IV
Ahora bien, señores gobiernos (y perdonen ustedes la franqueza): son ustedes muy escrupulosos en averiguar á cada instante cómo piensan en política este ayuntamiento y el de más allá; y si hay informes de que no son adictos sin condiciones á los hombres de la situación, se les sustituye ignominiosamente con otros que inspiren á ustedes mayor confianza. ¡Como si estos pobres baldragas supieran lo que son matices políticos, ni adhesiones, ni partidos! ¡Como si les interesara otra cosa que la lozanía de sus mieses y la seguridad de sus ahorros!
Si se tomaran ustedes el mismo afán por preguntar á sus delegados:—¿Qué tal por esos pueblos? ¿Se roba, se veja mucho á los pobres campesinos? ¿Queda todavía algún mal secretario sin grillete?
Y con esto, y con enviar á presidio á los ladrones oficiales que aún quedasen rezagados en los ayuntamientos... y también á los señorones que los encubren, amparan y protegen, los pueblos se irían en tropel detrás del inverosímil gobierno que tal hiciera, le defenderían hasta el heroísmo, y no despegarían sus labios sino para bendecirle.
Pues á fe que si los gobiernos no toman de buena gana mi consejo, no será por lo comprometido del trance, ni por lo costoso del procedimiento, terribles fantasmas que, en estos tiempos de la diplomacia, de los cabildeos, de las mutuas contemplaciones... y de los empréstitos ventajosos, son la obligada disculpa para dejar de hacer tantas cosas buenas como se van echando de menos en España.
1876.
NOTAS:
[3] Para evitar susceptibilidades como las que sacaron de quicio á los secretarios rurales de media España al aparecer este esbozo en un Lunes de El Imparcial, quiero declarar aquí, por lo mismo que nadie me lo exige, que no me he propuesto retratar á la clase entera, ni tampoco á un individuo determinado de ella, sino hacer, con los rasgos de muchos, una fisonomía que encaje bien en la memoria del lector un tantico aficionado á la vida campestre, y, á ser posible, en el corazón de los gobernantes del Estado, para... «los efectos consiguientes». De manera que, como dijo el fabulista,
Á todos y á ninguno
Mis advertencias tocan:
Quien haga aplicaciones
Con su pan se lo coma.
(N. de la ed. de 1881).
[4] Tercio de contribución próximo á vencer.
[5] Véase Simón Verde.