III
No hace mucho tiempo llegó á mis manos un manuscrito rancio y ahumado, en cuya portada leí, en muy buenos caracteres, el siguiente rótulo: Entremés de la buena gloria.
Abríle con curiosidad, y vi que, en efecto, era un sainete, cuyo argumento se reducía á poner de relieve algunas escenas muy parecidas á las que acabo de referir, presenciadas por dos forasteros, asaz pulcros y timoratos, que de vez en cuando salen de entre bastidores, donde están ocultos, á lanzar al público una andanada de muy saludables, pero muy pedantescas observaciones, contra la profana costumbre de las Buenas Glorias.
No tanto para que se tenga una prueba más de la verosimilitud de mi cuadro, como para que se conozca el saber de la citada producción, cuyo autor tuvo el mal gusto ó la abnegación, de morirse sin descubrir su nombre[9], voy á transcribir algunas de sus escenas, contando con la indulgencia del benévolo lector:
«……………………….. …………………………
MANUELA. ¿Han venido todas ya?
LUCÍA. Cuéntalas, mojuer.
TOMASA. Veremos.
Una, dos, tres, cuatro, cinco….
MANUELA. Mojuer, Tomasa, ¿qué es esto?;
¿no hay más á esta Buena Gloria?
…………………………
…………………………
TOMASA. Y ahora, ¿á cuánto escotaremos?
LUCÍA. Á rial y medio.
MANUELA. Eh, golosa, para espenzar no tenemos. Á dos riales…. ¿Qué lo quieres?; ¿que te lo lleven los nietos? Ve con Judas que te lleve á ti y todo tu dinero. ¿No tienes quien te lo gane?; si fuera yo, probe….
LUCÍA. Cierto que puedes quejarte; vaya, á dos riales escotemos.
(Tienden una mantilla en el suelo, y allí cada uno echa su pitanza.)
…………………………
…………………………
LUCÍA. Tomasa, ve por el vino.
¿Sabes tú dónde lo hay bueno?
…………………………
…………………………
TOMASA. ¿Bastará con cuatro azumbres,
á dos por cabeza?
MANUELA. ¡Infierno! Siempre has de ser estrujada; no sabes cuidar tu cuerpo. Y algunos niños si vienen ¿no han de probar algo de ello? Que traigan veintidós justas: en ocho más no paremos.
………………………… …………………………
(Sigue el coro de los hombres.)
EMETERIO. Juan, á tres riales es poco. Somos cuatro, y cuando menos beberemos doce azumbres.
ANTÓN. Simón, dice bien Miterio.
SIMÓN. ¿Y no ha de haber también algo para atizar el rodezno?
EMETERIO. ¿Algo de compaño? Sí.
JUAN. Pus ¿qué traerá?
EMETERIO. Traiga queso.
ANTÓN. Mejores son cuatro arenques, pues sin otro surtimiento somos los cuatro abonaos para soplar un pellejo.
JUAN. Pues bien, vengan los arenques.
EMETERIO. Démosle antes el dinero: á peseta por escote.
ANTÓN. Pues bien, echadlo en el suelo, que esto es una cirimonia que nuestros tatarabuelos nos dejaron prevenío se observase con rispeto en todas las _Buenas Glorias.
(Tienden una capa y echan los escotes.)
………………………… …………………………
MANUELA. Vamos, echa acá el botijo.
(Destápale.)
¡Jesús!, éste no está lleno.
TOMASA. Algo se baltucaría.
Como vine tan corriendo….
MANUELA. Mejor te lo habrás echao
en el camino al coleto.
TOMASA. Mira la gran desollada:
no viene mi casta de eso….
Borrachona serás tú.
ANTÓN. No riñáis ni alborotemos…;
tened lástima á la viuda
que ha enterrado su consuelo.
VIUDA. ¡Ay!
LUCÍA. Encomendarle á Dios.
TOMASA. Sí, hijas, vaya.
MANUELA. Arrecemos. por los que han muerto en la calle.
(Murmullan entre sí en tono de rezar.)
Y por todos los que han muerto en el servicio del Rey. Pater noster. Arrecemos por el que se hace el ufragio, para que Dios le haiga hecho buena partida á su alma.
VIUDA. ¡Ay!, probe, que sin consuelo he quedado sola y triste, sin mi amado compañero.
(Aráñase)
………………………… …………………………
TOMASA. Dale á la viuda primero: trae acá si no. Toma, hija, come ahora.
