CAPITULO VII.

Lo mismo que el otro.

1. Amaneció el dia tantos de tal mes, corriendo dichosamente el año de mil setecientos y quantos. (Hablamos assí por estar algo embrollada la chronología, y no es negocio de engañar á nadie, aunque nos pagaran á peso de oro cada noticia incierta.) Reinaba en España su gloriosíssimo Monarca; governaba la Iglesia de Dios el Sumo Pontífice, Vicario de Jesu-Christo, y era General de la Orden un varon grave, elegido canónicamente por el Capítulo, quando el relox de sol de Pero-Rubio señaló la hora de las diez de la mañana. Este relox era la sombra que hacia un sobradil, que atravesaba la pared sobre la misma puerta del matadero, único edificio del lugar cuya fachada principal miraba derechamente á mediodía. Desde el mismo punto del amanecer se havia doblado toda la clave de las campanas; eran dos esquilones y un cencerro que servia de hacer señal para las missas rezadas; y, aunque los esquilones en su primitiva fundacion ó fundicion, segun la tradicion de padres á hijos, havian sido de los afamados en toda la comarca, con el tiempo, que todo lo consume, uno havia perdido la lengüeta, y se suplia esta falta con una pesa de hierro de á dos libras ménos onza, que por defectuosa havia quitado al Carnicero del lugar un Juez de residencia. Servia á la pesa de espigon un gruesso cordel de cáñamo, que prendia del anillo ó hembrilla interior del esquilon deslenguado; y, como el cordel no tenia consistencia para contener la pesa en aquella direccion que la daba el movimiento de la campana, siempre que esta se empinaba, giraba en círculo la cuerda y sonaba á almirez de boticario, quando el mancebo desprende los polvos que se pegan á las paredes. El otro esquilon se havia relaxado un poco en cierta funcion, en que hizo mas fuerza que la acostumbrada, y, como se le iba la voz por la rendija, era su sonido acatarrado.

2. En fin, todo esto importaba un bledo para el sermon de honras que predicó nuestro Fray Gerundio, el qual, llegada la hora, encendido el túmulo, concluída la missa, tomada la capa negra por el Preste y acomodado el auditorio, subió al púlpito y predicó su sermon; pero, qué sermon! Excusamos repetirle, porque ya dexamos hecho un exacto y puntual análysis, que casi casi puede ser anatomía, de su fúnebre oracion, en todo el capítulo 5º de este mismo libro quinto, adonde remitimos á nuestros Lectores; porque no se desvió un punto nuestro insigne Orador ni de aquel plan, ni de aquel assunto, ni de aquella division, ni de aquellas pruebas. Mas, por quanto no es impossible que se halle tal qual Lector tan perezoso, que no quiera tomarse el ligero trabajo de recorrer aquel capítulo, no de otra manera (porque un símil oportuno adorna mucho la narracion,) que un Clérigo galbanero se da al diantre, siempre que en el Breviario ó en el Missal encuentra parte del rezo ó de la Missa en remissiones ó en citas, y, por no ir á buscarlas, apechuga con el primer comun que se le pone delante; para obviar nosotros este inconveniente, hemos tenido por bien recopilar aquí con la mayor brevedad lo mismo que diximos allí, en gracia de nuestros próximos flacos, miserables y poltrones.

