11.—El Solidarismo
Volvamos a Emerson y a la ética social, para terminar.
En las sociedades contemporáneas que suelen considerarse más civilizadas, los ideales éticos predominantes son esencialmente sociales. El individualismo radical—estilo Stirner—y el humanitarismo absoluto—estilo Tolstoy—se consideran ya como posiciones reñidas con la experiencia moral. No se conocen individuos que no vivan en sociedad, ni sociedades que no estén constituídas por individuos; concebir los derechos individuales como antítesis de los deberes sociales, implica ignorar que la condición básica de aquellos derechos es la existencia de estos deberes. El derecho de cada uno representa el deber de los demás; y el deber de cada uno constituye el derecho de los otros. El ideal de Justicia, en una sociedad dada, consiste en determinar la fórmula de equilibrio entre el individuo que dice: "ningún deber sin derechos", y la sociedad que replica: "ningún derecho sin deberes".
A ello tiende el solidarismo. Partiendo de principios heterogéneos muchos moralistas han llegado a esta misma conclusión: la perfección moral del individuo y el progreso moral de la sociedad son solidarios. El valor de la parte aumenta el valor del conjunto y el mayor valor de éste refluye sobre aquélla; como si dijéramos que un buen profesor aumenta la importancia de la Universidad a que pertenece, y que el formar parte de una buena Universidad aumenta la importancia de un profesor.