas sazonada que decir un Predicador: Donde la Vulgata lee piedra, el Syriaco vierte anillo, el Caldéo círculo, los Setenta cúpula; y donde lee pan la Vulgata, Vatablo leyó espada, Pagnino misericordia, Arias Montano sabiduría, y el Burgense calabaza? y haciendo despues, de todas estas idéas, quantas combinaciones á uno se le antoje, probar todo lo que quisiere con ingenio y con sutileza; fuera de que, oyendo el auditorio que el Predicador cita á roso y velloso al Syriaco, al Caldéo, al Griego y al Hebréo, se persuade sin razon de dudar, que sabe todas estas lenguas como la suya propria, tiénele por monstruo de sabiduría, y oye todo quanto dice con un respeto que pasma. Los oradores modernos se burlan de todo esto, teniéndolo por ostentacion, aparato, alaracas y charlatanería; pero yo, con licencia de sus Mercedes y de sus Reverendíssimas, me burlo de todos ellos.»
20. «Ves aquí, Gerundio amigo, el plan de la nueva secta, de la qual, segun tengo entendido, se ha declarado ciego partidario tu Tio el Señor Magistral, siendo uno de los que mas furiosamente predican á la francesa; que en suma, á esso se viene á reducir la nueva moda. No te dissimularé, que la gente sesuda, la que se llama crítica, la devota y la que se precia de culta, se ha declarado tambien á banderas desplegadas por el mismo partido. Vase tras de un orador á la moderna, como los niños se van tras los danzantes y tras la tarasca en el dia del Córpus: á estos los celebran, los ensalzan, los colocan mas arriba de las nubes, quando á nosotros nos desprecian, nos deprimen, haciendo tanta burla y tanta chacota de nuestro modo de predicar, que no parece sino que hemos nacido para ser los dominguillos de sus conversaciones y tertulias.»
21. «Pero, qué importa ni qué nos empece este puñado de gente melancólica y descontentadiza, quando tenemos á nuestro favor la mayor, la mas sana y la mas discreta parte de nuestra península, desde oriente á poniente y desde el septentrion á mediodía? Nuestras son todas quantas Cofradías levantan varas ó enarbolan estandartes en el continente español, desde los Pirinéos hasta la embocadura de el Tajo, y desde Finisterre hasta las Algeziras. Nuestros son todos los Mayordomos de estos ilustres cuerpos, que se exhalan por buscarnos y se empobrecen por enriquecernos. Nuestros son los formidables gremios de Zapateros, Curtidores, Sastres, Barraganeros, Mercaderes, Escrivanos, Procuradores, y hasta en el respetable gremio de los Abogados no nos faltan innumerables parciales. Nuestra es la muchedumbre de las Ciudades, el Concejo de las Villas, el total de las Aldéas, la mosquetería de las Universidades, la juventud de los Claustros, y aún en la misma ancianidad podemos contar amigos, auxiliares y defensores.»
22. «Dígalo, si no, aquel famoso campeon y aquel valiente Paladin, que á los sesenta y mas años de su edad, y á los veinte y mas de Predicador veterano, exercitados muchos de ellos en el mayor theatro de España, salió tan denodadamente á nuestra defensa. Havia predicado á la moderna en una de las funciones mas famosas de la Corte cierto Orador, Cathedrático á la sazon en una célebre Universidad, y, aunque no de muchos años, estaba reputado por gran Theólogo, por insigne Predicador, por ingenio conocido y, en fin, por hombre verdaderamente sabio, mas que regularmente instruído en las divinas y en las humanas letras (quédese esta opinion en su lugar, que yo no soy amigo de quitar á nadie la buena ó mala que Dios le deparare). En fin, él predicó un sermon que logró exquisito aplauso de todos los anti-veteranos: assunto grave, pruebas macizas, mucho de esto que se llama eloquencia, pocos textos, citas por alambique, reflexiones morales en abundancia, Escritura desleída, Evangelio, y á ello nada de chistes, y lo mismo de circunstancias. Imprimióse la oracion, y aprobóla con grandes campanillas cierto Clérigo de autoridad,[25] que ha dado la gente en la manía de que es el Gallo de Predicadores y que como tal puede y debe cantar en toda España, como si dixéramos en su propio muladar. Mas hay hombres de tan mal gusto, que no dudan decir que este Gallo, respecto de nuestra oratoria evangélica, á la qual suponian sepultada en una obscuríssima noche, es el precursor del dia, el despertador del sol, el que derrite las densas tinieblas que se havian apoderado de nuestro polo pulpital, el que dissipa las patrullas de los Predicadores arlequines, saltimbanquis, ligeros y matachines, que divertian á la gente en vez de instruírla, y empeoraban las costumbres en lugar de enmendarlas; aplícanle sin mas ni mas aquel par de estrophas de cierto hymno:
A nocte noctem segregans
Præco diei jam sonat
Jubarque solis evocat.