3. Introdúxose pues Fray Gerundio á su famosa oracion con esta primera cláusula, que dexó atónito al gruesso del auditorio: Esta parentacion sacro-lúgubre, este epicedio sacri-trágico, este coluctuoso episodio y este panegýris escenático se dirige á immortalizar la memoria del que hizo immortales á tantos con los rasgos cadméos que, á impulsos de aquilífero pincel, estampó en cándido lino triturado, sirviendo de colorido el atro sudor de la verrugosa agalla, chupado en cóncavo aéreo vaso de la leve madera Pambeocia: calamus Scribæ velociter scribentis. No es ponderable, con quanta satisfaccion rompió en esta primera cláusula, y quantos parabienes se dió á sí mismo dentro de su corazon por haver encontrado con voces tan adequadas como significativas para explicar su pensamiento. «Que se me vengan, que se me vengan, decia allá para consigo, no solo á impugnar, sino á empujar la clausulilla! que levante, que levante el Rhetórico mas culto la postura de las voces, y que me las dé ni mas empinadas ni mas eruditas! Llamar á las letras rasgos cadméos, á la pluma aquilífero pincel, al papel cándido lino triturado, á la tinta el atro sudor de la verrugosa agalla, al tintero de cuerno concavo aéreo vaso, añadiendo despues para mayor explicacion de leve madera Pambeocia, con alusion al buey que fué enseñando á Cadmo el camino hasta llegar al sitio donde fundó la Ciudad de Thebas: esto lo pensaria por ahí qualquiera Predicador sabatino de la legua? Y no havria mas de quatro Predicadores mayores y aún mas de dos Predicadores generales, que no tengan númen para tanto?»

4. Metióse al instante en el espesso matorral del antiquíssimo principio, de la costumbre immemorial, y de los diferentes modos y ritos con que en todos tiempos y en todas las naciones se han celebrado las honras de los difuntos: no olvidó las repetidas citas de Polybio, Pausanias, Alexandro (Natal), Eliano, Plutarco, Celio, Suetonio, Beyerlink, Esparciano, Marino, Novarino, Apiano, Diodoro Sículo y Herodoto, todos de la misma manera y por el mismíssimo órden que los cita el Florilegio. Encaxó con la mayor oportunidad las cláusulas mas brillantes y las que á él le havian petado mas en el nunca bastantemente aplaudido sermon de honras á los Militares difuntos del Regimiento de Toledo. Aquella de tan lúgubremente generosa como luctuosamente compassiva; la otra de erigian túmulos suntuosos, grandiosos fúnebres obeliscos irradiados de luces y luctuados de bayetas, coherencia lúcido-tenebrosa, que entre hiertas cenizas cadavéricas vitalizaba memorias de sus Militares difuntos; solo que en lugar de Militares dixo Escrivanales. Y en la que se sigue despues: en cruentas aras trucidaban innocentes víctimas que dirigian á mitigar rigores de los Dioses, esparcian rosas fragantes, confederando matices y verdores, para declamar memorias immarcessibles y floridas esperanzas á la felicidad eterna de los Militares difuntos, solo mudó las dos últimas palabras, diciendo en vez de Militares difuntos, Estilíferos finados, aludiendo á que antiguamente se escrivia con unos punzones de hierro ó de acero, que se llamaban estilos. Pero, lo que repitió varias veces, porque le havia dado mas golpe que todo, fué aquello de sollozando nenias sentidamente eloquentes, gimiendo endechas piadosamente elegantes; y aún notó que el auditorio, siempre que decia algo de esto, como que se sonaba los mocos.

5. En donde estuvo sin comparacion mas feliz que el Autor del Florilegio, fué en aprovecharse de la exposicion de Haye sobre lo que significa Odolla, Ciudad donde Júdas Machabéo decretó las primeras honras ó los primeros sacrificios, que se lee en la Escritura haverse ofrecido á Dios por los difuntos. Dice Haye, que Odolla se interpreta Testimonium sive ornamentum (testimonio ú ornamento). Al Autor del Florilegio le hacia al caso el ornamento y no el testimonio; porque, assí como las franjas, los galones y las guarniciones se llaman ornamento de los vestidos, assí la guarnicion de los soldados parece que se ha de llamar ornamento de las plazas; con que Ciudad de ornamento, Odolla, id est ornamentum, es Ciudad o Plaza de guarnicion, y por aquí la vino á Ciudad Rodrigo el parentesco estrecho con Odolla. Puede ser, que á mas de dos críticos de estos que tratan de genealogías mentales, les parezca algo largo el parentesco; pero no haya miedo, que les parezca assí el que probó nuestro Fray Gerundio con la Ciudad de Odolla de su difunto Escrivano, ó ya se siga la interpretacion de testimonio, ó ya se adopte la exposicion de ornamento.

