CAPITULO VI.

DE OSTENDE A PARIS.

El nor-oeste de Bélgica.—Courtrai y la frontera.—La ciudad de Lila.
—Douai.—Arras.

Despues de visitar á Ostende, nuestra excursion en Bélgica debia terminar. Era tiempo de volver á Paris, puesto que el resto del país flamenco no llama la atencion sino bajo el punto de vista agrícola y fabril. Por lo que hace al sur de Bélgica, la pintoresca region de la hoya del Meusa, nos prometíamos poderla conocer mas tarde, al hacer alguna otra correría.

De Ostende era preciso volver á Brujas (ciudad que, lo diré de paso, es renombrada por sus mujeres hermosas), y allí debíamos seguir por el ferrocarril que conduce á Courtrai, en direccion al norte de Francia. La via que gira por las campiñas occidentales de Flándes es poco interesante relativamente, si bien es mucho ménos monótona que la de Brusélas á Ostende, por Gante y Brujas. Donde quiera se abre sobre la vastísima llanura un inmenso horizonte, y el terreno carece de inflexiones perceptibles. Por todas partes ricas praderas, campos esmeradamente cultivados, principalmente cubiertos de plantaciones de lino, remolachas, lúpulo, tabaco, legumbres y plantas de granos oleaginosos. Y en medio de esas praderas y esos campos, graciosos caseríos, ó aldeas ó pequeñas villas, demorando ya á orillas de un riachuelo, ya á poca distancia de algun canal, y mostrando siempre en la sencillez de sus edificios, en la pulcritud de los lugares visibles, en la esmerada conservacion de sus huertos y jardines y en el aire pacífico y honrado de las gentes, cierto conjunto que forma la mas simpática armonía.

Un hecho notable en las comarcas flamencas es la feliz distribucion de la poblacion. Tan presto se la ve concentrada sin exceso en numerosas villas ó pequeñas ciudades de 8 á 12,000 habitantes, como se la encuentra naturalmente repartida en pequeñísimas localidades, de actividad exclusivamente rural, por lo comun, ó dispersa en innumerables cortijos ó habitaciones campestres. Como el gobierno no ejerce ninguna accion que concentre artificialmente en las grandes ciudades la poblacion de obreros y otras gentes en solicitud de altos salarios y una existencia de lujo, el campesino permanece fiel á su campiña. Así, la agricultura prospera constantemente, al mismo tiempo que la fabricacion se desarrolla en las ciudades y villas secundarias; sin que las costumbres de los trabajadores, el equilibrio de las industrias, ni la regularidad de los salarios sufran perturbaciones peligrosas, como en otros países.

La vida del agricultor flamenco es dulce y tranquila, en cuanto lo permiten sus labores activas y el rigor del clima en el invierno. Siempre ocupado en algun trabajo, sus faenas varían según las estaciones. Así, durante los meses propios para los trabajos agrícolas, toda consagracion del campesino flamenco es para la tierra; cuando el invierno hace suspender ó terminar aquellos trabajos, el hogar doméstico se convierte en una pequeña fábrica, ó al ménos un auxiliar de la fabricacion. Cada labrador se ocupa entónces en las preparaciones que exigen el lino, el cáñamo, el lúpulo, etc., para ser utilizados en la fábricas; ó bien en la casa del labrador se fabrican hilados, encajes, algunos tejidos, cabullas y otros productos industriales. Nada es mas necesario para la moralidad y el bienestar de las clases trabajadoras, en países donde la diversidad de estaciones modifica los climas, que la coexistencia de la agricultura y la industria, en beneficio comun, que permite aprovechar el tiempo en todos los meses del año.

De Brujas á la frontera franco-belga, en un trayecto de cerca de tres horas, la via toca en cinco localidades mas ó ménos importantes que, como ántes he dicho, son notables, como otras de la comarca flamenca, por su produccion fabril. Thourout es la primera villa en que toca la via, y no carece de gracia su bonita iglesia; despues se llega á Roulers (en flamenco Rosselaere), notable por su mercado de telas de lino y cáñamo, su iglesia gótica de San Miguel, cuya hermosa torre domina la ciudad desde una colina, y por haber sido en 1794 campo de una sangrienta batalla entre los Austríacos y los republicanos Franceses, estos bajo los órdenes de dos famosos generales: Pichegru y Macdonald.