Hoc excitatus Lucifer
Solvit polum caligine:
Hoc omnis errorum cohors
Viam nocendi deserit.»
23. «Y qué te parece? que se contentan con esto? No paran aquí: passan adelante, y no dudan aplicarle otro buen trozo del mismo hymno, queriéndonos persuadir que le viene como de molde. Empéñanse en decir, que este Gallo hace abrir los ojos á los amodorrados, mete tanto aguijon á los soñolientos, confunde y convence á los pertinaces, y, en fin, que á fuerza de cantar él en el púlpito como se debe, hay esperanza de que haga cantar á todos los demas Predicadores como es razon:
Gallus jacentes excitat
Et somnolentos increpat;
Gallus negantes arguit.
Gallo canente spes redit.
De este hombron, coco de los Predicadores y choriphéo de la nueva secta, es la aprobacion susodicha.»
24. «No la pudo sufrir aquel Predicador veterano, cuyos nobilíssimos sermones peinaban tantas canas como su cándida cabeza. Caló el morrion, echóse la visera, vistió la cota, que algunos, por lo breve de su cuerpo, dixeron era cotilla, enristró la lanza, y desde la misma dedicatoria, dirigida á un gran Señor, comenzó á correr el Gallo, pero como? Desplumándole, descrestándole, y en fin haciéndole añicos. Alaba lo que él reprueba, y condena lo que él aplaude, haciendo una descripcion tan galante de los sermones de moda que no hay mas que pedir; yo la tomé de memoria, porque me cayó muy en gracia, y dice assí»:
25. «Si V. E. Señor para mientes, como dice nuestro castizo idioma, hallará en estos sermones, que ya llaman de moda, si no el todo, parte mucha de lo que en aquel gabinete sucedia: Vamos, vamos á oir al Padre Don F., al Señor Don Z., al Doctor tal, que predica de moda. Quiere á mi ver decir esta palabra un quadro sin imágen, una imágen sin templo, un templo sin altar, un altar sin sacrificio, un sacrificio sin Sacerdote, y un Sacerdote sin el proporcionado ornamento: es puntual descripcion de un sermon de moda.»
«Qué te parece, amigo Gerundio? Has oído en tu vida comparacion mas á pelo, símil mas adequado, ni descripcion mas puntual de un sermon á la moderna? Porque, en realidad, si la cosa se considera bien y sin passion, la multitud de textos, la bulla de citas, el aparato de erudicion, la variedad de versiones, el paloteado de retruécanos, la gala de los equívocos, lo sútil de los conceptos, la delicadeza de los reparos, el escape de las soluciones, y de quando en quando el chiste de los gracejos, son puntualíssimamente la imágen, el templo, el altar, el sacrificio, el Sacerdote, el amito, la alba, el cíngulo, el manípulo, la estola y la casulla de un sermon equipado como es justo; y al que le falta todo esto, hágote un sermon en carnes vivas, que es una vergüenza y una compassion.»