VIUDA. ¡Ay!, que no puedo atravesar un bocao. ¡Ay, Santos Mártiles viejos, qué desamparada y sola me habéis dejado! ¡Oh, qué negro fué este día para mí! ¡Ay, desdichada!
MANUELA. Ya de eso no te tienes que alcordar: mañana iremos lo mesmo. Toma de beber, que no has metido nada en el cuerpo.
VIUDA. Que no lo puedo pasar. ¡Ay, mi Juan, mi compañero, cómo podré yo olvidarte!
(Bebe.)
………………………… …………………………
MANUELA. Mojuer, echa de beber.
TOMASA. No hay más.
MANUELA. ¿Cómo ha sido esto?
Mojuer, ¿ónde ha ido ese vino?
TOMASA. ¿Había de ser eterno?
LUCÍA. Oyes, debajo la saya
(Aparte.)
he visto estar escondiendo,
una jarra la Tomasa.
MANUELA. Hola Tomasa, ¿qué es eso?
¿Ónde echastes la otra jarra?
TOMASA. ¿Pues acaso yo la tengo
ni la he visto, deslenguada?
MANUELA. Sí: tú la tienes ahí dentro.
TOMASA. Andad, pícaras, borrachas.
MANUELA. La borracha tú y tu abuelo, lo seréis; y se ha de ver quién la ha hurtado.
(Agárranse las dos del pelo.)
TOMASA. ¡Suelta el pelo!
MANUELA. No te ha de valer, bribona, más que bribona; el gargüero te he de arrancar; dalo aquí. Mirad si tiene algo dentro de la saya.
(Levántanse y la registran.)
LUCÍA. Sí, aquí está.
MANUELA. Te aseguro y te prometo, pellejona, sin vergüenza….
LUCÍA. Dejadlo, vaya.
MANUELA. La tengo
de beber la sangre aquí.
SIMÓN. Hombre, que se matan creo
la mujeres.
EMETERIO. No, maldita, no tengas por eso miedo: se darán cuatro cachetes y se arañarán el pelo, pero nada más.
TOMASA. ¡Vecinos, que me ajuegan, venid presto, estas pícaras borrachas!
JUAN. ¿Qué tenéis?; ¿por qué es aquesto?
(Continúan riñendo.)
…………………………»
Se representó este sainete en Santander, según una nota que contiene, el año de 1783, en el día de los santos mártires Emeterio y Celedonio, es decir, el 30 de agosto.
Compárense las escenas que quedan extractadas de él con las que yo he referido por mi cuenta, y véase cuán íntegro se conserva en la actualidad el ritual de la Buena Gloria, si es que no aparece el vigente aumentado y corregido.
De un larguísimo y soporífero prólogo que antecede al entremés, resulta que el Ilmo. Señor don Francisco Javier de Arriaza, primer Obispo de esta diócesis, empleó todos los esfuerzos de que eran capaces su autoridad y su fervor, contra tan profana ceremonia; que su sucesor hizo lo mismo, y que en el púlpito los oradores más afamados trabajaron con incansable celo en la propia obra; pero que todo fué en vano.
La Buena Gloria, cuyo origen se ignora, pero que es antiquísimo según el autor del sainete, y mucho más según uno de sus personajes, que dice, al echar el dinero sobre la capa,
«Ésta es una cirimonia que nuestros tatarabuelos nos dejaron prevenío se observara con rispeto»;
la Buena Gloria, repito, continuó después en toda su escandalosa solemnidad, á despecho de sermones, de anatemas y del entremés citado; atravesó impávida épocas de tirantez é intolerancia, y sin que nada haya podido contra ella, logró aclimatarse en la moderna atmósfera de fósforo y vapor, y aquí existen todavía en uso sus inconcebibles prácticas[10].
FOOTNOTES:
[Footnote 9: En otras copias, que yo no he visto, del mismo entremés, parece declararse ser su autor don Pedro García Diego, vista, que fué, de la real aduana de este puerto.
(Nota del A. en la ed. de 1876.)]
[Footnote 10: No me atrevería hoy á asegurar que se conserve en Santander esta costumbre tan arraigada como aún lo estaba cuando se publicó este cuadro por primera vez; pero tampoco me comprometo á afirmar que se ha desterrado enteramente. (Nota del A. en la ed. de 1876.)]