Algunos minutos despues, la via pasa por Iseghem, salva el pequeño rio Lys y penetra en la considerable ciudad de CourtraiKortryk). Es curioso notar que la Bélgica tiene precisamente en sus dos extremidades, de oriente á poniente, dos ciudades esencialmente manufactureras, que son como los preludios de la grande actividad relativa de la fabricacion belga. Si Verviers es en el extremo oriental, ó del lado de Alemania, el primer centro de fabricacion de paños ó tejidos de lana, Courtrai lo es en el extremo occidental, ó del lado del norte de Francia, respecto de las telas de lino. Allí son superiores los tejidos de damascos de hilo propios para el servicio de mesa, y la fabricacion de encajes merece tambien mucha estimacion. Es sensible que los pueblos americanos, que hacen tan considerable consumo de artículos de lino, no hayan procurado establecer relaciones directas con Bélgica, que les serían muy ventajosas. Un país como este, libre, honrado, muy poco poderoso, y cuya fabricacion es tan variada como barata y de excelente calidad, es de los que mas pueden convenir al comercio de las repúblicas hispano-colombianas.

Courtrai es famosa por la célebre batalla de las Espuelas, ganada por los ciudadanos flamencos, en 1302, contra los Franceses; y la ciudad no carece de algun valor por sus antiguos monumentos góticos y sus modernos establecimientos públicos. A media hora de Courtrai, hubimos de detenernos en Mouscron, pequeña villa de cerca de 7,000 habitantes, donde se halla la Aduana. Era preciso consignar los pasaportes y pasar bajo la mirada escrutadora de los aduaneros y hombres de la policía. No he tenido hasta ahora, personalmente, sino motivos de reconocer la cortesía de los aduaneros franceses (excepto en el puente de Kehl), y sinembargo recuerdo siempre con disgusto las escenas que he presenciado en las aduanas, respecto de otros viajeros. Al mostrar nuestro pasaporte en Mouscron nos dieron el pase sin la menor vacilacion; pero vímos que varias mujeres ó señoras fueron introducidas á una pieza reservada para que les registrasen sus vestidos, palpándoles cuidadosamente sus crinolinas y otros atavíos que suelen ser sospechosos. Acaso habia motivos fundados para sospechar algun contrabando de encajes belgas,—de lo cual fueron víctima unos tres ó cuatro jamones que llevaba consigo un viajero, punzados sin misericordia por los aduaneros para cerciorarse de que no habia encajes en el interior de las piernas de cerdo.

Como quiera que sea, no es posible ver sin indignacion que el rigor de las exigencias fiscales implique el sacrificio del pudor ó de la dignidad del viajero, sometido á la prueba del tacto, el registro, etc. Entre las muchas razones que condenan como un grave mal la institucion de las aduanas, no es de poca monta el hecho curioso de la contradiccion flagrante en que puede hallarse esa institucion con las leyes y costumbres políticas de un pueblo. Pocos gobiernos se han mostrado hasta ahora tan rigorosos en eso de registros aduaneros y pasaportes, como el de Bélgica; y sinembargo ese gobierno es el mas liberal de los monárquicos del continente, y el pueblo belga es uno de los mas libres del mundo en sus manifestaciones civiles y políticas, teniendo en el interior la libertad completa de locomocion. Por fortuna, un nuevo sistema de tratados comerciales ha hecho entrar despues á Bélgica, como á Francia, Italia, Alemania, etc., en la amplia via del libre cambio, tan gloriosamente abierta y casi totalmente recorrida por la inteligente Inglaterra.

* * * * *

Al dejar la estacion de Mouscron se corta en breve la frontera belga y se entra al territorio frances. La noche habia llegado cuando seguíamos esa parte de la via, por un suelo algo accidentado, por lo cual no pudimos darnos cuenta del aspecto de Tourcoing y Roubaix, ciudades importantes por su fabricacion. Nos detuvimos en Lila, capital de segundo órden en Francia, que teníamos bastante curiosidad de conocer.