6. «Aquí conmigo, dixo el ingenioso Orador: si Odolla es testimonio, Odolla id est testimonium, todos quantos testimonios dió nuestro malogrado Heroe dan testimonio de que fué de Odolla su elevadíssima prosapia. Nadie note el elevadíssima; porque, como se cuentan en ella tantas plumas, pudo elevarse, pudo remontar el vuelo hasta dexar muy debaxo de sí al Icaro presumido: Icarus Icarias nomine fecit aquas. Si Odolla es testimonio, Odolla id est testimonium, luego es la Ciudad de los testimonios la Ciudad de Odolla. Ciudad de los testimonios y Ciudad de los Escrivanos, aunque parecen dos, son una misma synonýmica poblacion, como sabe el Rhetórico elegante, segun el cánon de la divina Synecdoche: Synecdoche figura est, in qua pars apponitur pro toto. Y si no, dígame el entendido: por qué Juan se singulariza por secretario del Verbo? Quia testimonium perhibet de illo, et scit quia verum est testimonium ejus. Repare el discreto: lo primero, porque dió testimonio, testimonium perhibet; lo segundo, porque fué testimonio verdadero, et verum est testimonium ejus. Aquello le acreditó de Escrivano, porque para ser Escrivano basta dar testimonio: testimonium perhibet. Esto le calificó de buen Escrivano, porque para ser buen Escrivano es menester que sea el testimonio verdadero: et verum est testimonium ejus. Pero de una y de otra manera, el dar testimonio es tan proprio de los Escrivanos, como es proprio de la Ciudad de Odolla el ser la Ciudad de los testimonios: Odolla id est testimonium

7. «Volvamos al texto: celebráronse ó se decretaron las primeras exequias lúcido-tenebrosas en la Ciudad de los testimonios, en la Ciudad de los Escrivanos: Odolla id est testimonium; y essa misma Ciudad era tambien la Ciudad de los ornamentos: Odolla id est ornamentum. Espantábame yo, que no estuviessen los ornamentos pared en medio de las exequias: alto al mysterio. Llámanse ornamentos, con antonomástica possession, las vestiduras sacro-séricas de que usa el Sacerdote para celebrar el sacrificio de la missa: paramenta seu ornamenta, que dixo con elegancia el lithúrgico Rubriquista. Y claro está, que exequias sin missa son cuerpo sin alma, ó á lo ménos es la missa la que principalmente vivifica y refrigera las almas que fueron de los cadavéricos cuerpos: in Spiritum sanctum Dominum vivificantem. Ahora conmigo: la missa en dias comunes es de puro consejo: Consilium autem do, que dice el Vaso escogido; la missa en dias de Domingo es de riguroso precepto: Mandatum meum do vobis. Notólo con discrecion la rubicunda púrpura de Hugo: Omnes tenentur audire sacrum die Dominica. Infiera ahora el Lógico: luego, siendo estas exequias de nuestro Domingo Conejo, era indispensable la missa, porque la missa es indispensable en dia de Domingo: Omnes tenentur audire sacrum die Dominica. Qué hay que replicar á esta consequencia? Pues, allá va otra: luego fueron clara y patente figura de estas coluctuosas exequias las que se decretaron por el invicto Machabéo en la Ciudad de Odolla, Ciudad de los Escrivanos, Ciudad de los ornamentos: Odolla, id est testimonium sive ornamentum, paramenta, ornamenta: omnes tenentur audire sacrum die Dominica