26. «No es mi intento, ni por ahora seria del assunto, hacerte una relacion individual de todo lo que dixo el Predicador veterano en el discurso del sermon, que dedicó al susodicho gran Señor, en immortal gloria nuestra y en eterna confusion de los modernos. Essa seria obra larga, y era menester producir toda la pieza, que es única en su linea y la conservo en la celda enquadernada en papel dorado, para molde y original de mis sermones, (se entiende despues del Florilegio sacro,) si es que alcanzan mis fuerzas á una débil imitacion. Ni quiero cansar tu atencion con referirte, que un tal D. Gutierre Fernandez (hombre ignorantíssimo y desalmado, si los ha havido jamas,) disparó un par de cartas insolentes y atrevidas á un qual D. Fulano Valdenoches, las quales, puesto que no salieron á luz, anduvieron de ronda de mano en mano, de casa en casa, y de estudio en estudio, assí en la Corte como fuera de ella, é hicieron una riza de todos los diantres. Pero en quienes? En los anti-Oradores Magistrales y en sus seguaces, que son unos pobres pelones; porque, aunque es assí que las tales cartas convencen, que en el sermon de nuestro heróico defensor se hallan tres ó quatro proposicioncillas heréticas, algunas otras malsonantes, tal qual textecillo de la Escritura supuesto, muchos mal citados, este ú el otro testimonio venial levantado á los Santos Padres, y assí de otras cosuelas á este tenor, qué hombre de juício hace caso de semejantes bagatelas? Quien no sabe, que essos son hypérboles galantes, valentías del discurso, arrojos del ingenio, y festivíssimas aperturas de una fantasía que se eleva, que se arrebata y no anda arrastrando por el suelo? Si se huvieran de reparar y cortar en nuestros sermones estos Icáricos vuelos, donde iriamos á parar?»
27. «En fin, este Orador insigne á la veterana, que contaba entónces sesenta y ocho años de edad, y á los veinte y quatro de púlpito, al qual, segun esta cuenta, no subió hasta los quarenta y quatro, que es ya edad madura, en la qual al Predicador mas tardío le puede haver salido el uso de la razon pulpitable; este Orador veterano, vuelvo á decir, añoso, famoso y canoso, acredita bien que aún dentro de los claustros tenemos partido, no solo entre aquellos que apénas los apunta el bozo de la oratoria, que essos á red barredera los puedes contar por nuestros, sino entre los mas añejos, mas veteranos y aún mas vetustíssimos. Y hay la gracia particular de que estos hablan por experiencia, en cuya escuela, que es la mas segura y la mas convincente, han aprendido lo bien que les ha salido la cuenta predicando á la veterana, pues no hay mejores cien doblones que los que se hallan de repuesto en sus religiosas navetas, ni chocolate mas rico, ni botes de tabaco mas exquisito, ni pañuelos de tela y de color mas finos, ni ropa blanca mas delgada que la que encontrarás en sus pobres alacenas, caxones y baúles.»
28. «Pues, siendo todo esto assí, quis furor, quæ te dementia cepit? qué locura es la tuya? qué delirio se apoderó de tu cabeza, quando assí te la trastornó esse tu tiesíssimo y circunspectíssimo Tio, tumbándote patas arriba á quatro razones miserables, que te alegó el tal Dómine Espetera? Perdóname si me descompongo, porque no me puedo contener al hablar de estos encaprichados y testarudos parciales de la sinrazon, aunque por otra parte sean hombres de autoridad y de respeto. No quiero ya, que hagas caudal de mis razones, sin embargo de ser todas tan convincentes, tan triumphantes que no admiten réplica ni sufren resistencia. Tampoco quiero ya, que te hagan fuerza los exemplares que te he puesto delante de los ojos, ni tantos millares de millares de Predicadores veteranos como han hecho fortuna por este camino, ni lo que has tocado y estás tocando por tus proprias manos en mí mismo, que siempre le he seguido y que en mi vida no pienso seguir otro. Será possible, Gerundio del alma, que no te convenza tu experiencia propia? Tan mal te ha ido desde que comenzaste la carrera, emprendiéndola por esta via lactea ó, hablando con mas propriedad, por este caminito de la plata? Sermon y medio has predicado hasta ahora en público, y otro entre las paredes del Convento, y qué hombre hay ya mas famoso en toda la redonda? De qué otro retumban mayores ni mas encarecidos aplausos en todo el dilatado y espacioso ámbito del Páramo? Piensas que tu fama se ha limitado á las paredes solas de Campazas? Oh quanto te engaña tu encogimiento y tu modestia! Llegó ya á Villaquexida, extendióse á Villamandos, se dilató á Villamañan, y hasta en las márgenes del Orbigo resuena el eco de tu nombre con tanta claridad como en las concavidades de Villaornate; poco dixe: ó me engaña mucho el pensamiento, ó siento acá en lo mas interior del alma no sé qué prophéticos presagios de que en breve tiempo no se ha de hablar de otra cosa que de Fray Gerundio en toda España, y aún se adelanta el vaticinio á descubrir entre no sé qué lejanas lumbres, que ha de penetrar tu famoso nombre hasta las provincias extrangeras.»