El país antiguamente llamado la Flándes francesa figura hoy casi en su totalidad en el magnífico departamento del Norte, el segundo en poblacion (1,212,500 habitantes) de los 88 en que está dividida la parte continental del imperio frances. Donde quiera que subsiste la raza flamenca, las construcciones, la agricultura, la industria, el dialecto y demas rasgos característicos se sostienen en completa analogía con los rasgos propios de la Flándes belga. Hasta en el gran número de canales de navegacion é irrigacion, en la predileccion por el cultivo del lino y de la remolacha, en la fuerte densidad de la poblacion, y en el esmero sobresaliente con que se sostienen los trabajos agrícolas, se nota la similitud de los dos países vecinos, que en un tiempo estuvieron bajo una misma dominacion.

La mas ligera inspeccion basta para hacer comprender toda la importancia y las especialidades del departamento del Norte, el mas fuerte de los de Francia por el conjunto de su produccion,—el que, despues del Sena (Paris, etc.), crece mas en poblacion, con detrimento de otros sin duda, y uno de los que pesan mas poderosamente en Francia en lo que se refiere á la política y los negocios económicos. Es curioso un hecho que prueba cuánto la vieja política del egoismo y la agresion ha falseado la situacion de los pueblos: no hay en Francia un departamento mas industrial, rico y laborioso que el del Norte; y sinembargo ninguno hay que contenga tan gran número de plazas fuertes ó militares[36]. Así, allí donde todo convida á la paz y exige la paz, sin la cual la industria no puede prosperar, se hallan á cada paso los símbolos de la guerra y la devastacion. Las máquinas funcionan enmedio de murallas y fosos y como á la sombra de los cañones; contraste curioso que envuelve en cierto modo un epígrama terrible contra la civilizacion actual.

[36] Recuerdo por lo ménos los nombres de ocho plazas militares en el departamento: Lila (una de las primeras de Europa), Dunquerque, Douai, Cambrai, Condé, Avesnes, Valenciennes y Gravelines.

Otro hecho notable en el departamento mencionado es la fuerte concentracion de poblacion en numerosas ciudades bastante considerables, concentracion indispensable en una provincia esencialmente manufacturera. Me bastará citar entre esas ciudades las siguientes:

Lila, capital del departamento (con unos 130,000 habitantes, incluyendo los distritos contiguos), poderosa bajo el punto de vista militar, y de mucha importancia por su produccion fabril muy variada, su comercio y sus establecimientos públicos y asociaciones de crédito, economía, prevision y beneficencia;

Roubaix (36,000 habitantes), una de las primeras ciudades manufactureras de Francia, notable por sus tejidos de algodon y lana;

Tourcoing, su vecina (29,000 habitantes), con trabajos de fabricacion análoga;

Valenciennes (24,000 habitantes), célebre por sus encajes y sus fábricas de batistas, linones, gasas y otras telas delicadas y elegantes;

Cambrai (19,000 habitantes), muy notable en la historia por su arzobispado y varios sucesos importantes, como por la gloria que le dió el ilustre Fenelon; ciudad que participa al mismo tiempo de las industrias de Roubaix y Valenciennes, y no carece de valor por sus monumentos;

Douai (25,000 habitantes), muy industrial y comercial, y digna de atencion bajo otros aspectos;

En fin, Dunquerque (30,000 habitantes), prescindiendo de muchas localidades subalternas,—puerto muy importante sobre el mar germánico ó del Norte, ligado al interior por varios canales de navegacion que alimentan un comercio considerable.

Poco aprovechamos las horas consagradas á visitar á Lila, porque llovia constantemente. Situada sobre las orillas de dos canales, en el centro de un amplio y rico valle, pero encerrada por sus formidables fortificaciones, Lila parece reclamar el aire libre que le niegan las exigencias militares. Una inmensa masa de obreros vive acumulada ó casi asfixiada en aquella capital; y á pesar de las nuevas construcciones, del progreso de la industria y de los esfuerzos que se hacen todos los dias, sea por medio de la beneficencia, sea introduciendo grandes mejoras en la organizacion de las fábricas y manufacturas, me pareció evidente el malestar de las clases trabajadoras. Su modo de alojamiento es deplorable en lo general, y no obstante la existencia de varias sociedades de prevision, economía y socorros mutuos, el número de indigentes es muy considerable y muy fuerte la suma anual que se invierte en actos de asistencia pública, mal dirigida en mi concepto.