8. A este modo y del mismíssimo gusto fué toda la oracion fúnebre, cuyo traslado con mejor consejo nos ha parecido omitir, porque seria impropriedad en assunto tan doloroso hacer llorar de risa á los lectores. Baste decir que, para cerrarla con llave de oro, dió glorioso fin á ella con aquella ridícula alegoría que se le ofreció de repente en el ya citado capítulo 5º., para contrarrestar la otra no ménos estrafalaria metáphora, que tanto celebró Fray Blas en el sermon de honras del famoso Florilegio; solo que allí la dixo seguida y sencillamente, sin adornarla con textos; pero en el púlpito la vistió y la sacó de gala con todos los adornos correspondientes. Hácesenos lástima, y aún casi pica en escrúpulo, defraudar al público de los oportuníssimos textos con que la engalanó; y assí allá vá, ni mas ni ménos como la pronunció, con todos sus atavíos.

9. «En virtud de queja fiscal, adversarius vester diabolus circuit quærens, se levantó auto de oficio por el supremo Juez, tenens adversus nos chirographum, y se dió mandamiento de prision contra nuestro Escrivano difunto, tenete eum et ducite caute: presentóse este en la cárcel del Purgatorio, claudentur ibi in carcere, dexando poder al Amor Filial para que, como Procurador suyo, gloria patris est filius sapiens, contradixesse la demanda, posuisti me contrarium tibi, apelando de la sala de Justicia á la sala de Misericordia, secundum magnam misericordiam tuam. Libróse despacho de inhibicion y avocacion, con remission de autos originales, ego veniam et judicabo; dióse traslado á la parte de nuestro mísero encarcelado, nihil respondes ad ea quæ adversus te dicunt? Hizo este un poderoso alegato de missas, oraciones y sufragios, Domine, oratio mea in conspectu tuo semper; y, dándose por conclusa la causa, non invenio in eo causam, falló la Misericordia que debia mandar y mandaba, que el Escrivano Domingo Conejo saliesse libre y sin costas de la tenebrosa cárcel, sinite hunc abire, declarando haver satisfecho suficientemente todas sus deudas con las penas de la prision, dimitte nobis debita nostra, y que assí se fuesse á la gloria en paz, requiescat in pace

10. Desengáñese la eloquencia mas valiente, persuádese la elegancia mas retumbante, humíllese la pluma de mas rápido remonte, y créame la fantasía de mas delicado perspunte, que no es possible, no digo ya explicar dignamente un solo rasgo, pero ni aún concebir entre sombras un tenebricoso bosquejo del embeleso, de la admiracion, del pasmo, del assombro con que fué oída la oracion de todo el numeroso auditorio, que componia un gruesso peloton de paparismo. A excepcion del Reverendíssimo Abad y de su Socio, que tambien estaban aturdidos, aunque por muy diverso término, no huvo siquiera uno entre todos los oyentes, que por buen espacio de tiempo no pareciesse estatua en virtud del extático pasmo que los preocupó. Hasta el mismo Fray Blas estaba enajenado, haciéndose cruces intelectuales en lo mas íntimo de su alma, y tan persuadido ya, allá de la saya para dentro, que en comparacion de Fray Gerundio él era un pobre motilon, que desde aquel punto le costaba grandíssima violencia el no tratarle con respeto, y, solo por no dar su brazo á torcer, prosiguió en la llaneza comenzada, pues por lo demas, en su estimacion y concepto, passaba Fray Gerundio por el primer hombre de toda la universal Orden. Assí lo confessó él despues á un confidente suyo, por quien se supo esta interior particularidad, que hace tanto honor á nuestro Heroe.