29. «Miéntras tanto, es cierto que ya no se sabe hablar sino de tus sermones, de tus prendas y de tus talentos, en essos caminos, en essos campos, en essas tierras, en essas viñas, en essos erreñales, en essas eras, y aún en todos essos mercados del contorno. Miéntras tanto, es indubitable que ya no hay Cofradía que no te desée, no hay Mayordomo que no te solicite, no hay sermon de ánimas que no te aguarde, no hay retablo nuevo que no clame por tí, y no hay semana santa que no te tienda los brazos. Pues, corazon amilanado, por qué te acobardas? Alma de cántaro, por qué te quiebras? Espíritu pusilánime, por qué te desmayas? Desprecia, desprecia generosamente esse terror pánico que se ha apoderado de tu pecho; no hagas caso de essas pasmarotas, con que intentan aturrullarte los ciegos y apassionados sectarios de la novedad y, confirmándote en el heróico empeño de no desviarte un punto del camino real y derecho que tan gloriosamente has comenzado, ríete á carcajada tendida de todos aquellos que pretenden arredrarte de él, no dando otra respuesta á sus razones que la que yo dí, y tambien te suministré en ocasion muy semejante, de la qual te acordarás sin que yo te la repita:
Mingere cum bombis res est gratissima lumbis!»[26]
30. No de otra manera que quando en el corazon del invierno amanece el Orizonte cubierto de una densa niebla, la qual poco á poco se va al principio enrareciendo, luego que el sol presenta la batalla, comenzando la funcion con la escaramuza de sus rayos; pero no se declara tan de repente la derrota de los esquadrones tenebrosos, que no disputen por largo tiempo el terreno, pues, titubeante al parecer y como neutral la victoria, ya el sol abre los nebulosos esquadrones, ya estos se vuelven á cerrar mas densamente, muchas veces aquel los rompe, y otras tantas estos le rebaten; ya el exército del sol passa por el vientre del campo de la niebla y, aunque con luz cansada, no tanto dora quanto argentéa la cima de un vecino monte, ya se vuelve á cerrar el exército enemigo y, repeliendo al contrario, parece que le retira hasta su mismo atrincheramiento; durando el fluxo y el refluxo de la dudosa contienda hasta que, al acercarse el mediodía, encendidas en fogosa cólera las tropas de la luz, acometen tan furiosamente al campo de la niebla, que por todas partes le rompen, le penetran, le pisan, le atropellan, le dissipan, y, dueño enteramente el sol del campo de la batalla, se dexa ver en todo el hemispherio el mas claro, el mas sereno y el mas despejado dia. Assí, ni mas ni ménos, dissipó el razonamiento de Fray Blas las nieblas que havian obscurecido el entendimiento de nuestro Fray Gerundio, y quedó tan despejado y tan claro como el dia mas apacible y mas sereno del mes de Enero ó de Febrero. Dió mil abrazos á su amigo por lo que le havia consolado, iluminado y alentado, y renovó en sus manos el pleito homenage, que ya havia hecho en otra ocasion, de que no predicaria de otra manera en todos los dias de su vida, aunque el mismo Gallo de la passion le predicara lo contrario. Con esto dieron la vuelta al lugar, donde sucedió lo que dirá el capítulo siguiente; pero, ántes de escribirle, suplico al Lector que tenga un poco de paciencia, porque voy á tomar un polvo.