Bajo el aspecto material Lila es interesante, pues aunque hay en su conjunto cierto aire de tristeza y monotonía (no obstante el gran movimiento fabril y comercial) las calles son generalmente anchas, y abundan los edificios de buena planta y grandes proporciones. Sinembargo, Lila no tiene atractivos para el artista ó el viajero que busca impresiones gratas y pasajeras. Lo que allí se puede observar con provecho es el desarrollo industrial y agrícola y el estado social de las clases trabajadoras.

Desde Lila hasta cerca de Amiens, ál traves de los departamentos del Norte, Paso-de-Calais y Somma (Somme), el terreno es bastante accidentado, relativamente, á causa del trayecto que hace la via de la hoya del Escalda á la del rio Somma. Tócase por esa vía, sucesivamente, en las ciudades de Douai y Arras, que son las mas importantes; y donde quiera se ven inmensas plantaciones de remolachas y lino, algunas de tabaco, colza y otros granos oleaginosos,—notándose bien en todo el país que el cultivo ha llegado á un alto grado de progreso. En Francia, como en todas partes, se ve persistir ese fenómeno curioso de la superioridad del norte respecto del sur, en el progreso de la industria y de la agricultura, como de las artes comunes.

Douai, situada sobre las orillas del pequeño rio Scarpe, afluente principal del alto Escalda, es una ciudad de aspecto agradable, muy antigua y bastante bien construida. Una vasta llanura la rodea por todas partes, y dentro de sus importantes fortificaciones medran muchas industrias y se mantienen establecimientos públicos que no carecen de interes.

Arras, plaza militar igualmente (con cerca de 30,000 habitantes) es la capital del departamento del Paso-de-Calais, el tercero de los Francia por su poblacion (712,846 habitantes), notable tambien pos sus plazas de guerra, terrestres y marítimas. Aquella ciudad no es ménos importante que las anteriores bajo el punto de vista industrial. Su fabricion es tan activa como variada, y algunos de sus monumentos é institutos públicos merecen atencion. Al pasar por allí no puedo uno ménos que estremecerse y afligirse, ya recordando los nombres de Robespierre y José Lebon, terribles hijos de Arras, ya pensado en la instabilidad de las revoluciones políticas y sociales que parecen mas trascendentales para los pueblos. Efectivamente, la Revolucion francesa produjo inmensos resultados que donde quiera se palpan. Pero es triste ver que el gran pueblo que la realizó está todavía esperando, despues de setenta años de peripecias políticas, el cumplimiento de los promesas de libertad hechas en los terribles dias de una lucha titánica. La libertad, por la cual creyó luchar sinceramente Robespierre, no ha venido todavía; pero quedan aún los recuerdos sangrientos que despierta el nombre del diputado de Arras. Al ménos él fué sincero en su fanatismo republicano, y pagó con su cabeza sus extravios y sus abusos. La esterilidad de su sangrienta obra servirá para probar que no es durable sino la verdadera libertad: la que respeta las creencias ajenas, sin sustituir el despotismo de muchos al de uno solo, so pretexto de salud pública. Talvez no está léjos el día en que los pueblos que se llaman democráticos reconocerán que la democracia no puede ser una organizacion justa, y por lo mismo consistente y fecunda, sino á condicion de respetar y asegurar la armonía de estos dos derechos que, derivándose el uno del otro, forman juntos el derecho humano: el de la libertad completa del individuo, en lo que le es personal; y el de la autoridad soberana del mayor número social, libremente constituida, respecto de los intereses rigorosamente colectivos. La Revolucion francesa, tal como la comprendió y la sirvió Robespierre, no ha reconocido sino el segundo de esos derechos—el derivativo: el porvenir traerá la garantía del primero, que es el primitivo—la fuente de toda justicia social.