11. El Licenciado Flechilla, que le havia encargado el sermon y aquel dia hacia de Diácono en las honras, enagenado y fuera de sí, se quedó sentado en el banco donde havia oído la oracion, á mano derecha del Preste, tanto que ya el Comissario, que oficiaba, estaba incensando el túmulo (calados sus anteojos) en el último responso, y todavía permanecia en su banco el bueno del Licenciado, llorando á hilo tendido de gozo y de ternura, sin advertir lo que passaba. Apénas entraron en la sacristía los del altar, quando el Comissario Preste, sin dar lugar á que le quitassen la capa, se arrojó violentamente al cuello de Fray Gerundio; túvole un gran rato estrechíssimamente apretado entre los brazos, sin hablarle palabra, y despues, retirando un poco el cuerpo y poniéndole las manos sobre los dos hombros, prorumpió en estas exclamaciones: «O gloria immortal de Campos! O afortunado Campazas! O dichosíssimos Padres! O monstruo del púlpito! O confusion de Predicadores! O pozo! O sima! O abysmo! Es un horror! Es un horror! Es un horror! O! O! O!» Y fuése á quitar la capa, haciéndose cruces.

12. No pudo articular mas palabra por entónces el Licenciado Flechilla que decir interrumpidamente: «Padre, Padre, Padrico! La semana santa, la semana santa del año que viene; la semana santa; no tiene remedio, no tiene remedio.» Y, como á este tiempo entrasse en la sacristía Anton Zotes, creyó que era llegada la postrimera hora de su vida, porque consintió morir allí ahogado, segun los abrazos que le dieron, no contribuyendo poco para añudarle las muchas lágrimas que le hacia derramar el gozo. Fray Blas estaba atónito, y solamente se explicó con las cejas y con los ojos. Al Reverendíssimo Abad le pareció, que no le permitia la urbanidad dexar de presentarse, y assí, dexándose ver en la sacristía, seguido de su Socio, solo dixo con afabilidad y con agrado, que havia tenido un rato muy divertido, y que era razon que el Padre Fray Gerundio descansasse; á que añadió el Socio: «Yo estaria oyendo á vuestra Paternidad otras dos horas; la erudicion á carretadas; el estilo, de lo que hay poco; y el modo de discurrir es original.» Con las expressiones equívocas de los dos prudentes Monges se confirmaron los otros paletos en que apénas un Angel podria predicar mejor.

13. Vueltos todos á casa y ya puesta la mesa, se sentaron á ella por su órden, menudeáronse los bríndis, repitiéronse las enhorabuenas, subieron de punto las expressiones, y solo no huvo décimas ni octavas, porque, como la funcion era de mortuorio, parecia importunidad. Con todo esso, no se pudo contener un estudiantillo legista, que aquel año havia comenzado los Vinios en Valladolid y tambien comenzaba á hacer pinicos de Poeta, echando sus quintillas y de quando en quando sus décimas en las porterías ó locutorios de las Monjas, quando havia funcion de hábito ó de professiones. Havia concurrido á las honras del Escrivano Conejo en nombre de su Padre, vecino de un lugar cercano y muy amigo del difunto, que por hallarse achacoso no havia podido venir personalmente. Pidió licencia para decir un epitaphio que se le ofrecia; y, como el assunto era tambien de requiem, fácilmente se le concedió, con que prorumpió en este disparate:

Yace entre estas dos losazas

Conejo: no yace tal,

Puesto que le hizo immortal

Fray Gerundio de Campazas.

Caminante, quando cazas,

No hallarás vivar mas guapo

Que este sitio en que te atrapo,

Pues con qualquier perro viejo

Cogerás aquí un conejo,

Y en el púlpito un gazapo.

Los dos Monges conocieron bien la insulsez de la décima, llena de ripio y sin mas sal que un equivoquillo ridículo que no tenia substancia; pero los demas, que no hilaban tan delgado y ni entendian ni atendian mas que al sonsonete, la levantaron sobre las nubes y hicieron sacar incontinenti muchos traslados para esparcirlos por toda la redonda, conviniendo todos en que el Licenciado era tan gran Poeta, como Fray Gerundio Predicador. Con esto se retiraron los Padres á dormir la siesta, y despues de ella sucedió lo que vamos á decir en el capítulo siguiente.